Luisa de Marillac, Carta 0089: Al señor Abad de Vaux

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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10 de marzo de 1643

Señor:

Me parecía que era disposición de la divina Providencia el retraso en leer la primera carta de este año que me ha hecho usted el honor de escribirme, lo que era para mí un poderoso motivo para no temer desobedecerle y no dar muestras de mi temeridad. Pero, puesto que así lo desea usted, señor, le diré sencillamente que hay que esperar en paz que la gracia produzca en nosotros la verdadera humildad, la que, al darnos conocimiento de nuestra impotencia nos mueve a confesarla y a someternos voluntariamente a soportar lo que usted llama debilidad, ligereza, orgullo y sensibilidad, sin esperar que todo esto quede destruido en nosotros, que nos vemos y nos veremos toda nuestra vida zarandeados por tales agitaciones; y tocante a lo demás que usted me hace el honor de decirme, he creído, señor que debía comunicárselo al señor Vicente, pensando que a su caridad le vendría bien conocer su opinión en este asunto en bien del prójimo. Si no le escribe por este correo, será, creo, porque se lo impidan sus continuas ocupaciones, pues me ha manifestado que deseaba hacerlo. Sé que no le agradaría a usted, señor, que yo le repitiera los pensamientos que la humildad de usted ha producido en su espíritu.

El señor Constantin1 se ha tomado la molestia de traerme en persona su apreciada carta. No sabría expresarle el consuelo que he tenido viendo el fervor de su corazón en el santo Amor. Mucho se puede esperar de la perseverancia de esta alma.

Veo que continúan las debilidades de espíritu de esas pobres Hermanas nuestras y me parece son el fruto del pobre huerto de mi ruin dirección. No escribo a esas dos Hermanas2 que sufren esa pena, porque no sé si debo hacerlo. Pero me disgusta la debilidad de que ha dado muestras nuestra Sor Magdalena3; me figuro que su caridad se lo habrá advertido y por eso no lo hago yo; y en cuanto a cambiarla, no he oído todavía al señor Vicente el tiempo que deben permanecer en el cargo. De todos modos, espero que el señor Lamberto4 se dé una vuelta por ahí, y entonces podrá usted, señor, si le parece, hablar con él de todas las necesidades de nuestras Hermanas.

Encomiendo a sus santos sacrificios y oraciones un asunto de importancia que parece ir bien encaminado a la gloria de Dios; pero como es algo que me interesa, temo que los motivos que doy a la divina justicia para estar irritada se opongan a su misericordia. Tengo confianza en su caridad, que es lo que me hace importunarle tanto, a la vez que le aseguro soy en el amor de Jesús Crucificado su muy humilde hija y obediente servidora.

  1. Gabriel Constantin, uno de loa Administradores del Hospital.
  2. Claudia Brígida y Bárbara Toussaint (ver carta anterior).
  3. Magdalena Mongert (ver C. 22 n. 1).
  4. El Sr. Lamberto (ver C. 22 n. 1) a la sazón Asistente General de la Congregación de la Misión.

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