(Angers)
Hoy, 3 de febrero de 1644
Señor:
Siento mucho que no haya ido todavía por ahí el señor Lamberto. La necesidad en que se encuentran nuestras Hermanas, según lo que su caridad me ha hecho el honor de advertirme, me hace temer que sea ocasión de mayor trabajo para usted. Me ha dicho (el señor Lamberto) que una ligera indisposición va a impedirle ir por ahí antes de principios de Cuaresma; estoy segura de que no dejará de hacerlo. Ya ve usted, señor, cómo la bondad de Dios permite que todo cuanto se hace en esta pequeña Compañía se vea rodeado de dificultades. Creo que la causa de ello son mis miserias. Sospecho que no llegan mis cartas a sus manos, y para salir de dudas le ruego me diga si la ha recibido. Le escribí a primeros de año y le transmitía lo que piensa el señor Vicente sobre lo que usted me había comunicado referente al servicio espiritual del hospital. Le ruego muy humildemente perdone tantas molestias como le causamos; si no fuera por el conocimiento que tengo de su gran caridad, temería cansarle; pero por la gracia de Dios estoy lejos de pensarlo, más bien me da el pensamiento de considerar a usted como a un padre bondadoso a quien debemos venerar, viendo el apoyo cordial que su santa dirección proporciona a sus más débiles hijas. Suplico a Dios de todo corazón sea El su recompensa eterna, y en su santo amor soy, señor, su muy agradecida hija y humilde servidora.







