Escultura de San Vicente de Paúl en Badajoz

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la Misión en EspañaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Desconocido · Año publicación original: 2011 · Fuente: Anales españoles, 2011.
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Dentro del denominado Plan E, el Ayuntamiento de Badajoz acometió la reforma de la pla­za de Santo Domingo, donde está ubicada la parroquia del mismo nombre, templo que perteneció a los Padres Dominicos, que fun­daron el convento en el siglo XVI. Los Padres Paúles llevamos desde 1804 en la ciudad de Bada­joz, dedicados a la formación de los ordenandos y del Clero, a las misiones populares y a la cura de almas. Desde 1927 regentamos el Templo de Santo Domingo como iglesia de culto, erigiéndo­se canónicamente en parroquia en 1966, por Decreto del señor obispo D. Doroteo Fernández.

En un primer momento apa­reció en la prensa que en la rotonda que se estaba reformando iban a levantar una escultura de Fray Luis de Granada (S. XVI), dominico que estuvo en este convento y que escribió aquí, según la tradición, Guía de pecadores. Sin embargo, en seguida miembros de la Familia Vicenciana, feligreses de la parroquia, informaron de la noticia y de su deseo de que la escultura que debería presidir la plaza debía ser la de San Vicente de Paúl, por la historia de los PP. Paúles, de las Hijas de la Caridad y de toda la Familia Vicen­ciana a favor de los más pobres, durante más de dos siglos, y que sigue siendo actual y patente, sobre todo en los dos comedores para tran­seúntes, atendidos por las Hijas de la Caridad y por las Voluntarias.

Desde esta situación, se erigen en Comisión y se ponen al habla con el Ayuntamiento, que accede a la petición y se encarga de todo el pro­yecto, sufragándolo en su totalidad. Ni que decir tiene que estas deci­siones, hoy como siempre, son controvertidas, y por ello se le agrade­ció expresamente al alcalde, en nombre de toda la Familia Vicenciana y de toda la parroquia, la valentía en la decisión que habían tomado de erigir un monumento a un santo en una plaza pública.

Aunque la colocación de la estatua se ha demorado cinco meses, por problemas técnicos con la fundición, ha valido la pena la espera porque todas las personas que estuvieron presentes en su inauguración y todos los que pasan delante de ella le dan su aprobación y reconocen que es una gran obra, en la que el joven escultor, José Manuel Gamero, ha re­cogido con gran sensibilidad la espiritualidad y la obra de San Vicente. El autor ha querido que la escultura forme un todo con la peana, que también tiene su simbolismo. Con estas palabras explica su obra: La es­cultura es un conjunto completo, incluida la peana. La figura de San Vi­cente recrea un personaje cálido, un santo protector que tiene una mano en el pecho en señal de entrega a Dios, y otra en la cabeza del niño, y con su manto lo arropa, en señal de protección y entrega a éste. Con el hueco de la base he querido dejar abierta la parte espiritual del santo, es como un canal hacia Dios, porque a través del mismo se ve la puerta de la iglesia de Santo Domingo, invitando al templo.

La escultura es de bronce, pesa 700 kilos y mide tres metros. La pea­na es de piedra blanca portuguesa, de la zona de Batalla y mide tres me­tros. El proyecto ha ascendido, en su totalidad, a unos 110.000 euros.

Por su interés, reproducimos el artículo que José Moreno Losada, sacerdote diocesano y periodista, publicó en su Blog:

«Cada vez que lo hicisteis con uno de los más pequeños del mundo, conmigo lo hicisteis. El pobre es el verdadero sacramento de Cristo en la historia, por eso ha habido santos que a sus seguidores les enseñaban a tener como claustro el mundo, como capilla la parroquia y como sa­grario a los más necesitados, para ver en ellos el rostro de Cristo que nos salva y nos enriquece con su pobreza. Así fue San Vicente de Paúl».

Acabo de llegar de la inauguración de una escultura que presidirá la plaza de Santo Domingo en mi ciudad de Badajoz, y que nos hace presente la persona y el carisma de San Vicente de Paúl. A lo largo de más de cien años, son las Hijas de la Caridad y los Paúles los que han estado organizando desde su carisma la atención a los más pobres de la ciudad. Junto a ellos, la gran labor de Cáritas en la Diócesis.

Hoy, cuando se nos dan los datos de que más de un veintiún y me­dio por ciento de la población española está por debajo del umbral de la pobreza, tiene pleno sentido que el Ayuntamiento de esta ciudad haya querido reconocer, a petición de muchos ciudadanos, el valor de este carisma de dedicar la vida al servicio de los más pobres y de los que más lo necesitan.

Parece ser que levantó polémica el que fuera la figura de un santo, en estos tiempos, como si la vivencia de la generosidad y de la justicia tuviera etapas y excluyera motivaciones. El caso es que, dadas las circunstancias, el Ayuntamiento ha querido hacerlo con mucha sencillez y bastante silen­cio, cosa que como Me decía una Hija de la Caridad, y hace tiempo me lo re­frendaba el párroco paúl, ellos no lo habían pedido, ni estaban dispuestos a gastar fuerzas en estas luchas, les daba igual, aunque hoy agradecían el gesto de que su referencia de santidad presidiera la plaza. El caso es que el acto ha sido al modo y al estilo del santo, gentes sencillas, que han acudido a un acto en el que no ha habido discursos ni nada ostentoso, nada más que la familiaridad y la sencillez, amén del reconocimiento de que el espíritu que movió a este santo sigue vivo después de más de tres siglos, y que aquí han pasado y viven mu­chas personas que, movidos por ese mismo espíritu, y alentados por ese modelo, tienen un deseo vivo y eficaz para que todos los pobres vivan con dignidad. Son todos aquellos que en el Reino definitivo oirán la voz de Cristo que les dirá: «Venid vosotros benditos de mi Padre, porque fui pobre, estuve desnudo, hambriento, sediento, en la cárcel… y estuvisteis a mi lado, porque cada vez que lo hicisteis con un pequeño, lo hicisteis conmigo».

Que cunda el ejemplo, y que nadie proteste ni se avergüence de que la generosidad, la sencillez, y la entrega a los más pobres hoy haya su­bido a un pedestal en una plaza pública, en estos tiempos de crisis que nos llaman a la austeridad y al compartir en radicalidad. Por cierto, hay un comedor que abre las puertas todos los días y que reparte a muchas familias comida, amén de ropa y limpieza, que está abierto para que to­dos podamos colaborar y llegar a los más pobres con nuestro compro­miso ciudadano y cristiano, a esa realidad es a la que se le ha hecho un monumento. ¿Hay quien dé más por menos?»

 

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