Misiones populares de la C.M. en España (1704-1975). Parte 5

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la Misión en España, Misiones «Ad gentes»Leave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Mítxel Olabuénaga, C.M. · Año publicación original: 1997.
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Parte Primera: Misiones Populares y C.M.

Capítulo 2: Misiones Populares y Congregación de la Misión

1. San Vicente de Paúl

Nace Vicente de Paúl el 4 ó 5 de Abril de 1580, de modesta familia campesina, en el pequeño caserío de Pouy (hoy Berceau de Saint Vincent de Paul) cercano a la ciudad de Dax, en el sur francés. Poco se sabe a ciencia cierta de su infancia. Es de suponer que se integraría en los trabajos familiares dependientes de la tierra. A los 14 ó 15 años, merced a la protección de un señor de Comet -abogado en Dax-, se traslada a esta ciudad para preparar los estudios previos necesarios que le permitan acceder a la carrera eclesiástica. Inicia ésta en Toulouse (aunque algunos hizo en Zaragoza) y, tras varias vicisitudes, la termina en 1604. La prisa por ser párroco y poder vivir del beneficio le llevan a ordenarse irregularmente de sacerdote con sólo 20 años (Périgueux-1600).

Llega a París en 1609, previa estancia en Roma y un paréntesis de dos años no aclarado por sus biógrafos. Tras un año en blanco buscando «el medio de obtener un honrado retiro, para pasar el resto de mis días junto a usted», tal como escribe a su madre, y en el que entra en contacto con Bérulle, encuentra su primer trabajo, como limosnero, en el palacio de Margarita de Valois; poco después se convirtió en abad comendatario de la abadía de San Leonardo de Chaume y en poseedor de algunos otros beneficios.

En 1612 deja el palacio de la reina para ejercer de párroco de Clichy, pequeña aldea cercana a París, y en la que desarrollará su primer trabajo pastoral. Por influjo de Bérulle entrará (1613) en la casa de los Gondy (familia de las más nobles de Francia) como preceptor de sus hijos. La extensión de las tierras de Felipe Manuel de Gondy y Margarita de Silly permitirá a Vicente de Paúl permanecer en contacto con la realidad de la gente del campo. Y es esta realidad la que hará dar a su vida su orientación definitiva. Ocurrió en Gannes, lugar cercano al castillo de los Gondy en Folleville. Vicente acude a confesar a un anciano moribundo con fama de bueno y honrado. Terminada la misma el anciano proclama que, si no es por la confesión realizada, se hubiese condenado eternamente. La situación llega a lo más profundo del corazón de la señora quien, como remedio de urgencia, invita (25 de Enero de 1617) a Vicente a predicar a los habitantes de Folleville sobre la importancia de realizar una buena confesión general. El éxito es tal que debe llamar a otros confesores para atender a las gentes.

Este sermón no sólo marcará la vida de Vicente sino que, según el mismo Santo, significará el origen de la Congregación de la Misión. Por de pronto abandona la casa de los Gondy y se recluye en una lejana parroquia: Châtillon-les-Dombes. Poco tiempo permaneció en ella pero un nuevo acontecimiento se cruzará en su vida. Preparándose para decir misa le avisan de la existencia de una familia pobre a quien nadie asistía. Aprovechó la predicación para hablar de ello y logró movilizar al pueblo que, de forma multitudinaria, se aprestó a solucionar el problema. Aquella reacción requería un mínimo de orden para ser efectiva. La respuesta de Vicente de Paúl llegó a los pocos días: organizó la primera de las posteriormente llamadas «Cofradías de la Caridad» con la misión concreta de asistir todos los días a los enfermos pobres de Châtillon en sus propias casas cuidando de atenderles espiritual y materialmente.

Ante las presiones llegadas de personas interpuestas por Margarita de Silly vuelve con los Gondy (1618) aunque dedicado ahora fundamentalmente a «misionar a los campesinos» de sus tierras y a establecer «Cofradías de la Caridad». Misión y Caridad; esa es la oferta de Vicente de Paúl a la Iglesia y a la sociedad. Oferta que se configura en los años 1618-1625.

Quedan atrás sus ansias de «lograr un honroso beneficio». Por delante unos años de prolífico desarrollo de la intuición primera, basado en un compromiso personal con todas las realidades en las que se asentaba la pobreza y en las sucesivas organizaciones que nacerán en su entorno: atención a los galeotes (1619), Congregación de la Misión (1625), Hijas de la Caridad (1633), Conferencias de los Martes -formación del clero- (1633), Damas de la Caridad (1634), damnificados de la Lorena -extensible a otras zonas- (1636), niños abandonados (1638), Consejo de Conciencia -de gran influjo en el nombramiento de obispos- (1643), esclavos de Berbería (1645), misioneros a Irlanda para la formación del clero (1646) y Madagascar (1648), asistencia a las regiones devastadas de Champaña y Picardía (1650), misioneros a Escocia y Polonia (1651), intervención en las sucesivas Frondas (1652-1653), asilo del Nombre de Jesús (1653), atención a los heridos en el frente de guerra (1654), proyecto de liberación de los esclavos del Norte de Africa (1658) …

Muere Vicente de Paúl el 27 de Septiembre de 1660. Será canonizado por la Iglesia Católica el 17 de Junio de 1737.

2. La Congregación de la Misión (C.M.)

Una Institución nace tanto de la experiencia personal de su fundador como de las circunstancias socio-religiosas de la época.

Vicente de Paúl encontró en tres acontecimientos su vocación personal que luego transmitirá a la Congregación de la Misión. En el «sermón de Folleville»,1 la dedicación a la evangelización de los pobres y, en concreto de los pobres campesinos, mediante las misiones; en el «caso del sacerdote» que no sabía la fórmula de la absolución,2 la necesidad de formación que precisaba el clero; en la «experiencia de Chatillon»,3 la urgencia de la solidaridad popular y su organización.

El mismo año del sermón de Folleville (1617) da comienzo en Francia el reinado personal de Luis XIII. Poco después (1624) vuelve al poder el cardenal Richelieu; junto con Mazarino, en quien la regente Ana de Austria, viuda de Luis XIII, deposita su confianza, condujeron a Francia al esplendor del reinado de Luis XIV. Se consolidan la monarquía absoluta (a nivel interior) y la hegemonía francesa (en el exterior). «Que la primera época de la historia de la C. M. coincida exactamente con este período de la historia francesa no es casualidad. La C. M. forma también parte del vasto movimiento de regeneración que agitaba en esos años a la sociedad francesa y alguna de sus características -sistema de gobierno centralizado en el superior, economía basada en las rentas del capital fundacional, interés por la cultura popular, entre otras- deben mucho a las circunstancias políticas y sociales en que se desarrollaba».4

A nivel religioso, representa uno de los períodos más fecundos. La reforma católica inicia su andadura en Francia tras aceptar los Estados Generales y la Asamblea del clero francés (1614-1615) los decretos del Concilio de Trento. A esta tarea contribuyen nombres ilustres como Francisco de Sales, Juan Eudes, Francisco Régis, Alano de Solminihac, el Cardenal Bérulle, Madame Acarie, Juan J. Olier …

Vicente de Paúl es plenamente un hombre del postconcilio. Por ello las líneas maestras de la C.M. responderán a las directrices marcadas por Trento y que se pueden sintetizar en: impulso de la evangelización popular mediante la catequesis, aliento y renovación de la práctica sacramental (sobre todo de la confesión y la eucaristía), reforma del clero mediante los seminarios y la disciplina de los obispos y, finalmente, su carácter secular.5

2.1. Obligaciones fundacionales

El 17 de Abril de 1625 «ante los notarios y archiveros del rey» se firma el contrato fundacional.6

Las partes firmantes son el matrimonio Gondy y Vicente de Paúl. Los elementos más destacables son los siguientes:

Motivos: «habiéndoles dado Dios desde hace algunos años el deseo de procurar su gloria en sus tierras y otros lugares… han pensado… que el pobre pueblo de los campos está solo y como abandonado».

Proyecto: «han pensado… remediar esta situación por medio de la piadosa asociación de algunos eclesiásticos…han decidido constituirse patronos y fundadores de esta buena obra»

Convenio: «dan y otorgan… la cantidad de cuarenta y cinco mil libras, entregando de momento en manos del señor Vicente de Paúl… la cantidad de treinta y seis mil libras… Por lo que se refiere a las ocho mil libras restantes … prometen pagarlas y entregarlas a dicho señor de Paúl, en esta ciudad de París, en el término de un año«.

Claúsulas y cargas:

[1] Se encarga a De Paúl elegir a las personas adecuadas para el trabajo sin renunciar a «que el señor de Paúl siga residiendo en su casa»

[2] Los intereses y beneficios de la dotación servirán para mantener la obra y las personas, llevando ellos mismos la gerencia

[3] Para perpetuar la obra «los que hayan sido admitidos en ella y hayan perseverado hasta entonces» elegirán a su superior a la muerte del señor de Paúl

[4] Los Gondy y sucesores gozarán de los derechos concedidos por los cánones, excepto el de nombrar cargos

[5] Se entregarán «por completo al cuidado del pueblo pobre de los campos y para ello se obligarán a no predicar ni administrar ningún sacramento en las ciudades donde haya arzobispado, obispado o colegiata, a no ser en caso de notable necesidad o a sus domésticos, a puertas cerradas, suponiendo que tengan alguna casa de retiro en dichas ciudades»

[6] Renuncia a otros cargos, beneficio o dignidad al menos durante ocho o diez años «a no ser que el Superior juzgase conveniente dispensar a alguno de ese servicio de ocho años»

[7] Vivirán en Comunidad con el señor de Paúl como Superior o de su sucesor a la muerte y con el nombre de Compañía, Congregación o Cofradía de padres o sacerdotes de la Misión

[8] Se hará un Reglamento para los miembros de la Comunidad

[9] Darán misiones cada cinco años por todas las tierras de los Gondy. El resto del tiempo lo pueden dedicar a otros trabajos apostólicos y a la asistencia espiritual de los galeotes «servicio que deberá proseguir perpetuamente»

[10] Las misiones se tendrán de Octubre a Junio. Después de cada mes de trabajo se retirarán quince días a su casa empleando los tres o cuatro primeros en hacer un retiro espiritual y el resto en preparar las próximas misiones

[11] En los meses restantes ayudarán a los párrocos que los llamen o se dedicarán al estudio.

2.2. Primeros pasos de la Congregación de la Misión

La pronta muerte de Margarita de Silly (23 Junio de 1625) y el ingreso de su esposo en el Oratorio (1626) liberaron al señor de Paúl de la cláusula de residir en su casa [1]. Así pudo dedicarse en exclusiva a las misiones y a organizar la naciente Congregación.

los primeros compañeros

Aunque no resultó fácil cumplir lo establecido por el contrato, el 4 de Septiembre de 1626 se firma el Acta de Agregación a la Congregación de los tres primeros misioneros (Antonio Portail, Francisco Du Coudray, Juan de la Salle). Poco después se incorporaron otros cuatro (Juan Becu, Antonio Lucas, José Brunet, Juan D’Horny). En torno a 1645 serán unos 200 los miembros de la Congregación; en 1660 llegarán a 250.

El número de ingresos en el siglo XVII7 es el siguiente:

AÑOS SUP. GEN. CLÉRIGOS HERMANOS TOTAL
1625-1661 V. de Paúl 426 196 622
1661-1672 R. Almerás 210 120 330
1673-1697 E. Jolly 814 248 1.062
1697-1703 N. Pierron 257 80 337

las primeras casas

Los misioneros se establecen en París – Colegio de Bons Enfants-. Este local, concedido a título personal al señor de Paúl, será agregado a la naciente comunidad el 20 de Julio de 1626.8 Posteriormente se trasladarán a San Lázaro, en el mismo París (1633), de donde recibirán el nombre de Lazaristas. El carácter internacional de la Congregación (aunque siempre ligado a intereses franceses) se dará ya en vida del mismo fundador: fundaciones en Italia (Roma 1642, Turín 1654), Túnez (1645), Argel (1646), Irlanda (1646), Madagascar (1648), Polonia (Varsovia 1651).

Pronto quedó configurada la organización interna de la Congregación. Las casas, a cuyo frente estaba el superior, fueron agrupadas en Provincias, dependientes de un Visitador. Al margen, por sus peculiaridades, quedaron las establecidas en Túnez, Argel, Madagascar y, en un primer momento, Polonia.

En el siglo XVII la evolución de las casas presenta los siguientes datos:9

PROVINCIAS CASAS FRANCIA ITALIA POLONIA
1661 6 24 21 3
1672 6 31 28 3
1685 7 67 50 9 8

los primeros reconocimientos oficiales

Las dificultades en el reclutamiento de colaboradores «estables» resultó, como ya se dijo, más difícil de lo que parecía en un principio. San Vicente pensó que la aprobación de la autoridad eclesiástica facilitaría las cosas y puso todo su empeño en conseguirla cuanto antes. El Arzobispo de París, Juan Francisco de Gondy, hermano de los fundadores, la concedió el 24 de Abril de 1626, curiosamente unos meses antes de que se constituyese materialmente la primera comunidad (4 de septiembre):

«… a propósito de algunos eclesiásticos que se ocupan de las misiones …, Nos, el arzobispo de París, hemos recibido, alabado y aprobado dicho contrato de fundación, tal como por las presentes lo recibimos, alabamos y aprobamos permitiendo que dichos eclesiásticos se establezcan y residan en esta ciudad de París, con la condición de que no irán a misionar en nuestra Diócesis mas que a los lugares que les asignemos y después de haber recibido nuestra bendición o la de nuestros Vicarios generales y que den cuenta a su regreso de lo que hayan hecho en dichas misiones».10

La aprobación real tampoco fue excesivamente difícil y les fue concedida por letras patentes de mayo de 1627:

«… Por ello no viendo nada con tanto agrado como estas obras de piedad y caridad, y debidamente informado de los grandes frutos que esos eclesiásticos han conseguido en todos los lugares que han misionado … hacemos saber que Nos … aceptamos, autorizamos y confirmamos dicha fundación … permitiendo … a dichos eclesiásticos que formen entre ellos dicha congregación o asociación para vivir en común y dedicarse con el consentimiento de los señores prelados a esos ejercicios de piedad…».11

Los problemas comenzaron cuando el Parlamento hubo de ratificar esta aprobación. De momento fue necesaria una nueva carta real del 15 de Febrero de 163012 para que el asunto se tratase y se superasen los inconvenientes que ponían los párrocos de París. Estos exigían que la institución se sometiese a tres condiciones: que los misioneros «renunciasen a todo empleo en las parroquias e iglesias de todas las ciudades del reino»; que no pudiesen entrar en ninguna iglesia sin misión del obispo y permiso del párroco, ni ejercer sus funciones en las horas de los oficios parroquiales ordinarios; que se les quitase «toda esperanza de pretender o pedir nunca retribución ni salario alguno ni a costa del beneficio donde prediquen ni a costa del pueblo».13 Aceptadas dichas condiciones bajo declaración jurada por San Vicente y sus misioneros, el Parlamento registró y ratificó el 4 de Abril de 1631 las letras reales que aprobaban la C. de la Misión.14

No contentos con estas aprobaciones, los misioneros aspiraban también al reconocimiento pontificio. Las gestiones a tal efecto se iniciaron en 1627 y, tras varias vicisitudes, se cerraron con la aprobación de la Congregación de la Misión por una bula personal de Urbano VIII, la «Salvatoris Nostri», el 12 de Enero de 1630. En ella, además de la aprobación

«Así pues, como la experiencia haya demostrado … que de ese piadoso Instituto han brotado tan abundantes frutos … se nos ha pedido humildemente por parte del padre Vicente y de los clérigos, presbíteros y miembros de dicha congregación que nos dignemos aprobarla … Y Nos … encomendamos a tu discreción -Arzobispo de París- por este escrito apostólico que apruebes y confirmes perpetuamente con nuestra autoridad … la Congregación de la Misión»,

se trazan las líneas fundamentales del Instituto: definición muy completa de su principal finalidad, descripción de sus ministerios, estructura jurídica, marco de las reglas de la nueva congregación, puntos clave de la espiritualidad. Afirma Mezzadri que la bula Salvatoris Nostri «representó la culminación del esfuerzo por configurar jurídicamente la Congregación de la Misión. Esta no era ya la simple «misión» de limitados horizontes de espacio y tiempo alumbrada en 1625 y confirmada por la Sagrada Congregación de Propaganda en 1627, sino una institución de derecho pontificio, exenta y reconocida en la Iglesia universal. Nacía una entidad de singular originalidad canónica puesto que, sin perder su carácter secular, el nuevo instituto obtenía la exención».15

los primeros trabajos

Las Misiones por los pueblos y aldeas ocupan desde el comienzo la mayor parte de la vida de la naciente Congregación. No menos de 140 misiones se predican en los seis primeros años de su historia no siendo los misioneros más de siete.16 La casa de San Lázaro dió por sí sóla más de 700 entre 1632 y 1660.17

La Formación del Clero es la segunda de las obras. Su necesidad había sido constatada con claridad por el señor de Paúl. Empujado por Agustín Potier, obispo de Beauvais, comienza a reunir a los clérigos que iban a recibir las órdenes (12 de Septiembre de 1628) en una especie de cursillo de formación acelerado. La experiencia resulta positiva y, como consecuencia, surgirán las Conferencias de los Martes (formación permanente de Sacerdotes) y la dirección de Seminarios Diocesanos (que marcará decisivamente el futuro de la Congregación apareciendo a partir de 1642 como tarea aneja a la mayor parte de las fundaciones). Entre 1661 y 1689 se fundan nada menos que 27 en Francia y 6 en Polonia.18

Por último aparecen una serie de trabajos propios de alguna casa en concreto y dependientes de las cargas fundacionales: dirección de algún hospital, capellanías (así la del Hospital de los Inválidos [junio de 1675] y del Colegio de Saint-Cyr [23 Noviembre de 1692]), atención a las Hijas de la Caridad, algunas parroquias (entre ellas las reales de Fontainebleau [27 Noviembre de 1661] y Versalles [6 Octubre de 1674]), misiones «ad gentes»…

PROVINCIAS CASAS SACERDOTES HERMANOS ESTUDIANTES
1853 19 111 687 296 143
1875 33 232 1.154 504 273
1900 31 256 2.145 825 796
1925 36 387 2.553 675 778
1950 37 466 3.674 516 1.161
1976 43 539 3.757 372 565

Encontramos, en definitiva, al terminar el s. XVII, una Congregación si no muy numerosa sí lo suficientemente organizada y consolidada. Con amplias perspectivas de futuro y centrada en dos objetivos: la evangelización de los pobres y la formación del clero (sobre todo a través de las Misiones y de la dirección de Seminarios).

Los siglos XVIII y primera mitad del XIX verán un lento pero continuo desarrollo de la Institución y sólo a partir de este momento su evolución registrará un notorio aumento, tal como indica el Cuadro anterior.19

3. Misiones Populares y Congregación de la Misión

Se ha señalado en capítulos anteriores que uno de los medios principales de evangelización que acepta la C.M. son las Misiones Populares. Nos preguntamos ahora ¿cómo ha quedado reflejada esta importancia en la historia de la Congregación?, ¿hasta qué punto se ha mantenido viva la intuición primera?. Intentaremos dar una respuesta a través del análisis de los diversos documentos que han regido y rigen la vida de la C.M.

3.1. Vicente de Paúl y Misiones Populares

Tanto en su «Correspondencia» como en las «Conferencias a los misioneros» aparece el tema abundantemente tratado y desde muy variadas vertientes. Una simple lectura lineal de ambos escritos servirá para mostrarnos la importancia capital del tema. Organizado por círculos de interés encontramos los siguientes apartados.

Importancia de las Misiones: en los textos aparece siempre como una de las finalidades principales de la Compañía. En los comienzos como exclusiva para la mayoría de las casas20 (aunque algunas, a efectos de mantener el fruto de las misiones,21 compartían esta función con la atención a los Seminarios); posteriormente, aún reconociendo este primer origen,22 la función formadora en estos últimos adquirirá el mismo rango. Baste citar el texto del 19 de Diciembre de 1655: «Espero que esa buena obra (la del Seminario)… irá cada vez mejor. No debe olvidarla usted para atender únicamente a las misiones; las dos obras son igualmente importantes y usted tiene la misma obligación con una que con otra». Tan importantes son estos dos trabajos que se rechazan otros que puedan impedir la disponibilidad de los misioneros, como pueden ser capillas, dirección o atención a religiosas, confesiones de externos o parroquias.23

Objetivos que pretenden las Misiones: de una u otra forma podemos concentrarlos en cuatro, que serían: predicar las verdades evangélicas,24 instruir en los misterios de la fe y en las verdades necesarias para salvarse,25 confesar a los pecadores26 y fomentar diversas acciones sociales tales como la pacificación de enemistades, arreglo de devoluciones, atención a los pobres y creación de la Cofradía de la Caridad.27

Lugares de misión: es uno de los temas a los que dedica más atención Vicente de Paúl. El principio de actuación parece claro: «nos debemos a las pobres gentes del campo»28 y, por tanto, «no trabajaremos en las ciudades».29 Sin embargo las peticiones de los obispos para misionar en ellas – y no para otras funciones como predicar o confesar-30 harán que la norma se matice progresivamente no sin problemas y discusiones.31 Más aún, en sus últimas cartas admitirá que se pueda realizar la misión en aquellas ciudades en las que no hubiere obispado o aún teniéndolo fuesen pequeñas.32

Gratuidad de las Misiones: la financiación de los trabajos misioneros debe recaer sobre la fundación, de manera que no se debe recibir ninguna retribución de las gentes misionadas ni de los eclesiásticos del lugar salvo que lo exija el obispo o, con algunos matices, a modo de limosna.33

Aspectos Organizativos de las Misiones: algunos de ellos serán recogidos en los «Reglamentos», para los que pide una exacta observancia34 responsabilizando de ello al Director de las misiones.35 Las referencias abarcan horarios, vida de los misioneros, forma de dar las misiones, normas de comportamiento, tiempo de ocupación, relaciones con Obispos y Sacerdotes, trato con herejes y gentes del lugar, libros de predicación, formación de los jóvenes misioneros, importancia de escribir alguna relación de los trabajos realizados…36 Este último punto provocará la abundancia de referencias tanto a las misiones37 como a los frutos que en ellas se van consiguiendo: confesiones, conversión de herejes, arrepentimiento de bandidos, restituciones, reconciliaciones entre enemistados, arreglo de matrimonios o establecimiento de la Cofradía de la Caridad.38

Descanso de los Misioneros: explicado con detenimiento en una de sus cartas:39 «trabajamos desde Todos los Santos hasta San Juan; dejamos Julio-Octubre para la cosecha y la vendimia; cuando se ha trabajado unos veinte días, descansamos ocho o diez; luego volvemos al trabajo, ya que no es posible pasar mucho tiempo en ese trabajo sin ese descanso y el de un día por semana«. Los ruegos para que se cumpla esta normativa son abundantes, al igual que los deseos de que los enfermos a causa del trabajo se recuperen cuanto antes.40

3.2. Documentos Fundacionales y Misiones Populares

Entendemos por tales no sólo el Contrato Fundacional [17 Abril 1625 citado CFCM-]41 sino otros pocos que configuran los primeros pasos y reconocimientos de la naciente institución, como son el Acta de Aprobación del Arzobispo de París [24 Abril 1626- citado AAAP-],42 el Acta de Asociación de los primeros misioneros [4 Septiembre 1626 -citado AAPM-],43 Cartas Patentes del Rey aprobando la Congregación [Mayo 1627 -CPR-],44 Bula «Salvatoris Nostri» sobre la erección de la Congregación [12 Enero 1632 -citado BSN-]45 y el Breve «Ex Commissa Nobis» relativo a los votos [22 Septiembre 1655 -citado BECN-].46

A través de ellos encontramos los elementos más significativos de la naciente institución. Partiendo de la singular importancia de las misiones (CFCM) se destacan los objetivos que éstas deben tener; así aparece como más insinuado tanto el predicar-instruir-exhortar-catequizar (CFCM, AAAP, AAPM, CPR, BSN) como el mover a realizar una buena confesión general (CFCM, AAAP, AAPM, CPR); con menor importancia fundar las Cofradías de la Caridad para auxilio de los pobres enfermos (BSN) y el esfuerzo por aplacar riñas, disensiones y discordias (BSN).

Un segundo elemento resaltado se refiere a las personas a quienes se dirigen las misiones. No hay ninguna duda: «el pobre pueblo del campo» (CFCM, AAAP, AAPM, CPR, BSN) quedando, por ello, prohibida la predicación y administración de sacramentos en las ciudades donde haya arzobispado, obispado o colegiata (CFCM).

La iniciativa, en tercer lugar, queda en manos de los Srs. Obispos de quienes se requiere el beneplácito antes de iniciar una misión (CFCM, AAAP) y a quienes se está sujeto en cuanto a las mismas (BECN). El Arzobispo de París exigirá una información final de lo que se ha hecho en las misiones (AAAP).

Por último se señalan algunas cuestiones como la gratuidad (CFCM), el período Octubre-Junio como el dedicado al trabajo (CFCM) y alguna cláusula de misionar determinadas tierras (CFCM).

3.3. Reglas, Constituciones y Misiones Populares

Desde su fundación tres han sido las recopilaciones legales que ha tenido la C. M.: las Reglas Comunes (RCSV) entregadas a los misioneros por el mismo Vicente de Paúl (1658), las Constituciones y Reglas (CYR) aprobadas por Pío XII (19 Julio 1953) y las actuales Constituciones y Estatutos (CYE) sancionadas el 29 de Julio de 1984 por la Sagrada Congregación de Religiosos e Institutos Seculares (SCRIS), tras el Concilio Vaticano II.

Hacemos únicamente referencia a los dos primeros documentos que fijan la normativa para el período que estudiamos. En ambos (RCSV-CYR) lo relativo a las Misiones aparece fundamentalmente en tres apartados: Fin de la Congregación, prácticas piadosas y Ministerios.

Fin de la Congregación: evangelizar a los pobres, sobre todo a los del campo o a los campesinos.47 La función de los eclesiásticos o clérigos es recorrer pueblos o aldeas (en CYR V, 5, 190 se añadirá que en las ciudades se puede «predicar» a modo de Ejercicios Espirituales) predicando y catequizando o predicando misiones, animando a hacer Confesiones Generales, arreglando disputas y desavenencias y fundando la Cofradía de la Caridad48 aunque esta última, en CYR XII, 1º, 270, no aparece relacionada con los sacerdotes.

Prácticas piadosas: se deben cumplir tanto en casa como en las misiones. Se señalan el rezo en común del Oficio Divino, el capítulo de faltas, horas de levantarse y acostarse, oración en común, hora de comer, lectura espiritual en la comida y excepción para poder cenar únicamente un plato de verduras o legumbres los viernes.49

Ministerios (Misiones Populares): es el trabajo más importante50 y que no debe olvidarse con la dedicación a otros piadosos y hasta útiles (se señala expresamente la dirección de religiosas o monjas).51 A las misiones se debe ir con el mandato (patente) de los obispos y con las facultades de predicar y confesar,52 aunque en ellas quien tiene la responsabilidad última es el Director de la misión53 nombrado por el Superior o Visitador.54 La misión, único ministerio en que está permitida la dirección espiritual,55 comienza y termina con la bendición del párroco del lugar.56 Además de las tareas de predicar y catequizar se debe visitar a los enfermos y resolver desavenencias y litigios.57 A la hora de la predicación [que debe ser uniforme]58 se debe emplear un estilo sencillo según el pequeño método.59 Al finalizar la misión se dará cuenta de los trabajos a los obispos si éstos lo piden.60

Por último señalar que la gratuidad de las misiones sufre algunos cambios. En RCSV (III, 7) se dice que «ejerceremos gratis todos nuestros ministerios, sin aceptar ninguna retribución, ni siquiera el sustento. Pero podemos usar la vivienda y los muebles que se nos ofrezcan»; sin embargo en CYR (XII, 1º, 257) se afirma «realizaremos todas nuestras funciones, en cuanto sea posible, gratis; nos será permitido aceptar la vivienda y alimento que nos ofrezcan. Si es que los párrocos espontáneamente ofrecen recompensas… las podrán aceptar como limosnas para sufragar las necesidades de nuestro Instituto».

3.4. Superiores Generales y Misiones Populares

Acabamos de hacer referencia a dos de los Documentos claves para entender el carácter misionero de la C.M. De las «Reglas» entregadas por Vicente de Paúl en 1658 a las «Constituciones y Reglas» del año 1953 (vigentes hasta 1984) transcurren tres siglos en los que no cambia la normativa esencial en la Congregación. Serán las Asambleas y los Superiores Generales quienes vayan respondiendo a las cuestiones que se planteen en ese intervalo. El análisis de las «Cartas a toda la Compañía» de éstos últimos, tanto aquellas en las que resumen las «Resoluciones de las Asambleas» como las habituales de comienzos de año sobre el «Estado de la Compañía», nos refleja la situación en que se encuentra en cada momento el ministerio de las Misiones Populares.

Prácticamente todos los Superiores Generales hacen referencias importantes al tema.61 El análisis de los textos deja entrever, en los primeros años, la preocupación por mantener «ad pedem litterae» los contenidos y formas heredados del fundador. La meticulosidad es el rasgo definitorio de la etapa que va hasta mediados del s. XVIII para, posteriormente, sólo tratar grandes temas y de forma general. Entre ellos destacan:

Prioridad del trabajo en las Misiones Populares. Las fórmulas que se emplean para recordar que éste es el ministerio fundamental de la Institución son claras y variadas62 deduciéndose de ellas que, a medida que trascurren los años, encuentran los Superiores más dificultades para dedicar misioneros a este trabajo, lo que hace necesario insistir una y otra vez en la importancia del mismo. Los Superiores reconocerán que es más cómoda la enseñanza en los Seminarios o el trabajo en las Parroquias.63

Observancia de los Reglamentos de Misiones. Tema que se repite una y otra vez. Las Misiones se han de dar de acuerdo con los Reglamentos64 de cuyo escrupuloso cumplimiento depende el éxito de las mismas.65 Por eso no serán muchas las modificaciones que se introduzcan en el decurso de los años y, éstas, con la aprobación del Superior o Asamblea General66 impidiendo taxativamente sean hechas por los particulares.67 Esta actitud se mantendrá viva hasta mediados del s. XX en que el P.Slattery abrirá las ventanas a una profunda renovación.68

Preparación de los misioneros. Las recomendaciones acerca de su importancia69 son abundantes aunque no muy precisas: leer el Reglamento en las casas antes de ir a la misión, ampararse en autores de opiniones seguras a la hora de componer los sermones, pláticas y doctrinas, no hablar demasiado … deteniéndose más expresamente en algunas normas para los confesores como tener en las casas conferencias sobre casos de conciencia, leer y aprender los Reglamentos de San Carlos Borromeo sobre esta práctica, realizar ejercicios de confesión incluso públicamente, examinar a los más jóvenes y encargarles los casos más fáciles,70 etc … Para facilitar la predicación y las nuevas composiciones se habilitará ya en 1712 un ejemplar que recoge unas cuarenta piezas ya usadas en las misiones.71

Vida del misionero en las misiones. Los avisos, que son muy detallistas en sus inicios, tienden poco a poco a desaparecer. Abarcan toda una serie de aspectos que, en muchos casos, no son sino repeticiones de lo que indican los Reglamentos. Así encontramos referencias a la vida de los misioneros, forma de predicación, uso del pequeño método, importancia de la catequesis, comportamiento en las restituciones, horarios en la misión, relaciones con los sacerdotes del lugar, responsabilidades del Director, ocupaciones de los Hermanos Coadjutores …72

Gratuidad de las misiones. No es precisamente un tema muy tratado por ser inherente a la fundación aunque con el transcurso de los años cambiará notoriamente. Las afirmaciones acerca de la gratuidad de las misiones son claras y tajantes aún a comienzos del s. XX.73 Sin embargo en 1963 (1 Enero) dirá Slattery: «San Vicente, por ejemplo, puso como principio la gratuidad de las misiones, gratuidad que hizo posible por fundaciones que permitían no tener que pedir nada a los fieles que se evangelizaba. Y ciertamente sería de desear que se pudiera seguir haciéndolo así. Mas en nuestros días es muy raro que haya una casa con rentas suficientes para poder mantener tres o cuatro misioneros». Esta situación llevará, entre otras cosas, a fomentar la creación de un «Fondo para Misiones» basado en las aportaciones de los mismos misioneros de la Congregación.

Las Cofradías de la Caridad. Estas Asociaciones, por Reglamento, son inherentes a la actividad misionera y uno de sus frutos más claros. No es extraño, pues, que de vez en cuando se recuerde a los misioneros sus obligaciones para con ellas.74

Misionar en las ciudades. Mantienen el principio de evitarlo salvo si son llamados por los Obispos. Dos únicas citas iluminan este pensamiento: «sólo por buenas y fuertes razones se permitirá dar misiones en las ciudades«; «para misionar en las ciudades se requiere permiso del Visitador excepto si es de la capital del Reino o Estado en cuyo caso se debe recurrir al Superior General».75

4. Los Reglamentos de Misiones de la C.M.

Una de las preocupaciones básicas de todo fundador es la de dar un Reglamento a la Institución o Instituciones que inicia. En el caso de Vicente de Paúl ocurre lo mismo y nos son conocidos los redactados para los Misioneros de la Congregación de la Misión, para las Hijas de la Caridad y para las Cofradías de la Caridad. Más aún, cada una de las obras a las que se dedican estas Instituciones tendrán también el suyo; así ocurre con las Misiones.

En la C. M. han existido dos Reglamentos Generales de Misiones. El primero corresponde a los tiempos de San Vicente y ha sufrido, mientras estuvo vigente, escasos cambios (tal como señalan las indicaciones de las Asambleas y Superiores Generales). Los añadidos más importantes corresponden a lo determinado por las Asambleas Generales de 1668 y 1673 y pueden considerarse como Anexos de este Reglamento. El segundo fue publicado el año 1895, aunque en la Provincia de España se editó uno propio en 1878, aprobado por el Superior General.

4.1. El Reglamento del S. XVII (RMSV)

Es el primero de los conocidos y fue redactado en tiempos de San Vicente.76 Originalmente constaba de cinco apartados sin numerar y sin divisiones internas. Las dos Asambleas Generales posteriores a la muerte del Fundador (1668 y 1673) añadieron algunas resoluciones que aparecen en los manuscritos como integradas en el original Reglamento. Presenta los siguientes contenidos:

APARTADO 1º: ANOTACIONES PARA ANTES DE COMENZAR LA MISIÓN

1. Lo que deben hacer antes de partir: estar un día antes en el lugar previsto aprovechándolo para tener retiro espiritual, repasar las Reglas de la C.M. y leer, además del Reglamento de Misiones, las facultades otorgadas para la misión.

2. Lo que deben llevar los misioneros: Breviario, bonete, papeles necesarios, tintero, ropa… Además un Nuevo Testamento y un Kempis.

3. Lo que debe llevar el Director: «Patente» del Obispo, «Breve» de Indulgencias, «Reglas» de la Cofradía de la Caridad, varios relojes, rosarios, imágenes, «Ejercicios del Cristiano», papel para escribir, una Biblia pequeña, una pequeña «Concordancia», un «Manual de Meditaciones», uno o dos Libros para uso de los predicadores o doctrineros, «Suma» buena de moral, un libro de lectura para leer en la mesa, un «Ordo de Officii», una campanilla y, si es posible, algunos platillos para las «pitanzas». Además, si se prevé que «la Iglesia esté mal provista»: misal, sacra, corporales, purificadores, caja con hostias y sobrepellices (dos, al menos).

4. Lo que deben hacer el día que salen: recibir la bendición del Superior de la Casa y visitar al Santísimo Sacramento.

5. Lo que deben hacer mientras van de camino: ir recitando el «Itinerario», las «Letanías del Nombre de Jesús o de la Virgen» u otras oraciones. Igualmente «discurriendo» de cosas relativas a la misión, con mucho cuidado cuando se haga de la Confesión, máxime si hay peligro de ser oídos de otros. Si tuviesen que ir con «otras gentes» procurarán hacer lo mismo invitándolos a participar de sus oraciones o conversaciones pero sin «mostrarse tan austeros que se hagan odiosos». En los lugares de pernocta llevarán vida comunitaria (oración, Misa, comida…) y aprovecharán para instruir a los pobres y, si es posible, a los domésticos, evitando cualquier porfía o lamentación respecto del hospedaje.

6. Lo que deben hacer al llegar al lugar de misión: recitar diversas oraciones (Ángeles Custodios y Letanías de los Santos) según van aproximándose; entrar en el lugar de dos en dos con «singular modestia y silencio» dirigiéndose, si es posible, a la Iglesia para recibir autorización del Sr. Cura o su vicario para comenzar la misión y para ésto presentar las «licencias» correspondientes. Si la respuesta fuese positiva, recibir su bendición; en caso contrario, continuar su camino. Buscar alojamiento en alguna casa cercana a la Iglesia evitando, en lo posible, los mesones.

APARTADO 2º: ORDEN DEL DÍA EN TIEMPO DE MISIÓN

1. Horario en días de misión: levantarse a las cuatro. Oración hasta las cinco y cuarto, salvo el predicador que debe comenzar el sermón, los días de trabajo, a las cinco. A las seis ir a la Iglesia y comenzar las confesiones que duran hasta las once, en que vuelven todos a casa.

Tras la comida, la recreación y análisis de «casos». A la una rezo de Vísperas y Completas. Vuelta a la Iglesia a las dos, salvo el encargado de la doctrina cristiana (catecismo de niños) que lo ha hecho a la una. Allí están hasta las cinco, en que regresan a casa. La doctrina grande (gran catecismo) se hace después de que el pueblo vuelve a la tarde de su trabajo.

A las seis y media, cena y recreación. A las ocho y cuarto, tras diversas oraciones, retiro con silencio para acostarse cuando se da la señal.

2. Horario en el día de descanso: existe un día de descanso a la semana (jueves, viernes o sábado, según circunstancias). Este día se levantan a las seis y se dedica a la formación y a la recreación (pasear). Se suspenden, salvo caso muy urgente, la predicación, las doctrinas y las confesiones.

APARTADO 3º: AVISOS GENERALES PARA LOS QUE VAN A UNA MISIÓN

1. Los misioneros han de llenarse de virtudes tales como humildad, fe y confianza en Dios, caridad y celo de las almas, mansedumbre y paciencia, sencillez y prudencia, sumisión al juicio del Director y, sobre todo, una gran indiferencia para los empleos, lugares y personas.

2. Las misiones en lugares pequeños no deben durar más de tres semanas. En ellas no deben ponerse a confesar hasta pasados algunos días.

3. Se precisará permiso del Director para salir de casa o de la Iglesia, cambiarse de lugar dentro de la misma, ir a comer a alguna de las casas del lugar, emprender ajuste alguno, visitar a los enfermos, o emplear más de una hora en la preparación de los sermones o doctrinas.

4. Todo trato con mujeres se hará en cuarto bajo y con la puerta abierta.

5. Con los curas y eclesiásticos no sólo se tendrá cordialidad en el trato y ofrecimiento para que prediquen, sino que su voluntad será definitiva en temas como la Exposición del Santísimo, establecimiento de la Caridad, misa solemne, comunión de los muchachos, ajustes de importancia…

6. En determinados actos, como la comunión o procesión de jóvenes, se huirá de toda pompa y aparato extraordinario.

7. La misión exige dedicación exclusiva y, por ello, no irán a predicar a otros pueblos cercanos, salvo con licencia del Superior de la casa de donde es la misión.

8. Si el pueblo estuviese remiso en asistir a los sermones y a la confesión será muy útil celebrar misas solemnes de las que sean devotos: por la paz, por los difuntos…

9. Si hubiese escuela, es de gran importancia visitar a los maestros y maestras; en caso contrario, será muy útil exhortar al pueblo para que las ponga.

10. Se debe tener mucho cuidado con los penitentes a quienes otro confesor de la Congregación despidió o negó la absolución. Los casos para diferir o negar la absolución son: las ocasiones próximas que se pueden dejar, las restituciones que se pueden hacer, las enemistades cuando las partes pueden reconciliarse y las frecuentes reincidencias que nacen de hábitos inveterados.

11. La visita a los enfermos será realizada a menudo.

12. Los «Ejercicios del Cristiano» únicamente se repartirán al finalizar la misión.

13. Puede ser útil, si el número lo aconseja, tener algún acto especial con los pobres. Igualmente con los eclesiásticos.

14. La misión terminará con la Comunión General, una solemne procesión y el «sermón de la perseverancia».

15. Tras estos actos únicamente se podrá atender a las «confesiones» de niños que aún no han hecho la Primera Comunión, a ajustar algunas pendencias, o a animar la Cofradía de la Caridad.

16. En el viaje de vuelta se rezarán un «Te Deum», un «Miserere» y una oración por la perseverancia del pueblo. Llegados a casa harán confesión de sus faltas desde que partieron.

APARTADO 4º: AVISOS PARA LOS QUE PREDICAN Y HACEN DOCTRINA

1. Acomodarse a la capacidad del pueblo, utilizando el «pequeño método», sin olvidarse sobre todo de estos cuatro puntos: declarar y explicar con claridad lo que intenta persuadir al pueblo, decir los motivos, dar medios concretos y fáciles para conseguir y hacer lo que se propone y, por último, no dejar de advertir los problemas para su consecución. En la «doctrina» se debe acomodar al auditorio infantil.

2. Servirse, más que de autoridades de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres, de símiles familiares y de ejemplos sencillos, selectos y nunca ridículos.

3. Nunca pasar de los tres cuartos de hora en días de trabajo y de la hora en los festivos, utilizando todos los medios para avisar al predicador.

4. Ser moderado en la forma de predicar, sin gritar demasiado, ni lanzar invectivas contra los herejes, ni desacreditar a algún otro predicador, ni reprender a persona alguna en particular (especialmente eclesiásticos).

5. Obtener la conformidad del Director para avisar de algún desorden o vicio o publicar alguna cosa no habitual en las misiones.

6. Al comienzo de la misión predicar contra las enemistades, exhortando a la reconciliación antes de ir a la confesión.

APARTADO 5º: AVISOS PARA EL DIRECTOR DE LA MISIÓN

1. Dispondrá de todo lo necesario para el buen desarrollo de la misión, incluido el nombramiento de su vicario y el administrador.

2. Atenderá a la distribución del trabajo de cada misionero y, especialmente, del «hermano» que los acompañe. Igualmente del acomodo adecuado de cada uno de ellos.

3. Antes de comenzar la misión se informará prudentemente (a través de los hombres de bien del lugar, especialmente del Sr. Cura) de los vicios que existen, de las ocasiones de pecado, de las malas «usanzas» y del «genio» del pueblo. De todo ello dará cuenta a los predicadores y confesores.

4. En la primera oportunidad que tenga, avisará al pueblo de los horarios, actos ordinarios y extraordinarios, cambios introducidos, etc… que se van a desarrollar durante los días de misión.

5. Estará enterado, y lo comunicará a los confesores, de los casos reservados en la diócesis. Igualmente, pedirá al Sr. Cura licencia para revalidar matrimonios inválidos y casar concubinarios secretos.

6. Hará todo lo posible por establecer la Cofradía de la Caridad donde no lo esté o de animarla si ya existe.

7. Cuidará de que los misioneros cumplan sus obligaciones, tanto en su permanencia en la casa como en el ejercicio de sus funciones. Igualmente del trato con las gentes del lugar o con los externos que trabajan con ellos.

8. Acabada la misión, dará o hará dar razón de la misma al Obispo correspondiente y al Superior de la casa. Igualmente dejará constancia escrita de lo más sobresaliente ocurrido en ella.

ANEXO 1º: RESOLUCIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL DE 1668

1. Habrá, por lo menos, tres sacerdotes

2. La lectura del Reglamento se podrá hacer delante de sacerdotes externos pero no los avisos particulares del Director.

3. Se tendrán dos sermones diarios, de los que uno será de instrucción, según el estilo usado desde el principio.

4. A los principiantes, antes de ponerlos a predicar cualquiera de los dos sermones, se les encargará de la doctrina.

5. Los catecismos que se empleen, salvo que los Obispos digan lo contrario, serán los nuestros.

6. Se asignará un tiempo y unos confesores particulares para confesar a los muchachos y a los que son algo sordos.

7. Deben guardarse de seguir opiniones relajadas, máxime las condenadas por el Papa Alejandro VII.

8. Las restituciones, a ser posible, no serán hechas directamente por los misioneros.

9. Procurarán, igualmente, no recibir limosnas (dinero o especies) de los penitentes para dar a los pobres.

10. Los únicos capacitados para dar medallas, rosarios, etc … son el Director y el que enseña la Doctrina.

11. Salvo casos muy concretos, existirá únicamente una Comunión General.

12. La bendición con el Santísimo no se hará todos los días

13. El día del Corpus se dejarán las confesiones para asistir a la procesión.

14. Las confesiones de los misioneros no se harán en casa

15. Medios para mantener la Cofradía de la Caridad: visitarla a expensas de la casa o hacer que algunos curas lo hagan, solicitar indulgencias para ella a Roma, hacer colectas tanto ordinarias como extraordinarias, poner «cajuelas» en los mesones, procurar que quienes hacen testamento dejen alguna cosa en su favor …

16. Medios para «conservar la castidad de los misioneros»: los puestos de los confesores estarán a la vista uno de otro; habrá luz suficiente delante del confesonario; no cubrirán su cabeza ni la del penitente con las mangas del sobrepelliz; para confesar a mujeres se usarán confesonarios con celosía y, si no los hubiera, se llevarán unos portátiles desde casa; serán visitados por el Director de cuando en cuando; nadie quedará, después de la hora determinada, sólo en la Iglesia; no se harán visitas sin autorización del Director y siempre acompañado de un compañero y, por último, se recuerda la prohibición de introducir mujeres en las habitaciones particulares.

17. Medios para «conservar la castidad de los Hermanos»: no hablar con mujeres en lugares u horas inapropiadas; estar siempre ocupados; si van a alguna casa mantenerse en la puerta; no permitir que mujer alguna penetre en los aposentos; no ir a parte alguna sin conocimiento del Director y, finaliza, indicando que no se entrometan en catequizar doncellas ni en darles avisos espirituales.

18. Si alguno no observase lo contenido en estos artículos, especialmente de los dos últimos, el Director le avisará y, si no se solucionase, avisará al Superior correspondiente.

ANEXO 2º: RESOLUCIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL DE 1673

1. Relativo al comer y al beber: el Director tendrá cuidado de proveer todo lo necesario, se cuidará de que las porciones se presenten ya cortadas; igualmente cada uno tendrá reglada su porción de vino; después del sermón podrá el sermonero tomar un poco de caldo o pan y un vaso de vino; cuidar bien las normas existentes en cuanto a invitar a los párrocos a comer. Se señala, asímismo, que si hubiesen de descansar entre misión y misión lo hagan en el lugar que se ha de misionar.

2. Relativo a los confesores nuevos: se harán en casa ejercicios de casos de conciencia; tendrán muy en cuenta las advertencias de San Carlos Borromeo; harán ejercicios públicos en el modo de confesar; tendrán exámenes en casa tanto antes como después de obtener la aprobación del Obispo y, al comienzo de su ministerio, se dedicarán a atender los casos menos difíciles.

4.2. El Reglamento para España de 1878 (RME)

Su origen viene indicado en la Advertencia del mismo texto:

«Habiendo la Asamblea Provincial de España de este año de 1878 expresado el deseo de que, revisado el Reglamento de Misiones, se hiciesen en él, con la debida aprobación del M. R. Superior General, las modificaciones que se creyesen necesarias para la Provincia, y que así revisto, y, en lo que fuese necesario, modificado, se diese a la imprenta, pedida y alcanzada la correspondiente licencia del mismo M. R. Superior general; se nombró una Comisión para que examinara lo que procedía en la materia. Esta Comisión, después de haber examinado el Reglamento, fue de parecer que bastaba se hiciese una nueva traducción del original al castellano, con poquísimas modificaciones, y éstas de pequeña importancia.El muy Reverendo Superior General ha aprobado esta nueva traducción con las modificaciones propuestas, y ha permitido que se imprima para uso de nuestra Provincia».77

Siguiendo las pautas anteriores, las principales novedades que presenta este Reglamento se refieren más al formato y organización de los materiales que a los contenidos. De este modo las diversas normas que en el anterior Reglamento aparecían muy dispersas las encontramos ahora unificadas y debidamente clasificadas en capítulos, apartados y parágrafos. Editado en Madrid -1878- con unas dimensiones de 19 x 12,5 y 36 páginas. Siguiendo el nuevo Esquema, anotaremos las semejanzas y novedades que presenta este Reglamento.

Cap. 1º: Excelencia de las Misiones y celo por ellas

Es un Capítulo totalmente nuevo (páginas 3-6). Intenta enraizar este trabajo en la misión de Jesucristo mostrando que, tanto en San Vicente como en la historia de la Congregación, este ministerio ha ocupado y debe ocupar un lugar fundamental.

Cap. 2º: Medios para desempeñar bien las Misiones

Capítulo que recoge las cualidades de las que deben revestirse los misioneros y las misiones (páginas 7-9). Están tomadas de las Reglas Comunes y parcialmente recogidas en el Apartado 3º.1 del anterior Reglamento. La principal de ellas es la sencillez («deben acomodarse a las costumbres y usos del pobre pueblo. No deben distinguirse por la pompa y el ruido»), añadiendo a continuación la santidad y perfección, la oración, la humildad, la mortificación, la modestia y la obediencia (a las Reglas comunes, a los Reglamentos de misiones y a las costumbres de la Compañía).

Cap.3º: Avisos generales para los que salen a Misión

La mayoría de los 18 números (páginas 10-13) en que se divide el capítulo recogen literalmente el Apartado 1º del anterior Reglamento. El número 1, a su vez, está tomado del Anexo 1º.1.

El número 15, relativo al lugar de hospedaje, modifica de alguna manera el número 6 del Apartado 1º. Se mantiene la norma de que se hospeden cerca de la Iglesia. Entonces evitando, en lo posible, los mesones; ahora, la casa del señor Cura del lugar y, por si fuese necesario hacerlo en ella, se dan algunas normas (comida distinta y silencio y lectura durante la misma).

Los nn.2 y 6 son nuevos. El primero indica las condiciones que deben darse para que vaya un sólo misionero a un lugar; el segundo indica que los misioneros, antes de salir a una misión, deberán ir a recibir la bendición del Obispo si se halla en el lugar; igualmente que el Director o Superior le pedirá las autorizaciones y poderes necesarios.

Cap. 4º: Orden del día durante la misión

Aparece dividido en dos partes. La primera, páginas 14-16, («Ejercicios particulares de los misioneros») consta de once números y se limita a ordenar el Apartado 2º del primer Reglamento. La segunda, páginas 16-17, («Ejercicios al pueblo») consta de siete números y sigue la misma línea introduciendo, además, algunas ideas de los Apartados 3.15. (forma de terminar la misión) y 4.3. (duración de las pláticas y sermones).

Cap. 5º: Del Director de la Misión

Este capítulo presenta algunas modificaciones al aglutinar funciones que aparecían dispersas en el anterior Reglamento y añadirle algunas otras. La intencionalidad de todo ello se nos muestra con claridad en la misma introducción al capítulo: «el suceso de una misión depende de su buena o mala dirección».

1. Obligaciones del Director para con los misioneros: conocer con detenimiento a cada misionero; indicarles las costumbres, hábitos, defectos y buenas cualidades de los habitantes del lugar (RMSV 5º.3, aunque no se indica, como entonces, la forma de obtener la información); designar las funciones de cada uno (RMSV 5º.2); velar para que no se alarguen en las predicaciones; revisar sus sermones e instrucciones; asistir, si le es posible, a las instrucciones de sus compañeros; organizar la vida de la comunidad durante la misión (RMSV 3º.3.); tratar con los misioneros de los casos de conciencia a fin de lograr uniformidad en las confesiones (RMSV, Anexo 2º.2); leer el Reglamento de las misiones dos o tres veces (en RMSV 1º.1 únicamente se indicaba que se hiciese el día antes de partir); velar especialmente por la lectura de la mesa aunque haya sacerdotes externos; ocuparse de que los clérigos y los hermanos no estén ociosos y, por último, preocuparse de la observancia de lo indicado por la Asamblea general de 1668 acerca de la castidad (RMSV, Anexo 1º.16-18).

2. Obligaciones del Director para con los Curas y notables: deberá ocuparse de los permisos correspondientes para el buen desarrollo de la misión (RMSV 5º. 1 y 5); dar cuenta al Obispo de los avatares de la misma (RMSV 5º.8); tratar a los curas del lugar con respeto y deferencia (RMSV 3º.5); hablar bien de ellos y nunca permitir la crítica de sus defectos (RMSV 5º.7); proponerles alguna conferencia especial para ellos (RMSV 3º.14b); visitar a las principales autoridades y personas del lugar; visitar a los maestros y maestras (RMSV 3º.9);estar muy enterado del carácter, costumbres, usos y hábitos del lugar misionado (RMSV 5º.3); dar los avisos generales y anunciar las principales ceremonias (RMSV 5º.4); hacer algunas ceremonias extraordinarias (RMSV 3º.8); preparar a los niños para la Primera Comunión; distribuir algunas limosnas; preocuparse por establecer la Cofradía de la Caridad (RMSV 5º.6); terminada la misión, informar al Superior del desarrollo de la misma y escribir una relación de los principales acontecimientos (RMSV 5º.8).

Cap. 6º: Obligaciones de los misioneros

Es el capítulo que ofrece las mayores novedades, aún siguiendo la misma línea recopiladora del anterior. Establece para los misioneros obligaciones de cuatro especies:

1. Deberes para con el Director de la misión: obediencia deferente y sumisa que implica evitar las prevenciones, murmuraciones y críticas en público.

2. Deberes de los misioneros entre sí: unión cordial y caridad fraterna que llevan consigo el no eximirse de los cortos momentos de recreación y de los ejercicios de comunidad; ayudarse mutuamente en sus funciones; velar porque nada pueda ofender al otro; tratarse en público con respetuosa afección y evitar tanto la crítica sobre la predicación e instrucciones como las alabanzas hacia alguno de los misioneros.

3. Deberes de los misioneros en sus funciones:

EN EL PÚLPITO: penetrarse de la sublimidad del ministerio; dar a los demás sacerdotes ejemplo del modo en que se ha de tratar la Palabra de Dios; prepararse con un estudio suficiente y propio del ministerio (Sagrada Escritura, Santos Padres, Doctores de la Iglesia, Maestros de vida espiritual y buenos autores predicables); llevar escritas las funciones que ha de predicar, previamente aprobadas por el Director; prepararse, si lo desea, antes de subir al púlpito, con una hora de anticipación; acomodarse a la capacidad del público; tener presente el «pequeño método» usado en la Congregación (RMSV 4º.1); no predicar jamás opiniones o sistemas y evitar toda alusión a los asuntos políticos; ordinariamente conviene insistir, más que en textos de la Escritura y de los Padres, en comparaciones familiares y casos auténticos (RMSV 4º.2); habrá uniformidad de plan en las instrucciones y, para ello, el Director examinará dicho plan, teniendo en cuenta la conveniencia de predicar al comienzo para ganarse la estimación y afecto, posteriormente las verdades terribles de la Religión y, por último, consagrarse a excitar e instruir en las virtudes cristianas y obligaciones de su estado; mientras se misiona en un pueblo no se irá a predicar en otro lugar (RMSV 3º.7).

EN EL CONFESONARIO: recibir a los penitentes con mucha bondad, paciencia y sin desalentarlos pero, al mismo tiempo, con firmeza; tener una preparación adecuada: profundo conocimiento de la teología moral e igualmente la llamada «ciencia del confesonario», que los llevará a seguir la opinión de los casuistas más generalmente estimados, a tratar a cada penitente de forma adecuada, a no dar limosna en el confesonario (RMSV, Anexo 1º.9), a preguntar con mucha prudencia (especialmente a los jóvenes y a las mujeres casadas acerca del sexto mandamiento), a no aceptar fácilmente a un penitente despachado de otro confesor (RMSV 3º.10), a no aceptar personalmente ninguna denuncia contra la autoridad eclesiástica y a evitar hacer -dentro de lo posible- por sí mismo las restituciones necesarias (RMSV, Anexo 1º.8); para prepararse tener las conferencias sobre casos de conciencia (RMSV, Anexo 2º.2) y los jóvenes, especialmente, estudiar las Reglas para confesores de San Carlos Borromeo al igual que tener ejercicios prácticos de oír confesiones, ser examinados cuidadosamente y, al comienzo, encargarles de los casos menos difíciles y enredados (RMSV, Anexo 2º.2).

4. Deberes de los misioneros para con los externos: no tratar con ellos, incluida la visita a los enfermos, fuera del ejercicio de sus funciones, si no es con licencia del Director; partir inmediatamente del lugar misionado y, si hubiesen de descansar, hacerlo en el próximo lugar de misión (RMSV, Anexo 2º.1); abstenerse, por último, de toda correspondencia con sus penitentes.

EN CONCLUSIÓN: con respecto al Reglamento del s. XVII anotamos las siguientes generales semejanzas y modificaciones:

Apartados 1º, 2º y 5º: quedan incluidos todos sus números

Apartado 3º: quedan incluidos los nn. 1, 3, 5, 7-10, 15-17; aparece implícitamente el n. 11 (visita a los enfermos); desaparecen los nn. 2 (duración de tres semanas en lugares pequeños), 4 (lugar adecuado en la casa para recibir a mujeres), 6 (huir de toda pompa y aparato extraordinario en determinados actos), 11 (momento de entrega de los «Ejercicios del Cristiano») y 14 (acto especial con los pobres).

Apartado 4º: se incluyen los nn. 1-3; desaparecen los nn. 4 (moderación en la forma de predicar…), 5 (permiso del Director para avisar de desórdenes o vicios) y 6 (predicar al comienzo contra las enemistades).

Anexo 1º: se incluyen los nn. 8, 9, 16-18; está asumido, aunque no figure, el n. 3 (tener dos sermones); desaparecen los nn. 1 (mínimo de tres sacerdotes), 2 (leer el Reglamento ante externos), 4 (los principiantes comenzarán por la doctrina), 5 (utilización de los catecismos de la C.M.), 6 (confesores particulares para muchachos y sordos), 7 (no seguir las opiniones condenadas por Alejandro VII), 10 (quién debe repartir las medallas…), 11 (existencia de una sóla comunión), 12 (bendición no diaria del Santísimo), 13 (fiesta del Corpus y confesiones), 14 (confesiones de los misioneros fuera de casa) y 15 (medios de mantener la Cofradía de la Caridad).

Anexo 2º: se incluye gran parte del n. 1 y el total del 2. Queda excluido un párrafo relativo al comer y beber.

4.3. El Reglamento de Misiones de 1895 (RMCM)

Una de las convicciones más señaladas, y motivo de constante preocupación de los Superiores, es que el éxito de los trabajos depende del cumplimiento exacto de los Reglamentos. Las Misiones no escapan de tal aseveración. En «circular» del 1 de Noviembre de 1867 indica el P. Étienne, Superior General: «Queda prohibido hacer en la práctica ninguna modificación en los Reglamentos de las Misiones y Seminarios, a menos que esa modificación haya sido deliberada en el Consejo de la Provincia y aprobada por escrito por el Superior General».

A tenor de esta Norma las distintas Provincias fueron acomodando el «viejo» Reglamento a sus propias necesidades perdiendo efectividad la universalidad del anterior. En Francia, al igual que en España, un Congreso especial de misioneros redactó un nuevo Reglamento en 1895 que fue aprobado por la Asamblea General de 1902 y que, por la «circular» del Superior General en el mismo año, viene a sustituir de «forma universal» al Reglamento del s. XVII: «no debe hacerse modificación alguna en esta Reglamento, ni aún en las Provincias situadas fuera de Francia, sino después que las modificaciones, que sea preciso hacer, sean discutidas en el Consejo del Visitador y aprobadas por escrito por el Superior General».78 En su redacción se tuvo en cuenta el antiguo Reglamento y las varias disposiciones que en el transcurso de los años habían dado las Asambleas y Superiores Generales.

En la Introducción castellana a este nuevo Reglamento indica el Visitador: «Animadas de idéntico espíritu, varias de nuestras últimas Asambleas Provinciales pidieron insistentemente a mis dos últimos Predecesores se tradujese y editase en español, para uso de la Provincia, este mismo Reglamento, más completo que el que hasta ahora regía en España y Provincias de ella dependientes, con la autorización del M.R.P. General. Con ésta misma autorización os presento hoy la nueva traducción… sin alteración ni modificación alguna, antes bien enriquecida con oportunas notas y apéndices».

El texto es editado en Madrid en 1924 de forma notoriamente más cuidada que el anterior. Tiene unas dimensiones de 19 x 12,5 y 239 páginas. Las 120 primeras comprenden el Reglamento, correspondiendo el resto a diversos Apéndices.

Presentamos esquemáticamente este «nuevo» Reglamento señalando las novedades y similitudes que incluye con relación al existente en España en ese momento (RME).

Prólogo: Excelencia de las Misiones. (Repite con ligeras variaciones redaccionales el Capítulo 1º de RME)

Primera Parte: El Misionero en general

Cap.1º: Reglamento del Misionero en casa: 1: Ejercicios comunes para cada día (señala el horario que debe mantenerse en las comunidades). 2: otros ejercicios comunes (capítulo y conferencia, repetición de oración, comunicación interior y Ejercicios espirituales).

Cap. 2º: Cualidades del Misionero: 1: Santidad (RME 2º). 2: Ciencia (RME 6º.3). 3: Salud (corresponde tanto al superior como a cada uno; evitar el trabajo excesivo en la preparación; no gritar en las predicaciones (RMSV 4º.4); descansar después de cada misión).

Cap. 3º: Relaciones de los misioneros con los superiores: 1: Con el Superior General (ver en él a San Vicente, escribirle, respetar los actos de su administración). 2: Con el Visitador de la Provincia (respeto y atenciones). 3: Con el Superior Local (sumisión respetuosa y filial, espíritu de fe para obedecer más fácilmente, deferencia, evitar la crítica y las murmuraciones, comunicar las quejas únicamente a los Superiores mayores, saber decir las cosas en los consejos domésticos).

Cap. 4º: Relaciones de los misioneros entre sí y con los Hermanos Coadjutores: 1: Relaciones de los misioneros entre sí (RME 6º.2a). 2: Relaciones de los misioneros con los Hermanos (tratarlos como miembros de la misma Compañía manteniendo con claridad su propia condición, atender su formación espiritual y vigilar sus actuaciones).

Cap. 5º: Relaciones de los misioneros con las personas de fuera: 1: Deberes con el Reverendísimo Prelado (veneración y respeto, estudio de sus estatutos, ordenanzas y constituciones sinodales, solicitar de ellos las facultades necesarias y la patente antes de salir a misión, tenerles al tanto de los trabajos realizados en las misiones … manteniendo siempre la exención en lo concerniente al régimen interior de la casa). 2: Relaciones con el Clero (armonía, dar hospedaje para hacer los ejercicios espirituales, acogerlos en las confesiones, evitar la familiaridad, ofrecerles en el intervalo de las misiones los servicios que sean posibles, no hablar jamás de sus faltas). 3: Relaciones con los seglares (evitar las visitas o abreviarlas, rehusar dirigir y confesar habitualmente a personas de fuera especialmente a comunidades religiosas, darles continuos ejemplos)

Segunda Parte: El Misionero en el ejercicio de sus funciones

Cap. 1º: Caracteres particulares de nuestras misiones: deben darse a las pobres gentes del campo evitando las grandes ciudades (aunque no se excluye hacerlo en parroquias compuestas casi exclusivamente por familias obreras), sencillez (adaptadas a las costumbres y usos del pueblo) (RME 2º.Introducción), dadas por varios sacerdotes y raramente por uno sólo (RME 3º. 1 y 2), con una duración media de tres semanas y nunca menos de quince días (RMSV 3º.2), gratuidad.

Cap. 2º: Orden que debe seguirse en misión: 1: Antes de la misión (repite RME 3º.3-16). 2: Durante la misión (repite RME 4º.I.1-11 y 4º.II.1-7, omitiendo únicamente la anterior norma del tiempo de duración de la predicación). 3: Después de la misión (repite RME 3º, 17 y 18; 5º.II.9 añadiendo el consejo de San Vicente de la forma de hacer las crónicas de las misiones).

Cap. 3º: Deberes del Director de la Misión

1. Con sus cohermanos: repite RME 5º.I.1-8.

2. Con las personas de fuera: comportamiento con el señor Cura, sus Vicarios y los eclesiásticos de la localidad: repite REM 5º.II.2, añadiendo únicamente el no inducirlos a creer que los misioneros comunican al Obispo los defectos que notan en las parroquias. Relaciones con las autoridades y maestros: repite REM 5º.II.3, añadiendo no inmiscuirse en negocios que son exclusivos del poder civil, no condenar los actos de administración local, no hacer alusión a las cuestiones políticas y mostrar en toda ocasión un espíritu conciliador. Relaciones con el pueblo: repite REM 5º.II.4.

Se añade la recomendación de hacer visitas a domicilio en lugares donde reina la indiferencia y poner todo el empeño por convertir a los herejes desterrando cualquier polémica.

3. Dirección general de la Misión: repite REM 5º.II.4-8 añadiendo que es responsable del reparto de cualquier recuerdo de la misión y aconsejándole la colocación de la Cruz, si es del agrado del sr. Cura.

Cap. 4º: Deberes de los misioneros.

1. Con el Director: obediencia (REM 6º.I). Con los cohermanos: caridad fraterna (REM 6º.II).

2. En el púlpito: repite lo expuesto en REM 6º.III.1º.1-6. Añade la prohibición de predicar sucesivamente a diversas categorías de oyentes y algunas consideraciones sobre el catecismo de los niños.

3. En el confesonario: repite lo expuesto en REM 6º.III.2º.1-3. No incluye la norma de no recibir a penitentes despachados por otro y sí, por el contrario, algunas anotaciones acerca de la Confesión General.

4. En la casa donde se hospeda: deberes que deben cumplir: estar en casa, ejercer algún trabajo (visitas a externos o enfermos) encargado por el Director o hacer los ejercicios de piedad que no haya podido hacer en común. Escollos que deben evitar: disipación, excesivas relaciones con las gentes del lugar, aislamiento o exceso de trabajo dependiendo de los habitantes del lugar, vanidad por el éxito de sus trabajos, envidia de algún compañero

Apéndices

Ap.1: sobre Predicación (León XIII)

Ap.2: sobre Predicación (Benedicto XV)

Ap.3: modo de predicar usado en la C.M.

Ap.4: sobre la Cofradía de la Caridad

Ap.5: sobre la Asociación de la Medalla Milagrosa

Ap.6: sobre el Sacramento de la Confesión

Ap.7 y 8: sobre el actuar con las Hijas de la C.

  1. SAN VICENTE DE PAÚL: «Obras Completas» XI, pp.698-700; 94-96; 326-327.
  2. Id.: XI, p.95.
  3. Id.: XI, pp.202 y 232.
  4. MEZZADRI, L.-ROMÁN, JM.: «Historia de la C.M.» I p.8. En Nota 10 se incluye una básica Bibliografía
  5. Id.: I p.9. Las congregaciones de clérigos seculares se distinguen de las órdenes monásticas y mendicantes por su fuerte centralismo, su mayor movilidad y su inmersión en el mundo que tratan de evangelizar.
  6. SAN VICENTE DE PAÚL: o.c. X, pp.237-241
  7. MEZZADRI, L.-ROMÁN, JM.: o.c. I, p. 334
  8. SAN VICENTE DE PAÚL: o.c. X, pp.244-246; 252-255.
  9. MEZZADRI, L. – ROMÁN, JM.: o.c. I, pp.330-331. Las seis Provincias, dejando fuera de la relación las casas de Túnez y Argel, Varsovia y Madagascar, de 1661 eran: Francia (San Lázaro, Bons Enfants, Crécy y San Carlos), Champaña (Toul, Troyes, Sedan, Montmirail), Poitou (Richelieu, Luçon, Ntra. Sra. de la Rose, Saintes, Le Mans, St. Méen y Tréguier), Aquitania (Cahors, Agen, Montauban), Saboya (Annecy, Marsella y Agde) e Italia (Roma, Génova y Turín). Tras la reorganización de 1672 la situación es la siguiente: Francia (San Lázaro, Bons Enfants, Crécy, San Carlos, Fontainebleau, Amiens y Noyon), Champaña (Toul, Troyes, Sedan, Monstmirail y Metz), Poitou (Richelieu, Luçon, Saintes, Le Mans, St. Méen, St. Briec y Tréguier), Aquitania (Cahors, Agen, Montauban, Ntra. Sra. de la Rose, Ntra. Sra. de Lorme), Lyon -primero llamada Saboya y luego Provenza- (Lyon, Annecy, Marsella y Narbona) e Italia (Roma, Génova y Turín). Por último, en 1685 la distribución provincial y de casa era: Francia (San Lázaro, Bons Enfants, Crécy, Fontainebleau, Amiens, Noyon, Beauvais, Chartres, Boulogne, Bayeux, Los Inválidos, St. Cloud, Ntra. Sra. de la Délivrande, Ntra. Sra. de Versalles), Champaña (Toul, Troyes, Sedan, Montmirail, Metz, Sens, Auxerre, Châlons-sur-Marne y Dijon), Poitou (Richelieu, Luçon, Le Mans, St. Méen, St. Brieuc, Tréguier, Tours, Poitiers, St. Pol-de-Léon, Angers y Fontenay le Compte), Aquitania (Cahors, Agen, Montauban, Ntra. Sra. de la Rose, Rochefort, Saintes, Burdeos, Pau y Sarlat), Lyon (Lyon, Annecy, Marsella, Narbona, Saint Flour, Béziers, Alet y Manosque), Italia (Roma, Génova, Turín, Bastia, Perugia, Reggio Emilia, Pavía, Macerata y Ferrara) y Polonia (Varsovia, Chelmmo, Cracovia-Wawel, Cracovia-Stradom, Vilna, Przemsyl, Sambor y Lowicz).
  10. SAN VICENTE DE PAÚL: o.c., pp.241-242.
  11. Id.: X, pp. 249-250
  12. Id.: X, pp. 274-5
  13. Id.: X, pp. 275-9
  14. Id.: X, pp. 279-280
  15. Id.: X, pp.303-320. Bula «Salvatoris Nostri». Todo lo relativo a las gestiones está descrito abundantemente en MEZZADRI, L. – ROMÁN, JM.: o.c., pp. 24-31
  16. MEZZADRI, L.- ROMÁN, JM.: o.c. I, p.17. Tomado de L. ABELLY, «Vida del Venerable siervo de Dios…» pg. 256.
  17. Id.: p. 47
  18. Id.: p. 195
  19. Catalogue des Maisons et du personnel de la Congrégation de la Mission 1853-1976.
  20. SAN VICENTE DE PAÚL: o.c. [para una mayor comodidad citaremos la fecha de la carta o conferencia]: 1644, 29 Junio; 1646, 4 Octubre; 1651, 20 Diciembre; 1652, 28 Enero; 1653, 14 Junio; 1654, 31 Diciembre; 1655, 25 Septiembre; 1655, 29 Octubre; 1656, 23 Abril; 1657, 11 Diciembre.
  21. Id.: 1643, 20 Marzo; 1643, 25 Octubre; 1644, 13 Mayo; 1646, 4 Octubre; 1646, 15 Diciembre; 1647, 2 Octubre; 1648, 14 Febrero; 1650, 20 Julio; 1654, 25 Febrero; 1655, 19 Diciembre.
  22. Id.: 1646, 4 Octubre.
  23. Id.: 1644, 29 Junio; 1651, 20 Diciembre;1652, 28 Enero; 1653, 14 Junio;1653, 21 Junio; 1654, 28 Noviembre; 1655, 25 Septiembre; 1655, 29 Octubre ; 1656, 23 Abril.
  24. Id.: 1627, Mayo; 1627, 15 Septiembre; 1628, 24 Junio; 1628, 1 Agosto; 1630, 15 Febrero; 1635, Sep-Oct; 1639, 14 Julio; 1656, 11 Noviembre.
  25. Id.: 1627, Mayo; 1627, 15 Septiembre; 1627, Diciembre; 1628, 24 Junio; 1628, 1 Agosto; 1630, 15 Febrero; 1632, Enero; 1632, 31 Diciembre; 1634, Jul-Nov.; 1635, Sept-Oct.; 1639, 14 Julio; 1650, 28 Agosto; 1655, 4 Mayo; 1656, 11 Noviembre; 1659, 26 Diciembre.
  26. Id.: 1627, Mayo; 1627, 15 Septiembre; 1628, 24 Junio; 1630, 15 Febrero; 1632, 31 Diciembre; 1635, Sept-Oct.; 1639, 14 Julio; 1650, 28 Julio; 1650, 4 Noviembre; 1655, 4 Mayo.
  27. Id.: 1628, 1 Agosto; 1632, 31 Diciembre; 1639, 14 Julio; 1650; 1650, 28 Agosto; 1650, 4 Noviembre; 1655, 4 Mayo 1657, 21 septiembre; 1658, 21 Diciembre.
  28. Id.: 1625, 17 Abril; 1627, Mayo; 1627, 15 Septiembre; 1627, Diciembre; 1628, 24 Junio; 1628, 1 Agosto; 1630, 15 Febrero; 1631; 1632, Enero; 1634, Julio-Noviembre; 1637, 14 Julio; 1639, 14 Julio; 1650, 28 Agosto; 1650, 4 Noviembre; 1652, 2 Mayo; 1655, 4 Mayo; 1655, 25 Septiembre; 1658, 17 Mayo; 1659, 29 Enero; 1660, 18 Junio. Un estudio detallado de la cuestión puede verse en SIERRA, L.: «Una Carta Magna de la Congregación de la Misión», Anales 1941 pp. 344-348.
  29. Id.: 1631; 1631, 12 Septiembre; 1638, 16 Diciembre; 1639, 3 Febrero; 1639, 14 Julio; 1640, 26 Julio; 1642, 11 Julio; 1643, 5 Febrero; 1643, 20 Febrero; 1652, 2 Mayo; 1652, 13 Junio; 1658, 8 Febrero; 1658, 6 Diciembre.
  30. Id.: 1640, 26 Julio; 1642, 11 Julio; 1643. 5 Febrero; 1643, 20 Febrero; 1654, 22 Febrero; 1656, 18 Marzo; 1656, 19 Marzo; 1656, 3 Mayo; 1657, 22 Junio; 1657, 21 septiembre; 1657, 5 Octubre; 1657, 19 Octubre; 1657, 26 Octubre; 1657, 28 Noviembre; 1658, 1 Marzo; 1658, 9 Junio.
  31. Id.: 1640, 26 Julio; 1643, 20 Febrero;1652, 2 Mayo; 1652, 13 Junio; 1654, 13 Noviembre; 1656, 18 Marzo; 1656, 3 Mayo; 1656, 14 Abril; 1657, 9 Noviembre; 1657, 30 Noviembre.
  32. Id.: 1657, 23 Febrero; 1658, 6 Septiembre; 1658, 6 Septiembre; 1660, 18 Junio.
  33. Id.: 1625, 17 Abril; 1627, Mayo; 1627, 15 Septiembre; 1628, 24 Junio; 1628, 1 Agosto; 1631; 1631, 11 Noviembre;1632, Enero; 1632, 31 Diciembre; 1634, Jul-Nov; 1635, Septiembre-Octubre; 1639, 14 Julio; 1647, 11 Octubre; 1648, 14 Febrero;1651, 15 Marzo; 1655, 28 Enero; 1655, 4 Mayo; 1655, 17 Diciembre; 1656, 23 Diciembre;1657, 13 Enero; 1658, 13 Diciembre; 1659, 5 Enero; 1659, 14 Noviembre; 1659, 21 Noviembre. Puede verse un permenorizado estudio en SIERRA, L.: o.c., pp. 325-332.
  34. Id.: 1632; 1647, 11 Octubre.
  35. Id.: 1632.
  36. Id.: 1627, Mayo; 1628, 1 Agosto; 1630, 15 Febrero; 1631; 1632, 28 Noviembre; 1632, XI-1; 1632, 31 Diciembre; 1634, 25 Julio; 1635, XI-2; 1635, Sep-Oct; 1638; 1638, 3 Marzo; 1638, 15 Marzo; 1638, 22 Marzo; 1638, Mayo; 1638, 10 Junio; 1639, 3 Febrero; 1639, 14 Julio; 1641; 1641, 3 Febrero; 1642, 27 Junio;1643, 25 Octubre; 1644, 21 Octubre; 1647; 1647, 11 Mayo; 1648; 1648, 26 Junio; 1648, 15 Noviembre; 1650 ?; 1650, 2 Diciembre; 1653, 20 Junio; 1654, 20 Marzo; 1655, 16 Agosto; 1655, 20 Agosto; 1656; 1657, 3 Febrero; 1657, 26 Agosto; 1657, 28 diciembre; 1658; 1658, 18 Enero; 1658, 9 Marzo; 1658, 6 Septiembre; 1659, 12 Julio; 1659, 26 Julio; 1660; 1660, VIII pp.290-291, 1660, 23 Enero; 1660, Marzo.
  37. Id.: Loisy-en-Brie: 1626, 30 Octubre; tierras de Viney: 1628, 19 Febrero; diócesis de Bauvais: 1628, 15 septiembre; Saint Cloud: 1630, Octubre; Bergéres y Mesneil: 1631, 15 Septiembre; Normandía: 1632, 12 Julio; Courboin y Viffort: 1632, 28 Noviembre; Picardía: 1633, 19 Diciembre; diócesis de Burdeos: 1634; diócesis de Troyes y Montmirail: 1638, 21 Febrero; Loudun: 1638, 22 Marzo; Joigny: 1639, 3 Febrero; Villers (a. de 1640); obispado de Meaux: 1642, 2 Marzo; Champagne: 1643, 30 Enero; Fontainebleau: 1644, 19 Octubre; Aiguillon: 1646, 23 Noviembre; Génova: 1647, 18 Febrero; Gémozac: 1647; Sache: 1648; Bas-Poitou: 1648; Lavagna: 1648, 10 Diciembre; Joigny: 1650; San Gil: 1650; Villenueve: 1652, 10 Marzo; Sevran: 1653, 14 Mayo; Marguerie: 1654, 15 Abril; Joigny: 1655, 23 Noviembre; Montfort: 1657, 13 Enero; Raconi: 1657, 3 Febrero; Pleurtuit: 1657; galera «Guardacostas»: 1657, 13 Abril; Bra: 1658, 6 Febrero; Vassy, 1658; Mondovi: 1659, 12 Marzo; Saluces: 1658, 6 Septiembre.
  38. Id.: 1635; 1639, 14 Julio; 1640; 1647; 1648; 1648, 10 Diciembre; 1650; 1650, Diciembre; 1655, Diciembre; 1657, 3 Febrero; 1658; 1658, 6 Febrero; 1658, Marzo o Abril; 1658, 9 Marzo; 1659, 6 Febrero; 1659, 12 Julio.
  39. Id.: 1639, 14 Julio
  40. Id.: 1638, 21 Febrero?; 1638, 21 Febrero; 1649, 21 Febrero; 1642, 20 Noviembre; 1642, 25 Diciembre; 1648, Navidad; 1650; 1652, 10 Marzo; 1656, 31 Marzo; 1656, 29 Diciembre; 1657, 28 Abril; 1657, 19 Julio; 1660, 25 Junio; 1660, 16 Julio.
  41. Id.: X, pp. 237-241
  42. Id.: X, pp. 241-242
  43. Id.: X, pp. 242-243
  44. Id.: X, pp. 249-250
  45. Id.: X, pp. 303-320
  46. Id.: X, pp. 153-159
  47. RCSV I, 1.2ª; II, 18; CYR I, 1, 2.1; V, 5, 188-189.
  48. RCSV I, 2; X, 6; CYR I, 1, 3.1; IX, 238.
  49. RCSV X, 5, 13, 16, 18; CYR IX, 237, 245, 248, 250.
  50. RCSV XI, 12 y CYR V, 5 , 191.1.
  51. RCSV XI, 11; CYR XII, 1º, 269.
  52. RCSV XI, 5; CYR XII, 1º, 255.1.
  53. RCSV XI, 3; CYR XII, 1º, 254.2
  54. RCSV XI, 3; CYR XII, 1º, 261
  55. RCSV XI, 2; CYR XII, 1º, 253.2
  56. RCSV XI, 6; CYR XII, 1º, 256.1
  57. RCSV XI, 8; CYR XII, 1º, 258, 270
  58. RCSV XII,7; CYR XII, 1º, 260
  59. RCSV XII,5; CYR XII, 1º, 271.1, 271.2
  60. RCSV XI, 5; CYR XII, 1º, 255.2
  61. Renato Almerás [1661-1672] (citadas las «Cartas a toda la Compañía» por su datación): Abril de 1661; Abril de 1668. Edmundo Jolly [1673-1697]: 27 Agosto de 1673; 1673 s.f.; 1 Julio de 1685; 23 Mayo de 1692. Francisco Watel [1703-1710]: 10 Septiembre de 1703. Juan Bonet [1711-1735]: 1711, s.f.; 1 Enero de 1712; 1717, s.f.; 1730, s.f. Juan Couty [1736-1746]: 1736, s.f.; 1 Enero de 1739; 1 Enero de 1744; 1 Enero de 1746. Luis le Bras [1747-1761]: 1 Enero de 1750. Antonio Jacquier [1762-1787]: 1 Septiembre 1774. Félix Cayla de la Garde [1788-1800]: 8 Septiembre de 1788; 1 Enero de 1797. Juan Bautista Nozo [1835-1845]: 28 Octubre de 1841; 27 Septiembre de 1859. Juan Bautista Étienne [1843-1874]: 1 Noviembre de 1862; 1 Noviembre de 1863. Antonio Fiat [1878-1914]: 1 Enero de 1885; 1 Enero de 1886; 1 Enero de 1889; 20 Octubre de 1890; 1 Enero de 1892; 1 Enero de 1894; 19 Julio de 1895; 1 Enero de 1897; 1 Enero de 1899; 1 Enero de 1901; 15 Septiembre de 1902; 1 Enero de 1908; 15 Agosto de 1912. Emilio Villete [1914-1917]: 31 Mayo de 1915. Francisco Verdier [1919-1933]: 1 Enero de 1922; 1 Enero de 1925; 1 Enero de 1930. Guillermo Slattery [1947-1968]: 1 Enero de 1949; 1 Enero de 1951; 1 Enero de 1952; 1 Enero de 1953; 1 Enero de 1957; 1 Enero de 1960; 1 Enero de 1963; 1965, s.f.; 1 Enero de 1967. Jaime Richardson [1968-1980]: 25 Enero de 1974; 25 Enero de 1975) sobresaliendo las de Renato Almerás (Abril de 1668), de Edmundo Jolly (1673, s.f.), de Antonio Fiat (1 de Enero de 1889 y 19 de Julio de 1895) y de Guillermo Slattery (1 de Enero de 1963).Las decisiones de las Asambleas Generales se encuentran en «Collectio Completa Decretorum Conventuum Generalium Congregationis Missionis» (1661-1964).
  62. Cartas a la Compañía de 1 Enero 1739; 1 Enero 1744; 1 Enero 1746; 1 Enero 1750; 8 Septiembre 1788; 1 Enero 1885; 1 Enero 1889; 20 Octubre 1890; 1 Enero 1892; 1 Enero 1894; 1 Enero 1897; 1 Enero 1899; 1 Enero 1908; 1 Enero 1922; 1 Enero 1949; Enero 1952; 1 Enero 1953; 1965. Asamblea General 1786 («Collectio Completa…» nº 291); A.G. 1788 (id. nº 292); A.G. 1931 (id. nº 628); A.G. 1947 (id.nº 670); A.G. 1957, (id.Artículo XII. Missiones. 1º); A.G. 1964 (id. Título I, nº 2 y Título XII, nº 75. 1º).
  63. Carta a la Compañía de 1 Enero 1746
  64. Cartas a la Compañía de 1 Enero 1885; 20 Octubre 1890
  65. Cartas a la Compañía de Abril, 1661; 1673; 10 Septiembre 1703; 1 Septiembre 1774; 1 Enero 1886.
  66. Cartas a la Compañía de 1 Septiembre 1774; 1 Enero 1886; 15 Septiembre 1902. Asamblea General 1774 («Collectio Completa…» nn.288 y 189); A.G. 1843 (id. nº 398); A.G. 1849 (id. nº. 199); A.G. 1890 (id. nº.543); A.G. 1902 (id.nº 555).
  67. Cartas a la Compañía de 27 Agosto 1673: 1717; 15 Agosto 1912
  68. Cartas a la Compañía de 1 Enero 1957; 1 Enero 1963; 1965; 25 Enero 1974
  69. Cartas a la Compañía de 1 Enero 1744; 8 Septiembre 1788; 1 Enero 1797; 19 Julio 1895; 1 Enero 1908; 1 Enero 1960
  70. Cartas a la Compañía de Abril, 1668; 1673; 1 Julio 1685. Asamblea General 1788 («Collectio Completa…» nº 292); A.G. 1878 (id. nº.55); A.G. 1931 (id. nº 629); A.G. 1957 (id. Art. XII. Conciones, 1º y Missiones, 4º); A.G. 1964 (id. Título XII, nn. 75.5º y 76.1º).
  71. Carta a la Compañía de 1 Enero 1712
  72. Cartas a la Compañía de 1660; Abril, 1661;Abril, 1668;1673; 1 Julio 1685; 23 Mayo 1692; 10 Septiembre 1703; 1711;1 Noviembre 1862; 1946. Asamblea General 1685 («Collectio Completa…» nn. 283, 284 y 413); A.G. 1692 (id. nn.285 y 303); A.G. 1703 (id. nº 194); A.G. 1711 (Id. nº 195); A.G. 1724 Id. nn.196, 286 y 287); A.G. 1774 (id. nº 289); A.G. 1788 (Id. nº 292); A.G. 1835 (Id. nº 290); A.G. 1931 (id. nº 630); A.G. 1947 (id. nº 679); A.G. 1955 (Id. nº 39. Nova Serie); A.G. 1957 (id. Artículo XII. Missiones, 2º y 3º); A.G. 1964 (id. Título III, nº 4; Título X, nº 53 d; Título XII nn. 75.2º-4º, 82 y 83).
  73. Cartas a la Compañía de 23 Mayo 1692; 1730; 1 Noviembre 1863; 1 Enero 1906. Asamblea General 1692 («Collectio Completa…» nº 303); A.G. 1829 (id. nº 281); A.G. 1835 (id. nº 282); A.G. 1963 (id. 56. Nova Serie); A.G. 1964 (id. Título XII, 75.6º).
  74. Cartas a la Compañía de 1 Julio 1685; 10 Septiembre 1703; 1 Enero 1886; 20 Octubre 1890; 1 Enero 1894; 15 Septiembre 1902; 1 Enero 1908; 1 Enero 1925.
  75. Cartas a la Compañía de 1736; 28 Octubre 1841. Asamblea General 1829 («Collectio Completa …» nº 279); A.G. 1843 (id. nº 280).
  76. Directoire des missions. Archivo San Lázaro- París, nº 632. Copia de c. siglo XVIII en «Regulae Officiorum et monita pro Congregationis Functionibus». Archivo Provincial de Madrid, nº 20.
  77. «Directorio de las Misiones para la Provincia de España». Madrid 1878
  78. «Directorio de Misiones de la Congregación de la Misión» (trad. de la 2ª Edición francesa), Madrid, 1924. La decisión de editar este Reglamento puede verse en «Collectio Completa…» nº 555, correspondiente a la Asamblea General de 1902.

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