Siglo XVII
Las Asambleas existen desde los orígenes.
En la Conferencia del 8 de agosto de 1965, San Vicente dice a las Hermanas:
«Quiero leeros la aprobación de vuestro establecimiento por Monseñor el Arzobispo de París y la confirmación del mismo por Monseñor el Cardenal de Retz, su coadjutor…» (libro azul, pág. 535).
El informe de este acta de establecimiento aparece completo en el tomo XIII de Coste, (pág. 572 y sig. edición francesa); y el original se encuentra en los Archivos nacionales (L 1954).
«Aunque Dios se haya complacido en instituir la dicha cofradía en esta villa de París hará uno veinticinco años… hemos juzgado necesario hacer en el presente la dicha acta de establecimiento y, a este, efecto, hemos convocado a las que están en esta villa y se han encontrado en la Asamblea que se hizo en la casa de su Comunidad de la dicha villa, y de donde hemos tomado los nombres de aquellas que han sido ya recibidas y desean perseverar en ella; y esto después de haber hecho lectura de las dichas reglas y de la aprobación de ellas…
«Y esto hecho, hemos procedido al nombramiento de las oficialas…
«En fe de lo cual, hemos signado de nuestra mano la presente acta y hecho sellar con el sello de nuestra dicha Congregación, la que han signado también la dicha señorita y las otras oficialas y algunas otras de las más antiguas que han podido hacerlo…»
He aquí lo que se puede leer en la página 575 (de Coste)
LOUISE DE MARILLAC
MATHURINE GUÉRTN
JEANNE GRESIER
JULIENNE LORET
BARBE BAILLY
GENEVIEVE DOINEL
BARBE FOUINS
JENNE GOIRAR
MARIE CRESTE
MADELEINE RAPORTEBLE
LOUISE DALBEL
MARIE VIGNERON
MARGUERITE CHETIF
MARIE JOLIE
FRANÇOISE NORET
GENEVIÉVE POISSON
ANTOINETTE LABITTE
GENEVIÉVE CAILLOUX
ANNE HARDEMONT
VICENCE DAUCHY
JEANNE BAPTISTE
ANNE ROSE
TOUSSAINTE DAVID
ANDRÉE MARESCHALEES
JEANNE LUCE
ETIENNETTE DU PUIS
FRANÇOISE FANCHON
FRANÇOISE CABRY
PHILIPPE BAILLY
MARIE ROBDE
RENÉE PESCHELOCHE
MARGUERITE MÉNAGE
MADELEINE GARNIER
GABRIELLE GABARRET
FRANCOISE GESEAUME
GENEVIÉVE GAUTIER
MARIE LA RUELLE
MADELEINE MÉNAGE
FRANÇOISE ROSEAU
JEANNE LE MERET
VINCENT DEPAUL
La página siguiente da el nombre de todas las demás Hermanas que se recibieron desde la primera institución de la dicha sociedad «hasta hoy, ocho de agosto de mil seiscientos cincuenta y cinco», y Coste añade en una nota: «No se encuentran en esta lista los nombres de las Hermanas difuntas o que han salido de la Compañía, así como de algunas otras.»
Otras dos elecciones tuvieron lugar en tiempos de San Vicente, como se puede ver en Coste o en el libro azul, página 639. ‘
El 22 de mayo de 1657, San Vicente de Paúl se expresa así:
«Mis queridas Hermanas, el tema de esta Conferencia es la práctica de una de vuestras Reglas, que es de la elección de las Oficialas (nombre que se daba en otro tiempo a las Consejeras). Es preciso que esto se haga todos los años, al día siguiente de Pentecostés…»
El 27 de agosto de 1660 se reúnen para reemplazar a Santa Luisa, a quien Dios había llamado a Sí el 15 de marzo precedente, y San Vicente muestra una vez más su espíritu sobrenatural:
«Hay motivo para esperar que las oraciones ardientes de la señorita Le Gras nos ayudarán a obtener de Dios la gracia de elegir buenas oficialas… Tenéis motivos para esperar con la ayuda de Dios y del Superior General que todo irá bien con tal que la Compañía se mantenga en la humildad. Se ha pensado mucho en esto delante de Dios. No es un nombramiento según el espíritu de los hombres…»
Los archivos conservan también, desde la elección de Mathurina Guérin, el libro de las elecciones, sobre el que, este mismo año, los miembros de la Asamblea han inscrito sus nombres después de millares de ellos.
La forma debía cambiar en el transcurso de los siglos, pero ya San Vicente hacía notar:
«Ah, Hermanas, si hay una Compañía que necesita buenas Oficialas, es la Compañía de la Caridad, a causa de la diversidad de mentalidades, y que es preciso que sirvan de consejeras a los Superiores y que den su opinión.
Hasta esta hora, por la gracia de Dios, las Hermanas que han sido llamadas al Consejo para el gobierno de la Compañía han actuado según el espíritu de Dios… En ocasiones, cuando parecía que todo estaba perdido, han tenido ideas muy buenas. Cuando han tenido que opinar sobre algunas dificultades, han dado su opinión sin mirar a las criaturas, porque algunas veces, la Señorita no era del mismo pensamiento, pero ellas no dejaron de decir el suyo delante de Dios. Y esto ha sido un éxito por la gracia de Dios.»
Siglo XVIII
Asambleas de elección, pero también, con el Padre Bonnet (1711-1736), Asambleas para la buena marcha de la Compañía: como preparación, cada tres años, todas las Visitadoras debían enviar un informe sobre su provincia. Hacía poco tiempo que este Superior General había subdividido las 300 casas de Francia (1.600 Hermanas) en 14, y luego 17 Provincias, comprendida Polonia (1712-1718), y pide:
«Cada seis años vendrán a deliberar todas juntas a la Gran Casa de París, con el Superior, la Superiora y su Consejo de Hermanas, sobre todas las necesidades de la Compañía.»
El principio se había implantado. Desgraciadamente, ningún informe de estas Asambleas ha llegado hasta nosotros, probablemente a causa de las revoluciones en las que desaparecieron algunos archivos, salvo el de una, debida a un acontecimiento extraordinario: la Revolución francesa de 1789. (Hemos de recordar que en esta época, salvo Polonia, la Compañía no había franqueado las fronteras.)
La Asamblea extraordinaria de que habla la circular de la Madre Deleau es del 18 de abril de 1792. En efecto, en 1789, la Casa de los Sacerdotes de la Misión había sido saqueada el 13 de julio y se había hecho un registro e incautación en nuestra Casa Madre. Luego, la persecución alcanzó a gran número de nuestras Casas (ver Anales de la Misión, 1893 y 1894). También, la Madre Deleau podía escribir: «El Viernes Santo, 6 de este mes (1792), la Asamblea Nacional ha decretado la supresión de todas las corporaciones eclesiásticas y laicas, así como de los hábitos, y aunque no se nos nombra explícitamente, estamos comprendidas en esta medida… Si nos vernos obligadas a separarnos necesariamente tendremos que repartir los efectos que se han adquirido a nuestra costa en cada casa, poniendo gran atención en no tomar nada que sea de los Pobres, según el espíritu de justicia y de delicadeza que se ha observado siempre entre nosotras. Pero ¿en qué proporción se harán estas partes? Esto es lo que hay que regular y es el objeto de las resoluciones tomadas de común acuerdo en la Asamblea de Hermanas de la Comunidad y de Hermanas Sirvientes, en la Casa de París, y que presidió N. M. H. P. y nuestro Padre Director…»
Siguen las prescripciones que concretan las modalidades de hacer partes equitativas, y, como siempre, en medio de lo que hubiera podido ser un arreglo contable, aparece la nota sobrenatural:
«Todas las Hermanas de la Asamblea han puesto el más vivo interés, han mostrado el mayor celo por todo lo que mira a la Comunidad, y singularmente tal Servicio a los Pobres… No olvidaremos jamás que la asistencia a os pobres enfermos era la bendita ocupación a la que Dios nos había desinado y, en consecuencia, cada una de nosotras se hará un deber de cuidarlos y aliviarlos en cualquier lugar en que esté en tanto que se pueda. Tratemos de estar bien con Dios y Dios estará con nosotras, y así todo irá bien en el tiempo y en la eternidad».
Siglo XIX
Después de los trastornos causados por la Revolución, la Compañía se reformó poco, pero tuvo que enfrentarse con un peligro interno a causa de un cisma debido a las circunstancias: el arresto del Superior General por Napoleón, que quería que la Compañía estuviese bajo la obediencia del Obispo de París. Un Breve del Papa Pío VII trató de remediar esta situación, y Él mismo, por un Breve dado en Roma el 18 de enero de 1815, decidió convocar una Asamblea General:
«Tendrá lugar, lo antes posible, una Asamblea General para elegir en ella, con toda libertad de sufragio y observando todas las formalidades establecidas por sus Constituciones (las que llevaban el nombre de Estatutos Bonnet)… A este fin, y por esta vez solamente, derogamos por nuestra autoridad apostólica los artículos de las mismas Constituciones que fijan en Pentecostés el tiempo de la elección de una Superiora General y la duración de su Oficio en tres años… Y para que se convoque esta Asamblea extraordinaria, para que todas las cosas se preparen de antemano convenientemente, para que esta Asamblea se celebre con el asentimiento y la aprobación de todas las Hermanas, os diputamos, querido hijo, os elegimos y os nombra- nos como Visitador Apostólico de toda la Compañía de las Hijas de la Caridad. Queremos, sin embargo, que los derechos de nuestro querido hijo Hanon se mantengan en toda su integridad; él asistirá con Vos a la dicha Asamblea, llenará todas las funciones que le confieren los Estatutos, etc…»
Y la paz volvió a toda la Compañía que reanudó su acostumbrada marcha. Así, las Asambleas para las elecciones reanudaron su curso.
Hay que notar, sin embargo, que a medida que se desarrollaba la Compañía, después de la Visita a nuestra casa de la Virgen María, tuvieron lugar otras Asambleas en el curso del siglo XIX y hasta el Concilio: las reuniones de Visitadoras, primero en Francia y luego fuera de Francia.
El 30 de marzo de 1876, el Superior General, Padre Boré, acompañado por el Padre Bourdarie y el Padre Chevalier vino a la Casa Madre, donde estaban reunidas las Visitadoras de Francia, de Bélgica y de Suiza.
El 27 de septiembre fue el Padre Fiat quien convocó en 1878 a las del Piamonte, de Siena y del Ecuador, y concretó:
«No se trata de una reunión ordinaria, no es una visita de cortesía la que venís a hacer: estáis aquí reunidas para tratar de los asuntos de la Compañía. Hay que alcanzar un doble objetivo: el de aclararnos y el de aclararos vosotras mismas.»
Bajo su generalato tuvieron lugar otras dos Asambleas: el 17 de mayo de 1881, en la que estuvieron presentes las Visitadoras de Gratz y de Madrid, con las ya nombradas; el 25 de julio de 1897, que, entre otras cosas, expresó su alegría por la Coronación de la Virgen de los Rayos en nuestra capilla, afirmando: «La Iglesia ha sancionado con ello el origen de la Medalla».
Siglo XX
En plena guerra del 14, el Padre Louwych no temió reunir a las Visitadoras. Después, el 9 de diciembre de 1924, el Padre Verdier y Nuestra Madre Inchelin se reúnen para compartir sus trabajos, que siguen al filo de las dificultades de la época. Lo mismo ocurre en 1926, 1927, 1931. En 1936, el Padre Souvay precisa que es la decimocuarta vez que tienen lugar estas reuniones desde sus comienzos con el Padre Boré. Después de la guerra mundial, 1914-1918, son 26 las Visitadoras presentes en la reunión que tuvo lugar después de la Canonización de Santa Catalina, en Roma, el 27 de julio.
Van a seguirse ahora modificaciones importantes en el régimen administrativo de la Compañía, donde las Asambleas representan un papel de primerísima importancia. Pronto Roma va a aprobar las Constituciones de 1954, en la que el Consejo General aumenta sus miembros, que pasan de cuatro a seis, y con esta medida se internacionaliza; donde la elección de la Superiora General y de las Consejeras tendrá lugar en una Asamblea convocada con este fin. Diez años más tarde:
1962-1965: el Concilio.
1962-1968: Generalato de Nuestra Madre Guillemin, elegida por 54 Visitadoras.
Dos acontecimientos de Iglesia y de Comunidad van a continuar el movimiento iniciado por la Compañía. En 1963, revisión de las plegarias de Comunidad e introducción de Laudes y de Vísperas o Completas. En 1964, cambio del hábito tradicional; y también en 1964, consulta general a toda la Compañía mediante cuestionarios (45.000) dirigidos a cada Hermana sobre los valores de la vocación, la formación, el consuetudinario.
La Asamblea de 1965 reunió las 66 Provincias de entonces, del 4 al 27 de mayo. Se la llama «Asamblea de trabajo». Una circular de 15 de agosto de 1964 había precisado el sentido de esta Asamblea: «trabajo de búsqueda y de profundización en el clima del Concilio para ponernos de acuerdo con la marcha del actual Concilio». El decreto «Perfectae Caritatis», el 28 de octubre de 1965, debía sancionar de alguna manera el trabajo emprendido, que se completaría en la Asamblea de Agiornamento de 1968-1969, a la que sirvió de preparación. La audiencia de Pablo VI marcaba una cumbre cuando precisaba:
«Al hacer a Dios presente a los Pobres, lleváis un testimonio de elección y no debéis ahorrar nada para que este testimonio se haga perceptible para todos: aquí está vuestra fidelidad esencial, porque esto es lo que quisieron San Vicente y Santa Luisa de Marillac».
1968
Las Asambleas de Agiornamento, previstas por «Perfectae Caritatis» en 1965 y el Motu proprio «Ecclesiae Sanctae» se desarrollarán para la Compañía en 1968-1969, en 1974 y en 1979-1980.
La primera, la de 1968, fue el objeto principal del trabajo de Nuestra Madre Guillemin, al que contribuyó en gran manera su nombramiento de auditora del Concilio (tercera y cuarta sesiones); su nombramiento como Consultor de la Comisión de «Justicia y Paz» en 1967; el 8 de marzo y el 22 de febrero como Consultor de la Congregación de Religiosos. En 1967, un Decreto de esta Congregación de Religiosos daba un giro histórico a la Compañía al modificar su régimen: las Asambleas Generales tuvieron desde entonces un poder legislativo, reservado hasta entonces a los Superiores Generales. Además, el indulto del 10 de febrero prevé que las Asambleas domésticas y provinciales elijan delegadas para la Asamblea General y puedan presentar postulados.
A lo largo de 1967, el Superior General y Nuestra Madre preparan a las Hermanas para sus nuevos deberes mediante una serie de Circulares:
- 15 de marzo: programa de los trabajos.
- 20 de mayo: formación de las Comisiones para hacer las síntesis de los cuestionarios.
- 19 de julio: se convoca la Asamblea General para el Lunes de Pentecostés.
- 26 de julio: se envían los Directorios para las Asambleas Domésticas y Provinciales.
- 7 de noviembre: las Comisiones preparatorias hacen la síntesis de los trabajos.
- 11 de febrero de 1968: se acuerda enviar el correo de la Asamblea a todas Las Casas.
- 15 de marzo: se designan varios miembros de la Asamblea para las distintas Comisiones.
Todo estaba previsto; pero en el alba del 31 de mayo hay que partir rápidamente para Roma a causa de los trastornos sociales, y sobre todo de la muerte inesperada de la organizadora, autora de todos estos trabajos; el 28 de marzo iba a transformar la Asamblea General, que se convierte en primer lugar en una Asamblea doctoral. Nuestra Madre Guillemin seguiría desde el cielo el desarrollo de lo que tan bien había preparado en la tierra. Dios la llamó a Sí el 28 de marzo, como hemos dicho.
La Asamblea General eligió a Nuestra Madre Chiron el 5 de junio, así como a ocho Consejeras. Hasta entonces y desde 1954 sólo había seis Consejeras, pero los miembros de la Asamblea estimaron que había que añadir una Consejera más de lengua española para Iberoamérica y otra de lengua eslava.
La Asamblea General extraordinaria se abrió el 6 de junio de 1968, con una introducción por el Padre Slattery, Superior General. Toda una serie de conferencias doctrinales permitían seguir la evolución de la Compañía en la Iglesia:
- La renovación de la vida consagrada en la renovación de la Iglesia (Padre Jamet).
- Orientación de la vida consagrada según el Vaticano II (Padre Beyer, s. j.).
- Vida espiritual y vida litúrgica (Padre Braga, c. m., Consultor de Ritos).
- El Gobierno – sus estructuras (Padre Contassot, c. m., Asistente General).
- Formación según el Vaticano II (Padre Flores, c. m.).
- El servicio a los Pobres (Padre Zévaco, c. rn., Obispo de Fuerte Delfín).
Estaban representadas en la Asamblea 60 Provincias y tres Viceprovincias; 16 Provincias de más de mil Hermanas tenían dos delegadas. Sin contar el Consejo General, había 141 Hermanas entre Visitadoras y delegadas. La mayor tenía cincuenta y ocho años de vocación y la más joven once años (India). 74 Hermanas tenían más de treinta años de vocación y 67 estaban por debajo de este número. Teniendo en cuenta los Oficios, había entre las delegadas 18 Asistentes provincias, 13 Consejeras, 4 Ecónomas, 11 Directoras de formación, 4 Secretarias, 12 Hermanas Sirvientes y 14 Hermanas compañeras. Los postulados discutidos por la Asamblea, fueron 73 y cuatro capítulos terminaron con votos de orientación: la vocación de la Compañía, la vida espiritual, la vida comunitaria y el Gobierno.
1969
La segunda sesión de la Asamblea se abrió el 6 de septiembre de 1969. Como la primera, se había preparado cuidadosamente y el Superior General la convocó el 11 de mayo de 1969. Del 27 de enero al 8 de febrero se habían reunido unas Comisiones internacionales para estudiar «el Pobre hoy» y cómo servirle. Dos Comisiones especializadas se habían reunido a ellos para la formación y la puesta al día necesarias. La había precedido una Sesión, que tuvo como tema: fidelidad a la Iglesia, a la Compañía, a la Provincia, con las siguientes conferencias doctrinales:
- La Comunidad en la Iglesia y a su servicio (Monseñor Obispo de Meaux).
- Las relaciones con la Santa Sede (P. Lapalorcia, c. m., Procurador General).
- El servicio a los Pobres, servicio de Iglesia (Nuestra Madre Chiron).
- Unidad de pensamiento (P. Bella, Director de la Provincia de Roma.)
- Papel de las personas con cargos en la Provincia (P. Jamet).
- Relación de los Consejos Provinciales con el Consejo General (Sor McPhee, USA).
- Responsabilidad de las personas y de las obras (P. Cid, c. m., Director Provincial, Bolivia).
- Consejeras Provinciales de Actividades Apostólicas (Sor Rogé, Consejera).
- Demostración de una sesión del Consejo.
- Teología del diálogo (P. Lloret, c. m.).
- Pedagogía del diálogo (Michéle Aumont, psicólogo).
El Padre Jamet extrajo unas Orientaciones generales: los miembros de la Asamblea debían trabajar a partir de los documentos conciliares, de las Constituciones de 1954, de las Reglas de San Vicente y de los postulados enviados por las Provincias.
Hay que notar lo siguiente:
«La comparación con las Constituciones de 1954 hace resaltar la diferencia de estilo. La Asamblea ha querido ser fiel a las normas del Motu Proprio «Ecclesiae Sanctae»… uniendo los dos elementos, espiritual y jurídico (número 12). La división del texto (de las Constituciones de 1970) sigue el plan de «Lumen Gentium»… Es la primacía de la persona y de la vida sobre las estructuras, como dice «Gaudium et Spes»: «La persona debe ser el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones» Esta comunidad de vida no puede mantenerse y desarrollarse sin unas estructuras de gobierno, de formación, de administración. Pero estas estructuras aparecen como servicios a la comunidad de vida y a la misión. Hay aquí un desplazamiento de lo estático a lo dinámico, de la organización a la vida… Una comunidad religiosa no existe por sí misma y para ella misma. Está dentro de la Iglesia y es para la Iglesia… Cada Instituto ha sido invitado a mirarse como una parte viva de la Iglesia. Hay que tener siempre ante los ojos la dimensión cristológica… El «pivot de la espiritualidad cristiana… es la caridad contemplativa y activa.»
El programa de trabajo llevaba un orden de presentación:
- ¿Quién es el Pobre hoy?
- Ampliación de los poderes de las Visitadoras y de las Hermanas Sirvientes.
- Vida consagrada (Votos).
- Vida apostólica en general y especializada.
- Misiones.
- Formación y vocación.
- La Santísima Virgen.
- Las finanzas.
- Resultado de las experiencias (vida espiritual, vida comunitaria).
- Complemento de los informes estudiados en 1968.
- Aprobación de los capítulos ya presentados.
El resultado de las Asambleas 1968-1969 lo encontramos en el libro de las Constituciones y Estatutos, cuya presentación hizo el Superior General, Padre Richardson:
Estos textos tienen un carácter provisional, mientras se espera la experiencia de los próximos años… Su principal uso será servir de guía a todas las Hijas de la Caridad. Las determinaciones nuevas aquí contenidas entran en vigor el 6 de abril de 1970, fiesta de la Anunciación y día de la renovación de los votos. La próxima Asamblea de 1974 o la siguiente tendrá que presentar el texto de las Constituciones al inició oficial de la Santa Sede.
Estas Constituciones de 1970 se distribuían en nueve capítulos:
- Vocación de la Compañía.
- Diálogo con Dios.
- En caridad fraterna.
- Vivir los Consejos evangélicos como consagradas.
- Vida apostólica.
- Actividad misionera de la Compañía.
- Formación.
- Gobierno.
- Administración de los bienes temporales.
Estos capítulos tenían 212 artículos en las Constituciones y 173 artículos en los Estatutos. Estos estaban integrados en las Constituciones. Unos y otras ponían de relieve la primacía de la vida sobre las estructuras, así como la primacía de la persona. Además de lo que ya se ha hecho notar anteriormente, habría que poner de relieve muchos puntos, especialmente la colaboración de todas las Hermanas en la vida de la Compañía por la corresponsabilidad ejercida por medio de consultas a todos los niveles; por los intercambios institucionalizados en el curso de las Asambleas Domésticas, Provinciales y General; por el principio de subsidiariedad; un mejor conocimiento de la vida nacido de la creación de las comisiones técnicas; la animación de los Sacerdotes de la Misión, aunque la Compañía no sea una rama femenina de la Congregación de la Misión, sino que se beneficia espiritualmente del apoyo que le prestan los Sacerdotes, que conocen bien el espíritu de San Vicente, y finalmente, de la dirección del Superior General, como quería Santa Luisa.
Es necesario señalar igualmente lo que ha evolucionado la formación. Entre las dos Sesiones de la Asamblea 1968-.1969 había aparecido, el 6 de enero de 1969, un texto emanado de los trabajos conciliares: «Renovationis causam». Se encuentra de nuevo la inspiración de este texto en las Constituciones que insisten entonces en el acento teológico, la atención a la personas, una prudente apertura al mundo, incluso en el período inicial de formación; la necesidad de la formación continua, y la responsabilidad de las Provincias mismas en este programa de vida, a causa de la diversidad de países y culturas donde la Compañía está implantada.
Las bases del aggiornamento están bien asentadas, aunque haya que modificar tal o cual punto a partir de la experiencia vivida de 1970 a 1974, en que se reuniría la próxima Asamblea General, y en seguida la de 1979-1980.
De 1970 a 1974, la Compañía profundiza en lo que las Constituciones proponen a todas. Las Visitadoras se reúnen en jornadas de estudio en 1972. Pero con anterioridad se había interrogado a las Hermanas sobre la redacción de los Cuestionarios a los que debían responder, como preparación a la Asamblea de 1974, a fin de que sus miembros conozcan el pensamiento del conjunto de la comunidad. ¿Querían las Hermanas un solo cuestionario por Casa, con respuestas comunitarias? (5.540 resp.) ¿Querían un solo Cuestionario en el que se pudiera responder sí o no? (10.228 resp.) ¿Querían un solo Cuestionario en el que los pensamientos se pudiesen realizar? (2.069 resp.) ¿Un Cuestionario cuyas respuestas pudiesen ir precedidas de intercambios? (12.559 resp.) ¿O bien dos Cuestionarios: uno «sí» o «no» y el otro que permita respuestas más desarrolladas? (9.922 resp.) Se puede apreciar el enorme trabajo que representaba solamente la revisión de los resultados. Esto acaecía en 1971.
La reunión de las Visitadoras tuvo lugar del 11 al 30 de septiembre de 1972. «Esta reunión, dice el Superior General, va a desarrollarse en obediencia a la Iglesia. No son ustedes unas mujeres encargadas de los asuntos de la Compañía, sino que responden a una voluntad de la Iglesia, a una espera de las Hermanas, apoyándose ustedes en la roca del Evangelio y de la tradición vicenciana, siguiendo las directrices del Santo Padre (Perfectae Caritatis y Evangélica Testificatio), cornunitariamente responsables de la Compañía. Han de poner ustedes todas sus riquezas a su servicio.»
Las Visitadoras se repartieron en 11 grupos de trabajos para estudiar los nueve capítulos de las Constituciones, más una Comisión para la «revisión de los Directorios» y otra para los «métodos de trabajo».
A lo largo de los años siguientes, el Padre Jamet fue dando unas «reflexiones» sobre los diversos capítulos de las Constituciones: sobre las consultas para el nombramiento de responsables; sobre los Consejos Provinciales; sobre las consultas en general. El. Padre Richardson habló de la secularidad de la Compañía, y el Padre Director, Padre Jamet, sobre la secularización y la vida consagrada; como entender la unidad y el pluralismo…
Luego vinieron, en 1973, las Asambleas domésticas y provinciales como preparación para la Asamblea General de 1974.
1974
Esta Asamblea tuvo lugar del 23 de mayo al 30 de julio. Se desarrolló como las precedentes, por la consulta a las Hermanas de todas las Provincias y por una seria preparación espiritual. El Padre Richardson dio la orientación para el trabajo a realizar, con la nota sobrenatural que le caracteriza.
«Queridas Hermanas, miembros de la Asamblea General, Hermanas auditoras y receptoras. El Padre Jamet y yo mismo estarnos aquí para prestaros el servicio que la Compañía pide de nosotros… Desde hace mucho tiempo vienen meditando sobre la importancia del trabajo que van ustedes a realizar… Tendrán también las elecciones: la de la Superiora General, de las Consejeras Generales… la mayor parte de su Asamblea estará constituida por los intercambios y las decisiones que tomen a propósito de los postulados, especialmente aquellos que les han llegado de las Asambleas Provinciales, etcétera…»
Se estudiaron en la Asamblea más de 1.000 postulados. El Padre General precisaba:
«Esta Asamblea General será ordinaria, aunque tenga que perfeccionar en ciertos puntos la tarea extraordinaria emprendida por la última Asamblea General de 1968-1969, sobre la integración en la Iglesia, sobre todo en el Motu proprio «Ecclesiac Sanctae» (6 de agosto de 1966) de Nuestro Santo Padre Pablo VI».
«Tratarán de estudiar de nuevo las Constituciones y Estatutos provisionales a la luz de las proposiciones de las Asambleas Provinciales».
El 3 de junio, Nuestra Madre Chiron, que no quiso ser reelegida, fue reemplazada por Nuestra Madre Rogé. Se eligió en seguida un nuevo Consejo General, del que formaban parte algunos miembros del anterior. El papel a desempeñar por estos Consejos lo explicó la Madre Rogé en persona al comentar el artículo 192 de las Constituciones y el 153 de los Estatutos. «Su responsabilidad especial, dice, es contribuir a una cohesión interior de la Compañía y, por ello mismo, a su unidad.» Los trabajos de la Asamblea se desarrollaron en 69 sesiones plenarias, que preparaban las nueve Comisiones de trabajo de las Visitadoras y Delegadas (169 miembros).
El espíritu con que se ha hecho este trabajo fue subrayado a la vez por el Padre General y por el Padre Jamet:
«La Asamblea General es obra de toda la Compañía.» (R. Richardson).
«La parte visible de la Asamblea está contenida en los límites de esta sala, pero la parte invisible está hecha con las oraciones y los sacrificios de las Hijas de la Caridad del mundo entero. El trabajo está llevado por toda la Compañía presente y pasada» (P. Jamet).
¿El resultado? Todos lo conocemos: son las Constituciones de 1975.
«Este texto, escribe el Padre Richardson en la presentación, contiene la sustancia de la primera edición, directamente redactada por la Asamblea General de 1968-1969, pero también contiene las modificaciones que aportó la Asamblea de 1974…»
En lugar de nueve capítulos, la edición de 1975 contiene solamente tres:
- Vocación y Misión de la Compañía
- Las Hijas de la Caridad según el espíritu de los fundadores.
- La Compañía en la Iglesia.
- Vida de las Hijas de la Caridad: Estatutos.
- Organización de la Compañía
- Miembros.
- Gobierno.
- Administración de los bienes temporales.. Estatutos.
El estudio de los artículos que componen esta edición se hizo en el curso de las Asambleas domésticas y provinciales, preparatorias de la Asamblea General de 1979-1980, y no parece necesario presentarlo actualmente: vale más atender a la aprobación definitiva de la Santa Sede que encomendamos a Dios en nuestras oraciones y confiamos a la intercesión todopoderosa de la Virgen María.






