Nicolas Parisot nació en Ailloncourt, en la diócesis de Besançon El 15 de julio de 1780, era recibido en el seminario interno en San Lázaro en París; el 15 de junio de 1783, se consagraba a Dios por los votos perpetuos de pobreza, de castidad, de obediencia y se comprometía a perseverar hasta su muerte en la Congregación que le recibía en el número de sus hijos. En 1791, desempañaba las funciones de ecónomo en el seminario Santa Ana, en Metz, cuando el gobierno revolucionario le intimó a dimitir o a prestar juramento constitucional. Prefirió dimitir. Oculto en la ciudad de Metz, estuvo, a pesar de los peligros que corría, a la disposición de los fieles que no querían el ministerio de los sacerdotes cismáticos.
Dios permitió que cayera en manos de los que le buscaban. Fue arrojado a la prisión y condenado a la deportación. La salida tuvo lugar el 21 de abril de 1794. Los deportados, subidos en carretas, tuvieron mucho que sufrir por el calor. Por la noche, hacían alto hasta el día siguiente y dormían donde había sitio, en las prisiones, en las cuadras, los graneros y hasta en las posadas. Pasaron por Pont-à-Mousson, Toul, Vaucouleurs, Troyes, Sens, Fontainebleau, Nemours, Brienne, Neuville, Orléans, Beaugency, Blois, Tours, Châtellerault, Poitiers, Lusignan, Niort, Surgères y llegaron por fin, el 21 de mayo, al puerto avanzado de Rochefort. De Blois a Tours, el trayecto se hizo en barco por el Loira. En Poitiers los despojaron de todo el dinero, papeles, ropas, trajes, breviario y demás libros. El Sr. Parisot vio que le quitaban el pañuelo y su tabaquera que había conservado. En la prisión donde pasó la noche, encontró un alma compasiva; era uno de los cohermanos del seminario de Poitiers, el Sr. Prunier, que le dio una camisa, un pañuelo y un gorro de dormir. Pocos días después de su llegada a Rochefort, el 7 prairial (26 de mayo de 1794) el Sr. Parisot escribía al Sr. Hanon: «No hemos entrado en la ciudad; nos han depositado en una embarcación llamada el Bonhomme-Richard. Este barco nos sirve de casa de arresto…Allí nos hemos encontrado con trece eclesiásticos de diferentes departamentos; ciento treinta del departamento de Yonne han llegado con nosotros doce. Nuestra habitación en el barco es el fondo de la cala; pero subimos, cuando queremos, al puente para tomar aire. Todos nos llevamos bien, aunque estemos atormentados por pulgas y demás miserias, que son inevitables en semejantes circunstancias.
Del Bonhomme-Richard, donde se quedó muy poco tiempo, el Sr. Parisot pasó al Washington. No trataremos aquí de reproducir los sufrimientos intolerables que sufrían los infortunados eclesiásticos encerrados en este navío. Privados de aire, de alimentación, de ropas y de remedios, maltratados a cada momento por sus feroces guardianes, no cesaron de dar el ejemplo de una inalterable paciencia y de una invencible firmeza. No se puede añadir nada al retrato impresionante que ha hecho de su situación el abate Manseau en su obra sobre los Sacerdotes y Religiosos deportados a las costas y a las islas de la Charente-Inferior. La muerte atacaba entre ellos repetidas veces. El Sr. Parisot sucumbió a su vez cinco meses después de su llegada, en octubre 1794. Su cuerpo fue arrojado a una barca y llevado a la isla Señora, donde le enterraron sus cohermanos, con un religioso respeto, en una fosa cavada en la orilla.
SOURCES : Deux lettres ms. de M. Parisot (Arch. de la Mission. À Paris); — Manseau, les Prêtres et Religieux déportés sur les côtes et dans les îles de la Charente-Inférieure. — Sabatié (AC), La déportation révolutionnaire… t. II p 26







