El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 231 al 235

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

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Author: Luis Robineau, C.M. · Translator: Martín Abaitua, C.M.. · Year of first publication: 1995 · Source: Asociación Feyda.
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231. Ofrecimiento a un obispo irlandés.

Ofreció nuestra Casa a un obispo, que estaba en Flandes, adonde había llegado desde Irlanda, porque venía de trabajar en la salvación del prójimo. Y a propósito de esto, refirió un día a la Compañía el pasaje del Capítulo X de San Mateo, que dice que «el que recibe a un profeta por ser profeta recibe la recompensa de profeta».

Notas del P. Dodin:

Párrafo omitido por L. Abelly.

232. Le entregan dinero sin concretar su uso.

Las personas de fuera están tan persuadidas de su celo y de su caridad, que muchas de ellas no tenían dificultad alguna en entregarle dinero en mano para que lo empleara en ayudar a la salvación del prójimo por medio de misiones, sin concretar más que «lo que le pare­ciera mejor al Señor Vicente»; entre otros el Señor Deguillon, conse­jero de la Gran Cámara del Parlamento de París, que quiso que le entregaran una cantidad de 6.000 libras para ese mismo fin; y así se hizo.

Notas del P. Dodin:

Párrafo omitido por L. Abelly.

233. Ana de Austria le da seis pendientes al Señor Vicente.

Cuando hemos hablado en las conferencias anteriores sobre la ca­ridad corporal del Señor Vicente, hemos contado que un día la Reina, madre del Rey, le dio al Señor vicente seis pendientes para asistir con ellos a los pobres, pero se ha omitido un detalle que es digno de seña­larse, porque muestra por un lado la humildad de la Reina, y por el otro, el celo del Señor Vicente. La Reina, después de entregar los pendientes al Señor Vicente, le rogó encarecidamente que no dijera nada a nadie, y le volvió a repetir el mismo ruego. Entonces, el Señor Vicente le replicó exclamando: «Señora, Su Majestad me perdonará, si le parece bien, que no pueda mantener oculto un acto tan hermoso de caridad. Es bueno, Señora, que todo París lo sepa, y lo diré por todas partes».

Esto nos lo ha contado el Señor Vicente.

Notas del P. Dodin:

Una vez entre muchas, ella le regaló un diamante que valía siete mil libras, y en otra ocasión un hermosísimo pendiente, que fue vendido en 18.000 libras por las Damas de la Asamblea de la Caridad. Y aunque Su Majestad, por un sentimiento de humildad cristiana había rogado al Sr. Vicente que no dijera nada de ello a nadie, sin embargo, pensó que no estaba obligado a obedecerla en aquella ocasión; antes bien, le dijo: «Señora, Su Majestad me perdonará, si lo tiene a bien, que todo París, y hasta Francia entera lo sepa, y creo que estoy obli­gado a hacerlo público por todos los sitios que pueda». (Abelly, III.126).

234. En el curso de una conversación en la carroza convence a un sacerdote que fuera capellán del Hótel-Dieu.

Un día un sacerdote le vino a ver a Casa, y como el Señor Vicente iba a salir a la ciudad, le rogó al sacerdote que subiera a su carroza, y que él lo llevaría. Como por ese mismo tiempo, hacía falta un sacer­dote en el Hótel-Dieu de los que suelen ir a oír las confesiones gene­rales a los pobres de dicho Hótel-Dieu, el Señor Vicente le habló tan a propósito y tan persuasivamente a aquel buen sacerdote, exponién­dole las razones y los motivos y las ventajas, que había al servir a los pobres, que aquel buen sacerdote quedó conmovido, y unos días más adelante, fue a residir en el Hótel-Dieu para (ejercer) dicho trabajo.

Al margen: Está puesta por escrito la charla que tuvo con aquel buen sacerdote sobre este asunto.

Notas del P. Dodin:

La exhortación a un sacerdote para que se comprometiera a des­empeñar la función de capellán en el H6tel-Dieu , 20 de mayo de 1655 (XIII.163/X.205 según el Manuscrito de las Repeticiones de ora­ción, Conferencias y Charlas a los misioneros, f2 17, vg.

235. Celo bien reglado. Dejar el sitio a un Padre Franciscano, que había ido a predicar el Adviento.

Aunque el celo del Señor Vicente era muy grande, sin embargo, era extremadamente bien reglado, y no pasaba los límites de la caridad y de la prudencia cristiana.

La carta, que escribió a un Sacerdote de la Compañía, que había enviado a Melun al comienzo del Adviento para dar allí una Misión es una buena muestra de ello, porque, se encontró que había en el lugar un buen Padre Franciscano dedicado a predicar en aquel lugar du­rante el Adviento. El Señor Vicente escribió a dicho Sacerdote de la Misión que le cediera el púlpito, y añade estas palabras: «Ya que nuestra norma y nuestra costumbre es ceder la cátedra a cualquiera que llegue adonde estamos trabajando; y fundados en que Nuestro Señor enseña eso implícitamente («Si te piden la capa, dale también la túnica») y la ha practicado así, cuando alguna persona, de una provincia a la que se dirigía, se le puso delante y le pidió que no entrara en su provincia. Sí, me dirán ustedes, si cedemos, nos harán la misma faena en todas partes que vayamos a predicar las cuares­mas y los advientos; y hétenos menospreciados. No importa, no sere­mos verdaderos cristianos, si no abrazamos y no nos encariñamos tiernamente de las burlas, que nos hagan».

Téngase en cuenta que esa carta contiene también otras buenas y hermosas instrucciones.

Notas del P. Dodin:

Esta retirada ante un franciscano en Melun solamente nos la trae el Hermano Robineau. Actualmente es imposible dar con la carta de Vicente de Paúl.

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