XV. Casas de Polonia, y de Italia
El general tenía cuidado de las fundaciones hechas en los países extranjeros del mismo modo que de las de Francia. La casa de Varsovia en Polonia se resentía de las miserias de este reino después de la retirada del rey Casimiro, esposo de la reina que era la fundadora. Envió allá al sr. Dupuich, misionero muy conocido por su sencillez, quien llegó a Varsovia el 6 de febrero de 1668, tras un viaje penoso en el que tuvo que ver un luterano que le conducía. El rey y la reina le recibieron muy bien, y allí llevó a las Hijas de la Caridad. Visitó la casa por entonces llevada por el sr. Desdames. Fue él mismo superior, pero no quiso aceptar la parroquia de Sta.Cruz, aunque unida a la casa, por no entender el polaco, no creyó en conciencia deber encargarse de la parroquia; así, el sr. Desdames fue párroco y su asistente, quien habiéndose marchado para volver a Francia, no quiso encargar al sr. Dupuich de la parroquia. La reina murió en su palacio dentro del recinto de esta parroquia. Su Majestad temía verse sorprendida por la muerte, teniendo en cuenta las debilidades en las que caía de vez en cuando, se confesaba todos los días antes de acostarse y se murió de apoplejía cuando los Misioneros le llevaban la extrema unción. El cuerpo fue llevado a Cracovia, luego el rey Casimiro abdicó el reino para retirarse a Francia. Hubo muchas maniobras para la elección. El príncipe Miguel Koribut Viesnowiski fue el elegido. El sr. Dupuich confesaba a las religiosas de la Visitación en Varsovia durante dos años y medio, para regresar a Francia hacia finales del año 1670, dejando su lugar al sr. Duperroy, quien dejó algún tiempo después lugar al sr. Eveillard .
Éste siendo un hombre de talentos quien enseñando en el seminario de los Bons-Enfants había dirigido al abate Denhof noble polaco que de regreso en Polonia se las arregló de tal suerte que por su mediación consiguió ser llamado allí; pero Dios no bendijo su actuación, como se verá después. Se recibieron en Polonia algunos súbditos que honraron a la CM, entre otros un joven gentilhombre polaco, hijo de un palaciego del país, llamado sr. Tarlo, que vino a estudiar a París donde enseñó filosofía a los estudiantes de San Läzaro. Se le envió a Polonia, donde prestó grandes servicios en calidad de visitador de esta provincia; fue posteriormente obispo de Posnania, y se hablará después de él.
La nueva casa de Roma, situada en Monte Citorio, florecía bajo la dirección del sr. Simon, hombre de espíritu y de méritos, quien fue enviado allí de la de Annecy. Fue conocido primeramente en la curia de Roma, y todavía más en el séquito del papa Inocencio XI y se ha oído decir que Su Santidad le quería hacer cardenal. El sr. Berthe se fue allí desde Lyon como se lo había pedido el sr. Simon, ya que nadie tenía (noticias?) de esta familia desde hacía tres o cuatro años. El sr. Almerás indicaba que el bien de la CM pedía que se estableciera en San Lázaro a un sacerdote para procurador general de la CM, y buscando a alguien apto para este puesto, se lo encargó al sr. Talec, a quien la providencia, dice en su carta del 17 de julio de 1671, ha hecho que se encuentre aquí hace unos meses. Poseía el genio propio para este oficio y lo desempeñó a gusto de todos.







