Luisa de Marillac y los sacerdotes de la Misión

Francisco Javier Fernández ChentoEn tiempos de Vicente de Paúl0 Comments

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Autor: Elisabeth Charpy, H.C. · Traductor: Luis Huerga Astorga, C.M.. .
Tiempo de lectura estimado: 20 minutos

No ha quedado memoria de la fecha de la primera entrevista de Luisa de Marillac con Vicente de Paúl, quienes ya se habían visto por las calles de París: sus domicilios no distaban mucho uno de otro. Vicente se alojaba en la mansión Gondi, rue Pavée, parroquia de San Salvador; Luisa vivía en rue Courteau Villain, parroquia de San Nicolás de los Campos.

Según ella misma advierte en la Luz de Pentecostés, Luisa había sentido cierta repugnancia en cuanto a aceptar a Vicente como director espiritual: no tenía la elegancia de un Francisco de Sales, o de un Juan Pedro Camus, su director previo, ahora obispo de Belley.

Dichosa de tener un director espiritual que viva en París, Luisa de Marillac quiere que esté siempre presente, que sea accesible cuando quiera ella lo crea preciso. Se entera entonces de que Vicente de Paúl acaba de firmar un acta de asociación con otros tres sacerdotes: ¿perderá a su director? ¿Quién la asistirá cuando esté necesitada de consuelo, cuando haya de comunicar sus inquietudes, plantear sus múltiples cuestiones?

Luisa desea obtener información sobra esta asociación piadosa. Sólo Vicente de Paúl se la puede dar: ¿recibe todas las noticias que requiere en una entrevista, o Vicente mismo le da a leer el contrato de fundación, firmado por la familia Gondi el 17 de abril de 1625, y el acta de asociación del 4 de septiembre de 1626? Luisa reflexiona sobre lo que ha sabido y, como gusta de hacerlo en cada suceso importante de su vida, pone las propias reflexiones por escrito.

Cómo ve Luisa la asociación

El fin de la Asociación tiene por principio el conocimiento propio y el desprecio del mundo1SLM, 674.

La asociación se presenta a la mirada de Luisa como un medio de santificación para sus miembros. Esto la debiera tranquilizar. Su director podrá así guiarla tanto mejor por el camino del propio conocimiento y, en consecuencia, por el de la apertura a Dios. En el acta de protesta que Luisa escribió, sin duda a poco de quedar viuda, dice:

Imploro desde ahora la asistencia del Espíritu Santo para que me envíe prontamente la gracia de convertirme, ya que no quiero permanecer ni un solo instante desagradando a Dios. Esta es mi voluntad irrevocable que confirmo en presencia de mi Dios, de la Santísima Virgen y del Angel de mi Guarda y todos los Santos, ante la faz de la Santa Iglesia militante que me oye en la persona de mi padre espiritual que, al ocupar para mi en la tierra el lugar de Dios, debe, por favor, con su caritativa dirección ayudarme a llevar a la práctica estas mis resoluciones y hacerme cumplir la santa voluntad de obedecerle en esto2SLM, 668-669.

Luisa advierte que el desprecio del mundo profesado por la asociación se traduce en renuncia de todos los beneficios y de todos los honores. Es una actitud opuesta a lo vivido entre el clero del siglo

XVII. Vicente de Paúl mismo ha corrido tras los beneficios. Estos sacerdotes desean, pues, vivir realmente la pobreza evangélica. Luisa de Marillac está de acuerdo con ellos: ¡había deseado a tal punto abrazar la vida pobre y austera de las religiosas capuchinas! Un proyecto que se frustró. Vicente de Paúl podrá ahora conducirla por la vía de la pobreza. Pobreza cuyo ardiente deseo registra la primera frase del reglamento de vida de Luisa:

Que esté siempre en mi corazón el deseo de la santa pobreza, para que libre de todo, siga a Jesucristo y sirva con toda humildad y mansedumbre a mi prójimo, viviendo en obediencia y castidad toda mi vida, honrando la pobreza de Jesucristo, que Él guardó con tanta perfección3SLM, 671.

Luisa de Marillac queda bien apercibida de que estos sacerdotes son misioneros: van a diversas parroquias para predicar, instruir, administrar dignamente los sacramentos.

Y con este propósito de servir a la Iglesia… para cooperar cuanto puedan con el amor de Dios en la salvación de las almas; a ello ha de servir mucho su buen ejemplo y las instrucciones que den sobre los ejercicios del cristiano y la recepción de los sacramentos, bien administrados en la Santa Iglesia; así será cuando haya solamente buenos sacerdotes y redundará en aumento de la gloria de Dios4SLM, 674.

La vida de estos misioneros quiere ser continuación de la de Jesucristo, que vino a la tierra para la salvación de los hombres. Estos misioneros sirven a la Iglesia: hacen que Dios sea conocido, y enseñan a la población rural cómo amarle y servirle. Laboran por la gloria de Dios, cuyo reino y su justicia procuran establecer:

Con el Hijo de Dios, quien, desprendiéndose, en cierto modo, personalmente de su Padre, quiso tomar nuestra carne por la salvación de los hombres, y, así, ellos se desprenden enteramente de todo lo que podría impedirles trabajar en este fin para la gloria de Dios5SLM, 674.

Luisa de Marillac manifiesta en sus escritos esa misma ansia de salvación para los hombres. Ruega frecuentemente a la Virgen María por la salvación del mundo:

Ten compasión, Santísima Virgen, de todas las almas rescatadas por el Hijo de Dios y tuyo. Muestra a la Justicia divina los purísimos pechos que le han ofrecido la sangre derramada en la muerte de tu divino Hijo para nuestra Redención, a fin de que el mérito de ésta sea aplicado a todas las almas de los agonizantes para darles una completa conversión, y a nosotros, alcánzanos con tus súplicas todo aquello de que tenemos necesidad para glorificar a Dios eternamente6SLM, 670.

Vicente de Paúl ha explicado a Luisa que los sacerdotes signatarios del acta de asociación eligen vivir juntos a manera de congregación, compañía o cofradía. Luisa se pregunta si esta vida en común no sustraerá de la dirigida todavía más al director. Se esfuerza, pues, por comprender la importancia de esa vida en común, y descubre toda su grandeza:

Además, honran a la Santísima Trinidad por la gran unión que reina entre ellos, no obligada ni impuesta a la fuerza, sino mantenida por una grata necesidad que la cordialidad fomenta en un mutuo amor7SLM, 674.

Los textos del contrato de fundación y del acta de asociación no mencionan para nada la Santísima Trinidad: ¿fue Luisa quien descubrió en la meditación toda la riqueza de este misterio, imagen de la unidad en la diversidad? ¿O le habló de ello Vicente de Paúl? Éste proponía el culto de la Santísima Trinidad, en 1617, a las señoras de la Cofradía de la Caridad de Châtillon-les-Dombes. En la bula de aprobación, le será dada a la Congregación de la Misión por el sumo pontífice como patrona, la Santísima Trinidad. Como modelo de comunidad fraterna, Luisa gusta de presentar a las Hijas de la Caridad la vida trinitaria, vida toda de amor y de entrega:

Me ha parecido que para ser fieles a Dios, debíamos vivir en gran unión unas con otras, y que así como el Espíritu Santo es la unión del Padre y del Hijo, así también la vida que voluntariamente hemos emprendido debe transcurrir en esa unión de los corazones8SLM, 756

Luisa de Marillac capta la grandeza del designio de Dios en la fundación de la Congregación de la Misión. No quiere oponerse a su acción, no desea acaparar ella sola a su director, Vicente de Paúl. Ansía que esta nueva asociación cumpla a la perfección con la tarea que Dios le ha encomendado. Como lo hará más adelante para con la Compañía de las Hijas de la Caridad, Luisa confía la Congregación de la Misión a la Virgen, Madre de Dios. María dio a luz a Jesús, le educó, le acompañó durante toda su vida, hasta el Calvario. Ella puede ayudar, sostener, consolar a quienes en la tierra ocupan el puesto de su Hijo. Otro texto de Luisa se escribe sin duda tras un período de reflexión:

Representar a la Santísima Virgen el fin de la Asociación como el que más puede honrar a Dios en la persona de su Hijo, puesto que se propone la perfección de los sacerdotes, que ocupan su lugar en la tierra y tienen el honor y el poder de hacerle presente tantas veces en los altares, y quieren ver revivir en su primer fervor la jerarquía eclesiástica9SLM, 674.

María afrontó el sufrimiento, la incomprensión. Está en situación de hacer compañía a quienes van en seguimiento de su Hijo crucificado:

Suplicarle que ofrezca a Dios el camino por el cual los llama, que es el de honrar la Cruz e imitar al Hijo de Dios, quien mediante la ignominia de este suplicio. unió la criatura a su Dios10SLM, 674.

Después de tan largas meditaciones, de tan prolijos espacios de oración, Luisa está cierta de que la Congregación de la Misión es en verdad obra de Dios. Suplica a María obtenga de su Hijo que el Espíritu Santo esté siempre con ellos y los conduzca cada día que transcurra:

Cómo también su designio es el de ayudar al prójimo a salvarse, y en cuanto a ellos, el de permanecer en inferioridad y sumisión a los demás; pedirle, por ello, igualmente, que alcance con sus súplicas la perfección de este espíritu en los presentes y en sus sucesores. Pedir, asimismo, a la Santísima Virgen… para que Dios se digne dirigirla enteramente por su Santo Espíritu como obra verdaderamente suya11SLM, 674-675.

Luisa de Marillac puede ir adelante. Puede tener en la Congregación de la Misión la misma confianza que en Vicente de Paúl. Dios les ha enderezado por este camino, para que juntos cumplan su voluntad. ¿Cómo? Aún no lo sabe muy bien. Su acta de ofrecimiento a María muestra que pone su vida en manos de la Virgen:

Soy toda tuya, Santísima Virgen, para ser más perfectamente de Dios. Y pues te pertenezco, enséñame a imitar tu santa vida, mediante el cumplimiento de lo que Dios quiere de mí. Con toda humildad reclamo tu ayuda; tú que conoces mi debilidad y ves mi corazón, dígnate suplir con tus súplicas lo que yo deje de hacer por mi impotencia y negligencia, y puesto que es de tu amado Hijo mi Redentor, de quien has recibido las heroicas virtudes que has practicado en este mundo, une el espíritu de mis acciones a su santa presencia, para gloria de su santo amor12SLM, 670.

Relaciones con los primeros misioneros

Tras la muerte del marido, sobrevenida el 21 de diciembre de 1625, Luisa tiene que mudar domicilio, obligada por la situación económica. Con su hijo Miguel, va a instalarse en la calle San Víctor. Desde aquí le resulta muy fácil ir la Colegio de los Buenos Hijos, sito en la misma calle. Allí reside Vicente desde finales del año 1625.

En la sucesión de sus visitas, Luisa va conociendo a los primeros compañeros de Vicente: Antonio Portail, sacerdote de 36 años, oriundo de la diócesis de Arles, y otros dos sacerdotes que provienen de la de Amiens: Francisco du Coudray1340 años y Juan de la Salle1428 años. Según concluye el año 1926, Luisa conoce a Juan Bécu, con 10 años de sacerdocio, que procede del Somme, y a Antonio Lucas1526 años, parisino, todavía seminarista. Luisa tiene entonces 35 años.

En el plano de las Cofradías de la Caridad

Desde las primeras reuniones con su dirigida, Vicente orienta a ésta hacia los pobres y la lleva a descubrir las Cofradías de la Caridad. Luisa se envuelve en ellas y colabora a esta obra caritativa. Se ve impelida a trabajar con los misioneros. En octubre de 1627, Luisa recibe en su casa la visita de Francisco du Coudray, portador de una carta de Vicente de Paúl. Viene a buscar la suma de 50 libras que destina a los pobres de las Cofradías la señorita Isabel du Fay, prima de Luisa. En abril de 1630, por consejo de Vicente, Luisa va a visitar la Cofradía de Villepreux. Comprueba durante su transcurso la ignorancia de las niñas pobres. El maestro sólo puede admitir a niños, pues está formalmente prohibida por el rey y por la Iglesia la escuela mixta. Luisa se fija en una joven, Germana, que se comprometería a la instrucción de las niñas. Mas ¿puede ella sola decidirlo, después que el cura párroco ha tomado tan a mal su intervención en las Señoras de la Caridad? Por consejo de Vicente de Paúl tuvo que ir a disculparse:

Es muy difícil, señorita, hacer algún bien sin contrariedades; y puesto que debemos, en cuanto nos sea posible, consolar las penas de los demás, creo que haría usted un acto agradable a Dios si visitara al señor párroco, le presentara sus excusas por haber hablado a las hermanas de la Caridad y a las jóvenes sin su permiso… y que esto le recordará su deber en el futuro, y que, si a él no le parece bien, no seguirá adelante… Un hermoso diamante vale más que una montaña de piedras, y un acto de virtud de aquiescencia y de sumisión vale más que un montón de buenas obras que se practican con los demás16I, 143-144.

Enriquecida con esta pequeña experiencia, Luisa habla de Germana a Vicente. Éste pide que exponga su proyecto al P. du Coudray, quien se personará en el lugar y negociará el asunto con el párroco y el maestro. A continuación informa Vicente a Luisa sobre los pasos dados:

Estas líneas son para rogarle que me dé noticias suyas y para darle algunas mías y de Germana. Por lo que a mí se refiere, las cosas son las de siempre; y de Germana, me indica el señor Du Coudray que ha empezado a hablar de ella con el señor párroco, con el señor Belin y con el maestro de escuela, y que ni los unos ni los otros se apartan de la propuesta que les ha hecho. Ya veremos lo que pasará17I, 157..

La propuesta de Luisa de Marillac será bien recibida. Durante años Germana enseña a las niñas de Villepreux. Vicente y Luisa lamentarán que no se uniera al grupo que originó las Hijas de la Caridad, pero respetaron su elección. En abril de 1631, es Juan Bécu quien trabaja con Luisa. Va a Montreuil para reunirse con ella, que pasa visita a esta Cofradía de la Caridad, establecida en 1627. Una carta de Vicente de Paúl precede a la llegada del misionero:

El señor Bécu dirá y hará todo lo que a usted le parezca oportuno, además de lo que yo le escribo; y si hay que hacer de manera distinta a lo que yo digo, hágalo, por favor18Documentos, n. 47.

¡Qué confianza entre Vicente de Paúl, los misioneros y Luisa de Marillac! Cada cual reconoce la competencia y buen hacer de los demás.

Una colaboración aún más activa toma cuerpo entre Luisa de Marillac y Juan de la Salle, misionero muy estimado de Vicente de Paúl. A comienzos del año 1630 Luisa va a Saint Cloud con objeto de establecer allí la Caridad. Para ayudarla designa Vicente de Paúl a Juan de la Salle. Éste responde el 9 de febrero a las cartas de Luisa:

Alabo a Dios por haberse dignado darle tan buen comienzo. No, Él no le negará ni el espíritu y nada de lo que se necesario para que todo redunde en su mayor gloria. Tratemos nosotros, solamente, de abandonarlo todo entre sus manos. Mucho me alegra el celo de esas buenas Señoras de la Caridad y su devoción19Documentos, n. 25.

Juan de la Salle precisa a continuación el funcionamiento habitual de las Cofradías en cuanto a la admisión de enfermos y sobre la vida espiritual de los miembros. En octubre del mismo año, Luisa está en Montmirail. Y envía a Vicente una relación de la visita que acaba de pasar. Juan de la Salle es ahora el encargado de responder a las preguntas de Luisa de Marillac.

La mutua colaboración alcanza una efectividad todavía mayor en Liancourt el mes de agosto de 1635. La duquesa, gran amiga de Luisa de Marillac, quiere establecer la Cofradía de la Caridad en sus tierras. Pero tiene ideas muy fijas: desea una casa pequeña, especie de hospital, y en ella admitir algunos enfermos. Allí se efectuará la distribución de socorros y medicamentos a quienes los necesiten. Luisa presiente que la visita a domicilio, base y esencia de las Cofradías, corre riesgo de suprimirse. Pero le es muy difícil oponerse a su amiga. Vicente de Paúl manda a Juan de la Salle, cuyo trabajo humilde, preciso y eficaz aprecia Luisa. Será él quien ponga a punto el reglamento de la Cofradía. Cuando en mayo de 1637 quiera Luisa poner en marcha la Cofradía en La Chapelle, aldehuela en los alrededores de París, donde se ubicaba entonces la casa-madre de las Hijas de la Caridad, acudirá al P. de La Salle antes que a nadie.

Vicente de Paúl, que sabe la admiración y la amistad de Luisa para con Juan de La Salle, se toma el trabajo de advertirla, en términos llenos de dulzura, sobre la muerte que ronda al celoso misionero:

Señorita, hay que reaccionar contra lo que nos desagrada, y romper el corazón o ablandarlo para prepararlo a todo. Parece como si Nuestro Señor quisiera tomar su parte en la pequeña Compañía. Ella es totalmente para Él, según espero, y tiene derecho a utilizarla como mejor le parezca. En cuanto a mí, mi mayor deseo es no desear más que el cumplimiento de su santa voluntad. No puedo expresarle hasta qué punto va adelante nuestro enfermo en esta práctica; por eso mismo parece como si Nuestro Señor quisiera colocarlo en un lugar donde pueda vivir más felizmente durante toda la eternidad. ¡Oh, quién nos diera la sumisión de nuestros sentimientos y de nuestra razón a esa adorable voluntad! Lo hará el autor de estos sentimientos y de esta razón, si no nos servimos de ellos más que en él y por él. Pidámosle que usted y yo mismo tengamos siempre un mismo querer y no querer con él y en él, ya que eso sería un paraíso anticipado en esta vida20I, 570.

Juan de la Salle fallece en París el 9 de octubre de 1639. Alma sensible, Luisa acusa dolorosamente el deceso de un misionero cuya claridad de espíritu y hondura de pensamiento ella tanto estimaba.

A propósito de su hijo Miguel

Durante los viajes misioneros de la madre, se aloja a Miguel Le Gras en el Colegio de los Buenos Hijos. Vela sobre él Vicente de Paúl mismo, o bien le confía a alguno de sus jóvenes misioneros. En mayo de 1630, cuando tiene 17 años, es Roberto de Sergis quien le asiste. Vicente escribe a la madre siempre inquieta:

El pequeño Miguel está bien; el hermano Roberto 6 ha ido a verlo de mi parte. Me ha dicho que está alegre y contento. Estélo también usted, señorita, se lo suplico, ya que a Dios le agrada21I, 147.

Más tarde serán el P. Francisco Souffliers y el P. Pillé quienes velen sobre Miguel. Pero estos misioneros hace poco que están en la Congregación, uno o dos años. Luisa pide misioneros más hechos, de más edad. Al parecer Vicente no acepta que rehuse la confianza a los más jóvenes:

El padre du Coudray no tenía nada que decirle de su hijo, ni yo tampoco, a no ser preguntar si le agrada su estancia en Bons-Enfants… El padre du Coudray no tenía el encargo de hablarle de este asunto22I, 412

Miguel demuestra poco atractivo hacia el trabajo, y está siempre cambiando de opinión en cuanto a su porvenir. Por lo que hace a Luisa, siempre sabrá expresar su reconocimiento a Vicente de Paúl y a los misioneros por todo lo hecho a favor de su hijo. En 1646, envía a Vicente un cuadre de la Virgen, pintado sin duda por ella misma:

No ha sido mi intención ni mucho menos que ese cuadro de la santísima Virgen… sino para que sirviera de adorno a un altar dedicado a la santísima Virgen, y reparar de algún modo las faltas de mi hijo, utilizando en su confección algunas alhajas que me quedaban. Por eso, padre, le ruego muy humildemente que lo acepte para su iglesia, ya que he sido tan desgraciada que el delito ha salido de una de sus casas precisamente por medio de este hijo mío23II, 492.

Después de fundadas las Hijas de la Caridad

La Compañía de las Hijas de la Caridad, fundada el 29 de noviembre de 1633, al igual que la Congregación de la Misión, fundada el 17 de abril de 1625, son, en esta primera mitad de siglo XVII, comunidades nuevas. A mucha gente joven, a menudo de las mismas aldeas y de las mismas familias, la atrae su estilo de vida, su compromiso a favor de los pobres y su espiritualidad.

Fraternidad en las relaciones

Hermanos y hermanas, primos y primas entran, los unos en los Sacerdotes de la Misión, las otras en las Hijas de la Caridad. Las relaciones familiares son conocidas, aceptadas y estimuladas.

Los tres hermanos Bécu, Juan, Benito y Huberto van a la casa-madre de las Hijas de la Caridad para visitar a su hermana María, primero enferma y luego moribunda, el año 1637. Algunos años después, Juan se inquieta de su hermana Magdalena, enviada al hospital de Angers. Luisa de Marillac escribe a la Hermana Sirviente:

El señor Bécu saluda a Sor Magdalena y pregunta si se porta bien, también a mí me gustaría saberlo24SLM, 269.

Catalina Baucher, que está en Brienne, recibe de Luisa noticias sobre sus hermanos, que han sido destinados: Eloy está ahora en la granja de Orsigny, Marino en Saintes. Luisa escribe también que su primo Albino Gontier ha ido a Turín, en Piamonte. Una carta de Luisa de Marillac a Juana Lepeintre, en Nantes, da noticias sobre la familia de Enriqueta Gesseaume, de su hermano Claudio, que está en Crécy con el P. Gallais, de su primo Chefdeville, que está en París: a uno y a otro les va maravillosamente bien.

En las comunidades se habla de los hermanos “lazaristas”. En Angers, las Hermanas saben que Catalina Huitmill, deseosa de dejar la Compañía, teme ver a Luisa de Marillac no menos que a su hermano Felipe, el cual la coaccionó tal vez a hacerse Hija de la Caridad. En Calais, Francisca Manceau, antes de morir, suplica a su compañera María Poulet se lo haga saber a su hermano Nicolás, que está en Richelieu. Otro hermano suyo, Simón, sacerdote de la Misión también, ha muerto siete años antes. En Arras, Margarita Chétif recibe la visita de Nicolás Rose, que llega para pasar algún tiempo con la familia. Le habla de su hermana Ana, Hija de la Caridad, sujeta a bastantes pruebas en París. Le pide que haga cuanto esté en su mano para que la destinen cerca de la familia.

Estas relaciones fraternas se extienden también a las familias. En 1646 el P. Portail visita a la señora Delacroix: está inquieta a causa de sus hijas Juana y Renata, por rumores difundidos en Le Mans. Se dice que todas estas jóvenes enviadas a París están destinadas a Canadá, donde serán casadas con indígenas. Se ha reclutado a hombres de la región con destino a este país lejano, recién colonizado por Francia. El P. Portail, que no consigue calmar a la madre, pide a las dos hijas que la escriban, a ella y a la antigua ama de ambas. En 1649 es el P. Thibault, que misiona Saint Meén, quien va a tranquilizar a los padres de Maturina Guérin, que viven no lejos, en Moncontour.

Las Hijas de la Caridad hacen asimismo de intermediarias para con las familias de los misioneros. En Brienne, María Donion visita la familia del Hermano Mateo Régnard:

No he visto la esquelita de que me habla para el Hermano Mateo, pero puede usted asegurar a su hermano que está bien, gracias a Dios, y desde hace dos o tres días ha regresado a Borgoña. No dejaré de comunicarle noticias de su hermano y de decirle que se ha interesado por él25SLM, 605.

Estas relaciones fraternas y amigables rebasan el cuadro familiar. Entre los Padres de la Misión y las Hijas de la Caridad se teje una red de socorros mutuos, con un intercambio de nimiedades que revela la atención recíproca. Vicente de Paúl encarga a Robert de Sergis que adquiera estampas para las Hijas de la Caridad. Los Hermanos de la Congregación brindan su competencia: Juan Lequeux transporta material que se ha comprado, lleva trigo a la casa-madre de las Hijas de la Caridad; Alejandro Véronne prepara jarabes para las Hermanas enfermas: merced a su gran habilidad, sangra con éxito a una Hermana, cuando nadie había podido hacerlo.

En 1656 la comunidad de Nantes se convierte en lugar de reunión para los misioneros que han de embarcarse rumbo a Madagascar. Vicente se lo comunica a Nicole Haran, la Hermana Sirviente:

Tenemos a uno o dos de nuestros padres que tienen que ir a Nantes junto con dos hermanos, procedentes de diversas casas; les he indicado que, para poder encontrarse, se dirijan a usted para que el primero que llegue le indique dónde se aloja y pueda usted indicárselo a los demás. Le envío un paquete de cartas para el Padre Herbron, que es uno de ellos. Le ruego que se lo entregue en mano y él le pagará los portes26VI, 92-93.

La embarcación en que navegan los misioneros zozobra frente a Saint Nazaire: las Hermanas del hospital recibirán y guardarán lo que se recupere del equipaje:

Me dice usted que el orín estropea los hierros que se han salvado del naufragio. Le agradezco su interés por ello. No dudo de que habrá sacado usted al aire todo lo que había dentro. Y en cuanto a esos hierros, le ruego que los haga limpiar, y ya le enviaré el dinero que se necesite para ello. Dicen que convendría meter las piezas más delicadas en aceite y frotar las otras con mineral de cuarzo27VI, 246.

En noviembre se organiza de nuevo la travesía rumbo a Madagascar: nuevamente reciben las Hermanas a los Padres destinados a la lejana Misión:

El último martes, cuatro de este mes, partieron de aquí tres de nuestros sacerdotes y un hermano, que van a Nantes y que podrán ir a verles al hospital; por eso le mando la carta que le escribo al Padre Etienne, que tiene la dirección de los demás para que se la dé en mano28VIII, 149.

La mutua ayuda entre Padres de la Misión e Hijas de la Caridad no puede ni debe dañar el servicio a los pobres. Lamberto aux Couteaux, que llega a Richelieu en 1639, pide el envío de Hijas de la Caridad. Luisa se aviene, tras alguna vacilación, a mandar dos Hermanas: es el primer envío fuera de París. Se establece una Cofradía de la Caridad para el alivio de los infortunados, se abre una escuela para la instrucción de niñas pobres. El año 1641, el P. Lamberto recibe a medio centenar de seminaristas que se preparan a la ordenación sacerdotal. Pide Hermanas para que acondicionen de la casa. Abrumada por el duro trabajo doméstico, Isabel Martín no puede ya atender al servicio de los pobres. Vicente de Paúl, de paso en Richelieu, hace observar al P. Lanberto que la ayuda mutua nunca debe contrariar al carisma: lo expresa con claridad su carta a Luisa de Marillac:

Lo que más le mortifica a nuestra querida hermana Isabel es que no visita los enfermos, desde que hace algún tiempo la encargaron del acomodamiento de cuarenta o cincuenta ordenandos; ya le avisé al padre Lamberto que no volviera a darle ese trabajo29II, 154.

Toda relación entre misioneros e Hijas de la Caridad ha de ser sencilla, amigable, mas eso no excluye la prudencia. Vicente y Luisa lo recuerdan cuando es necesario. Dos postulantes de Richelieu, Vicenta Auchy y Nicole, han llegado a París. En su pueblo conocieron al P. Nicolás Durot, que ha vuelto a San Lázaro. Durot siente prisa por ver a las dos jóvenes, y Vicente de Paúl previene a Luisa de Marillac:

Es conveniente que las hermanas de la Caridad de Richelieu no vean al padre Durot ni al hermano. Es preciso hacerles comprender con mucha mansedumbre que no conviene que tratemos entre nosotros más que de las cosas necesarias30II, 94.

Cae enfermo el Hermano Juan-Pascual Goret, que está en Picardía al servicio de la población castigada por la guerra. En diciembre de 1651 recibe una carta de Vicente de Paúl. Éste alaba a Dios por su mejoría, mas como superior suyo le habla luego de reserva en el trato con sus enfermeras, Hijas de la Caridad:

Me dice usted que nuestras buenas hijas de la Caridad le han asistido durante su enfermedad; me alegra mucho saberlo. No dudo de que les estará usted muy agradecido; pero es de desear, mi querido hermano, que no demuestre este agradecimiento con visitas ni con muchas palabras; bastará con que las vea y las salude solamente de pasada, cuando lo requiera la necesidad. Ya sabe usted cómo lo practicamos aquí; le ruego que haga usted lo mismo31IV, 275.

Testimoniar el agradecimiento por los beneficios recibidos es cosa excelente, mas entre misioneros e Hijas de la Caridad debe hacerse de manera sencilla y razonable.

Pastoral de vocaciones

Los Padres de la Misión hicieron en el siglo XVII un importante papel por lo que respecta a la pastoral de vocaciones para las Hijas de la Caridad. En todos los sitios donde están o han de predicar, los misioneros están atentos y observan, animan a las jóvenes para que se den a Dios por el servicio de los pobres. En Lorena descubre vocaciones la atención del P. du Coudray. El P. Lamberto manda varias jóvenes de Richelieu. En Saint Méen Bernardo Codoing, Guillermo Gallais en Le Mans, Luis Thibault en Fontainebleau primero y luego también en Saint Méen; asimismo en Richelieu Dionisio Gauthier, y en Arras Guillermo Delville, todos presentan postulantes. Vicente y Luisa examinan las candidaturas:

Le mando en una nota la respuesta de la señorita Le Gras y la mía a propósito de las muchachas de Moncontour y las de Saint-Méen que desean entregarse a Dios en la compañía de las Hijas de la Caridad32III,312 .

Veces hay en que Vicente de Paúl ha de templar el ardor de los misioneros:

Me habla usted de tres buenas jóvenes que desean pertenecer a la Caridad. Como han concebido ese deseo en medio del fervor de la misión que ha hecho usted en su parroquia, habrá que ver si las enfría un poco el tiempo. Es conveniente probarlas33V, 600.

Vicente de Paúl recuerda en varias ocasiones las cualidades necesarias a una futura Hija de la Caridad:

Si encuentra usted jóvenes sanas y robustas, dispuestas para la Caridad, de vida irreprochable, resueltas a humillarse, a trabajar en la virtud y a servir a los pobres por amor de Dios34VI, 181.

Cada vez que un misionero va a una casa de Hijas de la Caridad, en particular con objeto de pasar visita canónica, Luisa ruega a las Hermanas Sirvientes que converse con las aspirantes:

Por lo que se refiere a las jóvenes que me dice se han presentado al señor Du Chesne, si él las encuentra aptas, no tiene usted más que mandarlas35SLM, 408,c.432.

Por su parte, el Señor Vicente recuerda a los sacerdotes de la Misión sus deberes a este respecto. Escribe a Pedro de Beaumont, en Richelieu:

No es suficiente con que las hermanas de la Caridad de esa ciudad juzguen a las dos postulantes idóneas para la compañía si usted mismo no coincide con ellas en ese parecer. Por consiguiente, si usted cree que tienen bastantes fuerzas para ese estado, que es el deseo de servir a Dios en los pobres lo que las mueve a abrazarlo, y no el pensamiento de vivir más cómodamente de lo que ahora viven, y ve usted finalmente que habrán de perseverar en la medida en que esto puede preverse moralmente, en ese caso puede usted enviarlas36VII, 183-184.

Luisa de Marillac y Vicente de Paúl quieren evitar que las jóvenes deseen hacerse Hijas de la Caridad con objeto de ver París, o para dejar el campo y asegurarse un porvenir más grato que el que les aguarda en la familia. Además cuenta mucho con el juicio de los Sacerdotes de la Misión, llegado el momento de discernir las peticiones.

Durante toda su vida, Luisa de Marillac testimonió mucha amistad y confianza para con los Sacerdotes de la Misión. Y animó a las Hijas de la Caridad para que vivieran esta misma relación sencilla y fraterna. Pero de la Congregación de la Misión, Luisa de Marillac espera mucho. Cuenta con ella para que la Compañía de las Hijas de la Caridad conserve su originalidad, mantenga su vitalidad, y cumpla con la misión a ella confiada por la Iglesia.

Francisco Javier Fernández Chento

Director General y cofundador de La Red de Formación Vicenciana.

Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregación de la Misión y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia canónica de Zaragoza (España) de la Congregación de la Misión.

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Notas   [ + ]

1. SLM, 674
2. SLM, 668-669
3. SLM, 671
4. SLM, 674
5. SLM, 674
6. SLM, 670
7. SLM, 674
8. SLM, 756
9. SLM, 674
10. SLM, 674
11. SLM, 674-675
12. SLM, 670
13. 40 años
14. 28 años
15. 26 años
16. I, 143-144
17. I, 157
18. Documentos, n. 47
19. Documentos, n. 25
20. I, 570
21. I, 147
22. I, 412
23. II, 492
24. SLM, 269
25. SLM, 605
26. VI, 92-93
27. VI, 246
28. VIII, 149
29. II, 154
30. II, 94
31. IV, 275
32. III,312
33. V, 600
34. VI, 181
35. SLM, 408,c.432
36. VII, 183-184

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