¿Estudió Vicente de Paúl en Zaragoza? (Segunda parte)

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Bernard Koch, C.M. .
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A – Los estudios de Vicente

1. Antes de la Universidad

Destruidos los archivos con las incursiones de tropas protestantes en las Landas y en los alrededores de Dax, ignoramos si hubo una «escuela menor» en Pouy, o si la que tal vez existía en Dax fue frecuentada por Vicente.

Éste nunca habló de estudios que hiciera en la niñez, y dijo sólo que había guardado rebaños. Tenía sin embargo una buena formación básica – primaria, diríamos hoy -, si se mira a los rápidos progresos que hizo en el colegio, al punto de ser elegido como preceptor, digamos repetidor, para los hijos del señor de Comet. Eso no le impedía guardar los rebaños, los días de asueto o en vacaciones, o si acontecía estar cerrada la escuela por falta de maestro.

En lo sucesivo, él siempre dijo ser «un escolar de cuarta«.

Es el caso que el colegio de Dax impartía como máximo un currículo de cuatro años, al igual que otros colegios de la época; luego, el ciclo universitario de Artes y Filosofía duraba normalmente tres años, si bien los cursos de Vicente parece fueron cuatro, entre tonsura y ordenación, previos al ciclo de Teología: 1596-1597, 1597-1598, 1598-1599, 1599-1600.

Siguen todavía cuatro cursos de Teología: 1600-1601, 1601-1602, 1602-1603, 1603-1604. Suman ocho años, aunque el Certificado de terminación de estudios, del 12 de octubre de 1604, pone siete; ahora bien, no se ve qué pudo hacer Vicente desde diciembre del ’96 hasta octubre del ’97, pues escribe que dejó el campo, o sea las Landas, a los quince años, esto es en 1596. Todo se explica si cursó un primer año en Zaragoza, y a éste siguieron los tres de Toulouse y los cuatro de Teología. El Certificado de terminación de estudios, señala sin duda la duración de Toulouse; por otra parte, estaba seguramente modelado en formularios impresos, cuyos espacios en blanco se rellenaban con el nombre del estudiante, la data de entrega y las firmas; tal era la práctica para muchas actas corrientes: el certificado de ordenación sacerdotal de Bérulle, 5 de junio de 1599, trasunta un formulario impreso de esa especie.

Como además se llama «escolares», y no «estudiantes», a los universitarios, síguese que Vicente fue en efecto tres veces «escolar de cuarta», contando por la sucesión de los cursos. Se tacha él a menudo de ignorante; dice que es «una bestia», justo antes de citar a un filósofo pagano, Séneca; mas así demuestra ¡no serlo en modo alguno!

«Escolar» sólo según transcurría el siglo XIX terminó designando nada más a alumnos de la escuela primaria. En Inglaterra conservó el vocablo «scholar» su antiguo significado de «universitario», y aun se dice de los profesores, cual a veces era el caso en la Francia medieval [cfr. Alain Rey, Dictionnaire historique de la langue française, Le Robert, 1994, t. I, p. 653].

Los estudios de Vicente en el colegio de Dax, que a duras penas encontraba buenos «regentes» (profesores), tras los estragos de las guerras de religión, fueron en todo caso excelentes: júzguese por su dominio del francés, que no se aprendía en las universidades, donde las lecciones eran en latín, dominio no inferior al que demuestra tener de éste. Fueron las «humanidades» de Vicente. Cierto que no leyó a todos los autores por él citados, sino que tomaría sus citas de compilaciones de fragmentos escogidos, los que ya entonces existían. Veces hay en que no cita a un autor, pero se le averigua el préstamo, lo que se llama «cita implícita».

Paréntesis

Algunos ejemplos de la cultura del señor Vicente

a. El señor Vicente propone a veces esta máxima espiritual: «tener un mismo querer y no querer»1.

  • para con Dios, el 17 de octubre de 1655 y el 17 de junio de 1657;
  • para entre nosotros, el 23 de mayo de 1659 y en numerosas cartas.

No dice que sea una cita, pero lo es.

Pudo tomarla de la Imitación de Cristo, libro III, nº 15, en la Oración: «Tenga yo un solo querer y no querer contigo»2.

La máxima estaba probablemente ya en otros autores espirituales, tomada por cierto de un filósofo pagano que los cristianos leyeron mucho, SÉNECA (4 adC – 65 ddC) en su Carta a Lucilio, 20, 5: «¿Qué es sabiduría? Querer y no querer siempre lo mismo»; y en 109, 16: «un sabio dará a otro aquel «querer y no querer lo mismo» tan grato y hermoso».3

Séneca mismo tomó sin duda el dicho del historiador SALUSTIO (85-35 adC), al comienzo de su Conjura de Catilina, en el capítulo 20. Lo pone Salustio en boca del conspirador Catilina, quien se dirige a sus compañeros: «Querer y no querer lo mismo, he ahí lo que constituye una amistad firme».4 Lindo traspaso de la frase de un conspirador a un modelo ideal.

Vicente reproduce exactamente las palabras de Séneca: «lo mismo» [idem], no las de la Imitación: «un solo» [unum]; es pues Séneca al que cita; de hecho le ha nombrado ya antes, y veremos cómo ha de nombrarle aún.

b. Marcos Coglée, superior en Sedan, le ha escrito que el honor no le da vanidad, pero que el deshonor le entristece. El 13 de agosto de 1650 le responde Vicente, y cita a Séneca y a santo Tomás:

… sabe usted mucho mejor que yo hacer la anatomía de la voluntad humana, porque es usted sabio, mientras que yo soy una bestia. Según Séneca, la voluntad se inclina a desear lo que le parece bueno y a rechazar lo que le parece malo; y santo Tomás dice que los hombres espirituales superan realmente sus deseos y se convierten en señores de los mismos hasta llegar a privarse de buena gana de sus propias satisfacciones, pero que difícilmente llegan a aceptar con agrado el mal que les viene de otros.5

Observemos cómo, en el mismo movimiento, se humilla y muestra su cultura.

Si manejamos sus escritos, veremos que se llama bestia (=animal) y escolar de cuarta cuando se dirige a personas instruidas, mas nunca lo dice ante las Hijas de la Caridad. En las Conferencias a las Hijas de la Caridad el vocablo sale sólo dos veces: el 3 de junio de 16536, donde se aplica a las Hermanas, que lo emplearían al dar gracias a Dios por haberlas llamado a la grandeza de su servicio; y el 3 de enero de 16557, cuando habla de la mortificación y dice que nuestro cuerpo tiene los mismos órganos que el de los animales (=bestias), pero está dotado de un alma que tiende hacia Dios, por lo cual no hemos de vivir como animales (=bestias): a sí mismo no alude8. En p.780 se trata del ejemplo de un lobo feroz, pero en la 1109 cita la frase de un devoto varón, el Hermano del Niño Jesús.

Ante los misioneros Vicente emplea el vocablo cuando urge a no vivir como los animales, pero le acontece el aplicárselo a si propio – una única vez -, así el 20 de agosto de 1655, al final de una larga conferencia sobre el pequeño método9.

Ante los grandes y los sabios se llama bestia, o bien ignorante, al parecer para inducirles mansamente a que pongan algo en duda la conciencia de su saber…, y sucede haber quienes siguen tal aviso.

c. En una de las dos conferencias Sobre la pobreza, fechadas en 16 y 23 de octubre de 1654, remite Vicente a un sabio pagano cuyo nombre olvidó. Y pregunta al señor de la Fosse, gran latinista, el cual responde que se trata de DIÓGENES EL CÍNICO, un griego anterior a Cristo, tras lo cual prosigue: «Bien, Diógenes, o quien quiera que sea. Alejandro le envió un día una gran cantidad de dinero, él pensó para sí: «Alejandro me envía esto, porque soy un hombre de bien; por eso mismo dijo a los que se lo habían llevado, decidle a Alejandro que me deje seguir siendo lo que soy»»10.

{«O quienquiera que sea» (= si tant est que ce soit lui). La anécdota referida es por cierto conforme al estilo de Diógenes, pero el señor Vicente tenía quizá motivos para dudarlo, pues no la registra el capítulo que trata de él en el Libro VI de otro Diógenes, DIÓGENES LAERCIO, Vidas, doctrinas y sentencias de filósofos ilustres, especie de antigua «Historia de la Filosofía», una de las raras fuentes sobre aquel pensador.}

d. El 17 de 1658 está explicando a las Hijas de la Caridad los ejercicios de la Comunidad. Llegado a un punto particular, a propósito del examen de conciencia, Vicente cita de nuevo a Séneca:

… es imposible corregir bien un vicio si no se es fiel a este examen particular… Séneca, que era un filósofo pagano, hacía todos los días el examen para ver si había vivido como está obligado a vivir un filósofo y si había dejado quizás de practicar las virtudes de un filósofo.11.

e. Hallamos asimismo una cita del poeta OVIDIO en la Conferencia del 10 de agosto de 1657 sobre la oración, publicada sin fecha por Abelly. Está en un párrafo que sólo en 1891 publicó el señor Pémartin, ahora fechado, y cuya confirmación documental no se ha vuelto a encontrar. El señor Dodin estima que ello arroja cierta duda sobre su autenticidad. Sin embargo, estilo e ideas, ambas cosas son muy de san Vicente. Son dos versos del poema12 El arte de amar («Ars amatoria») acerca del amor humano, los que Vicente interpreta en sentido espiritual.

No es procedimiento contrario a una costumbre suya, merced a la cual sabe él extraer enseñanzas de cosas de la vida corriente – tal la paciencia del caballo que espera al amo demorado en la taberna; o bien cuando se extasía ante una flor, o los insectos; cosas todas muy conformes al Libro de los Proverbios (6,6-11), donde imparte instrucción la hormiga; o bien al Eclesiástico [Sirácida] – final del capítulo 31 -, acerca del vino -. Por lo demás, no por fuerza hubo de leer entero este largo poema, pero circulaban selectas y extractos de él.

He aquí el pasaje:

… Para prepararse a hacer oración, ha de ponerse uno en la presencia de Dios, considerarle ya en el cielo, o presente por doquier en el universo, o en el Santísimo Sacramento, o aun en nosotros. Y aquí trae Vicente los versos 549-550, del Libro III de El arte de amar, que atañen al amor humano:

«Hay un dios en nosotros, nos comunicamos con el cielo; del cielo viene ese aliento».13

Y concluye: «No cabe duda de esta verdad. Tu autem in nobis es, Domine.14 No hay nada tan cierto».

Algo que me inclina a creer auténtica la cita es su falta de exactitud, pues el original dice:

Est Deus in nobis et sunt commercia caeli / Sedibus aethereis spiritus ille venit.

Como a menudo le acontece, Vicente ha citado de memoria. Si un misionero latinista hubiese querido aducirlo, habría copiado el texto exacto, que puede compulsarse en la edición de Guillaume Budé, p. 80 de las Éditions Belles Lettres.

 

 

f. Otras muestras de la calidad de sus estudios en el colegio, o de su personal diligencia:

El señor Vicente sabía español, pues por su tiempo, los raros libros de espiritualidad en español de la biblioteca de San Lázaro llevaban datas de entre 1585 y 1610, que son sus años jóvenes; va la lista en el Apéndice: en español, aquella biblioteca no tenía libros de data anterior ni posterior; ¿de dónde provenían aquéllos, más que de él? Y es que para ir a Zaragoza, tuvo que aprender esta lengua.

Su primera «carta de la cautividad» demuestra que podía también hablar en italiano con el Nuncio – hasta escribe el italiano con caligrafía a la romana, letra redonda, muy legible, mientras que el resto de esa misma carta, al igual que los demás escritos de Vicente, está en letra gótica cursiva, la de los profesores y notarios, ilegible sin un serio aprendizaje -.

Y en lo que hace al cálculo, no es en modo alguno inferior la habilidad que demuestra.

2. Sus estudios universitarios

Digamos desde el comienzo que, si se juzga por sus diplomas, fueron excelentes en todas las materias eclesiásticas. Continuará aplicado toda la vida, a través de sus lecturas y mediante el coloquio con teólogos amigos suyos, según se echa de ver por lo que nos queda de sus pláticas y escritos.

Fallecido él, aparecieron el Certificado de Terminación de Estudios y el Diploma de Bachiller, documentos (=Licencia) que permitían explicar el Segundo Libro de las Sentencias, de Pedro Lombardo, que trata la creación, el pecado, la redención y la gracia. Al parecer impartió enseñanza los años 1604-1605, antes de ser cautivado por los berberiscos. En efecto, además de la traza metódica que distingue la exposición en sus Conferencias, su estudio De la gracia, redactado en 1648,15 está sabiamente construido, my a la manera de un artículo en la Suma Teológica. Conservamos el autógrafo, que se ha fotocopiado. Sus cartas a Juan Dehorgny, tentado de jansenismo, cuyos autógrafos también poseemos, manifiestan cómo, en la cuestión de la gracia y de la predestinación, Vicente está bien documentado: es molinista y cita a Molina, cosa que debe recordarse.

¿Dónde comenzó sus estudios? Sgún Abelly fue en Toulouse:… «marchó a Toulouse para dedicarse a los estudios de teología durante unos siete años. Es cierto que durante ese tiempo fue a España, y que residió durante algún tiempo en Zaragoza para realizar algunos estudios»16.

Collet comienza asegurando lo mismo, mas luego señala una reserva: «No podemos decidir, si el viaje que hizo a Aragón precedió al comienzo de sus estudios en Toulouse».

Al parecer comenzó en Zaragoza.

 

En resumen:

San Vicente mismo nunca habla de sus estudios, sean los de Dax, Zaragoza o Toulouse. Dice sólo ser un «escolar de cuarta». Pero su tratado De la gracia delata la maestría de un profesor. Hace en sus cartas algunas alusiones a las universidades de España, y el mostrarse seguidor del jesuita Molina en lo tocante a las cuestiones de la predestinación, confirma que estuvo en Zaragoza, donde los jesuitas estaban en pugna con la Universidad, probablemente sobre estos temas, como en Lovaina por los mismos años. Su antiguo edificio lleva una lápida del siglo XVIII, según la cual Vicente se alojó allí como residente: no es una prueba propiamente dicha, sino un indicio. Por fin, el catálogo de la biblioteca de San Lázaro por la época de san Vicente no registra libros de espiritualidad en español más que para sus años jóvenes, ni antes de 1585, ni después de 1600. Se puede concluir que los puso en ella san Vicente.

  1. Cfr. SVP IX, 128; XI, 212, 541, 543,878.
  2. «Sit mihi unum velle et nolle tecum».
  3. «Quid est sapientia? Semper idem velle atque idem nolle». «Illud dulcissimum et hostíssimum «idem velle atque idem nolle» sapiens sapienti praestabit».
  4. «Idem velle atque idem nolle, ea demum firma amicitia est». [Cfr. Collectio Guillaume Budé, Édition Les Belles Lettres, p. 19.]
  5. SVP III 51
  6. SVP IX 561ss
  7. SVP IX 575, 692ss
  8. cfr. también las pp. 693, 694, 697, 849, 1018,1043.
  9. XI 164ss, 178 &c.. Pasan tres cuartos de hora, mas él continúa hablando; en p. 184 se llama bestia: «Siempre me alargo demasiado, me entretengo mucho en las cosas; soy un pesado, como un animal (=bestia) bien gordo»
  10. XI 89
  11. IX 1133s
  12. Publicado por Ovidio el año 1 adC. (Tr.).
  13. «Est deus in nobis, sunt et commercia caeli / In nobis; de caelo spiritus ille venit» [SVP XI 283s], donde de caelo es erróneo, siendo lo correcto sedibus aethereis = de las etéreas sedes, según lo advierte a continuación el Escritor.
  14. Jer 14,9: Mas tú estás en nosotros, Señor.
  15. SVP X 189ss.
  16. CEME p. 35

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