Historia general de la C.M., hasta el año 1720 (68. Visitas del sr. Bonnet)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la MisiónLeave a Comment

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Author: Claude Joseph Lacour, C.M. · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1731.

Fue escrita por el Sr. Claude Joseph Lacour quien murió siendo Superior de la casa de la Congregación de la Misión de Sens el 29 de junio de 1731 en el priorato de San Georges de Marolles, donde fue enterrado. El manuscrito de l’Histoire générale de la Congrégation de la Mission de Claude-Joseph LACOUR cm, (Notice, Annales CM. t. 62, p. 137), se conserva en los Archivos de la Congregación de París. Ha sido publicado por el Señor Alfred MILON en los Annales de la CM., tomos 62 a 67. El texto ha sido recuperado y numerado por John RYBOLT cm. y un equipo, 1999- 2001. Algunos pasajes delicados habían sido omitidos en la edición de los Anales. Se han vuelto a introducir en conformidad con el original.


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San Vicente de Paúl
San Vicente de Paúl

LXVIII. Visitas del sr. Bonnet

Habiendo tomado todas las medidas de las que acabamos de hablar antes y después de la asamblea general para afianzar el espíritu de la Co, el sr. Bonnet, sintiéndose fuerte, resolvió después de deliberar con los asistentes emprender por sí mismo la visita de todas las casas de Francia. Comenzó el año 1712 por las de la provincia de Bretaña, y continuó los años siguientes por las otras provincias de Guyenne, de Champagne y de Picardía. En el año 1715, regresó otra vez a Aquitania, y llegó a Languedoc y Provenza para visitar las casas de la provincia de Lyon; no pudo terminar debido a la muerte del rey Luis XIV, que sucedió ese año, y le obligó a volver rápidamente a París. Empezó estas diferentes visitas nada más pasar la Pascua, en la primavera, excepto en 1714; había resuelto pasar a Burdeos, luego ir a visitar las casas de la provincia de Lyon, pero retenido en San Lázaro por asuntos indispensables, no pudo salir hasta el mes de julio para visitar las de Champagne y de Picardía más cerca de París. Cada vez que salía de San Lázaro, daba aviso a las casas de su partida, para que si alguno necesitaba dirigirse a él, se supiera adónde había que escribir, y lo mismo cuando estaba de regreso, por la misma razón. Esta Visita del general a todas las casas, algo que no había sucedido nunca desde que el sr. Vicente había visitado algunas, produjo mucha alegría a todos los miembros de la CM, y el superior general por su parte se mostró satisfecho por el estado en el que encontró cada casa, dejando ordenanzas de Visitas propias para proveer a las necesidades de las familias.

Había expresado en una carta del 1º de enero de 1711, cuando no era más que Vicario general, que el seminario interno de San Lázaro estaba bien llevado y que los estudios iban bien. Se trabaja en todas partes, decía en otra carta del 1º de enero de 1713, con bendición y éxito en las funciones; hay 40 estudiantes de gran esperanza. Con todo había advertido en las visitas dos o tres defectos dominantes, a saber una falta de respeto y sumisión para con los superiores, sobre todo en las ocasiones en las que no se está contento con las órdenes que dan, y una inclinación a relajarse en materia de sensualidad y de delicadeza en la bebida y la comida. Algunos educadores no observan en las vacaciones el reglamento del sr. Pierron, y también un prurito por hablar con poca prudencia de los asuntos de estado y de la Iglesia o de diferentes comunidades. Todo ello podía causar un gran mal tanto a los particulares como a la CM, por lo que corrige con razón. Que uno de los mayores trabajos que tenía en la dirección era prevenir estos males antes de que llegaran, ponerles remedio cuando habían llegado, de forma que cada uno debía cuidarse de tales defectos.

En una carta siguiente de 1º de enero de 1714, escribía: Me ha parecido por las dos visitas que hice los años anteriores y por los avisos de los visitadores, que la mayor parte de nuestras casas están en buen estado, en paz y en regla, desempeñan bien sus funciones, y parecen animadas por el espíritu del Instituto. Parece sin embargo que algunos no observan lo suficiente el voto de pobreza, por no prestar atención a lo que está dicho en las reglas, los decretos y las cartas circulares. El sr. Bonnet comenzó a escribir todos los años cartas a la CM para ponerla al corriente de las noticias, lo que los primeros generales no hacían sino de vez en cuando y los demás de dos en dos años. Dice en la carta de 1715 que, aunque las casas le hubiesen parecido que trabajaban bien en su perfección y en cumplir sus oficios, se veía obligado a insistir en la obediencia del voto de pobreza para no introducir nada contrario a las reglas, decretos y cartas circulares. Además recomendar huir con todas las fuerzas de los aires y estilos del mundo, persistiendo en los modos de obrar humildes y pobres, tales como nos lo había dejado el sr. Vicente. Evitar asimismo las conversaciones demasiado familiares con los externos (28º cuaderno) sobre todo en las parroquias, tener mucho cuidado en no decir ni hacer nada contra la prudencia y la circunspección en los asuntos presentes de la iglesia. Así es como en estas cartas después de informar de las noticias de la CM, habla en ellas de ciertos defectos que más observaba.

Así lo hizo en su carta del 1º de enero 1716 refiriéndose a los que se abandonan demasiado a la sensualidad en los paseos y banquetes que se toman en las casas de campo, donde se sirven viandas que no están en uso en la CM, de no ser bastante asiduos a la oración de la mañana, descansando sin permiso demasiadas veces, y por mucho tiempo. De servirse con demasiada frecuencia y demasiado públicamente del tabaco, contra la resolución de la última asamblea general, y para los superiores hacer viajes y gastos no necesarios no permitir hacer los oficios a cada uno, pedir prestado, vender, comprar, sin permiso, y sin pedir el parecer de los consejeros. Se vio obligado a dar los mismos avisos después, pues al parecer no se corregían. En 1718 mantenerse siempre unidos, y al mismo tiempo separados de los externos sin buscar apoyo junto a ellos, para mantenerse. Obrar en todo en espíritu de humildad, sencillez y obediencia, ser fieles a la oración y demás ejercicios espirituales, a los votos y sobre todo al de pobreza, contra el que muchos cometen faltas notables. En 1719 repitió otra vez: Apartémonos del mundo cuanto nos sea posible, sobre todo en las parroquias, seamos fieles a nuestros reglamentos, nada de visitas inútiles, no vayamos solos, y no nos entreguemos a beber y comer en la ciudad con el pretexto que sea. Y el general nombra faltas más de una vez, que se pueda saber en la CM. Seamos fieles a la oración y a los ejercicios de piedad. Los superiores y procuradores deben cuidarse ser en esto el ejemplo de los demás. Vivamos en una exacta mortificación interior y exterior, preservémonos de las más ligeras apariencias de la vida muelle y sensual. No nos apeguemos nunca a los lugares, a los cargos ni a las personas.

Y también hacia el final de este mismo año, prestemos atención a guardarnos fielmente de las novedades, asiéndonos a lo sólido y a lo grueso del árbol de la ciencia eclesiástica. Vivamos y muramos en la fe y sencillez de nuestros padres, perfectamente sumisos a la iglesia, a la Santa Sede, y a todos los demás superiores eclesiásticos. Seamos prudentes y circunspectos en nuestras palabras sobre los asuntos de la iglesia y del estado. Quedémonos todos en nuestras casas, sin mezclarnos en nada más que nuestros asuntos, es decir en servir bien a Dios, en santificarnos y edificar a los demás con nuestras funciones según nuestras reglas. Se ha podido observar por todos estos avisos que son casi siempre sobre los mismos artículos, que el sr. Bonnet no ha cesado de dar. Escribió cartas para mantener el buen orden y el espíritu de la Misión, queriendo contribuir a él por las visitas personales, que hizo durante los cinco o seis primeros años de su generalato. Todas estas faltas y todos estos defectos no se corrigieron por ello, y siempre hay alguno que da lugar a renovar esta clase de quejas.

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