San Vicente de Paúl nació en Francia. V. Segunda dificultad

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Julio Pémartin, C.M. · Year of first publication: 1889.
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Segunda dificultad1

En el capítulo titulado la vocación, continúa el traduc­tor:

Arturo Loth afirma que el Santo nació en Pouy, el 24 de Abril de 1576. Afirmación tan categórica parece que ha de tener por base el único documento irrefragable: la partida de bautismo; pero ésta no existe en los libros par­roquiales de la época. ¿Cómo explicár la desaparición de ese documento fundamental, en una época tan cercana de aquélla en que vivió el santo? Si Vicente de Paúl nació en un pueblo de Francia, cualquiera que sea (los biógrafos franceses no están acordes acerca de este punto), ¿cómo se explica que no existe un documento canónico en regla, in­dicando el lugar del nacimiento, el nombre de los padres, el del cura que hizo el bautizo, el del padrino, etc., etc.?

Este documento era indispensable para las ordenaciones y más tarde para la beatificación, y hay quien pretende que por gracia especial del soberano Pontífice, se concedió la dispensa de fe de bautismo, y que sesenta y nueve años des­pués de la muerte del Santo, se redactó un acta, en la cual los testigos declaran que era opinión común que Vi­cente nació en Francia. La partida de bautismo, o el acta redactada para suplirla, deben existir en alguna parte. ¿Porqué no se enseña este documento, como así mismo las cartas de ordenación, si como se dice, existen entre las reliquias conservadas en París, en la casa de San Lázaro? Si misterio hay acerca del nacimiento, no menos existe acerca de sus estudios y ordenación. Se le supone en Dax de los 12 años hasta los 20, en que, según el Sr Loth, reci­bió el tonsurado. Mas apenas admitido a las órdenes me­nores, abandona el piadoso joven su familia y su pais, y parte sin saber a donde va, pero entregado en manos de Dios.

Con el precio de un par de bueyes emprendió su viaje, para reanudar sus estudios teológicos. En un principio se sintió atraído por la universidad de Zaragoza; pero allí per­maneció poco tiempo, puesto que, en el mismo año (1597), se le ve continuar sus estudios en Toulouse.

El relato francés no puede soportar un serio examen. ¿Cómo admitir una tan grande inconstancia, en un alma tan cándida y virtuosa corno la de Vicente? ¿Cómo un po­bre campesino, puede rodar así por las universidades? ¿Si hemos de creer al Sr Loth, Vicente abandonó la célebre universidad de Zaragoza, porque en vez de encontrar allí la ciencia, solo tropezó con la controversia, y en aquella es­cuela oyó Vicente querellarse a los profesores entre sí, sobre las cuestiones de la «ciencia media» y sobre los «decretos determinantes.» El Sr Loth no confirma esa serie de graves asertos con pruebas de ningún género, ni aduce una expresión de San Vicente que revele sus desen­cantos en la universidad española, en donde enseñaban los dignos sucesores de aquellos oráculos insignes del Con­cilio de Trento, de aquellos teólogos españoles que asom­braron a los padres de la Santa Asamblea por la profundi­dad de su doctrina y su intachable ortodoxia. Vicente de Paúl oyó por espacio de siete años las grandes enseñanzas, de boca de los maestros de Zaragoza, y la tradición popular española sostiene, y la científica afirma que nuestro Santo cursó en la capital aragonesa todo ese tiempo, y que allí obtuvo el grado de bachiller en sagrada teología, como luego se dirá. No deja de sorprender, apropósito de esto, la circunstancia de que, a pesar de la incertidumbre y va­guedad del autor acerca del lugar donde hizo sus estudios, afirma en la misma página, que se le vio en Toulouse el mismo año (1597), que «consta que siguió sus estudios universitarios durante siete años, pues su diploma de ba­chiller fue expedido en 1604.» Si constan esos estudios, si existe ese diploma ¿cómo no se ha averiguado su proce­dencia? Los fueros de la crítica se sublevan todavía más, cuando se cae en la cuenta que los estudios teológicos del Santo, coincidieron, como era natural, con su promoción a las Sagradas Órdenes, sin que al tratar de ellas sepan darnos los franceses pruebas de convencimiento en favor de sus pretendidos derechos. El Obispo de Tarbes, se dice, que le había tonsurado en 1596, le ordenaba de Sub-diá­cono en 20 de Setiembre de 1578; de Diácono seis meses después: en 13 de Setiembre de 1599, se añade, se le otor­garon las dimisorias; mas no sabemos para dónde; pues si bien se dice que al año justo de habérselas concedido, fue ordenado de presbítero, no consta de qué Obispo recibió la Ordenación. Punto es éste, por lo tanto, que lejos de aclarar la cuestión de los estudios y la verdadera residencia del Santo por entonces, aumenta la incertidumbre, tanto más, cuanto la tradición española afirma que por lo menos recibió el presbiterado en España, y aun si no estamos mal informados, la misma cartilla de ordenación corrobora que fue ordenado en Barcelona de sacerdote.

Contestación a la segunda dificultad

He aquí la contestación a las diversas aserciones.

1º Todos los historiadores franceses y extranjeros es­tán acordes acerca del nacimiento de San Vicente de Paúl, y nos dicen que vio la luz en una casa llamada Ranqui­nes. Esta casa dio el nombre a un caserío del pueblo de Pouy, entonces Poy, cerca de Dax y no lejos de los Pirin­eos, en el departamento de las Landas. Que los biógrafos hagan nacer a Vicente en Poy o en Ranquines, en Aqui­tania o en la provincia eclesiástica de Auch, no hay desa­cuerdo esencial en sus narraciones, sino que, por el con­trario, todas son verdaderas y designan el mismo lugar.

2º La partida de bautismo no se encuentra en el regis­tro parroquial de la época, por la sencilla razón de que fueron devorados por el fuego, y las actas más antiguas no remontan más allá del año 1625. Esto no impide que la fe de bautismo se haya exhibido, para la ordenación y beatificación del Santo. Se nos habla de las dificultades que hizo Roma por la falta de partida de bautismo, como así mismo de un acta redactada cincuenta y nueve años des­pués de su muerte, para suplir la falta de aquélla ¿En dónde consta que hubo dificultades? Porque la verdad es que nosotros no lo sabemos, ya que ningún historiador de Francia ni del extranjero se ha ocupado de ello. El proceso de beatificación, que hace tiempo leímos, y ahora hecho de nuevo examinar, guarda el más profundo silen­cio; y claro está, que si hubo dificultades, constarían en dicho proceso, y allí también se encontraría la pretendida acta de 1729. También hemos citado los nombres de los ocho testigos que juran; no que la opinión común afirma que el Santo nació en Francia, sino que verdaderamente nació en Pouy en la casa llamada Banquines.

3º La narración del Sr. Loth, acerca de los estudios y órdenes de San Vicente es completamente exacta, y desafía toda crítica. El autor, apoyándose en el testimonio de los primeros biógrafos del Santo, no tiene necesidad de alegar prueba alguna. Nosotros las hemos dado, citando las dimi­sorias y las cartillas de las diversas ordenaciones; y repro­duciendo el testimonio de Abelly y Collet, en cuyas manos estuvieron los documentos dados a Vicente en Toulouse, al fin de sus siete años de estudio. El Sr. Loth no hace rodar a Vicente por las universidades; sólo dice que el Santo fue a Zaragoza, y que, no encontrando allí lo que desea, se volvió a Toulouse donde estudia siete años; y que cuando el dinero del par de bueyes se agotó, se procura el que nece­sita, dando lecciones a los niños de las familias nobles del país. Vicente no puede encontrarse al mismo tiempo en Toulouse y Zaragoza; y su estancia en la primera de estas poblaciones, desde 1597 hasta 1604, estando perfectamente probada, la pretendida tradición española no se apoya en prueba alguna, y según las leyes de la crítica, hay que decla­rarla falsa.

4º El Sr. Arturo Loth no tenía por qué probar lo que dijo sobre la universidad de Zaragoza, toda vez que no hacía otra cosa que copiar a Collet, cuyo decir no había levan­tado en España reclamación alguna. En efecto: en 1849 nuestro colega Don Manuel Camín reproduce lo que dice Collet, sin presentar la menor objeción. Vicente de Paúl2, dice el Sr. Camín, estudia algún tiempo en Zaragoza; pero, como la controversia que existía entre los profesores de esta famosa universidad, sobre la ciencia media y los decre­tos determinantes, después de dividir los espíritus agriase los corazones, Vicente, que tenía natural repugnancia a este género de disputas, en las cuales la caridad pierde más que la verdad gana, volvió a Francia y continuó sus estu­dios teológicos en Toulouse. En el prólogo dice, al hablar de Collet3: Este hijo de Vicente, poseía ciencia, perfecta sinceridad, crítica juiciosa, todas las cualidades necesarias para este útil trabajo. Él leyó con aplicación infatigable los procesos de beatificación y canonización, las cartas de Vicente que en número de diez mil se conservan en París y otros puntos: él sacó a luz las actas y documentos más auténticos que justifican la verdad de sus aserciones, y que la incuria del tiempo había dejado olvidados: …teólogo profundo, canonista ilustre, sólo por esta obra, ha merecido los justos elogios de perfecto historiador. Por lo que toca a la verdad, que es la parte más esencial de la historia, y por la cual es escrupuloso en extremo… no da jamás como ciertas las cosas que no puede probar, y sobre las cuales no puede presentar razones incontestables. He aquí el testi­monio de un eclesiástico español.

5º Por lo que hace a la universidad de Zaragoza y sobre lo que de ella sabemos, debemos confesar que no fue de las más encarnizadas en las cuestiones de la ciencia media y los decretos determinantes. Entre las más célebres de España, cuyos nombres cita la historia, no encontramos la de Zaragoza: Quingue celebriores sunt in Hispania univer­sitates Complutensis (Alcalá), Siguntina (Sigüenza), His­palensis (Sevilla), Vallisoletana (Valladolid), Salmaticensis (Salamanca)4. Zaragoza, sin embargo, no pudo permanecer indiferente a las cuestiones que agitaron a la España toda, y el libro del P. Molina «Concordia de la gracia y del libre albedrío» publicado en 1588, dio nuevo impulso en toda ella, a las discusiones comenzadas en 1581, con ocasión de la obra del Jesuita P. Prudencio de Monte Mayor. Estas disputas eran tan vivas a mediados del año 1594, que el papa Clemente XIII, prevenido por el gran inquisidor, im­puso silencio a las dos partes, reservándose el conocimiento de la causa. Más tarde permitió que se discutiera, evitando formular censuras y expresiones acerbas; pero en diez de Enero de 1595 se vio obligado a llamar ante su tribunal la causa de Molina, y la inquisición española envió tres tomos sobre la cuestión, en 28 de octubre del año 1597. Contenía el primer tomo los argumentos de los Dominicos, el segundo los de los Jesuitas, y el tercero, doce sentencias o censuras dictadas a petición de la inquisición, por cinco Obispos, cuatro Doctores y las tres universidades de Sala­manca, Alcalá y Sigüenza.

Después de todo lo dicho, puede perfectamente sostenerse que las escuelas de España se hallaban agitadas, cuando Vicente fue a Zaragoza, y que allí sólo encontró la disputa, cuando era ciencia lo que él buscaba.

Es perfectamente exacto, como hacen fe las cartillas de las diversas ordenaciones, que Vicente de Paúl recibió de manos del Obispo de Tarbes la tonsura y las órdenes me­nores, en 20 de Diciembre de 1596; el Sub-Diaconado en 19 de Setiembre de 1598; el Diaconado tres meses después en 19 de Diciembre. También es verdad, que, el dia 13 de Setiembre del año 1599, recibe del vicario de Dax las dimi­sorias para el Sacerdocio, dejándole en libertad completa para dirigirse al Obispo que fuera más de su agrado, por lo cual no puede decirse para qué punto recibió las dimiso­rias. Un año y diez días después de obtenerlas, el 23 Se­tiembre de 1600, hácese ordenar Sacerdote por el Obispo de Perigueux, Monsenor Francisco de Bonideille, en la capilla de S. Julien de su palacio episcopal, donde hoy se encuentra el pueblo de Chateau-l’Eveque. No habiendo, Vicente, reci­bido la orden sagrada del Sacerdocio más que una sola vez, es imposible que se ordenara en Barcelona.

En resumen: La narración francesa, basada sobre docu­mentos auténticos e iluminada por la historia del Santo, no deja duda ninguna en el ánimo del lector, ni sobre el lugar de su nacimiento, ni sobre el punto en que estudió, ni sobre aquél en que fue ordenado; al paso que la tradición espa­ñola afirma, sin pruebas, que se ordenó Sacerdote en Bar­celona. ¿En qué época? ¿Por quién? La crítica histórica no entra para nada en este relato, y si S. Vicente recibió el orden Sacerdotal en Chateau-l’Eveque en 23 Setiembre de 1600, ¿cómo afirmar que esto tuvo lugar en Barcelona?

Habiendo, según el traductor, destruido y reducido a la nada, lo que él llama pretensiones francesas, comienza a dar pruebas de que Vicente es Español.

  1. Primer Apéndice del traductor, p. 464-169.
  2. Compendio de la vida y virtudes de 8. Vicente de Paúl, p. 13.
  3. Prologo del traductor.
  4. Vease la Historia de las Congregaciones «de Auxilia», por Claudio-Luis Montagne (1687-1767; de S. Sulpicio. Su Tratado de la gracia, publicado en latín en 1735, y reproducido par Migne: Theologix eursus completas, t. X. — Para la cuestión presente, véase las páginas 283 307.

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