París, 14 de noviembre de 1640.
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Sus cartas siempre me dan mucho consuelo, aunque no progresen nuestros asuntos. Sé que no es posible añadir nada a sus esfuerzos y que nada hay que decir en contra de usted, de su celo y de su prudencia. Nuestro Señor le ha dado estas virtudes en abundancia y lleva adelante este asunto según el orden de su eterna providencia. Esté seguro, padre, de que algún día verá que todo ha sido mejor así; a mí me parece que lo veo ya con mayor claridad que la del sol que me ilumina. ¡Qué bueno es dejarse guiar por su providencia! La dificultad por parte de aquí ha consistido en que el que todo lo puede no ha creído conveniente que yo entregue la carta que usted envió, para informar a Su Santidad sobre nuestra obra, y me ha dicho personalmente, hace sólo tres días, que dejemos que venga otro y que entonces él mismo llevará adelante el asunto. Esperemos, pues, padre. Y si entretanto puede usted obtener el permiso para tener una pequeña residencia en Roma, hágalo.
Trabaje lo más mansamente que pueda con sus pastores; lo que usted me indica me ha llenado de alegría, ya que puede usted decir con razón que pauperes evangelizantur.
En medio de estas tareas siga trabajando en nuestros pequeños asuntos, lo mismo que hacemos aquí con nuestras reglas, que vamos ajustando en todo lo que podemos a lo que usted me indica. Creo que nos quedaremos en que se haga el propósito de vivir y morir en la Misión, en el primer año de seminario; en el voto simple de estabilidad, el segundo año de seminario; y hacerlo solemnemente al cabo de ocho o diez años, según crea conveniente el superior general. Esto equivaldrá en cierto modo a la facultad de expulsar a los incorregibles. Habrá que tomar algunas precauciones a propósito de los votos de pobreza, castidad y obediencia, como la de fulminar todos los años la excomunión contra los que posean algo propio. Parece que la mayor parte de nuestros amigos piensan de esta forma y que es común su desaprobación de que seamos estado religioso, lo cual puede evitarse por este medio, aunque tengamos motivos para cultivar su espíritu.
En relación con los señores obispos, nos sometemos a su obediencia, lo mismo que los siervos del Evangelio a su señor, en lo referente a las funciones externas y a su castigo por las faltas externas fuera de nuestra casa. El obispo de Meaux ha expresado su deseo de que nos sometamos a él para las faltas de la casa en estos tres casos: asesinato, mutilación de alguno de la compañía y libertinaje en dicha casa. Y en lo tocante a la disciplina doméstica, gobierno de la congregación, elección y dimisión de los superiores y traslado de un lugar a otro, y la visita, para todo esto estará el superior general. Qué le parece a usted?
Estamos trabajando por obtener el consentimiento para la unión con el general del Espíritu Santo, en esta parte de la frontera. Le envió a usted poderes para que la persona que ha sido designada por dicho padre general pueda renunciar en favor del padre Dehorgny, Le ruego que lo diligencie cuanto antes y que haga expedir la creación (?) de la pensión de cien escudos que se ha reservado para él. Estamos ya de acuerdo con la ciudad de Toul, aunque no se ha puesto nada por escrito. Le ruego, padre, que no pierda tiempo en este asunto y que no le diga a nadie lo que le he escrito sobre la carta que usted me envió para informar a Su Santidad, ni sobre lo que se me ha prometido.
Entretanto soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL
Le doy las gracias por el cuidado que tiene usted de las hermanas de las que le escribió el señor de Saint-Aignan, y le ruego que las siga ayudando.
Dirección: Al padre Lebreton, sacerdote de la Misión, en Roma.







