V. (junio-agosto 1646)
Visita a Saint-Méen –Dificultades de la casa –Visita a Richelieu –Carras de san Vicente al Sr. Portail –Carta de del Srta. Le Gras al Sr. Portail –Viaje a Saintes –Carta de san Vicente al Sr. Portail.
De Angers, el Sr. Portail se había dirigido a Saint-Méen; nunca establecimiento alguno ha dado más quebraderos de cabeza al siervo de Dios como éste. Apenas habían entrado allí sus misioneros, cuando en virtud de un decreto del parlamento de Bretaña, fueron expulsados de allí. San Vicente quien, unos meses antes había escrito a uno de los suyos que valía más perder que pleitear, quiso retirar a sus sacerdotes a los que necesitaba en otra parte: pero el obispo se opuso a ello enérgicamente. Le explicó que no había hecho otra cosa que seguir las letras patentes del rey, (20 de octubre de 1643); que no había en la abadía de Saint-Méen más que dos antiguos monjes, cuyo consentimiento él había conseguido y que no eran ni querían ser reformados; que la Abadía constantemente sometida a la jurisdicción de sus predecesores y a la suya, no era miembro de ninguna congregación, y que, independiente de otro corporación, nunca había recibido visita más que de parte de los obispos. San Vicente le dejó pues sus sacerdotes, y les dio la orden de obedecerle a él; pero tuvo buen cuidado de no entrar en causa, y efectivamente [48]no entró nunca, ni él ni los suyos. Una carta de san Vicente (29 de julio de 1646) al Sr. Bourdet, superior de esta casa, anunciaba la visita del Sr. Portail, y una segunda carta del 23 de julio, también al Sr. Bourdet habla de las ordenanzas del Sr. Portail, con ocasión de su visita. Por último, varias cartas más al Sr. Portail, dirigidas a Richelieu por san Vicente, nos informan de las consecuencias de su viaje.
Todas estas cartas, tan benévolas y tan cordiales, nos hacen ver la estima y el afecto que profesaba san Vicente al Sr. Portail. Una carta del 13 de agosto de 1646 de la Srta. Le Gras al Sr. Portail, en Richelieu, expresa una estima y un respeto no menores; además, nos da algunas informaciones preciosas.
Hoy 13 de agosto de 1646.
«Señor,
Os puedo decir que ha sido la divina Providencia y no nosotras quienes hemos enviado a Richelieu a mi hermana Turgis en quien no habíamos pensado en absoluto hasta la antevíspera de nuestra partida para Nantes donde nos hallamos desde el jueves por la noche, pero creo como vos que ella lo hará bien allá y también que esto le servirá de estar en ese lugar no teniendo fuerzas suficientes para otras partes; aunque no obstante estaba destinada allí; espero con la gracia de Dios y vuestras santas instrucciones que ellas repararán el deshecho que ha parecido a los otros. Tened cuidado, Señor, por favor, que más bien ha sido la hermana Anne a la que sor Marguerite quien introdujo la moda de toca que me enviasteis; pues yo sé que su espíritu tiene la gran inclinación a hacerse la entendida, la muy devota y sabia por no decir la pequeña vanidosa y eso en todos los sitios tanto con las damas como con los pobres, y le gusta decir cantidad de palabras [49] de humildad con apariencia de afectar la alabanza. Cuánto mal, intento no obstante, Señor, no hablar más que de disposiciones de la naturaleza, y espero que la gracia sacará de todo esto bienes; no me atrevería a deciros sobre esta propuesta del pequeño velo sino que creo que al Sr. Vicente le horroriza y con razón, aunque muchas veces yo le he hecho la propuesta no de un velo, cosa de temer, sino de algo que puede ocultar un poco el rostro del fuerte frío y calor, y por eso nos ha permitido que las hermanas recién cubiertas de cofia llevaran una corneta de tela blanca sobre la cabeza en estas circunstancias; pero, en cuanto al negro, oh, señor, eso no me parece que se vaya a realizar. En cuanto a los defectos que habéis visto y cantidad de otros inconvenientes, habrá que esperar sobre ello, yo creo, la resolución del Sr. Vicente. Dios sea bendito, Señor, que esta costumbre haya cesado. Entre tanto yo sigo las costumbres de este lugar y no sé si sería conveniente que nuestras hermanas usaran siguieran con ella antes que con cualquiera otra particular. No habiendo previsto la divina providencia el conocimiento de vuestro parecer en el caso de mi hermana Brigitte nos ha previsto a mi hermana Jeanne enferma en estado de no poder salir de Angers, lo que nos hizo resolvernos a llevar a nuestra hermana Brigitte una vez conocida su necesidad. ¿No es admirable Dios en sus conductas sobre nuestra pequeña Compañía? Os suplico muy humildemente, Señor, que se lo agradezcáis por suplir a nuestras ingratitudes.
«Qué lecciones da vuestra humildad a mi orgullo!. Os diré, Señor, que la última vez que hablé al Sr. Vicente de los votos, le ví que pensaba si resolver para las principiantes sería por algún tiempo o para siempre, y creo que habrá tomado esta resolución para la fiesta de mediados de agosto a cuyo momento su cardad había remitido a muchas de nuestras hermanas me ordenó que sobre esto dejara memoria al Sr. Lambert. De qué gran consuelo me habría servido tener el honor de veros y de saber más o menos el tiempo que necesitamos para rematar los asuntos que la santa voluntad de Dios os ha encomendado, puesto que vais a Gascuña. Oh Señor, no os olvidéis de mostraros bien sabio para responderme a todas las preguntas que os haga para un mayor conocimiento de la persona que nos es la más querida en el mundo. Qué satisfacción he encontrado por las molestias que os habéis dado en Angers y me ha sorprendido después de aquello por las pequeñas debilidades que afectan a nuestras hermanas, para quienes y para mí la más necesitada os suplico continuéis vuestras santas asistencias ante nuestro buen Dios para lograr las bendiciones que necesitamos, y en particular para nuestras hermanas del hospital bien difícil de servir. Estoy llena de visitas lo que no me deja tiempo de responder a mi hermana Turgis, os suplico que le presentéis mis excusas y me creáis siempre en el amor de Jesucristo Crucificado.
«Señor, vuestra muy humilde y muy obediente servidora. L. DE MARLLAC.»
De Richelieu, el Sr, Portail se dirigió a Saintes ; una carta de san Vicente del 25 de agosto de 1646 le encuentra de paso.
Al Sr. Portail, que va de paso a la Misión de Saintes.
París, hoy 25 de agosto de 1646
«Señor,
No puedo expresaros el consuelo que he recibido por el éxito de vuestra visita de Richelieu. Ruego a Nuestro Señor que bendiga las otras igualmente, y que él os dé fuerzas, al Sr. Alméras y a vos. Saludo al Sr. Alméras y le ruego que pida perdón al Señor su padre por él y por mí, por no ir a despedirse de él, por lo que se siente más molesto contra mí de lo que yo pueda explicaros.
«Encontraréis en qué trabajar en Saintes: los Srs. Bourdet y Desnoyelles no viviendo bien dentro del orden ni con el Sr. Dufour. El gran recogimiento de éste ha chocado a aquellos. Puede haber exceso en casa del Sr. Dufour; todo el mundo no puede satisfacer a esta santa exactitud que tiene. Pero el principal defecto viene de la libertad que uno se quiere tomar para sí, sin mirar la de los demás. Trataréis de asegurarle que si el Sr. Desnoyelles no ofrece esperanza cumplir con la observancia de la regularidad, sería mejor enviarle a Saint-Méen; el Sr. Bourdet se quedará tranquilo. Pero no sé a quién se podrá enviar en su lugar a Saintes que pueda hablar en público.
«Pensadlo bien, Señor, se lo pido.
«Acabo de escribir al Sr. du Coudray que pronto estaréis en su casa después de dejar Saintes y le ruego que os reciba bien y haga uso de vuestras ordenanzas. Le he pedido que vaya después a hacer la visita en Cahors, del mismo modo como vos la hacéis. Mons. de Cahors está poco satisfecho del Sr Delattre y pide algún otro en su lugar, y no logro dar un paso.
«No sé si conocéis la muerte del Sr. Jegat; se ahogó al ir a bañarse por orden médica en un río que pasa cerca de la Rose. No os puedo decir qué pérdida ha sido: Tendréis la conferencia sobre él, si el Sr. du Coudray no lo ha hecho ya, (cuando lleguéis), como se lo he encargado, y enviaréis lo que se diga de sus virtudes para hacer la conferencia nuestra según la vuestra. No sé si os he escrito sobre la partida del Sr. Le Soudier para Salé, que está en África más allá del estrecho en el mar. Y como los religiosos reformados de San Benito nos han echado de Saint Méen, con la autoridad del parlamento, yo acabo de recibir una carta del Mons. de Saint-Malo por las que me informa que le han dicho que los nuestros están reestablecidos por la autoridad del Rey y eso con la asistencia del capitán de la guardia del Sr. gobernador de la provincia. Si la cosa dependiera de nosotros, nosotros llamaríamos a los nuestros, pero es asunto de dicho monseñor que actúa en su nombre y ha puesto en entredicho la iglesia de Saint-Méen, y ha prohibido bajo pena de excomunión a su gente entrar en ella mientras esos padres se encuentren allí.
«Dios mío, Señor, cómo me aflige todo esto. Habríais dicho alguna vez que nosotros hubiéramos tenido esta división con estos padres a quienes hemos tratado de servir con tanto afecto como si hubiesen sido nuestros propios asuntos. Espero que Dios mire lo poco que nosotros hemos tratado de hacer para vivir como viviendo de la caridad que es paciente.
«Quiera la misericordia de Dios que esto sea así y me ofrezca el medio de servirlos en adelante, lo que yo me propongo hacer más afectuosamente que nunca mediante la ayuda de Dios a quien os ruego le pidáis por mí.
«Aquí acabo después de encomendarme a vuestras oraciones y a las de vuestros Señores a quienes abrazo prosternado a sus pies y a los vuestros, que soy, etc. …»








