Un enamorado de los pobres: San Vicente de Paúl (1581-1660)

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Desconocido · Año publicación original: 2000 · Fuente: Centro Vocacional La Salle (Valladolid).
Tiempo de lectura estimado:

Fundador de la Congregación de la Misión (Misioneros Paúles) en 1625 y de las Hijas de la Caridad en 1633

08DIVPocos hombres en la Historia y pocos corazones en el mundo han tenido el amor a los pobres que manifestó S. Vicente de Paúl. Su figura resulta esencialmente inseparable del amor a los indigentes. Y sus gestos proféticos todavía repercuten en nuestros días como desafío y como llamada a la acción eficaz por el bien de los que sufren todo tipo de miseria.

San Vicente de Paúl supo amar con pasión a todos los necesitados, a los ignorantes, a los enfermos, a los ancianos, a los mendigos, a los angustiados. Y no sólo supo amar él, sino que enseñó a amar a cuantos a él se acercaron. De modo especial, ató al amor a los pobres a los que se enrolaron en sus congregaciones religiosas y a todos los que, desde la vida seglar, quisieron servir mejor a Cristo cumpliendo la ley de la caridad fraterna.

A todos enseñó a sacrificar su dinero, su tiempo, su vida por los pobres y a entregar en beneficio de ellos la totalidad de sus energías. Es todavía hoy un mensajero de la caridad para con los pobres, pues se conservan no sólo las palabras hermosas en su favor, sino sobre todo las obras fructíferas que siguen llevando el sello de su espíritu. Arrastraba en vida y sigue alentando turbas innumerables de seguidores, en quienes se unen la bondad, la compasión y el heroísmo, que fueron los gestos cautivadores de su persona.

Ciertamente que muchos se resistieron a seguir sus consignas y, sobre todo, sus ejemplos. Pero no es menos cierto que, hasta en las esferas nobles de la sociedad clasista que le tocó vivir, otros oyeron su voz y, en todo o en parte, la siguieron con gestos generosos que a ellos mismos les llenaron de admiración.

Infatigable misionero, desprendido de los bienes terrenos, abierto a todo el que pudo necesitarle, supo ver la igualdad radical de todos los seres humanos como gran principio de la cultura cristiana. El rey y la duquesa, ante Dios, son idénticos al mendigo y al desheredado. Hay que acercarse a los dos con el mismo amor, pues ambos están destinados al amor y a la salvación.

La pedagogía de S. Vicente de Paúl no es otra que la del amor y de la igualdad de todos los hombres ante Dios:

  • Es lo que exponía en sus arrolladoras conferencias, sermones, cartas, mensajes, y en sus homilías llenas de fuego, de las que no faltaron docenas cada semana de su vida. Su doctrina se miró siempre como un fiel reflejo del Evangelio.
  • Fue un gran pedagogo que enseñó a los hombres a mirar hacia los demás y a no encerrarse en los propios intereses. En el soldado herido o en el mendigo abandonado, que eran fruto del egoísmo humano en cualquier rincón del París y de la Francia que a él le tocaron vivir, enseñó con maestría a ver al mismo Cristo demandando compasión.
  • Enseñó a todos, a los reyes también, a mirar a aquellos desgraciados con la óptica de la caridad. Por eso, su eco quedó resonando durante siglos, a través de las múltiples obras de amor humano que siguen funcionando.
  • También fue exigente cuando, con el prisma de la justicia, reclamaba el cumplimiento de los deberes de la convivencia social. Porque era necesidad de justicia, no sólo de misericordia, lo que en su entorno se respiraba. Era justicia lo que muchas veces pedía, aunque sabía suavizar sus reclamos con el aceite de la benevolencia, tal como lo precisaba aquella sociedad estamental y egoísta de su tiempo. En esto estuvo tal vez su mayor intuición pedagógica.
  • Y en todo iba por delante con su ejemplo y con su palabra, pues nunca temía recordar que, cuando un ser humano sufre en las cercanías, los bienes que uno posee no son propios, sino que pertenecen antes que a nadie a quien los reclamaba por ser hijo de Dios.

Ciertamente que estos postulados eran audaces en su tiempo y siguen siendo escandalosos en nuestros días. Pero responden a lo más profundo del mensaje evangélico. Por eso, su figura se mantiene viva a lo largo de los siglos, no sólo por la belleza de su mensaje, sino también por los «ángeles de caridad» que dejó tras de sí, los seguidores y seguidoras que mantienen encendida su antorcha.

Itinerario biográfico

1581. 24 de Abril. Nace en Puy, cerca de Dax, (o tal vez en Tamarite de Litera, en Aragón). Su padre, Juan Paúl, y su madre, Bertrana de Mora, son modestos agricultores.

1594. Se le dedica al estudio en el Colegio de los Franciscanos de Dax. Reside en la familia del Sr. Comet, de cuyos hijos es ayo y preceptor.

1596. 20 de Diciembre. Recibe la tonsura y la Órdenes menores, de ma­nos del Obispo de Tarbes. En 1597 se traslada a Tolosa para estudiar Teolo­gía. Estudia algún tiempo en Zaragoza. El 19 de Septiembre de 1598 recibe el Subdiaconado y el 19 de Diciembre el Diaconado.

1600. 20 de Septiembre. Es ordenado Sacerdote. Dice su primera misa. En 1601 hace un viaje a Roma. Regresa y sigue estudiando en Tolosa, al mismo tiempo que es preceptor particular para poder vivir.

1604. Recibe el título de Bachiller. Establece un pequeño pensionado en Buze. En 1605 va a Marsella para ha­cerse cargo de una herencia. En Agosto es cautivado por los corsarios en un viaje a Tolosa y termina vendido como esclavo en Túnez. Pertenece a varios amos.

1607. 28 de Junio. Regresa a Francia, después de haberse fugado del cautive­rio. Viaja a Roma, donde no consigue un beneficio que esperaba. En 1608 se establece en París. Contrae amistad con Du Fresne, secretario de Margarita de Valois. En 1609 es nombrado limos­nero oficial de Margarita. Se dedica a dirigir las obras de caridad. Es acusado de ladrón.

1610. 17 de Mayo. Nombrado Abad de San Leonardo, hace ejercicios espiritua­les con Berulle. Hace voto de consa­grarse a los pobres. Renuncia a la Aba­día y a su cargo en la Corte de Margari­ta.

1612. 12 de Mayo. Es nombrado Pá­rroco rural de Cluchy. Renuncia y pasa a servir como preceptor en la Casa del Sr. Gondi. Vive como un asceta admira­ble.

1615. El 27 de Mayo es designa­do como canónigo de Ecouis, cerca de Rouen. Tiene una enfermedad grave que le afecta a las piernas.

1617. Se dedica a la atención religiosa en el Señorío de Gondi. En Marzo de nuevo es párroco rural en Chatillon. Funda una Cofradía de caridad para pobres. Breve estancia en París, llama­do por Berulle. Regresa para dar misio­nes en los lugares de Gondi.

1619. Febrero. Nombrado capellán de los condenados al remo, da misiones entre los galeotes. Tiene muchos en­cuentros con San Francisco de Sales. Sigue fundando y animando grupos de acción caritativa con pobres.

1621. En Sep­tiembre organiza la beneficencia de la ciudad de Maçon.

1622. Es nombrado Director de las Salesas de París. Sigue con misiones, hasta con los bandidos de las montañas.

1624. Marzo. Es encargado de la Di­rección del Colegio de Bons Enfants y se entrega de lleno a su misión.

1625. 17 de Abril. Recibe una renta de Gondi para que funde una misión perma­nente. Así nace su obra de la Misión. Se dedica a ella.

1626. 24 de Abril. Es aprobada la Obra por el Arzobispo de París. Establece comunicación con Luisa de Marillac, a fin de preparar la organización femenina de caridad que comienza a surgir. Encuen­tra en ella a la mujer ideal para la empre­sa y comienza a perfilar la obra de las Hijas de la Caridad.

1628. Eleva varias súplicas a Urbano VIII para que apruebe la Congregación de la Misión. Varias son rechazadas por las oposiciones curiales de Roma y París. Sigue con sus misiones y agrupa­ciones de Señoras de la caridad popular.

1632. 8 de Enero. Recibe en adminis­tración la Abadía de San Lázaro, que convierte en el Centro de sus misione­ros. Inicia copiosa correspondencia con todos sus misioneros.

1633. 12 de Enero. Recibe la Bula «Salvatori Nostri», de Urbano VIII, apro­bando la Congregación. El 29 de No­viembre organiza la Comunidad de las Hijas de la Caridad, bajo la dirección de Luisa de Marillac. Se divulgan las obras de Caridad. Viajes numerosos y fatigo­sos.

1638. Inicia la acogida de centenares de niños expósitos cada año. Entra en relaciones con Richelieux. Pide la paz en la guerra que Francia sostiene. Multiplica sus atenciones caritativas.

1642. Las Hijas de la Caridad hacen sus primeros votos. Celebra Asamblea con los Clérigos de la Misión.

1643. Ayuda a bien morir a Luis XIII. Es llamado por la Reina a formar parte del Consejo de Estado para asuntos eclesiásticos. Tiene gran ascendiente sobre la Reina Ana de Austria. Envía varios misioneros a Irlanda.

1648. Envía misioneros a Madagascar.

1649. Hace grandes esfuerzos para ayudar a las víctimas de la guerra.

1652. Varios contactos con la Reina, con Mazarino y con el Duque de Or­leans, para que se mantenga la armo­nía y la paz. Actúa en múltiples misio­nes de caridad. Se preocupa de la atención catequística de los ancianos en sus asilos.

1655. 22 de Setiembre. Consigue la aprobación de los votos de la Congre­gación de la Misión, por Alejandro VII. Sigue de cerca el desarrollo de las Hijas de la Caridad, a través de la hábil Fundadora.

1656. No puede salir de París por sus enfermedades. Gobierna sus obras por correspondencia. Sigue promoviendo nuevas Fundaciones, Hospitales y Asilos. Su actividad epistolar es inten­sa.

1659. Presiente la muerte y va organi­zando cada una de sus obras.

1660. 27 de Septiembre. Fallece plácida­mente en San Lázaro, de donde ya no había salido en los últimos años.

El 3 de Agosto de 1728 es Beatificado por Benedicto XIII. El 16 de Junio de 1737 es canonizado por Clemente XII. El 16 de Abril de 1885 es proclamado Pa­trono Universal de las Obras de Caridad Cristiana.

Escritos

  • Cartas, unas 3500.
  • Conferencias, recogidas por las Hijas de la Caridad.
  • Conferencias a los Misioneros.
  • Constituciones y reglamentos de sus diversas Fundaciones.

Ideario pedagógico1

1. San Vicente de Paúl tiene la mente clavada en las necesidades de los hombres. Toda obra buena es para él una escuela en la que hay que trabajar para servir a los hijos de Dios, espe­cialmente a los pobres. Su pedagogía refleja un grito de confianza en la vida y en los hombres, entre los que siem­pre quiere sembrar caridad y paz. Educar es amar y educar es servir.

  1. «Ni la Filosofía ni la Teología tienen fuerza para obrar en las almas. Es preciso que Jesucristo tome parte en ello con nosotros, o nosotros con él, y movidos de su espíritu a la manera que él estaba en su Padre y predicaba la doctrina que de Él había aprendido.» (Conferencias II. XI. 343)
  2. «Nuestra vocación es, como la mis­ma de Jesucristo, anunciar el Evangelio a los pobres. ¡Qué dichosa es y cómo hemos de amarla…! Es una obra de gran magnitud: hacer que Dios sea conocido de los pobres, predicarles a Jesucristo, decirles que el Reino de Dios está cerca y que es para ellos, los pobres… Evangelizar a los pobres es un oficio tan sublime, que es, por exce­lencia, el oficio del Hijo de Dios. A ello estamos dedicados como instrumentos por los cuales Dios sigue realizando desde el cielo todo lo que hizo en la tierra.» (Conferencias. XII. 75)
  3. «Con mucha frecuencia se echan a perder las obras buenas por querer ir demasiado aprisa y obrar según las propias inclinaciones que se llevan tras sí la discreción y el buen juicio. Y hasta puede parecer en ocasiones como factible y oportuno lo que no lo es. Y esto se ve después por los malos resultados.» (Cartas. IV. 364)
  4. «Es preciso que entre las Hijas de la Caridad, la que tiene cuidado de los pobres se comunique con la que tiene cuidado con los niños abandonados. Y la que cuida de los niños tiene que relacionarse con la que cuida de los pobres. Quisiera que nuestros corazones se conformasen con la Stma. Trinidad. Y así como el Padre se da todo entero a su Hijo y el Hijo se da al Padre, de donde proviene el Espíritu Santo, del mismo modo las Hijas de la Caridad se han de unir unas a otras para producir obras de caridad que son atribuidas al Espíritu Santo, a fin de que se parezcan a la Santísima Trinidad.» (Conferencias XII. 257)
  5. «Cuando se trate de hacer alguna obra buena, decid al Hijo de Dios con toda confianza: «Señor, si estuvieras en mi lugar, ¿cómo te portarías en esta ocasión? ¿Cómo instruirías al pueblo? ¿Cómo consolarías a este enfermo de cuerpo y de espíritu?» (Conferencias XI. 348)
  6. «Dios trabaja con cada uno de los seres en particular: trabaja con el arte­sano en su taller, trabaja con la mujer en su quehacer doméstico, con la hor­miga y la abeja para hacer su celdilla. Todo ello sin discontinuidad e incesan­temente. ¿Por qué trabajar? Unicamen­te por el hombre, para conservarle la vida, para satisfacer sus necesidades. Si Dios, Emperador de todo el mundo, nunca ha estado un solo momento sin trabajar desde que el mundo es mundo, ¿cuán razonable es que nosotros, que somos sus criaturas, trabajemos, como nos lo ha mandado, con el sudor de nuestro rostro?» (Conferencias IX. 489)
  7. «Reconociendo que hemos recibido la vida de sus manos, cometeríamos una injusticia si nos negáramos a em­plearla según sus planes.» (Conferencias IX. 49)
  8. «Valdría más ser arrojados, atados de pies y manos, sobre carbones en­cendidos, que hacer una obra para complacer a los hombres. Es gran locura e injusticia la de aque­llos que no se preocupan de hacer sus obras por Dios, pues pierden el tiempo y el mérito de su trabajo por no llevar en lo que hacen otras miras que las suyas».

2. Los niños, en cuan­to son la aurora de la vida y son los más necesitados de la caridad y del amor de los adul­tos, representan una singular llamada de atención en la generosidad de San Vicente de Paúl. Siem­pre tuvo predi­lección por su atención y también por su educación. Para ellos pensó en las Hijas de la Caridad. Por eso pone tanto empeño en sensibilizar a sus seguido­res en el amor a la infancia.

  1. «Vuestra Compañía tiene también por fin instruir a las niñas de las escue­las en el temor y amor de Dios; y esto tenéis en común con las Ursulinas. Mas, como las casas de éstas son grandes y ricas, no pueden ir a ellas los pobres, los cuales vienen a vosotras… No sé de nadie que esté tan dispues­to a ir a los pobres como lo estáis voso­tras. No seríais Hijas de la Caridad si no estuvierais siempre prontas a asistir a los que tienen necesidad de vuestros auxilios.»  (Conferencias VIII. 591)
  2. «Me alegró mucho que el párroco permita hacer la primera comunión a los niños… Cuando los niños están bien instruidos, y por lo tanto en dispo­sición de hacer la primera comunión, la misma comunión les dispone para ir a las siguientes…»
  3. «Estos niños abandonados, al apren­der a hablar, aprenden también a rezar. Poco a poco se les va ocupan­do según sus disposiciones y su capa­cidad.» (Conferencias XI. 63)
  4. «El Señor dijo a los discípulos: «De­jad que los niños vengan a mí.» ¡Qué afecto no demostraba a los ni­ños! Cuidar de los niños es, en cierto mo­do, hacerse niño; y cuidar de los niños abandonados es ocupar el puesto de sus padres y, en cierto sentido también, ocupar el puesto del mismo Dios, que ha dicho que, incluso si la madre se olvida de un niño, él no lo abandonará.» (Conferencia XII. 76)
  5. «Están de enhorabuena, por haber caído en manos protectoras. Se los vigila para acostumbrar­los a las buenas maneras y para corre­gir a tiempo sus malas inclinaciones que naturalmente poseen. unos desgra­ciados, si sólo quedaran en las manos de sus propios padres, quienes de ordinario son personas muy pobres o viciosas.
  6. «No hay más que ver la manera como emplean el día, para darse cuenta del fruto de esta buena obra, que es de tanta importancia.» (Conferencia a las Damas. 11 Julio 1657)
  7. «Hemos de evitar con mucho cuidado la aspereza y la impaciencia, sirviendo a todos con mucha afabilidad y dulzura, especialmente a los inoportunos y des­contentadizos, diciendo siempre buenas palabras… Hay que decirles siempre cosas buenas, para llevarles a Dios. Los enfermos son como niños en la devoción, aunque tengan muchos años. Una buena palabra salida del corazón y dicha con el espíritu que es debido a los oídos de los que sufren, bastará para llevarlos fácilmente a Dios. Con tal de que tenga unción, producirá el efecto deseado, pues entonces llega a lo hon­do de sus corazones.» (Conferencia X. 25)
  8. «Por otra parte, es uno de los mejores medios para conmover a las personas mayores que tienen el corazón obstina­do y endurecido, las cuales sólo se dejan vencer por la piedad de los niños y por el interés que por ellos nos toma­mos.» (Carta III. 118)
  1. Citas de documentos tomadas de «Biografía y Escritos de S. Vicente de Paúl». BAC. Editorial Católica. Madrid. 1955. Las Cartas y Conferencias están citadas por la Obra del P. Coste. «S. Vicente de Paúl: Correspondence, Entretiens et Documents». París. 1920-1925

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *