San Vicente, sacerdote de la caridad al servicio de los pobres

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

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Autor: Álvaro Quevedo Patarroyo, C.M. .
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Vicente, tributario de la escuela francesa, concibe al sacerdote como el hombre del culto, que tiene que ser santo para tratar las cosas santas. El sacerdocio es una participación del sacerdocio del Hijo de Dios enmarcado en grandeza y dignidad. Pero la experiencia del servicio a Cristo en la persona de los pobres, sobre todo a partir de Gannes-Folleville y de Chatillon-les-Dombes, lleva al Señor Vicente a encontrar otra línea teológica enraizada en la encarnación del Hijo de Dios, en la que el ministerio y el servicio, la caridad y la abnegación están por encima de la dignidad. Para Vicente la grandeza y dignidad de su sacerdocio está, en definitiva, en la caridad efectiva a favor de los necesitados: «Ir a Dios es servir a los pobres». Eso se lo enseñó su fe y su experiencia.

Cuando Vicente se vacía de sí mismo y se deja invadir por Dios, empieza a ver el mundo de manera diferente de como lo había vista hasta entonces. Adquiere el sentido evangélico del pobre.

Vicente voltea la medalla y, a la luz de la fe, contempla a los pobres como iconos de Jesucristo, imágenes del Señor «que ha querido ser pobre y que se nos manifiesta por los pobres…». El pobre está en Cristo y Cristo está en los pobres. Los pobres son el lugar privilegiado para el encuentro con Dios y con Jesucristo. En el sacramento del pobre, Cristo nos interpela y nos cuestiona. El camino de Dios, para Vicente, pasa necesariamente por el hombre hambriento de justicia, de solidaridad, que reclama ser tratado con dignidad.

Vicente, desde su fe y experiencia y a la luz de la encarnación del Hijo de Dios, descubre un nuevo sentido del pobre. Y gracias a esa experiencia evangélica del pobre como sacramento de Cristo, vive una espiritualidad sacerdotal de unión con Dios, centrada no en la contemplación y adoración, ni en dignidades y privilegios sino en el servicio personal al necesitado, en el compromiso social, en la caridad efectiva.

La experiencia del pobre se vuelve primordial en su ministerio sacerdotal y en ella encuentra el sentido de su sacerdocio y de su vida: seguir a Jesucristo evangelizador de los pobres, servir a Jesucristo en la persona de los pobres. Este descubrimiento le lleva a constatar que «el pobre pueblo se muere de hambre y se condena» y dedica toda su vida a remediar estas miserias mediante una evangelización que hoy llamaríamos liberadora, de promoción integral. Desde entonces los pobres son para Vicente «su peso y su dolor».

Vicente misionero de los pobres, lleva un mensaje de liberación, el mismo que Jesús proclamó en Nazaret1, pero también es el buen samaritano2 que se acercó a los heridos por tantas injusticias de la sociedad, para darles, juntamente con los remedios corporales, el cariño de su corazón y la esperanza cristiana. Vicente quiere «hacer efectivo el evangelio», preocupándose por el cuerpo y por el alma.

Vicente practica y pide que se realice esta obra con amor, pues «hemos sido escogidos por Dios como instrumentos de su caridad inmensa y paternal, que desea reinar y ensancharse en las almas»3. Y es un trabajo que hay que hacer siempre, pues «la caridad no puede permanecer ociosa, sino que nos mueve a la salvación y al consuelo de los demás»4. «Es cierto que yo he sido enviado, no sólo para amar a Dios, sino para hacerlo amar»5.

La evangelización que Vicente practica abarca la totalidad de la persona, «de modo que, si hay algunos entre nosotros que crean que están en la Misión para evangelizar a los pobres y no para cuidarlos, para remediar sus necesidades espirituales y no las temporales, les diré que tenemos que asistirles y hacer que les asistan de todas las maneras, nosotros y los demás6 Hacer esto es evangelizar de palabra y de obra; es lo más perfecto; y es lo que nuestro Señor practicó y tienen que practicar los que lo representan en la tierra, por su cargo y por su carácter, como son los sacerdotes. Y he oído decir que lo que ayudaba a los obispos a hacerse santos era la limosna»7.

Vicente no hacía otra cosa que seguir el ejemplo de Jesucristo, que se preocupó por todo el hombre y todos los hombres. No sólo predicaba y enseñaba, sino que daba de comer y curaba a los enfermos y defendía por encima de todo, aun del sábado, la dignidad de la persona humana.

1. «Me parece que ofendería a Dios si no hiciera todo lo posible por las pobres gentes del campo»8

Quizás el Señor Vicente no se dio cuenta de que su acción en favor de los pobres era pionera en la Iglesia y que su caridad efectiva habría de dejar profunda huella en la sociedad cristiana. Realmente Vicente de Paúl fue un revolucionario de la caridad y sembró semillas de amor y de justicia que han fructificado abundantemente en la Iglesia, gracias al espíritu que dejó en sus hijos e hijas y en todos los que se inspiran en su carisma.

La Caridad, con la cual la Iglesia identifica el carisma de San Vicente, no se reduce a un fenómeno solamente interior y espiritual. Significa más bien una respuesta social y pública de cómo el cristianismo puede humanizar la sociedad. La caridad de Vicente es una caridad que engendra justicia. La caridad no consiste para él en el éxtasis, sino en la intervención de un brazo vigoroso, para restablecer cada día en el mundo un poco más de justicia.

Vicente se siente siempre en deuda con los pobres: «Me parece que ofendería a Dios si no hiciera todo lo posible por las pobres gentes del campo»9

Toda la vida de Vicente está llena de acciones sociales, pero hay algunas que son especialmente significativas. Imposible detallarlas aquí, por otra parte son bien conocidas de todos los vicentinos. Acontecimientos como Chatillon-les-Dombes, Maçon, el trabajo con los galeotes, con los niños expósitos, en el Hospital del nombre de Jesús, la educación y promoción de la mujer, la fundación de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, nos traen a la memoria la prodigiosa actividad de Vicente a favor de los pobres.

2. Con los pobres, salvar a los pobres

La Buena Nueva es esencialmente un anuncio de liberación. El pasaje lucano10 es considerado por San Vicente como el texto fundante de su Congregación. A él se refiere para explicar cómo nuestra vocación es una continuación de la de Jesucristo11.

La Buena Nueva para los pobres, ¡qué programa!. Ir a anunciar que son libres a todos los que están encadenados por la ignorancia, por el mal, por la miseria. San Vicente guiado por los acontecimientos, pone acciones sociales concretas de liberación. Con su Misión y Caridad, él lleva la luz a los ciegos y anuncia la libertad.

Vicente sufre con los sufrimientos de los pobres, se esfuerza por liberarlos, por encontrar solución a su desgracia, a través de la caridad organizada, atendiendo a las grandes multitudes hambrientas a causa de las guerras, llevando consuelo a los prisioneros y galeotes, mediante una liberación interior nacida de la fe.

Vicente se complace en presentar, como modelo de una acción profética, a Sor Juana Dalmagne: «Tenía mucha libertad de espíritu en lo que se refería a la gloria de Dios… Un día, al saber que algunas personas ricas se habían eximido de tributo, para sobrecargar a los pobres, les dijo libremente que era contra la justicia y que Dios los juzgaría por esos abusos. Y como yo le hiciese advertir que hablaba con mucho atrevimiento, me contestó que, cuando se trataba de la gloria de Dios y del bien de los pobres, no había que tener miedo de decir la verdad»12. Sor Juana ciertamente aprendió de Vicente esta libertad de espíritu para defender a los pobres, así sea ante los poderosos.

Jean Anouilh, autor de los diálogos del film Monsieur Vincent, le hace decir al Señor Vicente después del encuentro con Margarita Naseau: «Gracias, mi Dios, por haberme enviado a esta pobre muchacha. Ella comprendió en su sencillez lo que yo no había comprendido. Es con los pobres como yo salvaré a los pobres».

La obra liberadora de San Vicente pide: que se lean los acontecimientos como signos de los tiempos; que los pobres evangelicen a los pobres; que se viva en real compañerismo, en fraternidad; que la obra de la liberación abarque a todo el hombre; que sea emprendida en común, como Iglesia; que se haga con delicadeza, atención a toda persona, prudencia, vigilancia, cuidado de los detalles, con paciencia, bondad, asumiendo los riesgos; que haya preocupación por el adelanto espiritual; que se facilite a los pobres el trabajo; que la limosna sea sólo para los que no pueden trabajar. Todos estos valores constituyen las bases de la acción social vicentina.

3. Estamos haciendo justicia y no misericordia

El verdadero pensamiento de San Vicente en cuestión de justicia está sintetizado en una frase verdaderamente sorprendente en un hombre del siglo XVII: «¡Que Dios nos conceda la gracia de enternecer nuestros corazones en favor de los miserables y de creer que, al socorrerles, estamos haciendo justicia y no misericordia!»13. «No puede haber caridad si no va acompañada de justicia»14.

Vicente, motivado por Jesucristo, hizo una opción radical por los pobres que lo comprometió toda su vida. Vicente no hubiera entendido lo que hoy se dice de opción preferencial, no exclusiva. La opción de Vicente fue en serio y real; él optó por los pobres. Si examinamos bien la vida y los escritos de San Vicente dentro de su contexto social, podemos darnos cuenta de que él fue un gran defensor de la justicia. Inclusive algunos afirman que la justicia no tendría hoy su desarrollo social si no hubiera germinado en San Vicente el genio inventivo de su caridad.

Vicente fue pobre y vio muy de cerca las injusticias que padecían sus paisanos de las Landas. Partiendo de este presupuesto, algunos concluyen que la caridad vicentina no sólo es organizada para los pobres, sino por un pobre. Vicente, pobre y salido de entre los pobres, sabía bien que el sentido de la dignidad permanece vivo aún en medio de la pobreza. También en el pobre hay una secreta dignidad y cierto orgullo que hay que respetar y hacer respetar. Por eso la necesidad de ser muy delicados y respetuosos con ellos, sobre todo cuando se les da la necesaria limosna.

«Conozco por experiencia y por nacimiento, ya que soy hijo de un pobre labrador y he vivido en el campo hasta la edad de quince años»15.

La caridad vicentina, antes de ser para los pobres, es una caridad hecha por un pobre, un pobre que ha percibido dolorosamente la injusticia, que ha conocido los méritos, los valores, el orgullo, la dignidad, a menudo no reconocida, de los pobres.

El joven Vicente fue uno de los privilegiados de su tiempo, que salió de su condición de pobre analfabeto y logró promocionarse. Él tiene lo que las familias de su pueblo soñaban para sus hijos. Él se dio cuenta de que el simple hecho de estudiar, de llegar a cierto nivel de conocimientos, de cultura, abre las puertas,suscita el respeto, restaura la dignidad. Él habla a menudo, en su correspondencia y en sus conferencias, del tiempo en que él era porquero, y sabe que, como la inmensa mayoría de sus amigos de Pouy, hubiera podido pasar toda su vida en la dura condición de los campesinos de su tiempo.

El santo de la caridad ¿no será también el de la justicia? Aparentemente San Vicente insiste más en la caridad que en la justicia. En realidad él pone la justicia en primer lugar. Él pide que creamos que al socorrer a los pobres estamos haciendo justicia y no misericordia. Y esto lo dice dos años antes de su muerte, cuando tiene, gracias a su fe y su experiencia, más claridad en todo y cuando está haciendo la síntesis de vida.

4. Los derechos de los pobres

Vicente acostumbró mirar la pobreza de frente, procurando comprender sus causas y llevando los remedios oportunos. En medio de las calamidades de Francia, Vicente va a ser realmente el Padre de la Patria, por todo lo que hizo en favor de la humanidad, en todos los múltiples campos de su prodigiosa actividad.

Los famosos derechos del hombre, que la Revolución se jacta de haber inventado, pero que no los respetó, ya el Señor Vicente calladamente y desde su fe y experiencia, los había introducido poco a poco en el plan social y propuesto como fines de la caridad de todos, haciéndolos reconocer como derechos evidentes:

Veamos algunos ejemplos:

• El derecho a la vida es, entre todos, el derecho fundamental. Porque Vicente creía en el Dios de la vida, luchó incansablemente él mismo y buscó colaboradores que se comprometieran también en favor de la vida, para atacar la muerte que asediaba a los niños, para remediar el hambre de los mendigos y emigrantes, para aliviar los tormentos y escarnios de los galeotes y prisioneros, para proporcionar educación y trabajo, etc. Conocemos bien la obra de Vicente en relación con los niños expósitos. Conocemos su trabajo con los campesinos, la terapia ocupacional que crea para los ancianos, la organización y atención en favor de los enfermos, la defensa de los prisioneros y galeotes, el respeto para con todos los pobres, especialmente con los miserables. Podemos afirmar que toda su obra fue en favor de la vida y de la dignificación de los pobres.

  • El pobre tiene derecho al pan cotidiano, pero se muere de hambre, a causa de las guerras… Vicente organiza el reparto de la sopa popular y la distribución de víveres.
  • El pobre tiene derecho a la salud, pero su vida se debate en medio de las epidemias, la peste y múltiples enfermedades… Vicente organiza hospitales, los cuida a domicilio.
  • Los pobres tiene derecho a la vivienda, pero son expulsados de sus tierras y casas por las continuas guerras, se convierten en emigrantes y vagabundos… Vicente les organiza acogida y ubicación a las ingentes masas de refugiados.
  • Los pobres tienen derecho a una vejez decente, pero al igual que los niños expósitos, los ancianos están abandonados a su suerte… Vicente organiza hospicios y pequeños albergues, donde son atendidos con cariño por las Hijas de la Caridad.
  • El pobre tiene derecho al trabajo. Las guerras dejaban los campos asolados y a la gente sin recursos, quedaba el hambre, la desocupación y el pillaje. Vicente trata de atender a todos estos males, dando una respuesta inmediata a las necesidades que no pueden esperar, y dando los medios para que el campesino pueda de nuevo cultivar sus tierras y procurarse su sustento. Vicente envía a sus misioneros a repartir semillas, arados, herramientas, ruecas para hilar y utensilios para tejer, a fin de que los campesinos se valgan por sí mismos.
  • El pobre tiene derecho a la educación, pero en aquellos tiempos el analfabetismo alcanzaba en Francia al 80 por ciento de la población. Vicente y Luisa de Marillac crean escuelas para los niños pobres. Recordemos que Margarita Naseau aprendió a leer y escribir por su propia cuenta y se dedicó a enseñar a otros lo que había aprendido. Como la mayoría de las Hijas de la Caridad eran muchachas del campo, y muchas no sabían ni leer ni escribir, son enviadas a las Ursulinas para que aprendan y luego enseñen a los niños expósitos. Así, en un país de mayoría analfabeta, los niños llamados por la sociedad los malditos de Dios, van a aprender a leer y a escribir, gracias al amor inventivo de Vicente y a la solidaridad y superación de sus hijas. Y Vicente les decía que ellas deberían sentirse indignas de ese trabajo, ya que deberían ser los ángeles de Dios los maestros de estos niños. ¡Tal es su dignidad!

La creación de talleres se convirtió en una norma común para las Cofradías de la Caridad. Así lo podemos leer en los Reglamentos de las Caridades de Folleville, Paillart, Servillers, Maçon y otras. Además, los muchachos que reciben esta promoción, debían presentarse con sus padres y obligarse con juramento a enseñar a otros el arte que ellos habían aprendido. Era realmente una comunión y participación.

5. Las limosnas no son para los que pueden trabajar

Vicente trabaja también y con insistencia en la promoción integral, tratando de hacer de los pobres sujetos que puedan valerse por sí mismos, mediante su propio trabajo.

El 26 de abril de 1651 escribe desde París a Marcos Coglée, superior de Sedán: «Aguardo a que pueda comunicar sus cartas a las damas que socorren a los pueblos de las fronteras desoladas, para que me digan si puede usted distribuir tanto a los hugonotes como a los católicos, y a los pobres que puedan trabajar en las fortificaciones como a los enfermos inválidos, le diré que su primera intención ha sido la de no asistir más que aquellos que no pueden trabajar ni buscar su sustento, y que estuvieren en peligro de morir de hambre si no se les socorría. En efecto apenas tenga alguno fuerzas para trabajar, habrá que comprarle algunos utensilios conformes con su profesión, pero sin darles nada más. Según esto las limosnas no son para los que pueden trabajar en las fortificaciones o hacer otras cosas, sino para los pobres enfermos, los huérfanos o los ancianos»16.

Vicente recomienda que hay que organizar el reparto y, en acto de confianza a los misioneros que están cerca de la realidad, les dice: «apruebo todo lo que ustedes decidan de común acuerdo».

Hay que subrayar que, en el pensamiento de Vicente, al pobre hay que atenderlo por ser pobre, no importa que sea hugonote o católico. Es lo que afirma el documento de Puebla: «Por esa sola razón, los pobres merecen una atención preferencial, cualquiera que sea su situación moral o personal en que se encuentren. Hechos a imagen y semejanza de Dios para ser sus hijos, esta imagen está ensombrecida y aun escarnecida. Por eso Dios toma su defensa y los ama. Es así como los pobres son los primeros destinatarios de la misión y su evangelización es por excelencia señal y prueba de la misión de Jesús»17.

Vicente recalca que hay que conocer bien cuáles son los más pobres «que no puedan trabajar ni buscar su sustento». Es que la caridad para ser eficaz exige conocer exactamente las necesidades de cada lugar y de cada persona. No se deben dar recursos a los que puedan trabajar, a estos hay que darles instrumentos para que puedan trabajar. A los hombres se les debe dar instrumentos para cultivar la tierra y, a las mujeres, ruecas y estopa o lana para hilar. También pide que ahorren para que puedan volver a empezar una vez que se consiga la paz. Un dato muy interesante, Vicente pide que se envíen las memorias, las noticias para poder hacer propaganda y recoger algún fondo.

Pero Vicente no sólo trabajó intensamente en dar la necesaria limosna a los que realmente la necesitaban, y organizó la promoción de los pobres que podían trabajar, sino que tuvo un papel muy importante en su tiempo en lo que podemos llamar nivel estructural.

6. La guerra y la paz

De una manera general podemos decir que el siglo de San Vicente fue un siglo de guerras: guerras de religión, guerras civiles, guerras con el extranjero, amenaza continua del Islam sobre la cristiandad.

Vicente, que había consagrado su vida a los pobres, tuvo que ocuparse particularmente de los que la guerra sumía en la desgracia. No contento con colaborar en todo, él mismo organiza colectas y las envía a los pueblos golpeados por la guerra. Tenemos las narraciones de sus compañeros enviados a esos lugares. Su labor además de la evangelización y celebración de los sacramentos, era de enterrar a los muertos, nutrir a los sobrevivientes, y proveerlos de lo necesario para reemprender el trabajo, gracias a las semillas y herramientas enviadas por Vicente. En París, Vicente se ocupa de acoger a los refugiados, los nobles, las religiosas, las muchachas en peligro.

No es que Vicente buscara por intereses humanos meterse en los asuntos de nivel político y estructural, sino que los pobres lo van llevando a estar presente en situaciones indudablemente políticas. Vicente no podía permanecer pasivo mientras la gente se moría por todas partes.

Pero Vicente intentó dar un paso más, para lograr poner fin a esos males, acudiendo al mismo Cardenal Richelieu. Los estudiosos de San Vicente consideran este episodio como la primera intervención en política de Vicente.

Cuando la guerra de la Fronda18, una guerra de puras rivalidades por la conquista del poder, en la que el pueblo sólo tiene toda clase de sufrimientos y en la que el primer ministro Mazarino es cordialmente detestado, San Vicente es más osado todavía y pide al Primer Ministro que renuncie para salvar al pobre pueblo. Para J. Mauduit la propuesta de solución que Vicente planteó es «uno de los grandes actos políticos del siglo».

Viendo que las negociaciones no fructificaban, Vicente acude al Papa Inocencio X19. Le describe de una manera patética las calamidades del reino dividido, las provincias asoladas, todo destruido e incendiado, los atropellos de los soldados, los trabajadores sin poder sembrar, las vírgenes deshonradas, la rapiña, la tortura y el libertinaje hacen más grandes los sufrimientos del pobre pueblo.

Otra intervención «política» de Vicente fue cuando en 1653, el fogoso cardenal de Retz fugitivo de Mazarino fue a buscar asilo a la Misión de Roma. Mazarino quiso tomar venganza y ordenó a los sacerdotes de la Misión abandonar Roma. San Vicente acudió a Mazarino, le habló largamente y el cardenal cedió y la casa de Roma no se cerró.

Pero su voluntad de paz no tenía nada que ver con un pacifismo ciego: lo demuestra a propósito del Islam. No deja de extrañar que al final de su vida Vicente, que había conciliado tantas guerras y había buscado por todos los medios la paz, tenga un proyecto bélico.

En 1658, el hermano Barreau, cónsul de Argelia, estaba preso por enésima vez en manos de los turcos. El más joven de los hermanos Le Vacher, Felipe, había regresado a Francia para hacer una colecta en favor de la liberación del hermano Barreau. Vicente se vale de la publicidad y hace imprimir una hoja pidiendo la colaboración de los parisinos. No se trataba solamente del hermano Barreau. En Argelia había millares de cautivos franceses. A Vicente le dolía la situación de esos compatriotas, pero imposible rescatarlos a todos.

Por esta época un caballero de apellido Paúl se ofrecía para ir con una expedición armada a Argel y liberar a los cautivos franceses. Vicente consideró el proyecto como el único medio para solucionar el problema de la esclavitud en Argel. Diversos imprevistos retrasaron la expedición. Vicente no perdía la esperanza y vivía con angustia la situación de los prisioneros de Argel. Su última carta sobre este asunto está fechada el 17 de septiembre de 1660, solamente diez días antes de su muerte. La expedición fracasó, pero Vicente no se enteró, pues ya había muerto, llevándose la ilusión del rescate de los cautivos de Argel. Vicente dejó inconclusa esta última empresa de su vida. Si nos preguntamos, ¿qué impulsó al manso y caritativo Vicente a apoyar esta expedición armada? La respuesta es fruto de la experiencia que él había vivido. Ante los turcos no valían ni las conversaciones diplomáticas ni el dinero, entonces la única vía era la expedición armada.

7. Líneas vicentinas

En sus obras sociales en favor de los necesitados, Vicente va dejando su impronta y así va naciendo un modo vicentino de hacer la caridad y prestar el servicio a los pobres.

  • Partir de la realidad, y escuchar en los clamores de los pobres la voz de Dios e interpretar los acontecimientos como «signos de los tiempos».
  • Compasión, solidaridad, son las actitudes exigidas por Vicente a todos los que quieran vivir su fe en la acción social, es decir, en la caridad efectiva. Vicente es un teólogo práctico y de la teología del Cuerpo Místico que es la Iglesia saca consecuencias de solidaridad.
  • Alegría, dulzura, respeto, cordialidad y devoción pide Vicente en el servicio de los pobres, porque ellos son nuestros amos. «Sí, hermanas mías, son nuestros amos. Por eso tenéis que tratarlos con mansedumbre y cordialidad…»20.
  • El contacto personal con el pobre fue para Vicente definitivo en su vida. Ese contacto es irremplazable, pues en el encuentro con el pobre nos encontramos sacramentalmente con el mismo Jesús. Por eso pone a los misioneros y a todos sus seguidores en contacto con el pobre. Recordemos la visita domiciliaria.
  • Amor afectivo y amor efectivo. Vicente tiene un sexto sentido del pobre que lo lleva del amor afectivo al amor efectivo. Vicente ve al pobre de manera fresca y singular, como si fuera al único pobre que tiene que atender. Sigue el ejemplo de su maestro Jesucristo.

8. Conclusión

Es aleccionador para nosotros hoy, hacer un rápido recorrido por la vida de Vicente y verlo como un sacerdote que evangeliza preocupándose no sólo por lo espiritual sino también por lo material de las personas, que trató de proporcionar a los pobres de una manera práctica lo que en teoría eran sus derechos, que se mezcló en los asuntos de su tiempo como artesano de la paz.

Ojalá los hijos de Vicente, en este Año Jubilar tiempo de justicia y de solidaridad, siguiendo el ejemplo de nuestro fundador, y con su espíritu y con su increíble constancia, colaboremos no sólo en aliviar los males provocados por la injusticia, por los egoísmos, por las guerras, sino que nos empeñemos en detectar y atacar las causas de las múltiples pobrezas.

Falta entre los cristianos y también entre nosotros una sólida formación política. Tenemos que convencernos de que la fe tiene una dimensión social, en cuanto tiene que asociarse a la búsqueda del bien común, a la defensa de los derechos de las mayorías populares.

En una concepción equivocada de lo que es la santidad, se podría decir: ¿por qué mezclar a un santo con esos asuntos temporales de derechos humanos, de justicia, de guerras, de paz? Esos son asuntos de los reyes, de los militares, de los políticos, pero no de los santos… Para corregir esa falsa visión sobre la santidad nada mejor que recordar el mensaje del Sínodo de Obispos de 1985, a todo el Pueblo de Dios: «El Espíritu nos lleva a descubrir claramente que hoy la santidad no es posible sin un compromiso con la justicia, sin una solidaridad con los pobres y oprimidos».

Si esto es así y el mismo Jesucristo lo confirma al decir que lo que se haga alos pobres se hace a Él, y que lo que se deja de hacer con los pobres, se deja de hacer con Él21, entonces la santidad de Vicente, el santo de la solidaridad con toda miseria humana, el servidor de los sus Amos y Señores, los pobres, la santidad de Vicente, digo, tiene que ser muy grande. Justicia y solidaridad son inseparables de la caridad cristiana, que es la fuente de toda santidad.

Vicente estuvo metido en los problemas de su tiempo y, desde su fe, tuvo una acción no solamente a nivel individual, sino que ejerció lo que llamamos hoy la caridad política o la política de la caridad. Por eso estuvo trabajando por la paz y por la justicia, por el bien común de la sociedad.

Hoy, gracias a un mejor conocimiento de Vicente y de la historia y de la sociología, se le reconoce a Vicente no sólo una obra asistencial ingente, sino una labor promocional e incluso estructural. Algo es muy claro en Vicente. Él lo intentó todo por los pobres, que eran su peso y su dolor. Por ellos se jugó la vida y por ellos golpeó a todas las puertas y acudió a todas las instancias de su tiempo. Vicente sabía desde su fe y su experiencia que el sacerdote juega un papel fundamental en la promoción humana. La evangelización que debe hacer tiene que ser integral, liberadora, con una fuerte presencia de acción social y de justicia. El sacerdote que quería San Vicente debía luchar contra los males que aquejaban al pueblo. Debía ser un agente de cambio social. Eso trató de ser Vicente en su agitado tiempo.

  1. Lc 4,18-19
  2. Lc 10, 25-38
  3. SV XII, 262 / ES XI, 553
  4. SV XII, 265 / ES XI, 555
  5. SV XII, 262 / ES XI, 553
  6. SV XII, 87-88 / ES XI, 393-394
  7. SV IV, 586-587 / ES IV, 456
  8. SV IV, 586-587 / ES IV, 456
  9. Lc 4, 18-19
  10. SV XI, 133-134; XII, 79; 367 / ES XI, 55-56; 386; 639
  11. SV IX, 192 / ES IX, 188
  12. SV VII, 98 / ES VII, 90
  13. SV II, 54 / ES II, 48
  14. SV IX, 81 / ES IX, 92
  15. SV IV, 182­183 / ES IV, 180
  16. Doc. Puebla, 1142
  17. 1648-1653
  18. 16 de agosto de 1652
  19. SV IX, 119 / ES IX, 125
  20. Mt 25, 40-45

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