Luisa de Marillac, Carta 0095: Al señor Abad de Vaux

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Hoy, 29 de junio (1643)

Señor:

Le doy las más humildes gracias por la opinión que me ha dado sobre la conducta de esa buena muchacha de Angers. Si no quisiera volverse allí, nos veremos precisados a dejarla que se ponga a servir, porque no sé a qué otro lugar podríamos llevarla por las razones que he mandado decir a su señora hermana. Tan pronto como la vi, dudé que fuera enviada por usted y temí que no se quedaría mucho tiempo. Necesitamos jóvenes que tengan verdaderamente el deseo de su perfección, y creo que ésta lo que desea es ver y probar el mundo. Hay una que vino a vernos por propia iniciativa y nos dijo que hacía mucho tiempo que deseaba ser de la Compañía, prefiriéndola a una religión; la impresión que me hizo de franqueza y buena voluntad me inclinó a acceder a su petición, porque me pareció capaz de poder un día prestar mucho servicio a Dios en esta Compañía. Hablando de ella con su señora hermana, lo hizo en términos que aumentaron todavía más mi deseo de recibirla; he sabido después que algunos de sus parientes quieren disuadirla de su buen propósito y alegan que sus deseos se han enfriado; pero hablando ayer con nuestra Sor Isabel1 se expresó de muy diferente manera. Si Dios quiere dárnosla, ya sabrá encontrar los medios para ello, y yo le aseguro, señor, que la recibiré y querré como si fuera un miembro de mi familia, con la esperanza de que podremos trabajar juntas por la gloria de Dios. Mucho me hubiera agradado hacerme útil con algún pequeño servicio a la señora du Plessis2, pero me temo que no me va a caber tal honor. Suplico a Dios encamine el curso de su pleito. Le ruego encarecidamente, señor, que tenga presente al señor Vicente en sus santos sacrificios: lo necesita ahora más que nunca. Me temo mucho que sucumba bajo la carga. Sigue con sus acostumbradas fiebres y también con su trabajo. No sé ya qué decirle del viaje del señor Lamberto3; yo creía que a su regreso de Sedán iría pronto a Richelieu; pero no veo que vaya a ser así. Cuando lo haga, no dejará de ir a Angers. Le ruego, señor, por amor de Dios, siga prestando su caritativa solicitud a nuestras pobres Hermanas, que si se mantienen, lo mismo que empezaron, es gracias a su ayuda, de la que ellas y nosotros le estamos tan agradecidos, y a la bondad de Dios por habernos hecho esta gracia.

Estoy muy reconocida a la señora du Plessis que se ha tomado la molestia de venir dos veces a casa. Verdaderamente me confunde el no tener ninguna dirección suya para darles pruebas del afecto que me merece. Tuve tan poca cabeza que no se me ocurrió ofrecerle la posibilidad de asistir a las ceremonias del funeral4 por nuestro difunto Rey, en Notre Dame, y sólo caí en la cuenta cuando ya había pasado la ocasión.

Le señalo esta falta, señor, para que advierta usted que cometo otras muchas, aún tratándose de procurarme las ayudas que necesito para mi salvación. Le suplico muy humildemente que me haga la caridad de ser para mí esa ayuda ante nuestro buen Dios, en cuyo amor soy, señor, su obediente y muy humilde servidora.

  1. Isabel Martín, que estaba a la sazón en París (ver C. 27 n. 1).
  2. Señora du Plessis, hermana del Abad de Vaux (ver C. 35 n. 2).
  3. Señor Lamberto aux Couteaux (ver C. 22 n. 1), había ido a Sedan para negociar el establecimiento de los sacerdotes de la Misión.
  4. El Rey Luis Xlll falleció el 14 de mayo de 1643.

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