El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 226 al 230

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
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226. Asegura el mantenimiento de unos párrocos.

Su celo también se ha dejado ver en el cuidado que puso en la restauración de las iglesias y ornamentos, tanto en éstos, como en los vasos sagrados, particularmente en dos Provincias pobres, arruina­das por las últimas guerras, a saber, Picardía y Champaña, invitando a todos a esa acción, como también a proporcionar lo que necesitaran para el mantenimiento de los pobres párrocos, con el fin de que no abandonaran a sus feligreses por la falta de víveres, y los que se hubieran marchado volvieran para atender a sus curatos.

Notas del P. Dodin:

Hecho omitido por L. Abelly.

227. Erige la Cofradía del Rosario en Clichy.

Estando de párroco en Clichy-la-Garenne cerca de París, fundó la Cofradía del Rosario, y la inauguró con el acto, que se hizo entonces.

Notas del P. Dodin:

Cf. Notas 139 y sus observaciones.

228. Instaura el saludo del sábado en Montmirail.

Estando en Montmirail con la difunta Señora Generala de las Gale­ras, junto a la cual residía, llevaba a la gente de aquella ciudad a honrar a la Santísima Virgen María con un saludo todos los sábados, al atardecer. El saludo constaba de la «Letanía» de la Santísima Vir­gen, de la «Inviolata», y terminaba con el «De profundis», y todavía hoy siguen manteniendo aquella costumbre.

Notas del P. Dodin:

Cf. Notas 139 y sus anotaciones.

229. Actitud ante el General y la Generala de las Galeras.

Una persona, que pertenecía al servicio del Señor Duque de Retz el año 1650, suplicó al Señor Vicente que le dijera cómo había que com­portarse para conservar el espíritu de devoción en medio del ajetreo, que siempre hay en las casas de los Grandes. El Señor Vicente le respondió que, cuando estuvo donde el Señor General de las Galeras, había actuado de tal forma, que consideraba en el Señor General a Nuestro Señor; en la Señora Generala, a la Santísima Virgen; en los oficiales, criados y demás personas, que acudían por diversos asun­tos a aquella casa, a los Apóstoles y a la gente que se acercaba, a Nuestro Señor. Que de ese modo, en medio del gran mundo, nunca se había separado de Jesucristo.

Notas del P. Dodin:

Principio general: la visión de la fe, única percepción realista.

La Escritura revela la insuficiencia de la visón natural. «Nuestros ojos nos pueden engañar, pero la verdad de Dios no fallará nunca en ningún lugar». (31 de julio de 1634,IX.4/23). 2″ Cor.4,18: «A los que no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles, pues las cosas visibles son pasajeras, mas las invisibles son eternas».

Rechazar las apariencias.

19 de abril de 1646: «Yo también tengo esa mala costumbre de juzgar de todas las cosas y de todas las personas según mi mala cabeza; pero la experiencia me hace ver la felicidad que hay en obrar de otra manera». (II.585/499).

22 de noviembre de 1658: «Le ruego, Señor, que mire todas las cosas según los designios de su Providencia». (VII.376/321).

6 de diciembre de 1659: «Pido a Nuestro Señor que nos haga la gracia de mirar todas esas cosas tal como son en Dios, mientras esperamos algún remedio en las actuales circunstancias». (VII.388/ 331).

Consejo del 20 de junio de 1647 (XIII.635/X.768).

«Sor Ana tiene que mirar al Sr. Conde como a un Señor al que Dios ha puesto en aquel lugar para gobernar allí en su nombre, y que tiene todo el poder… Hay que mirarlo en Dios y a Dios en él».

Carencia del conocimiento natural.

«Ojalá Dios nos conceda la gracia de obrar de esta manera: no seguir jamás los juicios del razonamiento humano, porque nunca al­canza la verdad, no alcanza nunca a Dios ni a las razones divinas» (XII.178/X1.468, 14 de marzo de 1659).

13 de febrero, 1646, (IX.252/240).

«Como dice San Agustín, lo que vemos no es tan seguro, porque nuestros sentidos pueden engañarse; pero las verdades de Dios no engañan jamás. La razón humana está minada por el demonio, que conoce a todo el hombre, y le engaña con la creación de las especies que se forman en el entendimiento, de allí van a la imaginación, la cual arrasta a la voluntad. (XII.340/XI.617; XII.344/XI.620; E.595, 14 de marzo de 1659).

El demonio utiliza a las criaturas, forma ciertos cuerpos, crea malos sueños.

El verdadero conocimiento es percepción de una realidad invisi­ble que existe en la realidad visible. San Pablo (21 Cor. 4,18) afirma­ba: «Nosotros que no miramos a las cosas visibles, sino a las invisi­bles: las cosas visibles efectivamente duran un tiempo, las invisibles son eternas».

La realidad invisible es la percepción de Dios presente y siempre activo: «Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo» (Jn 5,17).

Esta realidad invisible es descubierta por la fe. Y «la fe es la garan­tía de los bienes, que se esperan, la prueba de las realidades que no se ven»(Heb.11,1)(Cf. Rm1,16; «es la posesión anticipada y asegurada de los bienes celestiales», Rm 6;5,2; Ep 1,13).

«Es la afirmación y percepción de que Cristo Jesús es el mismo ayer que hoy, El lo será para siempre» (Heb 11,8).

La fe es simultáneamente persistencia parcial de lo pasado y aspi­ración a otra vida.

La realidad invisible e inexpresable es el Dios Trinitario. —El Padre que está en el Hijo y en el Espíritu Santo.

—La Trinidad que está en el hombre y que une a los hombres entre sí y con Dios.

«Debemos… desprendernos de todo lo que no es Dios, y unirnos al prójimo por la caridad para unirnos al mismo Dios por Jesucristo». (14 de febrero de 1659, XII.127/XI.426;E.544).

Perspectiva.

La segunda norma de este fiel Siervo de Dios era mirar siempre a Nuestro Señor Jesucristo en los otros para excitar con más eficacia su corazón a rendirle todos los deberes de caridad.

«Miraba a este divino Salvador como Pontífice y Cabeza de la Igle­sia en nuestro Santo Padre el Papa, como Obispo y Príncipe de los Pastores en los Obispos, Doctores en los Doctores, Sacerdote en los sacerdotes, Religioso en los religiosos, Soberano y Poderoso en los Reyes, Noble en los gentiles-hombre, Juez y sapientísimo político en los Magistrados, Gobernadores y otros Oficiales. Y el Reino de Dios era comparado en el Evangelio a un comerciante, él lo consideraba comotal en los hombres dedicados a 1 comercio, Obrero en los arte­sanos, Pobre en los pobres, Impedido y Agonizante en los enfermos y moribundos, considerando así a Jesucristo en todos y en cada uno de esos estados, viendo una imagen de ese Soberano Señor, que brillaba en la persona de su prójimo, se excitaba por medio de esa vista a honrar, respetar, amar y servir en cada uno a Nuestro Señor y a Nuestro Señor en cada uno, convidando a los suyos y a quienes ha­blaba de entrar en esa norma y a servirse de ella para hacer su caridad más constante y más perfecta en relación al prójimo».

Doctrina de Blas Pascal.

Carta de B. Pascal a su hermana Jacqueline y a la Señora Perier, 1 de abril de 1648. (Br. p.88) «Como hemos dicho con frecuencia entre nosotros las cosas corporales sólo son una imagen de las espirituales y Dios ha representado las cosas invisibles en las visibles… Este pen­samiento es tan general y tan útil que no se debe dejar un espacio notable de tiempo sin soñar en él con atención». «Considero a Jesu­cristo en todas las personas y en nosotros mismo: Jesucristo como Padre en su Padre, Jesucristo como pobre en los pobres, Jesucristo como rico en los ricos, Jesucristo como doctor y sacerdote en los sacerdotes, Jesucristo como soberano en los príncipes, etc. Porque por su gloria es todo lo que El tiene de grande, siendo Dios, y por su vida mortal todo lo que tiene de insignificante y abyecto. Para eso ha tomado esta desgraciada condición: para poder estar en todas las personas, y modelo de todas las condiciones». Br.785. Lafuma 945.

Doctrina y práctica de Vicente de Paúl.

Señor y Señora de Gondi.

«Cuando Dios me puso al lado de la esposa del Señor General, me propuse obedecerla como a la Santísima Virgen; y ¡Dios sabe cuánto bien me ha hecho esto!» (IX.8/27/, 31 de julio de 1634).

«Me acuerdo de que, cuando entré en casa del Señor General de las Galeras, tomé la resolución de mirarlo como si hubiera sido Dios, y a su Señora como si se tratara de la Virgen, haciendo todo lo que viniera de su parte como si viniera de Dios y de la Santísima Virgen, y puedo decirles que, si allí recibí alguna bendición, se la atribuyo a aquella intención que tuve al entrar allí» (XIII.636/X.769).

«Cuando Dios quiso llamarme a la casa de la Señora Generala de las Galeras, miraba al Sr. General como a Dios y a la Sra. Generala como a la Santísima Virgen. Si me ordenaban algo, les obedecía como a Dios y a la Santísima Virgen; y no me acuerdo de haber recibido sus órdenes, más que como venidas de Dios, cuando el Sr. General era el que me mandaba algo, y de la Santísima Virgen, cuando era su esposa. No sé, por la gracia de Dios, que haya obrado nunca en contra de eso». (IX.386/1585, conferencia del 2 de diciembre de 1657).

«Me atrevo a decir que, si Dios ha querido conceder alguna bendición a la Compañía de la Misión, creo que ha sido por la obediencia que siempre tuve para con el Sr. General y su Señora y por el espíritu de sumisión con que entré en su casa» (Testimonio del Sr. de Fonteneil, 17 de julio de 1662. Archivos de la Misión).

Consejo del 20 de junio de 1647. (XIII.635/X.768).

«Sor Ana tiene que mirar al Sr. Conde como a un Señor al que Dios ha puesto en aquel lugar para gobernar allí en su nombre, y como quien tiene todo el poder… Hay que mirarlo en Dios y en él».

Los pobres.

«Vayan a ver a los pobres condenados a cadena perpetua, y en ellos encontrarán a Dios; sirvan a esos niños, y en ellos emcontrarán a Dios. ¡Ah, Hijas mías, qué admirable es esto!. Van a unas casas muy pobres, pero allí encuentran a Dios. (IX.252/240, 13 de febrero de 1646).

Los pobres «nuestros señores y nuestros amos». ¡Qué grandes se­ñores son el cielo!. A ellos les toca abrir sus puertas, como se nos dice en el Evangelio».

«Así pues, esto es lo que les obliga a ustedes a servirles con respe­to, como a sus amos, y con devoción, porque representan para uste­des a la persona de Nuestro Señor, que ha dicho: Lo que hagáis al más pequeño de los míos, lo consideraré como hecho a mí mismo» (X.332/IX.915, 11 de noviembre de 1657).

«No debo considerar a un pobre campesino o a una pobre mujer según su aspecto externo, ni según lo que aparece de su espíritu, pues muchas veces no tienen casi ni el rostro ni el espíritu de personas racionales, ¡son tan toscos y terrenales!, pero dad la vuelta a la me­dalla y verán, con las luces de la fe, que el Hijo de Dios, que quiso ser pobre, nos está representando en esos pobres: en su pasión casi no tenía la apariencia de un hombre y pasaba por loco ante la forma de pensar de los Gentiles y piedra de escándalo en la de los judíos». (SV IX.750/895, Cf. I Cor 23).

Den la vuelta a la medalla.

El Comendador de Sillery responde a su hermana que le pregunta sobre su conversión y actividad caritativa: «Es efecto de la misericor­dia de Dios. Yo sólo he dado vuelta a la medalla, y ahora hago por Dios lo que antes hacía por el mundo». (Cf. Brunel, La renaissance catholique au XVIIe siécle. P.1921, p. 86).

Francisco de Suárez, Oraison funébre á la mémoíre de Louis le Juste, XIII de nom. «Ahora den la vuelta a la medalla y ustedes hallarán un extraño recorrido del triunfo hasta el sepulcro». (París, 1643, in-4, p.24-25).

230. Elección de obispos.

Su celo también se dejó ver al elegir los mejores hombres de bien que podía para los obispados, abadías y otros beneficios.

Notas del P. Dodin:

L. Abelly desarrolla extensamente la función desempeñada por Vi­cente de Paúl en el Consejo de Conciencia (Abelly, II.339).

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