El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 236 al 240

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

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Author: Luis Robineau, C.M. · Translator: Martín Abaitua, C.M.. · Year of first publication: 1995 · Source: Asociación Feyda.
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236. Su alegría al anunciarse que se había restablecido la libertad de conciencia en Inglaterra.

En el mes de octubre del año .1650, el Señor Portavoz oficial de París le comunicó que se había concedido la libertad de conciencia en Inglaterra. Ese hecho movió al Señor Vicente a decir, con cara llena de entusiasmo y voz enardecida, estas palabras: «Si eso es así, puedo morir contento; heme aquí satisfecho, y daría mil vidas de buena gana, para que sucediera así en el caso de que no sea cierto».

Al margen: Véase el segundo Cuaderno grande, 8.

Notas del P. Dodin:

Información exclusiva de L. Robineau.

237. El Señor Vicente ofrece un retiro espiritual a una persona que reconocía que le había perjudicado.

El acto que se ha referido en alguna conferencia anterior acerca de otra virtud hacer ver también una muestra de su celo. Aunque había recibido injusticias de una persona, con todo, eso no impidió que el Señor Vicente no la acogiera benignamente, cuando vino a verse con el Señor Vicente en San Lázaro para perdirle perdón por la falta, que había cometido contra él, y que el Señor Vicente no la consideraba tal; y, en efecto, le invitó a hacer allí un retiro espiritual.

Notas del P. Dodin:

Información exclusiva de L. Robineau.

238. El Señor Vicente manifiesta un gran respeto a unos religiosos, que son despreciados, porque han perdido un pleito.

Ese celo hacía que tuviera una inclinación especial a las personas que trabajaban en la salvación de las almas. A propósito de lo cual, cierto día una Compañía, de las más célebres que existen actualmen­te en la Iglesia de Dios, había perdido, hace ya tiempo, un pleito aquí en París. Eso tuvo una gran resonancia, y movió a la mayor parte de las personas a silvar y a despreciar a aquellos buenos religiosos en el momento en que pasaban por las calles.

Pero el Señor Vicente, como lo hemos sabido de él mismo, hizo exactamente lo contrario, porque, dijo que le daba pena, cuando se encontraba con alguno de ellos, ya por las calles, ya por otras partes: les iba a saludar en voz más baja y a darles mejor acogida que antes del accidente, hablaba mucho y bien de ellos, y todo eso para reparar hasta cierto punto los desprecios y confusiones, e inducir con su ejemplo a las personas a apreciar a aquellos pobres sacerdotes.

Al margen: Cuaderno de la Caridad, p 12, v2.

Notas del P. Dodin:

Actitud particularmente benévola en relación con la Compañía de Jesús. Abelly se limita a mencionar el aprecio de Vicente de Paúl a la Compañía de Jesús (Abelly, III.102). Elogio en una Repetición de oración del 25 de octubre de 1643 (XI.133-135/55; E.73-75).

239. En las Conferencias de los Ordenandos, reprimir la vanidad para ser últil y práctico.

Un día exhortando a la Compañía, según su costumbre, sobre el tema de los Ordenandos, y a desempeñar bien la ocupación que se les había señalado, dijo que era necesario presentar la moral familiar­mente, y descender siempre a lo particular, de forma que toda la academia la entienda y comprenda todo lo que se le dice, y que hacía falta siempre dirigir los esfuerzos para conseguir esto: actuar de ma­nera que todos los oyentes de la academia y de la charla se lleven de la academia y de la charla todo lo que se les haya dicho, guardándose bien de que un maldito espíritu de vanidad se introduzca entre noso­tros para querer hablar de cosas altas y sublimes; eso no hace más que destruirlo todo.

Notas del P. Dodin:

Moral familiar, L. Abelly (II.228) sólo refiere una parte de esta charla (X1.11/329; E.871-872).

240. Su celo en recibir a unos niños de Toulouse.

Un pariente suyo nos ha dicho que, siendo joven y residiendo en Toulouse, se encargó de diez niños, a quienes él enseñaba y educaba en el servicio de Dios.

Notas del P. Dodin:

El pequeño pensionado de Buzet, cerca de Toulouse.

L. Abelly se contenta con unas generalidades. Como no quería servirles de carga (a sus padres), ni causarles ninguna molestia, y al ver que podía subsistir en Toulouse, resolvió aceptar un pequeño pensio­nado, que le ofrecieron a cuatro leguas de allí en la ciudad de Buzet. Allí, varios gentiles-hombres de los alrededores le entregaron a sus hijos como pensionarios, y también le enviaron desde Toulouse, pues así se los comunicó a su madre en una carta, que él le escribió, y el gran esmero que ponía en instruirles y en su buena educación. Gra­cias a eso pudo volver a Toulouse poco tiempo más adelante (Abelly 1.12).

L. Robineau nos da a conocer una de sus fuentes de información: «un pariente suyo»:

Detalle inesperado, el pequeño pensionado volvió a reunir en Toulouse a «diez adolescentes».

Esta información no ha sido recogida por L. Abelly y Pedro Collet.

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