Las Hijas de la Caridad en la profesionalización de la enfermería

Francisco Javier Fernández ChentoHijas de la CaridadLeave a Comment

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Autor: Francisca Hernández Martín · Año publicación original: 2006 · Fuente: Cultura de los Cuidados • 2º. Semestre 2006 • Año X - N.° 20.
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Nadie pone en duda, hoy, que las Hijas de la Caridad han llevado la organización de los Hospitales y la atención a los enfermos desde mediados del siglo XVII hasta finales del siglo XX y están en otras muchas formas de presencia en nuestros días. Con sus tocas blancas han sido pre­sencia y símbolo de la caridad de la Iglesia en el mundo Sanitario y ha sido Picasso en su cuadro emblemático «Ciencia y Caridad» quien ha inmor­talizado en dicho documento histórico, lo que han sido las Hijas de la Caridad en la beneficencia y en los Hospitales de España.

Hablar hoy de este hecho tiene su justificación; hace justamente un año dicha Institución era galar­donada con el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia por su trayectoria histórica de excepcio­nal labor social y humanitaria en apoyo de los des­favorecidos, pobres y enfermos. Las obras en las que han estado presentes en sus casi cuatrocientos años de existencia dan razón de lo que ha signifi­cado esta Institución en la sociedad, en la sanidad y para la Enfermería.

Desde una visión general es un tópico afirmar que la historia la han hecho los poderosos. Si bien, en las sociedades tradicionales, sólo ellos podían tener cronistas que les hicieran un espacio en la historia. En el orden eclesiástico, o mejor en la Historia del Cristianismo ha ocurrido lo mismo y además ha habido también olvidos. En este orden, una de las más bellas páginas las han escrito las órdenes o Congregaciones religiosas dedicadas al cuidado de los enfermos que han sido relegadas a un discretísimo lugar. Entre ellas están las Hijas de la Caridad a las que me voy a referir en esta comu­nicación.

Siendo esto cierto, carecemos de una Historia escrita en la que podamos seguir paso a paso su historia y contemplar de este modo una panorámi­ca de la obra realizada en las múltiples Instituciones de los 93 países donde está presente. La razón es no sólo su complejidad, sino que algu­nos de sus archivos más importantes fueron que­mados en algunas contiendas bélicas y recuperar todo el legado está suponiendo un gran esfuerzo. Existen múltiples publicaciones: Historias parcia­les muy bien documentadas y alguna más comple­ta que, por diversas razones no se publicó en el momento que fue escrita; otros trabajos podemos seguirlos a través de la Revista Anales de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, Ecos de la Compañía y de las diversas Provincias. En esta comunicación haré referencia solamente a las Hijas de la Caridad dedicadas a la atención de los enfermos.

El objetivo, por tanto, es demostrar cómo esta institución, sin abandonar su vocación religiosa de servicio a los enfermos y habiendo llevado la orga­nización de la asistencia de la mayoría de los cen­tros de la Beneficencia pública, se profesionaliza y cómo contribuye a la profesionalización de la enfermería. Seguiré esta comunicación desde estas tres hipótesis:

Primera: ¿Qué llevó a Vicente de Paul a fun­dar una Compañía de mujeres, las Hijas de la Caridad, que no quiso que fueran religiosas, sino un instituto secular (fuera del Código de Derecho Canónico), cuando él, fiel a la Iglesia, está llevan­do a cabo la reforma del clero promovida por el Concilio de Trento?.

Segunda: ¿A qué se debe el rápido crecimien­to y expansión de un Instituto que ha creado escue­la en Paris sobre el modo de administrar los Hospitales y cuidar a los enfermos?.

Tercera: Es posible reconocer su contribución a la profesionalización de la Enfermería porque las claves -Grupo, Formación reglada, Escuela, Textos, Compromiso de sus miembros, Ética-están presentes en el propio grupo desde su funda­ción.

Los comienzos

Vicente de Paul es considerado por los historia­dores como uno de los grandes reformadores sociales y dentro de la Iglesia como reformador y fundador. Un hombre inteligente y práctico. La Francia en que le tocó vivir es la Francia de la grandeza y de la miseria. Supo, al mismo tiempo que Capellán de las Galeras, Consejero real en tiempos del Cardenal Richelieu y Mazarino, ejer­cer su ministerio sacerdotal, aplicar las directrices del Concilio de Trento para la renovación de la vida religiosa, ser el fundador de los Padres Paules e Hijas de la Caridad y otras sociedades para laicos y reformador social.

Tras su formación se le ofrece una situación segura, pero a propuesta del Cardenal Berulle abandona el cargo de preceptor en la Casa de los Gondí y va a una «parroquia en perdición» en Chatillón des Dombes. Allí, tras una fuerte expe­riencia al atender a una pobre familia funda la pri­mera «cofradía de la Caridad… » (23 de agosto de 1617). Tras la elaboración y aprobación del Reglamento por el Arzobispo de Lyon, fundará otras en Paris.

Pasado un tiempo, viendo las dificultades y deficiencias que observó en las Cofradías de Paris, Vicente de Paul con Luisa de Marillac fundan el 29 de noviembre de 1633 la Compañía de las Hijas de la Caridad, formada por jóvenes sencillas, trabaja­doras, pobres en su mayor parte y decididas a darse a Dios en el servicio a los pobres. Estas sencillas campesinas son enviadas a las diversas Cofradías de la Caridad, donde prestan ayuda y cuidan a los pobres en sus domicilios. «Vosotras vais a buscar al enfermo en su casa y asistir a todos los que morirí­an sin vuestra ayuda, porque no se atreven a pedir­la». (Conf. S.V. 2 febrero 1653).

Las numerosas señales de atención que él reco­mienda muestran la gran humanidad con que deben realizar este servicio, porque este es el fin principal para el que Dios las ha enviado a esa parroquia. «… Es para servir a los pobres enfermos, no sólo corporalmente administrándoles el alimen­to y las medicinas, sino espiritualmente, procuran­do que reciban dignamente y a tiempo todos los sacramentos… Habéis sido enviadas a ese lugar para ayudar a los pobres enfermos a bien vivir o a bien morir». (Conf. S.V. 19.X.1659).

Muy pronto fueron a prestar servicios en los arrabales de Paris y ya en 1639, Luisa, se va con un grupo a hacerse cargo del gran hospital de Angers donde se instalan oficialmente el 1 de febrero, día en que se firmó el contrato. Después de Nans van a Nantes. Una nueva Compañía se creaba para la Iglesia y para los pobres.

En la escuela de los Fundadores

En el servicio de los pobres, en el ejercicio de la Caridad, encuentra Vicente de Paul su camino hacia Dios. Esta es la exigencia requerida por Dios ante la situación de pobreza en que viven los hom­bres. El Dios y Cristo que busca en la oración se hacen igualmente presentes en los pobres: «Cuando se sirve a los pobres -dice a las Hijas de la Caridad- se sirve a Jesucristo». Por eso, «… una Hermana irá diez veces cada día a ver a los enfer­mos y diez veces cada día encontrará en ellos a Dios…» «…Sí, Dios acoge con agrado el servicio que haceis a esos enfermos y lo considera hecho a El mismo». (Conf. S.V. 13.II.1646), «La regla de las Hijas de la Caridad es Cristo». Este es el eje sobre el que gira la misión de la vida cristiana de las Hijas de la Caridad:

  • Servicio corporal y espiritual.
  • Actitud de siervas.
  • Formación profesional.

Santa Luisa juega un gran papel en la forma­ción de las Hermanas. Se preocupa de su salud y de cuanto es necesario para el servicio. De ahí que podamos decir de ella que es: precursora real de la enfermera profesional; entendió, dentro de las limitaciones de la asistencia de la época, lo que debía ser una buena profesional. Las Hermanas:

  • Prestan un servicio a la sociedad pobre. Un servicio público que acoge a todo aquel que tenga alguna necesidad y no pueda tener otra asistencia.
  • Tienen conciencia de la importancia del aprendizaje de las técnicas propias de aquel modo de cuidar.
  • Luisa establece con Vicente sus propias nor­mas, formas de actuación y criterios de con­trol.
  • Siempre pide a las Hermanas que tengan en cuenta las necesidades del enfermo.
  • Busca el bienestar de las Hermanas en el tra­bajo que realizan y su equilibrio. «Cuidar al cuidador».

El fin es «Proporcionar los mejores cuidados, para cambiar el nivel de salud aumentando el bie­nestar de la población en su contexto de desarrollo social».

Un proyecto para la asistencia

Ante tan ardua empresa, tanto Luisa como Vicente se preocupan de no fracasar y escogen a las mejores. Al frente del pequeño grupo estuvo la misma Luisa para dirigirlas. Así fue el origen del trabajo de las Hijas de la caridad en los Hospitales, primero en Angers, luego … Viendo su forma de atender no tardaron en llamarlas para tareas simila­res en otros lugares fuera de Paris. Después Polonia, España y otros más. (Conf. S.V. 19.VII.1640).

Primeros Contratos y Reglamentos.

La responsabilidad de las Hermanas en los hos­pitales tiene desde el primer momento fundamen­tos sólidos y claros criterios de actuación. Al insta­larse, establecen las:

  • Condiciones laborales.
  • Actividades y motivaciones de las mismas.
  • Relación que deben establecer con las perso­nas que trabajan a nivel jerárquico.
  • Formación en este campo.

Todo se organiza desde los Contratos, los Reglamentos y las Reglas Particulares. Así, saben lo que tienen que hacer en cada momento, pues todas las horas pertenecen al servicio de los pobres: «su principal función será servir a los pobres enfermos; los tratarán con compasión, cor­dialidad, respeto y devoción, aún aquellos más enfadosos y difíciles, porque no es tanto a ellos a quienes prestais el servicio, sino a Jesucristo…» (Reglas Comunes. Cap VII, 1).

Las hermanas fueron llamadas para las diversas Parroquias y Hospitales, tanto de Paris como de fuera hasta llegar a España. Este proyecto de vida tan novedoso en la Iglesia y en la sociedad del Siglo XVII tendrá -afirma el Santo- un futuro espe­ranzador. (Conf. S.V. 13 febrero 1646).

Establecimiento en España

Cuando las Hijas de la Caridad se establecen en España, en 1789, la situación sanitaria, como en el resto de los países, está haciendo un esfuerzo por responder a las necesidades sociales. A pesar de los esfuerzos realizados por anteriores gobiernos para la reunificación de Hospitales, no existe un sistema público que garantice una asistencia sani­taria, ni social. Por ello, el trabajo y esfuerzo de las Hermanas se va a desarrollar en medio de la difi­cultad, pero con su talante, valor, competencia, arrojo y preparación van a demostrar su eficacia desde la caridad, de forma que se convertirá en paradigmática su forma de organizar la asistencia y de cuidar.

Conocedores los P.P. Paúles de España de esta situación y sabiendo que las Hijas de la Caridad han afrontado situaciones similares en Francia, median para su introducción en la península, sien­do el propio gobierno español, a través del Conde de Floridablanca, quien gestiona el convenio para que se establezcan en nuestro país.

Reclamadas en un primer momento para llevar a cabo la organización y la asistencia del hospital de la Pasión de Madrid, se instalan, por otras razo­nes, en el hospital de la Santa Cruz de Barcelona en 1790. En estos primeros años, con escasos medios y con una respuesta de competencia y vocación, fruto de sus convicciones y formación, se encargan de la organización y la asistencia de los centros para los que van siendo requeridas.

Una de estas Instituciones es la Inclusa de Madrid que, a finales del Siglo XVIII se encuentra en lamentable estado y pasa a ser dirigida por la Asociación de Señoras de la Nobleza, (Damas de Honor y Mérito), quienes confían por Real Orden del 13 de Septiembre de 1799 y bajo la dirección de la Sra. Condesa de Montijo a las Hijas de la Caridad la organización del Centro y el cuidado de los niños. Esta elección viene avalada por el pres­tigio adquirido por la Congregación en los estable­cimientos de Lérida, Reus y Barbastro. (Mas, N;1988,13).

Los buenos resultados obtenidos por las Hermanas, hicieron que los mismos Ministros del Rey se interesaran no sólo por el aumento del número de Hijas de la Caridad en la Inclusa, sino porque se hicieran cargo del Hospital General de la Corte y de los establecimientos de Beneficencia Pública de otros lugares. De este modo, en 1803 se realizan las gestiones para que se establezca en Madrid el Real Noviciado, centro de formación de las futuras Hijas de la Caridad. En él pasan un año y tras este tiempo se les destina a los distintos esta­blecimientos de la geografía española donde com­pletan su formación tanto teórica como práctica. Los primeros Hospitales en los que se establecen son: – Barcelona.- Hospital de la Santa Cruz, 1790; Lérida, Reus, Madrid, Pamplona … (Mas, N; 1976,185).

La inserción en estos centros no estuvo exenta de problemas. (Junquera, P; 1996, 106). Una de las dificultades a las que tuvieron que hacer frente fue a la hostilidad del personal asalariado, al herirse sus intereses económicos dado que, por su condición de religiosas, solo perciben a cambio de su labor, la manutención. Así se refleja en varios escritos. (Mas, N; 1988, 93). En unos años tendrán a su cargo la asistencia de la mayoría de los Hospitales de la Beneficencia de toda la geografía española. (Hernández Martín, F; 1996, 177-214).

Diversidad de obras y número de miembros

El gobierno del siglo XVIII está marcado por el pensamiento de la Ilustración. Con su idea de «pro­greso» pretende erradicar la pobreza y pasar de la situación de caridad a la de beneficencia estatal. Para ello desamortiza a Iglesia y a las órdenes Religiosas los bienes con que atendían a los pobres y enfermos. De otro lado, con los avances de la medicina y de la cirugía, logrará centrar la asisten­cia en el Hospital como lugar más eficaz, buscan­do la curación de la enfermedad. (Álvarez Gómez, J; 1996, 147).

Pero estos hombres liberales tienen que acudir a la Iglesia para organizar la asistencia. Y al tener datos de cómo estas Hermanas atienden a los niños, enfermos, y «lo beneficiosas que son para nuestro reino», se les confiará en pocos años los Centros de la Beneficencia estatal. ¿A qué se debe este hecho?. Son varias las hipótesis a barajar. Han puesto de manifiesto su eficacia en la organización de la asistencia y cuidado a los enfermos, han administrado bien los recursos y son rentables a las Instituciones demostrado en memorias y documen­tos. Lo que sorprende es el valor y coraje con que un grupo de mujeres (de las que se discute qué son, ya que ni la Iglesia de España lo tiene claro en ese momento) son capaces de afrontar el reto del ser­vicio a los pobres enfermos y hacerse responsables de los Hospitales de la beneficencia pública y pri­vada.

Desde el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona van a Lérida, otro Hospital y llegado el año 1822, fecha clave para el mundo sanitario, ­ se aprueba la Ley de Beneficencia-, las Hermanas están presentes en 9 Hospitales, alcanzando en 1850 la cifra de 40 sobre las 75 obras en las que están presentes. De 1850 a 1875 han asumido la organización de 71 Hospital más. En esos momen­tos de las 236 casas que hay abiertas en España 111 son Hospitales. Entre los años 1876 a 1900 se abren otros 100 Hospitales, de tal modo que, de las 512 casas de diversas obras, 211 son Hospitales. Posteriormente serán 244.

Al hacerse responsables de la organización y atención de los Hospitales de la Beneficencia Pública les obliga a formarse, como imperativo vocacional y exigencia profesional, además de que el garantizar la presencia en ciertos servicios espe­ciales les exige una formación más avanzada. Algunas cuidan de las Boticas, Quirófanos, Departamentos de Radiología, Laboratorios, Instrumentistas, etc. Se dice de ellas que es admi­rable su destreza y asiduidad. Se cuenta en 1931 con 821 Hermanas Enfermeras tituladas (Vargas, P; 1996, 866) que están presentes en todas las Provincias y son múltiples y variadas las obras en que se prestan servicios: Hospitales Civiles, 167; Hospitales militares, 24; Clínicas y Dispensarios, Sanatorios y Preventorios, Farmacias, Leproserías, Manicomios, Cárceles (Enfermerías), Inclusas y Maternidades, Gotas de Leche (Dispensarios).

El total de las instituciones en este momento es de 653, además las de Cuba, Puerto Rico, México, la India y Filipinas. A la cabeza Madrid, con 59 establecimientos de los cuales 13 son Hospitales, 2 Sanatorios, 1 Sanatorio Central de Cruz Roja, Consultorios Gota de Leche, Manicomio de Leganés, Dispensario, Botica del Parral y en las Enfermerías de las cárceles.

Para esta fecha se han cerrado ya 182 estable­cimientos, 91 en España y el resto en México, Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Algunos con mucha tradición, pues en ellos prestaron sus servicios las Hermanas durante 30, 40 ó más años. Algunos eran establecimientos de circunstancias, como los numerosos Hospitales Militares, abiertos durante las guerras civiles y coloniales en los campos de batalla o para la atención de refugiados, niños, ancianos y presos. No podemos dejar de hacer referencia además a la colaboración en los frentes y Hospitales durante nuestra Guerra Civil de 1936­ 39. La obra de Eugenio Escribano, recoge datos históricos y experiencias durante la Contienda en los 325 Hospitales de Sangre en que prestaron sus servicios. Estos, cuando terminó la Guerra desapa­recieron quedando tan sólo los Militares y los de Cruz Roja. (Vargas, P; 1996, 804 y Mas, N.; 1988).

Hacemos mención del trabajo realizado por las Hermanas sanitarias de la Provincia de España en México, Cuba, Puerto Rico, Filipinas y la India.

Omitimos los datos sobre el Hospitales que organi­zaron, donde atendieron a numerosos enfermos y familias pobres.

Para el desarrollo de las obras y número de miembros contamos con el Catálogo General del personal y establecimiento de las Hijas de la Caridad de la Provincia de España (Archivum Matritense Congregationis Missionis) 1896 y otros que ofrecen datos del proceso de expansión del Instituto en España y en las Colonias de Ultramar. (P. Vargas (P.P. Corcuera y Junquera 1996) y (N. Más 1988). La evolución se puede seguir consul­tando (Vargas, P; 1996, 841). Así mismo el núme­ro de Hermanas de cada Hospital.

Organizacion y administración de la asistencia

La creación del Real Noviciado en 1800, la fidelidad al carisma de los Fundadores y el apoyo por parte del Gobierno son los puntos claves para la pronta expansión de las Comunidades por toda la geografía de España. Sin embargo, desde los comienzos las Hermanas tuvieron un modelo para la organización de la asistencia en los hospitales que aplicaron a todos los centros:

  1. La formación para el servicio a los pobres motivadas por los escritos de los Fundadores y los Superiores.
  2. La dependencia en lo espiritual de un Superior General.
  3. La forma de organización y administración central, vertical y para todos los centros igual.
  4. El que el servicio a los pobres enfermos sea su carisma fundacional y que quede sellado en el cuarto voto.
  5. El que exista un método o modelo para el tra­bajo. (Vargas, P;1996,238).

La competencia para el servicio y la fidelidad a la doctrina de los fundadores está marcado en sus vidas: «Se deben por entero al pobre». De ahí su alto concepto del trabajo.

Sin embargo son los Superiores a nivel provin­cial y la Hermana Sirviente a nivel local quienes asumen la dirección de los centros y la responsabi­lidad. Se toma el parecer, dialoga o consulta, pero la última palabra en la decisión la toma el Superior. Es la Superiora quien lleva el control de la casa y da cuenta a los Administradores de la misma. Ella, con la ayuda de la Comunidad está al día y evalúa cuanto acontece en la misma para tomar las deci­siones oportunas y de acuerdo con los Administradores que tendrán la última palabra en el hospital.

El servicio a los enfermos desde las reglas

La creación de los Reales Colegios de Cirugía en el siglo XVIII influyeron en los avances y las investigaciones médicas. Estos cambios requieren observación cuidadosa, vigilancia y cuidados espe­ciales. De ahí que a mediados del siglo XIX se regulen las carreras paramédicas que se ocuparán de los aspectos técnicos, mientras que la organiza­ción de la asistencia y los cuidados son dirigidos y realizados por las Hijas de la Caridad. Los cuida­dos están orientados a cubrir las necesidades bioló­gicas, psíquicas, sociales y espirituales.

Los médicos encontraron en las Hermanas unas fieles colaboradoras. De ahí que valorar los cuida­dos de Enfermería que las Hijas de la Caridad han realizado en los Hospitales, postula conocer este hecho que influyó en los procesos de curar y cui­dar y en los conocimientos y evolución de la enfermería.

Para ello las Hermanas cuentan con varios tex­tos de formación: Instrucción para Enfermeros… de Andrés Fernández, centrado en la aplicación de remedios y el Manual para el servicio de los enfer­mos de Carrere, libro traducido del original francés y más centrado en el cuidado. Además, lo tendrán todo previsto y organizado a través de las Reglas Particulares para las Hermanas empleadas en los Hospitales que describen con minuciosidad la con­tinuidad de las actividades.

Ese contacto con la experiencia y realidad prác­tica, junto con el interés y el espíritu de servicio que las anima será una parte importante de la for­mación. El trabajo está estructurado a dos niveles:

A.- La Hermana Enfermera.
B.- La Hermana Sirviente o Superiora debe ser la primera en poner en ejercicio aquello que va a pedir al resto de sus compañeras.

Los cuidados que realizan responden a cubrir las necesidades básicas y aplicar los remedios que la nueva medicina va imponiendo. Cuidados espe­ciales y registros.

La formación: un reto para la profesionalización

En pleno siglo XVII, Luisa de Marillac logró crear escuela en el arte de cuidar a los enfermos, de modo que, siempre que hablamos de las Hijas de la Caridad hemos de hacer referencia obligada a esos orígenes. Su preparación era sencilla, pero la asis­tencia va requiriendo un personal cualificado tanto en lo profesional, como en lo moral. ¿Cuál es pues su formación?.

Las Hermanas que se han formado en París ponen en marcha en España el Real Noviciado y mientras este se organiza, se forman en el Hospital General de Valencia. La Enfermería entonces no tiene reconocimiento legal. Es ocupación de Religiosas, si bien se les exige una formación. Además, varios Hospitales, como el de Nª Sª de Gracia de Zaragoza, o en el Real Hospital de Santiago, y algunos más, están iniciando una for­mación para el personal seglar. (Hernández Martín, F; 1996, 205).

Las Hermanas adquieren conciencia de su misión y desde su entrada inicial saben cual va a ser su dedicación, servir a los pobres y enfermos. La formación empezaba en el Hospital. Antes de ser admitidas pasan unos meses en una Comunidad local, en la que aprenden los elementos esenciales para el servicio y después de un año de formación son enviadas a una Comunidad.

La formación de las Hermanas enfermeras se desarrollaba a dos niveles: el servicio directo a los enfermos bajo la responsabilidad de una Hermana más experta y el estudio de los textos de forma­ción. (MAS, N; 1988; VARGAS, P; 1996). La experiencia, su preparación y trato con los médi­cos, su paso por las distintas enfermerías y hospi­tales, etc, les permitía adquirir unos conocimientos tanto teóricos como prácticos. Esta planificación se estructura a varios niveles:

  1. Nivel de estructura Hospitalaria.- Existencia de Hospitales específicos para la preparación de las Hermanas enfermeras.
  2. Nivel de equipos docentes. Existencia de Hermanas en las Comunidades locales capacita­das para enseñar a las nuevas.
  3. Nivel de control de aprendizaje. Los informes de la Hermana de Oficio y de las Hermana Sirviente serán parte de la evaluación. Esta pla­nificación posibilitaba la adecuada formación.

Escuelas y textos de formación

A partir de estabilizarse la situación del Real Noviciado con un número creciente de jóvenes que quieren ser Hijas de la Caridad y la constante peti­ción de Hermanas por los directores de los Hospitales, nace la necesidad de establecer en la Casa Central una escuela de botica y cirugía para la formación de las Hermanas. Así se inicia la cre­ación de las Escuelas para la formación de las Hermanas.

Antigua Escuela de Enfermeras. Los Superiores se hacen eco de las palabras de San Vicente: «Es necesario que os apliquéis de un modo particular a aprender el modo con que tratan los médicos las enfermedades, para que cuando estéis en las aldeas o en algún punto donde no haya médico, podáis serviros de su enseñanza con utili­dad… » (S. Vicente). Es necesario formar a las Hermanas para que sean competentes enfermeras. Se pide al Superior General que envíe tres Hermanas expertas de Francia que en 1831 llegan a Madrid al Hospital de Mujeres Incurables. (Vargas, P; 1996, 256).

La Escuela se abrió para la Congregación y se formaron enfermeras para los diversos servicios que requería el Hospital. Y para la formación práctica se introduce un artículo en el Contrato que se establece con el Hospital General y de la Pasión.

Enfermeras Titulares Modernas. 1915.- La Ley de Instrucción Pública regula en 1857 las carreras de Practicante y Matrona. Los Hospitales necesitan ahora personal cualificado y algunas Hermanas realizan estos estudios. Participan en el proceso de profesionalización de 1915 y una vez reconocida la enfermería como profesión, muchas Hermanas se presentan a las pruebas exigidas para la obtención del título. Las Actas de la Facultad de Medicina de Madrid, dan testimonio de ello. (Hernández Martín, F; 1996,213). Son muchas las que realizan su trabajo en las Boticas, Quirófanos, Departamentos de Radiología, Laboratorios, Instrumentistas, etc. en Hospitales y Clínicas. En 1931 hay 821 Hermanas Enfermeras tituladas. (Vargas, P;1988, 869).

Manual de Formación. – Cada día aumenta el número de las que adquieren el título, pues tienen abiertas con autorización del Gobierno varias Escuelas de Enfermeras, así civiles como militares, dirigidas por profesores especiales, a las que acu­den las Hermanas para formarse.

Para responder al programa oficial es necesario disponer de un buen Manual, así en 1917 ve la luz la primera edición del «Manual de la carrera de Enfermeras para el uso de las Hijas de la Caridad españolas», lo que indica la preocupación que desde un primer momento sintió la Congregación por la formación de sus miembros. (HERNAN­DEZ MARTIN, F,: Anales, Tomo 103, n1 5 setp­octbre. 1995, 428-436).

Participación en los cambios de la Enfermería de 1952. – La fuerte presencia de Hijas de la Caridad en la Beneficencia en España no se limitó a la tarea asistencial, su influencia se hace notar con su colaboración en los cambios de la Enfermería. Participaron dos Hermanas en la Comisión Central del Ministerio para Estudios de Enfermería, Sor Adela Navarro Patiño y Sor Beatriz Gil Lansaque, cuyo objeto era asesorar al Ministro en esta materia con motivo de la unifica­ción de las carreras de Enfermera, Practicante y Matrona en la de Ayudante Técnico Sanitario.

La Escuela de Ayudantes Técnicos Sanitarios (A.T.S.) de Nájera. – La Escuela Superior de Formación Complementaria de A.T.S.F. «Santa María», título DIPLOMADO EN FORMACION Complementaria (Administración y Formación en Enfermería). (B.O.E. 29-VII-1958).

Directoras, Jefes de Estudios de las Escuelas de Ayudantes Técnicos Sanitarios. Bastantes Escuelas de Ayudantes Técnicos Sanitarios en diferentes provincias de España serán dirigidas por Hijas de la Caridad

Formación, actualización y especialización. – A mediados del siglo XX con el avance de la cirugía y los métodos diagnósticos se requieren Hermanas Enfermeras especializadas en Fisioterapia, Podología, Laboratorio, Matronas … Varias Hermanas ocupan puestos de responsabili­dad en estas Escuelas. Otras actuarán como aneste­sistas, instrumentistas y en Bancos de Sangre.

La Enfermería Universitaria. Uno de los últi­mos pasos en esa actualización ha sido con la entrada de la Enfermería en la Universidad. Una gran mayoría de Hermanas actualiza sus estudios para el reconocimiento del título de Diplomado Universitario en Enfermería. Otras lo harán en Fisioterapia.

Las boticas, otra forma de servir

Nadie pone en duda, hoy, que las Hijas de la Caridad han llevado la organización de los Hospitales y la atención a los enfermos desde fina­les del siglo XVIII hasta nuestros días. Sin embar­go, ha pasado desapercibido el trabajo en ciertos servicios como son las farmacias. La Historia de P. Vargas en la variedad de ministerios que realizaron las Hijas de la Caridad en 1931, cita: «FARMA­CIAS, 106». ¿Posible?. Sí. Las Hermanas han cola­borado en la organización y llevado la administra­ción de las Farmacias de casi todos los centros donde han estado establecidas.

La historia nos pone de manifiesto los proble­mas que tuvieron diversas órdenes religiosas con sus correspondientes Boticas y cómo la Iglesia tuvo que intervenir. ¿Cómo se atrevieron nuestros Superiores a solicitar la creación de una escuela y una botica para el Real Noviciado?.

A pesar de las protestas, luchas y pleitos es honrado reconocer que las Boticas de las Ordenes Religiosas prestaron enormes servicios; y que entre aquellos frailes boticarios, muchos fueron auténticos hombres de ciencia que honraron la pro­fesión.

Los Superiores lograron establecer la botica del Real Noviciado y formar a algunas Hermanas. Sin embargo, no faltaron las dificultades. En 1833, el P. Feu pedía la autorización al Rey y disponer ade­más de su protección a favor de las Hijas de la Caridad sin la cual no podrían resistir las protestas de los boticarios.

Cuando las Hijas de la Caridad comenzaron a extenderse por los Hospitales de Provincias fue necesario intensificar los estudios de Farmacia y no se perdonaron gastos ni diligencias. Además de que vinieran estas Hermanas de Francia se le Pide a S.M. que destine para la enseñanza a alguno de los boticarios de su Botica Real.

La Farmacia del Real Noviciado prestó buenos servicios, y de ella salieron excelentes boticarias y buenas enfermeras, «allí aprenden algunas novicias los principios de esa ciencia, que practican luego en numerosos hospitales bajo la dirección de com­petentes boticarios». (Vargas, P; 1996, 256.)

Se sabe que desde la Botica del Real Noviciado se facilitaron medicamentos a todos los pobres que pudo socorrerse. Por ello, la aportación de las Hermanas a la beneficencia no es fácil de analizar, ni saber todo su alcance. Es todo un imbricado de obras, organización, servicio, cuidados etc donde ponen en juego el mandamiento del amor junto con la eficacia y la calidad humana.

Sin fronteras: México, Cuba y Filipinas

Establecidas con la suficiente solidez en España, las Hijas de la Caridad no tienen reparo en atravesar los mares. La vinculación a España de México, Cuba y Filipinas obliga a una solidaridad y los Superiores estudian juntamente con los Padres ya establecidos en esos países la forma en que las Hijas de la Caridad puedan hacerse presen­tes. Algunas Hermanas preparadas partieron para México, Cuba, Filipinas.

Ya en México, y en los diversos hospitales, asi­los, colegios, hospicios y con la experiencia en España de la Botica del Real Noviciado, pronto dan los pasos para establecer otra allí. Abren una botica pública para administrar en ella medicinas a los pobres gratuitamente. Se formó un despacho y botiquín y contiguo a esta se hicieron los hornos, alambiques y demás elementos necesarios para la elaboración de las drogas. Permaneció abierta esta botica hasta el año 1853. Innumerables pobres acu­dían a recibir los medicamentos gratuitamente que les ofrecían las Hermanas, particularmente en las estaciones en que todos los años se desarrolló con más violencia alguna enfermedad y en las dos invasiones fuertes del cólera morbo que en este espacio de tiempo sufrió la ciudad de México». (Learreta A; 1844-1857).

Aún sin tener suficiente documentación, la Revista de Anales presenta datos sobre este mismo hecho en Cuba y Filipinas. Las Hermanas con sus conocimientos atendieron muchas necesidades y contribuyeron a la curación y alivio de muchos enfermos.

En el Hospital General de Valencia

No resulta fácil describir el trabajo desarrolla­do por las Hermanas en los Hospitales. La situa­ción de la sanidad y los hospitales de España en el Siglo XIX nos la narran Concepción Arenal, el Dr. Pulido y otros críticos de la época. Las Hermanas son requeridas porque tienen bien organizada la asistencia a pobres y enfermos, son responsables, tienen buen sentido de la economía y cuidan bien a los enfermos. La forma en que se han establecido en España lo pone de manifiesto y se repite en muchos documentos.

Destacamos en este apartado, a modo de para­digma, lo que un grupo de mujeres, las Hijas de la Caridad han aportado al servicio de los enfermos en los diversos Hospitales de la geografía españo­la en el campo de la Beneficencia a través de unos informes solicitados por la Junta de Gobierno del Hospital General de Valencia. (Junquera, P; 1996, 106-126 ) Es posible ver cómo hacen visible y encarnan el carisma vicenciano en el mundo del dolor y del sufrimiento, en el Hospital.

El Hospital General de Valencia surgió en 1512. Estaba destinado, a la acogida de «pobres» y así se mantiene hasta bien entrado el Siglo XIX. El número de enfermos, tanto hombres como muje­res, varió. Las cifras normales estaban en torno a los 1.000 ingresos por año. Contaba para atender a los enfermos con un elevado número de emplea­dos: Personal de servicios, personal eclesiástico y los dedicados a las tareas de administración y ges­tión. El número de médicos y cirujanos se fue incrementando y como meras ocupaciones desem­peñadas por personas sin ningún tipo de prepara­ción, enfermeros, serviciales, etc. La estructura de gobierno del Hospital se mantuvo sin alteraciones desde la fundación del mismo hasta 1785 en el que las Constituciones acabaron con la organización renacentista de la institución.

Las Juntas de Caridad de las provincias donde se hallan instaladas ya las Hijas de la Caridad informan positivamente sobre el excelente trabajo de las Hijas de la Caridad. De esta forma escribía en 1816 a Valencia la Junta del Hospital de Pamplona: «Conducidas por la más pura caridad hacia sus prójimos, desempeñan todas sus funcio­nes con el esmero más puntual y exquisito… «. (Nieto, P; 1932, 242), (Mas, N; 1988, 90), (Vargas, P;1996, 176). La solicitud del Arzobispo de Valencia no se hizo esperar. Se establecen las Hermanas en 1817. Esta fundación de Valencia venía a ser la principal de cuantas había en España, ya por el número de Hermanas, ya por la multipli­cidad de sus oficios y ocupaciones. En 1822 aumentaron hasta 50. Sin embargo, no fueron pocos los problemas que tuvieron que sufrir: la contradicción, persecución y el enfrentamiento con el personal. A pesar de ello, muchos documentos consultados hablan haciéndose alabanzas sobre los beneficios y buena administración» (Varga, P; 1996, 177).

Nos aproximamos a lo que supuso su presencia a través de varios documentos. (Junquera, P; 1996, 106-127). El primero está realizado por el Vicario y dos Capellanes del Hospital. Hacen un análisis pormenorizado de la situación a la llegada de las Hermanas y las ventajas que obtiene éste centro en tan sólo un año que llevan. El escrito trata los diversos apartados en que las Hermanas han dado un cambio a la atención de los enfermos y organi­zación de las enfermerías. Los artículos hacen refe­rencia a: Limpieza de las Enfermerías. Buen trata­miento de enfermos. Orden, quietud y arreglo. Entrada de gentes de fuera. Utilidad espiritual res­pecto de la tropa y demás. Tiñosos, tiñosas y par­teras. Expósitos y amas. Ropa de la Iglesia. Dispensa y amasijo. Casa de Locas. De la cocina. Es un testimonio entre otros muchos de los que hemos encontrado.

Servidoras de la vida entre los pobres

Por último hago referencia a la aportación y presencia de las Hijas de la Caridad a la Iglesia en el mundo de la salud, con la convicción profunda de que el mejor servicio que podemos hacer a la humanidad y por ello a la Iglesia, es intentar cada día ser Hija de la Caridad. Es el mejor modo de ser «agente de salud», de poner a rendir los valores vicencianos, profesionales y pastorales que hemos recibido.

La Compañía, tuvo en el Vaticano II un testigo de excepción, Sor Susana Guillemin. Su pensa­miento ha iluminado nuestro hacer en estos años y es válido para el momento actual. Habló a obispos, religiosos, seglares porque se sabía y se sentía Iglesia y desde su experiencia conciliar, gozosa de ser Hija de la Caridad habló de la religiosa de acción sanitaria y social y donde aborda directa­mente el mundo sanitario. «En el ambiente hospi­talario donde se consiguen tantas victorias sobre la naturaleza y sobre la muerte, donde la inteligencia humana hace retroceder cada día los límites de lo imposible, … el enfermo tiene imperiosa necesidad de otra cosa. Necesita «atención». (Guillemin, S., 1969, 27).

Ella fue a lo nuclear de nuestra vocación: «La religiosa debe actualizarse, mantenerse al día en las últimas conquistas y, sin embargo, no ceder al atractivo de la ciencia por la ciencia; sino conser­var un estilo propio de aplicar la técnica, de huma­nizarla en este mundo al que amenaza con avasa­llarla, reintegrándole el papel que le corresponde, que es el de servicio. Debe ser, vehículo del amor.» (op. cit. 29).

Nuestras sociedades generan sin cesar nuevas pobrezas: enfermos de SIDA, drogadictos, cróni­cos, terminales… Nosotras, Hijas de la Caridad, nos «movilizamos» para vivir más intensamente el carisma que nos legaron nuestros Fundadores, que­remos ser con todo el pueblo de Dios y con los mismos Pobres, artífices de la Nueva Evangelización y de la promoción plena del hom­bre, queremos ser un grito que clame «por la Justicia», primera piedra en la construcción de una «civilización del AMOR».

Conclusión

A través del contenido hemos dado respuesta a las hipótesis planteadas inicialmente, pero tras los debates por la búsqueda de una ciencia de la enfer­mería en el momento actual, quiero subrayar:

Que el reconocimiento de Vicente de Paul y Luisa de Marillac como precursores de la enferme­ría tiene plena vigencia.

Que en el modelo que ellos nos dejaron encon­tramos los elementos esenciales de la Enfermería, de ahí su permanencia y su validez.

Que actualizados en su contenido son un buen modelo para el momento actual, responde al bien interno de la enfermería, el bien de las personas.

Quiero terminar con dos testimonios elocuen­tes, que nos ponen de manifiesto el motor que mueve a la Hija de la Caridad. El primero lo reco­ge Maurice Cloche, en la película de «Monsier Vincent», a modo de testamento en la escena pre­via a la muerte: «Juana, pronto te darás cuenta lo pesado que es llevar la Caridad. Mucho más que cargar con el jarro de la sopa y con la cesta llena … Pero, conservarás tu dulzura y tu sonrisa. No con­siste todo en distribuir la sopa y el pan. Eso, los ricos pueden hacerlo. Tú eres la insignificante sier­va de los Pobres, la Hija de la Caridad, siempre sonriente y de buen humor. Ellos son tus amos, amos terriblemente susceptibles y exigentes, ya lo verás. Por tanto, ¡Cuánto más repugnantes sean y más sucios estén, cuanto más injustos y groseros sean, tanto más deberás darles tu amor! … Sólo por tu amor, por tu amor únicamente, te perdonarán los pobres el pan que tú les des».

El segundo del Papa Benedicto XVI que nos acaba de visitar: «Verdaderamente toda la historia de la Iglesia es historia de santidad, animada por el único amor que tiene su manantial en Dios. De hecho, sólo la caridad sobrenatural, como la que mana siempre del Corazón de Cristo, puede expli­car el prodigioso florecimiento, a través de los siglos, de órdenes, institutos religiosos masculinos y femeninos y de otras normas de vida consagrada. El la Encíclica he mencionado entre los santos más conocidos por la caridad a Juan de Dios, Camilo de Lelis, Vicente de Paul, Luisa de Marillac, José Cottolengo, Teresa de Calcuta (Cf. «Deus caritas est», n. 40).

Estos hombres y mujeres, que el Espíritu de Cristo ha plasmado, haciendo de ellos modelos de entrega evangélica, nos lleva a considerar la importancia de la vida consagrada como expresión y escuela de caridad». (Benedicto XVI, ángelus del domingo 29 de enero de 2006)

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ARCHIVUM MATRITENSE CONGREGA­TIONIS MISSIONIS:

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  • VARGAS, P.(1996) Historia de las Hijas de la Caridad de la Provincia Española. Presentación: CORCUERA, C. Y JUN­QUERA, P. Madrid.
  • Vaticano II.(1968) «Documentos del Vaticano II». Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. Quinta edición.

 

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