Fernando Portal (1855-1926). Sacerdote de la CM, Apóstol de la Unidad de las Iglesias.

Francisco Javier Fernández ChentoCongregación de la MisiónLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Anónimo · Traductor: Luis Huerga, C.M.. · Año publicación original: 1976 · Fuente: Anales españoles.
Tiempo de lectura estimado:

Tal es la inscripción grabada sobre la losa sepulcral de este paúl, que repo­sa en Corbiéres (diócesis de Chambéry) esperando la resurrección. 1976 es el año cincuentenario de la muerte del P. Portal (19 de junio de 1926) y del Cardenal Mercier (23 de enero de 1926).

No es ceder a la moda retro cele­brar el acontecimiento «de forma sen­cilla, pero densa, como se celebra un sacramento, memorial del pasado, pa­labra para el presente, profecía del porvenir» (P. Congar), sino que es sim­plemente dar gracias a Dios por haber concedido a Fernand Portal ser dócil a instrucciones de cuya asombrosa jus­teza anticipatoria y actualidad nos apercibimos hoy.

Esta nota, preparada por el Secre­tariado Francés para la Unidad, quisie­ra ayudarnos a entrar en dicha celebra­ción y a reforzar nuestras conviccio­nes ecuménicas, dejando ante todo ha­blar a este precursor y a quienes le conocieron, bajo la rigurosa guía de los testimonios históricos. «La obra no es separable de su ejecutor: llegar a conocer a éste es iniciarse al mismo tiempo en los métodos por él emplea­dos para indagar las condiciones ade­cuadas al éxito y logro de su obra» (Abbé H. Hemmer, 10 de julio de 1926).

I.—Hablan los testigos

Pierre-Henri Simon:

«Este asombroso paúl militaba desde 1890 en pro de la unificación de las Iglesias y del Ecumenismo, que sería, setenta años más tarde, gloria del pon­tificado de Juan XXIII. Esto quiere de­cir que el P. Portal se había anticipado extrañamente a su época, y su joven discípulo, Pierre-Henri SIMON, se abrió a un aspecto insospechado hasta en­tonces de la Cristiandad y del Catoli­cismo. Gracias a este hombre eminen­te —la imagen sacerdotal más hermosa, que dice haber conocido—, Pierre-Henri SIMON evitó sin duda la grave crisis que puede atravesar un alma ‘cuando el acto de fe de una infancia efectiva­mente católica choca bruscamente con­tra las ideas y los problemas de una amplia cultura profana'» (André Rous­sin, Elogio de P.-H. SIMON en la Aca­demia Francesa el 2 de mayo de 1974). Robert FLACELIERE:

«El P. Portal es uno de los cinco o seis sacerdotes de Jesucristo que me han hecho y mantenido cristiano. Con­servo un gran recuerdo de las reunio­nes del grupo TALA en su apartamento parisino y en Gentilly, entre 1922 (fecha de mi ingreso en la ECOLE NORMALE) y 1925 (fecha de mi salida para Atenas). No creo haber faltado jamás a ninguna de estas reuniones y retiros, si la me­moria me es fiel. Una de las sesiones más memorables fue aquella en que, en Gentilly, el Padre arregló astutamen­te, a propósito de las misiones, una es­pecie de confrontación entre Georges GOYAU y el Padre LEBBE» (carta iné­dita, 16 de marzo de 1975).

Marcel Legaut:

«Me he interesado siempre honda­mente por las cuestiones religiosas: de manera más directa fui iniciado en es­tas cuestiones por un paúl, el P. Portal, quien fue mi padre espiritual en el pleno sentido de la palabra. Todas las cuestiones que luego he formulado nacieron allí, en contacto con él, en la atmósfera de la crisis modernista. Mi encuentro con el P. Portal, entre 1919 y 1926, fue el punto de partida de mi interés por la unión de las Igle­sias ( )» (Questions á… réponses de .., páginas 30 y 133, Aubier).

Jean Guitton:

«La segunda etapa de mi iniciación ecuménica se produjo a través del Pa­dre Portal, quien, hacia 1925, me dio a conocer a Lord Halifax. Curioso perso­naje, este padre paúl, que no parecía en absoluto escogido para el papel que Dios le reservaba: la dirección espiri­tual en una gran escuela y el trabajo por la unión de las Iglesias. No era in­telectual, ni teólogo, ni diplomático, ni historiador, ni poliglota. Pues este hom­bre, que tan bien sabía hacer charlar a otros, recuerdo que por lo general permanecía callado. Lo que había de peculiar en él era, junto a un tesón ce- yenes, un alma abierta al porvenir» (Dialogue avec les précurseurs, p. 13).

Yves Congar:

«No conocí al P. Portal, pero me atra­jo vivamente su personalidad espiritual. Los psicólogos hablarían tal vez de la necesidad de identificación con un mo­delo. Había yo seguido, en las revistas y en la prensa, el desarrollo de las conversaciones de Malinas; éstas se me representaban como una especie de ideal.»

II.—Cronología del padre Portal

  • 1855: (14 de agosto.) Nace Fernand Etien­ne PORTAL en Laroque (Hérault), dió­cesis de Montpellier, en las Basses-Cé­vennes.
  • 1858: Se presenta, de inmediato, la incerti­dumbre del rumbo de su vida. A la edad de apenas tres años su salud, gra­vemente comprometida, queda grava­da por una debilidad permanente. Una robusta fe impulsa a su padre a hacer, en plena noche, una peregrinación a Notre-Dame du Suc (antiguo santuario de Cévennes), «para pedir un milagro». El P. Portal llegará a escribir estas sorprendentes palabras: «Jamás agra­deceré bastante al buen Dios el haber estado enfermo. Todo sirve para que la Providencia nos conduzca a donde quie­re, tanto los sucesos favorables como los adversos, la salud, la enfermedad y, con frecuencia, la prueba de la enfer­medad más seguramente que la buena salud.»
  • 1868: Año en el Seminario Menor de Beau­caire (Gard).
  • 1869-1874: Seminario Menor de Montpellier.
  • 1874: (14 de agosto.) El día en que cumple sus 19 años Fernand Portal ingresa en la Congregación de la Misión. «No ten­go ahora más que un deseo: el de con­vertirme en hijo de San Vicente», dice.
  • 1880: (22 de mayo.) Recibe la ordenación sacerdotal y el nombramiento de pro­fesor de filosofía en el Seminario Ma­yor de Orán.
  • 1882: Enseña teología en el Seminario Ma­yor de Cahors.
  • 1886: Hemoptisis y, a continuación, reposo en Lisboa.
  • 1889: (Octubre.) Convalecencia en Madera. En el asilo de Funchal, que adminis­tran las Hijas de la Caridad, primer encuentro con Lord Halifax, quien vie­ne acompañado de su esposa para que reciba asistencia su hijo, afectado de tuberculosis: «Este seglar anglicano te­nía un alma de apóstol, repleta de amor de N. S. Jesucristo y ansioso de promover la gloria de su Maestro» (P. Portal). Comienzan entonces las Con­versaciones de Madera, que anuncian las Conversaciones de Malinas. «Al me­nos una vez por semana íbamos cam­po adelante adonde nos conducían los caminos. En charlas interminables, o más bien verdaderas conversaciones, vertíanse nuestras almas una en otra para unirse más estrechamente… Ha­blábamos un poco de todo, pero todo nos devolvía al centro, a Nuestro Se­ñor, a su Iglesia, a las desdichadas di­visiones que entristecían la Cristiandad. Yo no tenía más que una noción muy vaga de la Iglesia Anglicana… Bajo ese aspecto tenía que aprenderlo todo. Lord Halifax había de ser para mí un maes­tro incomparable» (P. Portal).
  • 1890-1912: Campaña Anglo-Romana. ¿Por qué el vocablo campaña? «Ciertas veleidades de seguir la carrera de las armas ha­bían dejado al P. Portal la obstinación y rectitud de un buen estratega que, de acuerdo con Lord Halifax, lanzará la pequeña campaña en pro de las ordena­ciones anglicanas» (J. Bernad). «Las fe­chas de 1890 hasta 1912 fueron dictadas por el mismo Portal: en 1890 acontece el encuentro con Lord Halifax, la reve­lación de un mensaje que proclamar, de una obra que promover. En 1912 se toma la prudente y largo tiempo ma­durada determinación de detenerse por el momento y aguardar circunstancias más favorables, como aguarda el campesino la llegada de la primavera» (R. Ladous). Sabido es que después de la bula Apostolicae Curae de León XIII, la cual declaraba inválidas las ordena­ciones anglicanas, surgieron de nuevo circunstancias favorables tras la entre­vista del P. Portal, de Lord Halifax y del Cardenal Mercier (19 de octubre de 1921).
  • 1896: (14 de julio.) El P. Portal pronuncia en Londres una conferencia en la que dice: «La unificación corporativa es posible. Es necesaria para contribuir al acercamiento de los grandes núcleos religiosos formados por Inglaterra, Ru­sia y Roma.»
  • 1897: El P. Portal enseña en el Seminario Mayor de Cahors, donde el abate GRA­TIEUX, después eminente eslavófilo, se convierte en discípulo suyo.
  • 1898: El P. Portal, Superior del Seminario Mayor de Niza a instancias del obispo, Mons. Chapon; se le nombra luego Su­perior del Seminario Universitario de San Vicente de Paúl en París.
  • 1904: Sale el primer número de la Revue Catholique des Eglises, que funda el P. Portal tras haberse visto obligado a abandonar la dirección de la Revue Anglo-Romaine, creada en diciembre de 1895. «Escribió poco…, pero en cierto sentido todo es de él, pues él lo eligió» (Gratieux).
  • 1905: Portal se encuentra en plena refriega modernista. Bajo el influjo del angli­cano Birbeck se abre al mundo eslavo y a la Ortodoxia.
  • 1907: Mme. Gallice visita por primera vez al P. Portal. Con ella y algunas otras señoras, que se convertirán más tarde en las Dames de I’Union, fundará la obra de Javel, para niños desampara­dos. «San Vicente de Paúl se encontra­ría en su casa dentro de este pobre reducto convertido en nuestro hogar», dice el P. Portal.
  • 1908: Tras el decreto Lamentabili y la en­clíca Pascendi, de Pío X, el P. Portal tiene que abandonar el Seminario de Saint-Vicent. Se instala en rue de Gre­nelle: «El contacto con los normalistas se ha hecho consejero espiritual del grupo TALA de la ECOLE NORMALE­y con la obra popular de Javel ampliará el contacto ecuménico del abate, quien, pese a la iniciativa de vincular unas con otras las diferentes actividades, avanza con lentitud, enderezará la cau­sa de la Unión hacia la presencia en el mundo actual y hacia el acceso a los pobres» (J. Bernad).
  • 1910: Conferencia de las Sociedades pro­testantes de Misiones en Edimburgo. Un participante asiático dice a los occidentales: «Vosotros trajisteis vues­tras divisiones. Nosotros os pedimos que prediquéis el Evangelio y dejéis que Jesucristo suscite mediante el Es­píritu Santo una Iglesia libre de todos los ismos con los que mezcláis la predi­cación del Evangelio entre nosotros.»
  • Después de 1915: El P. Portal funda las Dames de l’Union: «Nuestro Señor se encarnó por amor; pero además se hizo pobre. Se hizo pueblo. No sólo hizo bien al pue­blo; se incorporó a él. Debéis incorpo­raros al pueblo, ser del pueblo, com­partir sus penas, asumir sus intere­ses, servirle.»
  • 1920: Encíclica de la Iglesia de Constan­tinopla a todas las Iglesias del mundo en favor de la Unidad. Llamada de los obispos anglicanos reunidos en Lam­beth: «Creemos que Dios quiere la comunión. Que todos los cristianos se unan para manifestar al mundo la uni­dad del Cuerpo de Cristo por la que El rogó.»
  • 1921-1926: Conversaciones de Malinas, término, debido al Cardenal Mercier, de las Con­versaciones de Madera y de la Campa­ña Anglo-Romana.
  • 1924: (17 de junio.) Carta del Cardenal Mer­cier a sus diocesanos: «Por nada del mundo quisiera yo dar pie a que uno de nuestros hermanos separados dijera que ha llamado confiadamente a la puerta de un obispo católico romano y que este obispo se negó a abrirle.»
  • 1925: (18-19 de mayo.) Réplica del Cardenal Mercier a Dom Lambert Beauduin: «La Iglesia Anglicana es una realidad his­tórica y católica que constituye un todo homogéneo: no puede ser absor­bida ni fusionarse sin perder el carác­ter propio de su historia. Y de otro lado esta Iglesia está fuertemente vinculada a la Sede de Pedro desde sus orígenes… Hay que decir con toda verdad que una Iglesia Anglicana separada de Ro­ma es una herejía histórica tan inad­misible como una Iglesia Anglicana ab­sorbida por Roma.»
  • 1926: (23 de enero.) Muerte del Cardenal Mercier en Malina. (19 de junio.) Muerte del P. Portal en París, 112, rue de Lourmel. Desde el año siguiente descansa en la cripta de la Iglesia de Cristo Redentor de Cor­biéres (Diócesis de Chambéry).
  • 1927: Encíclica Mortalium Animos, de Pío XI, que pone fin a las Conversacio­nes de Malinas.
  • 1934: (22 de enero.) Muerte de Lord Hali­fax. La víspera había dicho: «Ojalá viniera un gran papa que dijese: olvi­demos el pasado…, pongamos proa a alta mar…!»
  • 1959: (25 de enero.) Juan XXIII anuncia el Vaticano II: «Promover la restauración de la Unidad entre todos los cristianos es uno de los fines principales del Con­cilio» (Introdución al Decreto sobre el Ecumenismo, 21 de noviembre de 1964).

III.—Un precursor de precocidad intuitiva y ministerial

1. Alma abierta al porvenir

Las siguientes líneas de Jean Bernad son como una larga travesía por la vida  del P. Portal. Manifiestan su asombrosa apertura a todos y a todo, al igual que su modernidad o, si se quiere, su actua­lidad: «Desfilan las figuras: desde el Papa León XIII hasta el inolvidable Lord Halifax, pasando por los Cardena­les Mercier, Rampolla, Gasparri…, aca­démicos y universitarios…, redactores y periodistas…, graves anglicanos y ex­traños eslavos…, ministros importan­tes…; normalistas, señoras de l’Union, seminaristas de Cahors, de Chálons-sur­Mame, de Niza, y principalmente de la rue Cherche-Midi…, el pueblecito de Javel…, un coro de modernistas, de eclesiásticos vanguardistas y de cris­tianos demócratas. Y luego esos do­blajes portalianos, como el abate Mo­rel, el abate Gratieux…, como esa ré­plica selecta de la faz del maestro: Antoine Martel… y los que a él se avocan: Légaut, Chevalier, Guitton, Pons, Deffontains…».

El P. Portal había escrito en 1907: «Quisiera morir en Javel, rodeado de pobreza y de caridad. Dios nos dé, con la comprensión del pobre y de las nece­sidades de la Iglesia, la energía de ser­virle hasta el fin; El nos conceda morir con las armas en la mano.» Está espi­ritual e intelectualmente preparado pa­ra emprender la ruta de la Unidad cual Dios la quiere para él. El contacto con la historia le ha proporcionado el sen­tido de la Iglesia viva, arraigada en el Evangelio y entregándose dinámica­mente al soplo del Espíritu, cuerpo que crece, y no sociedad constitucionalmen­te fijada. Portal es más sensible al as­pecto comunionístico que al aspecto juridico; prefiere el lenguaje de la experiencia vital a las formulaciones abstractas. Se sumerge en la corriente misionera de la Reforma católica del siglo XVI, lo mismo que en el aliento del catolicismo ibertal y social de si­glo XIX. Percibe espontáneamente os impulsos que agitan a la Comunión An­glicana, las aspiraciones del movimien­to eslavófilo ortodoxo, las intuiciones fundamentales de las corrientes de su tiempo.

2. La comprensión del pobre

El P. Portal es un fiel discípulo de San Vicente de Paúl: lo afirma con pa­labras; lo prueba con hechos. Así es como, el 13 de julio de 1896, dice a un auditorio compuesto sobre todo de sa­cerdotes anglicanos: «Este que veis an­te vosotros es un sacerdote francés, humilde hijo de San Vicente de Paúl. Sí, soy un humilde hijo de San Vicente de Paúl, cuyo nombre pasa por encima de todas las querellas y divisiones hu­manas, de ese gran apóstol de la cari­dad humana y divina, que tanto ha hecho en los tiempos modernos por aplacar los dolores y aliviar las penas. Pienso con gusto que sus hijos, anima­dos por ese mismo espíritu de sinceri­dad, de humildad y de amor que é lse esforzaba por inculcar en sus discípu­los, podrán ser los instrumentos de que se sirva la Providencia para curar las llagas de la Iglesia.»

Con Mme. Gallice y algunas otras señoras desarrolla, a partir de 1908 e inmediatamente después de la guerra, en un área de París entonces del todo miserable, la obra de Javel: escuela doméstica nocturna, patronato de mu­chachas los jueves y domingos, con ca­bida para 130 y luego para 450, en 112, rue de Lourmel, locales posteriormente convertidos en la escuela católica Sain­te-Elisabeth, donde guardan como oro en paño las Hermanas Oblatas de la Asunción algunos recuerdos raros del P. Portal, entre ellos su cáliz. En vís­peras de su muerte abre un dispensario en la zona, el Kremlin-Bicétre. Organiza colonias veraniegas en Saint-Germain­en-Laye, luego en Corbiéres, en Saboya.

Todo ello le conduce a constituir en instituto secular a estas señoras que trabajan en Javel, en Corbiéres: revé­lase entonces del todo vicenciano a tra­vés de las consignas de vida que les da y la espiritualidad que les inculca: «Nuestro Señor se anonadó. De la cuna al Calvario, a la Eucaristía no hay sino infinitos abajamientos para llegar hasta nosotros en infundir en nuestra alma la vida divina. En el camino que habéis de seguir para llegar al alma del pobre. A vuestros ojos, si creéis en la palabra de nuestro Maestro, el pobre se presen­ta como el propio Jesucristo. Con qué respeto y con qué humildad debéis tratarle!».

Desde 1910 hacía que todos los jue­ves se rogara en la capilla de la rue de Lourmel por la Unidad de los cris­tianos. Asegura la formación de las Da- mes de l’Union en las cuestiones ecu­ménicas. Jean Bernad subraya a justo título: «Un ecumenismo sin estar uno presente a los pobres, sin que la mi­sión se comprometa concretamente en el mundo, queda en la teoría, sin lazos sólidos de unión».

3. La comprensión de las necesidades de la Iglesia y de los signos de los tiempos

El P. Portal se complacía en citar esta frase de San Vicente: «El gran propósito de la Iglesia es tener hom­bres evangélicos que se esfuercen por purificarla, iluminarla y unirla a su divino Esposo.» Pero para él tratábase asimismo de que se relacionaran entre sí la Iglesia y las fuerzas vivas del mundo moderno, a través incluso del conato de acercamiento ecuménico em­prendido: «Portal —escribe el historia­dor Régis Ladous— contribuyó a dar a las tentativas unionistas una fuerza que hasta entonces no habían tenido, mos­trando que no eran sino aspectos par­ticulares, pero de una gran riqueza, de esta creciente exigencia de testimonio y de transparencia que transformaría la Iglesia del siglo XIX» (6).

a) La comprensión de la Fe

He ahí una necesidad tanto más agu­damente experimentada por el P. Por­tal, cuanto más directamente le atañe la tormenta antimodernista, por razón de sus vínculos con varios de los líde­res del llamado movimiento modernis­ta y porque trabaja con hombres ávi­dos de una exégesis bíblica minuciosa, de una teología y una filosofía libres al fin de una escolástica decadente, ce­losos de una historia fundada en la crítica textual y en la teoría de un pensamiento Colectivo en revelación progresiva.

Portal va a trabajar constantemente en una pastoral de inteligencia, sea con los seminaristas, sea con los normalis­tas del grupo TALA: «En las conver­saciones tan libres que sostenía con algunos llegó hasta a decir varias ve­ces que la Iglesia ha experimentado, en cada período de su historia, tentaciones a las que no ha podido resistir —co­rrupción de costumbres, imperialismo, feudalismo, clericalismo— pero que, en los tiempos modernos, era principal­mente el pecado contra la inteligencia lo que amenizaba, es decir, corrompía su acción».

b) Formador de sacerdotes

En tal calidad hace absolutamente suyas las ideas de su amigo, el abate Morel: «Estoy persuadido de que los estudios teológicos pasan ahora por un período de transición del que no saldrán mientras no se haya rehecho de arriba a abajo con sumo cuidado el estudio de toda la tradición. Los protestantes han hecho estudios nota­bles que es preciso tener en cuenta y cuya crítica exige nuevos estudios, rea­lizados con ayuda de los más modernos métodos. Solamente después de esta obra inmensa podrán confeccionarse nuevos manuales de teología con algún prospecto de duración. Por doquier, lo mismo en la política que en las cien­cias, lo mismo en teología que en histo­ria, lo mismo en el mundo erudito que en las parroquias urbanas o rurales, se impone una reforma en la acción del sacerdote. Basta abrir los ojos para verlo; y esta reforma debe hacerse por doquier en un mismo sentido: en todas partes hay que salir de la sacristía. Lo que yo veo fermentar en los jóvenes son más y más ideas, se quiere traba­jar; se experimenta que hay que mani­festar por todos lados la vitalidad de la Iglesia.»

Con esta prospectiva procura el P. Portal a sus seminaristas una forma­ción pastoral todo lo amplia posible. Como buen sacerdote, campesino de Cévennes, desconfía de las ideologías y quiere partir de lo concreto. Da una gran importancia a los hechos, a los intercambios. Se destaca en organizar encuentros en los que reúne a anglicanos, católicos, incrédulos, protestan­tes: teólogos, filósofos, economistas, sa­bios, literatos, académicos, estudiantes. Quiere que los jóvenes eclesiásticos establezcan contacto con los seglares para que entiendan su época y se den a entender. Su pedagogía, siempre apo­yada en la vida e inspirada en el espí­ritu realista de San Vicente, es asimis­mo la de un precursor.

A aquéllos de sus estudiantes que quieren especializarse aconseja el P. Portal: «Reservaos siempre algo de mi­nisterio.» Quiere defenderles, mediante la pastoral, de toda ideología y de las abstracciones aventuradas. El mismo predica con el ejemplo: va todas las semanas a la casa de las Hijas de la Caridad de Reuilly; se sienta con asi­duidad en el confesionario de la casa madre de la Congregación; se entrega a Javel.

c) Consejero espiritual del Grupo Tala

No había interrumpido su relación con los normalistas desde 1902, por lo que el P. Portal ofrece su casa al grupo de católicos, los TALA, dejándoles en libertad para que organicen allí sus reuniones como gusten. Les repite una y otra vez: «Aun cuando en este mo­mento estéis seguros de vuestra fe, la tentación se presentará un día u otro bajo forma intelectual y estaréis des­armados si no habéis tenido la precau­ción de estudiar la doctrina. La fe del carbonero no os será posible. Hay en­tre vuestra cultura profana y vuestros conocimientos religiosos un desequili­brio que, tarde o temprano, pondrá en peligro vuestra fe. Sois alumnos de la ECOLE: vuestro trabajo es el primer  deber, la preparación de los exámenes. Sed eruditos y tened vida de piedad; y esa será una forma de apostolado.»

El P. Portal concedía a los normalis­tas una gran libertad, «interesándose por todo, pero sin dirigir nada» —nota M. Prat, uno de ellos—. Les orienta hacia las Conferencias de San Vicente de Paúl de la parroquia de Saint-Mé­dard, les pone en relación con el pa­tronato de Reuilly, donde nacieron los Equipos Sociales. Propone tener una misa todos los jueves y dos retiros anuales. Un domingo al mes los miem­bros del grupo se reúnen para entre­garse a la oración, antes de la Guerra en Saint-Germain-en-Laye, después de la guerra en la casa de la Congregación en Gentilly. Repite siempre: «Nada hay como orar en común. Vuestra vida in­terior se incrementa tanto más, cuanto mayor sea la unión en la oración. Ese será el provecho que saquéis del gru­po: habréis orado en común.» Insistía también, a tiempo y a destiempo, en la práctica diaria de la oración per­sonal.

d) Responsabilidad de los laicos

Precursor también aquí, estaba con­vencido de que la tenían, en la Iglesia y en el mundo. Todos sus discípulos lo han subrayado. M. Prat escribía: «Nos inspiraba el deseo de trabajar por la Iglesia y sufrir por ella. Volvía una y otra vez sobre la importancia del papel de los laicos. Eso no era solamen­te porque hay lugares y circunstancias en los que un laico se hace escuchar mejor que un sacerdote. Es que quería persuadirnos de que todos los cristia­nos tienen una responsabilidad en la Iglesia. Nos ponía en guardia contra el abuso de los términos Iglesia do­cente e Iglesia discente, tendentes a hacer creer a los laicos que no tienen el estricto deber de cooperar a la obra común.» Marcel Légaut, por su parte, afirma: «Todas las cuestiones que he suscitado nacieron del contacto con el P. Portal, en la atmósfera de la crisis modernista. Formamos en torno a él un grupo; luego, al morir él en 1926, el grupo continuó formado en torno a mí, por así decirlo… Atribuyo una gran importancia a esta experiencia comu­nitaria» (La Croix, 22 de julio de 1971). En cuanto a Antoine Martel, a quien R. Pons calificaba gentilmente de Nor­malista Honorario, integrado al grupo TALA, llegó a ser el verdadero herede­ro del pensamiento y del corazón del P. Portal, ante todo por su sentido evan­gélico de la pobreza, su fidelidad a la Iglesia y su amor místico por el mun­do eslavo. En enero de 1924, durante un viaje por Rusia, fue detenido por la G. P. U. Moriría a los 32 años, el 12 de octubre de 1931, de una tubercu­losis contraída en los calabozos sovié­ticos. Decía con frecuencia, evocando al P. Portal: «Conocí a un sacerdote que influyó decisivamente en mi vida.» El 2 de marzo de 1930 había escrito: «Me creo unido a los países rusos por lazos especiales… He ofrecido mi vida por Rusia.»

e) Promoción de la mujer

En agosto de 1907, escribe el P. Por­tal a propósito de ella: «Creo que la obra de nuestro grupo intelectual de­berá completarse mediante una acción más práctica, llevada a cabo sobre todo por mujeres. Nuestra obra no vivirá verdaderamente, no penetrará en to­dos los medios de la Iglesia, mientras las mujeres no la hayan comprendido bien, mientras no se hayan consagrado a ella y no la difundan mediante las obras sociales o, en una palabra, me­diante la práctica de la caridad, en­tendida como la entienden y la quieren los tiempos modernos. Ahora bien; siempre se necesitan para obras nue­vas instrumentos nuevos. Nuestra obra espera, reclama obreras. Me parece ver­las por aquí y por allí. Lo que falta es el punto céntrico, el medio de agruparlas y de ese modo formarlas, y luego dárselas a la Iglesia, para que vayan por doquier y hablen de la paz y del amor de Nuestro Señor, en Moscú y en Roma, entre los católicos y los pro­testantes.»

f) La unidad de los cristianos

Esa es la voluntad de Dios…

Una convicción fundamental animaba al P. Portal, a Lord Halifax, en reali­dad a todos los ecumenistas: nada es imposible para Dios. Cristo quiso la unidad; murió para reunir en la unidad a todos los hijos de Dios que estaban dispersos. Nada mejor que hacer tiene, si no es trabajar para que reciban este don de la unidad, por grandes que sean los obstáculos con que tropiecen. «Obstinado en Dios», como dice Jean Guitton, cevenés, al mismo tiempo que entusiasta y dúctil, el P. Portal seguirá la ruta de la Unidad, cueste lo que costare.

..las Iglesias han de ser dóciles…

Existe esta otra convicción: las Igle­sias se separaron en virtud de un mo­vimiento de todo su cuerpo y bajo la acción de sus responsables; será mer­ced a un movimiento semejante y en virtud de las iniciativas de los respon­sables cómo han de ver lo que les une y lo que les separa todavía en el amor de la verdad y la verdad del amor.

..dóciles han de ser tam­bién a los signos de los tiempos

El P. Portal presentía que el mundo iba a entrar en una época terrible y que las guerras, los conflictos que desga­rrarían a los pueblos y a las socieda­des tenían una significación que era preciso buscar en el designio de la unidad solicitada por Jesús de su Pa­dre. El 5 de junio de 1893 escribe a Lord Halifax: «Creo que ha llegado el momento de obrar. Por todas partes se apodera de los espíritus esta idea de la unidad. Es el Espíritu que sopla, o más bien, que comienza suavemente a alzarse. Hay que aprovecharlo…».

Insiste en la necesidad de recurrir a los medios apropiados para la Unidad. Anticipándose en 80 años el P. Portal enseña y practica ya las recomenda­ciones del decreto conciliar Unitatis Redintegratio (cap. II, principalmente). Inútil subrayar lo que ahí roturó con métodos empleados entonces en la Igle­sia Católica.

— En lugar de partir de lo que nos divide, hay que partir, en el diálo­go ecuménico, de lo que nos une.

Hay que reconocer con gozo los te­soros espirituales de que viven nues­tros hermanos en las Iglesias sepa­radas y dejar que nos enriquezcan. Hay que estimar, asimismo, y amar todos los valores positivos de la so­ciedad y del mundo moderno. «Po­cos hombres hay que tanto hayan hecho para que se aprecie al Catoli­cismo como el P. Portal» (Abbé Gra­tieux).

El papel de la amistad es irrempla­zable. El acercamiento de los espí­ritus, la desaparición de los prejui­cios son resultados sin precio. «El P. Portal era incomparable en este arte de los contactos. Dos días pasa­dos junto a él permitían ver a más gente y aprender más cosas, que se­manas en otro lado» (Gratieux). Es­cribía Portal el 12 de enero de 1892: «La luz llegará tal vez un día. En todo caso, que Nuestro Señor ben­diga nuestros esfuerzos! Que por su gracia la semillita que la amistad echa en el campo de la Iglesia pro­duzca frutos de unión.»

Hay que dejar que el Espíritu Santo convierta nuestro corazón y nos con­duzca, por la renovación de la Igle­sia, a la Unidad de Cristo. «La Unión, según una idea sobre la cual gusta­ba de volver, debía ser el fruto de la reforma. Mientras más cordial­mente emprendan las Iglesias el acercamiento a Cristo, más se acer­carán también entre sí. La vida cristiana, llevada a su perfección, debiera terminar necesariamente en unión» (Hemmer).

Todos los cristianos en todas las comuniones han de estar formados y preparados para la Unidad. «La unión, si algún día Dios la permite, no puede producirse bruscamente: es necesaria una preparación en las diferentes comuniones. ¿Por qué no trabajamos, pues, con todas nues­tras fuerzas en la preparación de este glorioso acontecimiento, echan­do una semillita por aquí y otra por allí y dejando a Dios el cuidado de hacerlas germinar, si lo juga oportuno?» (28 de noviembre de 1890).

g) Describe las virtudes del artesano de la Unidad.

La paciencia

Jean Guitton, que conoció al P. Por­tal, subraya en él «la idea de que era preciso no extrañarse de los contra­tiempos, ni irritarse por las dilaciones, sino aceptarlo todo de grado, saber es­perar largo tiempo y de repente comen­zar de nuevo». «El P. Portal y Lord Halifax jamás se disimularon que eran obreros de un lejano porvenir».

La llamada a desaparecer

Una y otra vez, a lo largo de su vida, obligó al P. Portal la autoridad a reti­rarse. Obedeció siempre sin recrimina­ciones: tenía la vocación de desapare­cer. Escribe: «Es duro sentirse capaz de hacer algo y no poder hacer nada. Pero nada sólido se hace sin sufri­miento: y si Dios quiere servirse de nosotros, conviene recordar que no nos necesita.» Dice al abate Calvet: «En este asunto de la Unión lo que soñé es­tá realizado. He querido el acercamien­to: ha habido acercamiento: se charla. Lo que constituía mi obra está acaba­do. No me resta sino desaparecer. Para ir más lejos hacen falta otros medios que yo no conozco. Hacen falta otros hombres que no estén gastados. Yo, más que servir, abstaculizaría. En cuan­to a los normalistas lo mismo. Les qui­se agrupar. Están agrupados y la agru­pación resiste. Ese era mi cometido. Para el laboreo de esa agrupación ha­cen falta otros hombres. Cierto, no me resta sino desaparecer.»

El sentido de la Iglesia y la com­prensión de la Cruz

También aquí hay que dejar que hable un testigo: «En la Iglesia el P. Portal ha sufrido lo bastante como para que pueda hablar al respecto. No nos ocultaba tampoco que sostener la Iglesia como era preciso sostenerla, de suerte que se observe el deber para con ella, llevaba consigo el sobrellevar­la y, en consecuencia, el sufrimiento por causa suya. Se complacía en hablar de esta Cruz, de que necesariamente de­bemos cargarnos durante toda nuestra existencia, si le fuésemos fieles, si no nos hubiésemos instalado subrepticial­mente en ella… Esta comprensión de la Cruz a la que no se mezclaba idea alguna de rescate o reparación, estaba íntimamente vinculada a su compren­sión de la Iglesia».

Ecumenismo global

Esta comprensión de la Cruz y esta comprensión de la Iglesia permitieron al P. Portal dar una significación posi­tiva a los contratiempos que sufrió, en particular al fracaso de la Campaña Anglo-Romana (1890-1912). Portal com­prendió a partir de entonces dos cosas:

ante todo que hacía falta convencer a los católicos de que la unidad visible será el resultado de la convergencia de todas las Iglesias en una mejor encar­nación de Cristo; luego, que el Ecume­nismo no podrá ser bilateral, vivirse tan sólo entre dos confesiones, sino que deberá ser global. El historiador Régis Ladous subraya a este propósito que La Revue Catholique des Eglises, fun­dada por el P. Portal después que des­apareciera su primera publicación, La Revue Anglo-Romaine, no se acantonó en el Anglicanismo, sino que empren­dió el estudio de la Ortodoxia, del Pro­testantismo, del Véterocatolicismo y so­bre todo del Catolicismo Romano, para avizorar en cada una de estas Iglesias los signos precursores de esa reforma general que llevará hacia la Unidad.

IV.—»Un día se verá que teníamos razón«

Jean Bernad, en su libro Vers ceux de l’autre bord, expresa un lamento que es el nuestro propio. Evocando los encuentros entre Juan XXIII y el Arzo­bispo Fisher, entre Pablo VI y el Dr. Ramsey, escribe: «Es una pena que la memoria de esos antiguos caminantes (Portal, Halifax, Mercier y los demás) no se haya destacado en el momento de los reencuentros por ellos tan de­seados, preparados y acelerados, del Patriarca de Occidente y del Primado de Cantorbery».

Después de su encuentro de marzo de 1966, Pablo VI y el Dr. Ramsey deci­dieron la creación oficial de una Comi­sión Internacional Anglicano-Católica Romana de Diálogo. Se sabe que esta Comisión, la cual se reúne una vez por año, tiene ya elaboradas dos Declaraciones comunes: una sobre la doc­trina eucarística (Windsor 1971), la otra sobre la doctrina del ministerio (Can­torbery 1973).

En Francia, el Comité Episcopal pa­ra la Unidad de los Cristianos y los obispos de la Comisión Anglicana que tienen jurisdicción en este país, han creado un grupo mixto anglicano-cató­lico romano, dado principalmente a cuestiones pastorales (por ej.: auxilio espiritual y sacramental a los anglica­nos aislados en Francia, etc.).

Ante todos estos acontecimientos piénsese en lo que Lord Halifax escri­bía al P. Portal inmediatamente des­pués de la Apostólicae Curae: «Todo pasa menos el amor y la amistad. Un día se verá que teníamos razón.»

En 1946 decía, predicando a los se­minaristas de los Carmelitas en París, Dom Lambert Beauduin, un compañe­ro de Portal, de cuando las Conversa­ciones de Malinas, con 18 años de exilio en Francia: «No llegaré a ver la unión de los cristianos. Puede que vosotros la veáis. Si la veis, venid a nuestras tumbas y contádnoslo. Et exultabunt ossa humiliata.»

El P. Portal había dicho casi lo mis­mo a un auditorio de jóvenes londinen­ses en 1925: «Veréis, no lo dudo, la unión de la Iglesia de Inglaterra y de la de Roma. Pertitidme pediros un re­cuerdo para ese día de los dos amigos que trabajaron y sufrieron un poco con objeto de que vosotros pudierais co­sechar.»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *