El señor Vicente visto por su secretario, Luis Robineau. Artículos 181 al 185

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luis RobineauLeave a Comment

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Author: Luis Robineau, C.M. · Translator: Martín Abaitua, C.M.. · Year of first publication: 1995 · Source: Asociación Feyda.
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181. Ofrece las dificultades sobrevenidas cuando la guerra de París.

He pensado que no debía omitir lo que dijo a la Compañía sobre las guerras de París y del pillaje y de algunas escaramuzas ocurridas entre París y Saint-Denis, donde resultaron muertas muchas perso­nas. En aquella ocasión nos dijo que debíamos hacer tres cosas:

  1. Un acto de fe en que todo lo que sucede, viene de Dios;
  2. (Un acto) de sumisión a su beneplácito, y aceptar gustosamente los castigos que nos envía y nos vaya a enviar.

Si la gente de guerra viene aquí a saquearnos, si se toca la campa­na, venimos aquí, a la iglesia, y nos postramos ante Nuestro Señor, ofreciéndonos a Él, para que haga de nosotros lo que le plazca. Digá­mosle: «Señor, Tú eres el dueño; usa de nosotros y de todo lo que nos pertenece como te plazca».1

182. Soporta las injurias de un solicitante descontento.

Un cochero había dicho un día que el Señor Vicente había sufrido con una paciencia muy grande algunas palabrotas que una persona de condición le había dicho en la calle, donde se habían encontrado, y que el Señor Vicente le replicó: «Señor, usted trata de cumplir con su deber, y yo con el mío», y luego se separaron. Ahora bien, esa perso­na, según dicen, andaba detrás de un beneficio para alguno de los suyos, o de sus amigos, cuando el Señor Vicente formaba parte del Consejo de los Asuntos beneficiales, y era el ponente de los asuntos, que debían tratarse.2

183. Enojo de una señora, que solicitaba un beneficio.

Una señora de condición, que actualmente ya no vive, había solici­tado del Señor Vicente, más o menos por ese mismo tiempo, la obten­ción de un beneficio, y al no conseguir del Señor Vicente la satisfac­ción deseada, se puso tan encolerizada contra él, que llegó hasta a decirle, que ya lo conseguiría por el Señor Príncipe. He sabido por uno de nuestros Hermanos allí presente, que ante aquello el Señor Vicente no se inmutó más de lo razonable.3

184. El cochero del Señor Vicente amenazado por un transeúnte.

Varias veces he oído a mozos de cuerda o a portadores de sillas de mano, que decían injurias, principalmente cuando la carroza les impe­día pasar por su camino o les molestaba. El Señor Vicente sufría aquello con paciencia, y de igual modo, la insolencia de un hombre bastante bien cubierto y que estaba de pie, el cual, porque el cochero del Señor Vicente, según decía, no apartaba sus caballos, o porque le seguían demasiado cerca; echó mano de la espada diciendo estas palabras: «¿No es ése el coche del Señor Vicente?». Y le amenazó al cochero con atravesarle el cuerpo presentándole la punta. Pues bien, por lo que a mí toca, al ver aquello, creí que aquel señor era algún descontento, que quiso hacerle aquella ofensa al Señor Vicente, y dicha idea me pareció tanto más probable, cuanto que el cochero nos dijo que él no le había dado ningún motivo a aquel hombre para hacer lo que había hecho, fuera lo que fuera. Y es cierto que el Señor Vicente no le hizo caso, fuera de informarse de lo que se trataba, y nada más.4

185. El Señor Vicente acusado de haber casado a Mazarino con Ana de Austria.

Sucedió durante la guerra de París, que, por gozar del favor de la Corte, fue acusado falsamente de haber casado N… con N…, calum­nia que él sufrió con paciencia. Y un día, como yo veía que todo París hablaba de eso, y que se murmuraba mucho en la ciudad, le dije lo que pasaba. Y me respondió que «aquello era falso como el diablo».

(Véase el cuaderno de la humildad).

Al margen: fi 5, V.5

  1. Normas dadas durante los conflictos entre París y Saint-Denis. So­lamente L. Robineau nos da con precisión las tres consignas que el Sr. Vicente formuló a la Comunidad.
  2. Vejámenes sufridos cuando el Sr. Vicente formaba parte del Con­sejo de Conciencia (1643-1655).
  3. Enrique du Maupas du Tour en la oración fúnebre del Sr. Vicente de Paúl, 23 de noviembre de 1660, en San Germán de Auxerre, París. Langlois, Meturas, 1661, (pp. 32-38) presenta unos rasgos semejan­tes.»Un día, en presencia de la difunta Señora de Maignelay, de muy santa memoria, animaba a una joven señorita a cambiar de vida; esta criatura colérica no quiso ceder ante sus santas reconvenciones, y en lugar de darle gracias por la caridad de su bienhechor, le lanzó un escaño a la cabeza. El Sr. Vicente recibió aquel ultraje con una agra­dable sonrisa, y continuó su conversación sin cambiar ni su semblante ni su forma de hablar».

    En otra ocasión, una persona de categoría que había pensado que él había resistido a la pretensión que tenía de conseguir un beneficio, le rugió injurias atroces; él las recibió con una mansedumbre extraordi­naria.

  4. Un día que, a causa de la gran incomodidad causada por sus pier­nas, había montado en un jamelgo, que tenía 24 años, un hombre, que estaba bebido, al verlo pasar por la calle, le dijo todas las injurias que el calor del vino y el furor de un espíritu extraviado le pudieron suge­rir. El Sr. Vicente bajó del caballo, se echó la culpa de todo en presen­cia de aquel hombre furioso y le pidió perdón con tanta educación, que aquel hombre, al día siguiente por la mañana, va a visitar al Sr. Vicente, reconoce su falta, hace un Retiro en la casa y a costa del Sr. Vicente, hace una buena confesión, cambia de vida y de un hombre disoluto se convierte en un penitente, un hombre convertido (p.38).

    El Sr. Vicente injuriado por los mozos de carga y los cocheros.

    Abelly III.320 indica las injurias y las calumnias proferidas por un hombre de carácter violento delante de un Consejero del Gran Salón del Parlamento.

  5. Matrimonio. Ana de Austria-Mazarino, (Cf. Notas 30 y 32).

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