El año 1617 en la biografía de San Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: José María Román, C.M.. · Año publicación original: 1984 · Fuente: Vincentiana.
Tiempo de lectura estimado:

1. INTRODUCCION

El año 1617 es, sin duda alguna el año crucial, el año más decisi­vo de la trayectoria vital de San Vicente de Paúl. Por eso, su estudio a fondo es la clave para entender a San Vicente.

1.1 La circunstancia política

Curiosamente, también es año crucial en la historia de Francia. En efecto, en 1617 comienza de manera efectiva el reinado personal de Louis XIII. Este, declarado mayor de edad en 1614, al cumplir los trece años, no había tenido ocasión de ejercer la realeza. Su madre, María de Medicis, había continuado gobernando como regente con el apoyo de sus favoritos italianos Concino Concini, ma­riscal d’Ancre, y su esposa Leonora Galigai. El joven rey soportaba a disgusto aquella doble tutela y otro tanto sucedía a los grandes señores franceses de su corte, por razones tanto personales como po­líticas. La privanza de Concini les excluía de los beneficios del po­der y la política de la reina madre y el ministro italiano, favorable al entendimiento con España, representaba un giro de 180 grados respecto a la pauta marcada por el difunto Enrique IV y su ministro Sully. En el gabinete real se fue urdiendo en los primeros meses de 1617 un complot encaminado a terminar con el odioso predominio de los italianos. Alberto de Luynes, favorito del rey, fue el alma de la conspiración. Su ejecutor fue el barón de Vitry, comandante de la guardia de corps. En la mañana del 24 de abril, cuando Concini se disponía a entrar en el Louvre, fue detenido por Vitry y asesina­do por los ayudantes de éste, que, a bocajarro, dispararon sobre él sus pistolas. Concini murió instantáneamente. Informado el rey, que aguardaba los acontecimientos en una sala del primer piso, abrió las ventanas y, mostrándose a la multidad, gritó: «Gracias, gracias. Por fin soy rey». Luego hizo saber a la reina madre, sin recibirla, que desde aquél momento asumía personalmente la gobernación del Es­tado. María de Medicis fue desterrada a Blois, con permiso para con­servar una pequeña corte en la que sobrasalía el obispo de LuÇon, Armando du Plessis, el futuro Cardenal Richelieu. Leonora Gali­gai, la esposa de Concini fue acusada de brujería, juzgada y ejecuta­da el 8 de julio siguiente. Los ministros fueron exonerados y encar­celados. Se nombró un nuevo gabinete en el que Luynes ejercía el papel preponderante y en el que entraron algunos de los antiguos hombres de confianza de Enrique IV. Se había consumado un golpe de Estado que representaba un brusco viraje en la política interior y exterior de Francia. Empezaba una nueva época. La Francia mo­derna se había encontrado a sí misma y había encontrado su cami­no, el que la llevaría a la hegemonía europea bajo Luis XIV. Exac­tamente lo mismo le iba a suceder a Vicente de Paúl.

1.2. La situación vital

En 1617, San Vicente, según el cómputo de Coste, cumplía 36 arios. Según otros cómputos posibles, 37. Para el caso da lo mismo. Lo importante es que ese ario alcanza Vicente, con un pequeño retra­so, la edad decisiva del hombre, el paso de la juventud a la madu­rez. Ahora bien, si la juventud es época de búsqueda y orientación, la madurez — lo es de inicio de la labor creadora conforme a los planes elaborados en la etapa anterior. Naturalmente, para ello es necesario que esos planes, ese proyecto vital, existan. ¿Los tenía San Vicente?

Entre 1595 y 1610 se le ha visto embarcarse en una serie de pro­yectos no siempre coherentes entre sí y que, uno tras otro, han ter­minado en fracaso. Desde 1610 ha entrado, como sabemos, en un proceso de conversión. Pero un definido proyecto de vida no parece tenerlo al comenzar 1617.

Una de las características distintivas de ese ario en la biografía vicenciana es que por primera vez se nos ofrece la oportunidad de seguir casi día a día, desde enero a diciembre, el quehacer cotidiano del santo, los lugares donde vive, las preocupaciones que le asedian. Entre tantas acciones y sucesos como caben en 365 días, destacan por su influencia en la vida de Vicente dos acontecimientos — me­jor sería decir dos series de acontecimientos — fundamentales. Ta­les acontecimientos se llaman, por los lugares geográficos donde ocurrieron, Folleville y Chátillon.

No pretendo contarles a Vds. lo que pasó en esos dos puebleci­tos franceses. Los hechos son harto conocidos para que yo vaya a descubrirlos ahora. Lo que voy a intentar es, primero, darles las cla­ves para su propia investigación sobre ese trozo de historia vicenciana y, en segundo lugar, ofrecerles las pautas de mi interpretación. Úni­camente quiero ahora adelantarles que la misma notoriedad de que esos sucesos gozan nos dan una pista para descubrir el significado que tuvieron para Vicente de Paúl. No serían tan conocidos si no fueran de verdad sucesos-clave de su biografía.

2. CLAVES PARA LA INVESTIGACION

Las claves para la investigación son fáciles de proporcionar por­que la documentación sobre 1617 es relativamente abundante. Ve­ámoslo con cierto pormenor, género por género: correspondencia, conferencias, documentos, narraciones primitivas.

2.1. La correspondencia

2.1.1. Fechadas en 1617 conservamos 5 cartas escritas o dirigi­das a San Vicente: las n° 6 a 10 de la edición de Coste (I, p. 21-24; E.S., 91-94). Pero, ¡atención!, de ninguna de esas cinco cartas se nos conserva el original, sino sólo la transcripción que de ellas hizo Abelly. Esto quiere decir dos cosas: la, que este capítulo de la docu­mentación se reduce en realidad al 4° (narraciones primitivas); 2a, que si bien estamos seguros de conocer la sustancia de las misivas, no lo estamos tanto respecto a su forma, pues sabido es que Abelly se permite a veces ciertas libertades en la transcripción de textos. Otra observación digna de tenerse en cuenta es: todas estas cartas se relacionan con la estancia de San Vicente en Chátillon, ninguna con Folleville.

2.1.2. Relativas a 1617, pero de fecha posterior, conocemos otras dos cartas, una del mismo San Vicente y otra de un corresponsal.

La primera es la carta 201 (I, p. 302: ES, 211, p. 335-336), de San Vicente a Santa Luisa (original) y contiene una brevísima pero importante referencia a la fundación de la primera Caridad: Vicen­te, en 1635, afirma que, en efecto, tal fundación ocurrió el ario 1617.

La segunda carta es la 845 (I, p. 29; ES, 884, p. 31-32), escrita en 1646 a San Vicente por uno de sus antiguos feligreses de Chá­tillon convertido por él al catolicismo. Tampoco tenemos el texto ori­ginal, sino la copia hecha por Abelly. Es un documento valiosísimo por transmitirnos la primera visión retrospectiva de la obra vicen­ciana en Chátillon.

2.2. Conferencias

2.2.1. Las alusiones vicencianas al año 1617, contenidas en sus confe­rencias a Padres o Hermanos forma una larga serie de, al menos, ocho textos di diferentes que podemos clasificar en dos grupos: las re­ferentes a Folleville y las relativas a Chátillon. Son las siguientes:

Sobre Folleville

  1. IX, p. 58-59 (ES, IX, p. 72) del 9-3-1642
  2. XI, p. 2-5 (ES, XI, p. 698-700) sin fecha, texto de Abelly
  3. XI, p. 170 (ES, XI, p. 94-96) del 25-1-1655
  4. XII, p. 7-8 (ES, XI, p. 326-327) del 17-5-1658

Sobre Chátillon

  1. IX, p. 208 (ES, IX, p. 202) del 22-1-1645
  2. IX, p. 243 (ES, IX, p. 232-233) …. del 13-2-1646
  3. X, p. 175-176 (ES, IX, p. 789-790) del 6-6-1656 4a) XII, p. 231-232 (ES, XI, P. 528-529) del 16-5-1659

Un texto dudoso es el del 6-12-1658 (XII, p. 82; ES, XI, p. 389). Auque Coste pensó que este pasaje se refería también a la confesión del campesi­no de Gannes, es evidente que se trata de un episodio parecido, pe­ro distinto de aquél. Retengámoslo, sin embargo, porque también tiene algo que enseñarnos. — 447 —

2.2.2. Observaciones

Metodológicamente, ¿qué podemos decir sobre estos textos? Tra­taré de resumir mis ideas en unas pocas observaciones fundamenta­les. Hélas aquí.

  1. La primera idea que quiero subrayar es que muy pocos episodios de la vida de San Vicente han merecido por parte suya tan larga serie de alusiones en sus conferencias a Padres y Hermanas. Larga por el número y, sobre todo, por el espacio de años que re­cubren. Fíjense que van desde 1642 hasta 1659, es decir que, prácti­camente, abarcan todos los arios de que nos ha quedado constancia escrita de conferencias vicencianas. Y más aún si tenemos en cuenta que la primera de todas no es del propio San Vincente, sino del Sr. Portail (y, por cierto, copiada por Santa Luisa), lo cual nos obliga a pensar que Portail se lo había oído al fundador algunos años an­tes. Pero lo verdaderamente significativo es que si Vicente vuelve tantas veces sobre uno u otro de los episodios de aquél año es, sin duda, porque habían quedado grabados en su conciencia como de­cisivos para su biografía personal y para la historia de sus dos Congre­gaciones. Esa es la importancia que él mismo les atribuye.
  2. Mi segunda observación se enlaza estrechamente con lo úl­timo que acabo de decir y es que, prácticamente en todas las oca­siones, Vicente propone los sucesos de Folleville y Chátillon como los hechos fundacionales, respectivamente, de la Congregación de la Misión y de la Compañia de las Hijas de la Caridad. Esos son los orígenes de ambas Compañías según Vicente; afirmación tanto más digna de tenerse en cuenta cuanto que sabemos que, formal­mente, la C.M. no se fundó hasta 1625 y la Compañia de las Hijas de la Caridad hasta 1633.
  3. Es digna de notarse también la perfecta coherencia que guar­dan entre sí todos los textos que se refieren al mismo episodio. Dicho con otras palabras, San Vicente cuenta siempre lo mismo y de la misma manera, a pesar de los años que entre sí separan a unos testi­monios de otros. Las variantes que existen a veces entre algunos de ellos — variantes que merecerían un estudio más prolijo del que podemos dedicarles ahora — versan sobre detalles y en la mayoría de los casos son sólo añadiduras o supresiones provocadas por la ma­yor o menor extensión que quiere darle al relato. Todo ello nos habla de la vividez con que se recuerdan sólo hechos verdaderamente decisivos.
  4. Por último, quiero llamar su atención sobre la conferencia del 25 de enero de 1655 y, oblicuamente, sobre el texto dudoso. Y lo hago para notar que, junto a los acontecimientos fundamentales, Vicente tiene en la memoria y en la conciencia otros sucesos pareci­dos, que, junto con los primeros, forman la constelación de signos providenciales que él considera hayan influido en su vida.

2.3. Los Documentos oficiales

También en el aspecto de la documentación oficial es rico el ario 1617, aunque no tanto como quisiéramos. Conservamos un total de siete documentos, a saber: la renuncia del predecesor de San Vicen­te en la parroquia de Chátillon, el nombramiento y la toma de pose­sión de éste, así como la de su sucesor, más otros tres de excepcional importancia: el acta de constitución de la primera cofradía de Cari­dad, su reglamento, con las aprobaciones episcopales y, finalmente, el texto de una encuesta realizada en 1665 entre los habitantes de Chátillon sobre la actuación y conducta de su antiguo párroco.

Son los Documentos 18-22 y 126 del tomo XIII de Coste (p. 40-54 y 423-439; ES, X, p. 47-59 y 574-588) más otro publicado en el tomo XIV (p. 125; ES, X, p. 567-568).

2.4. Las narraciones primitivas

Naturalmente, el año 1617 mereció un interés especial por par­te de los primeros biógrafos de San Vicente, Abelly y Collet.

Hay que hacer constar ante todo que en este tema más que otros los dos primeros biógrafos deben ser considerados no meramente co­mo biógrafos, sino como verdaderas fuentes ya que ambos transcri­ben o, al menos, utilizan documentos originales que, al no haber lle­gado hasta nosotros por otros caminos, sólo en ellos pueden ser con­sultados. Es el caso de las cartas de Chátillon y de una de las confe­rencias sobre Folleville, transmitidas por Abelly. También Collet tiene aportaciones notables que veremos más adelante.

2.4.1. Abelly relata los sucesos de 1617 en una larga narración que se extiende a lo largo de 5 capítulos y 22 páginas de la primera edición (L. Abelly, Vie du vénérable… 1664; 1.1., c. 8-12, p. 31-53). Pe­ro es importante observar que en la 2a edición (1667) refundió todo el material referente a Chátillon, ampliándolo y enriqueciéndolo con una larga serie de noticias no incluidas en la primera. La razón es que en 1664 no había podido consultar la encuesta realizada en 1665. (Cf. L. Abelly, oc., ed. 1667, p. 55-77). A estos efectos, por tanto, la segunda edición es más importante que la primera.

2.4.2. En cuanto a Collet, su narración abarca 40 páginas (t. I,p. 46-86). Como es costumbre en él, sigue a Abelly, pero gracias a él conocemos algunos detalles complementarios. El más importan­te es la noticia de que en Chátillon se realizaron dos encuestas sobre la actuación de San Vicente, una en 1664 y otra en 1665, la primera más amplia y la segunda más breve (Collet, oc., I, p. 60). Como ade­más tuvo la precaución de señalar al margen de su texto los datos que procedían de una y otra, resulta que aunque nosotros sólo cono­cemos la segunda, por medio de él podemos saber el contenido esen­cial de la primera.

2.5. La investigación posterior

De la abundante literatura posterior sobre los hechos de 1617 sólo voy a citarles dos obras que considero básicas por sus aporta­ciones documentales. Una de ellas nos illustra sobre las relaciones de San Vicente con los Gondi: Chantelauze, Régis de: «Saint Vin­cent de Paul et les Gondi». Paris. 1882.

La segunda nos ilustra sobre Chátillon y la estancia allí de San Vicente: Cordenod, Philippe: «Saint Vincent de Paul á Chátillon-les­Dombes». Bourg. 1908.

3. PAUTAS PARA LA INTERPRETACION

Vayamos ahora con la significación profunda de los sucesos de 1617 en la biografía de San Vicente de Paúl.

Para hacerlo hay que partir de un conocimiento previo del de­sarrollo de esa biografía.

A mi entender, al empezar el ario 1617, Vicente se encuentra en una situación ambigua. De una parte, parece que, en lo sustan­cial, su conversión a Dios es ya un hecho consumado; el proceso, iniciado hacia 1610, ha culminado en la crisis provocada por la ten­tación contra la fe que — nos movemos en un terreno de hipótesis — debió de acontecer en torno a 1614. Al vencerla mediante la «fir­me e inviolable resolución» de «consagrar toda su vida, por amor de Jesucristo, al servicio de los pobres» (L. Abelly, o.c., 1. 3, c. 11, p. 118-119), Vicente descubrió genéricamente la orientación de su vida. Pero, de otra parte, no sabía todavía qué actuaciones concre­tas iba a exigirle la vocación así descubierta. Por éeo continúa en la casa de los Gondi, en un género de vida y en unas ocupaciones que cada vez le satisfacían menos. Por todo ello, Vicente, a sus 36 o 37 arios, se siente inquieto y desasosegado.

En esas circunstancias es cuando se producen los primeros acon­tecimientos significativos de 1617: la confesión del campesino de Gan­nes y, pocos días después, el 25 de enero, el sermón de Folleville y las reflexiones que le siguieron. Nada tiene de extraño que, a los ojos de Vicente, aquello revistiese carácter de verdadera revelación.

3.1. La experiencia de Gannes-Folleville

En Gannes y Folleville, en efecto, Vicente descubre cuatro re­alidades elementales: 1ª la desastrosa situación religiosa del campe­sinado francés «del pobre pueblo del campo», como él solía decir; 2ª la determinante y grave responsabilidad que en esa situación les cabe a los sacerdotes mal formados, ignorantes y poco celosos; 3ª la inexistencia de órdenes o congregaciones dedicadas a evangelizar a los pobres del campo (recuérdese la negativa de jesuitas y orato­rianos a aceptar la fundación que les ofrecía la señora de Gondi); 4ª la predicación misionera o, si se quiere, la misión, orientada ha­cia la confesión general con todas sus exigencias catequéticas y sacra mentales, como remedio eficaz de tantos males.

Estas cuatro realidades delimitan en sustancia la vocación apostó­lica de Vicente. Por eso, a distancia de muchos años, él seguirá con­siderando el 25 de enero como la fecha de nacimiento de la Congre­gación de la Misión, aunque aquel día no fundó nada y, a lo mejor, ni siquiera se le ocurrió que fundaría más adelante.

Hay un dato de los ya enumerados sobre el que deseo volver para mayor esclarecimiento. Es el relacionado con la responsabili­dad de los sacerdotes, su falta de formación, su ignorancia y su esca­so celo. En una de sus conferencias relativas a los orígenes de la Congregación de la Misión — la del 25 de enero de 1655 (S. V . P., XI, p. 170; ES, XI, p. 94-96), Vicente apenas se detiene en contar los sucesos de Gannes y Folleville. En cambio, relacionándola con ellos, refiere extensamente la anécdota del confesor de la señora de Gondi que no sabía la fórmula de la absolución. Y presenta esa experien­cia, compartida luego por él mismo, como una de las razones que movieron a la señora generala a fundar la C.M. Esto es importante. A mi entender quiere decir que la reforma del clero pertenece desde los orígenes al cuadro básico de elementos que componen la voca­ción íntegra de Vicente Paúl y, por lo tanto, de los objetivos de su vida que él convertiría más tarde en fines de la Congregación de la Misión.

En resumen, Gannes y Folleville, con una «constelación» más o menos amplia de sucedidos análogos (el confesor de Margarita de, – 451 –

Silly o el penitente aludido en la conferencia del 6 de diciembre de 1658) hacen descubrir a Vicente la faceta misionera de su vocación. Otras facetas de la misma le serían manifestadas en el transcurso de aquel mismo 1617.

3.2. La experiencia de Chátillon

3.2.1. Algunos problemas.

En el contexto que acabo de describir se encuadra la experien­cia de Chátillon. Respecto a ésta tenemos que empezar por plante­arnos algunos problemas de distinta envergadura.

Primer problema: ¿huída o respuesta?

El primer problema que nos sale al paso es el de saber por qué se fue San Vicente a Chátillon.

Abelly enumera tres motivos de Vicente para alejarse de casa de los Gondi. Son éstos: 1° Humildad: sustraerse a los honores que se le tributaban en aquella casa y que podían fomentar su vanidad; 2° Temor de no poder progresar en la perfección en aquellas cir­cunstancias; 3° El excesivo apego que le profesaba la Sra. de Gondi y que Vicente, siempre según Abelly, temía que tuviera dos efectos negativos, uno en la señora, la imperfección que representaba aquel excesivo afecto, y otro en él, que no podía soportar que nadie de­pendiera tan estrechamente de su dirección. (Cf. L. Abelly, o.c., 1. 1°, c. 9, p. 35-38).

A estos tres motivos Collet añade otros dos: 1° el sentirse Vi­cente incapaz de educar a los hijos del matrimonio a medida que éstos iban haciéndose mayores; 2° las perturbaciones políticas de la capital (golpe de Estado del 24 de abril, asesinato de Concini, ejecu­ción de Leonora Galigai, destierro de la Reina Madre), que hicieron apetecer a Vicente retirarse del violento y agrio clima de París.

Una ligera reflexión sobre esta lista de motivos nos lleva a la conclusión de que, para los dos primeros biógrafos, la marcha de Vicente a Chátillon fue simplemente una huida. Tal interpretación ha sido común entre los biógrafos posteriores. Mi lectura de los hechos es diferente. Yo me pregunto si, a la altura biográfica en que Vicen­te se encontraba en 1617, el deseo de huída de lo que sea (honores, afectos, complicaciones políticas) puede ser la explicación total de una decisión tan importante. Y pienso que tiene que tratarse de otra cosa.

Sin negar que tuviese motivos para alejarse o, si se quiere, para huir de casa de los Gondi, la verdadera razón de su partida no es negativa sino positiva. Vicente, que acababa de descubrir su voca­ción en Folleville, busca empezar a vivirla inmediatamente. ¿Cómo? La respuesta es bien sencilla. Si su vacación consiste en evangelizar al pobre pueblo del campo, lo que debe hacer es irse al campo, o sea, buscar un pueblecito lo más alejado y abandonado posible y entregarse allí apasionadamente a la evangelización de sus habitan­tes. De hecho, confiesan Abelly y Collet, Vicente a Bérulle, al pe­dirle consejo, no le expuso la larga serie de motivos que ellos le atri­buyen, sino solamente la idea de que se sentía impulsado interior­mente por el Espíritu de Dios para irse a una provincia lejana y de­dicarse por entero a la instrucción y servicio de los pobres del cam­po. (Abelly, l.c., p. 37; Collet, l.c., p. 53). Chátillon, para Vicente de Paúl, no fue una huida, sino una respuesta a su vocación.

Segundo problema: las fechas

Otro pequeño problema, pero también interesante: ¿ en qué fecha llegó Vicente a Chátillon-les-Dombes? Tanto Abelly como Collet — y con éllos toda la bibligrafía posterior — dicen que en el mes de julio. (Abelly, l.c., p. 37; Collet, l.c., p. 54). Pero la encuesta original realizada en Chátillon en 1665 dice que fue en cuaresma (S.V.P., XIII, p. 47 ES, X, p. 54), es decir, en marzo, ya que aquel ario la Pascua cayó el 26 de dicho mes. Ante esa contradicción de las fuen­tes, la mayoría de los biógrafos, incluyendo a Coste (P. Coste, «Mon­sieur Vincent», t. 1, p. 95) se han inclinado por lo primero, basándose sobre todo en que el nombramiento de Vicente como párroco de Chá­tillon lleva fecha de 29 de julio y su toma oficial de posesión se reali­zó el día 1 de agosto (Cf. S. V.P., XIII, pp. 41-45; ES, X, p. 48-51). Con ésto parece resuelto el problema. Pero la duda sigue siendo le­gítima. Lo que se desprende de la lectura de los documentos acerca de las actividades de Vicente en Chátillon sólo muy difícilmente ca­be en el espacio de cinco meses (de agosto a diciembre). En particu­lar, las conversiones del señor Beynier, de sus sobrinos los Garron, y de las señoras de Chaissagne y de Brunand suponen un proceso bastante largo y que, según esa cronología, habría que encerrar en los veinte días que van del 1 al 20 de agosto, puesto que en esta últi­ma fecha, las dos señoras son ya entusiastas colaboradoras de Vi­cente e intervienen decisivamente en la fundación de la primera cofra­día de Caridad. Lo mismo se deduce del proceso de reforma del cle­ro local, que debió de llevar bastante más tiempo del que permite la misma cronología.

Pero además ocurre que en la encuesta no se dice sólo que Vi­cente llegó a Chátillon en cuaresma, sino que además se relata su actuación contra los abusos que solían cometerse en la fiesta de la Ascensión y que Vicente reprimió con energía (S.V.P., XIII, p. 50; ES, X p. 56), lo cual está también implícitamente admitido por Abelly y Collet. Ahora bien, la fiesta’de la Ascensión, en 1617, cayó en el día 4 de mayo. Por lo tanto, Vicente tenía que estar allí antes de esa fecha.

Un argumento más en favor de la cronología temprana es que, si bien el nombramiento de Vicente es de fecha 29 de julio, la re­nuncia de su antecesor se produjo el 19 de abril, aunque dejando en blanco el nombre del sucesor (S.V.P., XIII, p. 40; ES, X, p. 47). ¿No sería porque la presencia de Vicente en Chátillon, a falta aún de algunas formalidades, aconsejaba empezar a dar los primeros pa­sos conducentes a su nombramiento?

La gran objección, sin embargo, continúa siendo la toma de po­sesión por Vicente el día 1 de agosto y algunos de los conceptos en élla contenidos. En contra se puede argumentar que Luis Girard, el cooperador y luego sucesor de Vicente en la parroquia, no tomó posesión de ella hasta el 18 de julio de 1618 (S. V.P., XIII, p. 54; ES, X, p. 59), a pesar de que la renuncia de Vicente se produjo el 31 de enero anterior (Ibíd. p. 53; ES, p. 58) y de que Luis Girard estaba actuando como párroco de facto desde la partida de Vicente para París en diciembre de 1617. Evidentemente, las formalidades jurídi­cas se efectuaron con notable retraso sobre las actuaciones efectivas. Lo mismo pudo pasar con Vicente y, a mi entender, pasó de hecho por las razones que he expuesto. Tal es la conclusión que, en el ac­tual estado de la investigación, me parece más verosímil.

Tercer problema: las relaciones con Bérulle

Es sobradamente conocida la enorme influencia que en la con­versión y primera vocación de Vicente ejerció Pedro de Bérulle, el fundador del Oratorio. También es sabido que esa amistad e influen­cia no duraron siempre. En un momento no fácil de determinar se interrumpieron e incluso se transformaron, por parte de Bérulle, en auténtica hostilidad. ¿Cuál era el estado de esas relaciones en 1617? La historia de Chátillon nos suministra datos para, al menos, apro­ximarnos a una respuesta.

Abelly pone sumo empeño en matizar cuidadosamente todas las noticias que da relativas a las relaciones entre Pedro de Bérulle y Vicente de Paúl a lo largo del ario que estamos estudiando.

Sabemos, por ejemplo, que el Oratorio, la comunidad fundada por Bérulle, se negó a aceptar la fundación de misiones que a raíz y como consecuencia del sermón de Folleville, les ofreció la señora de Gondi (L. Abelly, o.c., 1.1, c. 8, p. 35). Hay ahí una primera y grave discrepancia entre ambos hombres, director y dirigido. La vo­cación del segundo difería sustancialmente de la del primero.

De la decisión de Vicente de abandonar a los Gondi para irse a un pueblo, dice Abelly que Bérulle «no la desaprobó» por recono­cer en Vicente un espíritu tan iluminado por la gracia de Dios que él «no podía aconsejarle nada mejor que lo que él mismo le propo­nía» (ibid., p. 37). Con otras palabras, Bérulle empezaba a recono­cer que Vicente volaba con sus propias alas y emprendía un camino que le alejaba del que hasta entonces le había señalado él.

Un paso más. Cuando, a instancias de la señora generala, se decide Bérulle a escribir a Vicente para pedirle que regrese, lo hace limitándose a exponerle los deseos de los esposos Gondi, pero sin de­cirle lo que debía hacer, dejando a su discreción el juzgar si la vo­luntad de Dios era lo bastante patente, «tan capaz lo juzgaba, dice Abelly, de discernir por sí mismo los designios de Dios sobre su per­sona y seguirlos sin más consejos ni persuasiones» p. 44). Como vemos, persiste la misma actitud; el director parece haber llegado a la conclusión de que el dirigido ha escapado definitivamente a su tutela.

Por último, cuando en diciembre Vicente se traslada a París, consulta con Bérulle, pero también con otras personas y es el pare­cer conjunto de todas ellas, no sólo el del fundador del Oratorio, el que le decide a regresar a la casa de los Gondi (ibid., p. 45).

De todo ello cabe deducir que, en 1617, Vicente se ha sustraído a la exclusividad de la dirección de Bérulle. Sin romper con él, se guía ya por sí mismo y esta nueva situación es reconocida por Bé­rulle. La Congregación de la Misión no nacería bajo la inspiración de Pedro de Bérulle. Tal vez éso fue lo que movió a éste a oponerse a su aprobación.

3.2.2. Forma y sentido de la actividad de Vicente en Chátillon

Entremos ahora en la actividad desplegada por San Vicente en Chátillon-les-Dombes. Tampoco aquí me voy a entretener en rela­tarles sucesos que Vds. conocen de sobra o pueden fácilmente averi­guar por sí mismos consultando las fuentes. Lo que nos importa es captar el sentido que la experiencia de Chátillon tiene en el conjunto de la biografía de Vicente.

Es frecuente simplificar el significado de la experiencia de Chá­tillon reduciéndolo al descubrimiento por Vicente del segundo y ca­pital elemento de su vocación, el alivio de las miserias corporales de – 455 –

los pobres mediante la caridad organizada. Eso es verdad, pero no toda la verdad. La experiencia de Chátillon es mucho más rica y di­versificada. La lectura conjugada de todas las fuentes nos lleva a una conclusión bastante más amplia, ésta: durante su estancia en Chá­tillon, Vicente despliega una amplia gama de actividades apostóli­cas que abarcan todas las necesidades implicadas por la evangeliza­ción de una comunidad cristiana en su más pleno sentido. Entregar­se a la realización de esas actividades será la adecuada expresión de su vocación personal.

En efecto, sabemos que, en Chátillon, Vicente:

  • organiza sobre una base de regularidad y observancia su propia vida sacerdotal;
  • hace de la predicación ordinaria — homilías y exhortaciones — y extraordinaria — predicadores especiales — el arma de la edu­cación religiosa del pueblo;
  • utilizza a fondo la catequesis de adultos y de niños para la instrucción de los pobres;
  • emplea todo su ascendiente en reprimir abusos morales y litúrgicos, en un esfuerzo por la reforma de la Iglesia según las líne­as tridentinas;
  • realza la dignidad de las celebraciones festivas, llevando a los fieles a la recepción de los sacramentos;
  • con su ejemplo y su palabra reforma las costumbres del clero;
  • dedica una notable parte de sus esfuerzos a la atracción de los herejes, obteniendo sonadas conversiones;
  • en fin, y por supuesto, realiza su segundo gran descubri­miento vocacional: la miseria corporal de los pobres que, literalmente, se mueren de hambre, y el modo de remediarla mediante la creación de cofradías de Caridad, a las que en seguida dota de un Reglamento.

La última es, sin duda, la experiencia más importante. Ahora Vicente sabe que el pueblo, el pobre pueblo, no necesita sólo educa­ción religiosa, alimento espiritual, sino también — y len qué medi­da! — alivio de sus necesidades materiales. Sabe que para evangeli­zar no bastan las palabras sino que hacen falta igualmente las obras de caridad y que eso, evangelizar de palabra y de obra, es lo más perfecto. En adelante, si la Misión es uno de los brazos de su vocación, la caridad es el otro. Por eso, al hablar a las Hermanas les dirá con frecuencia que los origines de su Compañía están en el episo­dio de la familia necesitada de Chátillon, a la que hizo socorrer por el pueblo entero.

Si Chátillon puede considerarse como una reproducción a esca­la reducida de la entera sociedad francesa, una especie de microcos­mos, la experiencia chatillonense de Vicente es como el ensayo general de toda su vida. Todo lo que iba a hacer estaba ya probado allí: dar misiones, instruir al pueblo, reprimir abusos, transformar costumbres, atraer herejes, reformar el clero, asistir a los pobres. En una palabra, evangelizar a los pobres en toda la amplitud exigida por esa dedicación evangélica.

3.2.3. Ultimo problema: ..por qué deja Vicente Chátillon?

Puede parecer ésta una pregunta inútil. Sabemos que lo hace cediendo a las insistentes peticiones de Margarita de Silly y a la re­comendación de sus directores espirituales. Yo quisiera, sin embar­go, ir algo más lejos. ¿Cuál es el móvil íntimo que le persuade de que su puesto no estaba allí? Nos movemos aquí en un terreno de hipótesis. Para mí, la más plausible es que Vicente, al poner como condición de su regreso a casa de los Gondi el que le permitiesen proseguir la predicación de misiones y la fundación de caridades, actividades ambas que emprendió inmediatamente (L. Abelly, o.c., l. 1°, c. 13, p. 53), había comprendido que su vocación de evangeli­zador de los pobres no estaba ligada a una aldea particular ni se re­alizaría a través del ministerio parroquial, sino que estaba llamada a tener un campo más amplio y revestir la forma de apostolado iti­nerante. Por esa razón no cabe considerar el regreso de Vicente a París como la renuncia a los ideales que le habían llevado a Chá­tillon, como el cierre de un paréntesis que le hiciese continuar el dis­curso interrumpido por su abrupta partida en el mes de marzo ante­rior. Al contrario, si regresa a París es para empezar a vivir in ex­tenso, a lo largo del resto de su existencia, lo que condensadamente había experimentado en la pequeña aldea de la Bresse. En ese senti­do, su regreso no es una derrota sino una victoria.

4. CONCLUSION

Les dije, al principio, que el año 1617 es el año crucial y el más decisivo de la biografía de Vicente de Paúl. Espero que después de lo que acabo de exponerles, aquella afirmación aparezca como ple­namente justificada. En 1617, a través de una serie de experiencias providenciales, Vicente descubrió la totalidad de su vocación con, prácticamente, todas sus implicaciones y se dispuso confiada, esfor­zadamente, a vivirla en plenitud.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *