De la religión de san Pedro (II)

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

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Author: Miguel Pérez Flores · Year of first publication: 1992 · Source: CEME.
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SECULARIDAD DE LA CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN

Será del cuerpo del clero secular (X, 437)

14.- Son muchas las veces que san Vicente dijo que los misioneros no eran religiosos, sino del clero secular. El Breve «Ex Commissa Nobis» afirma que, no obstante los votos simples de pobreza, castidad, obediencia y estabilidad, y no obstante la exención, la Congregación seguirá siendo del clero secular (cf. X, 437). Lo mismo leemos en el Breve «Alias Nos» (cf. X, 552). Hoy nos resulta difí­cil unir armónicamente todos estos extremos. Se plantea, pues, la cuestión de la secularidad de la Congregación de la Misión.

15.- En primer lugar, es necesario precisar qué es lo que san Vicente enten­dió por secularidad de la Compañía y ser del clero secular. El término «secular» tiene hoy significados muy diversos. Se emplea en teología, en sociología y en derecho con connotaciones diversas. El uso que san Vicente hizo del vocablo secu­lar se limitó exclusivamente al campo del derecho canónico, y dentro de este campo, lo usó san Vicente para marcar la diferencia de la Congregación de la Misión con las Ordenes y Comunidades religiosas o simplemente con los religio­sos. San Vicente quiso fundar una Congregación que, libre de las trabas conven­tuales y monacales, se dedicara lo más ágilmente posible a la evangelización de los pobres.

16.- Dada la legislación existente en tiempo de san Vicente, sobre todo, desde la constitución «Lubricum genus» (17 de noviembre de 1568) de san Pío V, no existían más espacios para las comunidades que el religioso o el secular. Una Congregación nueva, si era aprobada, necesariamente lo era como secular. Esta situación canónica ha durado hasta la «Conditae a Christo» de Leon XIII (8.12.1900), de tal manera que, muchos fundadores quisieron fundar verdaderas religiones y no pudieron.

17.- La insistencia de san Vicente en calificar a los misioneros como del «cuerpo del clero secular», ¿tenía alguna otra intención? Es posible que buscase, además de evitar el peligro de que Roma no aprobase la Congregación «porque tendía a religión», ni aprobase los votos porque sonaban a religiosos, tuviera la intención de suavizar las relaciones con los obispos y clero secular y la de calmar a los miembros de su comunidad poco afectos a ser tenidos como religiosos.

18.- La intención de san Vicente no fue captada por los organismos roma­nos o no veían con claridad cómo a la Congregación de la Misión se le podía aplicar, sin más aclaraciones, el calificativo de secular. En la Bula «Salvatoris Nos­tri», no aparece el término secular, a pesar del interés puesto por san Vicente, en sus peticiones de aprobación. El Breve «Ex Commissa Nobis» lo usó como san Vicente lo quiso, pero prácticamente quedó desvirtuado por la concesión, a ren­glón seguido, de la exención. Quizás esta desvalorización de la «pertenencia» al clero secular fue la razón por la que algunos misioneros se disgustaron tanto, al leer la concesión de la exención al mismo tiempo que la aprobación de los votos (cf. V, 431). San Vicente afirmó que no intervino en la mención de la exención, en el Breve «Ex Commissa Nobis». Hay que creerlo, pero el Papa lo consideró necesario para dar pie a unas relaciones pacíficas y aclarar en cuanto fuera posi­ble la situación de la Congregación, con relación a los obispos.

19.- Este hecho se ha dado otras veces en la historia de la Congregación: La Congregación, al pedir la aprobación de las Constituciones de 1954, pidió que se la considerara del clero secular. En la aprobación de las Constituciones, no aparece el término secular. En el proyecto de las Constituciones de 1980, la Congregación de la Misión pidió una vez más que constara su índole secular. La Congregación de Religiosos rogó al Superior General o que suprimiera el término o que lo explicara. Se optó por la explicación, la que consta en el art. 3, 2, de las Constitucioones actuales, es decir, en un sentido histórico-pastoral. Gracias a esta explicación, la Congregación romana aceptó que el término «secular» se mantuviera en las Constituciones actuales.

20.- Ob¡etivamente hablando, ¿en qué sentido podemos decir que la Con­gregación de la Misión, siendo exenta, pertenecía al clero secular? La respuesta conocida, no somos religiosos, somos del clero secular, no bastó en tiempos de san Vicente, ni después, ni ahora. Decir que la Congregación de la Misión perte­nece al clero secular fue siempre una ficción, una ficción de derecho, inventada con mayor o menor fortuna para decir que la Congregación no era una Religión Canónica y que, no obstante emitir votos, tampoco la convertían en Religión canó­nica. El sentido que de alguna manera puede justificar la afirmación vicenciana es el expuesto en la C 3, 2, el sentido histórico-pastoral: La Congregación de la Misión, según una tradición que tiene su origen en san Vicente, ejerce su aposto­lado en íntima colaboración con los obispos y con el clero diocesano. Por esta razón, san Vicente afirma que la Congregación de la Misión es secular, aunque goce de autonomía propia, concedida bien por la ley universal, bien por la exen­ción. El sentido histórico-pastoral que se da a la secularidad encaja muy bien con una de las ideas madres del nuevo derecho de la Iglesia, la unidad pastoral bajo la guía del obispo y del clero diocesano, eje de toda pastoral en las Iglesias loca­les (c. 375; 738).

21.- Otra cuestión es, si el término secular puede entenderse con otro signi­ficado, v.g.: de más apertura al mundo, superación de algunas prácticas religio­sas y hábitos de comportamiento religioso, que impiden hoy la evangelización en el mundo secular, y a los hombres impregnados de secularismo. Un intento en este sentido se dio, a mi parecer, en las Asamblea General de 1968-1969. En el art. 6 de las Constituciones Provisorias de 1969, se lee: La Congregación enraizada, por su carácter secular, en la realidad humana, interviene activamente en la suerte y en los cambios del mundo. No es posible negar cierta relación entre la secula­ridad de la Congregación y su presencia y apertura al mundo. La presencia acti­va de la Congregación en el mundo es exigencia más de su misión evangeliza­dora que de su secularidad. Hablar de la secularidad de la Congregación, en este sentido, es salirse del marco dentro del cual se planteó históricamente. Actual­mente, la cuestión de la secularidad de la Congregación se puede tratar desde el punto de vista histórico, como curiosidad histórica, como algo del pasado, sin con­secuencias prácticas, comunitarias y pastorales, o a partir de la secularidad, tal como está descrita en el art. 3 § 2 de las Constituciones actuales.

LA » RELIGIOSIZACIÓN» DE LA CONGREGACIÓN

La Congregación de la Misión, según una tradición que tiene su origen en san Vicente, ejerce su apostolado en íntima cooperación con los obispos y con el clero diocesano (C 3, 2).

22.- Los votos ¿han sido causa u ocasión de que la Congregación viva según el modo de vivir de los religiosos? A muchos misioneros, les ha preocupado la «religiosización» práctica de la Congregación, pero no consta que los votos sean la causa principal del tan fenómeno. Para el P. Chalumeau, la «religiosización» ha sido continua, sobre todo, a partir del superiorato del P. Etienne». Esta tendencia ha sido reforzada por la mentalidad reinante en la Congregación de Religiosos, propensa a unificar la legislación entre los religiosos y las comunidades de vida común, como antes dijimos. Las Constituciones de 1954 son un ejemplo de esta propensión. Los Superiores Generales, en sus circulares anuales, alabaron la labor apostólica y misionera que se lleva a cabo en la Congregación, pero abundaron más en poner cautelas que en alentar la creatividad y la audacia.

23.- Dentro de la cuestión de la «religiosización» de la Congregación, se plantean dos cuestiones:

1º El «conventualismo» de la Congregación, es decir, la tendencia a insistir y a reforzar los elementos de la vida personal y comunitaria propias de los conventuales y monjes, como pueden ser el recogimiento, la huida del mundo, los ejercicios de piedad, la presencia física en la comunidad, la exageración de los peligros en el contacto con el mundo, y la creación de estructuras y prácticas en este sentido. Se ha repetido con frecuencia que el misionero debe ser «cartujo en casa y apóstol en el campo». No se puede negar que esta imagen del misionero tenía fundamento en la el estilo de vida que algunas comunidades locales ofrecían a los obser­vadores, clérigos y laicos, del estilo de vida comunitaria de los misione­ros. La práctica de las Reglas Comunes creaba fácilmente dicha imagen de cartujos en casa por la ley del silencio y apóstol en el campo por la tarea de las misiones. El origen de esta tendencia está en Abelly, que pone en boca de san Vicente el siguiente pensamiento: Decía que la vida de un misionero debía ser la de un cartujo en casa y la de un apóstol en el campo y que, según vaya esforzándose con mayor interés en su per­fección interior, también sus afanes y sus trabajos serán más fructuosos para el bien espiritual de los demás (XI, 801).

2º. El «secularismo». La otra tentación es de signo contrario: la tentación del secularismo, es decir, la tendencia a estar más metidos en el mundo, actuar desde él, asumir comportamientos mundanos o asumir lo que es propio de los institutos seculares, abrir la comunidad a todos los vientos.

24.- Estas tentaciones son casi inevitables. Depende de los valores prepon­derantes del tiempo, la cultura ambiental, de cómo se reacciona ante ellos, de la mentalidad de los superiores, de las mismas necesidades de la comunidad. La Congregación no es una isla, y necesariamente se ve influida por el entorno ecle­sial y social. La Congregación ha sufrido ambas tentaciones: en el siglo pasado, la conventual y actualmente, la secular, a causa del ambiente secular que rodea hoy a la Congregación en casi todas las naciones, en las que trabaja. En las Asambleas Generales, se nota la misma tendencia. Las del siglo pasado y parte de las del siglo presente tendían a cerrar la comunidad para librar a los misioneros de los peligros del mundo. En las Asambleas posteriores al Concilio Vaticano II, la tendencia prevalente ha sido la de fomentar la apertura al mundo, sin temer la posible «mundanización».

25.- La recta comprensión y el esfuerzo por llevar a la práctica las Constitu­ciones y los Estatutos actuales, concernientes a la vida comunitaria, son los mejo­res medios para lograr que la Congregación sea fiel a la secularidad que le es propia. La Const. art. 24, 4º dice: nos esforzaremos con todo cuidado, por crear las condiciones necesarias para el trabajo, el descanso, la oración y la vida fra­terna; por eso, emplearemos con discreción y prudencia los medios de comunica­ción y, salvando las exigencias del apostolado, reservaremos una parte de la casa para la intimidad de la comunidad.

26.- En este contexto de la «religiosización» de la Congregación, se plantea otra cuestión. Las estructuras de la Congregación ¿son ambiguas? En la Asamblea de 1969, uno de los asambleístas afirmó que san Vicente nos había dejado la Congregación en una situación canónica ambigua. Por una parte, dijo que la Con­gregación no era una religión, pero por otra, introdujo en las Reglas Comunes prácticas conventuales, como el capítulo de faltas, el silencio en el refectorio, el rezo del oficio divino en común, etc. Más aún, san Vicente fue consciente de la posible ambigüedad. En la carta que escribió al P. Rivet, el 28 de julio de 1658, le advierte que no convenía hablar de votos sino de virtudes, dado que las per­sonas del mundo podrían tomarlos como votos religiosos, y a pesar de que son simples y dispensables, y tenernos por religiosos, a pesar de que no lo somos (VII, 193). La conclusión del asambleísta era que teníamos que sobrellevar el fardo de la ambigüedad.

27.- Creo que es un planteamiento fuera del contexto en el que san Vicente actuó. San Vicente, al introducir los votos no religiosos, buscó la libertad de acción para crear una Congregación vigorosa, espiritual, comunitaria y apostólicamente. Para ello inventó y recogió aquellas estructuras y prácticas que creyó buenas, sin importarle si se practicaban en otras comunidades religiosas. No tuvo las preocu­paciones que actualmente tenemos de si la Congregación se «conventualiza» o se «seculariza».

28.- No es posible negar que las estructuras y las prácticas configuran de alguna manera a la persona y a las comunidades, ni que pueden resultar con el tiempo obsoletas. La Congregación ha abandonado algunas de ellas y ha intro­ducido otras. Tampoco el problema del conventualismo o del secularismo de la Congregación se resuelve por el abandono de unos cauces y la introducción de otros, o por cambiar de prácticas tradicionales. El sentido misionero y la fidelidad a las exigencias de la misión evangelizadora, globalmente considerada, son los criterios determinantes del valor de las estructuras y de las prácticas comunitarias. Este fue el criterio de san Vicente.

 

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