LVIII. Enfermedad del sr. Pierron. Le sucede el sr. Wáter
Pronto después este superior general se vio atacado en invierno de una molesta apoplejía, y este accidente hizo temer por su vida, estando ya en avanzada edad. No obstante, se puso remedio lo mejor que se pudo. Los médicos le aconsejaron ir a tomar aguas minerales, no pudo resolverse a ello, sea a causa de su empleo que no le permitía ausentarse así de la casa de San Lázaro, sea por cualquier otra razón; se le mandó venir a París, por algún tiempo. Pareció aliviarse un poco, pero después de Pascua las piernas siguieron débiles y esta debilidad aumentó más en otoño; sus ánimos bajaron también resintiéndose más todavía durante todo el invierno siguiente. El sr. Hénin estaba a la cabeza de los asuntos de la CM, el sr. Faure tenía menos conocimientos aún siendo primer asistente; su conducta no fue del agrado de algunas personas de la CM. A pocos se les permitía pasar por San Lázaro, por miedo de que se viera el pobre estado en que se hallaba el general. Algunos Misioneros se movieron para tener otro superior general. Hubo necesidad de enviar al sr. Himbert a Cahors para sacar de allí al superior; y así se hizo. Y el sr. Chèvremont, visitador de la provincia, por entonces superior en Saintes, que había contribuido a hacer nombrar a este superior en Cahors, le remplazó cuando dejó este lugar. Al sr. Pierron con todo lo débil de espíritu y de cuerpo como estaba, le costó mucho dolor este revuelo.
El año 1703 era el 6º, después de su elección, lo que, según lo que está indicado en las constituciones, obligaba a mandar convocar las asambleas de las provincias para tener una sexenal en París. La orden fue enviada a los visitadores al comienzo de la primavera; pero, casi inmediatamente después, se vio que el superior general no estaba ya en disposición de ejercer este cargo, él mismo pidió con insistencia que se le descargara y concluyó con sus asistentes que había que convocar una asamblea general en la que, una vez realizada su dimisión, se eligiera a otro general.
Se la señaló para el mes de agosto de ese mismo año 1703. Había que tener otras asambleas provinciales, de las cuales las casas enviaran a otros diputados a menos que los mismos no fuesen antiguos. No hubo tiempo, en Polonia, para tener estas dos clases de asambleas; se suplió con un breve que se hizo llegar de Roma, por temor a encontrar algún defecto en la asamblea general; todos los visitadores se encontraron en ella, el sr. Pierron se presentó y dimitió lo que aceptaron todos los diputados, reservándole la segunda plaza después del general. Se dio a entender a los visitadores extranjeros que se tendría plena libertad de escoger a quien se quisiere, según la explicación de Su Majestad cuando se tuvo el honor de verle por este asunto.
Los amigos que el sr. Hébert tenía en la corte esperaban todavía verle nombrar general; no obstante, algunos antiguos, y sobre todo el sr. Hénin que gozaba de gran crédito en las mentes de diversos particulares de la CM, temiendo que no se conformara del todo por la sencillez de los primeros Misioneros, actuaron de tal suerte que fue elegido el sr. Wáter y reconocido por todos. Hubo sorpresas en el exterior; el R.P. Massillon, entonces sacerdote del Oratorio, famoso predicador y luego, obispo de Clermont, preguntó a uno de los diputados, que era conocido suyo, si el sr. Hébert no había sido elegido; y sabiendo que no: Es preciso entonces, respondió, que haya mucha gente de mérito en vuestra CM.
Cuando el nuevo general, al hacer sus visitas, fue a ofrecer sus respetos al primer presidente, que era entonces el sr. Achille de Harlay, habiendo reconocido este célebre magistrado la sencillez de este superior, dijo que veía en su elección que el espíritu del sr. Vicente animaba todavía a la CM. El sr. Hébert fue secretario en esta asamblea, como en las precedentes. Sus amigos de la corte, viendo que no habían podido procurarle el generalato, pensaron en procurarle y hacerle obtener una dignidad más importante y, desde la Navidad siguiente, Su Majestad Muy Cristiana le elevó al obispado de Agen, que aceptó. Hizo sus ejercicios en San Lázaro y fue consagrado en Versalles, el domingo del Buen Pastor de 1704 por su eminencia Mons. el cardenal de Noailles, con quien había tenido y conservado constantemente desde entonces una amistad muy estrecha. Fue el primer obispo que haya tenido la CM. Nuestro Santo Padre el Papa le envió sus bulas con todo la amabilidad. Pero al nuevo general le preocupó no poco al verle así elevado al episcopado, temiendo que, en lo sucesivo, los súbditos de la CM con ocasión de ciertos puestos donde se encontrarían para hacerse amigos, y ambicionar luego las dignidades eclesiásticas, o bien permitir a sus amigos que las pidiesen para ellos, cosa que podría privar a la CM de buenos súbditos. Se tomó incluso la libertad de expresárselo así al Rey; y Su Majestad tuvo la bondad de responderle que no había podido librarse de nombrar al sr. Hébert a este obispado, pero que este ejemplo sería único; que en adelante no se propondría a ningún súbdito de la CM para el episcopado.
Y volvemos a la elección del sr. Wáter. Le costó bastante consentir en ello; y no pudiendo ganar nada con todas sus advertencias, pidió a la asamblea buenos asistentes, entre otros al sr. Jean Bonnet, todavía joven, a quien había conocido en Chartres, haciendo la visita, y por quien conservaba una gran estima para ayudarle con sus cuidados a llevar el peso de su cargo. Se le escogieron a aquellos a quienes se creyó que eran los más aptos en este empleo, a saber: al sr. Claude Huchon, que era entonces superior en Sedan y quien, luego, fue párroco de Versalles, después al sr. Hébert; este puesto pedía a un hombre de mérito que pudiera ser agradable en la corte; y al mismo tiempo no estar lejos de San Lázaro, adonde podía ir con facilidad para cumplir du oficio. El sr. Gabriel Bessière, que era superior en Metz, y que fue también elegido para ser admonitor; el sr. Bennet; y por la nación italiana, el sr. Philippe Viganego, antes asistente de la casa de Turín.
El sr Wáter había aparecido en la CM en su viaje de Roma, bajo el generalato del sr. Pierron. Después de su regreso, volvió a Amiens a dirigir esta casa de la que había sido superior por mucho tiempo; y le hicieron no sólo visitador de la provincia de Francia, sino, además, en 1700 le enviaron a Richelieu, a Cahors y a Metz, a hacer la visita en casa de los otros visitadores que residían en aquellas ciudades; ya la había hecho en Lyon al regreso de Italia. Había entrado en la CM en tiempos del sr. Almerás. El sr. Pierron ha sido el último de los generales que hayan visto al sr. Vicente. Cuando el sr. Wáter tuvo el honor de saludar al Rey, Su Majestad le recibió con agrado y le dijo con toda amabilidad que si le habían nombrado general, tenía el tipo para ello. Era en efecto de gran talla y bien proporcionado, robusto y de edad tan sólo de algo más de (24º cuaderno) 50 años de manera que se esperaba que viviera largo tiempo y con buena salud; pero Dios lo sacó del mundo antes de lo pensado. Toda la CM en general estuvo contenta de su dirección. El sr. Pierron no sobrevivió largo tiempo a su dimisión; unos 15 días después, en el tiempo que parecía sentirse bastante bien, le sobrevino una fiebre maligna, acompañada de inflamación, que le llevó a la muerte el 27 de agosto de 1703. El general avisó a todas las casas, indicándoles: Ya saben los buenos servicios que ha prestado a la CM durante 46 años que ha vivido y el gran ejemplo de humildad y de desinterés que nos ha dado, presentando de buena gana su dimisión del oficio de superior general; la cual dio lugar a la última asamblea para darle un sucesor. Nos ha testimoniado tanto gozo de la paz y tranquilidad con la que todas las cosas han sucedido que él no ha podido por menos que decir: Ya no tengo nada que desear en este mundo, y mi único deseo es ir al cielo. Se reconoció por esta muerte que no había sido inútil convocar una asamblea general para le elección de un nuevo superior general; de todas maneras habría que recurrir a ella.







