El Señor Vicente relee su vida: Châtillon

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Bernard Kock, C.M. · Traductor: Máximo Agustín, C.M.. · Año publicación original: 2008.
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En los mismos inicios de 1617, yo quería darme plenamente a la evangelización, ahora bien era difícil de llevar al mismo tiempo el cargo de preceptor, de capellán personal de la Señora de Gondi y el de pastor. El Padre de Bérulle me proponía este curato de Buenens y Châtillon. Acepté, y él comenzó los trámites ante Monseñor de Marquemont, Arzobispo y Conde de Lyon, para mi nombramiento. Yo no hablaba de nada con el Señor y la Señora de Gondi, temiendo mucho su intervención ante el Padre para hacer fracasar este proyecto que se iba afianzando en mí. Fue en julio de 1617 cuando me marchaba de París, alegando un corto viaje1, y el sábado 29 de julio, en Lyon, mi nombramiento era firmado por el Vicario General, hallándose ausente el arzobispo. El martes 1º de agosto quedaba instalado solemnemente en la iglesia de Buenens después en la de Châtillon2… exactamente cinco años y tres meses después de Clichy (de donde yo seguía párroco). Yo era recibido por el vicario y los sacerdotes de una Sociedad fundada en 1478 por Mons. Charles de Bourbon arzobispo de Lyon , con los Estatutos del 28 de octubre. Se trataba de una especie de Capítulo de sacerdotes encargados de decir el Oficio en común y de decir las numerosas misas fundadas por familias por sus difuntos. Participaban también en la administración de los sacramentos, y el arzobispo, desde la visita pastoral de 1614, había podido constatar su fidelidad a todo el oficio en común en la iglesia. De esta manera voy a poder continuar el ministerio en equipo de sacerdotes. Yo lo he evocado, mucho más tarde, el 13 de febrero de 1646, con las Hijas de la Caridad: era «un capítulo del que yo era el prior»3.

El presbiterio había sido desgraciadamente alquilado en 1615 por Jean Séraud –anterior párroco- a Louis Gavend –cirujano- por seis años pero a partir del sábado 19 de agosto, mi conocimiento de la legislación me permitía pasar ante notario un acta que me autorizó entrar por San Martín –el 11 de noviembre- mediante por supuesto reembolso al locatario, a cargo para él de hacer rehacer la techumbre, Entretanto, me alojo en casa de Jean Beynier, el sub prior de la cofradía del Rosario4. Yo escribía entonces al Señor de Gondi para decirle mi intención de no volver, explicándole que no tenía ninguna de las cualidades requeridas para ser preceptor en una familia tan noble5. Con entusiasmo, me puse a trabajar, asistido del vicario y de los sacerdotes societarios: las actividades del ministerio, la visita de los pobres y de los enfermos. Guillaume Souvageon, el vicario, al retirarse pronto, tuve la ocasión de reemplazarle, desde el 15 de agosto, por Louis Girard, un sacerdote de la diócesis de Langres, que me secundó perfectamente6.

El 20 de agosto de 1617,

«un domingo, cuando me revestía para decir la santa Misa, me vinieron a decir que en una casa apartada de las demás, a un cuarto de legua de allí, todo el mundo estaba enfermo, sin que quedara una sola persona para asistir a las demás… Estro me impresionó sensiblemente el corazón. No dejé de recomendarles en la homilía con afecto, y Dios, tocando el corazón de los que me escuchaban, hizo que se sintieran todos movidos a compasión hacia estos pobres afligidos.

Tras la comida, hubo una asamblea en casa de una buena señorita de la ciudad para ver qué socorro se les podía dar»7.

«Después de las vísperas, hablé con un hombre honrado,… y nos pusimos en camino juntos para ir allá. Nos encontramos por el camino a mujeres que nos adelantaban, y un poco más adelante, a otras que volvían…Había tantas que diríais que se trataba de una procesión. Cuando llegué, visité a los enfermos, y me fui a buscar el Santísimo Sacramento para los más graves, no a la parroquia del lugar, pues no era una parroquia, sino que dependía de un capítulo del que yo era el prior.

Después entonces de haberlos confesado y comulgado, se trató de ver cómo se podía socorrer su necesidad. Propuse a toda aquella buena gente, a la que la caridad había animado a trasladarse allí, que se turnaran, cada una un día, para hacer el caldo, no sólo para aquellos sino para los que vinieran después; y es el primer lugar en que se estableció la caridad»8.

Ocho damas se reunieron pronto. Luego trabajé en un pequeño reglamento, que les entregué el 23 de agosto9. De paso, me había puesto a aprender el bressan, para mejor comunicar con la gente sencilla10.

Entretanto, el Señor de Gondi había informado de mi decisión a la Señora, quien recibió su carta el 24 de septiembre y quien, muy pronto, me escribió largamente para suplicarme que volviera. Fue necesario pues contestarle como ella hacía intervenir al Señor de Bérulle. Yo les escribí que iría a Paris para reflexionar11. Entonces yo tomé el reglamento de la Caridad de una manera más profunda. Apelaba a mis recuerdos de los reglamentos de los Camilianos y de los Hermanos de San Juan de Dios, así como a reglamentos de hospitales más antiguos, mi propia experiencia y, como lo haré siempre en delante, el diálogo con las Damas mismas. Este trabajo duró tres meses, entre el 24 de agosto y el 23 de noviembre. Por último, el 24 de noviembre daba a la Cofradía un reglamento completo12.

«Dicha cofradía se llamará la cofradía de la Caridad, a imitación del hospital de la Caridad de Roma; y las personas de las que estará principalmente compuesta, Sirvientas de los pobres, o de la caridad»13.

Es un reglamento de vida espiritual tanto como de actividades caritativas. Era además la costumbre en todas las cofradías asociar la vida cristiana a las actividades caritativas. En este reglamento, yo acentuaba la vida espiritual personal, a base de humildad, de sencillez y de caridad, con vista a un servicio de los pobres corporal y espiritual. Incluso les he señalado que lean cada día un capítulo de la Introducción a la vida devota.14 La diferencia con las demás cofradías es que no era ya asunto de una categoría social, o de un oficio, ni tampoco de una devoción particular, para bien de solos los miembros. Sino que ella reagrupaba a todas las damas que lo deseaban –nobles y no nobles- para servir a todos los pobres sin distinción15. Otra diferencia es que la gestión iba claramente unida por entero a las damas. El procurador no tenía voz más que con el mismo título que una de dichas sirvientas, y no era por fuerza ni siquiera un sacerdote, y el párroco también no tenía más que una voz, «como una de dichas sirvientas de los pobres»16.

Ése es el hecho destacable de mi estancia en Châtillon. . Yo también he recordado muchas veces a lo largo de mi vida la conversión admirable del conde de Rougemont, espadachín incorregible, que había renunciado completamente a su espada y a los duelos, llegando a ser un gran bienhechor de los pobres y acabó por hacerse capuchino.

«He conocido a un gentilhombre, ya lo he dicho más veces, un gentilhombre de Bresse, llamado el Sr. Rougemont, que había sido un franco ilustrador; era un gran hombre, bien hecho, que se había visto a menudo en circunstancias en que le pedían otros gentilhombres que tenían querellas , o él mismo citando a duelo a los que no andaban derecho con él. Él me lo ha contado, y es increíble con cuánta gente se ha batido, a cuántos ha herido o dado la muerte. Por fin Dios le tocó tan eficazmente, que entró en sí mismo, y reconociendo el estado triste en que se encontraba, resolvió cambiar de vida, y así lo hizo. Desde este cambio, habiendo permanecido por algún tiempo en la fase inicial y en su progreso, llegó hasta pedir a Monseñor de Lyon tener el Santísimo Sacramento en su capilla, para poder en ella honrar a Nuestro Señor mantener su piedad que era singular y conocida de todo el mundo; lo que me dio un día el deseo de ir a verlo a su casa, donde él me contó las prácticas de su devoción y, entre otras, la de su desprendimiento de las criaturas. ‘Yo estoy seguro, me decía él, que si no me apego a nada, yo me acercaré más Dios, que es mi única aspiración; y para ello, considero si la amistad de un tal señor, de un tal pariente, de un tal vecino me detiene, si es el amor de mí mismo el que me impide ir, si son mis bienes o la vanidad los que me atan, si son mis asuntos o mis placeres los que me retardan; y cuando me doy cuenta que algo me desvía de mi soberano bien, yo pido, corto, zanjo, me salgo de ese lugar. Ésos son mis ejercicios’.

Me dijo esto en particular, no lo he olvidado nunca, que un día yendo de viaje, como, de ordinario, se ocupaba de Dios, se examinó si, desde el tiempo que había renunciado a todo, le había quedado o sucedido alguna atadura; recorrió sus pertenencias, sus bienes, sus alianzas, su reputación, las grandezas, los pequeños goces del corazón humano; se vuelve, gira, por fin caen sus ojos sobre su espada. ‘¿Por qué la llevas, pensó él, cuánto sufriría yo sin ella? Qué, dejar esta querida espada que me ha servido tanto en tantas ocasiones y que, después de Dios, me ha sacado de mil peligros! Si me atacaran otra vez, estaría perdido sin ella. Pero también te puede suceder alguna querella en la que tú no tendrías la fuerza, llevando espada, de no servirte de ella, y tú ofenderás a Dios de nuevo. ¿Qué haré, Dios mío, dijo, semejante instrumento de mi vergüenza y de mi pecado es capaz de dominarme? No encuentro otra cosa que esta espada en mi camino, oh, no seré más tan cobarde como para seguir llevándola’. Y, en ese instante, hallándose frente a una gran piedra, se apea del caballo, empuña esta espada, la golpea contra esta piedra, y tic tac, tic y tac; al fin la rompe, la hace añicos, y se marcha. Me dijo que este acto de desprendimiento, rompiendo esta cadena que le tenía cautivo, le dio una libertad tan grande que, aunque fuera contra la inclinación de su corazón, que quería a esta espada, nunca más había tenido apego a cosa perecedera; ya sólo dependía de Dios»17.

Había prometido al Señor de Gondi ir a París a consultar al Padre de Bérulle. Salía pues de Châtillon en diciembre. Llegaba a París el 23 y me dirigía enseguida a deliberar con el Señor de Bérulle18. Se reveló más prudente volver a la familia de Gondi, puesto que la Parroquia de Châtillon estaba en condiciones de mantenerse en el buen camino, con los buenos sacerdotes que habían actuado conmigo, y con la Cofradía, que se había consolidado y afirmado y cuyo libro de cuentas Louis Girard ya había tomado en mano19. Al día siguiente, 24 de diciembre de 1617, víspera de Navidad, yo volvía pues a mi alojamiento en casa de los Gondi, Desde mi llegado, el Señor y la Señora comprendiendo mis aspiraciones, me liberaban de la carga de preceptor, ofreciéndome sus posesiones un campo tan vasto de acción. Poníamos en marcha un plan de evangelización. Al sacar las conclusiones, el 31 de enero de 1618, yo renunciaba al curato de Châtillon, para entregarme, con gozo y determinación, por completo a las misiones20.

  1. Ab. I, Coll. I, 54.
  2. Arch. Dep. del Ródano, Lyon, Sección Antigua, Registro del Arzobispado, para el nombramiento: Provisiones, Registro 8, I G 87, folios 319 vº -320 rº e Insinuaciones eclesiásticas, Registro 81, 4 G121, folios LXXXXIII rº -LXXXX vº; y para la toma de posesión: Insinuaciones eclesiásticas, Registro 4 G 121, folios LXXXXIII vº -LXXXXIII rº. Publicados en S. V. XIII, 41-45, que combina los textos de la provisión y de la insinuación, el primero más breve de hecho.
  3. Arch. Comunales de Châtillon-sur-Chalaronne, GG 121. El 20 de mayo de 1620, Mons. de Marquemont confirmará los estatutos de la Sociedad de los Sacerdotes de Châtillon, precisando las reglas de recitación y del canto del Oficio y de la celebración de la Misa (ibiE. S. folio 2 verso). El recuerdo está en S. V. IX, 243.
  4. Acta notariada referente a la recuperación del presbiterio, sábado, 19 de agosto de 1617; copia en manos de la Hijas de la Caridad de Châtillon; (las minutas del notario de 1617 han desaparecido todas). El informe de Charles Démia, de 1665, S. V. XIII, 45-54, seguido de la 2ª edición de Abelly (1667) luego por Collet, es completamente falso sobre estos puntos y sobre algunos más, contradicho por los documentos auténticos de 1614 a 1617. Lejos de ser protestante como le ha dicho la gente a Charles Démia en 1664, Jean Beynier era sub-prior de la cofradía del Rosario; inventario notariado de la capilla del Rosario, en la iglesia, viernes 21 de mayo de 1617; copia. No solamente la iglesia no estaba abandonada, sino que había sido restaurada a lo largo de los años después de la conquista francesa, y se puede todavía leer sobre las arcadas la fecha de restauración de las dos capilla aun lado y a otro del coro: 1615 y en los informes de los trabajos, en los Archivos Comunales. Por último, los sacerdotes societarios no eran en absoluto los malos sacerdotes, borrachos y concubinarios, que la gente ha descrito a Charles Démia; si tal hubiera sido su vida, Mons. de Marquemont los habría fustigado en el informe de su vista pastoral de 1614, como no ha vacilado en hacerlo en otras partes, cuando era el caso.
  5. Ab. I; Coll. I, 54-55; S. V. I, 21-22.
  6. Ab. I,; Coll. I, 61. No he encontrado documento del nombramiento de Louis Girard. Las provisiones no se hacen más que para los curatos. Pero las actas de bautismo no tienen ya la firma de Souvageon, sino la de Girard, a partir del 15 de agosto.
  7. S. V. IX, 243-244, Comb. 164.
  8. S. V. IX, 209, Comb. 142.
  9. S. V. XIV 125. El documento que relata estos primeros intentos fue descubierto en 1839 en los archivos de la alcaldía de Châtillon. Es escritura de san Vicente. Como escapó durante la preparación del tomo XIII, el Sr. Pierre Coste lo insertó en el tomo XIV, éste es su texto:
    «Jesús, María.
    En nombre del Padre, del hijo y de Espíritu Santo.
    Hoy 23 de agosto de mil seiscientos diecisiete, las damas abajo nombradas se asociaron caritativamente para asistir a los pobres enfermos de la presente ciudad de Châtillon, cada una a su vez, habiendo, de común acuerdo, resuelto entre ellas que una cuidará un día entero solamente, de todos los que ellas hayan aprobado, por mayoría, que tienen necesidad de su ayuda. En lo que ellas se proponen dos fines, a saber ayudar el cuerpo y el alma; el cuerpo con alimentos y medicándolo, y el alma disponiendo a bien morir a los que estén en peligro de morir y a bien vivir los que se curen. Y como la Madre de Dios al ser invocada y tomada por patrona en las cosas de importancia, no puede por menos que todo no ende bien y no redunde a la gloria del buen Jesús su Hijo, dichas damas la toman como patrona y protectora de la obra y la rezan muy humildemente suplicándole que tenga un cuidado especial, como también san Martín y san Andrés, verdaderos ejemplos de caridad, patronos de dicho Châtillon; y comenzarán con la ayuda de Dios a trabajar en la buena obra desde mañana, día de la fiesta de san Bartolomé, según el orden en que se han inscrito aquí. En primer lugar la Señora castellana por su día; la Señorita de Brie por el suyo; La señora Philiberte mujer del señor de las Hugonières; Benoîte, hija del señor Ennemond Prost; La señora Denise Beynier, mujer del señor Claude Bouchour; Una de las dos hijas de la señora Perra; La señora Colette; Y por último la Señorita de la Chassaigne; después de la cual la Señora castellana comenzará a tomar los mismos cuidados por otro día , y así las demás alternativamente, según el orden antedicho, teniendo en cuenta que, cuando alguna de ellas no pueda, por alguna justa ocasión, entregarse a este santo ejercicio en su día, avisará o hará que la avisen, el día antes, a la que la sigue de esta su incapacidad, para que entre en su lugar, ocupándose de los pobres ese mismo día, lo cual no deberá rechazar, si tiene los medios, ya que al hacerlo, se verá descargada de tal cuidado por el día después, que le hubiera correspondido según el orden dicho. Este es el orden, y habrá que pedir diariamente a nuestro buen Jesús que quiera mantener, y llenar de sus bendiciones divinas a todos aquellos y aquellas que trabajen con sus manos o contribuyan con sus facultades para el mantenimiento de ésta; como, sin duda, él lo hará, ya que él mismo nos asegura por su propia boca que ellos serán los que alivien a los pobres los que oigan, en el grande y terrible día del juicio, esta voz suya tan dulce y agradable: «Venid, los benditos de mi Padre a poseer el reino que se os ha preparado desde el comienzo del mundo»; y que por el contrario, los que nunca tuvieron ningún cuidado de ellos sean rechazados de él con estas palabras tan duras y espantosas: «Malditos, apartaos de mí al fuego eterno que está preparado para el diablo y sus ángeles».
    Al Juez Padre, Hijo y Espíritu Santo sea honor y gloria por todos los siglos de los siglos. Así sea».
  10. S. V. XIII, 51;
  11. S. V. 51; esto en le informe de Démia, pero aquí no hay documento que recuse este recuerdo, al contrario, toda su vida el Sr. Vicente ha concedido una extrema importancia al conocimiento de las lenguas, cf. XII, 26-28, E. S. 439-441, sin fecha; XII, 66, E. S. 481, noviembre del 1656.
  12. S. V. XIII, 423-437, con algunas faltas de lectura. La redacción final tras acuerdo está certificada de una parte por algunas tachaduras en el manuscrito original, que no es de la mano del Sr. Vicente, sólo el acta de la fundación es de su mano, y de otra parte, más tarde, por los informes de las Asambleas, con los nombres de los miembros de las comisiones.
  13. S. V. XIII, 423.
  14. S. V. XIII, 435.
  15. M. V. 123; en la Caridad de Joigny, el 9 de septiembre 1618, de 38 damas, veinte no sabían firmar: S. V. XIII, 445.
  16. S. V. XIII, 424-426; 426, 430-431.
  17. S. V. XII, 231-233, 15 de mayo de 1659, relato a los misioneros. Igualmente X, 175; XI, 114. E. S. 649-651; Com. 583; E. S. 52. Ab. I, 50-51 refiere casi exactamente lo que cuenta el Sr. Vicente, después parafrasea haciéndole decir exactamente lo contrario: fue el conde de Rougemont quien se sintió atraído por la reputación del Sr. Vicente, y éste quien le convirtió.
  18. S. V. I, 23-24.
  19. Ab. 45. A la apertura de las cuentas de entradas y de gastos, el 15 de diciembre de 1617, en cada extremo de un carnet, figura la mano de Louis Girard, y no del Sr. Vicente, quien sin embargo estaba ciertamente en Châtillon, no necesitaba 8 días para llegar a París
  20. Girard fue nombrado párroco de Châtillon y tomó posesión el 18 de julio de 1618 (S. V. 54). Los Archivos muestran que fue un excelente párroco. En 1638, mandó preparar un panteón para él, sus sucesores y los sacerdotes societarios; el Sr- Jauffred ha visto también la lápida sepulcral en los años 1845; posteriormente el párroco Ravoux no la hizo colocar en su sitio cuando la colocación del nuevo embaldosado (nota, archivos de la Hijas de la Caridad de Châtillon).

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