Vida de san Vicente de Paúl: Libro Primero, Capítulo 3

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis Abelly, Vicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Abelly · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1664.

Estudios y promoción a los sagrados órdenes


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Todas esas buenas disposiciones del alma del joven Vicente y su inclinación al bien movieron a su padre a realizar un pequeño esfuerzo, dada la limitación de sus cortas posibilidades, para dedicarlo a los estudios. A ese fin, lo puso de pensionista en los franciscanos de Dax, previo pago de sesenta libras según la costumbre del tiempo y de la región.

Hacia el año 1588 comenzó los estudios con los primeros rudimentos de la lengua latina. Se aplicó de tal manera y realizó tales progresos, que, cuatro años más tarde el Sr. de Comet, el abogado más veterano de la ciudad de Dax y juez del lugar de Pouy, cuando se enteró por el P. Guardián de las buenas cualidades del joven estudiante, se interesó por él, lo sacó del convento de los Franciscanos y lo recibió en su casa para que fuera preceptor de sus hijos. Se hizo cargo de la instrucción y la formación de ellos, y de esa manera pudo proseguir los estudios sin ser carga para su padre. Lo llevó todo a cabo con grandísimo aprovechamiento,  y dedicó nueve años a los estudios en la ciudad de Dax

Al cabo de ellos, el Sr. de Comet, persona de méritos y de piedad, satisfecho con el servicio que el joven Vicente le había prestado en la persona de sus hijos, y con la edificación que había recibido toda su familia de la virtud y sabia actuación de él muy superiores a su edad, pensó que no se debía dejar aquella lámpara bajo el celemín y que sería más provechoso para la Iglesia colocarla en el candelero. Por eso, indujo a Vicente de Paúl, que le tenía gran respeto y que lo consideraba como a su segundo padre, a ofrecerse a Dios para servirle en estado eclesiástico, y le hizo tonsurarse y recibir los cuatro órdenes llamados menores el 19 de septiembre de 1596, siendo de veinte años. Viéndose así comprometido en el ministerio de la Iglesia, y tomando solamente a Dios por herencia, dejó su tierra y nunca más volvió a vivir allí. Y con el consentimiento de su padre, y con algunos ahorrillos que él le dio (para eso vendió una pareja de bueyes). Probablemente en otoño de 1597 se marchó a Toulouse para dedicarse a los estudios de teología durante unos siete años. Es cierto que durante ese tiempo fue a España, y que residió durante algún tiempo en Zaragoza para realizar algunos estudios

El 7 de febrero y el 19 de diciembre de 1598 recibió los órdenes del subdiaconado y diaconado y finalmente el 23 de septiembre de 1600 fue promovido al santo orden del presbiterado. Como después vivió hasta el 27 de septiembre de 1660 se puede deducir que fue sacerdote en la Iglesia de Jesucristo por espacio de sesenta años. Dios sabe cuáles fueron las disposiciones y los sentimientos de su corazón cuando recibió ese sagrado carácter. Si se puede conocer a los árboles por sus frutos y a las causas por sus efectos, al ver la perfección y la santidad con la que este dignísimo sacerdote ejerció las funciones de su sacerdocio, se puede creer con toda seguridad que, en el momento en que fue consagrado sacerdote, nuestro Señor Jesucristo, sacerdote eterno y príncipe de los sacerdotes, derramó sobre él con abundancia la plenitud de su espíritu sacerdotal, y que ese espíritu le dio tan altos pensamientos sobre ese sagrado carácter, que podría hablar siempre de ello con admiración como de una cosa que no podía apreciarse nunca bastante. Reconocía que estaba muy asombrado cuando hablaba del poder maravilloso que Dios graba con un carácter imborrable en el alma del sacerdote en virtud del cual perdona los pecados a los pecadores arrepentidos, y con cuatro o cinco palabras cambia la sustancia del pan y del vino en el cuerpo y en la sangre del mismo Jesucristo, y ofrece ese mismo cuerpo y esa misma sangre en sacrificio a Dios Padre, y distribuye ese mismo cuerpo de Jesucristo como un pan de vida para alimento de los fieles.

Estaba tan penetrado de los pensamientos de aprecio de la excelencia y de la eminencia del carácter sacerdotal y de la obligación indispensable que impone a los que lo han recibido, de llevar una vida purísima, santísima y muy angelical, que más tarde se le oyó decir con frecuencia que si no fuera ya sacerdote, nunca se habría resuelto a serlo por considerarse muy indigno”  aunque él fue tanto más digno cuanto más indigno se creía, pues no hay nadie que merezca estar en los primeros asientos del banquete nupcial del Cordero, sino los que se colocan en el último lugar. No hemos podido  saber en qué lugar ni tampoco cuándo celebró la primera misa. Sólo se le ha oído decir que tenía tal miedo a la majestad de aquella acción tan divina, que estuvo temblando; y que, como no tenía valor para celebrarla en público, eligió para decirla una capilla muy retirada, con la sola asistencia de un sacerdote y un ayudante

Los vicarios generales de Dax, como estaba la sede vacante, en cuanto supieron que estaba ya ordenado sacerdote, a petición del Sr. de Comet y también por el aprecio que sentían por su virtud le procuraron la parroquia del lugar de Tilh. Pero, al ser impugnado por un competidor, que la había solicitado de la curia de Roma, no quiso entablar un proceso (por aquel asunto), y Dios lo permitió así para que no se viera obligado a dejar los estudios que tanto deseaba continuar

Por entonces, ya hacía dos años que había muerto su padre. En el testamento, después de haber hecho el reparto entre los hijos, había declarado que quería y entendía que su hijo Vicente fuera ayudado y sostenido en sus estudios según las posibilidades de los bienes que dejaba. En virtud del testamento Vicente hubiera podido exigir algo de su madre y de sus hermanos; sin embargo, no queriendo serles gravoso ni causarles dificultades, y al ver que no podía seguir en Toulouse, resolvió aceptar un pequeño pensionado que le ofrecieron a cuatro leguas de allí en la ciudad de Buzet. Allí varios gentiles hombres le entregaron sus hijos como pensionistas, y también se los enviaron desde Toulouse, tal como lo informó a su madre en una carta. La gran preocupación que tuvo por la instrucción y buena educación de sus pupilos le procuró la vuelta a Toulouse poco más tarde y allí se llevó a los pensionistas con el consentimiento y el agrado de sus padres. Así pudo, instruyendo al grupito de jóvenes, continuar los estudios de teología. Y lo realizó todo con tanta entrega y diligencia, que, después de haber pasado allí siete años, tal como se puede ver en un atestado auténtico del mes de octubre de 1604 del P. Espíritu Iarran, religioso agustino, doctor regente en teología de la universidad de Toulouse, firmado por él y por el secretario, Assolens, y sellado, recibió el título de bachiller en teología. Así aparece también en otras cartas del mismo mes firmadas por Andrés Gallus, doctor regente y rector de la universidad, y de Assolens, su secretario, y selladas; en virtud de lo cual se le permitió explicar y  enseñar públicamente el libro segundo de las Sentencias 16 en la misma universidad, tal como aparece en otras cartas del mismo año, selladas y firmadas por Coelmez, canciller de la universidad de Toulouse, y de Soffores, tesorero. Estos tres documentos los han encontrado después de la muerte del gran Siervo de Dios, algunos de su Compañía que, en vida del señor Vicente, los desconocían en absoluto. Por lo tanto, habida cuenta de las memorias mandadas de su tierra, se puede deducir que estuvo más de seis años continuos estudiando, ya en la ciudad de Dax, ya en la universidad de Toulouse

No fue de los que se dejan hinchar por un poco de ciencia que creen tener. Al contrario, ocultaba lo adquirido, y por un movimiento de humildad bastante extraordinaria, trataba de persuadir a los demás de que estaba en posesión de muy poca ciencia. Y con frecuencia, al hablar de sí mismo, se llamaba pobre estudiante de cuarto para dar, en cuanto podía, una baja opinión de su ciencia. Al hablar así no decía nada contra la verdad, puesto que era cierto que había sido estudiante de cuarto; pero, por un artificio de la virtud de la humildad, cubría con el velo del silencio los demás estudios; y aunque, en las ocasiones en que se trataba de intereses de la verdad o de la caridad, se vio obligado a hablar y a dar a conocer que no ignoraba cosas que su condición le obligaba a saber. Con todo, estaba muy contento porque creyesen que no poseía nada de ciencia, con el fin de reprimir esa viciosa inclinación procedente de la raíz de la soberbia y que ordinariamente la encontramos entados los hombres: la de hacerse pasar por capaces y entendidos cada cual en su profesión; hasta los más ignorantes e inhábiles fingen estar en posesión de semejante reputación tanto y a veces más que los demás. Pero, Vicente de Paúl, aunque abundantísimamente dotado de doctrina y de capacidad, de buena gana se aplicó así mismo el lema del Apóstol, y hubiera podido decir imitándole, que no quise saber entre vosotros, sino a Jesucristo, y éste crucificado”. Esa era su ciencia principal y su más alta sabiduría; ése era el libro que siempre tenía abierto ante los ojos de su alma, y del que extraía conocimientos y luces mucho más elevadas que todos los que hubiera podido sacar de otras ciencias, aunque buenas y santas, adquiridas en el curso de sus estudios.

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