El señor Vicente relee su vida (VIII)

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Bernard Kock · Translator: Máximo Agustín. · Year of first publication: 2008.
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Châtillon

corazonEn los mismos inicios de 1617, yo quería darme plenamente a la evangelización, ahora bien era difícil de llevar al mismo tiempo el cargo de preceptor, de capellán personal de la Señora de Gondi y el de pastor. El Padre de Bérulle me proponía este curato de Buenens y Châtillon. Acepté, y él comenzó los trámites ante Monseñor de Marquemont, Arzobispo y Conde de Lyon, para mi nombramiento. Yo no hablaba de nada con el Señor y la Señora de Gondi, temiendo mucho su intervención ante el Padre para hacer fracasar este proyecto que se iba afianzando en mí. Fue en julio de 1617 cuando me marchaba de París, alegando un corto viaje , y el sábado 29 de julio, en Lyon, mi nombramiento era firmado por el Vicario General, hallándose ausente el arzobispo. El martes 1º de agosto quedaba instalado solemnemente en la iglesia de Buenens después en la de Châtillon … exactamente cinco años y tres meses después de Clichy (de donde yo seguía párroco). Yo era recibido por el vicario y los sacerdotes de una Sociedad fundada en 1478 por Mons. Charles de Bourbon arzobispo de Lyon , con los Estatutos del 28 de octubre. Se trataba de una especie de Capítulo de sacerdotes encargados de decir el Oficio en común y de decir las numerosas misas fundadas por familias por sus difuntos. Participaban también en la administración de los sacramentos, y el arzobispo, desde la visita pastoral de 1614, había podido constatar su fidelidad a todo el oficio en común en la iglesia. De esta manera voy a poder continuar el ministerio en equipo de sacerdotes. Yo lo he evocado, mucho más tarde, el 13 de febrero de 1646, con las Hijas de la Caridad: era «un capítulo del que yo era el prior «.
El presbiterio había sido desgraciadamente alquilado en 1615 por Jean Séraud –anterior párroco- a Louis Gavend –cirujano- por seis años pero a partir del sábado 19 de agosto, mi conocimiento de la legislación me permitía pasar ante notario un acta que me autorizó entrar por San Martín –el 11 de noviembre- mediante por supuesto reembolso al locatario, a cargo para él de hacer rehacer la techumbre, Entretanto, me alojo en casa de Jean Beynier, el sub prior de la cofradía del Rosario . Yo escribía entonces al Señor de Gondi para decirle mi intención de no volver, explicándole que no tenía ninguna de las cualidades requeridas para ser preceptor en una familia tan noble . Con entusiasmo, me puse a trabajar, asistido del vicario y de los sacerdotes societarios: las actividades del ministerio, la visita de los pobres y de los enfermos. Guillaume Souvageon, el vicario, al retirarse pronto, tuve la ocasión de reemplazarle, desde el 15 de agosto, por Louis Girard, un sacerdote de la diócesis de Langres, que me secundó perfectamente.

El 20 de agosto de 1617,

«un domingo, cuando me revestía para decir la santa Misa, me vinieron a decir que en una casa apartada de las demás, a un cuarto de legua de allí, todo el mundo estaba enfermo, sin que quedara una sola persona para asistir a las demás… Estro me impresionó sensiblemente el corazón. No dejé de recomendarles en la homilía con afecto, y Dios, tocando el corazón de los que me escuchaban, hizo que se sintieran todos movidos a compasión hacia estos pobres afligidos.
Tras la comida, hubo una asamblea en casa de una buena señorita de la ciudad para ver qué socorro se les podía dar «.

«Después de las vísperas, hablé con un hombre honrado,… y nos pusimos en camino juntos para ir allá. Nos encontramos por el camino a mujeres que nos adelantaban, y un poco más adelante, a otras que volvían…Había tantas que diríais que se trataba de una procesión. Cuando llegué, visité a los enfermos, y me fui a buscar el Santísimo Sacramento para los más graves, no a la parroquia del lugar, pues no era una parroquia, sino que dependía de un capítulo del que yo era el prior.

Después entonces de haberlos confesado y comulgado, se trató de ver cómo se podía socorrer su necesidad. Propuse a toda aquella buena gente, a la que la caridad había animado a trasladarse allí, que se turnaran, cada una un día, para hacer el caldo, no sólo para aquellos sino para los que vinieran después; y es el primer lugar en que se estableció la caridad «.

Ocho damas se reunieron pronto. Luego trabajé en un pequeño reglamento, que les entregué el 23 de agosto . De paso, me había puesto a aprender el bressan, para mejor comunicar con la gente sencilla .

Entretanto, el Señor de Gondi había informado de mi decisión a la Señora, quien recibió su carta el 24 de septiembre y quien, muy pronto, me escribió largamente para suplicarme que volviera. Fue necesario pues contestarle como ella hacía intervenir al Señor de Bérulle. Yo les escribí que iría a Paris para reflexionar . Entonces yo tomé el reglamento de la Caridad de una manera más profunda. Apelaba a mis recuerdos de los reglamentos de los Camilianos y de los Hermanos de San Juan de Dios, así como a reglamentos de hospitales más antiguos, mi propia experiencia y, como lo haré siempre en delante, el diálogo con las Damas mismas. Este trabajo duró tres meses, entre el 24 de agosto y el 23 de noviembre. Por último, el 24 de noviembre daba a la Cofradía un reglamento completo .

«Dicha cofradía se llamará la cofradía de la Caridad, a imitación del hospital de la Caridad de Roma; y las personas de las que estará principalmente compuesta, Sirvientas de los pobres, o de la caridad «.

Es un reglamento de vida espiritual tanto como de actividades caritativas. Era además la costumbre en todas las cofradías asociar la vida cristiana a las actividades caritativas. En este reglamento, yo acentuaba la vida espiritual personal, a base de humildad, de sencillez y de caridad, con vista a un servicio de los pobres corporal y espiritual. Incluso les he señalado que lean cada día un capítulo de la Introducción a la vida devota . La diferencia con las demás cofradías es que no era ya asunto de una categoría social, o de un oficio, ni tampoco de una devoción particular, para bien de solos los miembros. Sino que ella reagrupaba a todas las damas que lo deseaban –nobles y no nobles- para servir a todos los pobres sin distinción . Otra diferencia es que la gestión iba claramente unida por entero a las damas. El procurador no tenía voz más que con el mismo título que una de dichas sirvientas, y no era por fuerza ni siquiera un sacerdote, y el párroco también no tenía más que una voz, «como una de dichas sirvientas de los pobres «.

Ése es el hecho destacable de mi estancia en Châtillon. . Yo también he recordado muchas veces a lo largo de mi vida la conversión admirable del conde de Rougemont, espadachín incorregible, que había renunciado completamente a su espada y a los duelos, llegando a ser un gran bienhechor de los pobres y acabó por hacerse capuchino.

«He conocido a un gentilhombre, ya lo he dicho más veces, un gentilhombre de Bresse, llamado el Sr. Rougemont, que había sido un franco ilustrador; era un gran hombre, bien hecho, que se había visto a menudo en circunstancias en que le pedían otros gentilhombres que tenían querellas , o él mismo citando a duelo a los que no andaban derecho con él. Él me lo ha contado, y es increíble con cuánta gente se ha batido, a cuántos ha herido o dado la muerte. Por fin Dios le tocó tan eficazmente, que entró en sí mismo, y reconociendo el estado triste en que se encontraba, resolvió cambiar de vida, y así lo hizo. Desde este cambio, habiendo permanecido por algún tiempo en la fase inicial y en su progreso, llegó hasta pedir a Monseñor de Lyon tener el Santísimo Sacramento en su capilla, para poder en ella honrar a Nuestro Señor mantener su piedad que era singular y conocida de todo el mundo; lo que me dio un día el deseo de ir a verlo a su casa, donde él me contó las prácticas de su devoción y, entre otras, la de su desprendimiento de las criaturas. ‘Yo estoy seguro, me decía él, que si no me apego a nada, yo me acercaré más Dios, que es mi única aspiración; y para ello, considero si la amistad de un tal señor, de un tal pariente, de un tal vecino me detiene, si es el amor de mí mismo el que me impide ir, si son mis bienes o la vanidad los que me atan, si son mis asuntos o mis placeres los que me retardan; y cuando me doy cuenta que algo me desvía de mi soberano bien, yo pido, corto, zanjo, me salgo de ese lugar. Ésos son mis ejercicios’.

Me dijo esto en particular, no lo he olvidado nunca, que un día yendo de viaje, como, de ordinario, se ocupaba de Dios, se examinó si, desde el tiempo que había renunciado a todo, le había quedado o sucedido alguna atadura; recorrió sus pertenencias, sus bienes, sus alianzas, su reputación, las grandezas, los pequeños goces del corazón humano; se vuelve, gira, por fin caen sus ojos sobre su espada. ‘¿Por qué la llevas, pensó él, cuánto sufriría yo sin ella? Qué, dejar esta querida espada que me ha servido tanto en tantas ocasiones y que, después de Dios, me ha sacado de mil peligros! Si me atacaran otra vez, estaría perdido sin ella. Pero también te puede suceder alguna querella en la que tú no tendrías la fuerza, llevando espada, de no servirte de ella, y tú ofenderás a Dios de nuevo. ¿Qué haré, Dios mío, dijo, semejante instrumento de mi vergüenza y de mi pecado es capaz de dominarme? No encuentro otra cosa que esta espada en mi camino, oh, no seré más tan cobarde como para seguir llevándola’. Y, en ese instante, hallándose frente a una gran piedra, se apea del caballo, empuña esta espada, la golpea contra esta piedra, y tic tac, tic y tac; al fin la rompe, la hace añicos, y se marcha. Me dijo que este acto de desprendimiento, rompiendo esta cadena que le tenía cautivo, le dio una libertad tan grande que, aunque fuera contra la inclinación de su corazón, que quería a esta espada, nunca más había tenido apego a cosa perecedera; ya sólo dependía de Dios «.

Había prometido al Señor de Gondi ir a París a consultar al Padre de Bérulle. Salía pues de Châtillon en diciembre. Llegaba a París el 23 y me dirigía enseguida a deliberar con el Señor de Bérulle . Se reveló más prudente volver a la familia de Gondi, puesto que la Parroquia de Châtillon estaba en condiciones de mantenerse en el buen camino, con los buenos sacerdotes que habían actuado conmigo, y con la Cofradía, que se había consolidado y afirmado y cuyo libro de cuentas Louis Girard ya había tomado en mano . Al día siguiente, 24 de diciembre de 1617, víspera de Navidad, yo volvía pues a mi alojamiento en casa de los Gondi, Desde mi llegado, el Señor y la Señora comprendiendo mis aspiraciones, me liberaban de la carga de preceptor, ofreciéndome sus posesiones un campo tan vasto de acción. Poníamos en marcha un plan de evangelización. Al sacar las conclusiones, el 31 de enero de 1618, yo renunciaba al curato de Châtillon, para entregarme, con gozo y determinación, por completo a las misiones.

«Todo entregado a Dios»

1618: se pasa una página grande….Después de una larga preparación, había encontrado confirmación de mi camino: «entregado a Dios tras los pasos de Jesucristo, para el servicio de los pobres «. Este movimiento de entrega, prometido en 1615 o 1616, había coincidido con la desaparición de las tentaciones contra la fe que me habían atormentado durante tres o cuatro años…Ahora, gracias a la confirmación por los acontecimientos, los ánimos de la Señora de Gondi y la generosidad de las damas de Châtillon, yo veía casi con claridad este resorte de mi vida cristiana y apostólica:

«El pobre pueblo se condena por no saber las cosas necesarias para la salvación y por no confesarse «.

«Trabajar por la salvación de la pobre gente de los campos, ahí está el capital de nuestra vocación, y todo lo demás es accesorio. […] Es expresar la vocación de Jesucristo […]. Lo principal de Nuestro Señor era trabajar por los pobres.

Nuestro Señor está en los pobres.

Sirviendo a los pobres, se sirve a Jesucristo «.

De mis experiencias de Folleville y de Châtillon, conservaba un objetivo, de doble cara: salvar las almas y aliviar los cuerpos, pero sobre todo por medios precisos: en primer lugar la importancia de un tiempo fuerte de despertar, para una parroquia, con la llamada a la confesión general. Luego la importancia de actuar varios a la vez: con otros sacerdotes y con los laicos. Evangelizar es también proponerse hacer o rehacer un tejido humano, impregnar de fe y de oración toda la vida, la vida del oficio, y la vida caritativa. Por último yo retenía la importancia de vivir de Dios, con Dios, ya que, en verdad, es él quien obra. Aquello, con toda seguridad, no era una conversión brusca, ya lo habéis visto: mi larga preparación me había dado verdaderamente pie para pasar a las obras: una profunda armazón espiritual y una corriente viva de la gracia divina, a la que la súplica, la oración nos abre así como el olvido de sí… En una palabra, para ser misionero de verdad, hay que «vaciarnos de nosotros mismos para revestirnos de Jesucristo «.

Sí, tenía ya los fundamentos doctrinales de mi vida y de mi acción, que después he ido desarrollando ampliamente:

  • Unir la contemplación y la vida concreta, activa. Había conocido a los Cartujos, la sola Orden que no había necesitado de reforma, y que, en la contemplación, unía el apostolado mediante la publicación de libros, y a mí me gustaba particularmente la fórmula: «Cartujo en la casa, apóstol en la campaña «.
  • Creados a semejanza de la Trinidad, unidad de tres personas que se comunican todo, tenemos que vivir entre nosotros esta comunicación .
  • Constituidos en el cuerpo místico de Cristo por el Bautismo , tenemos que continuar su encarnación. En pos de él, estamos «destinados a representar la bondad de Dios para con estos pobres enfermos «.

Comprendo también la importancia de una buena base humana, mi aptitud en las relaciones y mi conocimiento del derecho, de los procesos y de la gestión, que yo utilizaba primero para con mi familia, descubro que es muy útil para el bien de los pobres. E incluso, comienzo a ver una significación providencial en mi carrera a los beneficios; sin desinteresarme de mi familia, comprendo ahora el sentido del dinero: Sin él, los pobres no pueden nada, y no se puede nada para ellos… El dinero es su vida… Para servirles, es necesario poder vivir sin pedirles nada, y más aún, hay que poder ofrecerles recursos y remedios… De aquí en adelante, voy pues a continuar buscando rentas! Pero no será ya para gratificar a mi familia. Será para poder ayudar a los pobres, pues el dinero, «el bien de la casa, […] es el bien de Dios, el bien de los pobres «. Y pues, «estamos obligados a tener algún bien, y hacerle producir para subvencionar todo «.

Misionero

Siete largos años van ante todo a transcurrir, en la misma línea que los tres precedentes: misionar sólo en los pueblos de las tierras de los Gondi, y sin embargo de manera muy diferente. Entregado del todo a estas misiones a las pobres gentes de los campos, tengo ahora mi estilo bien personal, colaborando no sólo con otros sacerdotes, como lo hacen de tiempo inmemorial dominicos, franciscanos, capuchinos, jesuitas, oratorianos, pero también los laicos: la misión prepara así su asociación en Cofradía de Caridad que continuará el servicio de los pobres por mucho tiempo tras la partida de los misioneros. Desde febrero de 1618, en Villepreux, cerca de Versalles –tierra del Señor de Gondi- su Caridad se funda el 23 . Después de Villepreux, fue Joigny, al sur de Sens, cuyo conde es el Señor de Gondi, sucediendo a su tío, el arzobispo de París, muerto en 1616. Algo al noroeste se encuentra Villecien y el castillo de Fey, tierra de Isabelle de Hennequin; llegué a conocer con ella y su familia, a su hermano Antoine, quienes ya me han visto cuando visitaban a su primo Alexandre en Clichy. Se hallan en proceso con los Gondi, por cuestiones de feudo. En el verano, se reconciliaban, y no osaré decir que yo tuve algo que ver en ello . En lo sucesivo, fue Montmirail, en Champaña, después Folleville, Paillart, Sérévillers, cerca de Amiens, tierras de la Señora de Gondi. Y, progresivamente, fuimos a cantidad de otros lugares más. La Señora de Gondi participaba en las Misiones, preparando a las damas en el servicio de los pobres. En todas partes, su firma aparece en las actas de establecimiento de las Caridades, y ella trabajaba en ellas en cada lugar donde la familia venía a residir .
En estas misiones, me encontraba a veces con Hugonotes –como se designaba entonces a los protestantes. En Montmirail, por ejemplo, en 1620 uno de ellos me objetó que la Iglesia católica no puede ser la verdadera, porque sus sacerdotes abandonan a los pobres para amontonarse en la ciudad… El año siguiente, en Marchais –pueblo vecino- al ver los progresos de los pobres campesinos y de los niños, volvió a la Iglesia católica. Aquello me afirmó más en mi elección de ir a los pobres del campo . Pero el Señor de Gondi era General de las galeras, y pensáis bien que yo no había esperado lograr poder acercarme a los forzados, darme cuenta del modo que se los trataba, y buscar poner remedio. Por eso, el 8 de febrero de 1619, yo era nombrado por el rey Capellán General de las Galeras .

Pero volvamos atrás un poco. En noviembre de 1618, Monseñor Francisco de Sales, obispo de Ginebra –ocupada por los Calvinistas – y residiendo en Annecy, había llegado a París, cuando yo misionaba en Montmirail . Cuando regresé a París a último de diciembre de 1618, pude por fin llegar a conocerle, y muy pronto tuvimos conversaciones de toda confianza y muy profundas.

«Yo me he sentido verdaderamente honrado con frecuencia por su familiaridad […] Él recibía a toda clase de gente […] acomodándose a la capacidad de cada uno […] Su dulzura y su bondad se desbordaban sobre los que eran favorecidos con sus conversaciones, y yo lo fui».

Y más tarde, al acordarme de él, me decía: «Qué bueno eres, Dios; Dios mío, qué bueno eres, pues hay tanta suavidad en Monseñor Francisco de Sales, tu criatura! »

El 6 de abril de 1619, la Madre Jeanne-Françoise Frémiot de Chantal llegaba también a París con algunas religiosas de la Visitación, para fundar allí un convento, inaugurado el 1º de Mayo con Francisco de Sales. Éste presentaba al arzobispo, como primer superior eclesiástico de las Visitandinas, al párroco de Saint Jacques de la Boucherie, Charles de la Saussaye . Y el 13 de septiembre de 1619, Francisco de Sales dejaba París. No volvería más, pero seguimos en relación hasta su muerte en 1622 . Charles de La Saussaye murió en diciembre de 1621 y fue de acuerdo con Francisco de Sales como la Madre de Chantal me propuso al Obispo de París al principio de 1622, para ser el superior eclesiástico del convento de París. La Madre de Chantal partió para Annecy el 22 de febrero de 1622, pero yo mantenía relación con ella, hasta su muerte, el 13 de diciembre de 1641.

Entre tanto, yo había seguido las misiones en los campos y me había ocupado de los galeotes, en particular en Marsella. En septiembre de 1621, al regresar, yo creo de Marsella, había hecho una etapa en Mâcon, alojándome en los Oratorianos. Desde 1610 existía en Mâcon una asociación comunal de socorro a los pobres, la Limosna, fundada por el canónigo Chandon, decano del Capítulo. Tan generosa como el Ayuntamiento, se sentía obligada con las gentes, en invierno, a socorrer a los miserables, esto atraía de lejos a los vagabundos y menesterosos, convertidos en invasores y exigentes…Andaban lejos de la organización rigurosa de mis Caridades. Me arriesgué a hablar y proponer un poco fr orden e incluso de severidad. Comenzaron a reírse de mí, luego el ayuntamiento, por un lado, y el Capítulo por el otro, lo discutieron, y finalmente, el 17 de septiembre, adoptaron mis propuestas. La organización que yo proponía no fue tenida como competidora, sino como un avance sobre la Limosna, sobre la propuesta del Canónigo Chandon, y aquello se convirtió en «la Caridad de la Limosna», diferente de mis Cofradías de Caridad en que no se dirigía sólo a los pobres sino a todos los pobres, y estaba bajo los auspicios del Ayuntamiento. Qué hermoso ejemplo, este Canónigo Chandon quien, lejos de ver en mí a un rival, ha aceptado la colaboración… Y desde la semana siguiente, participó él mismo en la visita de los barrios pobres, descubriendo la miseria de las niñas entregadas a la prostitución con todos los riesgos de epidemia… Podía ya reemprender mi camino, a finales de mes, hacia París .

Encontrar sacerdotes para trabajar conmigo en estas misiones no era siempre cosa fácil, llegaba a convertirse en un problema. Había que asegurar la continuidad. El ideal era confiárselas a una Congregación. Jesuitas, Oratorianos, y otras. Informados, se negaron. Finalmente, una solución se imponía: instituir nosotros mismos una asociación de sacerdotes… El Señor y la Señora de Gondi lo pensaban… la idea me seducía… Pero ¿era ésa la voluntad de Dios?

«Hice un retiro, en Soissons, para conseguir la gracia de no verme más en estos apuros y esto me fue concedido … «

Entonces, viendo que yo no buscaba ya mi propia satisfacción sino tan sólo la voluntad de Dios, manifestada por el pensamiento de mis nobles protectores, me ha parecido que podía aceptar su propuesta de aceptar una casa donde podría vivir una pequeña comunidad de sacerdotes. Sin embargo, había que darle vida… y por lo tanto el problema de las rentas se planteaba de nuevo. En este fin de año de 1623, consigo de roma mi nombramiento de prior de Grosse Sauve, al sur de Langres. Para poder tomar posesión sin esperar ir allí yo mismo, hago establecer una procuración, el 7 de febrero de 1624, para que un hombre de Langres pueda ir . Ay, ¿saldré alguna vez de mis errores de cálculo? Resulta que desde el 22 de junio de de 1623, el obispo de Langres había unido este priorato a la comunidad del Oratorio de Langres que él había llamado a su diócesis en 1616! Ni Roma, supongo, ni yo, conocíamos esta atribución. Era mejor retirarme, pero ello arriesgaba de todas las maneras ponerme en posición delicada con el Señor de Bérulle, si se enteraba… Incluso si había ya un proceso para este priorato entre el obispo y un capítulo . Por suerte, durante este tiempo, los Gondi se habían ocupado en buscarnos una casa, de manera que, tres semanas después de esta procuración, el 1º de marzo de 1624, soy nombrado principal del viejo Colegio de los Bons-Enfants, viejo edificio en bastante lastimoso estado .

En 1624, Las galeras estaban aún en Burdeos, para poner a punto las embarcaciones, las tripulaciones y la chiourme que designaba a los galeotes, después de una acción contra los Protestantes de La Rochelle en el otoño de 1622. Yo debía partir al punto para una misión a los galeotes. Firmé pues una procuración a uno de mis primeros compañeros de misión para que tomara posesión: era Antoine Portail, ya conocido en Clichy . Salí pues para Burdeos, dando la misión, como cada vez –no ya solo, sino con algunos sacerdotes y religiosos, en particular jesuitas .

«Me había dejado persuadir para ir a ver mi país y a mi familia…»

Sentí tanto dolor al dejar a mis pobres parientes que no hice más que llorar por todo el camino, y casi sin cesar. A estas lágrimas sucedió el pensamiento de ayudarles y colocarlos en mejor situación, dar a uno esto, a la otra aquello. Mi espíritu enternecido les repartía así lo que yo tenía y lo que no tenía…Tres meses anduve con esta pasión importuna de favorecer a mis hermanos y a mis hermanas…Pedía a Dios que me librara de esta tentación… y, aunque hayan estado viviendo de limosna y lo estén todavía, me ha concedido la gracia de encomendarlos a su Providencia «.

Yo no los he abandonado a pesar de todo: mientras vigilaba para no usar para ellos los bienes de los pobres, he ayudado a la Providencia, encontrándoles bienhechores, como al canónigo Jean de Fonteneil, de Burdeos, Charles du Fresne, secretario de la reina Margot, luego del Señor de Gondi, al canónigo de San Martín, de Dax, al marqués de Poyanne, gobernador de Dax… Incluso he ido en una ocasión a pedir la limosna a la Señora de Maignelais, hermana del Sr. de Gondi, para uno de mis sobrinos que había venido a verme a París y que no tenía ni para el viaje de vuelta .

A finales de este año de 1624, o quizás a primeros de 1625, una joven viuda, Luisa de Marillac –Señorita Legras- por el nombre de su marido, comenzó a confiarme su vida espiritual y los problemas de la educación de su hijo («Señora» estaba entonces reservado a las mujeres de señores). Ella era muy piadosa, visitaba desde hacía mucho a los pobres, ella también se había encontrado con Francisco de Sales, luego con su amigo, Monseñor Camus.

Un año después de la atribución del Colegio de los Bons-Enfants, el 17 de abril de 1625, el Señor y la Señora de Gondi materializaban nuestro sueño: asegurar la perennidad de las misiones a los pobres, invirtiendo ellos mismos una fundación en dinero, no más de 16 000 libras, como la Señora había pensado en un principio, pero de más de 45 000 libras, a nombre de nuestra «piadosa asociación de algunos eclesiásticos » Necesitábamos todavía encontrar compañeros… Por el momento, no había aún estables más que el Sr. Antonio Portail. Pero ya era hora! De salud frágil, gastada por su entrega durante las misiones desde hacía 8 años, la Señora de Gondi fallecía dos meses más tarde, el 23 de junio de 1625 . Nunca olvidaré la parte que ella ha tenido en el origen de la Misión al servicio de los pobres, lo mismo que a su marido. Ella es verdaderamente «nuestra fundadora «.

El lunes 20 de octubre de 1625, yo recibo una suma de dinero, ante notario . El contrato de fundación estipulaba que me quedara en su misión, pero el Señor de Gondi comprendió que yo debía animar en cada lugar al grupo de misioneros que iba a formarse, y yo me fui a residir a los Bons-Enfants, hacia noviembre de 1625. El Señor de Gondi, por su parte, se había entregado poco a poco a Dios de tal manera que entró en el oratorio el 6 de abril siguiente, 1626, para ser sacerdote . En los Bons-Enfants, con Antonio Portail, nos unimos a un buen sacerdote, concediéndole 50 escudos al año, y «nos íbamos así los tres a predicar y dar la misión de pueblo en pueblo. Al salir, le entregábamos la llave a alguno de los vecinos o nosotros mismos les pedíamos que fueran a dormir por la noche en la casa. Entretanto yo no tenía para todo más que una sola predicación, que cambiaba de mil formas: era del temor de Dios…Y Dios… dio algunas bendiciones a nuestros trabajos; al verlo, algunos buenos eclesiásticos se nos juntaron y pidieron estar con nosotros «. De los que llegaron, tres sólo, un año después, consintieron quedarse conmigo en comunidad.

Así las cosas, los sucesos políticos seguían su curso. Richelieu, obispo de Luçon, metido en las esferas de la política a partir de 1615 por la reina madre, hecho cardenal el 5 de septiembre de 1622, había sabido hacerse indispensable al joven Luis XIII. Ya en el consejo del rey el 29 de abril de 1624, él era la cabeza apenas cuatro meses más tarde, el 13 de agosto…. Era él quien iba a dirigir la política de Francia, y yo no sabía aún cuántas cosa tendría que tratar con él. Un año después de nuestro contrato de fundación, nuestra comunidad tomaba forma –el 4 de septiembre de 1626- por el Acta de Asociación de los tres misioneros, el fiel Antonio Portail y dos sacerdotes de la diócesis de Amiens: François du Coudray y Jean de la Salle, que seguían conmigo, «para vivir juntos en forma de Congregación, Compañía o Cofradía, y emplearnos en la salvación del pobre pueblo de los campos «. Y como no me olvidaba por la pobreza de mis hermanos y hermanas, aquel mismo 4 de septiembre, ante los mismos notarios del Châtelet de París –Saulnier y Charles- les hacía entrega de mi pequeña parte de los bienes, «tanto muebles como inmuebles paternos «. Fue en el transcurso de este año cuando renunciaba al curato de Clichy a favor de Jean Souillard, por el precio de cien libras turnesas de pensión que deberá entregarme durante cuatro años . Podéis ver que yo no regalaba nada todavía, pero era la costumbre: una especie de salario por el beneficio que sacaba de esta cesión de las rentas del curato… Además, ahora, era para las misiones a los pobres.

Hasta el año siguiente, el 8 de junio de 1627, nuestro nombre no se precisará «Sociedad o Comunidad de los Sacerdotes de la Misión», después simplemente «Congregación o Sociedad de la Misión».

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