El Señor Vicente relee su vida: Tentado contra la fe

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Bernard Kock, C.M. · Traductor: Máximo Agustín, C.M.. · Año publicación original: 2008.
Tiempo de lectura estimado:

A lo largo de estos años, yo había mantenido relación con diversas personas una de las cuales este buen «teólogo» tentado contra la fe. No sé con exactitud qué año, hacia 1611 o 1612 tal vez, su estado se agravó de tal forma que yo temía que se muriese en este estado…

«Me puse en oración para pedir a la divina bondad que tuviera a bien librar a este enfermo de este peligro, y me ofrecí a Dios en espíritu de penitencia para sobrellevar en mí mismo, sino las mismas penas, al menos tales efectos de su justicia y me hiciera hacer sufrir.

Dios libró por completo al enfermo de su tentación, devolvió la calma a su espíritu, y esclareció su fe oscurecida y turbada […].

Pero al mismo tiempo Dios permitió que esta misma tentación pasara a mi espíritu, que se vio desde entonces vivamente asaltado».

Oraciones y mortificaciones no tuvieron otro efecto que ayudarme a sufrir aquello con paciencia. Sólo pude hacer dos cosas:

«La primera, escribí mi profesión de fe en un papel que apliqué a mi corazón, […] haciendo un pacto con Nuestro Señor que cada vez que yo llevara la mano a mi corazón y sobre este pape, entendía renunciar a la tentación […]

 El segundo remedio […] fue hacer lo contrario de lo que la tentación me sugería, tratando de hacer por fe y dar honor y servicio a Jesucristo […] en particular en las visita y consuelo de los pobres y enfermos«1.

Este «duro ejercicio» duró tres o cuatro años, entre 1611 y 1614, no me acuerdo bien.

Mientras tanto, esto no arregló mi carácter, ya anteriormente con facilidad quebradizo o de humor negro2 mientras era capaz de entusiasmarme, como la gente apasionada, particularmente emotiva, sensible. Esto hacía sufrir a la Señora Generala,

«pensando que estaba descontento en su casa…

Me dirigí a Dios y le pedí con insistencia que me cambiara este humor seco y desagradable y me diera un espíritu dulce y benigno. Y por la gracia de Nuestro Señor y con un poco de atención que puse en reprimir los hervores de la naturaleza, conseguí quitar un poco de mi humor negro»3.

Pero al cabo de cuántos años y esfuerzos! Y he tenido que luchar siempre para llegar a la mansedumbre.

En mi habitación, con los Gondi, vivía «como en una cartuja, pero cada vez que estábamos en sus pueblos, yo iba a visitar también a los pobres y a los enfermos, a catequizar, a predicar. Confesaba igualmente, y las gentes se confiaban con mayor libertad a un sacerdote que no vivía siempre con ellos4. Al cabo de tres o cuatro años,

«se me ocurrió un día tomar una resolución firme e inviolable para honrar más a Jesucristo y para imitarle más perfectamente que no había hecho todavía entregarme toda mi vida por su amor al servicio de los pobres.

 Apenas había dado forma a esta resolución en mi cabeza cuando, por un efecto maravilloso de la gracia, todas las sugestiones del espíritu maligno se disiparon, mi corazón se encontró restablecido en una dulce libertad y mi alma se llenó de de tanta luz que me parecía ver las verdades de la fe con una luz muy particular»5.

Al mismo tiempo, a partir de los años 1613, los sacerdotes del Oratorio se entregaban a Misiones en el campo. Era uno de sus fines, como lo escribía el Señor de Bérulle. Tenían igualmente una preocupación especial por instruir a los sacerdotes en las cosas de su ministerio»6. Por mi parte, yo seguí aspirando a los beneficios y, gracias al Sr. de Gondi, recibí el curato de Gamaches en Vexin, el 28, de febrero de 16147, por el Vicario General de Rouen. Por otra parte, la Señora de Gondi me confió la dirección de su alma, con sus inquietudes, sus escrúpulos. Trataba de convencerla que se pasara de mis respuestas … En cuanto a los asuntos del Reino, que andaban siempre agitados, Luis XIII se declaró mayor para sus 14 años, el 2 de octubre de 1614. Quiso luego sacudirse la tutela de su madre, que iban a sucederse guerras…Acaban precisamente de terminarse con el tratado de Westfalia (1648) y el de los Pirineos (7 de noviembre de 1659).

Progresivamente mi vida espiritual se ahondaba. Reverenciaba de manera particular la santa Eucaristía, meditaba mucho la vida de la Santísima Trinidad y las intervenciones de las tres divinas personas por nuestra salvación, muy especialmente la Encarnación del Hijo eterno de Dios en el seno de la Virgen María. Evidentemente, predicaba sobre estas verdades8. El 27 de mayo de 1615, me proporcionaron un nuevo beneficio eclesiástico, en el capítulo de Canónigos de Écouis, en Normandía, al norte de los Andelys, del que el Señor General de las Galeras era co patrón con otro señor. El canónigo tesorero había fallecido, yo me ví canónigo y tesorero del Capítulo. Hice que me representaran en la entronización por un procurador y, menos el 16 de septiembre que fui a prometer cumplir mis cargos al mismo tiempo que suplicar que me dieran un suplente,

«El miércoles 16 de septiembre de 1615, el capítulo general celebró asamblea, me presenté en persona, a fin de hacer el juramento de fidelidad; lo que he hecho y firmado hacer los cargos contenidos en una hoja escrita. Pero pedí que mandaran hacer cumplir con ellos a un suplente, lo que me fue concedido, y di el beso de paz y pedí a la compañía que cenaran al día siguiente, día de la dedicación de esta iglesia, por mi gozoso advenimiento, según la costumbre de este capítulo«.

Y no he vuelto a poner más los pies en el, mientras cobraba la prebenda que designa los honorarios de canónigo. Siete meses después, el 20 de abril de 1616, el otro co-patrón intervenía ante el Capítulo de Écouis para demandarle que me obligara a residir, así como a otros dos que faltaban también; yo recibí un aviso, el Señor General obtuvo para mí una prórroga, que fue leída al Capítulo el 25 de mayo, y ya no sé conservé por mucho tiempo este beneficio9.

El 29 de octubre de 1616, me liberaba por fin de la abadía de Saint-Léonard-de-Chaumes, a favor de François de Lanson, sacerdote, consejero y capellán del rey y prior del priorato de Saint-Etienne de Ars en la Isla de Ré, residiendo en París, calle de los Cordiers10.

  1. Ab. I,117-118, citando el testimonio de un tercero, que yo pongo en primera persona. El Sr. Vicente que ha expuesto a sus cohermanos la tentación del teólogo (en S. V. XI, 32-4, E. S. 896-898; cf. aquí arriba), no ha añadido esta solución final.
  2. Ab. III, 117; Coll. I, 99.
  3. Ab. III, 177-178.
  4. Ab. I, 28.
  5. Ab. III, 118-119; Coll. I, 34. Esta «resolución firme e inviolable» será el cuarto voto que el Sr. Vicente instituirá para sus misioneros y para las Hijas de la Caridad: el voto de estabilidad toda su vida al servicio de los pobres.
  6. Bérulle, Correspondencia, edición Dagens, I, 163-165.
  7. Registro del Arzobispado de Rouen, Arch. de Seine-Maritime, G 9574. Publicado en su mayor parte en Misión y Caridad, nº 8 octubre de 1962, p. 495. Gamaches-en-Vexin se sitúa entre los Andelys y Gisors, a 10 kilómetros al oeste de Écouis, y al sudeste de Rouen.
  8. Dos sermones sobre la Comunión, de esta época, nos han llagado de la mano del Sr. Vicente, en los que parte de la Trinidad y de la Encarnación: S. V. XIII, 30-37. No tenemos ya, ay, de los periodos siguientes: o bien no han podido ser recuperados después del saqueo de San Lázaro, el 13 de julio de 1879, o bien no se habrán conservado después de la redacción de un compendio de modelos de sermones, a petición del Sr. Vicente, según los suyos y los de algunos misioneros.
  9. S. V. XIII, 19-24. La cita de la página 22 está puesta en primera persona; el acta está evidentemente en ter era persona.
  10. S. V. XIII, 37-39.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.