Artículo segundo: Oriundez hispánica de San Vicente de Paúl
Los padres del santo se llamaban Juan de Paúl y Beltranda de Moras, procedentes de Tamarite de Litera, región del Alto Aragón, lindante con la provincia de Lérida.
R.anquines era un caserío de Pouy, en donde se había instalado el matrimonio de Paúl y Moras. «Poseían, al decir de Abelly, una casa y una cortas heredades que trabajaban y ponían en producción por sus propias manos, en cuyas tareas eran ayudados por sus hijos, que eran seis: cuatro varones—Juan, Bernardo, Vicente y Gayón, diminutivo de Domingo—y dos mujeres, ambas llamadas María, distinguiéndose la segunda por el sobrenombre de Claudina.»
Los motivos de la emigración al otro lado de los Pirineos los encuentra Faj arnés en las frecuentes guerras entre los condes de Ribagorza y Sobrarbe con Felipe II, que culminaron en aquella mañana del 20 de diciembre de 1591, en que fue decapitado el Justicia de Aragón, Juan de Lanuza; sangrienta jornada que tuvo sus orígenes en los «escándalos y atropellos de Ribagorza» en las «cuadrillas de ladrones», «partidos encontrados» y, otra gente de mal vivir que esa tierra inquietan, cometían desmanes, saqueos, violencias, muertes, exacciones, sacrilegios e intrigas, que devastaron por aquella época estas regiones.
El joven diplomático español, doctor don Orencio Millaruelo, vilmente asesinado en Manila, que en su árbol genealógico demuestra entroncar con la familia de San Vicente de Paúl, a través del canónigo fundador de nuestra antigua Casa de Barbastro, en la primera mitad del siglo XVIII, cree descubrir la verdadera causa de la emigración de la familia de San Vicente en la institución del «mayorazgo», en virtud de la cual el mayor de los hermanos era instituido heredero universal de todos los bienes paternos, y los demás sólo recibían una pequeña participación, lo suficiente para empezar a ganarse la vida. Y siendo el padre de San Vicente uno de tantos hijos, hubo de abandonar la casa solariega, vender lo poco que le tocó y apelar al recurso que habían tomado otros antes que él, y aun de su misma parentela, de emigrar a Francia, comprar algunas tierras de labor y algunos ganados, y establecer en el vecindario de Pouy una casa, que, por ser él cojo, los vecinos le llamaban «Ranquines», que en El dialecto local, según afirma el P. Serpette, C. M. significa `la casa del cojo». Fajarnés ha comprobado, por los archivos de la región, la doble corriente inversamente emigratoria de las dos vertientes del Pirineo antes y después del nacimiento del santo, lo que explica que su apellido llegara aún antes que él a región de Las Landas. Acaso hay que combinar los tres fenómenos—la costumbre de emigrar, la anarquía y la escasa hacienda que le tocó—para explicar el hecho de la emigración, que se verificaría siguiendo la ruta entonces más común en Francia, que era la del puerto de Benasque, el cual comunica con la región de los Altos Pirineos franceses, no lejos de la región de Las Landas.
Y en Pouy rehizo y asentó su domicilio Juan de Paúl y adquirió tierras y ganados con la ayuda procedente de la venta del mayorazgo, venido a menos, o con los pocos bienes que le tocó, si es que no era el «hereu» con que fue edificando y desarrollando el hogar de una familia numerosa.
A este hogar llegaba en 1640 Mons. Luis Abelly, Vicario General de Bayona y gran amigo del santo, que, deseoso de conocer la infancia de su amigo y maestro, preguntó detalles y anécdotas a sus propios hermanos y vecinos de la aldea. En 1664 Luis Abelly daba a luz la primera y monumental vida del siervo de Dios, Vicente de Paúl; pero en ella, contra la costumbre de todos los biógrafos de la época, no teje la genealogía de su héroe. Este hecho insólito puede dar rastro y pista para sospechar que Abelly descubrió la oriundez española del santo, y por conveniencia no In voy Sin embargo, otros opinan, y los documentos, que alegaremos páginas adelante, dan a éstos la razón, que el «hereu» como llaman por Tamarite al heredero del mayorazgo, Juan de Paúl, que al casarse ocupó la casa solariega; mas presionado por los reveses económicos de la época hubo de vender, junto con todos los otros escasos bienes del mayorazgo, la casa solariega a la familia de los Valdellou, que la ocupa en el último tercio del siglo XVI, en el preciso momento en que es menester poner el hecho de la emigración de toda la familia de Juan de Paúl para que pueda nacer o, al menos, criarse en Pouy el niño Vicente de Paúl.
1ª Entre otras, las razones hispánicas son éstas: Los apellidos de Paúl y Moras son comunísimos en el Alto Aragón, sobre todo en Barbastro, Tamarite y Crejenzán, como consta en los múltiples documentos sacados por Fajarnés de los libros parroquiales y de los protocolos notariales de la región. El apellido paterno aparece unas veces con la partícula «de» y otras sin ella, y el de la madre, a veces con «s» y a veces sin ella. Los apellidos se entrelazan con frecuencia en los matrimonios.
2ª La tradición de la región en tener por suyo a San Vicente de Paúl.—Casi siempre es oral, y así llegó hasta 1750, en que se consignaron en varias cartas y documentos los testimonios de los más ancianos, que referían lo que habían visto en sus casas desde niños y los dichos de sus padres y abuelos, que les aseguraban ser el Santo de la familia. Las fiestas de la beatificación y canonización se celebraron en Tamarite y Crejenzán con panegíricos y composiciones poéticas en que se cantaba la tradición local.
Los Jesuitas del Colegio de Zaragoza, al ver que en el oficio del nuevo Santo se le decía natione gallus, quisieron elevar a Roma una protesta, pues era tradición muy antigua entre ellos la creencia en la nacionalidad española del Santo. Para fundamentarla enviaron a uno de los profesores a Tamarite para sacar una copia de la partida de bautismo; pero la quema de los archivos por el mariscal De la Motte les impidió seguir adelante.
Debemos estos datos al canónigo de Albelda, D. Fernando Terés, que murió en 1820, y que fueron recogidos y consignados en una carta por el canónigo D. Manuel Enjuanes. En 1754 estudiaba Teología en Zaragoza el canónigo Terés y, entre otros, tenía por condiscípulos a los señores Busquet y Torres.
Un día los tres se fueron al Colegio de la Compañía a visitar a un Padre amigo del señor Terés, y como el Padre preguntara a sus acompañantes que de dónde eran y éstos respondieron que eran de Tamarite, el Padre les felicitó, porque «entre otras dichas les dijo—con que se hallan ustedes y sus paisanos, tienen la de poder contar entre sus naturales y convecinos al gran Vicente de Paúl». También añade el canónigo Terés que el Padre Jesuita, que fue a Tamarite se hospedó en la casa de los Cariellos, que era de las más linajudas del lugar. Y nótese’ que no se fue el Jesuita a Crejenzán, ni la Albelda, ni a Estopiñán, donde había muchas familias del mismo apellido y parentela, sino a Tamarite, como a cosa hecha, pues era tradición antiquísima del Colegio, recogida de profesores casi contemporáneos del Santo, que éste había sido fámulo en su Colegio y que era natural de Tamarite. Para comprobar la veracidad de estos testigos, Hernández y Fajarnés, investigó en los libros de matrículas de la Universidad, y efectivamente encontró que el señor Terés aparecía matriculado en el folio 13 del libro correspondiente al 1755, y el doctor Lorenzo Busquet, en el folio 25 del libro de 1753. El canónigo Enjuanes ponía la fecha de sus estudios y de la visita hacia 1754. La expulsión efectuada por Carlos III fue causa de que los archivos del Colegio se dispersaran y de que desaparecieran los libros de las «Décadas» correspondientes a estos años, en que se narraban las incidencias de la vida interna del Colegio y que de seguro recogerían esta tradición y estas gestiones que redundaban en gloria del centro docente. Esta misma tradición sostienen el P. Cabrera, S. J., profesor durante muchos años en este Colegio, y otros Jesuítas más recientes que se hacen eco de lo oído a sus antepasados. Igual tesis sostenía un folleto de mediados del siglo XVIII, que figuraba en la biblioteca del bibliófilo Celestino Ortiz y que leyeron los eruditos Antonio Tomás, Victorio Pina, el brigadier Solá y varios otros, todos ellos sagaces conocedores de las cosas aragonesas, sin contar a historiadores de la talla de D. Vicente de la Fuente y del P. Antolín Merino, el docto continuador de la «España Sagrada».
Otros testigos de mayor cuantía de esta tradición son Aznar y Pueyo, antiguo párroco de Tamarite y luego Obispo de Tortosa; el Arzobispo de Bogotá, José Tomás Paúl, S. J., que sostiene pertenecer a la familia de San Vicente; el gran publicista catalán Pablo Parasols y, sobre todo, Fr. Bartolomé y Paúl, catedrático de la Universidad de Alcalá, calificador del Santo Oficio y General de los Franciscanos, el cual, después de investigar las fuentes familiares, dejó estampados sus resultados en la siguiente carta que reproducimos, porque es un eslabón más en la cadena de la tradición hispánica. Está fechada el 2 de diciembre de 1830 y dirigida al P. Feu, C. M.
«Mucho me alegro de la buena ocasión que se le ofreció en París para leer los documentos tan apreciables relativos a la vida de nuestro Santo, como los que menciona. Los que yo puedo ofrecerle con toda seguridad son los siguientes:
En primer lugar, la familia de Paúl en Aragón es tan antigua que por los años de 1460–doscientos años antes del fallecimiento de San Vicente–nació el P. M. Fr. Pedro Juan Paúl… Que fuese de la familia lo testifica el retrato hermoso, de medio cuerpo, que está en casa de mi madre en Crejenzán, colateral al de San Vicente.
En cuanto a nuestro Santo, pregunté expresamente a mi señora madre varias veces qué es lo que había oído a mi abuelo y su padre, y me dijo constantemente que siempre oyó que era reputado por de la familia y tenido, y aun a veces nombrado, por tío. Advierto que mi madre nació en 1747, y mi abuelo, en 1696 (treinta y seis años después de la muerte del Santo).
También hice las mismas preguntas que a mi madre a mi tío, el doctor Juan Paúl, Rector del lugar de la Guardia, que nació por los años de 1729, y me dijo lo mismo, añadiendo que en la casa paterna, que es la de mi abuelo materno se hicieron grandes fiestas en la beatificación del Santo, en cuyo tiempo nació el dicho, y también en la canonización, en el que era muchacho… Respecto al retrato de nuestro Santo, está en casa de mi abuelo materno, en la sala principal, como llevo dicho, del P. Maestro Dominicano… En mi Concepto es originalísimo, según los muchísimos que he visto aqui y en Francia…»
En las pruebas que me hicieron para calificador los señores Fumanal y Peral, dicen así al Tribunal en el informe último:
«La familia de Paúl, de quien desciende por línea materna el P. Fr. Bartolomé Altemir, ha sido siempre, y lo es en el día, reputada por piadosísima y además por nobilísima y muy antigua, tiene las armas en la puerta de la casa y está llena de timbres por lo mucho que la han ennoblecido sus gloriosos ascendientes. Cuenta entre éstos al Rvdo. P. Fr. Juan Paúl, Dominicano, Inquisidor General que fue de la Corona de Aragón, y «al gran San Vicente de Paúl», que aunque la común opinión le hace francés, es constante que salió de esta familia, y así lo publica la no interrumpida tradición y el testimonio de los hombres grandes que en aquella época tenía nuestro Reino«.
El propio P. Altemir y Paúl, orador infatigable y elocuente, palabra elegante y castiza, trato finísimo y tan humilde que, siendo catedrático en la Universidad de Alcalá aseaba por si mismo su cuarto, y gran profesor de Summa, aunque un tanto escotista, con su fisonomía estaba demostrando entroncar con la ascendencia vicenciana. «Para tener el retrato del P. Altemir—escribe su discípulo e historiador D. Vicente de la Fuente–no había que hacer más que pintar el retrato del Fundador—sin la perilla blanca, que usaban en aquel tiempo hasta los Papas y los Cardenales—y vestir al Santo el hábito de San Francisco, pero muy limpio y plegado, pues el P. Bartolomé era muy aseado y pulcro».
3ª La noticia histórica de la Congregación de la publicada por los misioneros de Barcelona ochenta años después de la muerte del Santo, asegura sin vacilar su origen hispánico.
4a Todas las familias de los Paúl aragoneses y los vecinos de Tamarite están contestes en señalar como casa solariega del Santo la conocida hoy con el nombre de Xeronimola, debido a que María de Paúl, heredera del solar, en troncó con Jerónimo Mola en 1680, cruzándose entonces e escudo de armas de los Paúl, que habían logrado jurisfirma de infanzonía en 1648.
Los Paúles de Crejenzán y de Tamarite, que eran los más próximos, eran también los que poseían escudo de armas y los apellidos, casi siempre precedidos de la partícula de, que conservó celosamente el Paúl de Pouy, pero que el Santo, no sabemos por qué, la unió al apellido en todos sus escritos, bien que los contemporáneos siempre la escriben separada.
5ª La etnología confirma de modo sorprendente todas las características, pues los rasgos antrométricos de San Vicente coinciden con los de los Paúl, de Litera, observados por Fajarnés, el cual agrega que quedó maravillado, cuando en Dax vió a una mujeruca, que se decía de la familia de San Vicente, con los mismos rasgos que los del Santo y los Paúl de Aragón. Compárense también los dos retratos pintados y colocados en la casa de los Paúles de Crejenzán a raíz de su canonización, en 1737, de San Vicente de Paúl y del dominico Fr. Juan de Paúl.
Si al Dominico se le supone con la perilla vicenciana, las cabezas y las caras son de un parecido tan sorprendente que no es posible dejar de tenerlos por de la misma familia.
6ª Los retratos aludidos, colocados desde 1738 en la casa solariega de Crejenzán, y otros dos de la misma fecha, colocados en el Colegio de las Hijas de la Caridad de Barbastro.
Los dos últimos demuestran el papel que la Virgen desempeñó en la vida del Santo y en sus obras. El más importante y mejor hecho tiene dos cuerpos y representa el superior a la Virgen, y el inferior, a San Vicente, presentándole sus obras. La Virgen aparece majestuosa, emergiendo de medio cuerpo arriba de una gran nube; cruza sus brazos y sus manos por debajo del pecho; y en el pecho, con sus alas extendidas, el símbolo radiante del Espíritu Santo. Una corana de rosas ciñe su cabeza, desde donde desciende, como cascadas por ambos hombros, una espléndida cabellera, mientras que diez ángeles—cinco a cada lado—en forma de círculo forman otra corona más amplia y resplandeciente, partiendo casi de la cintura para perderse en lo alto.
Vicente es el personaje más importante del cuerpo inferior.
Está de pie, con el roquete y cabeza inspirados en el de Crejenzán, del que luego hablaremos. Su mano derecha se Ievanta hacia la Virgen y apunta con el índice, mientras que la izquierda, con ademán de protección, se coloca sobre los hombros de una triste y joven madre, arrodillada a los pies del Santo, con las manos juntas en ademán de súplica y con sus tres hijitos, uno mayorzuelo detrás del grupo, y los otros dos pequeñitos, apoyados en las rodillas maternas. En frente, ala izquierda, aparecen dos hombres encadenados; uno está derribado y otro a punto de serio a causa del tirón de los dos pesos que se ven al fin de las cadenas, rematadas con dos tarjetones, en los que se leen estas dos palabras: «pecado» y «culpa». En el segundo plano de este grupo, de pie, con los ojos clavados en la Virgen y las manos juntas, se ve la figura enjuta de una viejecita, tocada a la española, que pone toda su esperanza en la Virgen. Esto es lo que apunta con su índice apuntador San Vicente de Paúl a pecadores y desvalidos del grupo, a los que mira con rostro, compasivo y gesto alentador.
El otro cuadro sólo tiene tres personajes, y el autor debe ser el mismo que el anterior. La Virgen emerge aquí, también de medio cuerpo, de una nube. Su actitud es de recogimiento y de meditación. En vez de una corona de oro en torno a la frente, tiene la corona de doce estrellas en torno a la cabeza, que tiene ligeramente inclinada, como si contemplara al Espíritu Santo, cuyo símbolo extiende alas sobre el pecho y envía un haz luminoso, que sale del pico de la paloma simbólica, hacia el vientre virginal, sobre el cual cruza sus manos Nuestra Señora. Tiene manto sobre los hombros, y sobre la cabeza un velo, que recoge en abundante cabellera. Debajo y arrodillados, dos santos, pero en actitud tan distinta como reveladora. El de la derecha es San José de Calasanz, en actitud arrobada y mística, con la derecha sobre el pecho y la izquierda extendida hacia abajo y abierta; pero todo su ser parece que quiere arrancarse del suelo para volar a la Madre de sus escuelas. San Vicente está a la izquierda, con roquete, pero algo más joven que en el cuadro anterior. Su actitud es totalmente vicenciana. Su humildad le lleva a anonadarse ante la extraordinaria santidad de la Madre de Dios y le empuja a encorvarse hasta pegar su frente en el pavimento; pero su amor filial la Virgen le sirve de contrapeso y, sin dejar de encorvarse hacia Ella su mirada suplicante. La razón de juntar los dos santos en el mismo cuadro fue sin duda por ser tenidos por compatriotas, ya que Peralta de la Sal dista muy poco de Tamarite, ambos no lejos de Barbastro.
Crejenzán dista de Barbastro unos cinco kilómetros. Allí se encuentra la casa solariega de los Paúl de Aragón, una de las más grandes y de más señorío del lugar. Tiene patio y bajos de labranza, y en piso alto, amplias salas y dormitorios, en una de las cuales se muestra una escultura de alabastro de la Virgen del Pilar, sobredorada al fuego, que parece que fue hecha ayer, a pesar de que fue recuperada un estercolero, a donde la habían echado los rojos. Su dueño actual que vie en Barbastro se llama don Cándido Baselga y Paúl.
En la Iglesia parroquial, lo mismo que los de Tamarite, los Paúl de Crejenzán tienen una capilla de enterramiento dedicada a la Virgen del Pilar, con su escudo de armas sobre el arco de la entrada. También sobre la puerta de entrada estaba el escudo de familia. Había sido colocado allí en 1637, después de haber sacado la jurisfirma de infanzonía; pero en 1869, amenazando ruina. Eustaquio Paúl lo arrancó del lugar y lo trasladó a uno de los salones, según se echa de ver en la adjunta fotográfica. La actitud de la celada está denotando que la nobleza del escudo es de categoría inferior. En su cuello se lee la fecha de erección del escudo: 1637, mientras que en la parte inferior se lee la del traslado y la de su autor: «Eustaquio.—Armas de la Casa de Paúl-Paúl».
Se compone de tres cuarteles, dos en el campo superior y uno el interior. En el superior izquierdo hay un castillo, y en el derecho, una cabeza coronada. En el centro del campo inferior hay un árbol. El escudo de armas de los Paúl de Tamarite aparece mezclado con los de Mola, que entroncaron con los de Paúl por el enlace de Jerónimo Mola y María Paúl. El escudo de los Mola está formado por cuatro cuartos ocupados por dos castillos y dos muelas dispuestos en forma de aspa. Al mezclarse permaneció el castillo común a las dos familias, la muela propia de los Mola y el árbol propio de los Paúl, desapareciendo la cabeza coronada, que es sustituida por una tórtola moñuda, símbolo acaso de la casa de la madre de María Paúl, que lo era Isabel Ana Valdellou. Este escudo es el que se ve hoy en la capilla del baptisterio, arreglada por María Paúl, viuda de Mola, o sus hijos, que eran Mola y Paúl.
Los de Crejenzán pusieron también sus armas en sus camas, y acaso en otros muebles. De las primeras se conserva una, que reproducimos, que sin ser matrimonial, se ha transmitido de padres a hijos, porque, según habían recibido por tradición, allí había dormido San Vicente, cuando en su ida a Zaragoza, pasó por Crejenzán. Del valor de esta tradición no respondemos. Lo que sí resulta cierto es que la cama es antiquísima y de aquella época. De ella sólo queda el armazón de madera, pues el resto fue víctima de la depredación roja. Sin embargo, el escudo que hoy se ve no es de Paúl, sino el de la familia Basalga, que fue sobrepuesto al de los Paúl, por el ascendiente de su actual poseedor al casarse con una Paúl.
Pero más importante que el escudo es el retrato que en la sala principal de la casa solariega de los Paúl de Crejenzán representa a San Vicente de Paúl. Indiscutiblemente es anterior a los dos retratos más antiguos que existen en la Casa de las Hermanas, que evidentemente dependen de él. Compárese el San Vicente de Crejenzán con el San Vicente presentando a la Virgen sus obras, y a esta Virgen con la que aparece ante los ojos atónitos de San Vicente y San José de Calasanz y se podrá tener el hilo conductor de su filiación.
En la misma sala hay otro retrato de igual tamaño y de la misma mano y época del de San Vicente y representa al Dominico R. P. M. Juan de Paúl, Inquisidor General de Aragón. De estos cuadros, en un «Informe», tras detenido estudio, dice el pintor aragonés Bernardino Montañés: «Son dos cuadros de un mismo tamaño, a saber: un metro y diez centímetros de alto por noventa y tres de ancho, sin contar con los marcos, de moldura de pino, pintados en negro, que son de doce centímetros de ancho».
El uno representa a San Vicente y el otro al M. R. P.Fray Juan de Paúl, según consta de los tarjetones colocados en la parte inferior, redactados con la ortografía y abreviaba propias de la época. El de San Vicente es indudablemente un retrato en edad avanzada, pues recuerda el tipo tan conocido del mismo, aunque tiene la barba más alargada y cana de lo que se ve en los otros. Viste amplia sobrepelliz con el ancho cuello vuelto que siempre llevaba, y se descubren junto a las manos las mangas negras de la sotana. En la mano derecha muestra el libro abierto, que sostiene en la izquierda, en el cual se lee: «EVA-ANGE-LIZ-ARE-PAPER-IBU-SMI-SSI-TME». Así en grupos de letras de a tres distribuidos en las dos páginas, cinco grupos en cada una.
Apoya el libro sobre la mesa, en la que se ve un Santo Cristo de bronce en cruz de madera y una calavera. El fondo es oscuro y tiene aureola o nimbo en derredor de la cabeza. No tiene puesto en ella el gorro o solideo, que se ve en otras efigies del Santo, sino la frente y el cráneo enteramente despejados.
El de Fr. Juan, vestido de religioso Dominico, lleva al pecho la cruz-insignia de Inquisidor y ofrece un aire de familia con el tipo de San Vicente de Paúl, especialmente en la nariz y boca, no siendo mayor la semejanza por carecer de barba, teniéndola afeitada.
Ambos cuadros se hallan en regular estado de conservación aunque ha saltado la pintura en algunos puntos por ser floja la preparación del lienzo. En el concepto del que suscribe han sido pintados por el mismo artista a principios del siglo XVIII o, a lo sumo, a fines de su primer tercio. Es la pintura de escaso mérito artístico; pero ambas figuras, que son del tamaño natural y medio cuerpo, tienen bastante buen dibujo y ofrecen un conjunto agradable y serio a la vez, sin defectos notables; la pintura parece ser, por el toque, original, pero de un estilo amanerado y convencional… por no ser hechos los citados retratos por el natural, sino por otros originales. Los adornos de los tarjetones, que contienen la inscripción en la parte baja de ambos cuadros, son de estilo barroco, muy caracterizados de la época de Carlos II o de Felipe V.
El estado de madera del bastidor y su forma sin cuñas, así como el color del lienzo por detrás, indican ser también de dicha antigüedad estos cuadros no más modernos».
En el tarjetón del cuadro de San Vicente se lee: «San Vicente de Paúl, Fundador de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad», y en el de Fr. Juan: «El M. R. Fray Juan Paúl, Inquisidor General de la Corona de Aragón. Hijo del Convento de Dominicos de Benaverre». Este Fr. Juan había nacido en 1460; en 1505 fue elegido Provincial de Aragón, y en 1513, Inquisidor General del Reino, falleciendo en 1530.
Estas indicaciones del técnico aragonés, lo mismo que las tradiciones familiares, nos llevan a la conclusión de que el retrato del Santo se hizo y se colocó en la casa de los Paúl de Crejenzán con motivo de las fiestas de la canonización en 1737, que se celebraron con gran fervor y entusiasmo lo mismo en Crejenzán que en Tamarite y Estopiñán, en donde estaban los tres núcleos principales de la familia pretendiendo con ello honrar y perpetuar la memoria que todos tenían por el más ilustre de sus antepasados.
Desde entonces, y aun desde su beatificación en 1729, fue también celebrada, data la costumbre en la familia los Paúl de estos tres pueblos de rezar, después del rosario un padrenuestro en honor de «nuestro tío San Vicente Paúl». Otros le llaman «pariente», como los doctores don Gabriel y don Juan Paúl, nacidos respectivamente, en 1648 doce años antes de morir el Santo, y en 1672, trece después de su muerte. Sus padres fueron rigurosos contemporáneos del Santo y de seguro sabrían qué grado de parentesco les unía con el Fundador de la Misión. Las crónicas calasancias nos hablan del P. Agustín Paúl, que fue uno de los puntales de su Orden en el siglo XVIII, y dicen que fue próximo pariente de San Vicente. Nació en 1692 en Estopiñán treinta y dos años después de la muerte del Santo.
7ª No es para omitir el argumento psicológico. El carácter cerebralista, enterizo, algo áspero, tesonero y casi tozudo del Santo, que se echa de ver en sus grandes empresas, singularmente en la rotura de los moldes tradicionales en la Institución de las Hijas de la Caridad y en los votos y reglas de la Misión; su fe firme sin dudas ni vacilaciones; el haber salido sin una sombra en la terrible batalla contra el jansenismo, de donde los cedros del Líbano—Berulle Olier, Condren y tantos otros—salieron tiznados o ensombrecidos; el caudal jesuítico y español que se descubre en sus reglas, avisos y conferencias; su política eminentemente católica e hispanista, en que se manifiesta antes católico que francés y antagonista de Richelieu, antes francés que católico; su admiración por las obras del P. Granada, del P. Rodríguez y de Santa Teresa; por los teólogos españoles y por las Universidades españolas…; estos y otros rasgos de su carácter están pregonando a voces que San Vicente es un hombre de fe hispánica y de tesón aragonés. Tan ello es así que el famoso Cardenal Guibert, gran conocedor de las cosas españolas, advertido por el publicista catalán don Pablo Parasols de que estaba preparando un libro para demostrar la patria española de un santo tenido por francés, adivinó que se trataba de San Vicente, y en vez de desmentirlo, agregó: «A falta de otros datos, por lo menos el carácter le delata español», razonando este juicio con algunas observaciones que no son del caso reproducir.
8ª Dos rasgos de su tierra han pasado a ser el uno clave de su destino en la Historia, y el otro, una regla de mortificación que impuso a sus misioneros. Es el primero el sentido organizador de la caridad. Existía por entonces en Tamarite la costumbre de que todos los pobres del pueblo fueran atendidos por turno por una de las familias pudientes.
¿No sería este sentido de servicio y de organización el que guio al Santo en sus múltiples instituciones caritativas? El segundo es la costumbre señalada por el P. Pineda en su Agricultura cristiana», escrito por los años en que nació Vicente, que tenían los habitantes del Alto Aragón de echar bastante agua al vino en que bebían, costumbre que Vicente convirtió en regla para los misioneros.
9ª Su venida a Zaragoza no se explica sin su procedencia aragonesa, teniendo en cuenta que más cerca tenía las dos Universidades de Burdeos y Tolosa.
10ª La carta que el P. Perriquet, Comisario extraordinario para los Paúles españoles y portugueses, escribió en 1752 al P. Tissot, Procurador de los misioneros franceses en Roma, contienen una prueba poderosa para la tesis española. Desde Zaragoza, el P. Perriquet escribe: «Este Seminario de Zaragoza, fundado en tiempos del señor Couty (1736-1746) par un Chanoin de la cathédral nomé de Paúl, qui se pretendait parent de notre saint Instituteur—por un canónigo de la catedral llamado De Paúl, que se tenía por pariente de Santo Fundador—, nos había sido adjudicado por dador, el cual, antes de morir había escrito a nuestro Rvdmo. P. Couty y al Superior de nuestra casa de Barcelona. Pero como en su testamento sólo nombraba en general a la Congregación de la Misión, sin especificar «de San Vicente de Paúl», fueron adjudicados los bienes de la Fundación a la Congregación establecida en 1711 por don Francisco Ferrer y Paúl, que usaba igual denominación». Don Juan de Paúl, que así se llamaba el canónigo en cuestión, era hijo de don Juan de Paúl y de doña Juana de Paúl. Había sido bautizado en 1673, trece años después de la muerte del Santo. Su hermano don Gabriel nació en 1648, doce años antes de la muerte de su pariente.
Sus padres eran, por tanto, contemporáneos del Fundador de la Misión. Ambos estudiaron en la Universidad de Huesca, donde se doctoraron. Don Gabriel fue párroco de Egea de los Caballeros y adquirió varias casas y tierras que al morir legó a su hermano, que era racionero y penitenciario de la metropolitana del Salvador y capellán de la capilla angélica del Pilar, que enriqueció con regia munificencia. En 1736, don Juan hizo su testamento, en el cual consigna: «Para ayuda de fundar una casa de misioneros en Zaragoza, dejo las cuatro casas que tengo en Zaragoza y librerías, y las casas, viñas y colmenares que tengo en Egea». Al día siguiente, 14 de julio, insiste en la Fundación, a la que deja «la sillas, mesas y cuadros de su Fundación». Dos veces más insiste en sus deseos. En 1723, otro Paúl—don Manuel—, «también capellán de la capilla angélica del Pilar declara ejecutor testamentario a «su pariente Juan de Paul». Es claro como la luz del día que estos sacerdotes, con sus borlas de doctores y casi contemporáneos del Santo, debían saber lo que afirmaban al llamarse parientes del entonces venerable o beato Vicente de Paúl. Y por ser pariente, sin haber precedido solicitud alguna ni apenas conocer a los misioneros, que no habían salido del Principado catalán, mueve don Juan de Paúl a ofrecer al Superior general, Padre Couty, un Seminario y Casa-Misión en Zaragoza.
11ª Juicio favorable de Marcelino Menéndez y Pelayo, una carta a Fajarnés, cuyo texto es el siguiente: «Señor don Antonio Hernández Fajarnés.—Madrid, 15 de febrero de 1889. Mi estimado amigo y compañero: He leído con mucha atención y especial agrado el libro tan docto como hábil que usted ha escrito, exponiendo los fundamentos de la tradición española acerca de la patria de San Vicente de Paúl. El alegato de usted me ha convencido plenamente y no sólo creo demostrada con toda evidencia histórica la oriundez española del Santo, sino que me inclino a creer que nació en Tamarite de Litera. ¡Ojalá tenga usted un día la fortuna de dar con el documento único que ha de disipar todas las confusiones! Felicita a usted de todo corazón por su nuevo libro, y se repite siempre suyo afectísimo y compañero. q. b. s. m.—M. Menéndez y Pelayo».
12ª Paúles y Moras de Aragón.—Así, por ejemplo, sin salirnos de la época del Santo, en 1594, se ve a un Juan de Paúl casarse con Tomasa García Meras, siendo testigo M. Moras y en 1603 es bautizado Luis, hijo de Juan de Paúl y Bertrana o Beltrana F. Apenas hay familia—y son muchas—entre los Paúles de Tamarite, Barbastro, Crejenzán, Azenuy, etc, que no tenga un hijo llamado Juan. En la familia de Vicente se llama así el primogénito. El segundo de los hermanos se llama Bernardo, y precisamente desde 1566 a 1616 aparece en los libros parroquiales de Azanuy Mosén Bernardo Moras, haciendo de padrino de bautismo o de matrimonio a varios de las familias de Paúl y Moras. ¿No será este Bernardo Moras hermano de Beltrana Moras, que quiso perpetuar el nombre de su hermano sacerdote en el segundo de sus hijos? ¿No sería éste el lugar de nacimiento de Beltrana Moras? El 17 de enero de 1568 se casa Montserrat Mora, infanzón, con Isabel Bardají, y en 1571 es bautizada una hija de ambos por nombre Isabel. En 1579, Juana Mora, hija de Pedro Mora, se casa con Pedro Porquet.
Por otro lado los hermanos Francisco y Domingo de Paúl pueden ser tíos de San Vicente, ya que un hijo de Francisco, llamado Juan de Paúl, nació en 1546, y el propio San Vicente tuvo un hermano llamado Domingo y un sobrino llamado Francisco, prior de Capbreton.
13ª El apellido de San Vicente de Paúl es español y no francés.–Esta afirmación queda evidenciada por los argumentos que siguen:
a) Era costumbre entre los antiguos hagiógrafos tejer la genealogía de los héroes. Abelly, sin embargo, no siguió tal costumbre en la primera biografía del Fundador de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, limitándose a estampar allí sus nombres, sin decir si era o no de Puy. Sólo apunta que tenían allí unos animales que pastoreaba Vicente y unas pocas tierras de labor. Sin embargo, Abelly estuvo allí en 1640 enterándose de la familia e infancia, de su gran amigo, que era muy parco en hablar de sí mismo.
¿Descubrió Abelly demasiado? O lo que es igual, ¿descubrió que su ascendencia era española y calló luego el dato para no disminuir la estima de los franceses hacia su persona o para no comprometer el prestigio ante los que, con razón, podíanle llamar compatriota o por haber nacido realmente en Francia, o al menos, por haber vivido allí toda vida?
Todos los demás historiadores se fueron limitando a copiar a Abelly sin más averiguaciones. El único que rompe esta monotonía, a cuarenta años de distancia de Abelly, es Fray Juan del Santísimo Sacramento, que a pesar de no ser su vida de San Vicente más que un compendio de la de Abelly, se aparta en este punto del Maestro y se mete por otros derroteros. ¿Hizo alguna investigación el sabio agustino y topó con el filón español?
b) Fray Juan del Santísimo Sacramento.
Fray Juan del Santísimo Sacramento, que escribió la vida del Santo en 1701, cuarenta y un años después de la muerte del Santo, era un sabio agustino que tuvo cargos importantes de su Orden. En Nápoles, donde se puso en contacto con las obras vicencianas-misiones y ejercicios espirituales- que a él le entusiasmaron y le movieron a trasladar a la bella lengua de Cervantes los hechos y virtudes del Apóstol de Caridad.
Y allí, en su primer capítulo, después de decir, como Abelly, que sus padres se llaman Juan de Paúl y Bertranda de Moras, agrega:
«Apellido que no corresponde a la lengua francesa y que parece propio español; lo que fácilmente se puede creer por ser la aldea en que vivían estos dichosos casados muy vecina a la raya de Cataluña.»
En las ediciones de Madrid de 1886 y 1906, cuando ya la disputa andaba en la calle, no se sabe si por temor o por indicación de París o porque les pareció una inexactitud, los editores modificaron el texto y pusieron: «… lo que fácilmente puede creerse por ser la aldea donde vivían estos dichosos casados muy vecina a la frontera de España.»
Cierto que entre Pouy y la frontera española, por las provincias vascas, no hay mucha distancia, si bien no tan poca que merezca decirse «muy vecina de la frontera española». Mucho menos puede llamársela «muy vecina de la raya de Cataluña «, como dice fray Juan. Ni entre Francia y Cataluña existe «raya», sino una «frontera». En cambio sí existía» entre región y región de una misma nación.
De este análisis resulta que fray Juan tenía a la vista una región española limítrofe con Cataluña, que no puede ser otra que Aragón por la provincia de Huesca, y hasta precisa más que la aldea de los padres estaba «muy vecina a la raya de Cataluña». Este dato conviene con el pueblo que la
tradición española asigna como lugar de origen del Santo y de su familia que es Tamarite de Litera, que está a unos doce kilómetros de la provincia de Lérida, y su municipio linda con la misma provincia catalana. Esta precisión es más certera que si hubiera dicho que estaba en el Reino de Aragón, de gran extensión; en cambio llamarla «muy vecina de la raya de Cataluña» era precisar mejor su situación.
c) El apellido de Paúl.
Efectivamente, como dice fray Juan, el apellido de Paúl es español, concretamente aragonés, y precisando más, oscense. En 1887 el arqueólogo don Mariano Pano escribía: «El apellido Paúl es solariego y aragonés.» Y el no menos erudito en las cosas de Aragón, don Mariano de La Sala, en el mismo año afirmaba: «La antigua familia de los Paúl es aragonesa, de pura raza, infanzona y de solar conocido, que es el lugar o aldea de Paúl, en las montañas de Sobrar, Diócesis y partido judicial de Barbastro. Dicho lugar de Paúl tiene sólo una iglesia y ocho casas, con término de regular extensión, comprendido entre los de Avizanda, el Grao, Naval y Mípanas. El lugar es antiquísimo, y los Paúl debieron tomar parte activa en la conquista de Barbastro».
La palabra Paúl en el dialecto de la raya catalano-aragonesa, derivada del latín «palus»—laguna, significa lugar pantanoso, donde crecen con gran exuberancia numerosas plantas acuáticas. Tales pantanos son numerosos, según yo mismo he podido comprobar, en toda aquella región. Por hay muchos lugares que se llaman Paúl, como el de Mípanas; «La Paúl», como la alquería de Sieste, una aldea en el Ayuntamiento de Gurrea del Gallego, y otra en los montes de Barbastro; «Paúles», aldea de Sarca de Surta, Boltaña, otra de la huerta de Monzón.
Pero el apellido «de Paúl» evidentemente procede de la aldea «paúl» de Mípanas, pues de proceder de los otros sería «de Las Paúles» o «de La Paúl». Después de la conquista de Barbastro, en que tomaron parte, algunos se quedaron en misma ciudad; otros fueron asentados en Crejenzán, a una legua corta de Barbastro, de donde se fueron corriendo a Alberuela, El Grado, Ilche, Monzón, Fonz, Azanuy y Arcusa, sobre todo a Tamarite y Estopiñán, estos últimos, de la comarca de Litera. O, lo que es más probable, como era costumbre en aquellos tiempos hacer con los conquistadores, a quienes se les daban tierras y asentamientos, los Paúl, conquistadores de Barbastro, debieron ser asentados en Crejenzán, donde tienen su casa solariega, con escudo de nobleza; si bien en su ínfima categoría, dado probablemente en recompensa de ayuda a la toma de Barbastro, y de allí se debieron correr a esta ciudad y a los otros lugares arriba apuntados.
Nos inclina a esta conjetura el hecho de que es frecuente encontrar en libros de Bautismos, Matrimonios y otros de archivos notariales y episcopales a individuos con el apellido de Paúl, que vienen de Creienzán a Barbastro a contraer matrimonio, o a ser padrinos de algunos sobrinos, o a declarar ante los jueces, como aquel Juan de Paúl «scribere nescientem», como dice el escribano, que vino en 1622 a declarar ante el juez episcopal en un proceso contra el cura del lugar.
También es indicio de la primacía de Crejenzán el hecho de que de este tronco nació allí hacia 1460 el M. R P. Fray Juan Paúl y, por tanto, es lógico que sus padres sean de principios del siglo XV. En Tamarite aparecen a principios del siglo XVI, y en Estopiñán aparecen a finales de este mismo siglo; mientras desaparecen de Tamarite, para regresar en parte casi a mediados del siglo XVII.
De todos estos datos parece que los «de Paúl» primitivos fueron vecinos del lugar de Paúl, que tomaron parte en la conquista de Barbastro y luego se afincaron allí y en Crejenzán, y de Crejenzán se corrieron primero a Tamarite y luego a Estopiñán y otros pueblos entrecruzándose luego de nuevo más tarde los de Barbastro y Crejenzán, los de Crejenzán y Tamarite y los de Estopiñán y Crejenzán, y aun los cte otros pueblos, como lo dan a entender numerosas partidas de bautismo, matrimonios, enterramientos y contratos.
d) ¿Antes de San Vicente existió en Francia el apellido «de Paúl»?
Los autores franceses—todos ellos recientes, pues ninguno es anterior al 1850—pretenden asentar la opinión afirmativa. El primero fue Oscar de Polí en su artículo Recherches sur la famille de Saint Vicent, aparecido en la pág. 42 de la «Revue du monde catholique» de 1879, el cual afirma que Aymeric de Paulo se estableció en Tolosa en 1475 extinguiéndose su familia con la muerte de Antonio Julio, conde de Paulo; en Montpeller, desde el siglo XII, aparece la familia Poli, Pauli o Paul, que de las tres maneras se designaba a una misma persona.
N. de Paúl es nombrado cónsul en 1240 por Carlos V de Francia; el 14 de marzo de 1330 el Rey otorga cartas a Bertrand Pauli, en 1349 llega a Beziers un tal Jean de Paúl, capitán de cincuenta sargentos de Saint-Tibery. En tiempos de San Vicente aparece en Marsella el capitán Paul, a quien el Santo quiere lanzar en una cruzada para tomar a Argel y librar para siempre a los cristianos de la amenaza de los corsarios argelinos. Hasta insinúa al Superior de Marsella, como medio para ganarle más fácilmente para la empresa, que le diga que él, Vicente de Paúl, se gloría de tener el mismo nombre que el suyo. El P. Pemartín, en su libro de 1889, no avanza más a pesar de escribir en el mismo Pouy con largos años de estancia en la región.
¿Pero es cierto que tales apellidos se, identifican con el «de Paúl», de San Vicente?
Si se compara estas formas alegadas se verá que el de Paúl a quien se alude equivale al español Pablo y al latín Paulus. El Pauli no es más que el genitivo de Paulus. El Poli es el mismo Pauli escrito como se pronuncia en francés. El «de Paulo», de Aymeric y de Antonio Julio, evidencian que se trata del ablativo. Otros lo italianizan y traducen por «de Paoli», «de Paola» o «de Paulis» o «de Paulo».
Ahora bien, un estudio de los documentos nos lleva a la conclusión de que el apellido «de Paúl» no equivale ni al francés Paúl, ni al castellano Pablo, ni al latín Paulus, en sus diversos casos; ni a las formas italizantes Poli, de Paoli, etc.
Efectivamente, todos los documentos de la primera época de la vida del Santo, sin excluir los latinos de las curias diocesanas de Dax, de Tarbes y de Perigueux, escriben indefectiblemente «de Paúl», y él siempre se firma «Depaul». Cuando ya se mete en fundaciones y tiene que tratar con las Curias de París y Roma, la forma de escribirlo varía. Las Congregaciones romanas lo italianizan y escriben a veces «de Paoli» o «de Paulis»; los documentos pontificios—de Alejandro VII y Urbano VIII—siempre escriben «de Paúl», sin latinizarlo, conducta que a veces sigue la curia de París y el propio San Vicente en no pocos documentos latinos.
Cuando el Santo latiniza el apellido, escribe: «Vicentius a Paulo», y nunca «de Paulo» ni en ningún otro caso. Igual conducta sigue la curia de París. Es de advertir que hasta la edad de cincuenta años siempre escribió «Depaul» y que si latinizó a veces su nombre fué a influjo de las curias, no porque estuviese persuadido de que su apellido correspondiera ni al Pablo español, ni al Paul francés, ni al Paulus latino.
Es cierto que en la última época de su vida se gloriaba de llamarse como el capitán Paúl y como San Pablo; pero ello era sólo en sentido acomodaticio y para sacar más partido de su apellido en favor de su empresa o en provecho de su alma y de su Congregación, a las que pretendía llevar por los caminos del gran Apóstol. Acaso también influyó en esta tendencia el que así lo creyeran los demás y los mismos documentos oficiales, llevándose de esa manera de interpretar su nombre.
La escritura de los documentos primitivos, tanto privados como notariales y eclesiásticos, como más cercanos a la fuente, es a todas luces más auténtica.
Y cabe aquí otra pregunta: ¿Los documentos primitivos sufren la traducción «de Pablo», de Paulo», «a Paulo» y otras parecidas? La persistencia en la forma de escribirle y la resistencia a latinizarlo y la visible desgana con que al fin lo latiniza, y no en todos los casos, están proclamando que el Paúl de San Vicente no significa «Pablo» y, por tanto, no es apellido francés, y por lo mismo no debe pronunciarse «de Pol».
e) ¿Cómo pronunciaban San Vicente y sus contemporáneos su apellido?
Es muy difícil averiguar si lo pronunciaban como se escribe «de Paúl» o como lo pronunciaron después los franceses: «de Pol». Pero existen seis documentos que nos llevan a la conclusión de que lo pronunciaban como se escribe y que, por tanto, no procede ni de Paul francés ni del «de Paoli» italiano, sino que procede del «de Paúl» del patois de la raya catalano-aragonesa, que significa «de Laguna».
Los seis documentos pertenecen al libro de actas de la Colegiata de Ecouis. El primero está en latín y refiere la toma de posesión, por parte de San Vicente, de la dignidad de Canónigo Tesorero de la Colegiata, con fecha «de miércoles, 27 de mayo de 1615, en que reunido el capítulo «ad pulsum campanae in ecclesia Sancta Mariae Virginis d’Ecouis»… comparuit discretus vir, Dominus ac Magister Vicentius de Paoul, presbiter aquensis, baccalaureus theologus…, etc.».
Obsérvese la manera de escribir el apellido del Santo, así: «de Paoul». Y para que no se crea que ha sido una distracción del Secretario del Cabildo, se repite cuatro veces idéntica la manera de escribirlo en el mismo documento. Esta toma de posesión no la hizo el Santo en persona, sino «per Magistrum Joannem Morin, procuratorem suum». Por eso se preocupan de enviar al Santo una copia auténtica del acta capitular y una notificación del hecho a Felipe Manuel de Gondi que había sido otorgante del beneficio, como Patrón de dicha iglesia. Y así dicen:
«Nous envoyons a Monsieur Vincent de Paoul, precepteur de messieurs vosenfats, un extrait de sa prise de posesion la Tesorerie et chanoinie, desquels il vous a plu de le pourvoir».
El tercer documento con igual grafía se produce cerca de cuatro meses después, el miércoles 16 de septiembre, en que «Maitre Vincent de Paoul, pretre, bachelier en theologie» se presenta en persona ante el Cabildo reunido y presta juramento de fidelidad al cargo y a los deberes a él inherentes, si bien ruega se le permita hacerlo por otros, lo que se le otorga. Al día siguiente, que era el día de la dedicación de aquella iglesia, convidó a todos a comer «pro suo jocundo adventu», como reza el acta.
Pero el General de las galeras no era el único patrono de aquel Cabildo, sino que compartía el patronazgo con «el alto y poderoso señor don Pedro de Roucherolles, barón de PontSaint-Pierre, Marigny y Dampierre», el cual como su conciencia no le permitía «disimular y tolerar» la infracción de un punto tan importante como el de la residencia de todos los canónigos, a la que contravenían a un tiempo «los señores Desmany, deán; de Paoul, tesorero y Bondel, canónigo», se presentó al Cabildo el veinte de abril de 1616 y protestó enérgicamente de la tal ausencia y le intimó y requirió solemnemente a que se constituyera en juicio para juzgar y remediar tal conducta.
El Cabildo accedió a tal requisitoria y citó para el próximo Capítulo general, que se tendría el miércoles de Pentecostés, «a los señores Desmany; dean; de Paoul, tesorero, y Blondel, canónigo», y para que no pudieran alegar ignorancia, el Secretario del Cabildo les envió una copia de tal acta y requisitoria.
El 25 de mayo, fecha de la citación, comparecieron los citados menos él, M. de Paoul; pero el canónigo Mallet presentó una carta del General de las galeras y el señor Le Roux, otra de la parte del duque de Retz, también copatrón de esta iglesia, exponiendo al Cabildo la imposibilidad de la presencia de dicho señor de Paoul en Ecuis hasta dentro de quince días, rogándole se aplazara el juicio de su causa hasta ese tiempo.
El Santo no tenía madera de canónigo y es casi seguro que si compareció en el tiempo prefijado fue para explicar la incompatibilidad de sus funciones de preceptor y capellán de la familia de los Gondi con la presencia física en la silla coral del Cabildo de Ecuis. Pero lo que importa ahora es explicar por qué en todos estos documentos de 1615 y 1616, tanto latinos como franceses, el apellido se escribía de Paoul y no «de Paul», como era costumbre.
Indiscutiblemente los redactores, tanto el secretario como el notario sabían cómo los otros y el propio Santo lo escribía, pues había leído las cartas de los de Gondi y del duque de Retz, y hasta visto la firma del propio Santo el día de «jocundo adventu»; pero también habían oído cómo se pronunciaba el tal apellido no sólo de la boca de los demás, sino de la boca del propio Santo, y quisieron escribirle de suerte que los que leyeran no pronunciaran –Por, que así se pronuncia el francés Paul, sino que pronunciaran «Paúl», como el apellido español, para lo que era menester escribir «Paoul», conservando la «a» y añadiendo una «o», para que con la «u» formara el diptongo «ou», que se pronuncia «u».
De donde es claro que ni el Santo ni los que le rodeaban pronunciaban «Pol», sino «Paúl», que no responde al francés, sino al patois aragonés, y por ende tal apellido es de España y no de Francia.
f) ¿El apellido de San Vicente se escribe «de Paúl» o «Paúl» a secas?
Se habrá notado que en el cuadro de San Vicente de Crejenzán, lo mismo que el del Inquisidor, el apellido aparece sin la partícula «de»; cosa parecida sucede en otros documentos, partidas de bautismo, de defunción, censales, testamentos, etc. El P. Pemartín alegaba esta razón para negar el origen español de San Vicente de Paúl.
Si el ilustre secretario del P. Fiat hubiera estudiado mejor la documentación alegada por Fajarnés, hubiera observado tres zonas de tiempo en la manera de escribirlo. Desde el siglo XVII todos los documentos traen el apellido sin «de». Los del siglo XVII, aun tratándose de los mismos personajes, que además son de las mismas familias de las del siglo XVIII, escriben indistintamente «Paúl» o «de Paúl». Los del siglo XV casi todos escriben «de Paúl».
Véanse del siglo XVI varios documentos: En un censal de 1543 figura entre «las partes del Cocello «Bartolome de Paúl», y entre los jurados, «Juan de Paúl». En 1598 figura como compadre en el bautizo de Isabel Paúl «Juan de Paúl», mayor, que era hizo de «Francisco Paúl, el viejo». En el libro de difuntos figura como fallecido en 1595 «Juana Paúl, mujer de Juan de Paúl», el cual fallece el 13 de febrero de 1599, un año después del padre de San Vicente. En 1679 se inscribe la partida de Esperanza Dompier, «mujer de Miguel de Paúl».
A fines de este siglo ya empieza a barajarse con «de» y sin «de». A veces el apellido del padre se escribe sin «de» y el del hijo con ella o viceversa. Y se da el caso que en la misma partida el mismo individuo aparece sin ella y con ella. Así, en la partida de defunción de Juan de Paúl, en la nota marginal, está sin la partícula y en el texto con ella. Juan de Paúl de los Barrios, esposo de Juana Altemir, en el bautizo de su hijo Juan, en 1618, aparece sin ella, lo mismo que el padrino, Pedro de Paúl, tío del bautizado, pero en el de su hijo Pedro–20 de noviembre de 1619–la partida se escribe así:
«Yo, el doctor Gastán, bauticé un hijo de Juan de Paúl y Juana Altemir.» Lo mismo sucede con Martín de Paúl, Miguel de Paúl y otros. Después la partícula va desapareciendo y se va quedando en el Paúl escueto y así llega el escudo de Armas, que, lograda la jurisfirma de infanzonía, graba en 1637 Juan Francisco Paúl y Altemir en la puerta de su casona, al cual corresponde evidentemente llevar la partícula «de», porque era nieto de Juan de Paúl y Juana Altemir.
Algo parecido ocurre con el apellido «Mora», que también se escribe «Moras». Y porque los padres de San Vicente pertenecían a la primera época conservó celosamente el «de», que el hijo pegó al «Paúl», sin que sepamos por qué. Abelly sospecha que lo hizo para que no le tuvieran por noble, lo que no es probable, pues ya antes de que fuera humilde, en 1608, ya se firma «Depaúl».
Aunque el artículo es ya largo, permítaseme, como conclusión, una reconstrucción probable de los hechos. Reconstrucción de los hechos.—Apoyándonos en documentos de censos, entierros, testamentos y partidas de bautismo podemos hacer una reconstrucción probable de los hechos.
1º Hay tres núcleos importantes de la familia Paúl, que son: Crejenzán, Tamarite y Estopiñán. También aparecen otros desparramados por algunos otros pueblos de Aragón y hasta acaso por Francia.
2º El tronco primitivo y más numeroso es el de Crejenzán, que se remonta de cierto hasta el siglo XIV, y muy probablemente a la conquista de Barbastro en el siglo XII.
3º Hacia mediados del siglo XVI los de Crejenzán llegan a Tamarite y fundan allí un solar con capilla de enterramiento, como consta del testamento de Melchor Paúl.
4º Juan de Paúl casa con Bertranda de Moras y, como primogénito, ocupa la casa solariega, mientras que los otros emigran, según era costumbre, a Fonz, Estopiñán, etcétera. Por estas mismas fechas aparecen en Estopiñán, procedentes de Tamarite, Antonio de Paúl, Juan Antonio de Paúl y Miguel Vicente de Paúl. A Juan Antonio le nacieron Melchor, Miguel, Bartolomé y Juan, estos dos últimos presbíteros. En 1601 Antonio tenía un hijo llamado Miguel; su testamento declara heredero en 1601 a Juan de Paúl, en caso de que Miguel muriera sin edad de testar., ¿Sería este Juan de Paúl hermano mayor de San Vicente, que entonces vivía en Pouy?
5º En el último tercio del siglo XVI los de Paúl desaparecen de la casa solariega de Tamarite, que es ocupada por un Valdellóu, casado con María Mola.
6º Melchor Paúl se casa con Isabel Ana Valdellóu, hija del Valdellóu que ocupó la casa solariega de los Paúl hacía 1570 ó 1580, recuperando para los «Paúl» el solar, que les era propio, por medio del enlace matrimonial con la hija de los dueños, que la habían adquirido a uno de sus antepasados.
Todo lleva a suponer que este antepasado es el padre de San Vicente, que sufrió dificultades económicas por las guerras y discordias que entonces hervían en la región, y prefirió vender casa y hacienda y emigrar a país más tranquilo –Las Landas—, y con el producto de la venta comprar allí la casa de labranza y algunos animales con que reorganizar la vida y sacar la familia adelante.
7º Cierto que esta hipótesis no tiene ningún documento explícito a su favor, pero tiene a su favor la, tradición constante y sólida y todas las demás circunstancias alegadas: fundación de un solar de los Paúl en Tamarite, la ocupación de éste por un Valdellóu, la dispersión de la familia, la recuperación del solar, no por compra, sino por enlace con la hija del comprador. 8º Añádase a esto que los Paúl de Estopiñán son parientes de los pie Crejenzán, como consta del testamento del doctor don Manuel Paúl, capellán de la Angélica del Pilar y primo de los doctores don Juan y don Gabriel, todos ellos de Crejenzán, que se tenían por parientes del Santo. El tal don Manuel era, en 1723, más que septuagenario y dejaba heredero a su sobrino Jaime Juan Paúl, de Estopilán. Y las tres ramas convienen en señalar como la casa en que nació San Vicente de Paúl a la solariega de Tamarite, a pesar de ser la que pasó por mayores vicisitudes, y que acabó de consolidar el enlace de la única hija de Melchor Paúl, llamada María, con Jerónimo Mola, cuya larga supervivencia dio origen al cruzamiento de los escudos y al cambio de nombre, llamándose casa de «Xeronimola».
Es, por tanto, evidente que el apellido de San Vicente de Paúl es rigurosamente español y no francés y mucho menos italiano: Y que por sí solo evidencia la oriundez española de San Vicente de Paúl.
14ª También el nombre es tan aragonés como su apellido, cosa que viene a reforzar los argumentos anteriores, que tomados en conjunto arrancan a los no comprometidos en prejuicios preconcebidos el más absoluto asentimiento a la tesis de la ascendencia española de San Vicente de Paúl.
«El Santo Patrón de San Vicente» es efectivamente San Vicente de Zaragoza, que es otro vínculo que le une con Aragón.
Aunque San Vicente tenía, mucha devoción a San Vicente Ferrer, tanto a causa de su relevante figura misionera cuanto por su maestría ascética «La vida espiritual» del valenciano era su libro preferido para las lecturas de los ejercicios espirituales y de los retiros mensuales, sin embargo no era el patrón del fundador de la Misión. De la correspondencia vicenciana se deduce que su patrón era un. San Vicente martirizado en España. Hasta que llegó Pedro Coste, todos los editores de Abelly y demás historiadores creían que este San Vicente no era otro que el diácono de San Valero, Obispo de Zaragoza, martirizado más tarde en Valencia, siendo emperador Diocleciano y presidente, Decio; mas Pedro Coste ha descubierto que el patrón de que el Santo habla a Santa Luisa es San Vicente de Xaintes, Obispo y patrón de la Diócesis de Dax, que no fue martirizado en España, como erróneamente escribe el Martirologio Romano, sino en Dax; hecho que explica la devoción de los padres del Santo a dárselo por patrón. Este error del Martirologio indujo también al Santo a pedir a España algunas reliquias y algunos datos de su vida. Esta peregrina teoría lleva a Pedro Coste a fechar la carta de n. 611 el 1 de septiembre, fiesta del de Xaintes. Nada hay, sin embargo, en la carta que nos lleve a fecharla el 1 de septiembre; la situación psicológica del Santo es muy distinta de la que se refleja en la carta del 1 de septiembre al P. Dufestel y muy afín a la del 22 de enero del mismo año 1642, en cuya día es, por tanto, lógico fecharla, cosa que además aconseja y aun exige la atenta lectura del texto de Abelly en la página 291 del tomo segundo de su «Vida del Santo».
Abelly, de quien la toma Coste, no la fecha, y, por tanto, no puede darse como argumento que avale a Coste, para que pueda dar al Santo por patrón al Obispo de Xaintes, pues es una deducción de una hipótesis carente de fundamento. Diríase que Coste quiere borrar la huella de todo lo hispánico en la vida del Fundador de la Misión.
En cambio, comparando las dos cartas que en el tomo II de la colección de Coste aparecen con los números 565 y 611, dan la impresión de que se trata de un mismo personaje, que la 565 identifica con el diácono de Zaragoza. Esta carta la fecha el propio San Vicente el 22 de enero de 1642. En ella el Santo escribe al P. Codoing: «Yo espero que Dios seguirá derramando sus misericordias sobre Annecy, si es que no lo impiden «mis miserias de mi vida pasada, de las que en este día de San Vicente he dicho una parte en la repetición de oración». Es evidente aquí el influjo de la fiesta del día en la determinación que le llevó a hacer un examen de su vida pasada y a dar después cuenta a los suyos en la repetición de la oración. La razón debió de ser porque éste era el día de su Santo, ocasión propicia para hacer tales repasos, que conducen evidentemente a un mejoramiento de vida, que es el mejor homenaje al Santo Patrón. En la carta que Coste señala con el número 611 y fecha el 1 de septiembre, sin más fundamento que la de coincidir esa fecha con la fiesta de San Vicente de Xaintes, el Santo parece también dominado por el sentimiento de sus miserias, en las que meditó aquel día, si bien con no pocas distracciones: «Agradezco—dice a Santa Luisa—la parte que toma en la devoción de mi Santo Patrón y ruego a Dios que otorgue a la fe de usted lo que mi miseria me hace indigno de obtener para usted. Pídale perdón por mi indevoción, ya que toda esta mañana la he pasado enredado en asuntos, sin poder hacer más que un poco de oración, y ello con hartas distracciones: de lo que puede inferir qué puede esperar de mis oraciones en este santo día».
La comparación de los dos textos nos lleva a la convicción de que en las dos cartas existe la misma preocupación del Santo por los pecados de su vida, que recuerda en su meditación y que le infunden el temor de que por ellos sus oraciones no sean escuchadas. Es casi seguro que las dos cartas fueron escritas el mismo día, el 22 de enero de 1642, y que el «Santo patrón» de que habla a Santa Luisa es el mismo San Vicente de que habla al P. Codoing el 22 de enero; es decir, San Vicente de Zaragoza, al que, por ser aragonés, Juan de Paúl y Bertranda de Mora, también ellos aragoneses, tendrían más devoción que al valenciano, aunque su fiesta, el 5 de abril, estuviera más próxima al 24 de abril que la del Santo aragonés. Esta deducción se confirma por el hecho de que el mismo día 1 de septiembre de 1642 escribe una carta al P. Dufestal, en la cual no aparece ni rastro del pesimismo de que estaba lleno el día que escribió las dos cartas anteriores; antes bien, se muestra «animado del sentimiento de la perfecta confianza que tengo de que todas las cosas suceden según el plan que Dios ha ido trazando a esa Comunidad», sin la más ligera duda de que sus pecados y miserias puedan estorbar los planes de Dios.
En la página 133 del tomo III el primer biógrafo escribe este detalle delicioso:
«Era también devotísimo del mártir San Vicente, su patrón, y como un día le llegara la noticia de que cierta persona de mérito y de piedad tenía relaciones y conocimientos en España, le suplicó que interpusiera su crédito ante esas amistades para que buscaran en las tradiciones de este reino acerca de la vida y martirio de este bienaventurado santo memorias más amplias que las que se encuentran en el compendio de su historia«.
Nótese que Abelly califica de glorioso el martirio de San Vicente, del que corría por Francia un resumen o compendio, que el Fundador de la Misión deseaba ampliar con nuevas noticias traídas de España; mientras que el de Xaintes era un mártir oscuro del que el Martirologio se limitaba a consignar en el tercer lugar: «En España, los santos mártires Vicente y Leto», mientras que la tradición de Dax, de que era Obispo, afirma que fue martirizado en Xaintes, pequeña localidad, hoy englobada en la misma población. Es, pues, cosa clara y probada que el patrón de nuestro Fundador es San Vicente de Zaragoza.
¿Pero quién es ese personaje que vive en torno a San Vicente y tiene amistades en España. Es muy posible que aquí se trate de Magdalena de Sillery, condesa de Rochepot y hermana de Margarita de Sillery, la señora de Gondí, y cuasi fundadora de la Misión. En 1620 casó con Carlos de Angennes, señor de Fargis, mariscal de campo de los ejércitos de Luis XIII y consejero de Estado. El mismo año de su boda fué nombrado embajador en la Corte de Madrid, cargo que ejerció hasta 1626, en que concluyó con España el tratado de Monzón, tras largas negociaciones, por el que se ponía fin a la guerra por la Valtalina. Se lee en las memorias de Richelieu que la señora de Fargis, Magdalena de Sillery, dama de honor de Catalina de Médicis, había recibido de Luis XIII el encargo de comunicar al embajador, su marido, que concluyera el tratado «ognímodo». Esta intervención irritó al Cardenal, que reaccionó desautorizando al embajador, que por otro lado no había seguido las instrucciones del P. José, la eminencia gris, viéndose obligado a someterlo a nueva revisión y firmarlo de nuevo el 6 de marzo de 1626. El embajador era lo que pudiéramos llamar hoy un hispanófilo, partidario de un entendimiento de Francia con España, y junto con su mujer formaba en la Corte en la oposición al Cardenal, que le relevó de su cargo el mismo año del tratado de Monzón. En 1631 la señora de Fargis figuró en la frustrada conjura contra Richelieu, el cual, por medio del tribunal de justicia del Arsenal, la condenó a ser decapitada, sentencia a la que escapó refugiándose en los dominios de España de Flandes, en donde murió en 1635. Carlos de Angennes, víctima de la cólera de Richelieu, compartía con el príncipe de «Condé la prisión de la Bastilla, y muerto Richelieu buscó un refugio a su vida azarosa en San Lázaro, vistiendo la sotana de misionero el 31 de diciembre de 1647, con la doble espina en su corazón de la muerte de su hijo Carlos, muerto heroicamente en el sitio de Arras el 2 de junio de 1640, y de su hija Enriqueta, atrapada por los jansenistas de Port-Royal, en donde jugó un largo y triste papel, sin que pudieran nada las lágrimas de su padre para sacarla de allí. Solo un año pudo disfrutar de aquel remanso, que trocó por el eterno del cielo el 19 de diciembre de 1498, después de haber embalsamado a toda la Comunidad con grandes ejemplos de «desasimiento de las cosas del mundo y de la más perfecta unión con Dios» hasta el punto, declara el Santo, que «nunca le vi cometer un solo pecado venial».
Es muy posible que el embajador cumpliera el encargo que por medio de su señora le hacía el Santo de informarse con más detalles de la vida y del martirio de «su Santo patrón», tanto más que su estancia en el reino de Aragón hubo de prolongarse durante las negociaciones del tratado de Monzón. También es posible, y acaso más probable, que fuera el propio embajador, cuando ya era misionero, el que informara a San Vicente de las posibilidades de satisfacer sus piadosos deseos, valiéndose de las muchas amistades y conocimientos que él tenía en España, que eso es lo que parece indicar Abelly, cuando habla de las «habitudes et connesainces» que tenía en España el informador del Santo.







2 Comments on “San Vicente de Paúl y su entronque hispánico (II)”
Existen muchas coincidencias en el pueblo de Monesma de San Juan. Casa Paúl, la casa donde nació un santo, el escudo con una cabeza de hombre de iglesia.El escudo por doble pintado en la iglesia,la tradición oral……..donaciones a la iglesia en años clave de su vida,,,etc….
Por qué nadie se interesa por estudiar este posible origen del santo?.