Analizamos nuestra realidad
Al iniciar nuestra catequesis respondemos a las siguientes preguntas:
- ¿Qué es «vida pública»?
- ¿En qué lugares se hacen presentes los jóvenes en general?
- ¿Los jóvenes cristianos están presentes en la vida pública? Ejemplos concretos que conozcas.
La presencia de los cristianos en los medios de comunicación, en los debates, en las redes sociales, en los foros, en los consejos de la juventud…, en resumidas cuentas, en la vida pública es reducida o al menos insuficiente. La fe no puede relegarse al ámbito privado, no podemos caer en la tentación de dejar nuestra fe para nuestros espacios privados y nuestros tiempos de sobra. Jesucristo se presentó en medio de su sociedad para ser testigo y transformar una sociedad anquilosada por la tradición y perturbada por el pecado.
Son varios los factores que pueden explicar esta deficiencia en los jóvenes cristianos. Estos son algunos de los que nosotros intentamos intuir:
- La apatía. A los jóvenes, en general, se nos acusa de apáticos, de nuestra falta de compromiso con los problemas sociales y las causas justas. El joven cristiano imbuido de esta tendencia generalizada no siente necesidad de mostrarse y ser agente de cambio.
- La vergüenza de ser Cristiano. Otra de nuestras ataduras es el miedo al qué dirán. Sabiendo que el ser cristiano es ir contra corriente y que las críticas, e incluso las burlas, les llueven a aquellos que reconocen necesitar a Dios en su vida. Son por eso motivos que hacen que dejemos de lado nuestra Fe cuando salimos del grupo vicenciano al que pertenecemos e incluso llegamos a renegar de lo que somos, como Pedro, ante alguna crítica directa.
- La cobardía. En otras ocasiones, los jóvenes somos testigos de abusos e injusticias y en nuestro corazón bullen sensaciones que querríamos convertir en acciones concretas, en signos de lucha, en demostraciones públicas… pero enterramos todo ello por cobardía. Por preferir no «mojarnos» a vernos expuestos ante lo desconocido.
Esta es parte de la realidad, pero también sabemos que estos factores, que merman nuestra presencia en medio del mundo, podemos transformarlos.
- ¿Qué actitudes opuestas a éstas, son necesarias para que la presencia de los jóvenes cristianos en la vida pública se haga realidad?
Iluminamos nuestra realidad con la Palabra de Dios
Dejamos que la Palabra de Dios ilumine la realidad que hemos analizado. Leemos y comentamos los siguientes textos:
- Mt 5,13-14
- Jr 1,17-19
- Hch 2,1-12
Responsabilidad por la vida pública
La exhortación Christifideles laici (30-XII-1988) es la Carta magna sobre los fieles laicos, su vocación y misión. El texto prolonga la reflexión del Concilio Vaticano II, asumiendo la rica experiencia del camino posconciliar, enriquecedor y renovador. Un camino, sin embargo –se observa en la introducción–, no exento de dificultades. Concretamente se alude a dos «tentaciones» en los laicos mismos: «La tentación de reservar un interés tan marcado por los servicios y las tareas eclesiales, de tal modo que frecuentemente se ha llegado a una práctica dejación de sus responsabilidades específicas en el mundo profesional, social, económico, cultural y político; y la tentación de legitimar la indebida separación entre fe y vida, entre la acogida del Evangelio y la acción concreta en las más diversas realidades temporales y terrenas» (n. 2).
Estas dos «tentaciones» o riesgos pueden verse como consecuencia de un doble contexto histórico-social: de una parte, desde hacía muchos siglos, una extendida mentalidad que reservaba a los clérigos la responsabilidad de la edificación de la Iglesia, y, en consecuencia, consideraba a los laicos como meramente receptores de la salvación. A esto se ha venido sumando la progresiva descristianización de la sociedad, acelerada a partir de la revolución industrial en Francia y Centroeuropa. Pues bien, es este segundo fenómeno, la descristianización creciente, el que constituye la preocupación predominante del documento y determina su perspectiva y su forma de expresarse. Y es que Jesús quiere que especialmente los fieles laicos sean sal de la tierra y luz del mundo (cf. n. 4; Mt 5,13-14).
El texto deja claro que la preocupación por la salvación del mundo y la restauración del orden temporal pertenecen a todos los cristianos, como continuadores de la obra de Cristo, si bien de modos diversos. A los fieles laicos (los cristianos «de la calle», que se santifican en la vida ordinaria y en el seno de la sociedad civil) les corresponde santificar las realidades terrenas (el trabajo, la familia, la cultura y la política, la salud y la enfermedad, el ocio y el deporte, etc.) «desde dentro» del mundo mismo, como fermento o levadura. Es decir, viviendo plenamente su condición o índole secular. Esto significa el compromiso directo en la edificación de la ciudad terrena y en el progreso de los pueblos, por medio de su trabajo y en el transcurso de su existencia cotidiana. Es «ahí», había dicho ya el Concilio Vaticano II, donde Dios los llama a ser santos, a dar testimonio de una vida coherente y a explicar las razones de su esperanza.
Como todos los cristianos, los laicos también pueden contribuir a las necesarias actividades intraeclesiales (la catequesis, la colaboración en la liturgia, el servicio caritativo desde las parroquias, etc.), además de colaborar en ciertas tareas de los Pastores de tal manera que no se confundan las tareas de unos y de otros.
Juan Pablo II impulsó la formación de los fieles laicos ante todo como cristianos (vida de oración, celebración de los sacramentos, coherencia en la vida moral) y particularmente en la Doctrina Social de la Iglesia (encíclicas Laborem exercens, de 14-IX-1981, Solicitudo rei socialis, de 30-XII-1987, y Centesimus annus, de 1-V-1991). Al hacer esto, era bien consciente de que un aspecto central de la misión propia de los fieles laicos es su compromiso en la vida pública, cultural y política, en orden a servir al bien común y especialmente a las personas más necesitadas.
En esta línea sigue insistiendo Benedicto XVI, concretando cada vez más, para que los laicos no se retiren de sus propias responsabilidades. Esto comporta que también los Pastores (sobre todo los obispos) ejerzan las suyas en lo que se refiere a la formación de todos los fieles.
En su discurso del 26 de mayo a los obispos italianos, el Papa les ha insistido en su responsabilidad por la formación de los fieles laicos, para que éstos se impliquen en la vida pública, venciendo «todo espíritu de cerrazón, distracción o indiferencia». Les ha dicho que han de preparar a los laicos para que «quien está llamado a responsabilidades políticas y administrativas no sea víctima de la tentación de explotar su posición por inte-reses personales o por sed de poder». Les ha pedido que apoyen «la vasta red de agregaciones y de asociaciones que promueven obras de carácter cultural, social y caritativo»; que renueven «las ocasiones de encuentro, en el signo de la reciprocidad, entre el Norte y el Sur» (fomentando en el Norte la cultura de la solidaridad y del desarrollo económico, e invitando al Sur a dejar compartir sus recursos y cualidades). Les ha exhortado para que sigan cultivando «un espíritu de colaboración sincera y leal con el Estado», y que animen a cuantos «son llamados a gestionar la complejidad que caracteriza el tiempo presente».
Respondemos a las siguientes cuestiones:
Según los textos
- ¿Por qué es necesaria la presencia de los jóvenes cristianos en la sociedad?
- ¿Esa presencia por quién está inspirada?
- ¿Qué garantiza Dios cuando envía?
- ¿Qué dificultades encuentran los enviados? ¿Cómo las superan?
¿Qué nos dice san Vicente?
Rompe esquemas porque quiere que las Hijas de la Caridad y los Sacerdotes de la Congregación de la Misión estén en el centro de la sociedad, transformándola.
San Vicente de Paúl y los laicos
San Vicente tuvo tentaciones de hacerse con un sitio en la jerarquía eclesiástica, pero los laicos le van a hacer desistir de ese proyecto. Son los laicos quienes le plantean en su vida las cuestiones decisivas:
¿Va a dejar a los campesinos sumidos en la ignorancia religiosa? ¿No haría falta crear unas asociaciones que se encargaran de las miserias más escandalosas?
Más cerca que él de los problemas que había que resolver, serán ellos quienes vayan por delante, con sus ideas. Por ellos, San Vicente se va a dejar interrogar, impulsar y orientar hacia unos horizontes que no había previsto. Devuelve a los laicos sus cuestiones, pidiéndoles que asuman sus propias responsabilidades, ayudándoles a organizarse para enfrentarse con ellas.
El universo donde él vivió era una civilización muy masculina. Las mujeres, más que los hombres, fueron sensibles a las taras de ese mundo tan inhumano, y fueron ellas, sobre todo, quienes fueron sumisas a San Vicente. Fueron ellas las primeras, a las que propuso una organización para canalizar su generosidad, para poner en su sitio unos remedios duraderos a los males del tiempo. Gracias a ellas, madres de familia, damas encopetadas, simples burguesas, modestas campesinas, solteras o viudas se consagran al servicio de los pobres. Por medio de ellas, hace entrever a sus contemporáneos otro tipo de relaciones entre los hombres, un mundo humano y fraternal, donde los humildes no serían los oprimidos de siempre.
| En numerosas ocasiones fueron unos laicos quienes atrajeron la atención de san Vicente sobre los «signos de los tiempos» y así llegaron a orientar y precisar su proyecto misionero. | Folleville-Sra Gondi: «Esa gracia fue la que realizó este efecto saludable en el corazón de aquel aldeano, cuando confesó públicamente, y en presencia de la señora esposa del general, de la que era vasallo, …los enormes pecados de su vida pasada, …entonces aquella virtuosa dama, llena de admiración le dijo al Padre Vicente: «¿Qué es lo que acabamos de oír? Esto mismo les pasa sin duda a la mayor parte de estas gentes. Si este hombre, que pasaba por hombre de bien, estaba en estado de condenación, ¿qué ocurrirá con los demás que viven tan mal? ¡Ah, Padre Vicente, cuántas almas se pierden! ¿Qué remedio podemos poner?» (XI. 699). |
| Aquel hombre murió y aquella señora, al darse cuenta entonces de aquella necesidad de las confesiones generales, quiso que al día siguiente se tuviera la predicación sobre aquel tema. Así lo hice, y Dios concedió su bendición de tal manera que todos los habitantes del lugar hicieron enseguida confesión general… Esto dio origen a que se siguiera con el mismo ejercicio en otras parroquias de las tierras de dicha señora durante varios años,…» (XI, 326-327). | |
| Laicos quienes le hacen darse cuenta de las necesidades que como Iglesia también debía atender. | Châtillon: «…Vinieron a decirme que había un pobre enfermo y muy mal atendido en una pobre casa de campo, y esto cuando estaba a punto de tener que ir a predicar. Me hablaron de su enfermedad y de su pobreza, de tal forma que, lleno de gran compasión, lo recomendé con tanto interés y con tal sentimiento«… (IX, 202). |
| En el origen de la fundación de las Hijas de la Caridad, es también una seglar, Margarita Naseau, quien parece que tuvo la primera iniciativa, que orientaría a San Vicente hacia un servicio de los pobres por los pobres. | «Las señoras (…): servían ellas mismas a los pobres, les llevaban el puchero, los remedios y todo lo demás; y como la mayor parte eran de familias distinguidas y te-nían marido y familia, hablaban entre sí de buscar algunas criadas que lo hiciesen en su lugar. Esta buena Joven, al oír hablar de aquel proyecto, deseó que la ocupasen en él y fuera recibida por las damas. Las de las otras parroquias hicieron lo mismo y me pidieron que les proporcionase algunas. La señorita Le Gras… se encargó de tomarlas bajo su dirección… |
Alertado muchas veces por los laicos, San Vicente se da cuenta bien pronto de los recursos, hasta entonces sin explotar, que los seglares podían poner, en la Iglesia, al servicio de los pobres, y él se convierte en el gran «animador» de los laicos para los pobres.
Provocado con frecuencia por los laicos, San Vicente capta con rapidez la función irreemplazable que tienen que desempeñar en la Iglesia, en favor de los pobres. Pero es necesario poner orden en su abnegación y organizar su acción.
La reacción, poco menos que espontánea, de San Vicente, la tarde del acontecimiento de Châtillon, es particularmente significativa: el compromiso de los seglares, para el servicio de los pobres, debe ser colectivo y solidario.
Los elementos esenciales del pensamiento y de la acción del Sr. Vicente, relacionados con la organización del laicado en la Iglesia en función de los pobres son:
- la necesidad de estar y obrar juntos,
- un proyecto total: «espiritual y corporalmente», así los laicos no podrán contentarse con lo «temporal».
- una relación vital con el Obispo… etc.
San Vicente —en el laicado activo— concedió siempre un lugar preferente a las mujeres. Y haciendo eso, es perfectamente consciente de devolver a las mujeres una función y una responsabilidad, que recobran en la Iglesia, sobre todo en una iglesia para los pobres.
- Como a San Vicente, algunos cristianos, ¿no nos han revelado la voluntad de Dios, en momentos importantes de nuestra existencia, con el testimonio de su vida, sus sugerencias, sus iniciativas?
Nos comprometemos
Teniendo en cuenta la experiencia de Vicente de Paúl y de las ramas laicas vicencianas nacidas en el seno del mismo carisma, estamos llamados a ser testigos en nuestro entorno.
- ¿Cómo?
- ¿En qué foros y medios podemos y debemos estar presentes?
- ¿Qué causas debemos apoyar como vicencianos?
Celebramos
Después de haber compartido esta catequesis, estás invitado a realizar un acto público en tu pueblo y/o ciudad, un acto en el que como grupo expreséis vuestras denuncias proféticas, vuestros compromisos por la justicia en vuestro entorno más cercano.
Cada grupo decidirá la forma de hacerlo, por ejemplo, manifestación en la plaza del pueblo, buzoneo de compromisos y propuestas, oración por los más desfavorecidos, concierto-denuncia…
Para compartir con otros jóvenes vicencianos
- En tu realidad, ¿qué tipo de presencia pública tienes o puedes llegar a tener como cristiano?
- Hay lugares en los que ser cristiano sigue estando «perseguido», si es tu caso, compártelo.
- Relata el acto público realizado como conclusión de la catequesis y la reacción de la gente con la que os habéis encontrado.






