Hoy, 11 de agosto (1646)
Señor:
Ayer recibí una carta que me pareció a primera vista ser de su caridad, pero al no ver en ella rastro alguno de su letra, no fue pequeña mi pena por el temor que me asaltó de que estuviera usted enfermo; menos mal que quedé en parte consolada por lo que el buen Hermano Ducourneau1 me hizo la caridad de decirme. En nombre de Dios, señor, bien sabe usted la necesidad que tiene de tomarse un poco de tiempo para recobrar su salud y para tratar de tenerla para el servicio de Dios.
Estoy muy extrañada de que no haya usted recibido la carta que escribí a su caridad desde Orleans, donde no nos detuvimos más que la mañana del sábado para continuar hacia esta tierra, aprovechando que nuestro buen Dios me daba fuerzas suficientes. ¡Si su caridad supiera, mi muy honorable Padre, las ayudas de su divina dirección, se sentiría lleno de gratitud para suplir mis infidelidades e ingratitudes! Se lo suplico muy humildemente por el santo amor de Dios. No sé lo que será de este establecimiento en el que todavía no me he tropezado con ninguna espina, si no es alguna ligera murmuración popular; pero sí, en cambio, con tantos aplausos de todo el mundo que parece increíble. Nos detuvimos sólo tres días en Angers, en donde de nuevo tuve el honor de escribirle; cuatro o cinco horas en Tours, y si no llegamos a Nantes hasta el 8 de agosto, fue por haber tenido que pasar mucho tiempo sin poder navegar por lo bajas que iban las aguas. Aunque hicimos todo lo posible por que no se supiera el día de nuestra llegada, la buena de la señorita de2. Señorita de La Carisiere y señorita des Rochers, señoras de Nantes que cooperaron al establecimiento de las Hijas de la Caridad. La Carisiere 2 había ordenado las cosas de tal manera que vinieron a buscarnos al barco y, después de que hubimos visitado al Santísimo Sacramento, nos llevaron a casa de la señorita des Rochers,2 quien, por cierto, le envía a usted un respetuoso saludo y me ha manifestado cierta pena por no haber recibido contestación a dos cartas que tuvo el honor de escribirle después de la muerte de su marido, que era muy amado y estimado en esta ciudad.
Le había expuesto a usted que existía cierta dificultad para pedir que el señor de Joncheres3 fuera el Director de las Hermanas; pero si no recibo orden en contra de lo que su caridad me dejó dicho, no veo posibilidad de escoger otro fuera de él, a quien habría que proponerle que esperamos de su caridad quiera ocuparse de esto. No es, como habían dicho, Padre de los Pobres, y tampoco veo que su señora hermana pueda hacer daño alguno, porque es muy celosa y razonable y hace el bien no sólo en este hospital, sino en todas las casas de piedad y misericordia. Quiera Dios, mi muy Honorable Padre, que tenga yo suficiente virtud y amor para agradecer los cuidados que la divina Providencia toma de nosotras. ¡Cómo cantaría entonces sus alabanzas! Pero tengo que quedarme corta y contentarme con pedir a la Corte celestial que dé tanta gloria a Dios como posible sea. Y usted, mi muy Honorable Padre, a quien Dios da a conocer su voluntad sobre nosotras, supla lo que nos falta.
Esta santa Providencia, que conoce lo aferrada que soy a mi manera de ver, ha permitido que encontráramos enferma de la rodilla a nuestra Hermana4 a la que queríamos traer acá, para que escogiéramos a otra a la que convenía trasladar. ¡Bendito sea Dios por siempre por sus misericordias! y yo (lo haré) de manera especial por ser, señor, su muy obediente hija y agradecida servidora.
P. D. Creo que quince días pasados aquí adelantarán lo suficiente las cosas.
- El H Beltrán Ducourneau nació en 1614 en Ameu, a 26 Kms de Dax Llegado a París, hace Ejercicios espirituales en San Lázaro y es recibido en la Congregación de la Misión el 28 de julio de 1644, haciendo los votos el 9 de octubre de 1646. San Vicente lo toma como secretario del Superior General, oficio que desempeñó hasta su muerte, ocurrida en París el 3 de enero de 1677. Fue un encendido admirador de San Vicente.
- Señorita de La Carisiere y señorita des Rochers, señoras de Nantes que cooperaron al establecimiento de las Hijas de la Caridad.
- Señor des Joncheres, sacerdote de Nantes que pasará a ser confesor de las Hermanas y su consejero.
- Sor Juana de Loudun, a quien reemplazó Sor Claudia Brígida.







