París, 12 agosto 1646.
Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Le escribo un poco de prisa; es para decirle que alabo a Dios por la forma con que usted trabaja y que le ruego le bendiga cada vez más en Richelieu y en otras partes.
Hace algunos días que estoy pensando si será preciso que le mande venir para retocar nuestras reglas, a propósito de lo que usted me dijo que hay que cambiar; como supongo que usted se acordará, le ruego que me lo indique, ya que no puse la atención debida cuando usted me habló de este asunto y ahora me cuesta arreglarlo por mí mismo. Es que el señor obispo coadjutor, que tiene ahora sus facultades para aprobar nuestras reglas, por haber delegado en él el señor arzobispo durante su ausencia, quiere trabajar en ello. Dígame, pues, de nuevo lo que piensa que hay que cambiar en nuestras reglas y en las de las Hijas de la Caridad.
Notará usted algún trajín en Saintes y en La Rose. Hemos enviado al padre Dufour como superior al primer lugar y le hemos dado el padre Noyelles, quien está herido por el modo de ser de dicho padre Dufour hasta tal punto que está muy impresionado y el buen padre Le Soudier está de acuerdo con él, pues me ha escrito de forma que parece estar molesto; así pues, creo que será conveniente que tome usted alguno de Richelieu, si puede ser, en lugar del padre Noyelles, y que lo envíe usted. Es menester que sea un hombre que predique, ya que tendrá que dirigir la misión en Saintes, mientras que el padre Dufour llevará el seminario. El padre Bourdet se entendería bien con el padre des Noyelles; pero no acabo de ver a quién podría usted retirar de allí; nada le digo de Saint-Méen, ya que los benedictinos reformados los han echado de allí por medio de un decreto del parlamento; se está trabajando para que vuelvan y hay una orden del Consejo para ello.
Al padre Le Soudier será fácil buscarle algún sitio.
De La Rose, Dios ha dispuesto del buen padre Jegat, que era una joya en la Compañía. Se ahogó en el Lot, que pasa cerca de allí, adonde había ido a bañarse por prescripción médica. Mande hacer las preces y las conferencias acostumbradas. Sólo nos quedan cuatro misioneros, de los siete que debería haber allí; mandaremos cuanto antes a tres, para llenar las plazas vacías. Si puede ser, enviaremos al padre Michel, párroco de Normandía, muy juicioso, pero que sólo lleva tres o cuatro meses en el seminario.
Le ruego a Nuestro Señor que les bendiga en esa casa, como en todas las demás. Tengo que terminar, ya que el padre Dehorgny urge para Roma.
No puedo escribirle de mi mano al padre Alméras. Lo saludo de corazón con todo el cariño que Nuestro Señor sabe, así como a todos los de esa casa, postrado en espíritu a los pies de todos. Soy, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde y obediente servidor,
VICENTE DEPAUL
Indigno sacerdote de la Misión.
Dirección: Al padre Portail, sacerdote de la Misión, en Richelieu.







