Espiritualidad vicenciana: Catequesis

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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Autor: Pablo Domínguez Garatachea, C.M. · Año publicación original: 1995.

SUMARIO: La misión vicenciana.- El catecismo en la misión: predicación y catecismo; el pequeño catecismo; el segundo catecismo. La plática y la doctrina. La actualidad.


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Las misiones populares vicencianas forman parte principal de las llamadas «misiones cate­quísticas» que surgen en Francia durante el siglo XVII. A estas misiones, frente a otros tipos de mi­sión sacramentalista, penitencial o de controver­sia con los protestantes, se las identifica porque están orientadas a la alfabetización cristiana y a la conversión religiosa de las masas católicas, centrando su atención en la catequesis o, debe­ríamos decir mejor, en el catecismo.

La explicación del catecismo es el centro de la acción misionera, ya que el objetivo último de la misión vicenciana es cristianizar a los campe­sinos por medio de la instrucción religiosa, lle­gando así al conocimiento de las verdades de la fe (cf. IV, 46; XI, 55-57; XI, 323-324. 387). Con la instrucción en las verdades religiosas y morales se pretende una reforma moral de la población, hacerla volver a la vida de la gracia y encaminar­la hacia la salvación eterna.1

La misión vicenciana tiene su origen en una situación de abandono espiritual y material de los pobres del campo y en la experiencia social y re­ligiosa vivida por san Vicente, para quien «el po­bre pueblo se condena por no saber las cosas necesarias para la salvación y no confesarse» (I, 176). De las palabras de san Vicente puede de­ducirse su interés y preocupación apasionada por la salvación de los pobres, la prioridad de la en­señanza de las verdades al pobre corporalmente y en cualquier ocasión que se presente (cfr. I, 176- 177, 182; XI, 56-57. 266-267. 317).

La preocupación por la catequesis, converti­da a veces en angustia, depende del concepto de salvación que tiene la teología de la época, según la cual el desconocimiento de las verdades de la fe es causa de condenación.2 La misión vicen­ciana entra en esta dinámica y surge para re­mediar la ignorancia religiosa, causa de conde­nación, que se da entre los pobres, especialmente los campesinos. La misión aporta al esfuerzo re­formador del s. XVII por normalizar la instrucción cristiana el llegar con la instrucción a las masas más abandonadas y el preparar predicadores que sepan catequizarlas.

Para san Vicente el pueblo tiene más necesi­dad del catecismo, y se aprovecha más de él, que de las predicaciones (VI, 358). El santo pare­ce intransigente cuando se trata del catecismo en las misiones y lo es por la finalidad para la que ha nacido la Misión y por la razón de hacerse las misiones (ib.). La catequesis, el catecismo, es lo principal en las misiones, porque, con palabras de san Vicente, «todo el mundo está de acuerdo en que el fruto que se realiza en la misión se debe al catecismo» (I, 441; cfr. X, 391).

Incluso aconseja suspender la predicación y tener sólo los dos catecismos o uno solo si fue­ra necesario (cf. I, 273-274). No se puede dejar el catecismo por la predicación. La pastoral de la catequesis es el método preferido de san Vicen­te para evangelizar a los campesinos e insiste en que también a los sermones se les dé un matiz catequístico en su estilo, contenidos fundamen­tales, lenguaje sencillo y familiar.

En los orígenes de las misiones vicencianas se dedicaba dos momentos diarios al catecismo:

– «el pequeño catecismo»: se tenía hacia las dos de la tarde y estaba orientado a la instrucción de los niños. La metodología, propia de todo ca­tecismo, de preguntas y respuestas, era muy fa­miliar y al alcance del público infantil. El misionero-catequista no se sube al púlpito, sino que está y se mueve entre los niños. El contenido se distri­buye en diez temas, que correspondían a diez dí­as de misión, en caso de que ésta fuese corta: creación y fin del hombre; el cristiano; la fe; el mis­terio de la Santísima Trinidad; el misterio de la En­carnación; vida y pasión de Nuestro Señor; resu­rrección y ascensión de Nuestro Señor; el juicio universal; repetición de los misterios y breve ex­plicación de los artículos del Símbolo; los cinco úl­timos artículos del Símbolo.3

Ya en la Asamblea de 1651 «fue opinión común que, exceptuando a las misiones muy importantes, sería conveniente recortar el cate­cismo de por la tarde, que podría hacerse al atar­decer, o solo -meciendo en él algunas enseñan­zas morales- o junto con el catecismo mayor, durante un cuarto de hora, sin subir al púlpito y que, en ese caso, el que dirigiese el catecismo mayor no hablase más que durante media hora» (X, 391; cfr. X, 407-408). Así comenzó a quitarse el pequeño catecismo y a relegarlo a la «Doctri­na» que posteriormente se hacía antes del Ser­món. Bien es verdad que la catequesis de niños ha sido una tarea que no han desatendido las mi­siones, cuidando siempre los temarios y las me­todologías apropiadas para ellos.

– «el catecismo mayor»: se hacía por la tarde, terminando con él la jornada misional. Dirigido a todos los fieles, era el momento central de la mi­sión. Desde el púlpito, para una mayor comodi­dad de los oyentes, según Abelly, el misionero resume lo que se había dicho en el catecismo anterior, sobre el que interroga a los niños durante un cuarto de hora; después explica el tema que debe tratar, sacando al final algunas aplicaciones morales y algunos frutos, para la instrucción y la edificación de los oyentes.4 Esta metodología ca­tequística fue una novedad en la enseñanza del catecismo: preguntas a los niños, catecismo a los adultos y exhortación final con aplicaciones mo­rales para la vida cristiana. Esta metodología vi­cenciana fue adoptada después por la mayoría de los misioneros de la época (cf. J. DHOTEL, o. c., 229.).

El contenido, entresacado del «Segundo Ca­tecismo para las misiones», es más corto y al mismo tiempo más práctico que el anterior. Com­prende los misterios de la Santísima Trinidad, de la Encarnación, del Santísimo Sacramento; la ora­ción; los mandamientos; los sacramentos; la ma­nera de confesarse. Se trata de una síntesis de la vida cristiana: lo que hay que saber, lo que hay que hacer y los medios para conseguirlo.

Posteriormente, y hasta la época del Vatica­no II, la catequesis a los adultos pasó a darse en las funciones misionales llamadas «Plática» y «Doctrina».

– La Plática: predicación que se hacía por la mañana, mientras se decía la misa. Aunque en algunos momentos pareció una función de re­lleno y se redujo a dar una serie de instrucciones a las personas piadosas que asistían a misa so­bre la vida de piedad, el modo de oír bien la mi­sa, la frecuencia de los sacramentos, etc., la Plá­tica contenía algo de Sermón y algo de Doctrina, de ahí su discurso instructivo y moralizante. La Plática trata los mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia, no como medio de preparación pa­ra la confesión, cosa que hace el doctrinero a la tarde, sino para instruir a los fieles, muy al por­ menor, sobre sus deberes de cristianos, de su estado y de sus oficio.5 El contenido de las Pláti­cas está expuesto en clave moralista y se orien­ta a la vida y costumbres de las personas que es­cuchan.

Se da una enseñanza detallada y minuciosa, acentuando, en algunos casos de forma exage­rada, el aspecto del castigo a quienes no cumplen con los mandamientos.

– La Doctrina: correspondía a lo que en tiem­pos de san Vicente era el Catecismo Mayor, pe­ro con el tiempo fue reduciéndose y centrándose sólo en el sacramento de la penitencia. Es una charla instructiva que prepara para hacer una bue­na confesión general. La Doctrina se hacía in­mediatamente antes del Sermón de la noche y se consideraba como un género menor (cfr. ESCRI­BANO, o. c., 36; Hermandad Misionera o. c., 151- 152). Estamos lejos de la importancia que san Vicente dio a esta función. La confesión es el te­ma estelar de la Doctrina, y podemos decir tam­bién que de las misiones. La experiencia de las misiones atestigua que para la mayoría de los mi­sionados la confesión general era necesaria. Esto hace que entre las preocupaciones del doc­trinero esté el lograr que todos hagan una buena confesión general. El contenido de la Doctrina gira en torno a este eje central: la confesión: su comprensión, las condiciones, las excusas que se ponen, la vergüenza… Además de la catequesis so­bre la confesión, el doctrinero debía ayudar a ha­cer bien el examen de conciencia, preparar a los fieles a realizar una buena confesión. Dentro de la seriedad y profundidad del tema, el doctrinero se sirve de metodologías catequísticas que hagan asi­milable el mensaje que transmite: exposición cla­ra, preguntas, ejemplos bíblicos e historias, a ve­ces humorísticas, que no hagan pesado el propio examen, cumpliendo la norma de que «la doctrina ha de tener un tono familiar y amable, pero nunca chabacano. Se le puede dar una nota graciosa, sin pasar a la bufonada. Como está orientada a la con­fesión y ésta siempre cuesta, el doctrinero ha de extremar el cariño a las almas».6

En la actualidad la catequesis ocupa un lugar central en las misiones. Sigue resonando todavía la ignorancia religiosa, presente en nuestro tiem­po, con el agravante del desconcierto que crea el pluralismo religioso, el sincretismo y la pérdida de verdades y valores absolutos. Las diversas me­todologías de misiones coinciden en hacer la ca­tequesis por grupos coetáneos: niños, adoles­centes, jóvenes, adultos, matrimonios, tercera edad. En todos ellos, la metodología parte de su experiencia, que es iluminada desde la Palabra, y tiende a la transformación de la vida. En todos ellos se pretende seguir un itinerario que parte de la vida, se juzga desde la fe y vuelve a la vida. Me­rece resaltarse, en este esfuerzo por educar la fe hoy, la novedad de las Comunidades de Caridad, Comunidades Familiares o Grupos de Encuentro, en los que las verdades de la fe, la experiencia cristiana y las vivencias humanas se hacen diálogo compartido en grupos que se reúnen en las ca­sas, siguiendo en su metodología el proceso ca­tequético.

La diversidad de métodos, grupos y temarios hace imposible un estudio detallado en este lu­gar. Pero hay una coincidencia con la intuición y experiencia de san Vicente: el fruto que se reali­za en la misión se debe a la catequesis.

BIBLIOGRAFIA:

Breviario de Predicación Misionera, compuesto por varios Misioneros de la Provincia de Ma­drid con ocasión de la Misión de Valencia (1948), . Madrid, Editorial «La Milagrosa», 1948.- P. COSTE, Le Brand saint du gran sié­cte. Monsieur Vincent, 3 vol., Paris, Desclée de Brouwer et Cie., 1932. Versión castellana, El gran Santo del gran siglo. El señor Vicen­te, 3 VOL CEME, Salamanca 1990-1992.- J. C. DHOTEL, Les origines du Catéchisme moder­ne d’aprés les premiers manuefs imprimés en France, (=Théologie, 71), Paris, Aubier Edi­tions Montaigne, 1967.- J. GUlCHARD, Saint Vincent de Paul, catéchiste, Paris, Rue de Sév­res, 95 (s. a.) (publicado en Cahiers catéchis­tiques (1938/1939)61-64, 172-190, 257-278).- E. ESCRIBANO, Predicación Misionera, Doctrinas de la Santa Misión. Litografiadas en la Casa-noviciado de la Congregación de la Misión, siendo Visitador de ella D. Ramón Sanz. Ma­drid, Año1865, 01, Madrid, Editorial «La Mi­lagrosa», 1941.- ID., Predicación Misionera. Pláticas de la Santa Misión. por el Sr. Buena­ventura Codina obispo de Canarias Sacerdo­te que fue de la Congregación de la Misión, fundada por san Vicente de Paúl t. 11 I. Madrid, Editorial «La Milagrosa», 1942.-ID., Manual del Misionero, t. I, Madrid, Editorial «La Milagro­sa», 1943.- HERMANDAD MISIONERA DE SAN VI­CENTE DE PAÚL (ed.), Manual del Misionero, tt. 1-IV, Madrid, Editorial «La Milagrosa», 1964.- J. ME IBÁÑEZ, Vicente de Paul y los pobres de su tiempo, Salamanca, Sígueme, 1977.- Vv., Misiones vicencianas y evangelización del hombre de hoy (=Evangelizare, 23), Sala­manca, CEME, 1987.- Vv., Vicente de Paúl y la catequesis (=Evangelizare, 11), Salamanca, CEME, 1979.

  1. Cfr. C. RICCARDI, La missione popolare nel pensiero di San’ Vincenzo, en Annali delta Missione, 71 (1964) 3-4, 213.
  2. Cfr, J. M.,IBÁÑEZ, Vicente de Paúl y los pobres de su tiempo, Salamanca, Sígueme, 1977, pp. 310-311; J. C. DHO­TEL, Les origines du Catéchisme moderne d’aprés les pre­miers manuels imprimes en France, Paris, Aubier Editions Montaigne, 1967, pp. 160, 164.
  3. Para los contenidos de los dos Catecismos hemos tenido en cuenta a J. GUICHARD, Saint Vincent de Paul, ca­techiste, Paris, Rue de Sevres, 96 (s. a. l, en Cahiers cate­chistiques ( 1938/19391 61/64, 172-190/257-278 .
  4. Cf. L. ABELLY, La vie du venerable Serviteur de Dieu, Vincent de Paul, instituteur et Premier Superieur General de la Congrégation de la Mission, Paris, Florentin Lambed, 1664, II, p. 13 ; P. COSTE, El gran Santo del gran sigla. El señor Vicente, CEME, Salamanca 1990-1992, III, p. 24.
  5. Cf. E. ESCRIBANO, Manual de! Misionero, Madrid, Edi­torial «La Milagrosa», 1943, I, p. 38 Hermandad Misione­ra de San Vicente de Paúl (ed.), Manual del Misionero, Ma­drid, Editorial «La Milagrosa», 1963, J, p. 154
  6. AA. W., Breviario de Predicación Misionera com­puesto por varios Misioneros de la Provincia de Madrid con ocasión de la Misión de Valencia (1948), Madrid, Editorial «La Milagrosa», 1948, I, p. 8.

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