Hijas de la Caridad y Polonia

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la CaridadLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Desconocido · Año publicación original: 2001 · Fuente: Ecos, 2001.

Celebración del 350 aniversario de la llegada de las primeras Hijas de la Caridad a Polonia 1652 – 2002)


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Breve recuerdo de la llegada de las primeras Hijas de la Caridad

En 1651 partieron hacia Polonia algunos Sacerdotes de la Misión bajo la direc­ción del Padre Lamberto aux Couteaux. El año siguiente, el 6 de Septiembre de 1652, Sor Margarita Moreau, Sor Magdalena Drugeon y Sor Francisca Douelle vinieron también aquí, enviadas por nuestros Fundadores, a petición de la Reina Luisa María de Gonzaga. Ésta, francesa, nacida en 1612, había contraído matrimo­nio en 1645 con Ladislao, Rey de Polonia, que murió poco tiempo después. Enton­ces se casó, en 1649, con su sucesor, Juan Casimiro. Esta Reina murió en 1667.

El viaje de las Hermanas no fue de los más fáciles, pero al fin llegaron a Lowicz, ciudad situada a unas horas en coche de Varsovia, donde se encontraba la Reina quien las tuvo allí durante algunas semanas, para que se acostumbraran un poco a la lengua y a las costumbres del país.

El 8 de Diciembre de 1652, se albergaron en una casa de alquiler, cerca de la iglesia de la Santa Cruz, iglesia que estaba a cargo de los Padres de la Congre­gación de la Misión, en Varsovia. Una peste se declaró en la ciudad, y nuestras valientes Hermanas dieron prueba de un gran olvido de sí mismas y de una abne­gación sin límites. En cuanto pudieron, comenzaron la escuela para las niñas y llevaban también a los pobres las limosnas de la Reina.

En 1655, estalló la guerra entre Suecia y Polonia. La Reina no quiso dejar a las Hermanas en Varsovia y se las llevó con ella a Opole y después a Cracovia. En los alrededores de la antigua capital (Cracovia fue capital de Polonia de 1320 a 1609), los hospitales móviles que seguían a las tropas estaban llenas de heridos y ellas permanecieron en ellos para atenderlos. Cuando los cerraron, ellas se ocuparon de las niñas y de los pobres. De regreso a Varsovia en 1657, continuaron las obras que habían comenzado antes de la guerra.

En 1658, la Reina las instaló en una amplia casa que había hecho construir para ellas y organizó allí un orfanato para cien niñas, y las ayudó con gran generosidad. De lejos, Luisa velaba para que todo fuera allí como en la Casa de la parroquia de San Lorenzo. Así, aquella casa, conocida desde su origen con la denominación de “Casa San Casimiro”, llegó a ser la Casa Provincial de Polonia, y hoy es la de la Provincia de Varsovia. En esta casa se guarda como un tesoro un cuadro que re­presenta a la Santísima Virgen. Según la tra­dición, fue Santa Luisa quien dio dicho cuadro a las tres primeras Hermanas.

En 1655, San Vicente se alegró ante la noticia de que había ya una postulante, la pri­mera polaca. Las obras en esa época eran: orfanato, visita a pobres, un pequeño hospital de la parroquia de la Santa Cruz, sin olvidar el Seminario. La fundación de la Reina, ricamen­te dotada, fue confirmada por el Rey y por la Dieta (el Parlamento) en 1661. Pero como el primer documento se perdió, el Rey Juan So- oficial, añadiendo otros importantes privilegios.

Unas palabras sobre cada una de las tres Hijas de la Caridad escogidas por San Vicente y Santa Luisa para esta primera misión en Polonia:

Sor Margarita Moreau, natural de Lorena, era, según la tradición, la personificación de la dulzura, de la bondad, de la humildad y de la abnegación al servicio de los

pobres. A la Reina, que quería quedárserla a su servicio, le respondió: “He venido aquí para servir a los pobres y no a los ricos y a los grandes, que tienen muchos servidores. Por favor, señora, déjeme hacer lo que mi vocación pide de mí”, e irrumpió en lágrimas. Murió el 17 ó el 29 de Septiembre de 1660, dos días después de la muerte de San Vicente (Hasta hoy no se ha descubierto ningún documento que permita confirma la fecha exacta de la muerte de la Hermana), lo que es cierto es que fue víctima de su abnegación entre los apestados.

Sor Magdalena Drugeon  era la hija de un negociante de París que la amaba con ternura y que empleó todos los medios para lograr que abandonara su vocación. Todos sus esfuerzos fueron vanos. Escogida para la misión de Polonia, fue con alegría, dichosa de sustraerse a las solicitaciones de su familia. Se dedicó, sobre todo, a la educación y a la instrucción de las niñas pobres. Fallecida el 3 de Febrero de 1671, dejó el recuerdo de una santa Hija de la Caridad.

Sor Francisca Douelle: Al principio de su misión, tuvo más dificultades que las otras dos. Era la más joven de las tres Hermanas llegadas a Polonia en 1652. Durante largo tiempo, experimentó la nostalgia de Francia, pero al fin se acostumbró. Apren­dió bien la lengua polaca; desempeñaba las funciones de ecónoma y se veía obligada a permanecer en Pechery, y a hablar con la población que allí vivía. Pidió perdón a Santa Luisa por haberse puesto, a instancias de la Reina, 5 ó 6 veces un gorro de piel. Sin embargo, terminó por acostumbrarse tan bien, que parecía polaca y que incluso llegaron a “polonizar” su apellido, la llamaban Sor Francisca Duelska. Como tenía un temperamento muy vivo, no siempre estaba de acuerdo con sus compañeras, pero, poco a poco, se hizo más serena, gozando de autonomía en el gobierno de las propiedades de las Hermanas. No se conoce la fecha de su muerte, pero sí se sabe que en 1685 desempeñó todavía su oficio.

Otras Hermanas

En el mes de Agosto de 1655, San Vicente envió a otras tres Hijas de la Caridad. A la cabeza iba Margarita Chétif. Pero, apenas llegadas a Rouen, recibieron orden de entrar a París, pues la guerra entre Suecia y Polonia hacía imposible el paso.

El 16 de Septiembre de 1660, unos días antes de su muerte, San Vicente bendice a tres de sus hijas, escogidas para Varsovia, que partieron ese mismo día. Eran Bárbara Bailly, Catalina Boucher y Catalina Gouy. Cuando ese pequeño grupo iba a dejar Francia, muere Margarita Moreau. En el salvoconducto que les entregó San Vicente, se decía expresamente: “Para satisfacer el deseo de la Reina, hemos enviado y enviamos ahora, a dicha ciudad de Varsovia, tres Hijas de la Caridad, a fin de que vivan allí según los usos de su Instituto que observan en Francia, bajo el gobierno y dirección del Padre Guillermo Desdames, Superior de la Congrega­ción de la Misión en Polonia…”. El Padre Desdames ha sido considerado siempre como el primer Director de la Provincia de Varsovia, por tanto fue San Vicente quien, al establecer el primer Director, puso él mismo el sello a la organización de esta Provincia.

En los ocho primeros años, vinieron unas veinte Hermanas, en varias veces. Vea­mos el relato del viaje de Sor María Boulard (nacida en 1637 en Dachery, diócesis de Laon y fallecida en 1717) con otras dos compañeras. Dejaron una de las diligencias en una ciudad de Alemania y como la próxima no salía hasta dentro de tres días, se encontraron en una ciudad llena de gentes de guerra, eran solados suecos. Como no pudieron encontrar alojamiento, fueron a una iglesia a pedir a Nuestro Señor que las ayudara. Su confianza no fue vana; las abordó una señora y les preguntó: “„No son ustedes hijas del ‘Señor’ Vincente?”. “Sí, señora, —respondieron ellas— vamos a Polonia para servir allí a los pobres. No tenemos coche hasta dentro de tres días y estamos muy preocupadas porque no podemos encontrar dónde alojarnos”. Esta buena señora pensó que tenía una pequeña habitación donde podría meterlas, y se la ofreció, aunque tenía aún en su casa al General del ejército. Cuando llegaron a esta casa, el General, al ver a las Hermanas, preguntó a la señora quiénes eran aque­llas jóvenes de porte tan prudente y modesto. Una vez informado, dijo, refiriéndose a Sor Boulard: “Esa es muy joven para un viaje tan lejos”. Ésta era joven, de rostro muy agradable, bien proporcionada. Este hombre formó entonces el pérfido proyecto de raptarla la noche que él iba a partir. Su habitación estaba contigua a la de las Hermanas, de la que no la separaba más que un tabique de tablas. Desclavó dos de ellas. Sobre las 11 de la noche, mientras que las otras dos estaban dormidas, Sor Boulard que no lo estaba, oyó un pequeño ruido. Inmediatamente sintió dos manos que la cogían por debajo de los brazos para llevársela. Ella lanzó grandes gritos de espanto, despertando a sus Hermanas que, también, gritaron a pleno pulmón. Como el general ya se había marchado, ella dudaba y se preguntaba si era verdad o se tra­taba de un sueño. Las dos Hermanas que no habían visto ni oído nada, sin sospechar de qué se podía tratar, creyeron fácilmente que la Hermana había soñado y se volvie­ron a dormir. Pero Sor Boulard, más prudente, cogió una cuerda, se puso entre sus dos hermanas, se ató bien al brazo de cada una, a fin de que si algo viniera aún a sorprenderle, no pudieran sacarla de entre sus compañeras, sin despertarlas. Se sentó en la cama, se encomendó con gran fervor a la Santísima Virgen y se puso a rezar el rosario, sin intentar conciliar el sueño.

Sobre las dos de la mañana, alguien vino sutilmente, le tapó la boca e intentó raptarla, pero como estaba atada a sus compañeras, éstas se despertaron y, lu­chando con todas sus fuerzas para que no se la llevaran, gritaron tan fuerte que las oyeron y acudieron en su auxilio. La señora, muy sorprendida por semejante incidente, las hizo salir de aquella habitación y las llevó a la suya, de la que no salieron hasta el momento de embarcar. Cuando el General se marchó, la señora fue a ver su habitación y encontró las dos tablas del tabique desclavadas. La buena señora mandó decir tres Misas de acción de gracias a Dios, por no haber permitido que ocurriera en su casa semejante desgracia. Puso todo el cuidado para que nuestras Hermanas fueran bien acompañadas, haciendo que las acompañaran hasta el barco y confiándoselas muy especialmente al señor que las conducía. Llegaron felizmente a Dantzig, primera ciudad de Polonia.

La Comunidad en Polonia, a finales de los siglos XVII y XVIII Las primeras Hermanas Sirvientes fueron francesas:

  • Margarita Moreau (1652-1660)
  • Bárbara Bailly (1660-1668)
  • Catalina Baucher (1668-1679)
  • María Boulard (1679-1682)
  • María de Bay (1682-1700)
  • Francisca Luce (1700-1703)
  • Margarita Potel (1703-1711)

Sor María Boulard tuvo todavía muchas dificultades en Polonia. Una vez, debido a los asuntos del hospital, necesitó hablar con una señora, DI Cellentissima. En esa conversación, se encontraba presente un joven del palacio, sobrino suyo, que se percató de la modestia y de la gracia de nuestra Hermana; le gustó mucho y pensó que, siendo él tan rico, podía muy bien casarse con ella y, juntos, hacer muchas obras buenas, dando a la que quería fuera su esposa la libertad para abrir hospi­tales y servir a los pobres. Y ordenó que las llevaran a las dos a su apartamento. En cuanto este señor vio a Sor Boulard, aunque iba con otra compañera, le habló claramente de su proyecto, lo que sorprendió enormemente a la Hermana, que respondió con valentía: “Aunque tuviera mil vidas, señor, las sacrificaría todas a Jesucristo”. Él quiso llevarla entonces a un convento, del que no podría salir sin haberse casado. Ella se negó. Aquel señor se dirigió entonces hacia la compañera y le dijo: “Su hermana rehusa lo que no rehusaría la hija de un rey…”. Para entonces Sor Francisca había visto bien el peligro en que se hallaban y que había que ingeniárselas para librarse de él, y respondió: “Veo, señor, que sus intenciones son buenas, pero permítame que me lleve a mi hermana y yo arreglaré bien un asunto tan importante”. Así, con sus modales respetuosos, se ganó a aquel joven señor que le dijo: “La dejo en sus manos, querida señora, con la confianza de que me la entregará dentro de tres días”. En cuanto llegaron a casa, Sor Boulard fue a ocultarse a uno de los pueblos; nadie sabía dónde se encontraba, excepto Sor Francisca. De allí escribió una carta a aquel señor, diciéndole que su propuesta era inadmisible… Él, se enfadó primero, después reflexionó y decidió hacerse religioso agustino. Su confesor le aconsejó que se quedara en el mundo y dedicara sus grandes bienes al servicio de los pobres, lo que hizo hasta el fin de sus días. Sor María Boulard gobernaba la Comunidad con gran sabiduría y sus Hermanas la querían. Pero algunos seglares, llenos de envidia, acabaron influenciando a los superiores, de tal manera que la llamaron a Francia. Murió en Dourdan en 1717.

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