El sr. D’Horgny (1597-1667): Capítulo 1

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Noticias de Misioneros .
Tiempo de lectura estimado:

I.- (1597-1645)

Entrada del Sr. d’Orgny en la Congregación. –Primeros empleos. –Cartas de la Srta. Le Gras.  -Nombrado director del Seminario interno. –Visita varias casas. –Asamblea de 1642.   -Nombrado asistente. –Primera visita a Roma. –Segunda visita. -Nombrado superior de Roma.  –Trabajos apostólicos. –Cartas de san Vicente.

El Sr. Jean d`Horgny había nacido en el pueblo de Estrées, diócesis de Noyon. Fue recibido por san Vicente en agosto de 1627 y ordenado sacerdote en Pascua, al año siguiente,  22 de abril de 1628.. El Sr. d’Horgny era el más joven de los siete primeros  compañeros de san Vicente: fue también el último superviviente, y murió el 7 de julio de 1667, después de rendir numerosos servicios a la Congregación e la Misión y a la Comunidad de las hijas de la Caridad, de las que fue director a la muerte del Sr. Portail.

Le vemos empleado por san Vicente, en 1631, en ayudar a la Srta. Le Gras en sus visitas  a las Cofradías de la Caridad.

En 1632, cuando hubo tomado posesión de San Lázaro, san Vicente se dio por sucesor en los Bons-Enfants al Sr. d’Horgny, quien conservó por primera vez la superioridad hasta finales de 1635. El Sr. d`Horgny tuvo por algún tiempo bajo su dirección en los Bons-Enfants al Sr Michel Le Gras, el hijo de la Srta. Le Gras. Ella le escribió [154] el 29 de setiembre de 1635 para hablarle de la dote de su hijo y para agradecerle su bondad con él.

«Señor,

He recibido las cien libras que me habéis enviado; os suplico que os molestéis en mandarme todo lo que necesitéis. Me molesta que la bolsa de tela sea demasiado grande; os envío una cubierta del cáliz; por favor hacerme saber que os sirve; no dejaré de hacer todo cuanto deseéis. Sois demasiado indulgente conmigo. Os agradezco muy humildemente el favor que hacéis a mi hijo; él va a recibir el bien que le procuréis. Quiera Dios que le aproveche y demuestre agradecimiento a todas vuestras caridades. Le encomiendo siempre a vuestras oraciones, y yo también, que soy, «Señor, vuestra muy humilde servidora. Luisa DE MARILLAC.»

Fue reemplazado, en 1635, por el Sr. Pilé, virtuoso misionero que falleció en octubre de 1642 y cuya santa vida dio a conocer san Vicente. Pero a finales de 1638, el Sr. d’Horgny volvió a ser nombrado superior de los Bons-Enfants después de reemplazar, durante un año 1658,  al Sr. Jean de la Salle en la dirección del seminario interno recientemente establecido (1637).

Jean de la Salle, que era uno de los predicadores de la misión dada en Saint-Germain por orden del rey Luis XIII, escribía en efecto al Sr. d’Horgny: decid al seminario que sin la misión de Saint-Germain miles de almas se habrían perdido.

Una carta de san Vicente (1 de diciembre de 1638) nos habla de la confianza que tenía en él. Esta confianza se vio con mayor claridad todavía cuando le encargó de ir a hacer las visitas de las casa de la  Compañía. Le volvemos a ver en el mes de abril de 1640, haciendo la visita de Luçon. Esta casa fundada hacía dos años apenas, lo había sido por el cardenal de Richelieu en su ciudad episcopal, poco después de aquella con la que había dotado a la ciudad que llevaba su nombre; hizo igualmente la visita a Toul, y así fue como el Sr. du Coudray fue avisado  de su llegada por san Vicente  el 17 de junio de 1640.

«No pudiendo hacer la visita en persona, os envío al Sr. d`Horgny, cuya sencillez, piedad y exactitud en las ordenanzas  del pequeño reglamento de la casa  vos conocéis. Os suplico que le recibáis según se merece y confiéis en él como en mí mismo».

 

Durante el mes de agosto de 1641, el Sr. d’Horgny fue a visitar del mismo modo a los misioneros en número de tres que trabajaban en la diócesis de Alet. Una carta de san Vicente al Sr. Blatiron, del 9 de setiembre de 1641, nos lo hace saber. «Dios mío, le decía san Vicente, qué consuelo más grande siento al  por lo que el Sr. d`Horgny me ha dicho y escrito de vos

Al regreso de estas visitas,  el Sr. d’Horgny continuó dirigiendo el colegio de los Bons-Enfants, asistió a la primera asamblea general con el título de superior de esta casa. El Sr. d’Horgny fue elegido, con los Srs. Portail, du Coudray y Lambert para elaborar las reglas. La asamblea demostró la buena opinión que tenía de él nombrándole segundo asistente del Superior general. El Sr. Portail había sido nombrado primer asistente y admonitor.

Al año siguiente, el Sr. d’Horgny fue reemplazado en la dirección de la casa por el Sr. Antoine Dufour, y él partió a mediados del año 1646. Debió pasar a Lyon al principio del mes de mayo de 1643 para dirigirse a Roma a donde le enviaba san Vicente  para hacer la visita de la casa recientemente fundada en la ciudad santa.

A Partir de 1631, varios misioneros, como los Srs- du Coudray y Lebreton habían residido en esta ciudad. A la par que cumplían con la misión particular que les había confiado nuestro santo fundador, habían preparado las vías al establecimiento que no fue definitivo hasta el mes de abril de 1642, bajo la dirección del Sr. Codoing..

El local escogido por el Sr, Codoing se hallaba en la Parroquia se Santa Bibiana, cerca del puente Sixto, a ejemplo del llorado Sr. Lebreton , los misioneros se pusieron a la obra y su trabajo fue bendecido del cielo.

En una carta al Sr. Codoing del 29 de febrero  de 1643, san Vicente de Paúl constata la edificación que daban sus hijos en Roma. «Ví ayer al Padre Bagot que me ha consolado mucho por todo lo que me ha contado de la virtud  y de la regularidad de vuestra familia». Es lo que el Sr. d’Horgny tuvo también la satisfacción de constatar a su vez algunos meses después. Al llegar a Roma en el mes de junio el Sr. d’Horgny encontró a los misioneros ausentes. No pudiendo resistir más tiempo al placer de abrazar a sus cohermanos y de ser testigos del gran bien  que el Señor operaba a través de su ministerio, fue a reunirse con ellos a la abadía de Tafia.

Al regreso de este viaje, en los primeros días del mes de julio, el Sr. d’Horgny comenzó la visita que se acabó el 20 del mismo mes.

Este era el personal de la casa: el Sr. Codoing, superior; Jean Baptiste Taoni, Guillaume de Plodësquelet, Jean Skyddie, Nicolas Germain, Jean Martin, Thomas Blethem, el hermano François, el hermano Angéli, y dos seminaristas. Entre las recomendaciones dejadas por el Sr. d’Horgny, vemos la prueba de que, de conformidad con la costumbre de San Lázaro y de las demás casas de Francia,, los misioneros de Roma recitaban el breviario en común. El Sr. d’Hptgny no les llama la atención sobre este punto, al que su Padre común atribuía tanta importancia, pero seguramente sobre el modo de recitarlo, y les recuerda que deben decirlo attente ac devote, servatis consuetis mediationibus .

Terminada la visita,  el Sr. d’Horgny regresó a Francia, y dio a conocer de viva voz a san Vicente los frutos felices frutos de las misiones del las cercanías de Roma y la bendición concedida a los ejercicios de los ordenandos.

Le vemos volver una vez más a Roma al año siguiente. El local en el que el Sr. d’Horgny había encontrados a sus cohermanos en 1643 (Vicolo Morone) no tenía relación con la importancia de sus obras. Había convencido al Sr. Codoing a buscar un emplazamiento más apropiado a sus necesidades. Los ejercicios de los ordenandos, ya bien concurridos, hacían sobre todo necesario el cambio El Sr. d’Horgny los encontró esta ves en una nueva casa cerca de las alcantarillas Buffalo, parroquia Delle- Frate.

Fue a principios del mes de agosto de 1644 cuando abrió su segunda visita para terminarla el 16 del mismo mes.

Acabada la visita, el Sr. d’Horgny no quiso estar ocioso, y partió con un equipo de misioneros. Esto es lo que leemos en una historia manuscrita de la Congregación en Italia.

Después de hacer el retiro anual, entró en campaña a primeros de setiembre de 1644 (la Santa Sede estaba vacante por la muerte de Urbano VIII, fallecido el 27 de julio de 1644), y se dirigió a Longone, pequeño burgo perteneciente a la abadía de Saint-Sauveur, en Sabina, donde ejercitó su celo durante tres semanas con gran éxito, como era de esperarse de tal obrero evangélico.

Pero los frutos que recogió en Colle-Piccolo, adonde fue al salir de Longone, y tras otra misión de quince días en Rocca-Pranieri, fueron más abundantes aún. De Colle-Piccolo pasó a Castel-Vecchio, luego a Cane-Morte, a Valle-Capola, pueblecitos del obispado de Sabina.

Si el fruto recogido en estas misiones se debe medir por las señales exteriores, las lágrimas, las restituciones y las reconciliaciones, podemos decir que fue muy abundante, pues en todas estas misiones, estas señales fueron verdaderamente extraordinarias.

Tal fue la primera campaña apostólica del Sr. d’Horgny en el territorio romano. En cuatro meses llenos de trabajos y de bendiciones, dio seis misiones; cada una duraba tres semanas y a veces más. Una carta que san Vicente le dirigió y que el Sr. d’Horgny recibió en misión a finales de octubre nos informa que le nombra para reemplazar al Sr. Codoing cuya humildad temerosa no podía mantener ya la dirección de la casa.

«Fréneville, 14 de octubre de 1644.

«Señor,

«He recibido aquí dos de vuestras cartas (que escribíais de la misión de cerca de Saint-Sauveur), a mi regreso de Richelieu de donde acabo de hacer la visita en bastante buena disposición. Estas dos cartas no si  mías; escribís una al difunto Sr. Dufour. El Sr. Codoing me pide con mucha humildad ser descargado de la superioridad, de manera que no he podido por menos que acceder a lo que ha pedido, con el espíritu con que lo ha pedido. Os ruego, Señor, que ocupéis su lugar por algún tiempo, aunque os haya mandado volver; no es que no os necesitemos: Nuestro Señor proveerá, si así lo quiere. Vos sabéis tal vez como hemos colocado en lugar del Sr. Dufour que se hallaba en Sedan, quien no satisfacía , al hermano Damiens, que tiene la gracia de Dios para ello, y al Sr. Cuissot  para la dirección del colegio de los Bons-Enfants.

«Sólo me queda por deciros que creo que es bueno que retengáis al Sr. Codoing a vuestro lado por algún tiempo, para formaros un poco en los deberes de la casa. Nuestros asuntos consisten en la aprobación de nuestras reglas, del modo como hemos de proceder en esto y en cantidad de otros trámites menores sobre los que hemos escrito al Sr. Codoing, y cuando hayáis entrado en los negocios y hayáis hecho lo vos y él hayáis podido, estará bien que él venga a visitar nuestras pequeñas casas de Marsella y de Annecy.

«El Sr. Dufestel me cuenta que os envía al Sr. Novel bien a pesar suyo, que se veía privado de una gran asistencia; y esto es, Señor, todo cuanto os puedo decir por ahora , sino que envío un abrazo a toda esa Compañía, prosternado en espíritu a sus pies y a los vuestros, que soy vuestro humilde y obediente servidor. «VICENTE DE PAÚL, «Indigno sacerdote de la Misión.»

Apenas han transcurrido unos días del envío de esta carta cuando el Sr. d’Horgny recibe una segunda (2 de noviembre), en la que encontramos preciosas informaciones.

«De París, este 2 de noviembre de 1644.

«Señor,

«Os escribí hace ocho días, y no os diré nada más que lo dicho entonces, y es por no haber recibido cartas vuestras desde entonces.

«Estamos tratando de hacer aprobar aquí nuestras reglas comunes, las del general, , de la elección y del visitador; si lo logramos aquí, in nomine Domini, vos no dejaréis de ver ahí lo que se pueda hacer a este respecto.

«Os han dicho cómo hemos sustituido al hermano Damiens al Sr. Dufour para las lecciones, no podríais creer cómo le bendice Dios en ello, después cómo satisface  a los seminaristas que son en número de veintidós.

«El Sr. Cuissot despidió ayer a dos  por haber salido sin permiso. El Sr. Soufflier está fuera, y los Srs. Buissot y Bastin, los Srs, Colée  y Durot están enfermos. He rogado al Sr. Lambert que despida al Sr. Parseval, Le Noir, du Chastel y Le Roy. Hemos purgado también  y repurgado a nuestro seminario de nuevo, y nos quedan treinta que se encuentran bien por la gracia de Dios. Hemos llamado al Sr. Galais de Sedan y allí tenemos todavía al Sr. Grimal, superior, con personas que no conocéis y que están bien. El Sr. Alain y el Sr. Philonius ya estaban allí. El Sr. Ozanne tiene el cargo de la casa de Troyes. El Sr. Bourdet se encuentra aquí esperando empleo; entretanto le hemos dado el cargo de velar por la sacristía, por las porterías, y se le destina a la prefectura de la salud. El Sr. du Coudray está en la Rose. Estos son los pequeños cambios, excepto el del regreso de Sr. Giles que hace maravillas en la piedad y en la doctrina con nuestros escolares.

«Si no veis algún día por la unión de la casa  de Toul por ahí, pienso que es mejor dejarla antes que después.

«Nos resulta imposible retirar las tres mil libras que hemos adelantado para vuestra casa, en la esperanza de una suma parecida que la Reina había ordenado para ésta. Nuestra incomodidad, que es muy grande, nos obliga a retirarlas a cuenta de lo que se os debe enviar.

«Me encuentro siempre en dificultades, espero que no sea por mucho tiempo. Celebro a menudo la santa misa por esta intención, y pido que la Providencia nos ofrezca la ocasión de hacerlo.

«He pedido al Sr. Portail que escriba a todas partes que los superiores no deben ver las cartas de los inferiores que ellos escriben al general o el general a ellos. Os suplico que lo hagáis saber y comencéis a practicarlo. Me preocupa que no tengáis ordenandos, según la intención de la fundadora. No es culpa nuestra, sin embargo es necesario intentarlo, con prudencia no obstante, las dificultades por otra parte me parecen esenciales. Abrazo al Sr. Codoing y al Sr. Blatiron y les ruego a los dos que sean vuestros consejeros, y a vos, Señor, que les pidáis lo mismo: es cosa del general nombrarlos o por sí o por el visitador.

«Os abrazo a todos, prosternado en espíritu a vuestros pies y soy, Señor, «Vuestro muy humilde y obediente servidor. «VICENTE DE PAÚL, Superior de la Misión».

Esta carta había encontrado también en misión al Sr. d’Horgny. Volvió a Roma a finales del año de 1644, pero no tardó en volver a marcharse a principios de 1645. En los anales ya citados leemos lo siguiente:

La segunda campaña apostólica  del Sr. d’Horgny  comenzó en los primeros días de 1645, por la diócesis de Tizoli, en un pueblo llamado: Puzzaglia. Esta misión, a causa del celo infatigable de un obrero tan bueno, unida a la docilidad y a la sencillez de los habitantes, aunque excesivamente rústicos, tuvo un éxito maravilloso.  Luego él se dirigió a Concerviano y a Capradosso, y en todos los sitios recogió  frutos abundantes de salvación. Acabadas estas misiones, al acercarse la Pascua. Debió retirarse con sus compañeros a la abadía de Saint-Sauveur, en Sabina. El abate comanditario de esta abadía era entonces el cardenal Barberini. Pues bien, éste viendo el gran fruto que habían producido en todas partes los trabajos apostólicos de los misioneros, rogó al Sr. d’Horgny que tuviera a bien retirarse a la abadía  en los tiempos en que no se podían dar misiones en otras partes, como el tiempo pascual, y en los meses de verano; y ello con el fin de evangelizar  los pueblos que dependían de la abadía.

El Sr. d’Horgny acudió allí pues con sus compañeros, que no eran numerosos, ya que muchos de los que estaban con él los años precedentes se habían marchado a Génova, para fundar una casa. No pudo dar misiones porque tenía que hacer los oficios en la iglesia de la abadía; pero los misioneros no estuvieron ociosos, hicieron un gran bien predicando, confesando a todos los que llegaban de los pueblos dependientes  de la abadía, que se presentaron en su confesionario, y por eso,  este pobre pueblo, consolado y animado siguió tan afecto a los misioneros, que se habría quedado con ellos si fuera posible.

Ellos no se contentaron con esperar a los penitentes en la iglesia de la abadía, , cuando se presentaba el caso, recorrían los pueblos de los alrededores para confesar, instruir, predicar y asistir a los moribundos cuando los llamaban, incluso con peligro de su vida por las enfermedades contagiosas, como le pasó al Sr. Dunots quien, habiéndose expuesto a oír la confesión de un apestado, en Concerviano, tierra de la abadía, contrajo esta misma enfermedad, de la que murió pocos días después en Saint-Sauveur, mártir de su celo.

En esta época, el Sr. d’Horgny comprometió a san Vicente a ir a hacer él mismo la visita de algunas casas de la Compañía, autorizándose para animarle de un rumor que había llegado hasta Roma que su venerado superior no formaba ya parte del consejo de conciencia.

Esto es lo que le contestó san Vicente

«4 de enero de 1645.

«Señor,

«Es verdad que existían ciertas apariencias de que no me aguantarían ya más en el empleo del consejo, pero mis pecados son la causa de que las cosas no sean así y que no es del agrado de Dios aceptar los sacrificios que le he ofrecido a este efecto; in nomine Domini, espero que se cansen. Pero ir yo mismo a visitar las casas de la Compañía que me señaláis, os diré que Mons. el cardenal de la Rochefoucault me ha hecho el honor de decirme varias veces en persona, que no es conveniente, porque mientras yo ande por los caminos o en alguna casa particular, las demás lo sufrirán porque yo no recibiré sus cartas ni ellas mis respuestas en mucho tiempo, y me alega siempre el ejemplo de la buena orden de los Cartujos y de los Jesuitas. Así las cosa, conviene que me indiquéis lo que me diríais en presencia, yo lo escucharé, etc.…»

En Roma, la obra de los ordenados encontraba muchos obstáculos, a pesar de los auxilios llegados de Francia para establecerla, el Sr. d’Horgny se daba cuenta de las dificultades y esperaba un momento más propicio.

La formación de un seminario, ya propuesto por el Sr. Codoing, le parecía más fácil. Comunicó su proyecto a san Vicente que le respondió: «(30 de junio de 1845) me han llegado algunas luces esta semana de los medios que habría de introducir la piedad en los espíritus de los que deben un día componer esa corte; y os confieso que la propuesta que se me ha hecho de la instrucción de los niños, me ha parecido como el único medio, pero hay tantas cosas que decir al respecto que no conviene hacer nada si la Providencia no obliga a ello…».

El Sr. d’Horgny esperó todavía antes de establecer el seminario, algunos días después, la carta que se acaba de leer, y que invitaba al Sr. d`Horgny a esperar, san Vicente le escribió la siguiente:

«Paris, 16 de julio de 1645

«El Sr de Chavigny habiendo perdido a su segundo hijo, provisto de dos buenas abadías, y los padres se las pedían para su tercer hijo, de edad de cinco o seis años, y habiéndome dado Dios la fuerza de resistir, vino a verme y me dijo que no sólo no había encontrado mal que me resistiera; sino que por el contrario si hubiera cedido al deseo de la señora su madre, yo le habría escandalizado, que habría despreciado, y no lo habría aceptado, es el mismo D/l. de Chavigny de quien os he hablado. Que esto sea dicho entre nosotros solamente. No sé cómo he podido deciros todo esto.»

Esta apertura íntima, hecha por san Vicente muestra la confianza  que tenía en el Sr. d’Horgny.

En su segunda campaña de misión, el Sr. d`Horgny había llevado a la misión consigo, aunque no fuera todavía sacerdote, al Sr. Jean Martin. Este piadoso joven daba el catecismo con una sabiduría admirable: explicaba bastante bien  los misterios de la fe que no había un campesino tan rudo que no los entendiera lo suficiente. El Sr. Martín fue ordenado sacerdote el 25 de abril , y poco después, san Vicente le enviaba a Génova.

Traducción del P. Máximo Agustín

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *