El año 1660 fue un año de grandes pérdidas para la familia vicenciana. Antonio Portail, primer compañero de Vicente de Paúl y primer Director de las Hijas de la Caridad muere en febrero. Luisa de Marillac, su colaboradora y amiga, muere en marzo y él mismo fallece en septiembre. Aunque el nombre y la imagen de Vicente fuesen universalmente reconocidas desde el siglo XVII, las de Luisa de Marillac parecen borrarse completamente. No será hasta 1983, que ella saldrá definitivamente de la sombra de Monsieur Vincent para recuperar su lugar, a igual paso, no solamente como Fundadora de las Hijas de la Caridad sino como una mujer actual. Por sus acciones y por sus palabras, Luisa ha sido capaz de despertar en cada uno y cada una el conocimiento de su propio valor.
¿Quién era Luisa de Marillac en el siglo XVII?
En mayo de 1629, Vicente de Paúl envía a la joven viuda que el había conocido unos años antes a visitar las Cofradías de Caridad que habían comenzado tan bien pero que, desde hacía algún tiempo perdían su fervor primitivo. Tenían necesidad de encontrar de nuevo el entusiasmo de su origen. Para Vicente nadie estaba mejor cualificada que Luisa de Marillac. Luisa lo conseguiría sumamente y Vicente se alegraría de su éxito.
Cuando Luisa encuentra a Vicente al final de 1625 comienzos de 1626, acababa de perder a su marido después de una larga y dolorosa enfermedad. Luisa se encuentra sola con un hijo difícil de 12 años y con angustias financieras Era una mujer frágil que buscaba su camino. Vicente la ha acompañado. Poco a poco Vicente discierne detrás de la apariencia de duda, indecisión y ansiedad, una mujer fuerte, dotada de dones excepcionales aptos para hacer de ella el «líder» que él busca para colaborar con él en sus obras de caridad.
El envío a misión de mayo de 1629 no era más que el comienzo de una amistad y de una colaboración que transformará la vida consagrada femenina y el servicio de los más desposeídos en Francia y más allá, y que continúa hasta nuestros días en todo el mundo. Y en medio de todas estas transformaciones radicales se encuentra la figura de Luisa de Marillac. Ella ha visto enseguida la necesidad de reunir en comunidad esas jóvenes campesinas que ella formaba, a petición de Vicente de Paúl, para trabajar con las Damas de la Caridad en el servicio de los pobres enfermos a domicilio. En un mismo impulso, fundó las Hijas de la caridad, construyó un puente por encima del abismo que separaba los ricos y los poderosos de los campesinos y los pobres, lo mismo que los hombres de las mujeres. Con Vicente de Paúl y las primeras Hijas de la Caridad, crea una amplia red de caridad que no excluye a nadie.
Vicente de Paúl tenía una visión grande de las necesidades de los pobres. Luisa tenía la capacidad de la organización, la atención a los detalles, la audacia y la creatividad para transformar esta visión en realidad. Es suficiente mirar la obra de los Niños Expósitos por la que ella sentía pasión — sin duda a causa de su nacimiento como «hija natural» — y la del Hospicio del Santo Nombre de Jesús para las personas mayores para demostrar la verdad de esta afirmación.
¿Por qué desaparece ella?
Dado todo lo que se acaba de referir sobre la colaboración estrecha y fructífera entre Vicente y Luisa, tanto para la fundación de las Hijas de la Caridad como para el desarrollo de las obras de caridad que respondían a toda una gama de necesidades de los más pobres, queda uno un poco asombrado ante la desaparición casi total de Luisa de Marillac. Incluso después de su canonización en marzo de 1934 (dos siglos después de la canonización de Vicente de Paúl), y durante la celebración en 1960 del tercer centenario de su muerte, apenas se hablaba de ella.
La respuesta a esta desaparición es doble. Por una parte, estaba el esfuerzo de glorificar a Vicente de Paúl y de darle a conocer tan pronto como fuese posible, después de su muerte, como el gran apóstol de la caridad. En este proyecto, había un lugar para las Hijas de la Caridad pero como hijas de Vicente de Paúl. Pero no existía lugar para una colaboradora que había dado carne y hueso a sus ideas. Por consiguiente no se hablaba de ella y menos aún de sus aportaciones. Sin embargo es preciso reconocer que, en vida, Luisa de Marillac no ha buscado jamás ponerse por delante. Ella misma nos dice:
«Nuestro Señor naciendo en la pobreza y el abandono de las criaturas, me enseña la pureza de su amor […]. Así yo debo aprendera mantenerme escondida en Dios, con el deseo de servirle sin buscar el testimonio de las criaturas y la satisfacción en su comunicación. Debo contentarme con que Dios vea lo que quiero ser.Quiere que yo me entregue a Él a fin de que obre en mí esta disposición, y yo lo he hecho por su gracia» (Escritos 714).
La segunda razón es más compleja. Dentro de la Compañía de las Hijas de la Caridad, se encuentra aparentemente una reticencia, incluso un rechazo, a hacer avanzar la causa de canonización de una fundadora «hija natural». El proceso ha concluido después de las ges-tiones necesarias pero sin mucho entusiasmo. Si es verdad que los santos tienen sus momentos, el de Santa Luisa no había llegado toda-vía. Para ello, es necesario esperar los ochenta años.
¿Por qué vuelve ella?
Si en 1983, Luisa de Marillac sale finalmente de la sombra, es por-que el terreno se había preparado desde 1958 por la publicación de la biografía de Jean Calvet, titulada SANTA LUISA DE MARIL-LAC por ella misma, Retrato. En este libro, el autor habla pública-mente y por primera vez de las circunstancias de su nacimiento, de los acontecimientos dramáticos, a veces traumáticas, de su infancia y de su juventud, y de una vida marcada por la dicha momentánea y el sufrimiento nunca muy distante. Su meta era la «verdad, compañera de la santidad». Reconoce la tendencia de Luisa, caminar en la «estela» de Vicente de Paúl y «como su sombra». Hubiese querido haber realizado su originalidad y puesto de relieve su propia gran-deza «como una de las glorias más puras de las mujeres francesas» (Calvet 8-9).
Era necesaria también la convergencia de otros dos elementos sig-nificativos: el movimiento de la promoción de la Mujer y la reflexión del Concilio Vaticano II sobre la dignidad de la persona humana (Constitución Gaudium et Spes) para que la verdadera Luisa reapa-reciese. El momento propicio no llegará hasta 1983. Durante este año aparece la nueva edición de los ESCRITOS ESPIRITUALES DE LUISA DE MARILLAC. Gracias a una presentación más asequi-ble, una nueva clasificación, numerosas notas y un índice detalla-do, se descubre, sobre todo a través de sus cartas a las hermanas, una mujer atractiva, llena de humanidad, atenta a cada ser humano en todas sus dimensiones.
¿Qué aporta ella al mundo actual?
La publicación de los Escritos ha presentado la «verdadera» Luisa al mundo francófono. Las traducciones que han seguido en múltiples lenguas han extendido su fama en todo el mundo. Pero ¿qué sem-blanza se desprende? Esta mujer fuerte y libre de su tiempo ¿qué aporta precisamente a los hombres y mujeres del siglo XXI?
El mundo ha cambiado desde la época de Luisa de Marillac pero, a través de los siglos, ella aporta a este mundo dominado por la tecnología los valores universales y permanentes y el calor en las relaciones humanas. Trescientos cincuenta años después de su muerte, algunos de esos valores adquieren una importancia particular para la familia vicenciana, a saber:
El papel de la mujer
Mujeres Campesinas: Mucho antes de la Carta, Luisa ha buscado mejorar la situación de la mujer campesina: Posibilidad de vivir una nueva forma de vida consagrada; formación humana, espiritual y profesional; preparación para asumir la responsabilidad como educadoras de los Niños Expósitos; maestra de escuela para las niñas pobres; cuidadoras de enfermos pobres y abandonados.
«Debéis estar agradecidas a las gracias que Dios os ha hecho al poneros en estado de ofrecerle tan grandes servicios (Escritos 270). No os asustéis… (Escritos 816).
Mujeres de la Burguesía y de la Nobleza: Luisa de Marillac estaba bien situada para establecer el enlace entre las campesinas, que eran las Hijas de la Caridad y las Damas de la Caridad que eran de la alta sociedad. Eso porque, como una Marillac, tenía su lugar en este medio, pero ella había elegido vivir en comunidad con las campesinas. Mientras que formaba a las primeras Hijas de la Caridad para el servicio de los pobres, con frecuencia en colaboración con las Damas de la Caridad, su papel al lado de las Damas era, la mayor parte del tiempo, el de la animación. Con sus palabras y sobre todo por su forma de actuar intentaba abrirles al respeto de cada persona, ayudándoles a descubrir bajo las apariencias la dignidad de los pobres, respetando y trabajando con las Hijas de la Caridad en pié de igualdad.
…las Damas de la (Caridad) han reconocido las necesidades delos pobres y… Dios les ha hecho la gracia de socorrerles de formatan caritativa y magnífica… Los medios que estas Damas caritativas utilizan para el orden de sus distribuciones, han sido sussantas Asambleas… suministrando… personas fieles y caritativaspara reconocer las verdaderas necesidades y suministrarles, prudentemente, lo que ha servido no solamente para lo corporal,sino también para lo espiritual (Reflexiones de Luisa de Marillac, Documentos 788).
Red de Caridad
Luisa de Marillac jamás ha concebido el servicio de los pobres como algo reservado a un grupo particular. Para ella, la diversidad y la amplitud de las necesidades requerían una red enorme de colaboración: mujeres y hombres; Damas de la Caridad, Sacerdotes y Hermanos de la Misión, Hijas de la Caridad, Padre de los Pobres (Administración Municipal).
Para asegurar un servicio eficaz, ésta colaboración tenía sus exigencias. Para comenzar, una obra de colaboración vicenciana exige de cada uno la voluntad de reconocer y aceptar la personalidad del otro con sus cualidades y sus defectos.
Renovaos en el espíritu de la unión y la cordialidad… El ejerciciode la caridad… nos lleva siempre a no ver los defectos del otro con acritud, sino a excusarles siempre humillándonos (Escritos 312).
En segundo lugar, una colaboración así exige de todos el respeto mutuo, la capacidad de acoger la palabra del otro intentando expresarse.
«Presentad humildemente vuestras razones con fuerza, dulzura yconcisión» (Escritos 141).
Finalmente, el servicio de los pobres no será jamás vicenciano si no se caracteriza por el calor humano, por las calidades femeninas de las que Luisa de Marillac habla tan frecuentemente y realiza en su propia vida: compasión, ternura, dulzura, en una palabra AMOR.
«Sed muy afables y dulces con vuestros pobres; sabéis que sonnuestros maestros y que es necesario amarles con ternura y respetarlos grandemente. No es suficiente que estas máximas esténen nuestro espíritu, es preciso que nosotros lo testimoniemos connuestros cuidados caritativos y dulces» (Escritos 319).
Preguntas para la reflexión personal y en grupo
- ¿Qué encontráis en las palabras y el ejemplo de Luisa de Marillac que os toca personalmente, que viene a ser para vosotros como un desafío?
- ¿Pensáis que es útil desarrollar la colaboración vivida por Luisa de Marillac entre los diferentes grupos de la Familia Vicenciana? ¿Qué inconvenientes veis? ¿Qué ventajas? ¿Cómo pensáis vivir actualmente esta colaboración?
Power Point:
Realizado por Sor María Vicenta Díaz, Hija de la Caridad, de la Provincia de Madrid-Santa Luisa.
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Formato PPT (Power Point):
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