El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 201 al 205

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis Robineau, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1995 · Fuente: Asociación Feyda.
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201. Agua el vino.

Era muy sobrio en la bebida y en la comida, y aguaba mucho el vino que bebía.

Notas del P. Dodin:

Anotación omitida por L. Abelly.

202. Nombramiento para los beneficios.

Siempre estaba conforme con lo que veía que era para mayor glo­ria de Dios y para el bien de la Iglesia. He aquí un ejemplo:

El difunto Rey, Luis XIII, llamado el Justo, de feliz y gloriosa me­moria, lo nombró para que, después de la muerte de Su Majestad y durante la minoría de edad de su hijo Luis XIV, actualmente Rey de Francia y de Navarra, proveyera los beneficios. El Señor Vicente dicen que quiso que le dispensara de aquel cargo. Pero cuando le indicaron que el que aceptara aquel cargo era para mayor gloria de Dios y bien de la Iglesia, se decidió a someterse y conformarse.

Al margen: El difunto Rey quiso que lo asistiera en su muerte, ¡tanto apreciaba la virtud y la gran piedad del Señor Vicente!

Notas del P. Dodin:

Nada.

203. Fundación de CrécyenBrie.

He aquí otra ocasión en donde manifiesta su conformidad. El Señor Lorthon, secretario del Rey, funda por orden del Rey, para los misio­neros de la ciudad de Crécy-en-Brie, y para la constitución de la renta de esa fundación asigna, entre otras cosas, cuatro mil libras de renta, además de cinco grandes fincas. Catorce o quince años más tarde, el Señor Lorthon hace saber a los Sacerdotes de la Misión de Crécy que podían retirarse a su Casa de San Lázaro, donde el Señor Vicente, su General. Lo hicieron del modo que sigue, mas después de haber recibido la orden del difunto Señor Obispo de Meaux. Y con­sintió en ello con la condición de que los sacerdotes de la Misión y los Hermanos, que él deseaba siguieran residiendo en Crécy hasta que hubiera logrado que se juzgara la cosa contra el Señor Lorthon. Y aquel gran prelado quiso emprender el pleito en persona contra el Señor Lorthon, cuando vió que el Señor Vicente no lo quería empren­der y que prefería asentir a los deseos de dicho Señor Lorthon, y retirar inmediatamente a sus misioneros de Crécy, que ponerse a plei­tear.

Pero lo que es digno de ser considerado es que el Señor Obispo de Meaux, cuando se estaba litigando la causa, como necesitara la inter­vención del Señor Vicente, y le hubiera enviado un requerimiento, que se había extendido a tal efecto, en cuanto supo que se trataba del Señor Obispo de Meaux quien le pedía aquello para sí, cedió y lo firmó, y el asunto se falló en favor del obispo de Meaux y de la Mi­sión, y la renta de 4.000 libras que el Señor Lorthon había entregado al Hospital General, según la sentencia, pertenecía a la Misión de Crécy, pues a ella se la habían concedido inicialmente. Y así es como la Compañía se ha mantenido en Crécy, al haber tenido Dios conside­ración de la conformidad del Señor Vicente y con el poco apego, que sentía por los bienes de la tierra y a las cosas que le habían dado.

Al margen: Esta acción merece que no se la omita en la vida del Señor Vicente, como tampoco la fundación de la Misión realizada por aquel buen Rey en la ciudad de Sedan. Véase lo que he recogido en el Cuaderno de la prudencia fi 11, r2.

Notas del P. Dodin:

Fundación de la casa de Crécy.

Abelly (1.20) no tiene en cuenta la recomendación de L. Robineau.

Luis XIII había invitado al Sr. Vicente para fundar una casa (Mi­sión-Seminario) en Crécy, y en el año 1641, para la realización de ese proyecto, había donado un castillo a perpetuidad y 8.000 francos en renta. La Congregación proporcionaría 8 sacerdotes y 2 hermanos destinados para dar anualmente 4.000 libras en limosnas, y a recibir cada año a los ejercitantes que se preparaban para ordenarse. A perpetuidad, se celebrarían dos misas rezadas en el castillo cada día cuando muriera el Rey o un miembro de la familia real. Deberían celebrarse cinco misas durante diez días, cuando muriera algún Se­ñor del lugar.

El contrato, fechado el 12 de abril de 1642, fue aprobado por el Obispo de Meaux. Pero el rey no se atuvo a sus compromisos. El Sr. de Lorthon invitó incluso a los miembros de la Misión a abandonar Crécy y a volverse a San Lázaro. el Obispo de Meaux pidió al Sr. Vicente que firmara el requerimiento destinado a hacer respetar pa­tentes del Rey con fecha de abril de 1658. Fueron registradas por el Parlamento el 7 de enero siguiente, (1659).

204. Fundación de Périgueux.

Su conformidad también se manifestó muy grande en la fundación que el difunto Monseñor Brandon, Obispo de Périgueux, había hecho de varios sacerdotes de la Compañía para dirigir el seminario de Périgueux, de donde más tarde los echó. El Señor Vicente accedió, no queriendo seguir viviendo en el lugar que fuera, contra la voluntad de su Dueño. Y como habían sido llamados por orden de dicho Señor Obispo, se marcharon también igualmente. Pero, aquel buen Señor no vivió ya mucho tiempo.

A propósito de esto, no debemos olvidar lo que el Señor Vicente decía con bastante frecuencia, a saber, que estar en un sitio contra la voluntad de Dios, es estar en el infierno; de ahí podremos juzgar que, en cuanto el Señor Vicente supo que la intención de dicho Señor Obispo era tal, retirara a su gente de Périgueux, pues él no tenía intención de dejarlos allí más tiempo.

Notas del P. Dodin:

Fundación de Périgueux (1651-1653).

Alano de Solminihac el 3 de mayo de 1643 señala el lamentable estado de la diócesis de Périgueux (II.389/322). El 21 de septiembre de 1647, indica que la diócesis está entregada al saqueo, y que las almas se pierden por millares (III.238/217). El obispo , Carlos de Noailles murió el 27 de marzo de 1648; Mons. Hardouin de Perefixe es nombrado en Périgueux el 10 de junio de 1648. Consagrado el 18 de abril de 1649, sólo sueña con dimitir, al no poder observar la resi­dencia. Había sido nombrado ry Richelieu preceptor del Delfín (1642) y mantenido en ese cargo por Mazarino. Por eso, ya el 28 de sep­tiembre de 1648, Filiberto Brandon recibía las Bulas de nombramientopara el obispado de Périgueux.

Entre 1643 y 1648, Alano de Solminihac urge al Sr. Vicente que haga nombrar un obispo de Périgueux (3 de mayo de 1643, II.389/ 323); el 21 de septiembre de 1647,III.238/217; 4 de diciembre de 1647, III.256/233; abril de 1648, II.295/270). El 31 de julio de 1646, el Sr. Vicente desecha el nombramiento del obispo de Lectoure, Luis de Rochefoucauld (III.256/233, 4 de diciembre de 1648).

Filiberto Brandon casado primeramente con María Carlota de Ligny, de quien tuvo un hijo, se ordenó de sacerdote a la muerte de su espo­sa. Recibió sus Bulas de nombramiento para el obispado de Périgueux el 28 de septiembre de 1648.

Fue consagrado en Pontoise y tomó posesión de su obispado por procurador el 23 de marzo de 1649.

—El 4 de septiembre de 1649 Vicente de Paúl ofreció sus servicios al nuevo prelado (III.481/437). Mons. Filiberto Brandon solicitó dos sacerdotes; el Sr. Vicente de Paúl le concedió dos (20 de julio de 1650). El 16 de septiembre, el Sr. Vicente esperaba una fundación en Périgueux (IV.838/83), y Alano de Solminihac urgía el envío de esos dos sacerdotes el 13 de octubre de 1650 (IV.95/95).

Los Sres. Bayart y Laudin estaban de camino el 31 de diciembre de 1650 (IV.167/165). El 4 de enero de 1651, el Obispo de Cahors dirige al Obispo de Périgueux una copia del contrato (IV.136/133). Pero Baltasar Brandon de Bassancourt, hermano del Obispo de Périgueux y Vicario General, prefiere a los Sacerdotes de la Misión los «Sacer­dotes particulares» (26 de abril de 1651, IV:184/181). Alano de Solminihac no puede impedir la marcha de los misioneros, que han sido llamados por Vicente de Paúl el 1 de abril de 1651 (IV.166/164).

205. Régimen impuesto por la duquesa de Aiguillon.

Unos meses antes de su muerte, la Señora duquesa de Aiguillon y otras Damas de la Caridad, al ver su cara pálida y desfigurada, y sabiendo que se oponía a comer los platos que le querían servir, le hicieron que consintiera en tomar lo que se le presentara, y lograron que firmara un régimen de vida, que le habían impuesto y que él tomaría. Accedió a ello por no contristar a aquellas buenas Damas, pues veía que estaban muy afligidas al verlo sufrir.

Notas del P. Dodin:

Régimen impuesto por la Duquesa de Aiguillon.

L. Robineau aporta un detalle interesante e inédito: las Damas de la Caridad y la Duquesa de Aiguillon «hicieron firmar un régimen de vida que habían preparado». «Una carta de la Duquesa de Aiguillon al Hermano Ducournau conservada en los Archivos de la Casa pro­vincial de Turín detallaba que el enfermo debía tomar «consomés» y pollo. Abelly nos indica que el Sr. Vicente, desde la primera o segun­da vez que se le llevó esa comida… dijo que le hacía daño al estóma­go y que no quería tomarla más veces, y consiguió de aquellos perso­najes que no le presentaran más dicha comida» (Abelly, 1.248).

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