251. Dos contrariedades del Señor Vicente: las faltas de la Compañía, la insuficiencia de socorros.
Dos cosas, nos decía, le causaban pena a causa del cargo, que tenía en la Compañía y del que debía dar cuenta a Dios, a saber: las faltas, primero, que se han deslizado dentro de la Compañía y a las cuales no se ha puesto remedio o no se remedian; segundo, el no acudir a las necesidades de la gente pobre de Picardía y Champaña, arruinadas por las guerras y desprovistas de todos los socorros corporales y espirituales, y estas últimas sobrepasan con mucho a las primeras porque, decía, «¿Qué diremos a Dios, Señores? Por lo que a mí toca, cuando pienso en eso, ni sé dónde estoy, ni qué responder».
Notas del P. Dodin:
Penas de Vicente de Paúl.
Detalle omitido por L. Abelly.
252. Alegría ante un enfermo muy resignado.
Un día fue a visitar a un enfermo, y lo halló muy resignado con la voluntad de Dios y lleno de sentimientos de su misericordia. El Señor Vicente le dijo: «Señor, estoy más consolado al verle a usted en esa disposición, que si me dieran diez o veinte mil «pistolas».
Notas del P. Dodin:
Alegría ante un enfermo resignado.
Detalle omitido por L. Abelly.
253. Su celo durante la misión de 1652.
Trabajó aquí en 1652 durante la misión que se dió a los pobres; en ella predicó algunas veces el catecismo. Visitaba cada una de las academias para ver si aquello iba bien. Oía las confesiones como otros sacerdotes de la Compañía, y su sitio habitual para confesar estaba en la parte baja de nuestra iglesia, junto a la puerta, que sirve para salir a la calle, como si fuera el más vil y último lugar.
Notas del P. Dodin:
Misión de 1652.
(Abelly, 1.197) . Concentración de 700 a 800 pobres en San Lázaro. «El Sr. Vicente quiso tomar parte en ese trabajo y dar también el catecismo a los pobres».
254. Directrices sobre la necesidad de los avisos.
«Declaro que los que no informan al superior de los defectos que han observado en algunos de la Compañía y que llevan a la ruina y a la irregularidad de la Compañía, son así mismo culpables, y participan en el pecado. Tiene que parecerle a uno bien, que informen al superior de todos nuestros defectos por los demás, y que nos corrijan de ellos, sea en particular, sea públicamente. Esto no solamente no es contrario a la Ley y a la Palabra de Dios, sino conforme a la misma Ley y Palabra de Dios; así lo ha decidido el Papa, asesorado por varios doctores, en tiempos, de San Ignacio de Loyola, atendiendo a su petición y requerimiento. También Nuestro Señor Jesucristo corrigió y reprendió en diferentes ocasiones públicamente a los que le seguían. (Cfr. Evangelio de San Mateo XVI, de San Marcos IX, 3337). Y a mí también me debe parecer bien que me avise mi Asistente, que es el Señor Portail y, si no me corrijo, que mi superior proceda contra mí, es decir, mi superior es toda la Compañía en asamblea. Sí; si no me corrijo de alguna cosa escandalosa y que lleva a la ruina y destrucción de la Compañía, si enseño alguna cosa contraria a la doctrina de la Iglesia, la Compañía se debe reunir e inmediatamente actuar severamente contra mí con el rigor que juzgue necesario, hasta expulsarme de la misma Compañía, incluso advertírselo al Sr. Obispo de París, o escribir sobre ello a Roma al Papa, que son también mis superiores, con el fin de que se ponga remedio». E.978.
Notas del P. Dodin:
Necesidad de informar.
Texto únicamente aducido por L. Robineau (XI,95-96/789-790; E. 978).
255. Hacer adelantar siempre la virtud hasta el grado más alto.
«Debemos hacer siempre lo posible por llevar siempre la virtud hasta el punto más alto que podamos, y que se pueda llevar, no por nuestra habilidad, sino con la ayuda de Dios y frecuentes oraciones».
Notas del P. Dodin:
Elevar la virtud hasta lo más alto.
Texto propio de L. Robineau.






