La Misión

Francisco Javier Fernández ChentoCongregación de la Misión, Formación VicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Robert P. Maloney, C.M. · Año publicación original: 1997 · Fuente: Vincentiana.
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Nuestro nombre es “Congregación de la Misión”. San Vicente nos dice que el uso popular, “reflejando el beneplácito de la Providencia”, nos lo ha dado.[note]Reglas Comunes XI, 10 (de aquí en adelante RC) “El nombre Misioneros, o Sacerdotes de la Misión, indica claramente que el trabajo de las misiones debe ser para nosotros el primero y principal de entre los trabajos por el prójimo”[/note] El nombre evidencia nuestra vocación, somos misioneros.

Es importante señalar desde el principio que nuestro nombre no es “Congregación de las Misiones”.[note]Ibid.)[/note] Con otras palabras, “la misión no se identifica con “las misiones populares”. Aunque San Vicente siempre resalta la importancia de las misiones populares, pone también muy claro que “la misión” se puede llevar a cabo de muchas otras maneras.[note]SV XI, 56, XI, 391-ss.[/note]

Vicente estaba convencido de que la Compañía está llamada, en lo más profundo de su ser, a continuar la misión de Jesús. Cristo, el Evangelizador de los Pobres, fue, para él, el fundamento de lo que somos, de lo que hacemos y de cómo lo hacemos. Las palabras del Señor, “he sido enviado a predicar la buena noticia a los pobres”[note]Lc 4, 18.[/note] estaban repetidamente en los labios de Vicente.

¿No nos sentiremos felices nosotros por estar en la Misión con el mismo fin que comprometió a Dios a hacerse hombre? Y si le preguntase a un misionero, ¿no sería para él un gran honor decir como nuestro Señor: Misit me evangelizare pauperibus? Yo estoy aquí para catequizar, instruir, confesar, asistir a los pobres.[note]SV XI, 34.[/note]

En otro lugar dice a la Compañía: “¡Oh!, qué felices serán los que puedan decir, en la hora de su muerte, aquellas hermosas palabras de nuestro Señor: Evangelizare pauperibus misit me Dominus”.[note]SV XI, 56.[/note]

Recientemente he escrito con cierta amplitud sobre “Ser Misionero hoy”.[note]Robert P. Maloney. Escucha el clamor de los Pobres. CEME 1996.[/note] Deseo en este artículo fijarme en la misión hoy. Lo haré en tres apartados: 1) sus características; 2) algunos medios contemporáneos de actualizarla; 3) algunas consecuencias en la vida del misionero.

I. Características de “La Misión”

Les ofrezco aquí cuatro características, aunque soy muy consciente de que existen muchas otras. He elegido estas cuatro, no sólo porque son fundamentales históricamente, sino también porque me parecen particularmente urgentes en el contexto actual.

1 Movilidad

No puede estar más claro en el Nuevo testamento. Jesús viene del padre y vuelve al Padre,[note]Jn 16, 28; cf. Jn 1, 1, Jn 14, 28.[/note] fuente de toda misión. Se compromete en un ministerio itinerante. Da a sus seguidores el mandato. “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.”[note]Mc 16, 15[/note] La Misión forma parte del mismo ser de Jesús y del ser de la Iglesia.

San Vicente es muy elocuente sobre la necesidad de la movilidad en los misioneros. “Imaginemos que Él nos dice: “Salid, misioneros, salid, ¿todavía estáis aquí, habiendo tantas almas que os esperan, y cuya salvación depende quizás de vuestras predicaciones y catecismos?”.[note]SV XI, 56.[/note] Presenta a la vista de la Compañía a los grandes misioneros de otras comunidades que han ido a las Indias, al Japón, al Canadá para llevar a cabo la obra que Jesucristo empezó en la tierra y que no abandonó desde el primer instante de su vocación”.[note]Ibid.[/note]

Él, por supuesto, sabía perfectamente que algunas cosas retendrían a los misioneros, particularmente el deseo de tener riquezas, placeres, honores.[note]SV XI, 639.[/note] Por ello vio en los votos una fuerza liberadora en la vida del misionero. ¡Quienes comprometían toda su vida al servicio de los pobres en castidad, pobreza y obediencia eran verdaderamente libres! ¡Practicaban la movilidad!

Los que se alejan del afecto a los bienes de la tierra, del ansia de placeres y de su propia voluntad, se convierten en hijos de Dios y gozan de una perfecta libertad, porque la libertad sólo se encuentra en el amor de Dios. Esas personas, hermanos míos, son libres, carecen de leyes, vuelan libres por doquier, sin poder detenerse, sin ser nunca esclavas del demonio ni de sus placeres. ¡Bendita libertad la de los hijos de Dios!.[note]SV XI, 585.[/note]

2. Universalidad

Como Karl Rahner señalaba frecuentemente, el Catolicismo sólo ha comenzado a ser realmente una “Iglesia-mundial”[note]Karl Rahner, “The Abiding Significance of the Second Vatican Council”, en Theological Investigations XX, 90-102; cf. también “The future of the Church and the Church of the Future”, en Theological Investigations XX, 103-14.[/note] en el siglo XX. Al vivir en Roma lo compruebo de un modo especial, ya que tenemos comunicaciones rapidísimas con casi todas las provincias del mundo. En la Congregación, a nivel mundial, se ven enormes diferencias y “caras” muy diversas, ej. la disminución del número de vocaciones al sacerdocio en Europa occidental y en los Estados Unidos; el incremento del número de vocaciones en Europa oriental, Asia y América Latina. Al mismo tiempo, con la apertura de nuevas misiones en lugares remotos como Tanzania, las Islas Salomón, Albania, el Altiplano de Bolivia, Mozambique, China, Charkib en Ucrania y Siberia, la Congregación está siendo aún más internacional.

Mientras que, inmediatamente después del Vaticano II, se dio gran énfasis a la identidad provincial, gobierno y normas, hoy se la revitalizado en la Congregación la conciencia de nuestra naturaleza misionera universal. Este es verdaderamente el modo en que San Vicente concibió la Congregación. En una época en que el viajar era muy difícil y la mayoría morían a pocas millas de su lugar de nacimiento, él envió misioneros a Polonia, Italia, Argelia, Madagascar, Irlanda, Escocia, a las Islas Hébridas y a las Orkneys. Él mismo, en su ancianidad, anhelaba partir hacia las Indias.[note]SV XI, 281.[/note]

3. Evangelizadora

El centro de nuestra misión es la evangelización, que, en la tradición Católica, ha tenido siempre un concepto amplio.[note]Cf. Avery Dulles, “Seven Essentials of Evangelization”, en Origins 25 (# 23; Noviembre 23, 1995) 397-400.[/note] Como Pablo VI señaló: “La Evangelización es un proceso complejo compuesto de varios elementos: la renovación de la humanidad, testimonio, proclamación explícita, adhesión interior, entrada en la comunidad, aceptación de los signos, iniciativa apostólica. Estos elementos pueden parecer contradictorios, y en realidad excluyentes entre sí. De hecho, son complementarios y mutuamente enriquecedores. Cada uno debe ser siempre contemplado en relación con los otros”.[note]Evangelii Nuntiandi, 24.[/note]

San Vicente nos dijo que primero debemos actuar y después enseñar. La evangelización, para él, lleva consigo no sólo el predicar, sino también la acción. Por ello, una y otra vez habló de evangelización por la “palabra y las obras”. Él llama a la Congregación de la Misión y a las Hijas de la Caridad, a servir a los pobres “espiritual y corporalmente”. Cuando habla a los miembros de la Congregación, nos advierte:[note]SV XI, 391.[/note]

De modo que, si hay algunos entre nosotros que crean que están en la Misión para evangelizar a los pobres y no para cuidarlos, para remediar sus necesidades espirituales y no las temporales, les diré que tenemos que asistirles y hacer que les asistan de todas las maneras, nosotros y los demás… Hacer ésto es evangelizar de palabra y de obra.

Del mismo modo, pero procediendo de otra dirección, dice a las Hijas de la Caridad una y otra vez que su trabajo deben ir acompañado de palabras de fe.[note]SV IX, 73, 534/35, XI, 253.[/note]

Primero actuar. Después enseñar. Esta es la regla de San Vicente para una evangelización “efectiva”. Con otras palabras, San Vicente ve la promoción humana y la predicación como complementarias una a la otra, y como parte integral del proceso evangelizador.

A la luz de las enseñanzas de San Vicente, nuestra evangelización será completamente dinámica cuando proclamemos la buena nueva:

a. por medio del lenguaje de las obras:[note]SV II, 9.[/note] haciendo obras de justicia y caridad que son un signo de que el reino de Dios está realmente entre nosotros: alimentando a los hambrientos, dando de beber a los sedientos, ayudando a conocer las causas de su hambre y sed y las formas de aliviarles;

b. por medio del lenguaje de la palabra: anunciando con profunda convicción la presencia del Señor, su amor, su ofrecimiento de perdón a todos;

c. por medio del lenguaje de relaciones: estando con los pobres, trabajando con ellos, formando una comunidad que muestra el amor del Señor a todos.

4. Comprende la organización y formación de otros para el servicio de los pobres.

San Vicente fue categórico en esto. Los misioneros, debían fundar las Cofradías de la Caridad adonde quiera que fueran.[note]RC I, 2.[/note] Pocos santos son tan concretos como Vicente de Paúl. Él sabía que para una efectiva evangelización de los pobres se requería organización. Para conseguir este fin, Vicente fundó dos comunidades y formó numerosos grupos laicos.

Él utilizó la misma destreza organizativa para la formación del clero, que San Vicente describe a veces como “casi igual”[note]CR XI, 12.[/note] y a veces como “igual”[note]SV V, 463, VII, 476.[/note] a la de la misión. Él creía que los pobres sólo serían bien servidos si había buenos sacerdotes dedicados a su ministerio, y, con este fin, organizó retiros para los ordenandos y sacerdotes, así como las Conferencias de los Martes, además de fundar 20 seminarios.

Pero él no se paró ahí. Organizó todos los recursos que pudo encontrar al servicio de los pobres, clero y laicos, jóvenes y mayores, hombres y mujeres, ricos y pobres. La semilla de sus dotes organizativas continuó extendiéndose incluso después de su muerte.

Un estudio reciente[note]Betty Ann McNeil, Monografía 1: The Vincentian Family Tree, será publicado por Vincentian Studies Institute.[/note] señala que más de 165 grupos comparten el carisma vicenciano. Actualmente hay 250.000 miembros de AIC (Damas de la Caridad), 900.000 miembros de las Conferencias de San Vicente de Paúl, 200.000 miembros de diversos grupos de Juventud Mariana Vicenciana; solamente en España hay 46.000 y 7.000 en Méjico.

II. Actualizando la Misión hoy

La misión de cada grupo debe ser “actualizada” en cada época;[note]Para una reflexión interesante sobre este asunto, cf. A Sylvestre: “Priest of the Mission for what purpose? Vincentiana XXXIV (#6; Noviembre-Diciembre 1995) 363-73).[/note] de otro modo, el grupo permanece estático, y finalmente se marchita y muere.[note]Bastantes empresas están aprendiendo a su costa esta lección. Incluso algunas que fueron en un tiempo prosperas están ahora experimentando dolores de muerte porque no se ajustaron a las condiciones económicas rápidamente cambiantes.[/note]

Las cambiantes circunstancias de la sociedad exigen que la Iglesia ajuste continuamente su visión misionera y sus prácticas. Los papas recientes, especialmente Pablo VI en Evangelii Nuntiandi y Juan Pablo II en Redemptoris Missio nos han recordado los nuevos retos con que se enfrentan quienes están comprometidos en la misión evangelizadora. Hablan de:

  • los “nuevos areopagi”,[note]Tertio Millennio Adveniente, 57.[/note] es decir, nuevos sectores en los que el evangelio debe ser proclamado _ como en el mundo de la comunicación, de la ciencia, y de las relaciones internacionales _ particularmente cuando la Iglesia trata de promover la paz, el desarrollo humano y la liberación de los pueblos.[note]Redemptoris Missio, 37.[/note]
  • nuevos medios de comunicación disponibles para evangelizar y catequizar, predicar y enseñar, pero que también forman parte de la nueva “cultura de los medios de comunicación” que está, ella misma, muy necesitada de evangelización.[note]Evangelii Nuntiandi, 45; Redemptoris Missio, 47.[/note]
  • nuevas formas de pobreza, diferentes de las de otras épocas, que interpelan a los misioneros cuando intentan encarnar la opción preferencial de la Iglesia por los Pobres.[note]Tertio Millennio Adveniente, 51; Sollicitudo Rei Socialis, 42.[/note]
  • una nueva evangelización, nueva en su ardor, sus métodos, y sus expresiones.[note]Juan Pablo II, Discurso a la 19 Asamblea Ordinaria del CELAM, Haití, 9 de Marzo de 1983; discurso dado en Santo Domingo, 12 de Octubre de 1984; cf. Evangelii Nuntianndi, 63; Centesimus Annus, 5; Tertio Millennio Adveniente, 45.[/note]

El mismo San Vicente nos da la clave para actualizar nuestra misión. De hecho, repite una y otra vez: él me ha enviado a predicar la buena nueva a los pobres.[note]Lc. 4,18.[/note] Nuestras Constituciones establecen el mismo principio fundamental con absoluta claridad: “El fin de La Congregación de la Misión es seguir a Cristo evangelizador de los pobres.[note]Constituciones 1 (de ahora en adelante C.).[/note] Todo lo que hagamos debemos hacerlo a esta luz. Todas las actualizaciones, directa o indirectamente, deben ser expresiones de esta declaración constitucional básica.

El artículo 12 de nuestras constituciones, las Líneas de Acción de la Asamblea General de 1986 y el documento, “Los Visitadores al Servicio de la Misión” (n. 16), nos proponen una exigente metodología pastoral cuando predicamos la buena nueva a los pobres:

  • trabajar en el mundo de los pobres, no sólo con algunas personas aisladas (Líneas de Acción, 4 y 11);
  • trabajar a nivel de estructuras, no sólo respondiendo a situaciones concretas (Líneas de Acción, 6 y 11);
  • trabajar haciendo frente a la injusticia, no sólo para atender a las necesidades de determinados pobres (Líneas de Acción, 4 y 11):
  • trabajar con grupos (pequeñas comunidades), a fin de que los pobres sean sujeto y no simplemente un objeto, de evangelización (Líneas de Acción, 5 y 11).[note]Cf. Vincentiana XXXIV, 41.[/note]

Permítanme reflexionar brevemente sobre algunos de los principales medios contemporáneos de actualizar la misión.

1. Dando misiones populares

Incluso si, como se señala más arriba, es importante evitar el error de identificar “la misión” con “las misiones”, sin embargo San Vicente veía el trabajo de las misiones como “el primero y principal de entre los trabajos por el prójimo”.[note]RC XI, 10.[/note] Hoy, en algunos países, las misiones populares tienen menos atracción, y aparentemente menos eficacia, que en otros tiempos. En la mayor parte del mundo, sin embargo, son todavía un medio eficaz de evangelización. Por ello, es importante que este trabajo se renueve en la Congregación. En la Congregación ha habido ya algunos esfuerzos muy creativos en este sentido.[note]Recientemente, equipos misioneros de hasta 1000 miembros han sido preparados para una diócesis e incluso para un país, con un éxito considerable. Cf. T. Sendlein, “An experience of the Vincentian Spirit in the Panamian National Mission”, Vincentiana XXXIX (1995) 311-224.[/note] Estas misiones renovadas tienen diversas características distintivas:

a) un tiempo importante de preparación (la pre-misión),

b) la organización y formación de un equipo misionero, teniendo con frecuencia un buen número de sacerdotes, diáconos, hermanas, hermanos y laicos hombres y mujeres,

c) un período de tiempo de misión (el tiempo varía)

d) catequesis y reflexión sobre la palabra de Dios con pequeños grupos,

e) participación en la misión del clero y laicos locales.

f) organización de obras de caridad en el área de la misión.

g) seguimiento.

2. Formando al clero

San Vicente lo vio, con absoluta claridad, como parte de nuestra misión. “Al principio”, decía a los cohermanos el 6 de Diciembre de 1658, “la Compañía estaba sólo ocupada de sí misma y de los pobres, pero en la plenitud de los tiempos Él nos llamó a contribuir a que hubiera buenos sacerdotes…”[note]SV XI, 390.[/note]

En los últimos años, con el cambio de circunstancias y la disminución del número de vocaciones en Europa occidental y en los Estados Unidos, este trabajo ha sufrido considerablemente. Sin embargo, todavía existen muchas posibilidades para tomar parte en el mismo:

a) en seminarios diocesanos en el propio país,

b) formando equipos “nacionales” de personal para los seminarios diocesanos de otros países.

c) formando equipos “internacionales” de personal para los seminarios diocesanos de otros países.

d) proporcionando directores espirituales y confesores para los seminarios o para las diócesis.

e) dirigiendo ejercicios para los seminaristas y sacerdotes.

f) ofreciendo programas de formación permanente para los sacerdotes.

g) ofreciendo hospitalidad.

3. Tomando parte en misiones “ad gentes”

Existen pocos temas en los que San Vicente fuera más explícito. Dijo a los miembros de la Congregación de la Misión: “Pidámosle a Dios que dé a la Compañía ese espíritu, ese corazón, ese corazón que nos hace ir a cualquier parte, ese corazón del Hijo de Dios, el corazón de nuestro Señor…”[note]SV XI, 190.[/note]

Actualmente en la Congregación muchas provincias promueven una misión “ad gentes” o comparten la responsasabilidad con otras.[note]Para una relación completa de todas las misiones de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, cf. José Ignacio Fernández, “La extensión misionera actual de ambas congregaciones: Congregación de la Misión y Compañía de las Hijas de la Caridad” en San Vicente y La Misión ad Gentes (Salamanca: CEME, 1995) 253-287).[/note] Hay también un resurgir del interés en las misiones, habiendo muchos cohermanos que se ofrecen a formar parte de un nuevo equipo misionero internacional.

Uno de los mayores retos hoy en las misiones Ad gentes es la inculturación, que las Hijas de la Caridad han elegido como tema de su próxima Asamblea General. Los Misioneros deben buscar modos de fomentar la inculturación más completa del evangelio, a fin de que la cristiandad y las culturas locales se relacionen recíprocamente a un nivel profundo, enriqueciéndose ambas y purificándose una a la otra. Esto exige del misionero la habilidad de escuchar y dialogar cuando intenta discernir los valores que existen en las diversas culturas, así como las tendencias culturales que están en contra de la promoción integral de la persona humana.

La inculturación presentará también importantes interrogantes en nuestros propios programas de formación. En nuestras misiones, donde frecuentemente hay numerosas vocaciones, los responsables de la formación, deben, en diálogo con cristianos maduros dentro de la cultura local, concretizar cómo se expresan en esa cultura la sencillez, humildad, mansedumbre, mortificación y celo. Los programas de formación deben también abordar resueltamente los modos en que nuestros votos pueden ser presentados y vividos en esas culturas locales.

4. En el servicio a las Hijas de la Caridad

San Vicente fue categórico en asegurar que este ministerio formaba parte de nuestra misión:

¿No vino el Hijo de Dios a predicar el evangelio a los pobres, a ordenar a los sacerdotes, etc.? Sí. ¿No consintió tener mujeres asociadas con él? Sí. ¿No las guió hacia la perfección y hacia los pobres? Sí. Si Nuestro Señor, que hizo todas las cosas para nuestra instrucción, lo hizo así, ¿no debemos pensar que estamos haciendo lo que debemos hacer siguiéndole a él?

La Congregación ejerce este ministerio especialmente ofreciendo a las Hijas de la Caridad buenos Directores Provinciales y Espirituales.[note]C 17.[/note] Con frecuencia somos también llamados a predicar ejercicios. Al ser las Hijas de la Caridad una fuerza enorme al servicio de los más abandonados, nuestro ministerio con ellas puede tener un fruto importante en las vidas de los pobres. Ayudando en la formación de las Hijas de la Caridad (y otros grupos que sirven a los más abandonados), aunque es un servicio indirecto a los pobres, puede ser un modo muy efectivo de multiplicar y enriquecer las energías de quienes sirven directamente a las necesidades espirituales y corporales de los pobres.

5. Organizando grupos, especialmente de jóvenes, para servir a los pobres.

Como he dicho más arriba, San Vicente tuvo una capacidad extraordinaria como organizador. Exhorto a la Congregación a organizar como él lo hizo.

El ministerio con los jóvenes es enormemente importante hoy. Son la Iglesia del futuro. Varios estudios recientes señalan que los jóvenes buscan:[note]Cf. Albert di Ianni, “Religious Vocations: New Signs of the Times, “Review for Religious 52 (#5; Septiembre-Octubre 1993) 745-763. También D. Nygren y M. Ukeritis, The future of Religious Orders in the United States (Connecticut: Praeger Press, 1993) 251.[/note]

  • fines concretos religiosos
  • vida comunitaria intensa y solidaridad
  • servicio explícito y universal a los más necesitados.

Deseo animar a los miembros de la Congregación de la Misión de todo el mundo a reunir a los jóvenes para compartir nuestra misión Vicenciana en el servicio a los pobres. Esto puede concretarse en grupos de Juventud Mariana Vicenciana, u otras formas, dependiendo de la cultura local y de sus posibilidades, pero les urjo a todos a hacer de ésta una de las actualizaciones contemporáneas de la misión. Como “las Caridades” se extendieron por toda Francia en el tiempo de San Vicente, permitan florecer a los diversos y variados grupos de juventud Vicenciana allí donde los miembros de la Congregación de la Misión y la Compañía de las Hijas de la Caridad prestan su servicio.

Del mismo modo, dondequiera que estemos, debemos ser de los primeros en organizar unidades locales de las Conferencias de San Vicente de Paúl y de la Asociación Internacional de Caridades (AIC), y ofrecerles la formación y acompañamiento que con frecuencia piden insistentemente de nosotros.

6. Organizando comunidades de base cristianas entre los pobres.

San Vicente reconoció la importancia de las comunidades de fe. Tuvo cuidado de proveer un reglamento para las diversos grupos que fundó, con un modo de vida que guiara sus trabajos.

Hoy, como ha sido evidente desde el tiempo de la Evangelii Nuntiandi,[note]Evangelii Nuntiandi, 58.[/note] e incluso antes,[note]Medellín, “Conclusiones”, 6.13, 14; 13.33.[/note] las comunidades cristianas de base tienen un lugar especial en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Son los beneficiarios de la evangelización, y a la vez, evangelizadores. Tales comunidades pueden ser un lugar primordial para escuchar y reflexionar sobre la palabra de Dios, así como para organizar los métodos de caridad práctica que serán de ayuda para afrontar las necesidades reales de los pobres.

7. Parroquias misioneras, algunas cuestiones

Confío que el lector perdone el desatino del Superior General al suscitar importantes cuestiones sobre la obra en la que tantos cohermanos están ocupados.

No dudo de que hay en la Congregación auténticas parroquias misioneras, que son una verdadera actualización de “la misión”. Sin embargo, el Estatuto 10 indica un número de condiciones para comprobar si las parroquias son realmente una manifestación de nuestra misión: a) que el apostolado que ejercemos esté de acuerdo con el fin y la naturaleza de nuestro instituto; b) que el reducido número de sacerdotes en el lugar requiera nuestra presencia; c) que la parroquia, en su mayor parte, esté formada de los realmente pobres, o; d) que esté incorporada a un seminario donde los cohermanos reciben formación pastoral.

Un reciente estudio en los Estados Unidos hace esta observación:

La inserción de miembros de congregaciones religiosas en puestos diocesanos y parroquiales, cada vez más extendida, hasta el punto en que tales compromisos toman precedencia a otros en las vidas de sus Congregaciones, es un fenómeno en aumento en los Estados Unidos. Esta tendencia, que se conoce como asimilación parroquial, ha tenido un efecto tremendo en la mayoría de las congregaciones religiosas… Puede fácilmente llevar a comprometer la función profética de los miembros de la vida religiosa“.[note]D. Nygren y M. Ukeritis, op. cit. 250.[/note]

Este fenómeno no está limitado a los Estados Unidos. Nuestras recientes estadísticas indican que 1074 cohermanos están en ministerios parroquiales, un porcentaje muy alto (31%) del número total de nuestros miembros. El número de misioneros dedicados a las obras fundacionales de la comunidad, las misiones populares y los seminarios, es en comparación muy pequeño.

Esto me lleva a preguntar si es legítimo para la Congregación de la Misión estar tan intensamente dedicada a ministerios parroquiales y si un número considerable de nuestras parroquias están, o no, dentro de los criterios señalados en nuestro Estatuto 10.

Permítanme sugerirles las siguientes características como base para evaluar si una parroquia es verdaderamente “Vicenciana” y “misionera:”

a. está entre los realmente pobres:

b. el clero diocesano tiene falta de personal para esa parroquia;

c. nuestro compromiso allí está limitado temporalmente (esperemos, que con un contrato claro).

d. tenemos fines concretos misioneros para ser realizados durante ese tiempo;

e. entre ellos se encuentra la preparación de la formación pastoral en el futuro, particularmente con la formación de líderes en los diversos ministerios;

f. funcionan en la parroquia obras de caridad práctica organizada al servicio de los necesitados.

g. se forman grupos laicos Vicencianos (Juventud Mariana Vicenciana, Conferencias de San Vicente de Paúl, AIC, la Asociación de la Medalla Milagrosa, etc.)

h. se ofrece instrucción sistemáticamente sobre la enseñanza social de la Iglesia.

i. el “estilo” del ministerio es sencillo y humilde;

j. es una parroquia evangelizadora, con gran énfasis en la palabra de Dios.

III. Implicaciones para los Misioneros

San Vicente básicamente dice que nuestra misión es la misma de Jesús, que “se describe a sí mismo como el Evangelizador de los Pobres”.[note]SV XI, 725. Aunque algún lector puede dudar de este texto (en el que llama a Cristo “el Evangelizador de los Pobres”), atribuido a San Vicente por Abelly, su primer biógrafo (1664), expresa la ipsissima verba del santo, la idea misma, sin embargo, a mí me parece indiscutible, dado el continuo recurso a Lucas 4,18.[/note] Esto lleva consigo toda una espiritualidad en la que el evangelizador es antes evangelizado.[note]Cf. Evangelii Nuntiandi, 15.[/note] En la introducción de las Reglas Comunes señala: “Nos pareció que aquellos que han sido llamados a continuar la misión de Cristo, misión que consiste sobre todo en evangelizar a los pobres, deberían llenarse de los sentimiento y afectos de Cristo mismo; más aún, deberían llenarse de su mismo espíritu y seguir fielmente sus huellas”.[note]RC, Introducción.[/note] Con otras palabras, él quiere que tengamos el espíritu y el corazón de Cristo.

San Vicente escribe en una de sus cartas que la mente y el corazón de Jesús están totalmente centrados en dos direcciones, que absorben totalmente su vida “su amor filial al Padre y su caridad al prójimo”.[note]SV VI, 370. En la versión francesa dice “… la religión para con su Padre”.[/note] Recientemente leí un estudio Cristológico que me impresionó enormemente. Los autores decían: “Hemos visto que la relación de Jesús con su Padre era el centro de su ser. Ninguna otra cosa competía con su fidelidad. Lo más cercano a rivalizar con su amor a Dios fue su preocupación por ayudar a los seres humanos, sus prójimos, especialmente a aquellos que sufrían.”[note]Denise Lardner Carmody y John Tully Carmody, In the Path of the Masters (Nueva York. Paragon House, 1994) 119.[/note] Esta es precisamente la percepción que San Vicente tenía del evangelio. Permítanme sugerirles que estos deben ser los dos amores exclusivos que cautiven totalmente la vida del Misionero.

1. Relación filial con Dios

“Démonos a Dios” decía San Vicente repetidamente a los Misioneros, así como a las Hijas de la Caridad.[note]SV XII, 431-432, 442-443.[/note] Él tenía una profunda confianza en un Dios todo amor, en cuyas manos podía ponerse él y sus obras. En el diario escrito por Juan Gicquel cuenta cómo Vicente, el 7 de Junio de 1660, sólo cuatro meses antes de su muerte, dijo a los PP. Almerás, Berthe y Gicquel: “Consumirse por Dios, no tener bienes ni fuerzas más que para gastarlos por Dios, es lo que Nuestro Señor hizo, que se consumió por amor a su Padre”.[note]SV X 222[/note]

San Vicente quiso que el amor a Dios lo abarcara todo. Escribe a Pierre Escart: “… mis deseos infinitos de que busquemos por encima de todo despojarnos del afecto a todo cuanto no es Dios, y que no nos aficionémonos a las cosas más que por Dios y según Dios, y que procuremos establecer primeramente su reino en nosotros, y luego en los demás. Es lo que también, le ruego que pida a Dios para mi…”[note]SV II, 89.[/note]

La relación filial del misionero con Dios se manifiesta especialmente de dos formas:

a. devoción a la providencia

Para San Vicente, Dios nos ama profundamente como un Padre y una Madre.[note]SV V, 511.[/note] Él ejercita una continua providencia en nuestras vidas. En una carta a Bernard Codoing, Vicente pone gran énfasis en la necesidad de abandonarnos a la acción de Dios en nuestras vidas: “Lo demás ya irá llegando a su debido tiempo. La gracia tiene sus ocasiones. Pongámonos en manos de la providencia de Dios y no nos empeñemos en ir por delante de ella. Si Dios quiere darme algún consuelo en nuestra vocación, es éste precisamente: que creo que al parecer hemos procurado seguir en todas las cosas a la providencia…”[note]SV II, 381.[/note] Así mismo escribe a Santa Luisa de Marillac: “Dios, hija mía, tiene grandes tesoros ocultos en su santa Providencia; ¡y cómo honran maravillosamente a Nuestro Señor los que la siguen y no se adelantan a ella!”.[note]SV I, 131[/note]

La confianza en la providencia se manifiesta en la vida del misionero por la capacidad de ver los acontecimientos concretos en un plano más amplio, esperando con paciencia, con perseverancia. Pero se honra también a la providencia, como San Vicente lo señala,[note]SV V, 374.[/note] usando los medios que Dios pone a nuestra disposición para cumplir sus fines. Si un misionero tiene la tentación de interpretar las enseñanzas de San Vicente sobre la providencia demasiado pasivamente, puede recordar las palabras del fundador a Edme Jolly:[note]SV VII, 267.[/note] Es Vd. uno de los hombres que honran más en el mundo la providencia de Dios con la preparación de los remedios contra los males venideros. Se lo agradezco muy humildemente y pido a Nuestro Señor que le siga aumentando sus luces para derramarlas sobre la compañía”. Le dice a Marc Coglée en 1652 que le gusta seguir la máxima “de servirse de todos los medios lícitos y posibles para la gloria de Dios, como si Dios no tuviera que ayudarnos, con tal de que todo se espere de su divina Providencia, como si no tuviéramos ningún medio humano”.[note]SV IV, 346.[/note]

b. fidelidad a la oración

San Vicente invita a sus seguidores a estar siempre en oración ante el Señor. La oración es para Vicente, fuente de todo lo que el misionero hace. “Dadme un hombre de oración y será capaz de todo.”[note]SV XI, 778.[/note]Vicente reconoce que Jesús, en medio de su actividad misionera, está siempre unido a su Padre,[note]Jn 7,2, 7, 33, 17, 13, 17, 21. La relación especial de Jesús con su Padre es también un tema de Lucas: cf. 2, 49, 3, 22, 9, 35, 10, 21-22, 23, 46.[/note] que es el autor de todo el bien que Jesús hace.[note]SV XII, 412.[/note] Jesús busca constantemente la voluntad del Padre.

En este mismo sentido, San Vicente dice a las Hijas de la Caridad, “… Nuestro Señor era hombre de grandísima la oración”.[note]SV IX, 380.[/note] En la Reglas de los misioneros, señala: “Aunque no podamos imitar del todo a Cristo, quien, además de orar de día, pasaba la noche en oración, le imitaremos según lo permita nuestra debilidad”.[note]RC X, 7.[/note]

Vicente está absolutamente convencido de la importancia de la unión entre la acción y la contemplación que él ve en Cristo. Dice a sus seguidores que la estabilidad vocacional y la vitalidad permanente de sus obras depende de la oración.[note]SV XI, 778.[/note] El espíritu misionero, por consiguiente, implica ser, con las palabras de las Constituciones y según el ejemplo del mismo San Vicente, “contemplativo en la acción y apóstol en la oración”.[note]C. 42.[/note] Para San Vicente, este es el único camino para la efectividad apostólica: “Bien, pongamos mucho interés en esta práctica de la oración, ya que por ella nos vienen todos los bienes. Si perseveramos en nuestra vocación, es gracias a la oración; si tenemos éxito en nuestras tareas, es gracias a la oración, si no caemos en el pecado, es gracias a la oración, si permanecemos en la caridad, si nos salvamos, todo esto es gracias a Dios y a la oración”.[note]SV XI, 285.[/note]

2. Su caridad hacia el prójimo

El amor de los misioneros debe ser a la vez “afectivo y efectivo”.[note]SV IX, 432, 533, 540, XI, 733.[/note] Su ministerio a los pobres debe ser “espiritual y corporal”.[note]SV IX, 73, 533, XI, 253.[/note] La visión de San Vicente sobre la actividad evangelizadora de Jesús es muy amplia.[note]Cf. Evangelii Nuntiandi 30-39; Congregazione per la Dottrina della Fede, Instruzione su Libertà cristiana e liberazione,” (Marzo 22, 1986) 99. Aunque Vicente era muy consciente de la necesidad de enfrentarse a los problemas sociales de su tiempo con soluciones estructuradas (ej. por medio de las sociedades que fundó) sin embargo, él, como la mayoría de sus contemporáneos, no tenía conciencia de lo que podemos llamar “estructuras sociales pecaminosas”. En general, aceptaba el orden político y social existente (como hizo San Pablo, por ejemplo, referente a la esclavitud). Sin embargo, en este contexto él vio la necesidad de la acción política al atender a las necesidades de los pobres y usó su influencia en la corte y en el Consejo de Conciencia con este fin. Cf. Luigi Mezzadri, San Vincenzo de Paul (Edizioni Paoline: Milan, 1986) 69-79, 83-86.[/note] Esto está muy claro en el mandato que da a los diversos grupos por él fundados: las Cofradías de la Caridad, la Congregación de la Misión, y las Hijas de la Caridad. Hoy, la unión entre evangelización y promoción humana, tan del espíritu de san Vicente, es uno de los ejes principales de la enseñanza social de la Iglesia.[note]Cf. Sínodo de los Obispos, 1971, Justicia en el Mundo, en AAS LXIII (1971) 924: “…acción en favor de la justicia y participación en la transformación del mundo son elementos integrales en la predicación del evangelio”. Cf. también Centesimus Annus, 5.[/note]

Pero el “modo Vicenciano” de amar tiene también sus características especiales. San Vicente señala que, en la evangelización de los pobres, los misioneros deben sobresalir por las cinco virtudes:[note]SV XI, 586: “Esa es la fuerza y el poder de las máximas evangélicas, entre las cuales -ya que son muchas en número- he escogido especialmente las que son más propias del misionero” Además mirando a los acontecimientos de la vida de Jesús, San Vicente ve en el Nuevo Testamento una serie de máximas o dichos, de los que Jesús es el “autor”. Pide a sus seguidores hacer lo que Jesús hizo y practicar lo que enseñó, ya mandándolo directamente o a través de estas máximas.[/note] sencillez, humildad, mansedumbre, mortificación y celo.

En la conferencia del 2 de Agosto de 1659, San Vicente dice a los miembros de la Congregación de la Misión que estas virtudes deben ser “las potencias del alma de la Congregación entera”.[note]RC II, 14; SV XI, 591.[/note] En las conferencias a las Hijas de la Caridad, se centra en lòa sencillez y en la humildad, además de en la caridad. Estas virtudes misioneras son tan importantes que se puede dedicar todo un artículo a cada una.[note]Para obtener una interesante información sobre este tema, así como para una más amplia bibliografía, el lector puede consultar: J.P. Renouard. “L’Esprit de la Congrégation: Les Vertus Fondamentales,” Vincentiana XXVIII (1984) 599-615; cf. también T. Davitt, “The Five Charateristic Virtues”, Colloque XIV (Otoño 1986) 109-120. Cf. también Christian Sens, “Comme Prêtre Missionaire”, en Monsieur Vincent, Témoin de L’Evangile (Toulouse, 1990) 133-151, esp. 140f; R.P. Maloney, “Las cinco virtudes características, ayer y hoy, en “El Camino de Vicente de Paúl” CEME 1993. Cf. también B. Häring, Timely and Untimely Virtues (Londres: St. Paul’s, 1993).[/note] Aquí, las trataré sólo brevemente, como San Vicente las vio en Cristo y como las propuso a quienes entregaban sus vidas a Dios en el servicio a los pobres.

a. Sencillez

Jesús,[note]SV IV, 451.[/note] el misionero del Padre, es absolutamente sencillo. Dice la verdad.[note]RC II, 4; SV XI, 463.[/note] Dice las cosas llanamente como son,[note]SV I, 200.[/note] sin ocultar o esconder nada.[note]SV, I, 310.[/note] Con la mira puesta sólo en Dios.[note]RC II, 4; SV I,[/note] San Vicente está tan convencido de la importancia de la sencillez, como él la ve en Jesús, y la llama “mi evangelio”[note]SV IX, 546.[/note] “la virtud que más amo”.[note]SV I, 310.[/note] “¿Saben Vds. dónde mora el Señor?” pregunta. “En los sencillos de corazón”.[note]SV X, 726.[/note]

Hoy, igual que en el tiempo de San Vicente, sencillez significa decir la verdad. Es una cualidad importantísima para el misionero. Es también una disciplina difícil, especialmente cuando nuestra comodidad está en juego o cuando la verdad es humillante. Pero tal autenticidad, o transparencia, es muy atractiva al hombre y a la mujer modernos a quienes estamos llamados a servir.

La sencillez tiene también algunos significados relacionados. Incluye testimonio de la verdad, o de la autenticidad personal que hace que la vida del misionero esté de acuerdo con sus palabras. Lleva consigo la búsqueda de la verdad como un caminante, más bien que como poseyéndola como “dueño”. Como en tiempos de San Vicente, la sencillez significa también pureza de intención, practicar la verdad con obras de justicia y caridad, desarrollando un estilo de vida sencillo y usando un lenguaje sencillo, especialmente en la predicación.

b Humildad

Jesús,[note]SV XI, 745.[/note] el misionero del Padre, nos enseña la humildad “con su palabra y ejemplo”.[note]RC II,7.[/note] La humildad incluye nuestro reconocimiento de que todo el bien viene de Dios.[note]RC I, 235.[/note] Lleva consigo un reconocimiento de nuestra pequeñez y nuestras faltas,[note]RC II, 7.[/note] acompañados de una gran confianza en Dios.[note]SV III, 256, V, 152.[/note] Vicente urge a los misioneros a contemplar “ese admirable original de la humildad, Nuestro Señor Jesucristo”.[note]SV XI, 274.[/note] Él se maravillaba de cómo el Hijo de Dios “se anonadó a sí mismo” (Fil 2, 7).[note]SV XI, 411.[/note]

Hoy, como en tiempos de San Vicente, la humildad es reconocer nuestra condición de criaturas y de redimidas, ambos dones del amor de Dios. Se demuestra en nuestra gratitud por los dones, viendo todo como gracia. La humildad se concretiza en el misionero en su “actitud de siervo”, su deseo de llevar a cabo incluso tareas serviles al servicio de los pobres. Se manifiesta también en nuestro deseo de ser evangelizados por los pobres que, como dice San Vicente, son “nuestros señores y maestros”.

c. Mansedumbre

Jesús mismo nos dice que es manso, escribe San Vicente.[note]RC II, 6.[/note] Para San Vicente esta virtud misionera consiste en la habilidad de controlar los movimientos de cólera,[note]SV XI, 475.[/note] reprimiéndolos y encontrando medios para expresarlos apropiadamente[note]SV XI, 476.[/note], basados en el amor.[note]SV XI, 477.[/note]

Hoy, como en tiempos de San Vicente, la mansedumbre permite al misionero controlar la cólera positivamente. Al ser la cólera una energía natural que emerge espontáneamente en nosotros cuando percibimos algo malo, se puede ser usar bien o mal. Quienes se dedican al servicio del evangelio sienten el ambiguo poder de la cólera, igual que todos los demás hombres y mujeres. Pero San Vicente nos asegura que la cólera puede ser transformada y expresada positivamente. Su propia indignación ante la suerte de los pobres fue una fuerza poderosa para llevarle a establecer las Cofradías de la Caridad, los Misioneros y las Hijas de la Caridad.

San Vicente está convencido de que los mansos son accesibles y amables.[note]SV XI, 477.[/note] Saben cómo combinar el amor y la firmeza.[note]SV VII, 198.[/note] El 1 de Noviembre de 1637 escribe a Santa Luisa de Marillac: “Si la dulzura de su espíritu necesita un poco de vinagre, pídale prestado un poco de su espíritu a Nuestro Señor. ¡Oh, señorita, qué bien sabía Él buscar el agridulce cuando era menester”.[note]SV I, 408.[/note]

El ejemplo de San Vicente nos demuestra también que el misionero puede crecer y desarrollar en sí la mansedumbre y la cercanía. Él confiesa que su natural era serio, pero que “me dirigí a Dios pidiéndole insistentemente que cambiara mi humor seco y repulsivo, y me diera un carácter manso y benigno; y por la gracia de Nuestro Señor, con un poco de atención que puse por mi parte para reprimir los hervores de la naturaleza, he quitado un poco de mi humor negro”.[note]Abelly III, 667.[/note]

d. Mortificación

Jesús es el ejemplo de sacrificio para el misionero. “Padres, tengamos siempre este ejemplo antes nuestros ojos y no perdamos nunca de vista la mortificación de Nuestro Señor, ya que estamos obligados a mortificarnos, para poder seguirle”.[note]SV XI, 524.[/note] Vicente define la mortificación o sacrificio, como la sujeción de la pasión a la razón.[note]SV X, 694.[/note] Tiene un lugar prominente en sus conferencias, donde la describe con bastante detalle.[note]SV IX, 41, 699, 770, 846, 848, 874, 968; XI, 514.[/note] Para motivar a los misioneros a practicarla, cita diferentes pasajes del Nuevo Testamento que la recomiendan.[note]Cf. SV IX, 169; XI 771, 967.[/note]

Hoy la mortificación tiende a ser incomprendida, y en consecuencia es bastante impopular, quizás debido a la presentación errónea que de ella han hecho muchos escritores de espiritualidad. Pero es un valor misionero muy importante. El “ascetismo funcional” contemporáneo[note]K. Rahner, Theological Investigations III, 54.[/note] acentúa que la mortificación es el renunciamiento a una cosa buena por otra. Lleva consigo la definición de nuestras metas misioneras y canaliza nuestras limitadas energías hacia ellas. Concretamente, puede llevar consigo cosas como: responder prontamente a las llamadas de la comunidad, particularmente al aceptar una misión; ser fiel a las exigencias de la misión dándoles preferencia cuando estén en conflicto con otros fines más agradables; trabajando intensamente al servicio de los pobres; levantándose prontamente por la mañana para favorecer la oración comunitaria; ser desprendido en obtener o aceptar las cosas materiales; ser moderado en el comer y beber; tener un sentido crítico en el uso de la televisión, la radio, el cine y otros medios; refrenarse en decir palabras críticas o que dividan; no pedir privilegios; buscar estar con quienes son menos agradables al igual que con quienes nos sentimos más atraídos; dar generosamente nuestro tiempo para tomar parte en procesos de toma de decisiones.

e. Celo

El celo es el amor ardiente del misionero que colma el corazón de Jesús. “Pidámosle a Dios que dé a la compañía ese espíritu, ese corazón que nos hace ir a cualquier parte, ese corazón del Hijo de Dios, el corazón de nuestro Señor…”[note]SV XI, 190.[/note] Ese fuego permite a los misioneros ir a todas las partes y hacer cualquier cosa.[note]SV XI, 123. “Si, la Misión lo puede todo, porque tenemos en nosotros el germen de la omnipotencia de Jesucristo…”[/note] El lema de la misión de las Hijas de la Caridad es “El amor de Cristo nos apremia”.[note]2 Cor 5, 14.[/note]

El celo es la virtud de la acción misionera. “Si el amor de Dios es el fuego, el celo es la llama. Si el amor es el sol, el celo es sus rayos”.[note]SV XI, 590[/note] Aspira a “extender el reino de Dios”.[note]SV XI, 590.[/note] Es amor práctico. “Amemos a Dios, hermanos míos”, dice San Vicente a los misioneros, “Amemos a Dios, pero que sea a costa de nuestros brazos, que sea con el sudor de la frente. Pero muchas veces los actos de amor de Dios, de complacencia, de benevolencia, y otros semejantes afectos y prácticas interiores de un corazón amante, aunque muy buenos y deseables, resultan sin embargo muy sospechosos, cuando no se llega a la práctica del amor efectivo”.[note]SV XI, 733.[/note]

El celo misionero se muestra hoy en la “disponibilidad”, un deseo de ir a cualquier parte en el servicio al evangelio. Es un amor que es “infinitamente inventivo”,[note]SV XI, 65.[/note] y por lo tanto creativo, perseverante, fiel. Como consecuencia, especialmente en estos tiempos de cambios rápidos, el celo misionero está dispuesto a comprometerse en la formación permanente a fin de adaptarse a nuevas obras, o a nuevas circunstancias, a nuevas “edades” en la vida (como una “segunda carrera” o “retiro”). El celo, al ser contagioso y extenderse, se manifiesta como un entusiasmo en buscar otros trabajadores para la mies.

Una última palabra. La misión, si ha de permanecer completamente viva, debe por una parte estar firmemente enraizada en la tradición Vicenciana y a la vez renovarse e inculturarse continuamente en cada época histórica. Las formas concretas con que se presente la misión pueden, y a veces deben, variar profundamente de edad en edad. Por esta razón la Congregación, con una meditación colmada de fe en los evangelios y una creatividad atenta a las necesidades de los pobres y de aquellos que les sirven, debe permanecer en un estado de renovación continua.[note]C 2.[/note]

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