Hija de la Caridad Sierva de los Pobres enfermos
Brienne
Hoy, 11 de marzo de 16591
Mi querida hermana:
Alabo a Dios con todo mi corazón por la alegría que le ha proporcionado con la llegada de la Hermana; ya me esperaba yo que fuera para usted un consuelo. Estoy muy extrañada de que no reciba usted dinero. La señora de Brienne debe un año, y más, y nosotras no hemos recibido nada. No deje de decirme, por el primer correo, qué es lo que necesita, en caso de que no haya cobrado. Le ruego por el amor de Dios, querida Hermana, que no carezcan de nada de lo necesario, en su alimentación: Sor Genoveva2 se ha quedado espantada al verla tan flaca, es verdad que no recuerda que por contextura natural es usted así. No obstante, ponga cuidado en no estar tan delgada porque pase necesidad; pida prestado dinero, con toda libertad, cuando lo necesite, que ya sé muy bien que no ha de abusar.
En cuanto a la dimisión3 que pide usted, no piense en ello, se lo ruego; no tiene por qué afligir tanto a nuestra Hermana, sino permanecer sometida a las disposiciones de la divina Providencia, prestándole servicio.
Por el primer correo, si Dios quiere, le enviaré un libro de meditación con algún otro librito muy necesario para la instrucción; no hemos podido tenerlos para enviárselos por éste. Le ruego nos comunique noticias de la madre de Sor Bárbara4 y nos diga si no ha hecho usted llegar a su poder las cartas que llevó la Hermana, porque, después de esto, hemos recibido noticias de ellos y están preocupados. Nuestro muy Honorable Padre está bien, gracias a Dios, y también el señor Portail. No dejaré de darles sus saludos, conforme usted lo desea.
Le pido me dé una parte en sus oraciones y crea que soy en el amor de Nuestro Señor, querida hermana, su muy humilde hermana y afectísima servidora.







