Obrero de la primera hora: Padre Portail en mosaico (I)

Francisco Javier Fernández ChentoEn tiempos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vinícius Augusto Ribeiro Teixeira, C.M. .
Tiempo de lectura estimado:

Al convocar el Año Jubilar de la Familia Vicenciana, a través de la circular de 13 de mayo de 2009, el Superior General quiso recordar: «Además de celebrar la muerte y la resurrección de San Vicente y Santa Luisa, celebraremos también la muerte y resurrección de un compañero muy próximo, el primer compañero de San Vicente de Paúl: el Padre Portail, fallecido el mismo año de 1660». Debido a la originalidad de su influencia en la gestación y consolidación de las fundaciones vicencianas, Antonio Portail no puede permanecer en la penumbra del olvido. Nos servimos, entonces, de la conmemoración de los 350 años de su nacimiento para el Cielo (14 de febrero de 2010) para presentar un breve perfil biográfico-espiritual de este obrero de la primera hora en la viña de la Misión y de la Caridad. La escasez de fuentes no nos permitió ir muy lejos en la investigación. Básicamente, todas las consideraciones a respecto de Portail tienen su fundamento en las conferencias y cartas de los fundadores, que a él siempre se referían con familiaridad, confianza, aprecio y veneración. A continuación, intentaremos componer un pequeño mosaico con las piedras que conseguimos descubrir.

1. Flashes de una vida

Antonio Portail nació el día 22 de noviembre de 1590, en Beaucaire, cerca de Arles, en la Provenza, sur de Francia. Nada se sabe sobre su infancia y adolescencia. Alrededor del año 1612, fue recibido en el pequeño grupo de jóvenes constituido por el Padre Vicente de Paúl en Clichy, su primera parroquia. El grupo era formado por 10 o 12 muchachos que aspiraban al sacerdocio. Se reunían periódicamente para oír las instrucciones catequéticas del celoso párroco. Esta convivencia de Portail con el Padre Vicente se prolongaría por casi cincuenta años, hasta el término de su vida. De hecho, él se convertiría en el más estrecho colaborador de Vicente en la fundación de la Congregación de la Misión y en muchas otras iniciativas. Todavía en Clichy, no se sabe el motivo, Portail fue víctima de una agresión por parte de moradores de una aldea vecina. Los habitantes de Clichy consiguieron defender el joven e incluso capturaron uno de los agresores, llevándolo, enseguida, hacia la cárcel. Padre Vicente intervino y, en un gesto de auténtica compasión, hizo que el hombre fuese liberado.

En diciembre de 1617, después de las experiencias emblemáticas de Folleville y Châtillon, Vicente manifiesta al señor y a la señora de Gondi el firme propósito de disponer de su tiempo y de sus energías para la evangelización y el servicio de los pobres de los campos, abandonados por la sociedad y por la Iglesia de su tiempo. Como la pareja no quería abrir mano de una sólida formación para sus hijos, marido y mujer ofrecieron al Padre Vicente la colaboración de un hombre de su confianza para secundarlo en el oficio de preceptor. La elección recayó sobre Antonio Portail, que pasó a vivir en el palacio, intensificando su convivencia con Vicente de Paúl y tomando parte en su apostolado aún embrionario junto a los pobres campesinos. Así, Portail era progresivamente iniciado en la itinerancia de la caridad y de la misión, testimoniando los primeros esfuerzos de Vicente en favor de los enfermos y pobres. De ese apostolado fructífero, realizado en medio de las urgencias del día a día, tenía que surgir un vigoroso brote.

Alrededor de 1619, cuando recibió el título de Capellán General de las Galeras, Vicente asocia Portail al servicio humanitario y evangelizador a los condenados a remar en las embarcaciones de defensa y expansión del territorio francés, todos sometidos a condiciones infrahumanas de supervivencia. Juntos, los dos misioneros se pusieron al servicio de los más abandonados que, desde sus calabozos insalubres, mendigaban migajas de misericordia y residuos de solidaridad. En el año de 1648, Portail tomará parte en la misión realizada por los cuatro Padres enviados a Marsella para el servicio de los pobres condenados a las Galeras, tanto en los navíos como en el hospital. Él mismo habla de esa experiencia, escribiendo a Luisa de Marillac: «La Providencia derramó muchas bendiciones en las misiones que hicimos tanto en el mar, como en la tierra» (Doc. 475). Para dar continuidad al trabajo iniciado por el Padre Vicente, una Casa será establecida en la ciudad, gracias al apoyo de la Duquesa d’Aiguillon. En este contexto, Pierre Coste menciona la reivindicación del Padre Portail ante los administradores del hospital para que los presos tuviesen asegurado el derecho a la asistencia religiosa (cf. SV XIV,476).

Habiendo realizado sus estudios en Paris, en la Sorbona, Portail fue ordenado presbítero en 1622, a los 32 años de edad (cf. SV I,43). Aunque incardinado en la diócesis de Arles, permanece junto al Padre Vicente, cuya rectitud y seriedad en la vivencia del ministerio le servían de estímulo en la búsqueda de la santidad. Vicente era verdadero lucero en el peregrinar del joven sacerdote. Como me dijo, cierta vez, un cohermano amigo, el Padre E. Rivas, cuando se presta atención al Padre Portail, se tiene la impresión de que sus ojos están permanentemente dirigidos a San Vicente. Y lo que ve, escucha y aprende, se esfuerza por traducirlo en su propia vida.

El 2 de marzo de 1624, Padre Portail es nombrado procurador de Vicente de Paúl para la toma de posesión del Colegio de Bons Enfants (cf. SV XIII,213), una antigua propiedad de la Universidad de Paris destinada a la acogida de estudiantes becados. Este colosal edificio se convertirá en la residencia de los primeros miembros de la Congregación de la Misión. Padre Vicente había recibido del arzobispo de París, hermano del señor de Gondi, la provisión de principal capellán o rector del referido Colegio. En el día 16 de marzo, en virtud de la delegación recibida, Portail cumple todas las formalidades prescritas para la ceremonia de posesión: abrir y cerrar las puertas de la iglesia, orar de rodillas delante del crucifijo y de la imagen de la Virgen Maria, besar el altar, tomar asiento en la silla del capellán, tocar la campana, recorrer las dependencias del colegio, entrar y salir de los aposentos del rector, abrir y cerrar las puertas del edificio.

Margarita de Silly, la señora de Gondi, fallecida el 23 de junio de 1623, deja en su testamento la cuantía de 300 libras como homenaje de gratitud al buen Padre Portail, auxiliar de Vicente de Paúl en la instrucción de sus hijos. En una conferencia, San Vicente llega a decir que Portail la conocía tan bien como él (cf. SV XI,122). Sólo después de la muerte de esta insigne benefactora, los dos padres pudieron fijar residencia en Bons Enfants, desde donde partían para la realización de su fructífero y exigente apostolado junto a los pobres de los campos. Con ellos, vivía otro padre, que, mediante remuneración anual de 50 escudos, se disponía a colaborar en las tareas pastorales. Vicente consideraba esa su primera experiencia de una comunidad para la misión como la aurora de su obra, o mejor, de la obra que Dios iniciara en él y, por medio de él, en la vida de los pobres. En una conferencia a los Misioneros, fechada el 17 de mayo de 1658, en tono nostálgico, recordará: «Íbamos todos, los tres, a predicar y a hacer misión de aldea en aldea. Al salir, entregábamos la llave a alguno de los vecinos y le pedíamos que fuese él mismo a dormir en casa» (SV XII,8).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.