Gilbert Cuissot, C.M. (1607-1684) (II)

Francisco Javier Fernández ChentoEn tiempos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1898 · Source: Notices, II.
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III. El Sr. Cuissot secunda el celo del venerable obispo de Cahors.

El Sr. Alain había elegido él mismo al nuevo superior de su seminario. «Mer de Cahor nos lo ha quitado, escriba san Vicente al Sr. Portail (20 de diciembre de 1647). Sea que él hubiera apreciado al Sr. Cuissot, cuando éste estaba aún en la Rose, se que hubiera visto en San Lázaro a este misionero que san Vicente se lo había ofrecido el año anterior, y a quien la enfermedad había condenado a un año de reposo, lo cierto es que con este superior de su elección el venerable prelado pudo dar un esplendor a su celo a su celo por la reforma y la santificación de su clero.  Llegó a ser siempre, (20 de diciembre de 1647 como dice su historiador, la piedra fundamental de su seminario. «Cuando alguien quería ser de la Iglesia, dice Chastenet, se presentaba a él en habito seglar para pedir el permiso de llevar la sotana. El prelado le examinaba en persona sobre su vocación, sobre los motivos que le llevaban a abrazar el estado eclesiástico y sobre los demás puntos que juzgaba oportunos. Después de las pruebas a las que los sometía, si querían entrar en el seminario para pasar sus seis meses, los examinaba, una y otra vez él mismo, sin confiar nunca este examen a nadie, y si los encontraba capaces, les firmaba un papelito que significa que eran recibidos».

El santo obispo dejó a los sacerdotes de la Misión la libertad de aplicar en el seminario de Cahors los reglamentos en uso en todos sus seminarios; pero redactó unos particulares para los seis seminaristas que, siendo recibidos abrazaban no sólo el tiempo de su seminario, sino también y sobre todo el de su ministerio.

Partidario de le firmeza en la disciplina, el venerable Alain no habría permitido que se conservara en el seminario a nadie que hubiera perjudicado a los demás con su mal ejemplo. Veamos cómo hizo  despedir a un  seminarista que había pedido, sin autorización, un beneficio en una diócesis extranjera. El hecho se refiere en la carta siguiente que escribió su secretario, por orden suya, al Sr. Cuissot:

«Señor,

«El Sr. Lentilhac, uno de vuestros seminaristas, no habiendo dicho que había impetrado un beneficio en la diócesis de Rodez, y habiéndoselo comunicado a Monseñor, me ha encargado que os escriba que reunáis a todo el seminario, tanto a los vuestros como a los de la diócesis y extranjeros, a los cuales reunidos diréis que tenéis orden de leer públicamente ésta, y les haréis comprender que Monseñor quiere y entiende que pongáis fuera del seminario inmediatamente a dicho Lentilhac por lo que le juzga indigno de seguir después de causar este escándalo; que el seminario está principalmente instituido para probar la vocación de los que se dedican al servicio de Dios en el estado eclesiástico, para aprender en él a no tener nunca otra voluntad que la de su prelado, y no desear ni procurar empleo alguno que los que el les dé a fin de no tener otra voluntad que la suya; que dicho Lentilhac sin estar aún en las órdenes sagradas, a las que no conviene que aspire (pues no se las dará jamás, y tengo ordenes de borrarle de la lista de los que deben ser ordenados en la primera ordenación), ha osado emprender a sus espaldas, y tal vez a las suyas, impetrar un beneficio, y un beneficio de otra diócesis, lo que significa que no tiene vocación, y que se ha colado en la Iglesia por los bienes temporales, que es una intención perversa, así entiende él que lo pongáis de patitas en la calle al instante  como una peste que infectaría a los demás y para que aprendan por este castigo a no tener nunca semejantes pensamientos.

«Soy a pesar de todo, Señor, vuestro muy humilde servidor,

Dumas.

«De Merquez, 14 de febrero de 1650».

Pero es sobre todo en la época de los retiros de las órdenes cuando Mons. Alain se ocupaba de su seminario. Llevando consigo a uno de sus religiosos, y dejando a todos los demás de su familia en el obispado, se iba a veces a dar las conferencias a los ordenandos… «Les hablaba del espíritu eclesiástico, de la importancia de una buena vocación, de las señales para conocerla, y los exhortaba con palabras de fuego a la práctica de las virtudes que son las más propias de los eclesiásticos, como la modestia, la humildad, la gran obediencia que deben a su obispo, la castidad y demás semejantes. Les recomendaba por encima de todo la oración mental, sin la cual decía que un sacerdote no podía salvarse; y una vez, después de dar ocho exhortaciones, para que vieran su excelencia, los frutos o la necesidad, protestó que no daría más las órdenes a ningún clérigo, que no le hubiera prometido hacer todos los días de su vida , salvo excusa legítima, una hora de oración mental; y para este fin, redactó él mismo una minuta con la promesa que firmaron de su mano antes de ser recibidos, en estos términos:

«Nosotros los firmantes, prometemos a Monseñor hacer, todos los días de nuestra vida, una hora de oración mental, a no ser que el servicio de Dios requiriera emplear ese tiempo en algún asunto urgente o importante para su gloria, o bien fuéramos retenidos por alguna enfermedad que no nos permitiera hacerla; en cuyo caso reemprenderemos este ejercicio tan pronto como cesaran estos obstáculos. Dado en el seminario, el… etc. «.

No cabe la menor duda que el Sr. Cuissot haya secundado dócil y denodadamente el celo del venerable prelado, y no haya contribuido ampliamente a todo el bien que se hacía en el seminario. Pues en efecto no se halla en la correspondencia de Mons. Alñain con san Vicente ningún rastro de queja. Se tratan temas, como el del jansenismo, que el santo obispo combatió enérgicamente en Cahors en la persona de un profesor de la Universidad de esta ciudad; de la reforma de Chancellade en la que san Vicente estaba muy interesado, y por la que prestó un generoso concurso al celoso reformador; por último, de un asunto al que Mons. de Solminihac dedicó una atención especial: la elección de un sucesor capaz de continuar la reforma de su diócesis, elección en la que san Vicente jugó un papel señalado, obteniéndole de la reina por coadjutor ( a pesar de la resolución en que estaba la Corte de no otorgar más futuras sucesiones) a Mons. Nicolás de Sevein, por entonces obispo de Sarlat. En cuanto al seminario, no se habla más; pues bien este largo silencio unido a la estabilidad del Sr. Cuissot  en Cahors prueba que allí todo marchaba bien. Tenemos no obstante un testimonio positivo en una carta del venerable Alain al obispo de Beauvais. Se nos agradecerá reproducirla entera. En ella se ve no sólo la exposición de los frutos que producía el seminario, sino también y ante todo los demás medios empleados por el santo obispo para regenerar esta vasta diócesis que comprendía entonces toda la provincia de Quercy.

» Señor,

» Para satisfacer a lo que me mandáis por la que os habéis dignado escribirme, os diré en primer lugar el estado en que encontré mi diócesis cuando llegué, luego los medios de que me serví para ponerla en aquel en el que hoy de encuentra.

«Yo encontré al pueblo en una ignorancia que apenas se puede creer, ya que no había casi nadie que se supiera el mandamiento de Dios, ni ninguno de los principios de la fe que un cristiano está obligado a saber, lo que se debía a que nadie tenía ninguna clase de instrucción. Encontré también a los párrocos, en su mayor parte, en una gran ignorancia de las obligaciones de su cargo, y no entendía ni siquiera el latín; lo que me obligó a suspender a un gran número. Su vida y costumbres (menos cuando se hallaban en la iglesia) no se diferenciaban apenas de la de los seculares. Muchos incluso vivían en el escándalo, no había estatutos ni reglamento; la mayor parte de las iglesias estaban mal conservadas y mal atendidas, y parecían más bien granjas que iglesia. El Santísimo Sacramento no reposaba allí, a no ser en las buenas ciudades. Se llevaba a los enfermos en malos copones de cobre o estaño. Había también gran escasez de sacerdotes; la mayor parte de los vicarios eran extranjeros, muy ignorantes y viciosos.

«Lo primero que hice al llegar fue enviar a canónigos regulares de la abadía de Chancellade a dar misiones, en las que están siempre  cuatro o seis trabajando sin cesar, menos en el tiempo de las cosechas. Dios ha repartido tantas bendiciones  a sus cuidados, que no sólo han instruido al pueblo, sino también le han hecho cambiar de vida y de costumbres.

«También he redactado unos estatutos y ordenanzas, que mandé publicar en ni primer sínodo para la dirección de mi diócesis, la visita a la cual comencé a hacer de inmediato, y al hacerla establecí congregaciones foráneas, como las que  san Carlos Borromeo estableció en su diócesis. La dividí en treinta congregaciones. Su principal cuidado es de vigilar y asegurarse de que nuestros estatutos sinodales sea observados perfectamente, y las ordenanzas de nuestras visitas ejecutadas, y de darnos  fielmente información de todo lo que pasa en sus lugares. Este medio ha sido muy eficaz para la observancia de dichos estatutos y para mantener al clero en su deber, sin el cual me parece que yo no podría conducir esta diócesis.

Las continuas visitas en las que me ocupo de ordinario en el tiempo que se pueden hacer han sido también un medio muy grande y general para ver sus necesidades. No podría deciros los frutos que producen y las bendiciones que Dios derrama sobre ellas. Mandé castigar en primer lugar a algunos rectores y eclesiásticos de los más escandalosos, lo que infundió terror a los demás  y les hizo cambiar de vida.

Después de todo no he encontrado nada más eficaz para la reforma general de esta diócesis que un seminario de eclesiásticos, que he establecido en la ciudad de Cahors; la dirección perpetua del cual se la he dado al Sr, Vicente y a los suyos. Está dotado con dos beneficios simples que he unido, que rentan unas mil quinientas libras, para el sostenimiento de seis misioneros de dicho señor Vicente, y de ochocientas libras de renta perpetua que mi clero da para mantenimiento de seis eclesiásticos que están destinados  al servicio de la diócesis, para hacer por orden nuestra las funciones eclesiásticas donde yo quiera emplearlos, y en caso de que tomen otros empleos o condiciones, los gastos que hayan hecho en el seminario corren a cargo de sus cohermanos en el seminario, durante los cuatro primeros años que hayan transcurrido. Nadie puede recibir la primera orden sagrada, si no ha pasado antes seis meses enteros, al menos, en dicho seminario. Por este medio, he provisto a mi diócesis de eclesiásticos capaces de vida ejemplar, con los que he llenado la mayor parte de ésta. Por último yo no podría deciros los grandes frutos y provecho que saco cada día de este seminario.   Parece que este medio incluye todos los demás. Hay de ordinario unos treinta eclesiásticos. A esto he anexionado una de las principales parroquias e iglesias de la ciudad de Cahors, para realizar sus funciones.

Éstos son pues, Monseñor, los cuatro principales medios, continuas misiones, continuas visitas, congregaciones  foráneas y seminarios de los cuales me he servido para la reforma de esta diócesis. Os digo todo esto sencillamente para obedecer al mandato que nos hicisteis, como siendo, Monseñor,

«Vuestro muy humilde y afectuoso servidor,

Alain, Obispo de Acoras

IV. El Sr. Cuissot asiste a la segunda asamblea general presidida por san Vicente. – La cuestión de los votos.

En 1649, el Sr. Cuissot y sus cohermanos tuvieron por un momento la dulce esperanza de la visita de su bien amado padre san Vicente. «Dios sabe, escribía el santo fundador, de Richelieu donde se hallaba entonces, al Sr. Portail que estaba en ese momento en Marsella, Dios sabe cuál es mi deseo de visitarlos allá, y que el dolor de no poderlo hacer me llega al alma, habiéndome reclamado la reina varias veces que regrese a París. Pues no veo cómo puedo hacer la voluntad de Dios no obedeciendo, yo que siempre he creído y enseñado que se debe obedecer a los príncipes, incluso hasta a los malos, como dice la Escritura. Todo cuanto puedo hacer es rogar a Su Majestad  como lo hago que me permita continuar el viaje, no ya hasta Marsella, sino solamente a Cahors. Esperaré aquí la respuesta». Se ve el deseo que tenía san Vicente de ir a Cahors, no solo para ver a sus hijos, y en particular al Sr. Cuissot, a quien había manifestado siempre tanto afecto, pero también para ofrecer sus respetos al venerable prelado tan justamente célebre, y cuya virtud tenía en tanta estimación. Este viaje tan deseado por parte y parte no pudo realizarse. El permiso pedido no fue otorgado, y ocho días después, san Vicente escribía a la Srta. Le Gras que iba a regresar a París.

Dos años más tarde en 1651, el santo fundador tenía en San Lázaro la segunda asamblea presidida por él. Se abrió el primero de julio. El Sr. Cuissot fue llamado a ella como nos lo dice el proceso verbal de esta asamblea. Lo sabemos también por una carta de san Vicente al Sr. Bonichon, a quien la ausencia de su superior sobrecargaba un poco. Reproducimos esta carta una de las más graciosas seguramente que hasta escrito nuestro santo fundador.

París, 22 de julio de 1651.

«Señor,  Recibí una de vuestras queridas cartas después de la partida del Sr. Cuissot; si me he retrasado en deciros que me produjo una gran alegría es a causa de mis trajines que no me lo han permitido hasta este momento. Sí, Señor, tengo un gran consuelo por todo cuanto me viene de vuestra parte, por causa de la bondad de vuestra alma que es tanto de Dios que, por su amor, se entrega de continuo al santo amor al prójimo, lo que hace que su recíproca bondad se comunique a vos cada vez más, que bendice vuestro valor y saca gloria de vuestros trabajos, por lo que doy gracias infinitas y le ruego que cumpla perfectamente sus designios sobre vos, que os dé una amplia participación en el espíritu de Nuestro Señor y se lo reparta por vos dentro y fuera de la familia. No os puedo expresar lo bastante los deseos de mi corazón por una mayor santificación, ni las ternezas con las cuales respeto el vuestro. Conservaos bien, Seños, para seguir tan bien a nuestro amable Salvador. Lo antes que podamos enviaros al Sr. Cuissot, lo haremos; pues su ausencia os sobrecarga y su presencia os aliviará, como lo hace aquí con todos los que somos. ¿Me ofrecéis alguna vez a Dios? Me atrevo a contar con ello, siendo como soy en Nuestro Señor, etc.».

En el mes que siguió a la celebración de esta segunda asamblea fue publicado un documento de grave importancia para la Compañía, queremos decir la resolución que había tomado en el tema de los santos votos. Este documento, todavía inédito, no podría encontrar mejor lugar que aquí, sabiendo que el Sr. Cuissot, según lo dice su firma, tomó parte activa en la deliberación.

Agosto 1651.

«Nos Vicente de Paúl, Superior general de la Congregación de la misión,

«Como ha sido la voluntad de Nuestro santísimo Señor el papa Urbano VIII, de feliz memoria, concedernos por la bula de erección de nuestra dicha Congregación el poder de hacer, para la buena administración de dicha Congregación, todas las ordenanzas y todos los reglamentos legítimos y convenientes, a condición de que no sean de ninguna manera contrarios a los santos cánones, ni a las constituciones apostólicas y decretos del concilio de Trento, ni a nuestro Instituto y que sea aprobados por Mons. el Ilustrísimo arzobispo de París, delegado de la sede apostólica en esta materia.

Después de ocuparnos cuidadosamente  durante algún tiempo, por la misericordia de Dios, en establecer las reglas y constituciones necesarias y útiles a nuestro Instituto y haberlas puesto en cierto orden, hemos juzgado conveniente convocar, y de hecho hemos convocado el 13 de octubre del año de 1642,

Aoust 1651.

Nos Vincentius a Paulo, Superior generalis Congregationis Missionis,

Cum Sanctmo Domino nostro Urbano, felicis recordationis, Papa VIII, placuit concedere nobis, per bulam erectionis dicte nostre Congregationis, facultatem condendi quascumque ordinationes  et statuta, felix regimen dict Congregationis  concernentia, licita tainen et honesta sacrisque canonibus et constitutionibus apostolicis, conciliique Tridentini decretis et Instituto nostro minimè contraria, et ab Illustrissimo Domino D. Archiepiscopo Parisiensi, pro hac parte Sedis apostolic delegato, approbanda.

Postquam, per Dei misericordiam, regulis et constitutionibus Instituto nostro necessariis et utilibus condendis per aliquot tempus diligenter vacavimus,easque in ordinem aliquem reduximus; expedire judicavimus convocare, uti et de facto corivocavimus aliquot Superiores domorum nostrarum pro tune existente…

del año 1642, a algunos de los que eran por entonces superiores de nuestras casas así como algunos más de los más ancianos que nos han parecido tener más experiencia e nuestro género de vida, a saber : los Srs. Jean de Horgny, superior de colegio de los Bons-Enfants; Jean Bécu, superior de la casa de Toul ; Lambert aux Couteaux, superior de la casa de Richelieu ; Jean Bourdet, superior de la casa de Troyes ; Pierre Duchesne, superior de la casa de Crécy, diócesis de Meaux ; y para reemplazar a los ausentes : a los Srs. Antoine Portail, François Du Coudray; Antoine Lucas; Léonard Boucher; René Alméras, encargados de pesar y examinar con nosotros las reglas  con más cuidado y madurez, todos sacerdotes de nuestra Congregación . Después de comunicarles discas reglas y condiciones, nos ha parecido, por consejo de ellos, que este trabajo no podía entonces ser terminado del todo, sea por razón del escaso tiempo, sea sobre todo para que, por un periodo más largo de tiempo de estas reglas, acumuláramos experiencia antes de redactarlas por escrito. Entretanto hemos encargado a cuatro de los nombrados anteriormente: a los Srs. Antoine Portail; Jean de Horgny ; Lambert aux Couteaux ; Lambert aux Couteaux ; René Alméras de pesar y examinar dichas reglas con más cuidado y madurez.

«Mas para dar la última mano a un trabajo tan necesario y tan útil a la Congregación, el primero de julio del presente año 1651, hemos reunido otra asamblea de algunos superiores de nuestras casas y de algunos más que nos han parecido tener experiencia de nuestro género de vida, a saber: Los Srs. René Alméras, superior de la casa de Roma; Étienne Blatiron, superior de la casa de Génova; Antoine Lucas, superior de la casa de le Mans; Lambert aux Couteaux, superior de la casa de Richelieu; Gilber Cuissot, superior de la casa de Cahors; François Grimaldi, superior de la casa de Agen; Louis Thibaut, superior de la casa de Saint-Méen, diócesis de Saint-Malo; Jean Baptiste Le Gros, superior de la casa Petit Saint-Lazare, y a los Srs. Antoine Portail et Jean Bécu, Jean de Horgny, Jean Baptiste Gilles et Pierre Duchesne, sacerdotes de nuestra Congregación. De acuerdo con ellos hemos repasado cuidadosa y maduramente y examinado dichas reglas y constituciones y, por consejo de ellos, hemos creído, como por las presentes creemos en el Señor, que están conformes a nuestro género de vida, al fin y a la institución e nuestra Congregación y que tienen las demás condiciones requeridas por la bula precitada, que además las hemos puesto en práctica lo mejor que hemos podido desde hace unos 25 años, y que podemos presentárselas a nuestro Señor Ilustrísimo el arzobispo de París, para ser sometidas a su aprobación a tenor de la bula ya mencionada.

«Por ello, por consejo de los ya citados hemos pensado deber pedir a nuestro dicho Señor el Ilustrísimo arzobispo como por las presentes le pedimos y suplicamos con toda humildad, el respeto y las instancias posibles, que tenga a bien con esta benevolencia paternal que le caracteriza, y que acostumbra demostrar con nosotros, dar la autoridad de su aprobación a las dichas reglas y constituciones, tanto comunes como particulares, y sellarlas con el sello inquebrantable de la inviolabilidad apostólica. Y nosotros rogaremos al Dios muy bueno y muy poderoso que sea por siempre su recompensa infinitamente grande: En fe de lo cual hemos firmado las presentes de nuestro puño y letra, con todos los sacerdotes aquí convocados de nuestra Congregación, llamados anteriormente.

«Dado en San Lázaro, barrio de París el tres de las idus de agosto del susodicho año 1651.

«Vicente de Paúl

Indigno Superior general de la Congregación de la Misión.

(Más las firmas de los once representantes).

El trabajo que acababa de ser elaborado en esta asamblea fue sometido al arzobispo de París, y tenemos la suerte de dar a conocer la aprobación que el prelado que había bendecido los comienzos de la Compañía dio al trámite que la constituía de una manera decisiva.

ACTA DE LA APROBACION DE LOS VOTOS OTORGADA POR MONSEÑOR EL ARZOBISPO DE PARIS

19 de octubre de 1651

Jean-François de Gondy, por las gracia de Dios y de la Santa Sede apostólica, primer arzobispo de París, a nuestro querido Vicente de Paúl, superior general de la Congregación de los sacerdotes de la Misión, aprobada por nos hace varios años, salud en el Señor. Considerando que nos ha sido presentada por vuestra parte una petición que contiene que, como nuestro santísimo papa Urbano VIII, por la bula de erección de dicha Congregación, lanzada por nuestro oficial, se ha dignado otorgar a perpetuidad, a vos y a todo Superior general que os suceda, la licencia, el permiso y la facultad de poder, cada vez que vos o vuestros sucesores lo juzguéis conveniente, hacer y establecer para bien conducir y gobernar, dirigir y administrar dicha congregación de la misión, sus casas, su personas y sus bienes, toda clase de reglamentos

ACTE D’APPROBATION DE L’ARCHEVÊQUE DE PARIS

19 Octubre 1651.

Joannes Franciscus De Gondy, Dei et Sanct Sedis apostolicæ gratiâ primus Parisiensis Archiepiscopus, dilecto nostro Vincentio a Paulo, Superiori generali Congregationis Ecclesiasticorum Missionis, ex multis annis per Nos approbatœ,

Salutem in Domino.

Cùm Nobis pro tuâ parte exhibita fuerit petitio, continens quod, cùm Sanctissimus Dominus rioster Papa Urbanus octavus, per Bullam erectionis dicte Congregationis, a nostro Officiali fulminatam, tibi et pro tempore existenti Superiori generali, ut quotiescumque tibi aut successoribus tuis expedire videbitur, qucumque statuta et ordinationes, felix regimen et gubernium, directionem et ordinationem dictæ Congregationis Missionis, illiusque domorum, personarum ac bonorum concerrientia, licita tamen et honesta, Sacrisque …

y ordenanzas legítimas y convenientes mientras no sean en nada contrarias a los sagrados cánones, a las constituciones apostólicas, a los decretos del concilio de Trento, al Instituto y a las reglas de dicha Congregación, a condición que estén aprobadas por nos y nuestros sucesores; considerando que, instruido por la experiencia, teméis que los sacerdotes de la dicha Congregación, mientras son libres de salirse cuando quieran, sucumban a las primeras tentaciones que puedan ocurrirles contra su vocación, o que dudando de su perseverancia en su vocación, descuiden entregarse como conviene a la perfección requerida por este Instituto, si bien no obstante Dios en su misericordia haya concedido a un gran número de sacerdotes perseverar en esta Congregación y guardar sus reglas;

Como por otra parte habéis considerado que Dios mismo en el antiguo Testamento había querido por la circuncisión obligar para siempre al pueblo que se había escogido a observar su ley; que en la nueva ley, el santo bautismo nos une al servicio de Nuestro Señor Jesucristo para toda nuestra vida; que la Iglesia no confía la dirección espiritual de los pueblos más que a hombres que se han unido para siempre al estado eclesiástico por las santas órdenes que esta misma santa Iglesia no da una esposa al hombre en matrimonio más que por un sacramento que los une a este estado por todos los días de su vida;

Como vos habéis considerado que todas las comunidades y congregaciones, a excepción de un pequeño número, han creído siempre necesario, para que sus miembros puedan perseverar en su vocación y en la observancia de las reglas y constituciones, unirlos por votos, que en un principio han sido simples;

Después de pesar atentamente en vos mismo todos estos diferentes inconvenientes, motivos y ejemplos, con el fin de obtener que dichos sacerdotes puedan perseverar en dicha Congregación y en la observancia de sus reglas, habéis creído conveniente y habéis ordenado que todos aquellos que  con el tiempo entren en dicha Congregación, hagan en presencia del superior, después de un año de prueba pasado en el seminario, el propósito de quedarse todo el tiempo de su vida en dicha Congregación, guardando la pobreza, la castidad y la obediencia; y que después de un segundo año de prueba acabada igualmente en dicho seminario, hagan el voto simple de pobreza, de castidad y de obediencia así como el de estabilidad, es decir de trabajar el resto de su vida en dicha Congregación conformándose a sus reglas y a sus constituciones en la salvación de las pobres gentes del campo; voto del que no se podrá verse libre sino por el Soberano Pontífice o bien por vos o por aquél que sea entonces Superior general; voto por fin que se emitirá durante la celebración de la santa misa, en presencia del superior celebrante que será el testigo, pero que no lo recibirá.

Pedís además que quienes, hallándose ya en dicha Congregación quieren unirse a ella por este mismo voto, puedan ser admitidos por vos o vuestros sucesores legítimamente a emitirle, a condición sin embargo que dicha Congregación no sea colocada, por la emisión de dicho voto, en el número de las órdenes religiosas y que no cesará por ello de formar parte del clero; considerando por último que en dicha súplica se nos ha pedido por vos consentir en aprobar y confirmar lo que habéis ordenado sobre los puntos ya mencionados. Nos habiendo considerado con madurez  los motivos que preceden y queriendo consentir y acceder a vuestra súplica, la cual no sólo no contiene nada que sea contrario a los sagrados cánones, a las constituciones apostólicas, a los decretos del concilio de Trento, al instituto ni a la regla de dicha Congregación, sino que por el contrario propone medidas útiles para mantener a los súbditos en dicha Congregación y la observancia de las reglas; persuadidos por lo demás que haremos, con el socorro y la gracia de Dios, una obra agradable al Señor y provechosa a la Iglesia, con gran satisfacción nuestra hemos aprobado y confirmado y por las presentes aprobamos y confirmamos las disposiciones contenidas en dicha súplica.

En fe y testimonio de cuanto precede y de cada cosa en particular, hemos mandado hacer por el secretario de nuestro arzobispado de París las presentes cartas de nuestra aprobación y confirmación que hemos legitimado con el sello de nuestras armas y que hemos revestido con nuestra firma.

Dado en París, el año del Señor de 1651, el noveno día del mes de octubre.

Firmado:

Por mandamiento de Monseñor el Ilustrísimo y Reverendísimo,

Baudouyn

Después de la asamblea el Sr. Cuissot se apresura a tomar el camino de Cahors, y san Vicente le escribía en esta ciudad, el 9 de diciembre, la carta siguiente que manifiesta cómo se ocupaba de todos los intereses de las casas de la Compañía:

«Señor,

» He recibido dos de vuestras cartas después de mi última. Me informáis que el Sr. Archidiácono os pide una renta sobre la finca que creéis haber rescatado. Si es así, mostradle que no se la debéis; que le hablen sus amigos y, si es preciso, Monseñor de Cahors. Si, después de esto, os planta proceso, defendeos; pero antes hay que dar los pasos que os he dicho.

«El difunto Señor su tío ha podido daros al escolar de quien me habláis, para ser educado en vuestra casa según la fundación y, aceptando el regalo de la finca, la Compañía se ve obligada a esta carga; pero él no ha podido y vos no podéis obligar a este joven a entrar en el estado eclesiástico. Si ha comenzado a llevar el hábito y a someterse a vuestra dirección, en esta calidad, no se sigue que deba continuar, ya que siendo mayor es más capaz de juzgar de su disposición; si pues ella le lleva a otro estado de vida, y quiera continuar sus estudios en la ciudad y ser alimentado en vuestra cas, deberéis aguantarle y dejarle en su libertad. Parece que mi señor el archidiácono lo desea así, y mi sentimiento es que sigáis así; pero hay que cuidarse de tomar en casa a otros niños, si no piensan en entregarse a la Iglesia, y no llevan la sotana; pero al otro no lo podéis poner en la calle.

Os he rogado que me dierais la opinión de Monseñor respecto de la adquisición de la casa y de la huerta vecina, para que, si a él le parece (aunque deis en pago la parte  que os corresponde sobre la ciudad), actuéis según sus deseos.

Dios sea loado por haberos hecho esperar quinientas libras para vuestras necesidades de casa. Dejémosla hacer, su Providencia no nos fallará nunca, mientras no fallemos nosotros en su servicio. Escribo a Agen para ver si os pueden dar al hermano Dupuich, y en tal caso os lo haré saber. No tengo inconveniente ninguno en enviar a un hermano a hacer guardia y trabajar en las fortificaciones, si os cuesta mucho enviar a un externo; pero deberá vestirse de gris.

Envío unas palabritas al hermano Dubourdieu, a quien os envío para dárselo y retenerle según lo juzguéis oportuno, enviándoos la carta abierta para verla, con un sello para cerrarla.

«Doy gracias a Nuestro Señor porque bendice vuestra gestión y da la paz a la pequeña familia. Quiera su divina bondad continuaros a vos y familia sus gracias abundantes».

Una carta de san Vicente al Sr. Lambert con fecha del 3 de enero de 1652  nos dice que el Sr. Cuissot fue encargado de negociar con el obispo de Montauban la fundación de un seminario en su diócesis. Se debe sin duda atribuir a esta negociación en primer lugar la fundación de Nuestra Señora de Lorm, de la que san Vicente escribía, el 20 de septiembre de 1652  «Si no hubiéramos aceptado Nuestra Señora de Lorm, que está en el campo, tal vez no se habría presentado nunca la ocasión de establecernos en Montauban. «En cuanto al seminario, fue fundado a partir del año siguiente en Montrech, luego en 1656 transferido a Nuestra Señora de Lorm y de allí, en 1660, definitivamente establecido en Montauban.

V. Construcción del seminario. –Persecuciones y calumnias.

Sin embargo el celo del venerable obispo de Cahors por su seminario no se enfriaba. No contento con todo lo que había hecho hasta entonces para la edificación de la casa espiritual, quiso también contribuir, en gran parte, a la construcción de la casa material. Había abierto primero el seminario en una casa particular. Más tarde compró una casa más amplia, con un cercado, en el lugar más hermoso de la ciudad y cerca de la iglesia de Saint-Barthélemy. Pero en 1652 «considerando el dicho señor obispo que todo eso (las sumas que ya había dado) no es suficiente para hacer construir los edificios convenientes y necesarios para dicho seminario, y que dichos sacerdotes no tienen el medio de mandarlos hacer, por ello el día 23 de del mes de julio de mil seiscientos cincuenta y dos, en el castillo episcopal de Merquez en Quercy, después de mediodía, reinando nuestro cristianísimo príncipe Louy por la gracia de Dios rey de Francia y de Navarra, en mi presencia, notario real abajo firmante… con la persona de dicho ilustrísimo y reverendísimo señor messire Alain de Solminihac, obispo y conde de Cahors, el cual, deseando que dicho seminario disponga de alojamientos  convenientes para los clérigos y demás eclesiásticos que sean recibidos…ha dado y da, por pura y simple donación …y para siempre irrevocable, a dichos sacerdotes de la misión establecidos para el mantenimiento, dirección y administración de dicho seminario, la suma de dieciséis mil libras invertida en la construcción de los edificios que dicho señor obispo juzgue necesarios, conforme al proyecto que mande trazar…, etc.

San Vicente no dejó de testimoniar su agradecimiento a Mons. Alain. Él mismo nos lo expresa en una carta que escribió el 17 de agosto siguiente al Sr. Bonichon con ocasión de una gracia que quería hacer a la Compañía Mons. el obispo de Sarlat, desde hacía poco coadjutor de Cahors: «Habéis hecho bien en obedecer a Mons. de Sarlat, le decía, en lo que os pedía. Yo me honraré en agradecerle que quiera favorecer a nuestra Compañía y la confianza que ha puesto en vos, como lo he hecho a Mons. de Cahors por sus nuevos favores, Sea Dios la recompensa de uno y otro de sus santos prelados, etc.

La construcción de los nuevos edificios, convertidos hoy en un cuartel de infantería, se comenzó en 1654. Dio lugar a un rasgo muy edificante de la humildad del santo prelado. «Hallándose pues en el seminario durante la cuaresma del año 1654, donde daba las charlas a los ordenandos, al bajar al jardín para ver el trabajo del edificio, vio una gran losa destinada a ser la primera piedra, sobre la cual el Sr. Cuissot, superior del seminario había mandado grabar estas palabras en gruesos caracteres: «Illustrisimus ac Reverendissimus Alanus de Solminihac, episcopus, baro et comes Cadurcensis, hanc domuni collegii et seminarii fundavit et erexit, etc. «El ilustrísimo y reverendísimo Alain de Solminihac, obispo, barón y conde de Cahors, ha fundado y erigido  esta casa del colegio y del seminario, etc.» Pidió un cincel y un martillo, y comenzó por borrar todas estas palabras y mandó continuar a un hombre de cámara, sin moverse de allí hasta que lo vio todo borrado.

El Sr. Cuissot tuvo pues que resignarse viendo destruir, a sus ojos, el monumento tan legítimo que había querido elevar a la gloria del santo prelado. Comprendió sin mucho esfuerzo esta heroica virtud y tal vez no tuvo menos mérito en ver así destruir su obra del que había tenido en edificarla.

Es como una ley del orden sobrenatural que el bien nos se hace sin oposición. Las reformas sobre todo encuentran bien de contradictorios, y Dios lo permite para probar la virtud de sus elegidos; Mons. de Solminihac hacía tanto bien en su diócesis, y perseguía los abusos con tanta firmeza que el enemigo de todo bien se encarnizó en suscitarle obstáculos; y no pudiendo detenerle se dio al menos la satisfacción de perseguirle. Y bien «la más furiosa persecución que haya sufrido, nos dice su biógrafo, le vino de algunos eclesiásticos sindicados que, bajo pretextos frívolos, no le han dado un momento de descanso, durante diez o doce años. Vemos bien que en la diócesis de Milán hubo un sindicato formado contra San Carlos; pero la cosa no pasó a mayores, y me atrevo a decir que, en la historia eclesiástica, se encontrarán pocos santos obispos que hayan sido más maltratados de lo que él lo fue por aquellos que le debían toda clase de respeto y de sumisión; han trabajado por desacreditarle en la mente del rey y de su consejo, en las asambleas generales del clero, en el parlamento de Toulouse, y generalmente por toda Francia, censurando todas sus acciones y montando calumnias, que de sólo pensarlo produce horror a la gente de bien. Se ha dicho que su vida no respondía a su hábito de religioso; y como todo el mundo veía la santidad de sus obras que le hacían publicar santo, ellos han condenado sus intenciones que sólo Dios veía; han dicho que tenía una santidad disfrazada, que en lugar de la verdadera virtud, sólo tenía apariencias; que sus grandes abstinencias eran una hipocresía y un medio del que se servía, no para agradar a su Creador, sino para adquirir alguna estima en la mente de las criaturas, sobre todo del pueblo sencillo que, de ordinario, admira las grandes austeridades….

El seminario, obra de predilección del prelado, no podía escapar a sus críticas calumniadoras: «Han vituperado la institución del seminario; y para desacreditarle, blasfemando de lo que entendían, han dicho que se entregaban meditaciones que no son más que fantasías; han hacho asignar al Parlamento al Superior del seminario, poder regular el tiempo que los clérigos deben permanecer en él, y las menestras que se les deben dar, sin otro interés que molestar a su obispo, y para arrebatarle la gloria que merece por hacer una fundación tan importante en toda la diócesis se decía también en el seminario que los eclesiásticos estaban como en prisión; que al entrar se ponían en filas, etc.

No contentos con atacar sus buenas obras, le han cargado de crímenes, y han querido hacerle pasar por un tirano, por un ambicioso, por un ladrón de los fondos del Estado, permitiendo Dios una ceguera tal en ellos que han ofendido la verosimilitud; y esto no se ha dicho así como de paso, se ha escrito, se ha impreso, se ha publicado por toda Francia: me callo los versos llenos de malicia, que han hecho llegar hasta la puerta de su habitación, en los que se le llama voluble, vicioso; se le desea la muerte, y se dice que se le ha mandado al diablo mil veces. Oh Dios que permitís que se trate bien rudamente a vuestros servidores inocentes.

«A las palabras se han añadido los efectos. Un día de sínodo, forzaron las puertas del obispado, introdujeron en la asamblea de los sacerdotes de Jesucristo a laicos armados para hacer sedición y violencia, sobrepasaron al portero y arrastraron por los cabellos al ujier, que estaba en la puerta de la sala; gritaron a voz en cuello contra él: tiranía, tiranía, opresión, opresión, palabras que arrancaron las lágrimas de los buenos sacerdotes, que suspiraban al ver al ungido del Señor tratado tan indignamente. Un prior particular, que no tenía derecho a entrar al sínodo, invadió su trono, y realizó las funciones episcopales, con un atentado inaudito en la Iglesia de Dios, del que nuestro prelado se creyó obligado a dar aviso a Nuestros Señores del clero quienes sintiéndose heridos en la persona de su cohermano, fueron a quejarse a Su Majestad por el órgano del Sr. obispo de Grasse, quien le informó de todo con su elocuencia ordinaria. Algunos particulares han referido que los sindicados habían formado complot para producir todos estos ruidos, para cansar la paciencia de nuestro prelado, y con la intención de conmoverle y de provocarle un vómito de sangre, como le había pasado poco antes, y de este modo hacerle morir; al no lograrlo, trabajaron en hacerle desterrar de su sede, y despojarse de su dignidad; para este efecto, redactaron una requisitoria para presentársela al rey, en nombre de la nobleza del Quercy, que estaba llena de imposturas, calumnias y falsas acusaciones, y por último la conclusión era de pedir otro obispo para regir y administrar la diócesis de Cahors; pero no encontraron gentilhombres tan viles para firmar, contra su conciencia, un acta tan difamante contra su prelado, a quien tenían por un santo».

Esta persecución tan violenta contra el santo obispo tiene para nosotros un interés muy particular: poseemos, en efecto, el original de una pieza inédita, según la cual nuestro bienaventurado Padre habría sido tomado como intermediario ante Mons. Alain por algunos de los eclesiásticos levantiscos, tocados de arrepentimiento. Se trata de una serie de quejas y demandas preparadas en nombre de los sacerdotes sindicados, y al lado de cada una de las cuales los dos árbitros, de los que uno era san Vicente, habían señalado, en forma de respuesta, lo que se haría ante el Sr. de Cahors, para dar satisfacción a los sacerdotes sindicados.

Reproducimos fielmente este documento curioso por más de un título. Varios pasajes habiendo sido tachados sobre el original, los conservaremos en su lugar poniéndolos entre paréntesis.

París, 10 de enero de 1652.

ARTICULOS, DEMANDAS (Y SUPLICACIONES)

Presentadas a Mons. obispo de Cahors, por el Sr. Jean de la Combre, bachiller de Sorbona y párroco de Causade, uno de los síndicos de los eclesiásticos sindicados de dicha diócesis, y tanto por él como todos los demás beneficiarios, examinadas, respondidas, y atestadas por el Sr. de la Margrie, consejero ordinario del rey y todos sus consejos, y por el Sr. Vicente, amigables compositores, nombrados y convenidos con las partes, bajo el beneficio de los cuales artículos, en la forma que están formulados, las dichas partes han consentido con los Señores de los agentes generales del clero de Francia con el fallo del consejo dado, según informe del Sr. Dugué de Bgnols, para bien de la Iglesia.»

1º Acordado.

– Ellos le suplican muy humildemente que les haga el honor en lo futuro de quererlos como un padre a sus hijos, y un obispo a sus párrocos (habiéndoles negado esta gracia por mucho tiempo, por habernos tratado siempre con rigor, severidad y amenazas de prisión; lo que nos ha obligado a quejarnos sindicarnos,  y a pedirle en justicia lo que por nuestras sumisiones, no hemos podido obtener de él).

2º Dicho señor obispo será rogado que nombre un secretario eclesiástico o laico, como guste, hombre de bien, residente en la ciudad de Cahors, y solvente.

– Que le plazca continuar al señor Vidal, tanto por ser habitante de Cahors como también porque ha servido en esta calidad bajo nuestros difuntos señores obispos de Sainct-Sulpice, de Popian y de Habert.

3º Se le pedirá que establezca también un gran vicario en Cahors, para el futuro, que desempeñe el cargo como los demás vicarios generales de los señores obispos, secular si le place, residente en la ciudad, sin que por ello el dicho padre Garat fuera excluido de hacer dicha función.

-Que le plazca darnos un Vicario general que elegirá del cuerpo de su capítulo o de su diócesis, o secular, y como los demás señores obispos han hecho, y no el Padre Garat, religioso de su orden, y que esté obligado a residir en su obispado o en la ciudad de Cahors, donde podamos ir con más facilidad a pedir gracias y expediciones de justicia; en lugar de cómo se ha servido del Padre Garat que ha hecho siempre su morada con dicho señor de Marqués.

4º Se le suplicará la aprobación que dicho señor obispo nombrará vicarios de dichos sacerdotes, que tenga en consideración la incomodidad tanto de los dichos párrocos como de dichos vicarios.

-Que apruebe a sus vicarios por un año y no por poco tiempo, con tal de que los encuentre capaces, como lo hicieron sus obispos anteriores, incluso por la fe los párrocos en el sínodo, a causa de los grandes inconvenientes que dimanan de ello.

5º Se le suplicará que no tase a los dichos vicarios que envíe a las parroquias, sino en el caso que no estén de acuerdo con los párrocos.

-Que no exija en adelante a los vicarios que paguen la suma de ciento veinte libras y más, como lo hace, sino que deje la libertad tanto a dichos párrocos como vicarios, de tratar sus asuntos como bien lo crean.

6º Se le suplicará, antes de la celebración del primer sínodo, que lea o mande leer, en presencia de tales consejos como le plazca, sus estatutos sinodales para ser confirmados e interpretados (o modificados según pertenezca), salvo en caso  de queja de lo que haya ordenado proveerse por las cuyas del derecho.

-Que tenga a bien moderar muchos de sus estatutos, y ordenanzas, que ha mandado imprimir en cuatro ediciones, por sernos muy onerosas, por no haber sido comunicadas a su capítulo ni recibidas de su sínodo, y que abrevie muchas que no están impresas.

7º Se le suplicará mantenerlos en la libertad de nombrar, por mayoría de votos en pleno sínodo, un síndico del clero, sea del cuerpo del capítulo o del cuerpo de dichos párrocos, de la forma acostumbrada.

-Que no se permita a los párrocos nombrar todos los años a un síndico del cuerpo de dichos párrocos, como se ha observado siempre.

8º Se le suplicará que permita que dichos auditores de las cuentas sean nombrados en pleno sínodo, de la forma acostumbrada.

-Que deje a dichos párrocos la libertad de poder, como los demás, nombrar en dicho sínodo por mayoría de votos a los auditores de las cuentas, cada año, como es costumbre, y no a la sola elección del señor obispo, y que las imposiciones se hagan, si le place, en adelante por otros que los dicho nombrados, a la vez el conjunto de dichas cuentas u cierre de las mismas, a quienes se pagarán los sueldos acostumbrados, y que los dichos nombrados en el sínodo subsistan hasta el próximo sínodo

9º Se le suplicará que llame a los párrocos de los lugares para el empleo de dichos haberes.

-Que tenga a bien no disponer del dinero de las albercas; sino que la dirección de éstas pertenece a los párrocos, como es de derecho, al hacer la visita.

10º Se le suplicará tener en consideración las buenas ciudades de su diócesis.

-Que tanto los párrocos como los religiosos prediquen los advientos, las cuaresmas,  fiestas solemnes y domingos del año en francés, y no en patois; pero que dichos párrocos y vicarios tengan el catecismo, si así les parece,  como piense que se debe hacer, en la lengua de la región.

11º Se le pedirá que apruebe a los sacerdotes de las comunidades o demás, que reconozca tener las cualidades  requeridas para ayudar a dichos párrocos y vicarios en las confesiones, sin perjuicio de los vicarios que dichos párrocos deben tener.

-Que tenga bien en las ciudades y otras partes de su diócesis, donde hay mucha gente, de proveer de varios prestes aprobados para el alivio de las conciencias, en lugar de que, como hace mucho, no hay más que uno con el párroco, ya que hay unas doce o quince mil comuniones, por lo que ha habido más de un inconveniente.

12º Se le pedirá que modere sus ordenanzas en cuanto a la cantidad de los cálices y ornamentos, salvo las buenas ciudades y demás lugares poblados, donde juzgue conveniente, provea al descargo de los párrocos sobre todos los frutos a disfrutar, si conviene por las vías del derecho.

-Que tenga a bien ordenar que los párrocos tengan cálices y copones de plata con su sol, cuadros, tabernáculos, ornamentos de los cuatro colores y demás a sus expensas: pero que sea a cargo de los frutos de consumo, así como para las reparaciones de las iglesias y las limosnas, visto que no sería justo que un párroco  esté pendiente de todos estos gastos.

13° Borrado, salvo por los dichos párrocos de proveerse contra el capítulo, según proceda.

-Se le pedirá que dé satisfacción a la bula del San Pedro que obliga a pagar mil ochocientas libras cada año, tanto para reparar la iglesia catedral de Cahors como otras de su diócesis  que han sido arruinadas por la violencia de los de la religión pretendida reformada, y las guerras pasadas; lo cual ha habido que pagar por decretos del parlamento de Tholoze (Toulouse), quedando dispensado de ella por transacción que ha pasado en su capítulo al que ha dejado un derecho, que llama de anata o de fábrica sobre nuestros beneficios vacantes o por muerte, que es la renta de un año, y sin la participación de dichos párrocos.

14° Se proveerá o en el próximo sínodo.

-Le ruegan también dichos sacerdotes que los exculpe de la imposición de ochocientas libras anuales sobre el clero para el seminario, y otras sumas tonadas por la bula, que obliga, para fundar dicho seminario o por unión de beneficios simples, como se ha hecho.

15º A dicho señor obispo se le pedirá (en particular por  — cartas) proveer o mandar proveer al contenido de dicho artículo.

-Se pide también que mande que todas las sumas que han sido constituidas sobre dicho clero, tanto para los asuntos que tiene contra Monseñor de Tulle y otros, como los que se han impuesto para otras cosas, como se justifica de las cuentas de los cuatro años remitidas a la escribanía  de Tholoze, a petición de los síndicos y que mande inscribir las de los seis últimos años, para verlas y aprobarlas por los auditores de estas y hacer justicia.

Vistos y examinados por nosotros los abajo firmantes los presentes artículos y súplicas, en París, el  ¿?  de enero de 1652, al mismo tiempo que las partes han pasado informe para sus diferentes artículos.

N. Laine.   Vicente de Paúl (a) de la misma Reforma, quien,

1. Archivos de San Lázaro. El Padre Garat, de quien se quejan los autores de las suplicaciones, era un excelente religioso, digno de la estima de su obispo. Veamos lo que cuenta sobre él el P. Chastenet : «El año siguiente (1653), Mons. de Solminihac habiendo dimitido de su abadía en las manos del capítulo de Chancellade, y habiendo el capítulo nombrado al rey a tres canónigos de la Reforma, Su Majestad hizo elección de muy reverendo Padre Garat, uno de los tres, entonces vicario general de la diócesis de Cahors y prior de los canónigos regulares del priorato de Notre Dame de Cahors (a)de la misma Reforma, quien, por la sabiduría de su conducta, por su celo en la obediencia regular y por el ejercicio de todas las virtudes requeridas en un digno superior, demuestra bien a las claras que ha sido educado en la escuela de Alain de Solminihac y que está animado del mismo espíritu»

Con ocasión de este nombramiento, san Vicente le escribió esta carta, todavía inédita, que nos da de este religioso una idea igualmente ventajosa:

«De París, 1º de febrero de 1653.

Mi Rev. Padre,

La gracia de Nuestro Señor esté siempre con vos.

«He recibido vuestra carta con el respeto que debo a un buen servidor de Dios, y el alejamiento que tenéis por las dignidades. Me siento muy consolado por la ocasión de renovaros las ofertas  de mis humildes servicios, y mis agradecimientos por todas las gracias que nos habéis hecho, y la protección con la que nos honráis desde ahí. «Ruego a Nuestro Señor que él sea vuestra recompensa. Tal vez sepáis ya, mi R. Padre, que ya no estoy encargado de los asuntos eclesiásticos, y que, por consiguiente, no estoy ya en situación de actuar en ése;  y aunque lo fuera, de verdad yo no querría poner impedimentos a las operaciones del Espíritu Santo, en la petición universal que se hace de vuestra persona; y me parece, R. Padre, que después de hacer lo que debíais a los humildes  sentimientos de vuestro corazón, haríais bien en someteros a los santos movimientos de los que os han nombrado. Además los que huyen de los cargos son los que deben desempeñarlos, y quiera dios que haya muchos de estos religiosos en la Iglesia. Pido a su divina bondad, R. Padre, que haga brillar la cosa según lo más conveniente, que os conserve para su gloria, y que me haga digno de la suerte que tengo en ser, en su amor, R. Padre, su humilde y obediente servidor,

Vicente de Paúl, Indigno sacerdote de la Misión.»

No sabemos en qué medida se empleó san Vicente con el venerable Alain, ni que uso se hizo del documento que acabamos de leer. Se sabe que esta tempestad tan violenta acabó por calmarse, y que la Providencia misma pareció intervenir para reducir a los más obstinados. Veamos cómo nos cuenta el P. Chastenet el final de esta prueba destinada a dar un nuevo lustre a la virtud del siervo de Dios: «Después de sufrir nuestro prelado por bastante tiempo todas las calumnias que se habían fraguado contra él se desvanecieron, y se reconoció su inocencia. Dios que había permitido para la santificación de su siervo que se encontrara con tantos Semeitas, se convirtió él mismo en vengador de su querella. Varios de sus perseguidores han muerto miserablemente, los otros han reconocido su culpa y han vuelto a la normalidad: su virtud ha resaltado más, con vergüenza para ellos, por los medios de los que se servían para siempre, para la inmortalidad de su gloria, porque él hizo un gran uso de todo, recibiendo sin conmoverse todas estas injurias y malos tratos, y permaneciendo inmóvil en medio de todas las tempestades, igual que una roca sacudida por las olas del mar».

Se adivina con facilidad qué penosa y atormentada debió ser, en tales circunstancias, la posición del venerable Sr. Cuissot. Pero, para el seminario también, la verdad acabó por conocerse, los falsos ruidos se disiparon, y se vieron llegar, dice el P. Chastenet, y a eclesiásticos, no solo de la diócesis de Cahors sino también de los de Sarlat, de Toul, de Limoges, de Pérriguex y de otros circunvecinos, en tan gran número que se han visto obligados a despedir a varios porque no había sitio… «También el venerable prelado, en 1659, algunos meses antes de su muerte, recibía el consuelo de poder escribir a san Vicente que el clero había cambiado de rostro, y que era gracias a su seminario, que por entonces estaba compuesto de unos cincuenta o sesenta eclesiásticos.

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