Vicente de Paúl, Carta 0062: A Luisa de Marillac, en Beauvais

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Paúl · Año publicación original: 1972 · Fuente: Obras completas de san Vicente de Paúl.
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Señorita:

La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

¡Bendito sea Dios por haberla hecho llegar con buena salud! Tenga cuidado de conservarla por el amor de Nuestro Señor y de sus pobres miembros, y evite trabajar demasiado. Es una astucia del diablo, con la que engaña a muchas almas buenas, el incitarlas a hacer más de lo que pueden, para que luego no puedan hacer nada; y el espíritu de Dios incita mansamente a hacer el bien que razonablemente se puede hacer, a fin de que lo hagamos con perseverancia y largueza. Obre, pues, así, señorita, y obrará según el espíritu de Dios

Respondamos ahora a todo lo que me pregunta usted. Me parece que es muy a propósito que la señora tesorera se descargue del pago del vino y que se lo pase a alguna otra, ya que para la hostería habría que pagar el octavo. Podrá hacerlo muy bien alguna buena viuda de la Basse-Oeuvre o de san Salvador. Creo que esto es necesario, para que la tesorera pueda dedicarse a la marcha de la obra, a la recepción y despido de los enfermos; va que, por lo que se refiere a la vigilancia, no es ni mucho menos conveniente que la haga ella? ni que se le den seis sueldos por día. (Ay, Dios mío, ella se llevaría lo más líquido de la Caridad!

¡Quiera Dios que la buena señora de la Croix pueda hacer lo que usted le aconseja! Eso le valdría una buena religión. Respecto a las drogas, ha hecho bien en entregarlas; pero su tesorera no debería venderlas; ella no sabe cuánto cuestan. Será conveniente remediarlo por medio del señor vicario general y la ayuda del señor du Rotoir. Cuando vuelva el señor de Beauvais, será conveniente comunicarle las cosas principales, si cree usted que esto le agrada. A veces sí que le gusta. Pero, para recibir su bendición, me parece que no es oportuno, ya que está muy lejos de toda ceremonia le gusta que se trate con él llanamente, aunque con respeto.

De su hospedaje, si lo ha tomado en casa del señor Ricard no podría ser mejor; es el más bueno y uno de los hombres más honrados que conozco; y su mujer, a la que sólo conozco de oídas, es muy piadosa. Creo que los dos estarán contentos. Y espero que también lo esté usted.

En cuanto a la duda del señor du Rotoir, tiene él razón; creo que será conveniente poner en el reglamento que- las hermanas de la parroquia de la Basse-Oeuvre asistan a los pobres que mueran en la Basse-Oeuvre y en Saint-Gilles; pero, para los demás barrios, creo que basta con que las damas de una parroquia asistan sólo a los entierros de los pobres de su parroquia, ya que las hermanas del barrio de san Salvador, de san Esteban y de san Martín tienen demasiados enfermos y difuntos, para que asistan a todos sus entierros, y las demás parroquias son arrabales, que forman cada una un barrio.

Y de las colectas, se dice, antes de partir, que empleen en ellas tantos días como sea necesario para hacerlas. Me gustaría saber lo que han obtenido en cada una de las colectas que han hecho. Pero hay que advertir, sobre lo que dije de los entierros, que es menester que monseñor indique cuál es su voluntad sobre ello.

Le prometo a usted escribir a Villepreux para la elección de la oficiala y hablar con el reverendo padre de Gondi, a fin de tener madera para Montmirail. Le prometo además notificarle en el próximo viaje cómo sigue su hijo, no habiendo podido verle en éste, por no haberlo previsto.

Continúe, entre tanto, tranquila y una su espíritu a las burlas, los desprecios y malos tratos que sufrió el Hijo de Dios, cuando se vea usted honrada y estimada. Ciertamente, señorita, un espíritu verdaderamente humilde se humilla tanto en los honores como en los desprecios y hace como la abeja que fabrica su miel tanto con el rocío que cae sobre el ajenjo como con el que cae sobre la rosa. Espero que así sabrá hacerlo y que me obtendrá el perdón de nuestra buena madre la superiora de las Ursulinas por haberme venido sin recibir sus órdenes, y asegurará a mis señoras las oficialas y al señor du Rotoir que soy para ellos y para usted, en el amor de Nuestro Señor y de su santa Madre, señorita, muy humilde servidor,.

VICENTE DEPAUL

No estoy aún preparado para partir a nuestro gran viaje; me detienen aquí algunos asuntos de importancia; y el señor Lucas, que ha estado gravemente enfermo en la casa de Berry, vuelve para

París, 7 diciembre 1630.

Dirección: A la señorita Le Gras, en el alojamiento del señor du Rotoir, en Beauvais.

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