Algunas oportunidades para la creatividad en la Congregación de la Misión hoy

Francisco Javier Fernández ChentoCongregación de la MisiónLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Robert P. Maloney, C.M. · Traductor: Alfredo Herrera, C.M.. · Año publicación original: 2002 · Fuente: Vicentiana, Año 2002.
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logocmJesús sabía que las obras son más poderosas que las palabras, que el ejemplo tiene más fuerza que los mandatos, y que los símbolos nos conmueven más profundamente que los sermones. De hecho, al meditar sobre la creatividad, vemos que este era el distintivo de Jesús más admirado por San Vicente. Es el origen de un texto que es uno de los dichos más populares de San Vicente hoy y que aparece en la página inicial de nuestro sitio vicenciano en internet. Generalmente pensamos de otra manera cuando usamos este texto. San Vicente estaba hablando a un Hermano moribundo, dándole ánimos para fortalecer su confianza en la misericordia de Dios. Habiéndole hablado de las muchas muestras del tierno amor de Dios, le dijo al Hermano que Jesús, en previsión a su muerte, no quería dejar a sus discípulos solos, temiendo que en su ausencia sus corazones se enfriaran. Así es que le dice al Hermano, «ya que el amor es infinitamente inventivo… Jesús instituyó el adorable sacramento que nos vale de comida y bebida… Porque el amor lo puede todo, así lo quiso el Señor».1

La creatividad en san Vicente

Sospecho que el mismo San Vicente negaría que fue creativo. Muchos historiadores nos dicen que no era un pensador precisamente original. A mi juicio, San Vicente fue notablemente creativo en este sentido: escuchaba bien; reconocía una buena idea cuando la oía y fue original al poner en práctica las buenas ideas. Tenía capacidad para transformar buenas ideas en diseños concretos; muchos de ellos han permanecido eficientes durante cientos de años. Os ofrezco tres ejemplos rápidamente.

Primero, en 1617, para remediar las necesidades desesperantes de los pobres en su parroquia, fundó las Cofradías de la Caridad, que con frecuencia han sido llamadas Damas de la Caridad. Escribió para ellas unas reglas. Trabajó en su formación. Aun existen hoy, 384 años después, como Asociación Internacional de Caridades. Tienen 260.000 miembros en 45 naciones. En muchos lugares son un grupo maravillosamente dinámico que trabaja en proyectos de auto-ayuda entre los pobres.

Segundo, las Hijas de la Caridad fueron una fundación revolucionaria. San Vicente pudo hacer lo que San Francisco de Sales y otros no pudieron. San Vicente y Santa Luisa diseñaron esta nueva forma de comunidad lenta y sutilmente, evitando laboriosamente las ataduras canónicas que mantenían a las mujeres encerradas en la clausura. San Vicente dijo a las Hermanas lo que ellas tendrían:

  • por monasterio, solamente las casas de los enfermos y el lugar donde la superiora reside,
  • por celda un cuarto de alquiler,
  • por capilla la iglesia parroquial,
  • por claustro las calles de la ciudad,
  • por encierro la obediencia, no teniendo que ir más que a casa de los enfermos, yendo sólo a las casas de los enfermos o a los lugares necesarios para su servicio,
  • por rejas el temor de Dios,
  • por velo la santa modestia.2

Vicente y Luisa lanzaron a las grandes ciudades y a los pequeños pueblos lo que pronto sería un ejército de mujeres generosas que ofrecían toda su vida a Dios en el servicio del pobre enfermo. Millones llegaron a imitar a las Hijas de la Caridad en numerosas sociedades apostólicas nacidas en la Iglesia siguiendo el modelo de esta nueva creación. El servicio de las generosas Hijas de la Caridad por más de 360 años ha llevado salud al enfermo, enseñanza a niños y jóvenes, casa a los sin techo, alimento al hambriento, vida para los que caminan por las sombras de la muerte.

Tercero, Vicente fue uno de los grandes reformadores del clero en el siglo 17, un siglo lleno de reformadores del clero. Durante su vida fundó 20 seminarios. Tomó parte en el Consejo de Conciencia durante una década, aconsejando al rey en la selección de obispos. Muchos de los grandes líderes de espiritualidad de su tiempo se reunían en las Conferencias de los Martes que San Vicente organizó. Abelly afirma que más de 12.000 ordenandos para el sacerdocio hicieron los ejercicios en San Lázaro en tiempo de San Vicente.

Como sabéis, Henri de Maupas du Tour, el predicador en su funeral, estaba tan impresionado de la creatividad de San Vicente que dijo: «Él casi transformó el rostro de la Iglesia.»

Oportunidades para la creatividad, hoy

Me gustaría sugerir algunas posibilidades creativas para nosotros hoy como Vicencianos. Mientras lo pretendo, yo mismo conozco mis limitaciones, pero estoy seguro de que vosotros mismos, en diálogo de unos con otros, encontraréis oportunidades más creativas y más concretas que yo. Por eso, os ofrezco estas ideas confiando en vuestra comprensión. Espero que consideréis estas sugerencias como unas pocas ideas para impulsar el diálogo.

Dejadme empezar diciendo esto: una persona no siempre sabe que está haciendo un comienzo creativo. De hecho, Vicente no sabía con seguridad que las semillas que él estaba plantando llegarían algún día a ser grandes árboles. Él comenzó a fundar las Hijas de la Caridad –es tan fácil olvidarse de esto– como cofradías en las que las pobres chicas del campo podrían hacer el trabajo duro y manual que las ricas Señoras de la Caridad no podían hacer. Vicente nunca se imaginó que ellas llegarían a ser la Comunidad más grande de la Iglesia que jamás se había visto y que cientos de otras Comunidades nacerían por todo el mundo imitando a las Hijas de la Caridad.

Lo que intento decir es lo siguiente. Los comienzos creativos son generalmente reconocidos sólo más tarde cuando ellos han llegado a ser trabajos creativos a gran escala. La semilla sólo es bella en el árbol florido. Por eso os digo hoy, sembrad muchos árboles. Mantened los oídos atentos, como estaban los oídos de San Vicente, a las ideas nuevas. Tomadlas y usadlas vosotros mismos. Cooperad con las iniciativas de otros. En estos tiempos de grandes retos, impulsad la creatividad, y sed atrevidos y persistentes en poner en práctica las ideas creativas

Servicio a nuestra Familia Vicenciana

Os ofrezco aquí una breve semblanza de nuestra Familia Vicenciana hoy día. Después, permitidme sugerir algunas oportunidades de creatividad a los miembros de esa Familia.

NOMBRE FECHA DE FUNDACIÓN NÚMERO DE MIEMBROS
Asociación Internacional de Caridades 1617 260.000
Congregación de la Misión 1625 4.000
Hijas de la Caridad 1633 23.000
Sociedad de San Vicente de Paúl 1833 530.000
Grupos Juveniles Vicencianos 1847 62.000
MISEVI 1999 30
Asociación de la Medalla Milagrosa 1909 Un millón inscritos

¿Verá el tercer milenio el florecimiento del laicado en la Iglesia? Cuando nosotros mismos nos encontremos dudando de la importancia del laicado en la actividad misionera de la Iglesia, deberíamos releer las cartas paulinas y el libro de los Hechos. Estos nos librarán rápidamente de nuestras dudas. Pablo dice que todas las comunidades de los Gentiles están en deuda con Priscila y Aquila, una pareja de casados.3 Será difícil encontrar mayor alabanza que esa.

Estos dos grandes misioneros aparecen en cuatro ocasiones en el Nuevo Testamento. ¿Qué sabemos de ellos? Sabemos que ellos eran:

  • misioneros seglares
  • una pareja de casados
  • Judíos Cristianos
  • expulsados de Roma durante la persecución de Claudio
  • habitantes exiliados en Corinto
  • trabajadores de tejidos (el mismo oficio que tenía Pablo)
  • hospitalarios con Pablo, recibiéndole en su casa
  • compañeros misioneros suyos en Éfeso y, en realidad, fundadores de la Iglesia allí4
  • personas que arriesgaron su vida por él
  • hospederos de la Iglesia local en su misma casa (una casa‑iglesia)
  • Catequistas del gran misionero Apolo.

Pablo y Lucas estimaban a esta pareja como misioneros extraordinarios. Aparecen en la carta a los Romanos, la primera carta a los Corintios, en el capítulo 18 de los Hechos y al final de la segunda carta a Timoteo. Priscila, a quien Pablo llama Prisca, es dos veces mencionada delante de su esposo; esto parece indicarnos que ella tenía una función más importante en el trabajo misionero de la primitiva Iglesia que su esposo.

¿Qué nos piden estos misioneros laicos? Sugiero tres cosas.

Primero, formación. Tienen ganas de ella. Están constantemente pidiéndonosla. Ninguna otra petición es presentada al Superior General tan frecuentemente como la demanda de formación.

Segundo, oración. Quieren aprender a orar y quieren orar con nosotros. En el estupendo documento «Novo Millennio Ineunte», publicado sólo hace un año, el Papa Juan Pablo II dice así: «Nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas ‘escuelas de oración’, donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el ‘arrebato del corazón’. Una oración intensa, pues, que sin embargo no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios».5

Tercero, ayuda práctica. Animad a los laicos a ser inventivos en descubrir las más profundas necesidades de aquellos a quienes sirven. Haced con frecuencia para vosotros mismos esta pregunta: ¿En concreto, qué me esta pidiendo este pobre? ¿Cuál es la necesidad mayor de la persona que está llorando ante mí? ¿Qué me están pidiendo los niños del colegio, del orfanato que visito o donde trabajo? ¿Qué necesita el enfermo en su casa? ¿Cuál es el sufrimiento más fuerte del enfermo con SIDA? Después, ayudadles a ser creativos en remediar esas necesidades.

Formar grupos de jóvenes

¿Hay algún sector de la sociedad al que el Papa Juan Pablo haya dado claramente mayor importancia?  El sesenta y cuatro por ciento de la población mundial tiene menos de 25 años. Los jóvenes son el tercer milenio. Les pertenece. Si la Iglesia está totalmente viva en el tercer milenio será porque tiene la energía de la gente joven para creer profundamente. Los jóvenes serán los evangelizadores y los servidores de los pobres en el tercer milenio. La mayoría de nosotros apenas podremos estar allí. Si las estadísticas dicen la verdad, yo no sobreviviré la segunda década del tercer milenio. Pero la gente joven estará viva y llena de energía mucho después. Por lo tanto, os digo hoy que no hay meta más importante para la Iglesia y para la Familia Vicenciana que buscar y ofrecer a los jóvenes una formación entusiasta, cristiana y vicenciana. Nosotros que vivimos en la Familia Vicenciana tenemos un don maravilloso que ofrecer a los jóvenes. Trasmitídselo a ellos alegre y generosamente.

Walt Whitman, un gran poeta de mi país, escribía esto:

Juventud, inmensa, vigorosa, amante –juventud llena de gracia, fuerza, fascinación… Día pleno y espléndido– día de sol inmenso, acción, ambición, risa…

¿Qué podemos ofrecer a los jóvenes? Las mismas tres cosas: formación, oración, servicio práctico.

Hoy existe en muchos países una voluntad fuerte de comprometer a los jóvenes en el servicio. Nuestras misiones, muchas parroquias nuestras, y los colegios de las Hijas de la Caridad trabajan estupendamente en entusiasmar a los jóvenes para dirigir sus energías hacia el servicio del pobre. Grupos como MISEVI y el Voluntariado Vicenciano cumplen con este compromiso durante grandes periodos de tiempo. Os animo a trabajar intensamente en la formación de estos jóvenes. Os animo a enseñarles a orar. Os animo a buscar oportunidades para que ellos trabajen en nuestras misiones extranjeras.

Es muy interesante: siempre que San Vicente formaba un grupo escribía una regla para él. Todos conocemos las Reglas Comunes de la Congregación de la Misión y también las Reglas Comunes de las Hijas de la Caridad, pero si tomáis el volumen 13 de los Escritos de San Vicente de Coste, encontraréis que aun tenemos otras 19 reglas más que el Santo escribió. Seguramente que hubo muchas otras. Estas son todas para seglares.

Os hago hoy la pregunta, ¿cómo debería ser la juventud vicenciana en vuestro país? Si tuviérais que escribir una regla para la juventud vicenciana hoy, qué escribiríais? ¿Cómo debería ser su vida? ¿Cómo debería ser su formación? ¿Cómo debería ser su oración? ¿Cómo deberían ser sus obras?

Formad grupos de jóvenes. Decidles, con las palabras del mensaje del reciente Sínodo:

Vosotros, jóvenes, vosotros sois «los centinelas de la mañana». … ¿Cómo os pide el Señor de la historia que construyáis la civilización del amor? Vosotros tenéis un fino sentido de lo que os pide la honradez y la sinceridad. Vosotros no queréis quedar atrapados en las luchas étnicas que dividen ni queréis ser envenenados por la gangrena de la corrupción. ¿Cómo podemos ser discípulos de Jesús todos juntos y poner en práctica las enseñanzas de Cristo en el Monte de las Bienaventuranzas?

Sed líderes en el uso pastoral de la tecnología a favor de los pobres

Los países del Tercer Mundo lamentan, y muchas veces con razón, que el progreso en la tecnología ha producido más riquezas para los ricos y una diferencia cada vez mayor entre ricos y pobres.

La Congregación de la Misión, y la Familia Vicenciana en general, ha respondido muy rápidamente a la llamada de estar a punto. Todas las provincias pueden comunicarse por correo electrónico. Estos recursos nos presentan un diversos de desafíos.

  1. ¿Podemos usar nuestros recursos tecnológicos vicencianos para atraer a otros a trabajar con nosotros en el servicio de los pobres y para investigar las causas de la pobreza?
  2. ¿Podemos continuar preparando a nuestros cohermanos en la tecnología del    ordenador?
  3. ¿Podemos buscar recursos para preparar centros de enseñanza tecnológica en los países más pobres del mundo? ¿Podrían las grandes empresas, la Fundación Bill and Melinda Gates, la Fundación Ford, estar dispuestos a ofrecer sus recursos para tales proyectos de formación? Visité un centro de formación tecnológica en Madagascar, que muchos consideran como el país más pobre del mundo. Los estudiantes de allí eran ya muy buenos con el ordenador.
  4. Con frecuencia creemos que los ordenadores son herramientas de los jóvenes, pero he visto a muchos cohermanos mayores, ya retirados, que han aprendido a usar los ordenadores muy bien. ¿Podemos preparar medios con los que nuestros cohermanos mayores puedan cooperar en el servicio de los pobres por medio de estas tecnologías?
  5. ¿Podemos organizar centros en la red que sean realmente atractivos para jóvenes? ¿Están los jóvenes, que pasan tantas horas con el ordenador, atraídos por nuestros sitios vicencianos en la red? ¿Podemos ser ministros de los jóvenes en la red? ¿Podríamos ganar un premio por tener el sitio en internet más atractivo para los jóvenes?

Edad, salud y distancia son dimensiones transformables con los ordenadores. La habitación de un hombre enfermo puede ser su púlpito. Un ordenador se convierte en su micrófono para predicar la Buena Nueva a otros.

Existe una caldera burbujeante de nuevas tecnologías en el mundo. El inglés se está haciendo el lenguaje de la tecnología mundial. Internet lo está consiguiendo. ¿Podemos usar este instrumento poderoso al servicio del pobre?

I. Crear una cultura de la vocación

Muchos de nosotros aquí presentes crecimos con una cultura de la vocación, aunque desapareció sin un análisis completo, como sucede con la mayor parte de los fenómenos culturales. ¿Podemos cooperar para un renacimiento de una cultura vocacional en vuestro país?

¿Cuáles son los elementos de una cultura vocacional? En otras palabras, si un joven está creciendo en una cultura de la vocación, ¿qué es lo que le ayuda a tomar la decisión de ser Vicenciano? Sugiero seis elementos:

  1. Una imagen positiva de nosotros, de nuestra vida en comunidad, de nuestra oración y de nuestros ministerios en la Congregación de la Misión. Este elemento está prácticamente en nuestras manos.
  2. Una imagen positiva del sacerdocio y de la vocación de hermano. Este elemento no está totalmente en nuestras manos, pero podemos impulsarlo.
  3. Apoyo a las vocaciones dentro de una comunidad de fe. Desde luego, la familia de un joven es muy importante aquí. Pero el apoyo también puede llegar en los colegios, o puede venir de los grupos de juventud en la parroquia. Nosotros podemos cooperar en la creación de tales comunidades. También podemos intentar la cooperación de los padres de familia en el ministerio vocacional.
  4. Contacto directo con modelos a imitar, diálogo con ellos sobre su forma concreta de experimentar la vida, la oración y el ministerio. Esto cae dentro de nuestro control, especialmente si tenemos casas donde la gente joven pueda estar en ocasiones con nuestros cohermanos, pueda rezar con ellos y participar en sus trabajos.
  5. Invitaciones, implícitas y explícitas, «ven y verás»,  como el evangelio de San Juan lo sugiere.6 Tales invitaciones pueden estar acompañadas gradualmente por un asesoramiento personal y vocacional.
  6. Oración por las vocaciones. Jesús lo dice bien claro: «Rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.»7 Esto está en nuestras manos. Podemos orar nosotros y podemos invitar a los padres de los jóvenes a rezar por las vocaciones de sacerdotes y hermanos.

II. Crear un ambiente propicio al evangelio

San Vicente fue increíblemente activo. La Iglesia le pone como modelo para todos los dedicados al trabajo concreto y práctico a favor del pobre. Pero es sorprendente que sus contemporáneos le tenían por contemplativo. Su espiritualidad fue profundamente evangélica. Se centraba en la persona de Jesús revelado en las escrituras y citaba sus palabras una y otra vez. «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.»8 «Sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas».9 «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame.»10

Os indico hoy que no hay servicio más importante que podamos ofrecer a la Familia Vicenciana que la creación de un clima centrado en el evangelio. Os digo esto a cada uno como individuo y se lo digo a toda la Congregación en general. Nuestros ministerios son muy importantes, pero nuestras vidas son aun más importantes. Lo que hacemos por los pobres tendrá un fuerte impacto en el futuro, pero lo que nosotros somos para los pobres, el espíritu que les comunicamos, lo que representamos para ellos es aun más decisivo, ayudándoles a tener esperanza en el futuro, a percibir que están siendo liberados de las amarras que les atan, a encontrar la paz en sus corazones y compartir la paz con otros.

Y el desafío es este: ¿podemos formar comunidades locales donde la caridad evangélica reine entre nosotros y después llegue hasta los pobres; donde la verdad se halle entre nosotros con sencillez, humildad y constancia, y sea comunicada a los de fuera de la misma forma; donde compartamos nuestra oración también con otros; donde nos ayudamos unos a otros y disfrutamos con otros como amigos y después ofrecemos esa amistad a los pobres que nos rodean; donde nos escuchamos bien y buscamos juntos la voluntad de Dios y somos capaces de escuchar bien a los pobres y buscar la voluntad de Dios con ellos; donde nos animamos unos a otros a renunciar al placer inmediato por razón de fines más altos y somos capaces de mostrar a los que tenemos a nuestro lado con nuestras vidas cuáles son las metas más altas de la vida; donde seamos creativos en las expresiones de amor que son más duraderas que la unión sexual y así demos testimonio a otros de que hay vocaciones muy importantes además del matrimonio?

Os animo hoy, hermanos míos, a ser creativos en nuestra vivencia del evangelio y a formar comunidades evangélicas. No hay mayor regalo que podáis dar a la Iglesia y a nuestra Familia Vicenciana.

Esas son sólo cinco posibilidades. Desde luego hay muchas otras. John Rybolt me recordaba recientemente los otros ministerios tradicionales que son del tiempo de San Vicente, los de las prisiones y de los ejercicios. ¿Podemos encontrar formas creativas en el ministerio de las prisiones o en trabajar por las reforma del sistema penitenciario? Hermanos nuestros de algunos países ya han hecho aportaciones creativas en este sentido.

¿Podemos crear una forma específicamente vicenciana para los ejercicios espirituales de tradición ignaciana?

Ninguna otra época histórica ha conocido más migraciones que la nuestra. ¿Podemos ser creativos en ministerios y servicios para las oleadas de inmigrantes que siguen atravesando las fronteras de muchos de nuestras naciones?

Como saben, la Familia Vicenciana universal ha lanzado un proyecto común titulado, «Globalización de la Caridad: Lucha contra el Hambre», comenzando el 27 de septiembre de 2001, y que terminará el 27 de septiembre de 2003. ¿Podemos anunciar esta campaña a los seglares de las instituciones donde servimos?

Para hacer todas estas cosas, desde luego, necesitamos no sólo creatividad. Necesitamos movernos. Necesitamos ayudarnos unos a otros en comunidad. Necesitamos unirnos en la oración para llenarnos de la vida del Señor. Necesitamos trabajar juntos con otras ramas de la Familia Vicenciana. Movilidad, ayuda comunitaria, oración, trabajo en equipo, estas son las condiciones del ministerio creativo dentro de la Congregación de la Misión.

Hace más de dos décadas, mucho antes de que muchos de nosotros empezáramos a hablar del tercer milenio, una voz profética pronunció estas palabras mientras tenía la visión del siglo 21:

Ayuda,  de vez en cuando, volver atrás y echar un vistazo largo. El reino no está sólo lejos de nuestros esfuerzos, está lejos de nuestra visión.

Completamos en nuestra vida sólo una pequeña porción de la maravillosa empresa que es la obra de Dios. Nada de lo que hacemos está terminado, que es otra manera de decir que el reino de Dios queda más allá de nosotros. Ningún discurso dice todo lo que pudiera ser dicho. Ninguna oración expresa totalmente nuestra fe. Ninguna confesión trae la perfección, ninguna visita pastoral trae integridad. Ningún conjunto de metas y objetivos incluye todo.

Eso es lo que somos: plantamos lo que un día crecerá. Regamos las semillas ya plantadas sabiendo que guardan promesas futuras. Ponemos los cimientos que necesitarán desarrollo futuro. Proporcionamos la levadura que produce efectos muy por encima de nuestra capacidad.

Esas son las palabras de Oscar Romero, dichas poco antes de su martirio en San Salvador en 1980.

Hermanos míos, os digo al terminar: ¡Id! Me gustan las palabras finales del evangelio de Marcos. Jesús, despidiéndose de los apóstoles, se vuelve hacia ellos y les dice: «Id. Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura».11

La clave para ser misionero es movilidad. Id,  y sed la presencia del Señor en las vidas de los más abandonados. Id, y ayudadles en sus más profundas necesidades espirituales y humanas. Id donde el Señor os pida. Id, id, id, y sed el signo de la paz del Señor y de su infinito amor.

  1. SV XI, 146 / ES XI, 65
  2. SV X, 661 / ES IX, 1178-1179
  3. Rom 16,4
  4. Jerome Murphy‑O’Connor, Paul, A Critical Life (New York: Oxford University Press, 1996) 171.
  5. Novo Millennio Ineunte, 33.
  6. Jn 1, 39
  7. Mat 9, 39; Lc10, 2
  8. Mt 11, 29
  9. Mt 10, 16
  10. Mt 16, 24; Mc 8, 34; Lc 9, 23.
  11. Mc. 16, 15

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