El sr. D'Horgny (1597-1667): Capítulo 5

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Author: Noticias de Misioneros .
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V.- 1653-1667

El Sr. d`Horgny superior de los Bons-Enfants. –Visita de las casas.

-Carta de la Srta. Le Gras. –Carta de san Vicente al Sr. d’Horgny. –Noticias de Roma.

-Muerte del Sr. Portail. –El Sr. d`Horgny director de las hermanas. –Su correspondencia con las hijas de la Caridad. -Muerte de san Vicente. –El Sr. Alméras nombrado superior general. –Elogio que hace del Sr. d’Horgny. Cartas del Sr. d’Horgny a las hijas de la Caridad. Sus conferencias. Su muerte.

De vuelta a Francia hacia finales del año 1653, el Sr. d’Horgny fue superior del colegio Bons-Enfants hasta el fin de 1659. Asistente del superior general y su consejero más  autorizado con el Sr. Portail, le fue de gran utilidad, bien en París donde prestaba su servicio en las numerosas obras de las que estaba encargado san Vicente, bien en provincias, continuando las visitas de las casas de la Congregación y de las hijas de la Caridad.

Al terminar el año de 1655, el Sr. d’Horgny tuvo el consuelo de ver llegar la bula de Alejandro VII (27 de setiembre), que confirmaba el Instituto con los cuatro votos, la obligación de dos años de seminario interno, que el superior general o el Soberano Pontífice podían solos dispensar, y el reconocimiento del Instituto como perteneciente al clero secular. Todos estos privilegios, había trabajado él prudentemente en alcanzarlos, durante los dos últimos años de su estancia en Roma.

Durante los años que siguieron, el Sr. d’Horgny repartió su tiempo entre la dirección del colegio y la visita de las casas, tanto de los misioneros como de las hijas de la Caridad.

Llega a Richelieu a primeros de setiembre de 1659. Tres cartas de san Vicente, que llegan para él, nos dan a conocer los pensamientos del venerable superior; recomienda en la del 21 de setiembre que se dé a los misioneros toda la amplitud para relacionarse con el Superior general.

En la última del 5 de octubre, le da a conocer el objetivo de la visita.

«Me habéis escrito que la casa del Mans necesita un predicador para las misiones, de un sacerdote para la procura y de un clérigo para las clases; que la casa de Richelieu tiene igualmente necesidad de un hombre fuerte para las predicaciones. El Sr. Berthe, por otra parte, nos ha dicho que necesitábamos también enviar a dos sacerdotes a Sedan, y es muy posible que os encontréis todavía más casas que pidan nuevos obreros. Pues bien,  ¿cómo atender a todo? No se puede; tenemos pocos hombres hechos y sin embargo mucho campo para trabajar y lugares que llenar, incluso algún establecimiento nuevo. Os digo esto, Señor, para que nos ahorréis lo más que podáis. Vuestro gran cuidado debe dirigirse, en vuestras visitas, a enderezar a los que se apartan, a dar ánimos a los corazones rotos o abatidos y fervor a los cobardes y tibios; es para esto en particular para lo que sois enviado, siendo necesario que todos contribuyan  con toda su fuerza no sólo al buen orden xino al ejercicio de nuestras funciones en cada lugar».

El 3 de octubre de 1659, el Sr. d’Horgny escribió de Richelieu a san Vicente:

«Creo que la Srta. Le Gras haría muy buen papel de caridad con los enfermos de esta ciudad de Richelieu y con nuestras dos hermanas que hay, si enviara a otras dos hermanas para asistir tanto a los enfermos como a dichas hermanas, pues las dos están en cama  desde hace dos semanas con la fiebre».

Insistió, en una segunda carta del 8 de octubre, para el envío de las dos hermanas, y termina diciendo:

«Se necesita urgente que las que vengan  sepan bien hacer la sangría y tengan mucha cordialidad con los enfermos, ya que este es uno de los lugares más difíciles que puedan encontrarse».

Se fue de Richelieu a Angers, luego a Tréguier. Más tarde le encontramos en Nantes; escribe de esta ciudad a la Srta. Le Gras, el 29 de diciembre de 1659:

«Señorita,

«He recibido una de vuestras cartas en Tréguier y os he contestado antes de salir de dicha ciudad, y recibo dos en Nantes, donde me encuentro hace tres o cuatro días; trataré con toda atencion de aprovecharme de todo cuanto me escribís. He visto a nuestras dos hermanas de Hennebon, a la hermana Marthe que se ha curado, gracias a Dios, y a la hermana Marie; se arreglan muy bien entre las dos; las de Nantes están bien también y son muy comprensivas; es verdad que hay dos que les dan trabajo con frecuencia, nuestras hermanas Madeleine y Marie. Son pocas en número, pensando que el nuevo hospital es más difícil de atender que el antiguo, y que los enfermos han aumentado mucho, que son ahora ciento veinte y el número aumenta cada día. Los pobres no piden sin embargo más que una, y creo que habrá que enviársela cuando recibáis sus cartas, y luego,  cuando ellas sean siete, se verá si ese número es suficiente; he visto al señor vicario de Santa Cruz, que sigue muy contento haciéndole la caridad de confesarlas.

«Él os presenta sus respetos así como al Sr. Vicente. En cuanto a vuestros temores, Señorita, que ellas se dediquen demasiado a sus devociones. Os diré hace más de cuatro años que no hacen meditación  que con gran trabajo oyen una misa a toda prisa, la razón es que, desde las cinco hacen las camas y si no las hicieran en ese tiempo, no encontrarían otro. Por esto veréis la necesidad que tienen de socorro. No sé si la hermana Estiennette habrá llegado ya a Richelieu, vistos los retrasos que ha tenido al principio, como sabréis por una carta  del Sr. Ratier que envié a nuestro muy honorable Padre el Sr. Vicente. Me ocuparé de todo lo que me comunicáis  para las hermanas de otros lugares, pero en todas partes, y para mis necesidades particulares, tengo gran confianza en vuestras oraciones y en las de toda vuestra comunidad pata pedir un nuevo nacimiento en esta fiesta próxima  en el nacimiento de Nuestro Señor, y yo soy, Señorita, vuestro muy humilde y afecto servidor. «J. d’HORGNY. «Indigno sacerdote de la Misión.

«P. S. Agradezco a la Sra. Métaix por sus recuerdos y pido a Nuestro Señor que la bendiga y a su señora hija y a todos los demás de su familia si le place. La hermana Nicolle está dispuesta a realizar el cargo de sirviente más cuidadosamente de lo que lo ha hecho mientras la obediencia no disponga otra cosa. Ella os presenta sus respetos como también a todas las demás hermanas».

A principios de enero de 1660 san Vicente escribió al Sr. d’Horgny una carta muy interesante que citamos íntegramente a pesar de su longitud:

«Señor,

«Pido a Nuestro Señor que en este año nuevo renueve nuestros corazones con su espíritu y nos úna a él por toda la eternidad.

-He recibido vuestras cartas de los 29 de diciembre y 1º de enero; me han consolado más de lo que os pueda decir, viendo por ellas vuestra buena disposición, y cómo le agrada a Dios bendecir vuestras actuaciones. Doy por ello gracias infinitas a su divina bondad que se sirve de vos para poner buen orden por doquiera que pasáis, y le ruego que tenga a bien continuar.

«Me alegro mucho porque habáis ido a La Rochelle a consolar y animar a nuestros pobres sacerdotes a punto de embarcarse, no dudando que [209] ellos siguen más unidos y se aprovechen de vuestros buenos consejos.

«Nada más que deciros, Señor, respecto a la casa de Luçon, sino que espero el resultado de cuanto habéis hecho, y esperamos al Sr. Chiroye que decís que debe partir para París, al mismo tiempo que vos partiréis para Saintes. Dios sea alabado en ello!

«En Saintes, hallaréis al Sr. Fleury y al hermano Fricourt con dolor por sus padres; pero espera que vuestra presencia pondrá remedio a su desmesurada aflicción que sienten por ellos y los dejaréis en paz en lugar de la pena en que se hallan.

«El Sr. Chrétien nos pide un predicador para la Roze, ya veréis si se pueden pasar sin él. Me parece que lo podrían si el Sr. Chrétien se esforzara un poco en predicar él mismo; me han avisado de que dan entrada a las mujeres a su  en su casa y en su huerta, es algo que no se puede permitir.

«Recomiendo a vuestras oraciones y a las de la pequeña familia de Saintes el alma de nuestro buen Sr. Perraud, quien falleció aquí el 26 de diciembre tras cuatro o cinco años de enfermedad, que habiéndole servido de purgatorio, esperamos que goza ahora de la recompensa de sus trabajos, pues ha trabajado mucho tiempo y con fruto en la viña del Señor y en la práctica de las virtudes.

«La Comunidad de aquí está bastante bien, verdad es que el Sr. Alméras ha estado indispuesto, y todavía lo está un poco, en cuanto a mí, yo no puedo bajar, a causa de que mis piernas están peor que nunca.

«Por último, Dios ha querido, y nuestro santo Padre el Papa, enviar a los Ordenados a los pobres mendigos de la misión de roma por las últimas témporas, los Srs. abates de Chandenier se han encontrado allí por una providencia especial de Dios que ha querido edificar con su modestia su piedad, su recogimiento y sus demás virtudes, que ellos [210] practican esta primera ordenación. Hay motivos de esperar que esta buena obra continuará.

«Acabo de recibir una carta  del señor oficial de Luçon que me escribe desde la parroquia de Chasnay con el mismo espíritu que ya ha hecho y sobre lo cual os he escrito, es decir que querría algunos beneficios en lugar de ése. Un arcedianato o algún otro priorato simple. Le he dado las gracias, y le he dicho que no hay que pensar más en eso. «Soy en el amor de Nuestro Señor, etc…»

 

El Sr. d’Horgny llegaba a Cahors a principios del mes de febrero, mientras que el Sr. Portail caía enfermo y, tras algunos días de enfermedad, era arrebatado al afecto de  de sus cohermanos. El Sr. d’Horgny tuvo el pesar de no abrazar antes de su muerte al que, después de san Vicente, era el más antiguo de la Compañía.

El Sr. d`Horgny fue elegido para reemplazar al Sr. Portail como primer asistente y como director de las hijas de la Caridad. Así da a conocer san Vicente esta elección, escribiendo a la hermana Margarita Chétif:

«30 de mayo de 1660.

«Hemos nombrado al Sr. d`Horgny para director en lugar del Sr. Portail; es el más antiguo de nuestros sacerdotes, de los  más dulces, de los más sabios, de los más afectos a vuestro pequeño Instituto».

Una vez que entró en París, se puso a la obra en sus nuevas funciones; presidió el consejo de las hermanas, en ausencia de san Vicente, que no podía ya salir y consoló a estas pobres hijas desoladas, tanto por la pérdida de su madre (que murió el 16 de marzo) como del miedo a perder a su venerable padre. Citamos dos cartas, una del 2 de junio y la otra de principios de julio, escritas a sor Nicolle Harare y a sor Marie Dornon en Brienne.

«San Lázaro,  2 de junio de 1660.

«Mi querida hermana,

«La gracia de Nuestro Señor esté siempre con vos!

«El Sr. Vicente ha recibido vuestra carta en la que le decís que los padres de los pobres han resuelto tiene también a dos hijas  para cuidaros. Es verdad, mi querida hermana, ya que ellos le han escrito por eso, y él les responde en ese viaje que se os enviará tan pronto como sea posible. Entretanto, pienso que haréis bien reteniendo a esta buena hermana para ayudaros hasta el momento en que las hermanas lleguen. No se ha elegido aún a una madre. os ruego que encomendéis mucho este asunto a Dios y sin embargo, cuando queráis escribir a nuestras hermanas, podréis dirigiros a sor Jeanne Pressier, es ella quien se encarga, entretanto; Ella tratará de enviaros algo de la difunta Señorita cuando salgan las hermanas; las mismas os llevaran también el Busée y otros libros.

«También he recibido la carta que me habéis escrito y la de la hermana Françoise. Os suplico que le presentéis mis excusas; yo le escribiré en otra ocasión. Éstas son carta para las hermanas de Hennebon. Ya cuidaré de las hermanas Matir y Madeleine. He escrito al señor vicario de Santa Cruz y le he enviado los libros, hace ocho días.

«Me entristece la aflicción que tenéis por la Señorita; yo también tengo mucha. Pero bueno, querida hermana nos ha de consolar su felicidad, ya que goza ahora de la gloria en el Paraíso; qué! querríamos envidiarle este bien; debemos agradecer a Dios por haberla conservado tanto y por tanto tiempo, después de tales enfermedades. Vamos pues, mi querida hermana, entregaos mucho a Dios y a ella también, y todo irá bien. Nuestro muy honorable Padre, se encomienda a vosotras y a toda la familia, y yo también.

«Soy en el amor de Nuestro Señor, mi querida hermana, vuestro humilde y afecto servidor. «J. D’HORGNY. «Indigno sacerdote de la Misión». «Mis recuerdos al Sr. vicario de Santa Cruz, por favor.»!

La carta que sigue va dirigida a la hermana Marie en Brienne.

«Saint Lazare,  julio de 1660.

«Mi querida hermana,

«Os escribo la presente para haceros las recomendaciones de nuestro muy honorable Padre, el Sr. Vicente,  y deciros que las tres hijas que habéis enviado han sido bien recibidas; hay dos ahora en retiro; la hermana Nicolle no lo hace todavía, porque se ha encontrado un poco mal después de su llegada; esperamos que se mejore; os encomendamos a las tres a vuestras oraciones. En cuanto a lo que escribís para la confesión, nuestro muy honorable Padre cree conveniente que vayáis  al señor decano cuando llegue, porque él ya sabrá que ibais a su predecesor, y no vería bien que no fueseis a él.

«No dudo en absoluto que hayáis sentido mucho la pérdida de vuestra buena Madre lo mismo que nosotros; pero es muy razonable someternos a la voluntad de Dios y dar gracias a su divina bondad por habérnosla dejado tanto tiempo, a pesar de tantas enfermedades como ha tenido, y además ella goza ahora del fruto de todos sus trabajos y ruega por nosotros en el cielo como es de esperar; hemos comenzado a tener la conferencia sobre sus virtudes en este mes.

«Nuestras queridas hermanas os saludan y pos presentan sus recomendaciones  y a la hermana N. ; también yo hago lo mismo y escribo la presente para las dos, rogando a Nuestro Señor que os conserve siempre en gran unión a una con la otra y en la práctica de una gran caridad para con los pobres de vuestro lugar. Yo soy en el amor de este mismo Señor, mi querida hermana, vuestro muy humilde y afecto servidor. «J. D’HORGNY. «Indigno sacerdote de la Misión».

Dos meses después, el Sr. d`Horgny tenía el doble dolor de asistir a la muerte de san Vicente. Mucho más que los sacerdotes presentes, sentía él esta pérdida, habiendo conocido y asistido más que todos los demás a aquél cuya muerte dejaba un tan grande vacío en las dos familias desoladas. El Sr. d`Horgny se encontró con los antiguos de la comunidad. Fue el Sr. d’Horgny quien le pidió que bendijera a su familia y las obras que había fundado. Él asistió en la asamblea provincial tenida el 7 de noviembre de 1660, luego en la asamblea general como primer asistente, el 15 de enero de 1661.

El Sr. Alméras fue nombrado superior general y el Sr. d’Horgny mantenido primer asistente.

En la carta a las hijas de la Caridad, el Sr. Alméras les dijo: «Tal vez han esperado ustedes que la Providencia dando otro superior a nuestra compañía  y a la vuestra, como lo ha hecho, encontrarían en él muchas cosas que han pedido en nuestro digno y común fundador, como lo han encontrado en el Sr. d’Horgny los  buenos consejos y la sabia dirección que recibían del difunto Sr. Portail»; y al terminar la carta: «Sigan sumisas al buen Sr. d’Horgny, quien tiene gracia de estado para la santificación de sus almas, quien también tiene gracia para la dirección de sus personas y de sus empleos».

Durante los siete años que siguieron a la muerte del Sr. Portail, el Sr. d`Horgny, justificando la confianza de san Vicente y del Sr. Alméras, se ocupó con celo y bendición de las hijas de la Caridad.

Les escribió y las dirigió y, a ejemplo de san Vicente, les dio conferencias que las animaban  cada vez más en el cumplimiento de sus deberes. Citamos algunas cartas. El 8 de julio, escribe a la hermana Geneviève Doinelle, sirvienta de los pobres enfermos en Morinvilliers.

«San Lázaro, 8 de julio de 1662.

«Mi querida hermana,

«La gracia de Nuestro Señor esté siempre con vos!

«He recibido vuestra carta con consuelo, al enterarme por ella del estado de vuestra salud y más aún por la buena disposición de vuestra alma por lo que alabo a Dios y le doy gracias, y suplico a su divina bondad que os llene con tantas más gracias y visitas celestiales como consuelos os faltan por parte de las criaturas; es su estilo de favorecernos con sus gracias  cuanto menos buscamos las satisfacciones de las cosas de la tierra; poned vuestra principal confianza en Nuestro Señor, que no abandona nunca a los que le buscan con todo el corazón. Mirad a la hermana Edmée  que regresa con el deseo de continuar siempre su trabajo en todo lo que pueda por el servicio de Dios y la asistencia de los pobres según la empleéis. Creo que ya habéis visto que tiene buena voluntad; ella no ha hecho lo que escribís a sor Margarita porque  podría suponer impedimentos en vuestros empleos. Se encontrará otro medio para remediar este asunto; no obstante ánimo, mi querida hermana, y continuad vuestra caridad con esas pobres gentes que necesitan tanto de vuestros cuidados caritativos, y por mi parte yo rogaré a Nuestro Señor que os devuelva vuestra salud perfecta para asistirlos para la gloria de Dios y el consuelo de todos esos pobres afligidos. «Soy en el amor de Nuestro buen Salvador. «J. D’HORGNY. «Indigno sacerdote de la Misión»

El 12 de setiembre de 1664 escribe a la hermana Anne Ardenon en Cahors.

«Mi querida hermana,

«Me entristece dejar asar tanto tiempo sin darme la satisfacción de escribiros, y os puedo asegurar que no es por falta de afecto sino más bien mi ausencia de Paris, pues llevo cuatro viajes por los campos desde Pascua. Eso no impide que me vea siempre ocupado en vuestra casa  de París, y una de estas noticias que os puedo dar, es que la hermana Margarita, desde hace dos meses, está mejor de salud después de tanto tiempo; ya sabréis que continúa en el cargo de superiora tras la elección del Pentecostés pasado, es un bien para vuestra compañía del que hay que dar gracias a Dios. todas las mayores que eran oficialas han sido depuestas según las grandes y apremiantes necesidades que se han visto. La hermana Louise Christine está en Hennebon, la hermana Julienne Loret en Fontainebleau, la hermana Philippe Bailly en la Fére, la hermana Françoise Mesnage ha salido este mes de julio con otra para Montpellier; hacía ya ocho años que el difunto nuestro buen Padre las había prometido. Espero que os enviarán también pronto, Dios mediante; me entero que os va bien por ahí, mi querida hermana, ; apenas se necesita un poco de dulzura con esta juventud, pues firmeza ya tenéis, y cuanto menos tiempo estéis con la hermana Louise, más daño os causaréis; vamos a trabajar por la separación, con la ayuda de Dios, para aliviaros así.

«Ya sé que la hermana Marie está bien, alabo a Dios y quiero creer que ella os contenta y hace de su parte lo que ella puede por el servicio de las pobres huérfanas. Su buen padre está, y estos días me ha pedio noticias suyas; se encomienda mucho a ella. El hermano Mathieu se encomienda a vos, hermana. Ha caminado tanto que ahora le cuesta andar y se ve obligado a servirse del bastón. Ha envejecido mucho últimamente. Nuestro buen Padre también se encomienda a vos, igual que el Sr. Gicquel, y nosotros pedimos todos a Dios unánimemente por vuestra prosperidad y salud  y yo en particular que soy de corazón, en el amor de nuestro Señor, mi querida hermana, vuestro  muy humilde y afecto servidor,

«J. D’HORGNY. «Indigno sacerdote de la Misión».

En su carta del 7 de julio de 1665 a la hermana Geneviève Fautier, en Brienne, le da sabios consejos para que no acepte trabajo que podría distraerla de la obra principal que es el servicio de los pobres, y también para que gobierne  a su familia con paciencia y dulzura.

«San Lázaro, 7 de julio de 1665.

«Mi querida hermana,

«Hace algún tiempo que recibí dos de vuestras carta, la primera contenía el trabajo que hacíais para el Sr. Prior y cuando estaba a punto de escribiros recibí vuestra segunda que me aseguraba que os habíais deshecho de esa carga por lo que alabo a Dios, y ya no me apresuré a escribir. Os diré a propósito que en caso parecido no os conviene alabar a otro sino a los pobres; pues ésa es vuestra obra es por los pobres y en los pobres que Dios os ha dado, y lo que debíais hacer en este caso, era decir al Sr. Prior que lo sentíais mucho no poder prestarle este servicio, a causa de que vuestro Instituto no os lo permite. Y si os vuelve a ocurrir con él u otro os excusaréis con la mayor discreción y testimonios de gran sumisión y respeto, diciendo que no podéis mostrarle en ello la obligación que le tenéis, pero que rogaréis sin cesar a Dios por él  como recompensa; y así lo haréis en proporción con los demás, por favor;  doy gracias a Dios porque él os da un poco de paz; mas entretanto preparaos a los nuevos combates, y creedme de veras, hermana, que es mejor para nosotros que seamos preocupados y afligidos, pues entonces recurrimos más a Dios; le rogamos, somos más fervientes en nuestras oraciones y más diligentes en nuestro trabajo . Así, hermana, hay que actuar, sin alborotarnos ni inquietarnos, imitando a Nuestro Señor, a los apóstoles y demás santos y santas y a muchas lamas que viven todavía en la tierra, que no se conmueven o muy poco por todas las afrentas y maledicencias que se les hacen, porque ellas piensan que están en el mundo para sufrir, y que si dios quisiera evitar a estas personas que nos odian, lo haría fácilmente. Esto es lo que deberíamos hacer, ya os he recomendado al Sr. Comuel, que ha ocupado el lugar del Sr. Duick, y me dice que tendrá cuidado de vos. Es bueno y caritativo; las dos hermanas que habéis enviado, van a tomar el hábito; les va bien, a Dios gracias. Pido a Dios que nos conserve siempre en perfecta unión con la hermana, a quien me encomiendo  muy en particular, y esta carta servirá para las dos.

«Soy en el amor de Nuestro Señor, mi querida hermana, vuestro muy humilde y afecto servidor. «J. D’HORGNY. «Indigno sacerdote de la Misión»

El 27 de octubre de 1665 escribe a la hermana Geneviève en Villers-Cotterest.

«San Lázaro, 27 de octubre de 1665.

«Mi querida hermana,

«La gracia de nuestro Señor sea siempre con vos!

«No os sorprendáis si no os he escrito antes, y es que he estado en los campos el mes pasado por espacio de unas cinco semanas, y a mi regreso he encontrado vuestra carta, por la que me informáis  del cuidado y la caridad con la que el Sr. párroco  os había alojado cómodamente, y cómo habíais comenzado a visitar a los enfermos y atender la escuela, y por último a cumplir vuestras funciones lo mejor que podíais para comenzar, alabo a Dios y le doy gracias de todo corazón y le piro que os continúe sus gracias para trabajar cada vez mejor, y la hermana Margarita también, a quien me encomiendo muy particularmente. Desde entonces, habéis escrito a sor Margarita las liberalidades del rey, y de la reina y de Monseñor para vuestra Caridad y todo el resto de vuestro estado, y principalmente el gran número de escolares hasta ciento cuarenta o ciento sesenta. Veo bien por eso que nos va a faltar quehacer; espero que Nuestro Señor os dé fuerzas para soportar el trabajo. Procurad hacerlo todo en espíritu de caridad y de humildad, y por mi parte, yo pediré a este buen Señor que dé su bendición a vuestros trabajos y os conceda la gracia de observar vuestras reglas fielmente en cuanto podáis, señaladamente la oración de la mañana, en este tiempo en que los días son cortos y la comodidad es mayor. Soy en el amor del mismo Señor, mi querida hermana, vuestro muy humilde y afecto servidor. J. D’HORGNY. «Indigno sacerdote de la Misión» «Saludo muy humildemente al Sr. párroco».

Algunas semanas después escribe a la misma hermana para tranquilizarla sobre una firma que le habían pedido.

«20 de octubre de 1665. Por lo que se refiere a la dificultad que tenéis por haber firmado el formulario de Nuestro Santo Padre el Papa contra los Jansenistas, no os habéis equivocado en eso; y no debéis preocuparos; no os privéis de la santa comunión por eso, sino continuad haciendo el bien».

La última carta que se conserva del Sr. d`Horgny es del 28 de mayo de 1666, a la hermana Geneviève, en Villers-Cotterest:

«San Lázaro, 28 de mayo de 1999.

«Mi querida hermana,

La gracia de nuestro Señor esté siempre con vos!

«He recibido hace dos o tres días la vuestra de las manos del Sr. párroco que me ha dicho que había dejado el curato. Yo le he dado gracias por todas las bondades que ha tenido para con vosotras en todo el tiempo que lleváis en ese lugar y le he asegurado que hacemos todo lo posible por prestarle servicio ante Monseñor por medio del Sr abate de Fontaine. Me decís que el Sr. párroco que ha sucedido, de quien soy el más humilde servidor os quiere obligar a planchar hasta la ropa de la iglesia como corporales y purificadores; vos le suplicaréis muy humildemente  que os dispense de ese trabajo, diciéndole que el difunto Sr. Vicente, nuestro buen Padre y el vuestro, no ha deseado que hicierais nada en la iglesia, ni siquiera para blanquear, con el fin de no apartaros del cuidado de los enfermos y de vuestras demás funciones, y sin embargo que le pedís esta gracia de tener la bondad que no hagáis nada contra vuestro Instituto, si no le molesta. Por lo demás pido a Dios que os mantenga en salud, y a las dos hermanas a quienes me encomiendo de todo corazón y os ruego que os afirméis en la práctica de vuestras reglas por los méritos de Nuestro Señor, en el amor de quien yo soy, mi querida hermana, vuestro muy humilde y afecto servidor. «J. D`HORGNY. Indigno sacerdote se la Misión.

Así como acabamos de verle en estas citaciones, el Sr. d`Horgny ayudó hasta el fin a las hijas de la Caridad con sus consejos y por su correspondencia como él las formó en la práctica de la virtud en las conferencias que les dio con regularidad todo el tiempo que vivió.

Quedan veintitrés de sus conferencias. Se ve, al leerlas, que el Sr. d’Horgny se había inspirado plenamente en la doctrina de su bienaventurado Padre.

Murió lleno de días y de méritos en Page de setenta y tres años después de haber trabajado treinta y nueve en la Compañía.

Traducción del P. Máximo Agustín

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