III. Reglamentos de la asamblea de 1661
Todos los misioneros saben el gran talento y al mismo tiempo la excelente inclinación que tenía el sr. Almerás para organizar no sólo una casa sino toda una Orden. El sr. Vicente se había servido de él para trabajar en lo que había ya de reglamentos hechos, tanto en común como para los oficios particulares y él se había dedicado a ello con un gran celo y un fruto parecido. Una vez que se vio elegido general, pensó en que se determinase en la asamblea en que se había concluido su elección lo que él juzgó más importante para perfeccionarlos reglamentos de la Congregación; no era todavía demasiado numerosa, o más bien la disminución de fervor no había dado todavía pie a confeccionar algunos decretos, menos todavía en la primera de todas las asambleas tenidas en 1642, durante la vida del Fundador quien quiso renunciar en ella como se señala en su Vida. Los decretos que pasan por ser los primeros de la Congregación son de la asamblea que siguió a aquella de que hablamos celebrada en 1668.
Algún tiempo después de su elección, el sr. Almerás envió a las casas una memoria para instruir a los superiores de las cualidades necesarias en aquellos que se presentan y piden ser recibidos en la Compañía, imponiéndoles que se informaran de su buena intención, de su edad, de sus padres, de su exterior, si están bien formados, si sus padres consienten en que entren en la Compañía, y si pueden prescindir de ellos, si han estudiado y cómo, si están provistos de un título para recibir las órdenes sagradas; en fin que se fijaran bien en sus buenas o malas cualidades de alma y cuerpo, para formar un informe justo al general y disponerle así en estado de juzgar primeramente si son aptos para la Congregación sin verse obligados a escribir tantas cartas.
El sr. Almerás organizó del mismo modo al comienzo de su generalato el Acta de protesta que se hace en todas as casas de la Compañía al principio de cada año para consagrarse en común al servicio de Dios en las funciones del Instituto; la dispuso tal y como es aquella de la que se sirvió san Francisco de Sales en la dirección. Todos descubren en ella la unción y la ternura que llenaba el corazón de este digno superior general. Se la envió a las casas, de tal modo que se hizo en todas partes por primera vez a principios del año de 1663, cosa que se ha continuado haciendo en lo sucesivo.
Además ordenó de acuerdo con una memoria hecha en nombre del sr. Vicente que en cada casa se conservasen las cartas escritas siempre que su contenido fuera algo de consideración apto para instruir a los sucesores, formando varios legajos cada uno en su sitio, para acudir a ellos en caso de necesidad; que se dejara constancia todos los años en un libro a propósito de todo lo que ocurriera en la casa de importante. Con relación a lo espiritual y a lo temporal en cada oficio, para informar de ello en tiempo y lugar al superior general, y cuando en las casas particulares se encontrare alguien que no hubiera acabado los dos años de seminario interno había que avisar de ello al general dos o tres meses antes del final de dicho seminario, informándole de todas las disposiciones de estos súbditos, a fin de poder ordenar que hicieran los votos o no; y una vez que los hayan hecho, enviar su nombre, apellido, su país, la fecha de su entrada en la Compañía, etc., que si alguien muriese en las casas, se debería avisar lo antes posible al superior general, indicándole en resumen cuanto se haya observado en su vida y en la última enfermedad del difunto y guardar un registro exacto de todos los que fallecen en las casas.
Deseó también según las intenciones del difunto sr. Vicente que en las casas en que se tenía encargo de dar misiones se señalara, en un libro particular todo cuanto se hubiera observado en cada misión, haciendo constar el nombre de la parroquia, la fecha del año, la distancia a la ciudad episcopal, el número de comulgantes, el de los obreros que en ella hubieran trabajado, la duración de cada misión, su éxito bueno o malo, el tiempo apto para dar esta misión, y demás circunstancias particulares; cuando se trate de las misiones ya dadas, se podrá consultar el libro de los gastos y otros de la casa para tenerlo en orden, y lo que se pueda saber es en qué se ha de ser exacto en adelante y los obreros que sucedan a los antiguos podrán de esta manera saber qué deben hacer para llevar a buen término una misión que van a dar en los lugares donde sus predecesores trabajaron antes.
El mismo superior general juzgó en los primeros años de su gobierno que era importante fijar la inscripción de los sacerdotes de la Compañía tanto en sus cartas como en sus firmas levantando actas públicas en el nombre de su casa o de la Compañía, escribió pues para ello una carta circular, donde ordena que se ha de firmar indigno sacerdote, clérigo o hermano de la Congregación de la Misión, y no simplemente de la misión, habiendo otros sacerdotes que pueden usar de tal firma, teniendo en cuenta que van a dar misiones como nosotros y ello podría producir equívocos que se prestarían a inconvenientes en materia de fundación, donación, contrato, etc. En lugar de que nadie ni siquiera los sacerdotes que viven en comunidad, y establecidos para dar misiones, no pueden suscribirse de la Congregación de la Misión, porque la Compañía es la única aprobada y establecida por la Santa Sede bajo este título; que había que advertir a todos los súbditos de cada casa de escribir así a los de la Congregación, y firmarse igualmente, a fin de evitar así todo equívoco, existiendo ciertos lugares de las comunidades de sacerdotes que toman el título de misioneros, como en Marsella donde los sacerdotes de la comunidad del sr. Gautier llamados comúnmente del Santo Sacramento se llaman todavía hoy en esta ciudad los sacerdotes de la Misión de Provenza; el sr. Almerás prohíbe incluso en esta carta, en este pequeño detalle, señalando que se debe firmar indigno sacerdote o clérigo etc. de la Congregación de la Misión, y no sacerdote indigno de la Congregación, sobre la cual parecería recaer más bien que sobre el sacerdocio el sentimiento de su indignidad que es lo que se protesta en lugar de que se mire propiamente el sacerdocio según el pensamiento del sr. Vicente y de los primeros misioneros que han tenido por costumbre usar esta denominación; añade que no se ha de abreviar esta firma sirviéndose solamente de la primera letra de cada palabra, cuando se escribe a externos a quienes costará qué se querrá decir, o a superiores o a otras personas dignas de respeto a las que no convendría este modo de abreviar la firma.
Nada había más esencial para el buen orden de la Compañía que la elección de los superiores de las casas y su cuidado de la observancia del reglamento. El sr. Almerás hizo redactar una memoria que envió, a partir de abril de 1661, a las casas de la Congregación, para que los superiores se acomodasen a ella, señalando en ella que debían observar ellos mismos y hacer observar a los demás con fidelidad las reglas comunes y en particular las costumbres que en ellas se detallan respecto a la pobreza, de no tener nada cerrado con llave en la habitación, no dar nada, recibir, y llevarse de una casa a otra sin permiso ni siquiera libros comprados con sus haberes, en los que se debe escribir nada más comprarlos el nombre (el número?)de la casa en que se habita, la libertad completa para los inferiores de escribir al general y a los visitadores a lo que incluso deben invitarlos de vez en cuando para que tengan confianza de que el superior local no desea saber si escriben a los superiores mayores o no, o si reciben cartas de ellos, y para que esta libertad sea mayor, los inferiores que quieran escribir podrán dirigirse al admonitor del superior para que les selle sus cartas sin ser leídas y luego mandarlas, pero en cuanto a las cartas dirigidas a gente que vive en el lugar donde está el general o el visitador o el superior particular se le han de enviar abiertas para que las lea si quiere y las selle después remitiéndolas a su dirección; se ha sabido siempre en la Congregación que las cartas escritas o recibidas de otros que los superiores sin pasar por sus manos introducen demasiado comercio con el mundo, y luego el desagrado con la vocación, la experiencia de varios misioneros ha confirmado que este temor no es infundado.
Los superiores vigilarán también que se recite el oficio divino devotamente y que las meditaciones prescrita y el silencio se observen, que no entren unos en las habitaciones de los otros, que se haga la comunicación cada tres meses, que se pida ser avisado en el capítulo varias veces al año, alguna vez penitencia a los superiores humillándose por las faltas que se han cometido contra las reglas, de no comunicarse al salir de alguna casa los defectos que se han observado, no murmurar de la conducta de los superiores generales o particulares, no se ha de recibir a gente que vienen de otra casa si no tienen una patente del superior o una orden del superior Mayor.
Además de todo eso se cuidarán los superiores de leer y comprender bien tanto las reglas comunes como las de sus oficios como las de los otros, reunirán a los consejeros de la casa dos veces o al menos una vez a la semana, y en caso de necesidades urgentes donde se debe pedir su parecer para terminar lo que se ha de hacer tanto en lo espiritual como en lo temporal de la familia, invitarán a su admonitor de vez en cuando a que les avise de sus defectos, no emprenderán procesos ni edificaciones ni nada de importancia sin consultar al general o al visitador, pondrán toda la atención en la observancia de las ordenanzas de las visitas, del reglamento de las misiones, para los ejercicios de la comunidad, los sermones, catecismos, etc, de las cuentas de las fundaciones para lo cual se llevará un libro en cada casa y otros parecidos para llevar las misiones, los ejercicios de los externos, las cartas circulares y memorias de los superiores generales, las reglas particulares de cada oficio para que se puedan sacar copias en caso de necesidad; pagarán sin quejarse los gastos del viaje de los visitadores y de los súbditos que se envíen a sus casas, quedando esto arreglado por el difunto sr. Vicente, escribirán al menos dos veces al año al general y más a menudo a los visitadores para informarles de todo lo que pasa en su casa con respecto a lo espiritual y a lo temporal a fin de que los superiores mayores estén bien informados; no se nombrará a los sacerdotes de la casa por el nombre de su oficio, como el de asistente, director, procurador, sino que se les calificará sólo de sacerdotes de la misión, sólo se exceptúa al superior; a quien se da la cualidad en el encabezado de las cartas que se le escriben, y no al hablar de su persona, esto en cuanto a los avisos que tuvo a bien el sr. Almerás dar a los superiores de la CM al principio de su generalato algunos meses después de la asamblea de 1661.







