Vicente de Paúl, Carta 0911: Al Padre Antonio Portail, En La Rose

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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París, 6 octubre [1646].

Padre:

La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Recibí ayer dos cartas suyas, una del 21 y [otra del] 22 de septiembre. Le escribiré al padre… le envío la presente por correo expreso.

¡Dios mío! Padre. ¿Qué vamos a hacer con lo que usted nos dice? No creo que sea posible hacer que esa persona modifique sus opiniones, dada su manera de ser y que ya ha llegado a decir que los concilios no han entendido bien las Escrituras. Retirarlo, no le va tampoco ese bien a su espíritu. El otro es pacífico y tornadizo; éste, un poco atrabiliario y testarudo. Es molesto mantenerlo, y también lo es despedirlo; no obstante, pensándolo bien, tendrá que salir de allí.

Ya verá usted por la que le escribo y que le envío a usted abierta, para que luego la selle con nuestro sello, que le pido se vaya a Richelieu, adonde procuraré ir a verle y decirle lo que hay que hacer. Diga o haga lo que sea, usted procure mantener su espíritu de mansedumbre y de humildad.

Si el padre Boucher desea seguirle, dígale que se necesita una orden mía para ello. No es conveniente que le acompañe; si lo hace por su cuenta, ya veremos.

En cuanto a la persona que hay que poner en su lugar, lo que usted me dice del padre Dufour para Cahors y del padre Delattre no es posible hacerlo por lo que respecta al padre Dufour; eso le disgustaría mucho al señor obispo de Saintes. Se me ha ocurrido lo siguiente: poner al padre Testacy en Cahors, si le parece bien al señor obispo y no ve usted inconveniente en ello, dada su conducta y la proximidad de su buena madre. Parece hombre de sentido común, bastante fiel en sus prácticas, bien formado y entendido en los negocios. [Es] una pena que acabe de ser ordenado y que a [la familia] le costará un poco verle [llegar] de un salto a este cargo; pero, como]os padres Water y Treffort son buenos y sin ambiciones, podrá usted hacérselo comprender haciéndoles ver la inteligencia que él tiene en los negocios. En cuanto al señor obispo de Cahors, quizás lo encuentre usted bien dispuesto; si no, procuraremos enviarle al padre Grimal o al padre Berthe. Había pensado en el padre Bourdet, pero creo que lo enviaremos a Irlanda, de donde nos piden con urgencia misioneros del país bajo la dirección de un superior francés. Podrán salir dentro de quince días, si el padre Bourdet está preparado.

Quedarán ahí el padre Riou, un buen padrecito de Normandía, el padre des Noyelles, el padre Le Soudier; el otro ha partido para Berbería y está todavía en Marsella, sin saber si irá, debido a un encuentro con un recoleto, que lo ha suplantado; además, no sabíamos si enviarle a él o al padre Lesage.

Si el padre Le Soudier no va a La Rose, irá allá el padre Cuissot el joven, que ocupa su lugar y lo está haciendo muy bien, y el padre Perraud irá a Saintes. Procuraremos enviar cuanto antes a los otros dos.

De nuevo hemos vuelto a Saint-Méen, por decreto del Consejo; pero el parlamento, cuyo comisario que echó a los nuestros y cuyo procurador general han sido citados personalmente, está tan enfadado que no creo que podamos tener paz si las cosas no se arreglan. Por eso hemos enviado allá al padre Codoing.

Cuando haya partido ese buen padre, habrá que acabar con el trato con esas señoras y despedir a esos mozos si no pagan una pensión razonable.

El señor obispo de Cahors me ha dicho que le gustaría que le hiciera usted una visita. Le abrirá [su corazón]. Está un poco enfadado conmigo, según creo, por no haberle [servido] bien en el proceso que esos buenos padres tenían aquí.

Creo que ha sido lo más indicado que usted se quedase en La Rose hasta que las cosas se encuentren en la mejor situación en que usted pueda dejarlas.

Creo que no tendremos ninguna dificultad en hacer cambiar lo que usted y el padre Dehorgny juzguen conveniente que se cambie en los oficios que me indiquen, o en las demás cosas. No dejaré de urgir al señor obispo coadjutor, que es muy lento.

Somos unos 40 los que estamos de retiro. Yo asisto al grupo de sacerdotes. Dios me ha dado fuerzas para ello. Estamos en el día octavo. Sólo falta ya nuestra visita, que he pensado retrasar hasta que usted vuelva; ruego a Dios que pueda usted regresar lo antes posible.

Le escribiré a Marsella y le enviaré allá las reglas comunes en latín.

Entretanto abrazo a esa pequeña comunidad con toda la humildad y el afecto que me es posible. Soy su muy humilde servidor,

VICENTE DEPAUL,

Indigno sacerdote de la Misión.

El padre Bourdet me ha presentado grandes excusas por haberse atrevido a contradecirle a usted, y me promete seguir lo que usted le ordene. Si no va a Irlanda, podemos enviarlo a La Rose, si no cuenta usted con alguno de los dos que le he indicado.

Le he escrito al señor obispo de Cahors, debido a que él me había ordenado retirar al padre Delattre; he pensado indicar le que no teníamos ningún otro que entendiese los asuntos como él, pero que haremos sin embargo lo que él ordene.

Dirección: Al padre Portail, sacerdote de la Misión, en La Rose.

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