20 de marzo de 1646.
Me olvidé de indicarle, antes de su partida, unos cuantos defectos que a veces se encuentran en las casas que se visita:
1.° Que se escuchan confesiones de personas que vienen de la ciudad, de los arrabales y de las aldeas; le ruego que se lo prohíba a todos nuestros padres y que les diga que si, como consecuencia de alguna misión que se ha hecho, vienen de nuevo a hablar con ellos algunos penitentes que se confesaron anteriormente para alguna consulta, en ese caso podrán ir a atenderles en alguna parroquia cercana, que no sea de la ciudad ni de sus arrabales.
2.° Que algunos van a predicar a los monasterios de monjas; si se da ese caso, haga el favor de disponer que no vuelva a suceder esto.
3.° Que no siempre se tiene cerrada la primera puerta. Si la casa de Le Mans falta en esto, le ruego que ponga remedio, para que nadie entre sin llamar, y que haga lo posible para que los señores canónigos no permitan la entrada más que a los hombres, y que las mujeres no entren nunca en nuestra casa. Procure hacer que tomen esta precaución tan necesaria en las comunidades y que se dejen aconsejar en esto por algunas personas que conocen su importancia.
4.° Que fácilmente se dispensan algunos de las prácticas comunes. Conviene inculcar con mucho interés que se observe el orden de la jornada invariablemente y que se practiquen las santas costumbres y normas de la compañía. Que los superiores se den cuenta de la obligación que tienen de velar por ello, así como también de entregar cerradas las cartas del superior general, sin que puedan los superiores de las casas leer dichas cartas, y que esos mismos superiores tienen obligación en conciencia de enviarle al general las cartas de sus súbditos sin verlas, aun cuando los que las escriban quieran enseñárselas por respeto.
5.° Que a veces surgen ciertas divisiones en la comunidad y ciertas antipatías entre los espíritus. Póngase usted en las manos de Dios para unificarlos y cimentarlos en la caridad; pues éste tiene que ser precisamente uno de los efectos principales de la visita.
6.° Además, tiene que fijarse usted en las iglesias, en las pilas bautismales, en los altares, en las cruces que hay en el altar y en las procesiones, en los cementerios, etc., para que todo tenga la decencia necesaria y esté arreglado de la forma más digna que pueda permitir nuestra pobreza.
7.° Si es reprensible la tacañería, también lo es la facilidad para vender las cosas por encima de su valor; me parece que ambos defectos se pueden introducir en algunas casas, donde no cuidan mucho de esto y donde se dice que ponemos caras las cosas y que tenemos mucho dinero. Hay que recomendar el término medio entre estos dos extremos y observar lo que aquí se practica en la alimentación.







