1992. Prefacio.
El excelente folleto del canónigo Berjat, editado en 1931, está desde hace tiempo agotado. Muchos peregrinos y amigos de Valfleury deseaban una nueva edición. Un trabajo de esa clase hubiera sido demasiado costoso y, por supuesto, hubiera contado con un número limitado de lectores.
No obstante, ha parecido deseable ofrecer al fervor de los peregrinos y a la curiosidad de los turistas, una documentación clara, segura y enriquecedora para su cultura y su fe.
Un gran amigo de Valfleury y de los Padres, ha jugado un papel importante para decidir al abate Bruno Martín a retomar las grandes líneas de la historia local y para llevar a la comunidad de Valfleury a interesarse en este proyecto, El aspecto «comercial» del intento una vez asumido todo resultó facilitado y apoyado.
Por eso es grande nuestra alegría al poder ofrecer hoy al público, este folleto, redactado en comunión con nuestro Obispo, Monseñor Pierre Joatton.
La leyenda y la historia.
Para el peregrino de Valfleury, a la que viene a venerar es a «Nuestra Señora de la Mata de Oro». En el origen de este nombre poético existe una graciosa leyenda, cuyo relato podemos tomar de último historiador de Valfleury, el Canónigo Berjat (Nuestra Señora de Valfleury, Lyon, 1931):
Un día, próximo a Navidad, hacia el año 800, un pastor de la Goutelle, mientras pastaba su rebaño, había visto con sorpresa, en el nacimiento mismo del Dureyze, una retama toda en flor; él había separado las ramas y, oh maravilla, había en medio, una estatua de la Santísima Virgen sentada en un trono y teniendo a su hijo pequeño sobre las rodillas. Todos quisieron ver en ello un prodigio. Se informa de ello al párroco vecino, señor Rimaud –por cierto que entonces se decía Grimoaldus- ; éste, encantadísimo, mandó transportar la estatua milagrosa a su iglesia, en Saint-Christo. La gente de la región llegó en masa para venerarla, y por las noches las puertas de la iglesia se cerraron cuidadosamente. ¡Al día siguiente gran conmoción! La estatua no estaba ya allí, y las puertas seguían cerradas. Eran ciertamente los Ángeles los que se habían llevado a su Reina para depositarla otra vez en las fuentes del Dureyze, no sin detenerse un rato por el camino, pues se veía y sigue viéndose el lugar donde ella reposó sobre la roca que llaman la Silla de la Virgen. La volvieron a encontrar con admiración en el lugar donde el pastor de la Goutelle la había descubierto la víspera, y se comprendió que quería ser honrada en este lugar.
Le levantaron muy pronto una capilla, en el sitio que ella había escogido; demasiado pronto incluso, ya que esta capilla se cayó, un día de Navidad, después de la salida de Vísperas, sin causar ninguna víctima. Por eso se cantaba en Valfeury el Te Deum en las Vísperas de Navidad.
¿Qué crédito puede otorgarse a esta hermosa leyenda? Los hagiógrafos harán resaltar que se cuentan varias historias parecidas de estatuas halladas en el origen de santuarios: N. D. de l’Épine, en Châlons-sur-Marne, N.-D. de Buglose, donde oró Vicente de Paúl niño; muy cerca de nosotros, en Ambert, N.-D. de Layre.
La época –año 800- se ve un poco convencional; la época de Carlomagno, como quien dice: la noche de los tiempos. Se verá en los detalles –la roca, la fuente- características que pueden evocar un antiguo lugar de culto pagano. Fuerza es confesar que nos vemos reducidos a conjeturas, y que hemos de esperar a mediados del siglo once para que nuestro santuario entre indiscutiblemente en el dominio de la historia. Pero –y esto salva la parte de verdad contenida tal vez en la leyenda- esta primera mención, en un acta del siglo XI, concierne a un edificio ya existente. ¡Desde cuándo? Debemos resignarnos, por el momento, a ignorarlo…
Los Benedictinos en Valfleury.
A mediados del siglo XI, un señor de Auvergne, Robert de Turlande, canónigo de Brioude, había fundado al otro lado de los montes del Forez un monasterio que pronto se convertirá en la sede de una congregación de benedictinos comparable con Cluny. La había llamada la casa-Dios, en latín: Casa Dei ; nosotros decimos: La Silla-Dios. Pues bien, Valfleury fue una de las primeras dotaciones que recibió, en la diócesis de Lyon, el nuevo monasterio. El 20 de septiembre de 1052, el rey Enrique I por una carta fechada en Vitry, autorizaba la erección del monasterio en abadía y confirmaba sus posesiones. Entre estos bienes, figura «en el territorio de Lyon, en la villa (el dominio) llamada Socieu (Siciacus) la iglesia Santa-María, con el dominio mismo, y todas sus dependencias». Un cierto número de razones que sería demasiado largo y fastidioso referir permiten decir que se trata indudablemente de Valfleury. Nos enteramos así del nombre primitivo del lugar –Socieu- y son los benedictinos los que, según costumbre bastante habitual tratándose de fundaciones monásticas, le habrían cambiado por vallis florida, el valle florido: Valfleury… ¿Se trataba de una alusión a la leyenda? Lo que es cierto es que los monjes de la Silla-Dios vienen a instalarse en un lugar donde existe ya una iglesia dedicada a la Virgen María; esta iglesia está comprendida en un dominio agrícola, una quinta; nada prohíbe pensar que ya podía ser la sede de una pequeña peregrinación, justificando la donación que hace la Iglesia de Lyon al nuevo monasterio.
Una villa, un dominio no es la sede de una importante comunidad; algunos monjes, todo lo más, con algunos criados. Al filo de los siglos, sin embargo, el auge de la peregrinación, parece llevar consigo un auge de la fundación. Los antiguos dueños hablan del claustro (lo que puede designar el conjunto de los edificios del monasterio, y no sólo una galería cubierta); los legados piadosos mencionan a varios religiosos. Un nieto del conde Guy IV de Ferez, Guillaume de Châteauneuf, atestigua a favor de Valfleury, antes de partir para la novena cruzada en 1275. Morirá en Tierra Santa dos años más tarde.
El desarrollo del santuario arrastra el del pueblo. En el siglo XIII, hay que establecer un cementerio, lo que produjo un conflicto con la parroquia de origen, S. Christo. Después de las desgracias de la Peste Negra (1348) y el paso de las Grandes Compañías, como consecuencia de la guerra de Cien Años, se emprendió un poco por todas partes en Forez, la reconstrucción de las iglesias. Es lo que ocurrió en Valfleury, en la primera mitad del siglo XV; la construcción se benefició quizás de las generosidades del cardenal de Saluces, canónigo de Lyon luego obispo de Valence en 1383.
Epidemias y revueltas había traído entretanto la decadencia de la mayor parte de las instituciones religiosas. Una casa tan pequeña como Valfleury no podía ser una excepción y, en 1485, el priorato de Vafleury fue unido al de Savigneux, cerca de Montbrison. No hubo más religiosos en Valfleury; sacerdotes seculares recibieron el «beneficio» como «encomienda», es decir que percibían las rentas del priorato, asegurando en él, o haciendo asegurar lo mínimo del servicio espiritual. No obstante, la peregrinación continuó: se sabe por actas del siglo XV que había incluso adosadas a la iglesia tiendas de comerciantes de objetos de piedad.
La renovación de la peregrinación y la llegada de los Lazaristas.
Una serie catastrófica de «pestes» (se llamaba entonces peste a todas las enfermedades contagiosas) de 1586 a 1629 va a devolver mucho sentido a la peregrinación: se reconocen curaciones, tienen lugar milagros, que aumentan inmediatamente la fama del santuario. Pero sigue estando mal atendido. Cuando en 1620 la Madre Agnès de Langeac –una dominica reformada que tuvo un papel muy importante en la conversión del fundador de San Sulpicio, el Sr. Olier- viene en peregrinación, no encuentra a ningún sacerdote para poder comulgar. La leyenda asegura que un ángel le dio la comunión!
En 1629 –en el momento de la gran peste- 52 parroquias hacen el voto de venir cada año en peregrinación a Valfleury, si se ven libres de la plaga: esto es lo que sucede, y el voto se mantiene en algunas de estas parroquias, hasta nuestros días.
En 1643 el último prior comanditario es el Sr. Jacques Manis, canónigo de San Pablo de Lyon, y se preocupa por fin de hacer atender la peregrinación: benedictinos y sacerdotes seculares se niegan a ello y se ha de esperar hasta el 22 de noviembre de 1687 para que se haga el traspaso del priorato a las manos de los Lazaristas, representados por el Sr. François Hebert, párroco de N.-S. de Versalles.
Se nombró a un superior local en Valfleury, al Sr. Blanco, originario de Doizieu. Él ha dejado una gran reputación de santidad, como una de sus dirigidas, Catherine Philis. Acudimos otra vez al canónigo Berjat para lo que se sabe de uno y otra:
Un superior local fue nombrado para la comunidad de Valfleury, el Sr. Blanc, y este superior fue un Santo hombre de Dios; Roma se ocupa incluso de su beatificación. El Sr. Blanc era de Doizieu, no lejos de Valfleury, se dio por completo al servicio de la Santa Virgen. Los peregrinos le veneraban, y uno de ellos, llegado de Montanès, fue curado súbitamente de la fiebre besando sus despojos mortales. Sus restos descansan cerca de la mesa de comunión de la iglesia actual.
Fue bajo la dirección del Sr. Blanc como Catherine Philis, llamada la»Ssanta de Valfleury», llegó a ese grado de perfección que ha dejado un recuerdo de tan alta edificación.
Nacida en 1664 en la aldea de la Faverge, en la parroquia de Saint-Christôt, no lejos de Valfleury, se la vio desde su edad joven como una niña de bendición; el pensamiento de Dios la hacía caer en contemplación; y cuando tuvo la dicha de ser admitida a la Santa mesa, «su arrebato fue tal, dice su historiador, que habiendo desaparecido a sus ojos las criaturas de alguna manera, ella creía existir sola con Dios solo». –Un día, cuenta el Sr. Blanc, estaba ocupada en guardar el rebaño de de su padre, cuando una niña de su edad y vestida como ella se le acercó y le habló de las cosas de Dios. Ella le aconsejó que guardara su virginidad, añadiendo que tendría en el cielo una brillante recompensa por ello.» -¿Quién sois vos? preguntó Catherine a la interesante visita. –Contentaos con saber, respondió la joven extraña, que me llamo Teresa». Catherine tuvo siempre una gran confianza en Santa Teresa, y quiso tomar su nombre con ocasión de su entrada en la orden tercera de Santo Domingo.
«Desde los nueve años, continúa el Sr. Blanc, ella hacía oración durante seis horas al día». Se levantaba a medianoche y acabó por no dar al reposo más que hora y media cada noche. Sin sentir jamás la necesidad de sueño. Vestida ligeramente y a medio calzar durante los fríos más rigurosos, nunca se sintió incómoda.
Llegó la hora de las tribulaciones: grandes sufrimientos torturaron su cuerpo sin discontinuidad hasta la muerte, al propio tiempo que las tentaciones más penosas desolaban su alma.
En 1692, por las fiestas de Pentecostés, las tentaciones de desesperación aumentaron; tenía 28 años, y Nuestro Señor se le apareció pidiéndole que escogiera entre el Calvario y el Thabor; ella escogió el Calvario.
Los consuelos volvieron de inmediato, pero el pobre cuerpo fue torturado por periodos sucesivos durante dieciocho años. Vino a establecerse en Valfleury con una tía que la cuidaba, muy cerca de la iglesia, para poder más fácilmente visitar a la Santa Virgen y recibir la santa comunión. Allí pasó diez años. Murió en olor de santidad el 19 de octubre de 1705, a la edad de 41 años. Había deseado vivamente ser enterrada en la iglesia misma de Valfleury, donde sus restos se conservan piadosamente todavía hoy.
En el mismo tiempo pasó en Valfleury, cuando la breve estancia que hizo con los Lazaristas (1702-1704), el padre Pierre Vigne, un sacerdote de la diócesis de Viviers quien debía más tarde fundar las Hermanas de Santísimo Sacramento. Su causa de beatificación está en curso…
Entrevemos por el ejemplo del P. Vigne algo de actividad de los Lazaristas en Valfleury: el servicio del santuario durante los tiempos de reposo, pero también una gran parte del años en el exterior por estas «misiones» populares que han marcado con una huella tan profunda y verdaderamente «evangelizado» los montes del Lyonesado y la región de Jarez… Pierre Vigne, así, da la misión, en 1702, en Saint-Paul en JAREZ, en Saint-Jean-Bonnefonfs, en Saint-Just-sur- Loire…
Los Lazaristas se preocupan también de la mejora de lo temporal de la casa. El Sr. Guillot, superior de 1740 a 1753, comienza, en el emplazamiento del antiguo claustro los edificios del convento actual…; serán terminados (escalera principal y edificio de entrada) por el Sr. Palerne, superior de 1772 a 1786. Este último pertenecía a una rica familia de negociantes de Saint-Chamond. Mientras tanto, para dar fin a todas las reivindicaciones de la abadía de la Silla-Dios sobre su antiguo priorato, Valfleury fue definitivamente separado de Savigneux, e incorporado en lo espiritual como en lo temporal, a la congregación de la Misión. Fue hecho por ordenanza del cardenal de Tencin, arzobispo de Lyon, el 3 de mayo de 1744.
Los archivos nos dan pista de numerosos legados piadosos, así como de las peregrinaciones de cofradías muy regulares desde el voto de 1629. Gracias, hasta milagros acompañan las vistas de los peregrinos: un manuscrito del tiempo, después de referir la leyenda de la estatua hallada «bajo una mata florida» añade que en la «hermosa iglesia» que se edificó allí, «que se conoce como Nuestra Señora de Vauflorie» se hacen diariamente varios milagros«. Un registro, destruido lamentablemente en la Revolución, servía para consignar los procesos verbales de estos hechos, con firmas de los testigos.
La Revolución y el Regreso de los Padres.
La abolición de las órdenes religiosas fue votada por la asamblea constituyente, el 8 de agoste de 1792. En esta fecha, el superior de Valfleury era el Sr. Joubert. Tenía con él a tres misioneros, los Srs. Verna, Guinand e Imbert. El Sr.Joubert se negó a prestar juramento a la Constitución Civil del Clero, y se ocultó en St-Romain-en-Jarez. Arrestado, metido en prisión, solo su edad (74 años) le libró de la guillotina. Sus tres cohermanos pagaron con su vida:
El Sr. Verne rechazó el juramento, retirado a Haute-Loire, en su familia fue detenido en Lapte, y murió en las cárceles del Puy, a los 60 años. El Sr. Guinand, también él refractario, se retiró a Lyon. Arrestado por «fanatismo», fue guillotinado el 16 de de enero de 1794. El Sr. Imbert prestó en un principio el juramento y se retiró a Saint-Chamond. Tuvo el valor de retractarse cuando comprendió el espíritu antirreligioso de las nuevas leyes. Arrestado a su vez, compareció ante Jabogues y fue ejecutado en Feurs.
En Valfleury no quedó más que un religioso, el hermano Pierron. Con la ayuda de gentes de la región, se escondió la estatua en la casa de uno llamado Granotier. Los vasos sagrados, las reliquias, los ornamentos más elegantes habían sido puestos a buen recaudo también. Las bandas revolucionarias debieron descargar su furor sobre lo que quedaba, el mobiliario de la iglesia, los ex-voto, los cuadros… pero también, por desgracia para nosotros, sobre los archivos del convento, el registro de las «gracias»… todo fue quemado. La iglesia y el convento fueron vendidos como bien nacional, el dominio 35 400 libras, la iglesia 2 300. Pero continuó sirviendo al culto constitucional, que aseguró un tal Jean-Laurent Roure. Un cirujano, Nicolas Barrou, se había presentado comprador del santuario con la intención de restituirlo una vez que las circunstancias lo permitieran…
El culto fue restablecido oficialmente después de la promulgación del Concordato (15 de agosto de 1802). El 8 de diciembre de ese mismo año, la estatua de la virgen recuperó su lugar en la iglesia. Dos Lazaristas –la congregación se había reconstruido en la clandestinidad- los Srs. Cellard y Guillard, vinieron a atender el santuario, y rescataron, no sin algunas dificultades, el dominio y el convento. La comunidad fue restablecida; un nuevo superior, el Sr. Daudet, vino a Valfleury (1802-1810).
Bajo su superiorato, Valfleury fue erigida en parroquia, por el cardenal Flesch, arzobispo de Lyon. Hasta entonces el santuario dependía de la parroquia de origen S. Christô… El primer «párroco» de Valfleury fue el Sr. Halipré (1809- 1814); él reunió a algunas jóvenes piadosas con el nombre de «hermanas de la corona» que se afiliaron en 1814 en la congregación de las Hermanas Saint-Joseph de Lyon.
Reconstrucción espiritual y material.
Bajo el superiorato del P.Cochet (1816-1830) los límites de la parroquia quedaron definitivamente fijados. El Sr. Cochet murió el cuatro de febrero de 1830, cuando regresaba a caballo de St-Chamond: una crisis de apoplejía le fulminó, en el camino del «bosque de los Padres», en el lugar donde una placa recuerda el suceso.
El «restaurador» de la peregrinación fue el P.Jean-Baptiste Lugan (1840- 1856). En el plano espiritual, hizo organizar retiros seis veces al año; impulsó un gran florecimiento ala peregrinación; se habla de 200 000 personas algunos años… Entre estos peregrinos se encontraba un joven originario de Saint-Christô, Jean-Louis Bonnard. Viajando como misionero al Tonkin, fue decapitado allí el 1º de mayo de 1852. Forma parte de los 119 mártires del Viet-nam recientemente canonizados…
En el plano material, el P. Lugan mandó instalar (1846) un carillón en el campanario de la iglesia; poco tiempo después comenzó la construcción de un nuevo santuario, cuyos planos pidió a quien iba a ser el arquitecto de Fourvière, al Sr. Bossan. Familias de la región, generosamente, aportaron los fondos necesarios: la primera piedra fue bendecida y colocada el 22 de mayo de 1853. Cuando el Sr. Lugan se marchó de Valfleury, no había acabado más que el ábside; pero su corazón reposa en este santuario que tanto amaba y que nunca vio acabado. Sobre la marcha de la construcción, se demolió la antigua iglesia, no quedan de ella más que algunas piedras esculpidas.
La terminación de «la obra» fue la gran tarea del sucesor, Antoine-Hyppolyte Nicolle (1856-1871).
La nueva iglesia fue consagrada el 29 de mayo de 1866 por el cardenal de Bonald , arzobispo de Lyon. Poco antes, el Sr. Nicolle había obtenido del papa Pio IX el favor a la sazón un tanto raro- de una «coronación» solemne de la estatua de la Virgen. Mons. Lyonnet, obispo de Valence, delegado por el cardenal de Bonald, procedió a esta ceremonia, el 31 de mayo de 1860. Detalle bonito: el día de la coronación se olvidó el acetre en la iglesia. Una religiosa sacó un frasco de agua bendita del bolsillo. Y como no se tenía nada con que asperjar, un miembro de la Conferencia San Vicente de Paúl recogió… una mata florecida que tendió al prelado. Discreto recuerdo de la leyenda…
El Sr. Nicolle no se desinteresaba de lo espiritual. En 1862, creó una cofradía, «la obra de la Santa Agonía», cuya finalidad era rezar por la paz de la Iglesia, la conservación de la fe, el cese de las plagas y la salud de los moribundos. Echó al mismo tiempo las bases de una comunidad religiosa, las Hermanas de la Santa Agonía, cuyo fin era dedicarse al cuidado de los enfermos. No se establecieron definitivamente hasta más tarde, pero han tenido su origen en Valfleury; convertidas en «Hermanas del Cristo de Getsemaní», han establecido recientemente su casa general en Rive-de-Gier, y tienen aquí una pequeña comunidad, desde 1990.
Grandes peregrinaciones de acción de gracias después de la guerra de 1870. Se habla de procesiones de dos kilómetros de largas para las peregrinaciones de Saint-Chamond (abril 1873) y de Saint-Etienne (mayo de 1875). En 1872, las Hijas de la Caridad habían venido a instalarse en Valfleury, donde iban a permanecer casi un siglo; abrieron un orfanato al que añadieron la visita a los enfermos.
La obra de la iglesia se proseguía. En 1871-1873, los trabajos de carpintería del coro y los confesionarios; el campanario y su torre, en el que se instaló un carillón de 15 campanas; en 1883, la sacristía y vidrieras, en 1885, la flecha que lleva la cruz a 56 metros por encima del suelo. Por la misma época uno de los Padres, el Sr. Forestier, concebía un calvario monumental y otras construcciones en roca, así como la ornamentación (las estaciones del Rosario) que rodea la estatua de la Virgen erigida sobre la roca de la «silla de la Virgen»…El Sr. de Bussy, superior 1899-1903) construyó también «el abrigo de los peregrinos», antes de tomar la ruta del exilio, consecuencia de las leyes hostiles a las congregaciones religiosas (1903).
La peregrinación hasta nuestros días.
La peregrinación se pasó a manos del arzobispo de Lyon, quien confió el santuario al abate Faugier, superior del seminario menor de Monbrison. Debía con el tiempo llegar a ser Rector de Fourvière –basílica de la que Valfleury era, según su propia expresión»la pequeña hermana rural»- luego obispo auxiliar de Lyon con residencia en Saint-Etienne (1922-1928). Su rectorado y el de su sucesor estuvieron señalados por las grandes reuniones, entre las cuales un congreso Eucarístico diocesano en 1913.
Los Lazaristas volvieron en una semi-clandestinidad al final de la guerra. El P. Bourzeix (1918-1926) hizo levantar al extremo de «la vereda de los Padres» la capilla conmemorativa de los muertos de la Gran Guerra. El Sr. Bourzeix se endeudó para financiar esta construcción en la que veía «una obra de patriotismo religioso»…
Sus sucesores prosiguieron la obra espiritual de la peregrinación en medio de las dificultades materiales causadas por las necesidades del mantenimiento de la iglesia. El P. Theveny (1936-1945) tuvo que llevar las pesadas preocupaciones de la restauración del campanario, dañado por los huracanes, y en los difíciles momentos de la Segunda. Guerra. El P. Pierre Aymard Soustrougne (1955-1961) cuyo recuerdo ha quedado vivo en Valfleury, convirtió en camina de la cruz la vereda de los Padres; el P. Louis Sabatier (1961-1973) mandó volver a pintar el interior de la iglesia y tuvo la tarea delicada de adaptar los lugares y la marcha de la peregrinación a la reforma litúrgica que siguió al Concilio Vaticano II (1965). Hoy los P. Lazaristas siguen atendiendo este santuario que se beneficia con su presencia desde hace tres siglos.
La Estatua.
Huella más palpable que la leyenda, recuerdo indiscutible de de siglos de veneración, la estatua de N. D. de Valfleury continúa a pesar de todo planteando al historiador preguntas de origen y fecha que es difícil resolver.
Nuestra estatua mide 68 cm. de alta. Es de madera dura, de haya o de tilo. La Virgen está sentada en un trono recubierto de paños; los montantes tras la sede han desaparecido, los montantes anteriores están, éstos sí, coronados de una bola: así se presentaba la sede de la antigua estatua de N. S. de Chartres, destruida en la Revolución. Los pies de la Virgen descansan sobre dos animales adosados, motivo que se vuelve a ver en tejidos orientales, -por ejemplo, la casulla de San Ramberto. El vestido de la Virgen está muy cuidado, se compone de un gran manto de pliegues suaves que cae sobre los brazos y desborda a la sede; por delante, cae sobre las rodillas a modo de casulla. La túnica de pliegues apretados resalta simétricamente sobre los pies, descubriendo un tapiz echado sobre los animales del escabel. La mano derecha de la virgen queda ampliamente abierta, en un gesto de acogida y de ofrenda del niño que lleva; la mano izquierda, bastante torpemente restaurada, posa sobre las rodillas. La cabeza de la virgen, coronada de una diadema, es bastante voluminosa, el Niño Jesús, minúsculo, parece posado en equilibrio al borde de las rodillas de su madre, sosteniendo con una mano el libro –o el rollo de la Escritura, y bendiciendo con la otra.
El conjunto de la estatua estaba cubierto antiguamente de un plaste espeso. Una restauración reciente ha permitido recuperar los rasgos de la policromía primitiva, y también plantear hipótesis sobre la historia de la estatua. Es casi seguro que el niño ha sido retallado en una época más reciente; sus proporciones minúsculas y su graciosa cabeza «de angelote gótico» concuerdan un poco con el resto de la estatua. Se ha querido ver también en la cabeza de la madre una reparación hecha a una estatua anterior por los graves daños sufridos; siendo la intención de esta tesis acercar lo más posible la estatua de los orígenes legendarios a la del siglo XI…La representación más antigua conocida –pero tan sólo por el texto de un manuscrito- de una Virgen parecida sentada era una estatua relicario, fabricada por orden del obispo Etienne II de Clermont, en el siglo X. La Virgen de Etienne II se perdió, pero se hicieron muchas estatuas inspiradas en este relicario, que se llamaba «La Majestad Santa-María». El sentido de esta representación venía dado por un verso que se podía leer en la base:
en gremio matris residet sapientia Patris. La sabiduría del Padre descansa en el seno de su madre.
Es lo que se configura en Valfleury: la Virgen-Madre está sentada en la cátedra, el sillón de enseñanza; sus pies se posan sobre animales adosados, ya que, como dice el salmo 90, ella pisa sin temor «al león y al dragón». El Niño que ella tiene -Sabiduría
Del Padre- bendice y lleva un libro, ya que es el Maestro y el Sacerdote, el enseñante y el santificador; Su Madre le designa y se le da a los hombres:
«Haced cuanto os diga». Está tratando así de acercar la estatua de Valfleury de las Vírgenes «auverñonas» de las cuales nos quedan muchas y son veneradas todavía, en particular en las diócesis de Puy y de Clermont. El santuario de Orcival, por ejemplo, ¿no era acaso, como Valfleury, un priorato de la Silla-Dios? Pero en un cierto número de detalles de su estatuaria, nuestra virgen se separa del tipo «auverñate»; se la emparienta más bien con el tipo «burguiñón». Lo que hace que el misterio de su procedencia siga, como el de su fecha: se han propuesto fechas que van del siglo IX al XII. ¿Acaso la trajeron los monjes del «Sillón-Dios? ¿O la encontraron, ya venerada, «en el lugar Socieu, en la Iglesia de Santa María»? La Virgen de la Retama de Oro guarda su misterio, como si nos bastara con saber que fue hallada en la estación fría, en las fuentes del Dureyze, por un pastorcito, en una retama florecida.
La Iglesia.
Nuestra época preferiría sin duda encontrar la venerable estatua en el humilde y antiguo santuario que fue su escriño durante tantos siglos. El siglo XIX –no sin fe- juzgó que había que reconstruir una iglesia digna de este tesoro y adaptada a las necesidades de la peregrinación. Se hizo entonces lo que se podía hacer mejor. Bossan, el arquitecto, llegará a ser célebre por la construcción de Fouvière. N. S. de Valfleury se parece más a las obras de juventud de la arquitectura, como la iglesia de San Jorge, en Lyon. Se podrá ver leyendo la descripción de la iglesia de Valfleury –tomada del abate Berjat- por cuidado extremo con que se llevó la construcción, y refinamiento de los detalles. Conviene juzgar estas realizaciones del siglo XIX sobre estas bases, a veces injustamente desacreditadas. Se admirará también el mobiliario –carpintería del coro, confesionarios- así como una rica serie de vidrieras que cuentan la historia del santuario; una buena parte de estos ventanales proviene de los talleres de Alexandre Mauvernay, un pintor-vidriero, establecido en Saint-Galmier, cuya producción se vuelve a examinar, por tanto tiempo olvidada.
La iglesia actual se eleva sobre el terreno de la antigua. Mientras se demolía ésta, los obreros dieron bajo el ábside con un muro en semi-circunferencia formado por un bloqueo muy duro y que parecía ser el ábside del santuario primitivo, hallándose muy exactamente en el lugar donde está colocado hoy el comulgatorio de la cripta. Se bajaba a la iglesia por varios peldaños y se veía a la izquierda la fuente junto a la cual se encontró la venerable estatua. Esta fuente se ha conservado intacta, bajo la capilla de la pila bautismal de la nueva iglesia; unas tuberías conducen el agua un poco más lejos, a la segunda cripta situada al norte de la iglesia.
Los planos de la nueva iglesia han sido preparados por el Sr. Bossan, quien fue más tarde el arquitecto de Fouvière. Adoptó para Valfleury el estilo del siglo XIII, pero con la nota particular que el maestro comenzaba a dar ya a sus trabajos. La iglesia es de tres naves de igual altura, como se ve con frecuencia en Lyonais y en Forez. El ábside, de ángulo en chaflán, precedido de un ante-coro, y de un carácter más severo que la nave, está iluminado por siete lancetas de punta triangular, de hermosas proporciones; unas columnitas encajadas soportan la caída de los arcos de la bóveda; los capiteles están rematados por grandes ángeles.
En el exterior este ábside es muy rico. Construido en bonita piedra superiormente ensamblada, sube alegremente sobre un basamento de granito en talud donde se abren las ventanas de la cripta. Los contrafuertes, muy robustos, están coronados de pináculos, que enlaza entre ellos una magnifica galería de luz. La piedra, arenisca de hulla de Saint-Chamon, ha sido escogida con sumo cuidado, como por otra parte para la iglesia, en bancos de un grano muy apretado y poco cargados de hierro, de donde le viene la pátina dorada que ha cogido. Observado desde el camino que sube del valle, el ábside de la iglesia muestra todo el valor de sus proporciones muy perfectas. Esta parte del monumento puede considerarse como una obra de arte de primer orden.
Las fachadas laterales son mucho más sencillas, pero no menos bien encajadas. Al contrario el ábside, la nave tiene toda su riqueza interior. Las columnas ascienden en racimos de columnitas muy gráciles pero no menudas, hasta la altura de las bóvedas; las que van destinadas a recibir los arcos diagonales, en lugar de partir de la base, descansan en apoyaturas esculpidas. Los capiteles están adornados con ganchos finamente cincelados. Arcos perpiaños, arcos centrales de apoyo, arcos diagonales, todos son de forma dórica plena y sin la sequedad de caballetes vivos un tanto duros como los del gótico tardío. Las claves de las bóvedas son para personajes. Toda la escultura es obra de Fabisch.
Las naves laterales, destinadas a respaldar la nave central, son abovedadas en cuna transversal. Cada nave de éstas está iluminada por vastos huecos geminados, cuya línea y molduración son de una gran belleza. Estos vanos están provistos de vidrieras en medallones de las cuales las más cercanas al coro cuentan la historia de la peregrinación.
La nave central va precedida de un pórtico alojado bajo el campanario y soportando la tribuna. Este porche se abre hacia una plaza excesivamente reducida, habiéndose incluso entallado la roca fuertemente para dejar un poco de libertad a las gentes. Por eso el arquitecto ha dibujado un pórtico muy sencillo encerrado por dos torrecillas de ángulo unidas por una galería. A medida que el campanario de desprende de las casas que le encierran su riqueza se acentúa más; los largos vanos geminados iluminan sus cuatro caras hasta la plataforma que soporta una altísima flecha con enganches profundamente encajados.
Para comprender el garbo exterior del monumento y apreciar su valor, hay que verlo desde las alturas circundantes o bien desde las rutas que serpentean a lo lejos en el vallecito; su silueta orgullosa y graciosa a la vez toma entonces toda su escala, armonizándose con un paisaje que no la aplasta y en el que se ha elevado como un signo. El altar mayor llena bien el ábside sin obstruirlo. Es de piedra de Tonnerre de tinte muy dulce, finamente esculpida; unos ángeles lo decoran y la coronación de la Virgen está representada sobre la tumba. Un retablo calado acompaña una exposición de columnas salomónicas y pirámide dentada, en el centro de la cual brilla la antigua estatua de Nuestra Señora. Todo el coro está circundado de obra en madera de tonos cálidos y delicadas cinceladuras. Las sillerías, adornadas de personajes, se coronan de doseles que separan unos pináculos de enganches.
Un conjunto de obras de bella tonalidad y de perfecta ejecución técnica está bien hecho para dar a una iglesia esa nota de dulce intimidad que conviene a un santuario mariano, y pocas iglesias, entre las que han sido construidas en la misma época, dejan en el alma una impresión tan piadosa de recogimiento.
Aun cuando muchas parroquias no vienen como cuerpo constituido, Valfleury continúa siendo una peregrinación muy seguida en el tramo de abril a octubre. La mayor concentración tiene lugar los 14 y 15 de agosto. Otras peregrinaciones los 8 de septiembre y 8 de diciembre. Todos los domingos, misa parroquial a las 10 h. de Pascuas a Todos los Ssantos, además de la misa de 10 h, celebración mariana a las 15 h 30; misa a las 16 h 30. Entre semana informarse. Todos los días los Padres están a vuestra disposición para la acogida y las confesiones.
A finales del siglo pasado se construyeron un Via-crucis monumental, y dominando el pueblo, un Rosario desde el que se ve el hermoso valle del Dureyze.
Las vidrieras del santuario.
Las vidrieras han sido concebidas por el Padre Nicolle y salen de los talleres del Sr. Barlon, de Grigny (Rhône). Las de los últimos tramos van firmadas: «Mauvernay, Saint-Galmier 1882».
Las del coro representan los Misterios del Rosario y las Letanías de la Santísima Virgen. Las de la nave se reparten así: Lado derecho; vidriera de la Aparición; vidriera de San Pedro; vidriera de lo histórico de Valfleury. Lado izquierdo; vidriera de San Vicente de Paúl (esta vidriera ha sido ofrecida por las Hijas de la Caridad); vidriera de San Juan Bautista y de San Lorenzo (al pie de esta vidriera se lee: «A la memoria de las Sra. Camille Dugas. Ofrecida por la familia»); vidriera de San José.
Valfleury es una peregrinación.
Todo hombre está instintivamente de búsqueda, y por consiguiente de peregrinación. El Pueblo de la Biblia fue primeramente pueblo nómada hacia la Tierra prometida. Todos los años parten de vacaciones en busca de «otro lugar», para salir de lo cotidiano, para romper la monotonía de sus horizontes y de ciertas rutinas.
El peregrino de Valfleury, cada semana, puede salir de esta monotonía, por unas horas, volver a dar un sentido a su vida, reanudar así con las raíces de sus aspiraciones ancestrales…venir remojarse en la calma de un valle en flor… a reencontrase en un lugar favorable a la oración y a la reflexión… junto a Nuestra Señora María,Madre de Jesús; Sea en la iglesia, sea en el bosque de los Padres, con su via-crucis, sea en la colina del Rosario, «desgranando» los diversos misterios.
No dudéis en tomar el bastón del peregrino, como María hacia su prima Isabel.
Que este camino os lleve a Dios. Buscando a Dios se descubre a nuestro hermano, ya que el amor de Dios implica el del prójimo. Toda peregrinación nos dispone a reencontrarnos con nuestros hermanos. Es una de las principales metas de nuestra vida cristiana. Que sea así siempre en nuestras peregrinaciones terrestres!
- Para organizar peregrinación o grupo de reflexión. Una jornada: posible acogida en las salas de peregrinos. Dirigirse al Padre responsable de Valfleury (42320).
- Los tiempos fuertes de la peregrinación. En mayo, agosto (15 de agosto), en septiembre (Natividad de Nuestra Señora), en octubre (fiesta del Rosario).
- VALFLEURY está a 20 kilómetros de Saint-Etienne por la Talaudière y el col dela Gachet;
- a 15 km. de Rive-de-Gier por la Grand Croix y Cellieu ;
- a 15 km.de Saint-Chamon por Chavannes y el col de Croix Blanche de donde se ve un espléndido panorama sobre el Pilat, le Mont Blanc y las ciudades y los pueblos de los valles del Gier y del Dureyze.
- Salas con duchas y sanitarios, parque de verde pueden acoger a grupos.
Conclusión.
La vida, los medios de comunicación…las costumbres de vida familiar evolucionan… Las necesidades también… Pero María conoce a sus hijos y responde tan bien a sus llamadas!
También los espera con la misma atención y la misma capacidad de apoyo…Y esta espera de María, parece bien que los corazones a presientan..Raros son los días sin visitantes… Raros son los días sin cirios, esas humildes señales de la filial confianza de los corazones sencillos.
Sin duda, se ven menos grupos numerosos que traían a más de 50 parroquias al año…Pero cuántos grupos pequeños, cuántas familias pasan a decir a María sus pesares o aquello ante lo cual se ven desarmados, con una terrible necesidad de ayuda, de luz o de fuerza.
Y hoy.
Aquí, hay casi siempre un sacerdote disponible, para informar, consolar, perdonar…Dos misas al día se celebran a la intención de los peregrinos…Muchas misas se dicen a las intenciones de nuestros parroquianos y peregrinos por misioneros y sacerdotes desprovistos de intenciones de misas. Así el lugar de la peregrinación se abre y está unido a los lugares más pobres de la Iglesia.
Los que habéis venido por tradición, los que habéis venido para probar o por curiosidad… Volved…
Guardad las gracias aquí recibidas y sed fieles en volver. Buena ruta a todos.







